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por qué nuestro cerebro defiende nuestros errores aunque sepa que estamos equivocados
Un político del partido al que votaste comete un acto deleznable, pero no lo consideras tan grave como si algo menos rechazable lo hubiese hecho alguien del partido rival. ¿Te suena? Es el autoengaño funcionando a toda potencia. Admitir un error no es fácil: solemos exoneramos de nuestros fallos mientras guardamos rencor hacia los errores ajenos. O como diría Jean-Paul Sartre: “El infierno son los otros”.
La autojustificación es la manera que tiene nuestra mente de reducir la disonancia cognitiva. Es decir, el estado de tensión que se produce cuando una persona mantiene dos cogniciones (ideas, actitudes, creencias, opiniones) que son psicológicamente incoherentes entre sí.
Así definen la disonancia cognitiva los psicólogos sociales Elliot Aronson y Carol Tavris en Se han cometido errores (pero yo no fui): Por qué justificamos creencias ridículas, decisiones equivocadas y actos dañinos, publicado por primera vez en 2007 y que llega ahora a España en una edición revisada de Capitán Swing.
“La autojustificación es más poderosa y peligrosa que la mentira explícita” porque “minimiza nuestros errores y malas decisiones, a la vez que explica por qué todo el mundo puede reconocer a un hipócrita en acción, excepto a él mismo”, destacan Aronson y Tavris.
El ejemplo con el que empieza este libro es el famoso caso destapado por el psicólogo social Leon Festinger tras infiltrarse en una secta del juicio final. Este grupo creía que se acabaría el mundo el 21 de diciembre de 1954 y que una nave espacial salvaría a sus seguidores. Festinger comprobó que aquellos que habían vendido sus bienes terrenales, superfluos frente al apocalipsis, y que habían arriesgado más eran precisamente los más reacios a cambiar de opinión.
Cuando el líder de la secta explicó que el platillo volante no había llegado a la Tierra porque la fe del grupo había salvado el mundo, sus seguidores redoblaron su confianza en él. Para explicar este evento, el psicólogo creó en 1957 el concepto “disonancia cognitiva”. Pero el caso sobre el que se ha construido el edificio de la disonancia cognitiva se ha tambaleado durante los últimos años.
¿Sabemos qué es la disonancia cognitiva realmente?
Gracias a material de archivo recientemente desclasificado, un artículo científico publicado a comienzos de noviembre de 2025 dice haber demostrado que las afirmaciones centrales de este caso, contado por Festinger y otros psicólogos en 1956, son falsas y que los autores lo sabían.
Según los documentos, el grupo estuvo activo mucho antes de que la profecía fracasara y luego abandonó rápidamente sus creencias. Esta nueva revelación también alerta de “graves violaciones éticas por parte de los investigadores, incluyendo mensajes psíquicos falsificados y manipulación encubierta”. Uno de sus autores, Henry Riecken, se hizo pasar por una autoridad espiritual y más tarde admitió que había “precipitado” los acontecimientos culminantes del estudio.
Para Fernando Blanco, profesor titular del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Granada, este descubrimiento no altera la evidencia detrás del concepto de disonancia cognitiva. “Aunque la disonancia cognitiva y el autoengaño existan como fenómenos psicológicos, tienen límites y no esperaría que dominasen totalmente y por sí solos el comportamiento de un grupo más o menos grande de personas”.
Realmente, indica este experto, “no estamos hablando de un estudio científico sino de una anécdota que inspiró una idea o que se utilizó para ilustrar una hipótesis que luego fue estudiada científicamente, que es con lo que deberíamos quedarnos. Hay montones de estudios que sugieren que la gente intenta evitar la disonancia. El fenómeno de la disonancia cognitiva existe, aunque su interpretación teórica pueda variar”.
Esto es frecuente en la psicología, particularmente en la psicología social, continúa Blanco: “Tenemos montones de observaciones más o menos anecdóticas que ‘pasan a la historia’ y que los profesores de psicología social siempre contamos que realmente contienen más mito que realidad”.
Otro caso, citado también en el libro de Capitán Swing, es el del experimento de Milgram en la Universidad de Yale en 1961, diseñado para medir la obediencia a la autoridad. En el experimento, se obligaba a los participantes a dar descargas eléctricas crecientes a una persona que gritaba y llegaba, aparentemente, al borde de la muerte. La interpretación suele ser que las personas tenemos una predisposición a obedecer acríticamente a la autoridad. Esta investigación se hizo en una época en la que resonaban los crímenes de la II Guerra Mundial y los juicios de Nuremberg.
“Muchas veces se sobredimensionan los resultados, que, si bien son interesantes, no son tan extremos como se suelen relatar”, indica Rafael Gil Ortega, psicólogo clínico que está finalizando su doctorado sobre persuasión en la Universidad Autónoma de Madrid. Pero, advierte Blanco, en realidad se cree que casi la mitad de los participantes sabía que las descargas eran “de pega” y que no estaban dañando a nadie.
“La evidencia que proporciona este estudio es débil y hay que tomarla con mucho escepticismo”, aunque otras investigaciones más recientes, sin llegar al extremo de Milgram por cuestiones éticas, han llegado a conclusiones parecidas, indica Blanco. El investigador también señala que existen otras explicaciones que no se basan en la obediencia sino en la influencia normativa, es decir, que las personas hacemos lo que se espera de nosotros, sin necesidad de interpretar ese comportamiento como derivado de una orden.
Los pros y los contras de autoengañarse
La disonancia cognitiva puede ser fácil de identificar por el malestar que genera la contradicción entre nuestra forma de actuar y nuestra forma de pensar, manifestada en forma de culpa o remordimiento. “Cuando la sentimos, tendemos a evitar cualquier cosa que pueda aumentarla, buscando información y apoyo solo en personas o fuentes que confirmen nuestras creencias, evitando aquellas que podrían contradecirlas”, señala Blanco. Al ser la disonancia una sensación desagradable, estamos motivados para reducirla.
Gil aboga por no demonizarla porque gracias a ella “podemos reflexionar, crecer, cambiar y mejorar haciéndonos preguntas. Otras veces simplemente podemos ser inconsistentes y ya está. No es razonable exigir una coherencia perfecta cuando el propio contexto no es consistente”. Tampoco todos estamos igual de predispuestos a autoengañarnos.
Como señalan los autores de Se han cometido errores (pero yo no fui): “Todos somos tan inconscientes de nuestros puntos ciegos como lo son los peces respecto al agua en la que nadan. Pero quienes nadan en las aguas del privilegio tienen una motivación particular para seguir siendo ajenos a ello”.
El autoengaño también tiene un lado positivo: el permitirnos dormir por la noche y no torturarnos por nuestras acciones y omisiones. Pero “bloquea nuestra capacidad de ver nuestros errores” y corregirlos. Ello nos impide “obtener toda la información que necesitamos y evaluar los problemas con claridad”, indican Tavris y Aronson.
El autoengaño nos protege de sentirnos mal, destaca Gil. Se manifiesta, por ejemplo, con eufemismos en el lenguaje. En lugar de decir “he sido infiel”, diríamos “he hecho lo que me dictaba el corazón”. Blanco lo llama el efecto de “no poder echarse para atrás”, pudiendo llegar al extremo de autoconvencerte. Esta coherencia también se aplica a tu entorno. Por ello, cuando acusan a un familiar o conocido de alguna agresión, para ti es más coherente que la persona que acusa esté exagerando, equivocándose o mintiendo que tu amigo acusado sea un agresor.
Otro fenómeno relacionado con este tipo de distorsiones cognitivas tiene que ver con la anestesia emocional. Este fenómeno suele suceder cuando las personas están expuestas por un tiempo a un estímulo negativo, como el sufrimiento ajeno. Se produce entonces una habituación al estímulo y dejamos de reaccionar ante él. Como explica Miriam Rocha, psicóloga clínica en ITEMA, las personas podemos “anestesiarnos” ante la observación del dolor y dejar de reaccionar empáticamente.
Esto ocurre en las guerras, lo que explica las escaladas de violencia y que los espectadores “podemos también habituarnos a dicho grado de horror y dejar de ser sensibles al mismo, acabando por normalizarlo”, destaca.
Hay ocho mecanismos de desconexión moral, según expuso el psicólogo Albert Bandura: la justificación moral, el lenguaje eufemístico, la comparación ventajosa, el desplazamiento de la responsabilidad, la difusión de la responsabilidad, la minimización o distorsión del daño, la deshumanización de la víctima y la culpabilización de la víctima. Conocerlos puede ser un buen comienzo para detectar el autoengaño, indica Gil, aunque ser conscientes de nuestros fallos puede no ser suficiente.
Amaestrando tu autoengaño
Para evitar actuar bajo la influencia del autoengaño, Gil recomienda tomar decisiones en frío, tras dejar pasar el tiempo y reposar las emociones. Otra táctica importante es hablar y escuchar a otros y buscar información que contradiga nuestra opinión inicial: “Un problema es que en muchas ocasiones nosotros somos nuestra única audiencia cuando pensamos. El autoengaño no se combate por introspección pura, sino cuando se rompen las condiciones que lo sostienen”.
Por su parte, Rocha aboga primero por ser conscientes de nuestros sesgos cognitivos, ya que cumplen una función adaptativa y tienen una utilidad como estrategias para desenvolvernos en el mundo, aunque sea de forma inconsciente o involuntaria. El siguiente paso sería conocerse a uno mismo. ¿Ante qué situaciones, personas o momentos podemos ser más propensos a equivocarnos en el análisis de la situación? El tercer elemento es estar alerta en momentos donde es más fácil que suframos sesgos.
Por último, toca trabajar conscientemente el análisis de nuestro propio discurso, como si fuéramos científicos que tuviéramos que poner a prueba una hipótesis. ¿Cómo? Tomando nuestra interpretación como una mera hipótesis que hay que contrastar. ¿Tiene datos que la apoyen? ¿Hay evidencia en contra que la refute?
“Igual que podemos ser muy buenos utilizando nuestro discurso interno para hacernos trampas o daño, también podemos aprender a utilizarlo a nuestro favor para controlar dichas trampas y daños”, añade la psicóloga.
En terapia, abunda Rocha, se utiliza la disonancia cognitiva para identificar sus orígenes. “Se enseña a la persona a ser más honesta en el reconocimiento del papel de su discurso y a desarrollar la capacidad de realizar descripciones y análisis más ajustados a la realidad que permitan tomar mejores decisiones”. Cualquier cambio en consulta pasa por tomar conciencia sobre cuándo aparecen las conductas problemáticas. A partir de ahí se comienzan a introducir conductas alternativas.
Y el problema de la memoria
El libro de Tavris y Aronson dedica un capítulo a la implantación y creación de recuerdos falsos, incluyendo los casos de abusos sexuales falsos en la infancia creados por terapeutas. Esta mala praxis llevó a personas inocentes a la cárcel.
Ocurrió debido a que la memoria no funciona como un disco duro donde se almacena un recuerdo y luego se recupera cuando lo necesites, advierte el profesor de la Universidad de Granada: “Es más bien un sistema que reproduce un patrón de activación neuronal que reconstruye una experiencia del pasado, pero siendo vulnerable a la influencia del presente”. O como expone Rafael Gil, la memoria es reconstructiva, no reproductiva. Este es un dato que no conocían los jurados y jueces que condenaron a las víctimas de estos falsos recuerdos (o sabiéndolo pudieron autoengañarse o ser sugestionados).
Otro mito es que un evento impactante debe dejar huella en las personas o, como dice el lenguaje terapéutico popularizado, “provocar un trauma”. Y si no te marca es porque el trauma está reprimido. “Nada más lejos de la realidad. Si no hay ninguna forma en la que un evento pasado reaparezca o genere impacto en el presente es porque probablemente la persona ha tenido la capacidad de superarlo de forma adecuada”, señala Miriam Rocha.
Respecto a los recuerdos implantados en terapia, también está la posibilidad de que la persona cuente lo que cree que se espera por la deseabilidad social. Es decir, que los pacientes digan cosas porque creen que es lo que queremos escuchar, lo que se espera socialmente o que va a ser bien recibido, añade la psicóloga.
El autoengaño llega a crear recuerdos alterados para conservar la coherencia y protegernos de la disonancia, de forma que en retrospectiva nuestra conducta se presente como lógica y justificada. “No me han timado vendiéndome un objeto inútil y caro, es que yo tenía muchas ganas de comprarme uno”, ejemplifica Fernando Blanco.
Lamentablemente para nosotros y afortunadamente para la industria de la publicidad y el marketing, somos más sugestionables de lo que creemos, especialmente cuando hay lagunas de información. Entonces el cerebro completa esas lagunas con lo más plausible o coherente narrativamente. Como concluye Miriam Rocha: “Todos somos sugestionables, aunque también podemos aprender a protegernos de influencias externas”.
En Xataka | Hay mucha gente que camina mirando hacia abajo: la ciencia cree tener una explicación
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lo que pide Elon Musk para que funcione
La escena tuvo lugar hace relativamente poco tiempo, cuando varios drones navales ucranianos quedaron temporalmente inutilizados durante una operación en el mar Negro tras problemas de conectividad vinculados a Starlink. El episodio dejó una conclusión incómoda para muchos estrategas occidentales: algunas de las armas más modernas del planeta dependen de una red privada controlada por una sola empresa.
La guerra “barata” que empezó a salir cara. Estados Unidos lleva años persiguiendo una idea obsesiva: sustituir parte de sus carísimos misiles de precisión por una copia del arma iraní y rusa por excelencia: los enjambres de drones kamikaze mucho más baratos, fabricables en masa y capaces de saturar defensas enemigas. El dron LUCAS nació precisamente para eso. Cada unidad cuesta apenas una fracción de un Tomahawk y puede lanzarse en grandes cantidades contra objetivos lejanos.
Sobre el papel parecía la fórmula perfecta para la guerra moderna. El problema apareció cuando esos drones comenzaron a utilizarse masivamente contra Irán y Washington descubrió algo incómodo: el arma no depende solo del explosivo o del fuselaje, sino de la conexión satelital que la guía. Y esa conexión tiene dueño. SpaceX decidió entonces que el Pentágono estaba pagando demasiado poco por usar Starlink y Starshield en operaciones de combate reales.


Elon Musk controla una pieza crítica. La disputa que ha desvelado en exclusiva Reuters revela hasta qué punto el ejército estadounidense se ha vuelto dependiente de SpaceX. Los drones LUCAS utilizan terminales Starshield para comunicarse, coordinar ataques y operar a enormes distancias. Sin esa red espacial, buena parte de las capacidades avanzadas del sistema simplemente desaparecen.
El Pentágono argumentaba que los drones solo utilizaban la conexión durante minutos u horas y que pagar 25.000 dólares por terminal era absurdo para un aparato kamikaze relativamente barato. SpaceX respondió que el uso militar real se parecía más a un servicio aeronáutico premium que a una conexión terrestre convencional. El resultado fue surrealista: el coste de la conectividad casi duplicó el precio operativo de algunos drones diseñados precisamente para ser baratos.


La paradoja de la guerra autónoma. El caso expone una contradicción enorme en la revolución militar actual. Los ejércitos quieren armas autónomas, baratas y masivas, pero esas plataformas dependen cada vez más de infraestructuras extremadamente complejas y concentradas en pocas manos privadas. Los nuevos enjambres de drones estadounidenses necesitan transmitir datos, compartir objetivos, coordinarse y recibir órdenes en tiempo real a miles de kilómetros.
Eso obliga a utilizar redes orbitales gigantescas capaces de mantener cobertura global permanente. Hoy ninguna empresa ofrece algo comparable a Starlink. SpaceX controla más del 60% de todos los satélites operativos del planeta y se ha convertido en una capa crítica de las comunicaciones militares occidentales. El Pentágono empieza a descubrir que la verdadera ventaja estratégica no está solo en fabricar drones baratos, sino en quién posee el cielo que conecta esas máquinas.


Ucrania y el peligro. La guerra de Ucrania llevaba tiempo advirtiendo sobre este problema. Starlink se convirtió allí en un elemento esencial para las operaciones ucranianas y rusas, y también en una fuente constante de tensiones políticas y militares. En algunos momentos, restricciones impuestas por SpaceX afectaron operaciones concretas y dejaron claro algo incómodo para Washington: una empresa privada podía alterar el funcionamiento de sistemas militares en plena guerra.
Ahora el escenario se repite con Irán, pero de una forma todavía más delicada porque el propio Pentágono negocia directamente las tarifas mientras desarrolla armas que dependen completamente de esa infraestructura orbital. Incluso pruebas navales estadounidenses quedaron paralizadas anteriormente tras apagones globales de Starlink que dejaron drones marítimos flotando sin conexión.
La nueva industria militar. Recordaban en TWZ que, durante décadas, el poder militar estadounidense dependió principalmente de gigantes clásicos de defensa como Lockheed Martin, Boeing o Raytheon. SpaceX ha cambiado completamente ese equilibrio. La empresa no solo lanza cohetes o fabrica satélites, controla redes de comunicación globales, infraestructuras orbitales, sistemas de datos y tecnologías que empiezan a ser imprescindibles para la guerra autónoma.
Eso le otorga una posición de fuerza inédita frente al gobierno estadounidense. A diferencia de los contratistas tradicionales, SpaceX tiene además un enorme negocio comercial independiente y no depende exclusivamente del Pentágono. De hecho, algunos analistas ya describen la situación con crudeza: Estados Unidos tiene a SpaceX “agarrándolo por el cuello” porque no existe hoy una alternativa comparable capaz de ofrecer cobertura global similar a costes razonables.
La guerra pasa por el espacio. Lo importante posiblemente sea que la discusión apenas acaba de empezar. Los drones LUCAS son solo una pieza inicial de una transformación militar mucho más profunda donde enjambres autónomos, sistemas orbitales y redes de inteligencia artificial funcionarán como un único ecosistema conectado. El Pentágono quiere que futuros drones puedan cooperar entre sí, adaptarse automáticamente al combate y atacar objetivos con mínima supervisión humana.
Pero cuanto más sofisticados se vuelvan esos sistemas, más dependerán de conexiones permanentes de alta capacidad. Y eso convierte al espacio en el auténtico centro de gravedad de la guerra moderna. La gran ironía es que Estados Unidos diseñó drones baratos para evitar gastar millones en cada misil y ha terminado descubriendo que el coste estratégico más importante quizá no esté en el arma, sino en quién cobra por mantenerla conectada.
Imagen | CENTCOM, Official SpaceX Photos
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Algo extraño ocurrió en el interior de la Tierra en 2011 y 27 años de datos no han resuelto el misterio
En 2011, unos científicos observaron un cambio inesperado en el flujo del hierro y níquel fundidos que compone el núcleo terrestre externo. Si bien el flujo de su superficie se mueve normalmente hacia el oeste, se detectó que se estaba desplazando justo hacia el este. Era algo totalmente inusual y misterioso. A raíz de esa observación, se puso en marcha un estudio cuyos resultados se han publicado recientemente. El objetivo era conocer los motivos, pero ahora hay solo unas cuantas certezas y todavía muchas dudas.
27 años de observaciones. En este estudio se analizaron de forma retrospectiva 27 años de comportamiento del núcleo terrestre, entre 1997 y 2025. El núcleo no puede observarse directamente. Sin embargo, su comportamiento influye directamente en el del campo magnético terrestre. Por eso, las fluctuaciones en uno pueden detectarse en el otro mediante observaciones satelitales. Se vio que, si bien el núcleo externo de la Tierra se mueve normalmente hacia el oeste, hubo una parte del mismo que pasó de un flujo débil hacia el oeste en 2010 a uno mucho más fuerte hacia el este en 2012. Permaneció así hasta 2020 y ahora parece que se está empezando a debilitar otra vez.
Tres opciones. Cuando se detectó este cambio de movimiento en 2011 se pensó que podía deberse a tres motivos. Por un lado, podría ser una fluctuación puntual. Por otro, es posible que forme parte de una oscilación periódica. Y, finalmente, podría deberse a una forma de establecer un equilibrio en la circulación del núcleo. Lo único que vemos de momento con las observaciones satelitales es que el cambio fue progresivo. La modificación de comportamiento se inició en 2010 y fue ya muy clara en 2012. En 2011, cuando se observó, estaba en plena transición.
Otras observaciones simultáneas. Al analizar los datos de ese periodo se vio que, coincidiendo con ese cambio de sentido, también hubo algunas señales sísmicas que concuerdan con las fechas. Incluso se han detectado sacudidas geomagnéticas que se corresponden con una actividad turbulenta en el núcleo terrestre.
No es un remolino. Este cambio de sentido no se ha producido en todo el núcleo. Para empezar, el núcleo terrestre consta de dos partes: la interna y la externa. La interna está sometida a tanta presión que los metales se encuentran en estado sólido a pesar de las altas temperaturas. En cambio, en la parte externa sí que se encuentran en estado líquido y, por lo tanto, en movimiento. Aun así, tampoco fue todo el núcleo externo el que cambió su movimiento. Se corresponde con una región específica, ubicada bajo el océano Pacífico.
Podría verse como un remolino, pero estos científicos han concluido que no, pues el movimiento forma parte de una estructura más grande y ondulada. Algo así como si una sección completa de esta parte del núcleo se empezase a mover de golpe en contra de lo previsto.
Por qué es importante. El movimiento del metal fundido del núcleo genera corrientes eléctricas, que a su vez dan lugar a un campo geomagnético que se extiende hacia el espacio. Por eso, gracias al movimiento del núcleo terrestre tenemos todo un escudo magnético alrededor de la Tierra que protege nuestra atmósfera de la erosión que le causarían las partículas procedentes de los vientos solares. Que este núcleo cambie su movimiento no es peligroso. No nos vamos a quedar sin atmósfera, pues el núcleo sigue ahí.
Sin embargo, entender sus fluctuaciones puede ayudarnos a entender también las fluctuaciones del campo magnético. Este no solo protege la atmósfera de la erosión. También nos ayuda a mantener alejadas buena parte de las partículas que podrían afectar a nuestros sistemas de telecomunicaciones. Por eso, entender cómo funciona este escudo nos puede ayudar a prevenir esos eventos más extremos que sí llegan a causar algunos estragos tecnológicos. Esa es la razón por la que, si bien este estudio nos ha dado muchos datos interesantes, aún no es suficiente. Hay que seguir monitorizando el núcleo terrestre a qué se debió esta anomalía de 2011.
Imagen | ESA
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España y Marruecos llevan 40 años soñando con un túnel bajo el Estrecho. El gran enemigo del proyecto se llama Umbral de Camarinal
Unir Europa con África desde el Estrecho de Gibraltar lleva discutiéndose desde hace décadas. Sin embargo, en los últimos años hemos visto cómo los Gobiernos de los países implicados han ido sumando pasos a ese proyecto. España y Marruecos han acelerado en los últimos meses los trabajos para hacer realidad un túnel ferroviario que pasaría por debajo del Estrecho y que conectaría Punta Paloma (Tarifa), con el cabo Malabata (cercano a Tánger).
La infraestructura (si llega a construirse), se convertiría fácilmente en una obra ingenieril histórica, permitiendo cruzar de un continente a otro en apenas media hora.
De qué hablamos. El proyecto contempla un túnel estrictamente ferroviario, sin viaducto ni carriles para vehículos (algo que discutió hacer originalmente), con una longitud total de unos 42 kilómetros entre estaciones, de los cuales 27,7 van sumergidos.
El punto más profundo alcanzaría los 475 metros bajo el nivel del mar y atravesaría el conocido como Umbral de Camarinal, la zona menos profunda del Estrecho y, curiosamente, bastante más compleja desde el punto de vista geológico.
Cómo sería por dentro. Según los datos recogidos por la sociedad pública española SECEGSA, el diseño plantea dos tubos independientes de vía única, cada uno con un diámetro interior de 7,90 metros, y una galería central de servicio de 6 metros destinada a tareas de mantenimiento y emergencias. Esa galería conectaría con los tubos principales mediante pasos transversales cada 340 metros.
En el punto más bajo del trazado se ubicaría una zona segura de estacionamiento con áreas de intervención y un sistema de extracción de humos. Por el túnel circularían trenes de alta velocidad para pasajeros y convoyes lanzadera para mercancías y vehículos.
Quién está al mando. El proyecto avanza por doble vía. Por el lado español, los trabajos los coordina SECEGSA, empresa pública creada en los años ochenta precisamente para impulsar esta conexión. Por el lado marroquí, el Gobierno ha decidido concentrar todos sus esfuerzos en el canal con Madrid, descartando otras vías paralelas.
El acuerdo más reciente y relevante se firmó el pasado 4 de diciembre de 2025 en La Moncloa entre el ministro de Transportes de España, Óscar Puente, y su homólogo en Marruecos, Karim Zidane. En él consta un memorándum entre el Instituto Geográfico Nacional español y el Centro Nacional para la Investigación Científica y Técnica de Marruecos (CNRST) para estudiar conjuntamente la sismicidad y geodinámica del Estrecho durante tres años.
Financiación. El Gobierno español aprobó en marzo de este año una transferencia adicional de 1,73 millones de euros para financiar estudios técnicos, según cuentan desde La Razón. A esa partida se suma una campaña de investigación marina encargada al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con un presupuesto de 553.187 euros, publicada en el Boletín Oficial del Estado.
Esta campaña, de unos 15 días de duración y prevista para el primer semestre de 2026, incluye batimetría de alta resolución, muestreo de sedimentos y rocas del fondo marino y análisis de laboratorio. Participan tres institutos del CSIC (Ciencias del Mar, Geológico y Minero, y Oceanografía), el Instituto Hidrográfico de la Armada y el Servicio Geológico de Estados Unidos.
Obstáculos. La clave está en el Umbral de Camarinal. La filial española del fabricante alemán Herrenknecht, especializado en tuneladoras, realizó un estudio de viabilidad que concluyó que la obra es técnicamente posible con la ingeniería actual, aunque advirtió de unos desafíos logísticos y económicos enormes. El subsuelo de esa zona está formado por materiales del Complejo del Flysch, con capas de arenisca y arcilla de origen turbidítico, cubiertas por sedimentos más recientes.
Esta variabilidad geológica, sumada a que el Estrecho se sitúa sobre la fractura Azores-Gibraltar-Túnez, la misma que provocó el devastador terremoto de Lisboa de 1755, convierte la excavación en un reto especialmente complejo.
Por otra parte, cabe destacar que el Estrecho no es un escenario fácil. Por sus aguas pasan más de 100.000 buques al año y la zona de estudio se encuentra dentro de un Espacio de Conservación Especial con un plan de protección para las orcas. Se han registrado más de 1.900 especies de flora y fauna marina, lo que obliga a obtener ciertos permisos ambientales antes de hacer nada.
Cuánto va a costar. A pesar de que no hay cifras concretas sobre cuánto costaría el proyecto, Morocco World News sitúa el coste estimado solo para la parte española por encima de los 8.500 millones de euros, mientras que otros medios como El Diario elevan el presupuesto total por encima de los 15.000 millones, a repartir entre España, Marruecos y la Unión Europea. En cualquier caso, será una de las infraestructuras más caras jamás construidas en la región.
Cuándo estará listo. Aquí conviene rebajar expectativas. Y es que los plazos que se manejan sitúan la posible inauguración entre 2035 y 2040, siempre en el mejor de los escenarios, pero muy posiblemente se sitúe más en la década de 2040 que antes (eso si se llega a ejecutar la obra). Si los estudios sísmicos y geotécnicos acaban siendo favorables, podría licitarse en 2027 una galería de reconocimiento, requiriendo varios años hasta completarse para obtener información detallada del terreno y sobre la viabilidad del proyecto.
Por qué importa más allá de la ingeniería. Conectar por ferrocarril África con Europa alentaría el comercio de maneras muy aprovechables, integrando las redes ferroviarias del Magreb con el sistema europeo y haciendo que el sur peninsular tome otro color completamente distinto como nodo logístico. Por supuesto, también plantea debates políticos, sobre todo en lo referido a la gestión migratoria. Sea como fuere, aún tendremos que esperar para conocer si finalmente se acaba materializando el proyecto.
Imagen de portada | SECEGSA y Google Earth
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