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lo que pide Elon Musk para que funcione
La escena tuvo lugar hace relativamente poco tiempo, cuando varios drones navales ucranianos quedaron temporalmente inutilizados durante una operación en el mar Negro tras problemas de conectividad vinculados a Starlink. El episodio dejó una conclusión incómoda para muchos estrategas occidentales: algunas de las armas más modernas del planeta dependen de una red privada controlada por una sola empresa.
La guerra “barata” que empezó a salir cara. Estados Unidos lleva años persiguiendo una idea obsesiva: sustituir parte de sus carísimos misiles de precisión por una copia del arma iraní y rusa por excelencia: los enjambres de drones kamikaze mucho más baratos, fabricables en masa y capaces de saturar defensas enemigas. El dron LUCAS nació precisamente para eso. Cada unidad cuesta apenas una fracción de un Tomahawk y puede lanzarse en grandes cantidades contra objetivos lejanos.
Sobre el papel parecía la fórmula perfecta para la guerra moderna. El problema apareció cuando esos drones comenzaron a utilizarse masivamente contra Irán y Washington descubrió algo incómodo: el arma no depende solo del explosivo o del fuselaje, sino de la conexión satelital que la guía. Y esa conexión tiene dueño. SpaceX decidió entonces que el Pentágono estaba pagando demasiado poco por usar Starlink y Starshield en operaciones de combate reales.


Elon Musk controla una pieza crítica. La disputa que ha desvelado en exclusiva Reuters revela hasta qué punto el ejército estadounidense se ha vuelto dependiente de SpaceX. Los drones LUCAS utilizan terminales Starshield para comunicarse, coordinar ataques y operar a enormes distancias. Sin esa red espacial, buena parte de las capacidades avanzadas del sistema simplemente desaparecen.
El Pentágono argumentaba que los drones solo utilizaban la conexión durante minutos u horas y que pagar 25.000 dólares por terminal era absurdo para un aparato kamikaze relativamente barato. SpaceX respondió que el uso militar real se parecía más a un servicio aeronáutico premium que a una conexión terrestre convencional. El resultado fue surrealista: el coste de la conectividad casi duplicó el precio operativo de algunos drones diseñados precisamente para ser baratos.


La paradoja de la guerra autónoma. El caso expone una contradicción enorme en la revolución militar actual. Los ejércitos quieren armas autónomas, baratas y masivas, pero esas plataformas dependen cada vez más de infraestructuras extremadamente complejas y concentradas en pocas manos privadas. Los nuevos enjambres de drones estadounidenses necesitan transmitir datos, compartir objetivos, coordinarse y recibir órdenes en tiempo real a miles de kilómetros.
Eso obliga a utilizar redes orbitales gigantescas capaces de mantener cobertura global permanente. Hoy ninguna empresa ofrece algo comparable a Starlink. SpaceX controla más del 60% de todos los satélites operativos del planeta y se ha convertido en una capa crítica de las comunicaciones militares occidentales. El Pentágono empieza a descubrir que la verdadera ventaja estratégica no está solo en fabricar drones baratos, sino en quién posee el cielo que conecta esas máquinas.


Ucrania y el peligro. La guerra de Ucrania llevaba tiempo advirtiendo sobre este problema. Starlink se convirtió allí en un elemento esencial para las operaciones ucranianas y rusas, y también en una fuente constante de tensiones políticas y militares. En algunos momentos, restricciones impuestas por SpaceX afectaron operaciones concretas y dejaron claro algo incómodo para Washington: una empresa privada podía alterar el funcionamiento de sistemas militares en plena guerra.
Ahora el escenario se repite con Irán, pero de una forma todavía más delicada porque el propio Pentágono negocia directamente las tarifas mientras desarrolla armas que dependen completamente de esa infraestructura orbital. Incluso pruebas navales estadounidenses quedaron paralizadas anteriormente tras apagones globales de Starlink que dejaron drones marítimos flotando sin conexión.
La nueva industria militar. Recordaban en TWZ que, durante décadas, el poder militar estadounidense dependió principalmente de gigantes clásicos de defensa como Lockheed Martin, Boeing o Raytheon. SpaceX ha cambiado completamente ese equilibrio. La empresa no solo lanza cohetes o fabrica satélites, controla redes de comunicación globales, infraestructuras orbitales, sistemas de datos y tecnologías que empiezan a ser imprescindibles para la guerra autónoma.
Eso le otorga una posición de fuerza inédita frente al gobierno estadounidense. A diferencia de los contratistas tradicionales, SpaceX tiene además un enorme negocio comercial independiente y no depende exclusivamente del Pentágono. De hecho, algunos analistas ya describen la situación con crudeza: Estados Unidos tiene a SpaceX “agarrándolo por el cuello” porque no existe hoy una alternativa comparable capaz de ofrecer cobertura global similar a costes razonables.
La guerra pasa por el espacio. Lo importante posiblemente sea que la discusión apenas acaba de empezar. Los drones LUCAS son solo una pieza inicial de una transformación militar mucho más profunda donde enjambres autónomos, sistemas orbitales y redes de inteligencia artificial funcionarán como un único ecosistema conectado. El Pentágono quiere que futuros drones puedan cooperar entre sí, adaptarse automáticamente al combate y atacar objetivos con mínima supervisión humana.
Pero cuanto más sofisticados se vuelvan esos sistemas, más dependerán de conexiones permanentes de alta capacidad. Y eso convierte al espacio en el auténtico centro de gravedad de la guerra moderna. La gran ironía es que Estados Unidos diseñó drones baratos para evitar gastar millones en cada misil y ha terminado descubriendo que el coste estratégico más importante quizá no esté en el arma, sino en quién cobra por mantenerla conectada.
Imagen | CENTCOM, Official SpaceX Photos
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Carles Porta estrena hoy en Movistar Plus una nueva temporada de ‘Crímenes’
El true crime tiene mucha presencia en casi todas las plataformas de streaming. Lógico: cada vez tiene más adeptos. Si hablamos de producción nacional, una de las figuras que más destaca entre este género es Carles Porta, que no está descansando ni en vacaciones. Hoy mismo, 14 de julio, se estrena nueva temporada de ‘Crímenes’ en Movistar Plus: puedes verla al completo por solo 4,99 euros al mes.
Más true crime de calidad llega a Movistar Plus


Es una razón más para darle una oportunidad a esta plataforma de streaming. Esta producción llega al Plan Libre de Movistar Plus con cine y series, que tiene un precio muy económico. Como ocurre con el otro plan que incluye deportes (que cuesta 9,99 euros al mes), no tiene ningún tipo de permanencia. Además, podemos compartir la cuenta con un amigo o familiar sin ningún tipo de problema.
De entre todo el true crime que tiene Movistar Plus, es Carles Porta de lo más destacado que hay dentro de su catálogo. Ya hay mucho de sus producciones en esta plataforma, como ‘Mátalo ya’, ‘Tor’ o ‘Peregrina’. Hoy se estrena esta nueva temporada de ‘Crímenes’ con un caso llamado ‘El asesino de la pandemia‘ que promete mantener el mismo nivel de calidad true crime de Porta.
Este estreno se une a una lista muy potente de pelis que llegarán en los próximos días a la plataforma, como ‘La bola negra’, ‘Anaconda’ o ‘Vida Privada’ entre otras. Te recordamos que puedes descargar lo que quieras de Movistar Plus y verlo sin conexión, lo que te puede ir genial de cara a estas vacaciones para hacer más ameno esos ratos muertos entre vuelos o viajes en tren .
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Imágenes | Movistar Plus
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Intel acaba de poner 5.000 millones y un asterisco sobre la mesa
Europa lleva años intentando ganar peso en el mapa mundial de los semiconductores. No se trata únicamente de fabricar más chips, sino de reducir la dependencia de unas cadenas de suministro concentradas fuera del continente y recuperar terreno en los procesos más avanzados. Estados Unidos persigue un objetivo parecido y ha reforzado sus esfuerzos para atraer inversiones, fábricas y empleos vinculados a tecnologías estratégicas. Esa carrera industrial ha dejado una escena llamativa: una de las mayores compañías estadounidenses del sector ha decidido apostar miles de millones por ampliar su producción en suelo europeo.
Esa compañía es Intel, que ha anunciado una inversión de 5.000 millones de euros para ampliar y modernizar su complejo de Leixlip, en Irlanda. El objetivo es aumentar la producción de los procesadores Xeon 6 y de determinados próximos productos Xeon fabricados con Intel 3, el proceso más avanzado que la empresa produce actualmente en Europa. El movimiento, sin embargo, llega después de que el fabricante cancelara sus proyectos industriales en Alemania y Polonia. La Unión Europea refuerza su producción, pero la letra pequeña obliga a matizar hasta dónde llega realmente esa victoria.
Más capacidad en Irlanda, pero una cadena europea todavía incompleta
El núcleo del plan no pasa por construir una nueva fábrica ni por ampliar la sala limpia, sino por equipar mejor Fab 34, actualizar sus instalaciones y extender la red automatizada que mueve las obleas durante las numerosas etapas del proceso productivo. Esa infraestructura permitirá integrar con mayor fluidez los diferentes módulos del campus y elevar la eficiencia del conjunto. Intel comenzó a ejecutar el programa a principios de 2026, aunque no ha detallado cuándo completará las mejoras. El resultado esperado es un mayor volumen fabricado con Intel 3 aprovechando el espacio existente.
Fab 34 comenzó la producción a gran escala en 2023 y convirtió Leixlip en el gran centro europeo de fabricación avanzada de Intel. La instalación nació trabajando con Intel 4, utilizado en los primeros Core Ultra, y después incorporó Intel 3 para los procesadores Xeon. Ambas tecnologías emplean litografía ultravioleta extrema, conocida como EUV, para imprimir estructuras más pequeñas y complejas sobre las obleas. Cuando inició su actividad, Fab 34 se convirtió en la primera fábrica europea en utilizar esta técnica en producción de gran volumen.

Entrada principal del edificio Robert N. Noyce, sede central de Intel en Santa Clara, California
El aumento previsto responde, de acuerdo con Intel, a una mayor demanda de procesadores para servidores y de infraestructura vinculada a la inteligencia artificial. Aunque las GPU y los aceleradores concentran buena parte de la atención, los centros de datos siguen necesitando CPU para ejecutar cargas generales, gestionar recursos y sostener las plataformas sobre las que trabajan esos sistemas especializados. Los Xeon ocupan precisamente ese espacio dentro de su catálogo. Ampliar el volumen de Intel 3 permitiría abastecer mejor ese mercado sin esperar a que una nueva planta estuviera lista.
El desembolso también llega después de un importante giro financiero alrededor de Fab 34. En 2024, Apollo aportó 11.200 millones de dólares y adquirió el 49% de una sociedad conjunta vinculada a la producción de la instalación, aunque Intel mantuvo la propiedad y el control operativo de la fábrica. La compañía recompró esa participación en abril de 2026 por 14.200 millones de dólares. Tres meses después, vuelve a comprometer capital en la infraestructura irlandesa tras recuperar el 100% de aquella sociedad.
La apuesta europea de Intel había sido mucho más ambiciosa. La compañía presentó Fab 34 como una pieza de una futura cadena que combinaría la producción de obleas en Irlanda con dos nuevas fábricas avanzadas en Magdeburgo, Alemania, y una instalación de ensamblaje y pruebas en Breslavia, Polonia. Ese despliegue debía cubrir dentro de la Unión varias de las principales etapas necesarias para convertir una oblea en un procesador terminado. Los proyectos fueron aplazados en 2024 y abandonados definitivamente un año después, cuando Intel decidió ajustar sus inversiones a la demanda prevista.
Ahí aparece el asterisco de los 5.000 millones. Europa sí podrá fabricar un mayor volumen de obleas avanzadas, pero seguirá sin disponer del entramado completo que Intel había prometido construir dentro de la UE. La empresa mantiene sus principales operaciones de ensamblaje y pruebas en Estados Unidos y Asia, después de cancelar la instalación polaca que debía cubrir esas etapas. Leixlip reduce una parte de la dependencia exterior, aunque no convierte por sí sola la producción de Xeon en una cadena plenamente europea.
Imágenes | Intel
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Intel acaba de poner 5.000 millones y un asterisco sobre la mesa
Europa lleva años intentando ganar peso en el mapa mundial de los semiconductores. No se trata únicamente de fabricar más chips, sino de reducir la dependencia de unas cadenas de suministro concentradas fuera del continente y recuperar terreno en los procesos más avanzados. Estados Unidos persigue un objetivo parecido y ha reforzado sus esfuerzos para atraer inversiones, fábricas y empleos vinculados a tecnologías estratégicas. Esa carrera industrial ha dejado una escena llamativa: una de las mayores compañías estadounidenses del sector ha decidido apostar miles de millones por ampliar su producción en suelo europeo.
Esa compañía es Intel, que ha anunciado una inversión de 5.000 millones de euros para ampliar y modernizar su complejo de Leixlip, en Irlanda. El objetivo es aumentar la producción de los procesadores Xeon 6 y de determinados próximos productos Xeon fabricados con Intel 3, el proceso más avanzado que la empresa produce actualmente en Europa. El movimiento, sin embargo, llega después de que el fabricante cancelara sus proyectos industriales en Alemania y Polonia. La Unión Europea refuerza su producción, pero la letra pequeña obliga a matizar hasta dónde llega realmente esa victoria.
Más capacidad en Irlanda, pero una cadena europea todavía incompleta
El núcleo del plan no pasa por construir una nueva fábrica ni por ampliar la sala limpia, sino por equipar mejor Fab 34, actualizar sus instalaciones y extender la red automatizada que mueve las obleas durante las numerosas etapas del proceso productivo. Esa infraestructura permitirá integrar con mayor fluidez los diferentes módulos del campus y elevar la eficiencia del conjunto. Intel comenzó a ejecutar el programa a principios de 2026, aunque no ha detallado cuándo completará las mejoras. El resultado esperado es un mayor volumen fabricado con Intel 3 aprovechando el espacio existente.
Fab 34 comenzó la producción a gran escala en 2023 y convirtió Leixlip en el gran centro europeo de fabricación avanzada de Intel. La instalación nació trabajando con Intel 4, utilizado en los primeros Core Ultra, y después incorporó Intel 3 para los procesadores Xeon. Ambas tecnologías emplean litografía ultravioleta extrema, conocida como EUV, para imprimir estructuras más pequeñas y complejas sobre las obleas. Cuando inició su actividad, Fab 34 se convirtió en la primera fábrica europea en utilizar esta técnica en producción de gran volumen.

Entrada principal del edificio Robert N. Noyce, sede central de Intel en Santa Clara, California
El aumento previsto responde, de acuerdo con Intel, a una mayor demanda de procesadores para servidores y de infraestructura vinculada a la inteligencia artificial. Aunque las GPU y los aceleradores concentran buena parte de la atención, los centros de datos siguen necesitando CPU para ejecutar cargas generales, gestionar recursos y sostener las plataformas sobre las que trabajan esos sistemas especializados. Los Xeon ocupan precisamente ese espacio dentro de su catálogo. Ampliar el volumen de Intel 3 permitiría abastecer mejor ese mercado sin esperar a que una nueva planta estuviera lista.
El desembolso también llega después de un importante giro financiero alrededor de Fab 34. En 2024, Apollo aportó 11.200 millones de dólares y adquirió el 49% de una sociedad conjunta vinculada a la producción de la instalación, aunque Intel mantuvo la propiedad y el control operativo de la fábrica. La compañía recompró esa participación en abril de 2026 por 14.200 millones de dólares. Tres meses después, vuelve a comprometer capital en la infraestructura irlandesa tras recuperar el 100% de aquella sociedad.
La apuesta europea de Intel había sido mucho más ambiciosa. La compañía presentó Fab 34 como una pieza de una futura cadena que combinaría la producción de obleas en Irlanda con dos nuevas fábricas avanzadas en Magdeburgo, Alemania, y una instalación de ensamblaje y pruebas en Breslavia, Polonia. Ese despliegue debía cubrir dentro de la Unión varias de las principales etapas necesarias para convertir una oblea en un procesador terminado. Los proyectos fueron aplazados en 2024 y abandonados definitivamente un año después, cuando Intel decidió ajustar sus inversiones a la demanda prevista.
Ahí aparece el asterisco de los 5.000 millones. Europa sí podrá fabricar un mayor volumen de obleas avanzadas, pero seguirá sin disponer del entramado completo que Intel había prometido construir dentro de la UE. La empresa mantiene sus principales operaciones de ensamblaje y pruebas en Estados Unidos y Asia, después de cancelar la instalación polaca que debía cubrir esas etapas. Leixlip reduce una parte de la dependencia exterior, aunque no convierte por sí sola la producción de Xeon en una cadena plenamente europea.
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