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Tres años después del fiasco del metaverso, Zuckerberg tiene otro clavo ardiendo para Meta: las gafas digitales
Mark Zuckerberg cree que en 2030 no sacaremos tanto el smartphone del bolsillo porque lo haremos casi todo desde las gafas. Esa es su particular nueva obsesión, y tiene todo el sentido del mundo porque Meta está en una posición delicada. Y si uno está arrinconado en un futuro que no controla, mejor crear uno que sí puede controlar.
Gafas, gafas y más gafas. La presentación esta semana de las prometedoras Meta Ray-Ban Display y sus hermanas pequeñas (Ray-Ban Meta (Gen 2) y Oakley Meta Vanguard) es un mensaje claro al mundo. Zuckerberg nos ve a todos llevando gafas en el futuro, y las nuevas opciones de sus gafas conectadas precisamente van dirigidas no solo a que hagamos más con ellas, sino a que nos olvidemos cada vez más del dispositivo que gobierna nuestra vida desde hace dos décadas: el smartphone.
Un evento para redibujar el objetivo de Meta. En el evento de presentación de las gafas Zuckerberg también confirmó esa nueva transformación silenciosa de su compañía, que primero se centró en las redes sociales para luego apostarlo todo al metaverso. Ahora la propuesta es distinta y Zuckerberg lo dejó claro en el evento diciendo lo siguiente:
“Nuestro objetivo es crear gafas con un diseño atractivo que ofrezcan superinteligencia personal y una sensación de presencia mediante hologramas realistas. La combinación de estas ideas es lo que denominamos «metaverso”.
Metaverso v2.0. De repente el metaverso de ahora es distinto al de antes. En aquel metaverso que parecía una mala copia de Wii Sports hemos pasado a otro en el que la realidad virtual queda totalmente desplazada. Hace cuatro años, cuando Facebook cambió su nombre por Meta, ni siquiera se hablaba de inteligencia artificial como parte de esa plataforma. Ahora es parte fundamental, lógicamente. El metaverso 1.0 —que ojo, sigue vivo y sigue también perdiendo dinero— ha quedado en segundo plano.
Matar al smartphone va a ser (muy) difícil. Por supuesto, necesitaremos un dispositivo en el que poder hacer todas esas cosas que propone Zuckerberg, y a día de hoy el candidato es en muchos casos el móvil. Si no como centro de la experiencia, sí como elemento importante. ¿Cederá el smartphone protagonismo a las gafas o a otros productos hardware? Parece difícil, pero desde luego tanto Meta como otras —hola, OpenAI+Jony Ive— están dispuestas a conseguir ese objetivo. Es normal: si lo logran, podrán controlar algo que jamás han logrado controlar: el hardware.
Pero. Si algo ha caracterizado a Mark Zuckerberg es su facilidad para cambiar de foco. Tras el éxito de Facebook pareció luego centrarse mucho más en supervitaminar WhatsApp —¿recordáis Libra?— o Instagram. Luego, por supuesto, llegaría su obsesión con el metaverso, y más recientemente con la superinteligencia y las gafas de IA. Si hay una nueva fiebre tecnológica, el fundador de Facebook suele ir a por ella. ¿Qué será lo próximo?
Y va a tener muchísima competencia. No es ya que Zuckeberg logre que usemos más las gafas que el teléfono: es que nadie va a dejarla que lo haga sola. Google trabaja sin descanso en Android XR y ya nos ha mostrado que tendrá productos en este segmento, y Apple parece también convencida de que por aquí irán los tiros. Por no hablar de Amazon o —palabras mayores— de los fabricantes chinos. Todos ellos van a ponérselo muy difícil a Meta, pero una cosa es cierta: si logran desplazar el foco del móvil a las gafas, ahí al menos sí tendrán previsiblemente parte del pastel.
Imagen | Meta
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La red eléctrica de EEUU no soporta tantos centros de datos así que han tenido una idea: desconectarlos para evitar apagones
Un tercio de todos los centros de datos del mundo están en EEUU y eso está suponiendo una enorme carga para la red eléctrica. Una de las consecuencias que los consumidores están notando son las subidas de precio en la factura, pero los operadores eléctricos ya prevén otro problema: apagones.
Qué está pasando. Lo cuentan en WSJ. La red eléctrica estadounidense está empezando a tensionarse y los operadores de red prevén que se produzcan apagones durante los periodos de alta demanda. La solución que proponen para evitarlo es hacer que los centros de datos se desconecten de la red y usen sus propias reservas energéticas temporalmente. A las tecnológicas no les ha hecho ninguna gracia y hablan de “medidas discriminatorias”.
Por qué es importante. En 2023 los centros de datos ya consumían el 4% de toda la electricidad del país y las previsiones es que para 2028 ese porcentaje aumente hasta el 12%. La red eléctrica no está preparada para soportar tanta demanda y, aunque ya se está ampliando, el ritmo de construcción de nuevos centros de datos va más rápido. Los operadores de red se enfrentan a un dilema de difícil solución: dar energía a los centros de datos y a la vez mantener el suministro a los consumidores.
‘Kill switch’. PJM Interconnection es la organización que supervisa el mercado energético en el medio oeste, donde ya han sufrido el problema de las subidas de precios. La preocupación de que se produzcan apagones está sobre la mesa y PJM ha propuesto que las tecnológicas creen sus propias fuentes de energía o acepten que se les corte el suministro si la red se satura demasiado.
No son los únicos que han planteado algo así. Ante la previsión de que la demanda se duplique para 2035, Texas se aprobó una ley el año pasado que contempla un ‘interruptor de apagado’ que permita desconectar a grandes consumidores, como los centros de datos, en momentos en los que la red esté bajo un “estrés extremo”.
Qué dicen las tecnológicas. Como decíamos, a las empresas propietarias de estos centros de datos no les ha hecho mucha gracia la propuesta. La Coalición de Centros de Datos, de la que forman parte empresas como Google, Microsoft y AWS, han afirmado que la propuesta es discriminatoria ya que los centros de datos necesitan una red fiable y estable. También alertan que el hecho de depender de sus propias reservas energéticas podría tener un impacto medioambiental negativo, al obligarles a usar soluciones como generadores diésel.
Tiempos de espera. Hay un escenario intermedio en el que las tecnológicas pueden obtener beneficios si aceptan estas condiciones. Como la infraestructura eléctrica no soporta tanta demanda, los centros de datos tienen que esperar varios años a ser conectados a la red, normalmente entre 3 y 5 años, aunque ha habido casos de hasta 8 años. Southwest Power Pool, el operador de red en Texas, ha propuesto a los centros de datos un trato: darles acceso a la red más pronto a cambio de aceptar ser desconectados en momentos de alta demanda.
Según un estudio reciente financiado por Google, los centros de datos que tienen conexiones más flexibles (es decir, aquellos que construyen sus propias fuentes de energía y aceptan las desconexiones temporales) suelen conectarse a la red varios años más rápido que aquellos que no lo hacen.
Traiga su propia energía. A pesar de la reticencia ante ese botón de apagado, generar su propia energía es la solución más realista y hacia la que parece que se va a mover la industria. Google compró hace poco una empresa eléctrica con el fin de obtener su propia energía. Otras big tech Amazon, Microsoft, Oracle o xAI también están explorando crear sus propias soluciones energéticas como gas natural y placas solares.
Imagen | Google
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Globos de Oro: “Hamnet” vence a “Frankestein” y es premiada como mejor película de drama
“Hamnet” ganó a mejor película, drama, en los Globos de Oro 2026 en su edición 83, este domingo en Los Ángeles, se trata de la única película dirigida por una mujer, la cineasta Chloé Zhao y es producida por Steven Spielberg.
La cinta fue escrita en conjunto con Maggie O´Farrell.
A su lado competían los títulos de “Sinners”, “It Was Just an Accident”, “The Stranger Agent” ,”Sentimental Value” y “Frankestein”.
Durante su discurso de agradecimiento, la cineasta Chloé Zhao, agradeció “al pueblo de Hamnet” que se aventuró en la producción de la cinta.
“Muchos han perdido a sus seres amados mientras hacíamos esta película y quiero decirles que estamos con ustedes”, destacó además agregó “Paul, me dijo esta mañana: que ser artista es aprender a verse a sí mismo y ser vulnerable para contar una historia que conmueva”.
Este galardón fue el último de la noche, por lo que la edición 83 concluyó con el primer premio que el film obtuvo.
Por otro lado, para “Frankestein” no fue una velada dorada porque de las categorías en las que se encontraba nominada como “Mejor director” en la que Guillermo del Toro perdió contra Ryan Coogler, de “Sinners”.
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Cuando un pueblo se encontró una ballena muerta en sus playas decidió dinamitarla. 55 años después siguen celebrándolo
Una de las historias más excesivas y gore que hayas podido escuchar en tu vida es también una de las más divertidas, porque para variar no implica el sufrimiento de ningún ser vivo, y sí una serie de desafortunadas decisiones y desconocimiento sistemático de las leyes de la física. Es la historia de la ballena explosiva de Oregon, un evento disparatado que acaba de cumplir 55 años… y se sigue festejando.
El problema. El 12 de noviembre de 1970, los ingenieros de la Oregon Highway Division, que en su día a día se encarga de la circulación rodada, se toparon con un dilema inusual en la playa de la pequeña ciudad costera de Florence: deshacerse de un cachalote muerto de ocho toneladas que llevaba tres días descomponiéndose bajo el sol. Tras consultar con la Marina acerca de técnicas de demolición, el equipo decidió aplicar al cadáver una solución tan directa como desastrosa: media tonelada de dinamita (veinte cajas), con la esperanza de pulverizar el cetáceo. Las gaviotas se encargarían de limpiar los restos.
Buenos marines, malos consejeros. La consulta resultó contraproducente. Los marines asesoraron sobre demolición con explosivos, su especialidad, pero nadie consultó a biólogos marinos o expertos en fauna costera. Walter Umenhofer, un empresario local con experiencia militar, advirtió a Thornton que veinte cajas de dinamita era excesivo: recomendaba veinte cartuchos individuales o, si no, una cantidad muy superior para pulverizar completamente el tejido orgánico. Su consejo fue ignorado.
Boom. La detonación, a las 3:45 PM, provocó un apocalipsis de arena y grasa de 30 metros de altura, lanzando fragmentos de ballena en todas direcciones. Bloques de tejido y músculo del tamaño de mesitas de café cayeron sobre espectadores situados a una distancia prudencial de más de 400 metros del punto de explosión. Los gritos de emoción del centenar de espectadores se convirtieron en alaridos de horror mientras fragmentos de tejido caían del cielo. Alguno de los pedazos de grasa, de casi un metro, aplastó el techo de un vehículo. El olor a carne quemada persistió durante días y las gaviotas nunca aparecieron.
La decisión de George Thornton, responsable de la acción, carecía de base técnica desde el inicio. En una entrevista previa, admitía: “Estoy seguro de que funcionará. Lo único de lo que no estamos seguros es de cuánta dinamita necesitaremos exactamente para desintegrar esta… cosa, para que las gaviotas, los cangrejos y demás carroñeros puedan limpiarla”. Thornton decidió tratar el cetáceo como si fuera una roca en una carretera: media tonelada de explosivos estratégicamente colocados bajo el animal, con la esperanza de que la fuerza proyectara los restos hacia el Pacífico.
Qué hacer con una ballena. Los varamientos de cetáceos han planteado dilemas logísticos a las autoridades costeras durante décadas. Antes del desarrollo de protocolos científicos unificados (que priorizan la necropsia científica sobre la eliminación rápida), los métodos para lidiar con ballenas muertas acudían muchas veces a la improvisación. Las opciones más comunes incluían el enterramiento en la playa, el remolque mar adentro para su hundimiento, o simplemente permitir la descomposición natural del animal. Actualmente, los métodos de disposición han evolucionado: hay países como Sudáfrica, Islandia y Australia que continúan usando explosivos controlados tras remolcar cetáceos mar adentro, pero Estados Unidos acabó abandonando esta práctica. Cuando 41 cachalotes vararon cerca de Florence en 1979, las autoridades los enterraron sin dudarlo.
De caza. En 1970, Oregon carecía de directrices específicas para estos casos. La Oregon Highway Division tenía jurisdicción sobre las playas estatales (una peculiaridad administrativa derivada de la consideración legal de las costas como parte del sistema de carreteras públicas) pero ninguna experiencia en biología marina. Cuando el cachalote llegó a Florence, George Thornton admitió públicamente que había sido asignado al caso “porque su supervisor se había ido de caza“. El precedente más próximo había sido exitoso por su modestia: dos años antes, en 1968, autoridades de Long Beach, Washington, habían gestionado un varamiento similar mediante un enterramiento convencional sin incidentes.
El vídeo inolvidable. Todo quedó inmortalizado por el periodista Paul Linnman de la KATU, que llegó al lugar inicialmente frustrado por lo que consideraba un encargo de poca categoría. Hasta que se enteró de la cantidad de dinamita involucrada. Junto al camarógrafo Doug Brazil documentó el evento en película de 16mm con audio grabado magnéticamente en directo, un formato que a diferencia del video, conservaría su calidad visual durante décadas.
Encima. Después del desastre, la mayor parte del cachalote permaneció intacta en la playa. Los trabajadores de la Highway Division pasaron la tarde enterrando manualmente los restos, incluyendo secciones enormes del animal que no se movieron del punto de explosión. Thornton declaró a Bacon esa misma tarde que todo había salido “bien… excepto que la explosión excavó un agujero en la arena bajo la ballena”, dirigiendo la fuerza hacia arriba en lugar de hacia el océano. Décadas después, Thornton seguía defendiendo la operación como un éxito técnico distorsionado por una cobertura mediática hostil.
Se viraliza. Durante dos décadas, el incidente permaneció como anécdota regional hasta que el humorista Dave Barry resucitó la historia en su columna del Miami Herald el 20 de mayo de 1990. Titulada “The Far Side Comes to Life in Oregon”, en referencia a la inmortal serie de Gary Larson. Su descripción del suceso introdujo al público estadounidense el concepto de “epic fail” antes de que la era digital popularizara el término. El Departamento de Transporte de Oregon recibió llamadas de personas enfurecidas, convencidas de que el incidente había ocurrido recientemente. Lo que convierte a la ballena explosiva en una de las primeras historias en volverse virales en internet.
Más allá del meme. El fenómeno trascendió lo puramente digital. En 2015, el músico indie de Oregon Sufjan Stevens lanzó el tema ‘Exploding Whale‘, donde decía “Embrace the epic fail of my exploding whale”. Por supuesto, el suceso apareció en ‘Los Simpson’, en el episodio ‘The Squirt and the Whale’ de 2010. En 2020, la Oregon Historical Society encargó una restauración 4K del metraje original de 16mm de la noticia.
Las risas. 55 años después, aquel fiasco en gestión pública se ha transformado en folclore y patrimonio local. En 2024, Florence declaró noviembre como “Exploding Whale Month”, y la ciudad celebra el aniversario con un festival que culmina con los “Premios Superlativos de la Ballena Explosiva”, donde se premia a los ciudadanos más destacados, en elExploding Whale Memorial Park.
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