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la región con el mayor déficit energético de España se está quedando los centros de datos

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España se está llenando de centros de datos. Un informe de la consultora inmobiliaria CBRE revela cómo la península ibérica concentra el interés de las grandes empresas tecnológicas. El dato es llamativo, pero lo es aún más el hecho de que el gran foco de esas tecnológicas está en una región que a priori no parecería ideal para estas instalaciones: Madrid.

Hyperscalers. El estudio de CBRE citado en Cinco Días señala esa singular concentración en España de diversos proyectos de centros de datos de los llamados “hiperescalares” (hyperscalers). Un hyperscaler es un proveedor masivo de servicios en la nube que opera una gigantesca red de centros de datos distribuidos por todo el planeta. Amazon es un buen ejemplo de este tipo de empresas, pero hay más, y todas parecen haber centrado su atención en la península ibérica.

Las Big Tech apuestan por España… Elliot Zounon, responsable del informe, explicaba cómo “No existe un inversor, un operador o una tecnológica grande que no tenga en sus planes estratégicos el establecer su proyecto de data center en el mercado ibérico”.

Pero sobre todo por Madrid. Especialmente llamativo era el despliegue de proyectos que indicaban la capacidad actual y futura que se espera en la Comunidad de Madrid, y que asciende a un total de 203 MW. Algunas de las empresas más importantes del sector, como Microsoft, Google, Oracle, IBM, Kyndryl o OVHcloud cuentan con centros de datos en la Comunidad. Diversos proyectos con una inversión de 23.400 millones de euros hasta 2028 plantean un crecimiento sensible en este ámbito, y se espera que para 2026 la capacidad de Madrid ascienda a los 222 MW.

Madrid, cerca del “FLAP-D”. En La Unión Europea este mercado ha estado dominado por el grupo denominado FLAP-D, que es un acrónimo de Fráncfort, Londres, Ámsterdam y París, a las que en los últimos tiempos se ha sumado Dublín, con una capacidad de 328 MW. Madrid forma parte de los llamados TIER-2, una especie de “segunda división” de ciudades con mucha capacidad en centros de datos. La capital está por delante de Milán, Zurich, Berlín y Oslo, y también está en este grupo Barcelona, que ocupa la décima posición de los TIER-2 con 42 MW instalados.

¿Y la energía, qué? Esa proliferación de centros de datos en la Comunidad de Madrid resulta paradójica, sobre todo porque es la región que menos energía produce de toda España y depende casi totalmente del abastecimiento externo. En 2024 Madrid produjo 1,334 GWh, más o menos lo mismo que en 2021, mientras que su consumo eléctrico anual en 2024 fue de 27,487 GWh. Así, la Comunidad concentra el 11% de la demanda eléctrica nacional. Eso sí: España se está convirtiendo en una verdadera potencia exportadora de energía, algo que favorece ese papel de Madrid como foco de atención para la creación de futuros centros de datos.

La España vaciada produce, las grandes ciudades consumen. Lo cierto es que la situación del déficit energético de Madrid es lógica si tenemos en cuenta que aglutina una gran densidad de población y de industria. Aquí, como en otras grandes capitales españolas, la desigualdad energética es clara: mientras que la energía se produce en regiones mucho más despobladas —el ejemplo de Aragón con la eólica es notable—, esa energía acaba aprovechándose en las grandes urbes. Nuestro país ha apostado muy fuerte por renovables, pero Madrid es un caso aparte: por no haber, en Madrid no hay ni parques eólicos.

No todo son megavatios. La elección de Madrid no solo depende de los megavatios en bruto, sino de una combinación de ventajas intangibles que las tecnológicas tienen muy en cuenta. La capital concentra nodos de interconexión y una densa red de operadoras que facilita el intercambio de tráfico de datos (algo crucial para servicios en la nube y aplicaciones de IA). La presencia de sedes corporativas también influye, como lo hace el hecho de que se reducen los costes logísticos frente a emplazamientos remotos que pueden tener energía más barata, pero están más aislados en términos de red y servicios.

El factor humano. Está también la baza del mercado laboral y sus perfiles técnicos. Para las empresas, desplegar infraestructuras cerca de donde está el talento compensa, y los profesionales del sector suelen establecer sus residencias en las grandes ciudades como Madrid, precisamente porque allí y en otras capitales es donde se concentra la oferta de trabajo. Lo mismo ocurre en el caso de esa “primera división” de grandes capitales con centros de datos en Europa. Fráncfort, Londres, Ámsterdam y París también aglutinan ese abanico de perfiles técnicos.

El riesgo de ser un agujero negro energético. Su prácticamente nula autoproducción convierten a la Comunidad de Madrid en una especie de “agujero negro energético”: absorbe recursos generados lejos y depende totalmente de la fortaleza de la red española, que hace poco sufrió un preocupante —aunque sea difícil que se repitaapagón general.

Pero. Aun con ese déficit energético, los hiperescaladores llegan a estos acuerdos con contratos a largo plazo (PPAs, Power Purchase Agreements), acuerdos previos con redes  e incluso inversiones en renovables. La idea es desvincular la decisión de ubicación de esos centros de datos de dónde está la producción local de energía. Madrid debe asegurar desde luego su capacidad de interconexión y suministro —quizás con refuerzo de la red si es necesario—, pero la producción energética en España (que incluso tira energía a la basura) es una garantía de cara a este tipo de instalaciones.

Imagen | Kyndryl | Comunidad de Madrid

En Xataka | Se suponía que España iba a tener un plan “antiapagones”. Se ha topado con un obstáculo insalvable: la política

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geotermia y calefacción gratis a base de residuos

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La carrera por dominar la inteligencia artificial (IA) ya no se libra únicamente en los asépticos laboratorios de Silicon Valley o en las fábricas de microchips; se está desplazando hacia un terreno mucho más terrenal y crítico: la electricidad. En un momento en el que los centros de datos amenazan con saturar la red eléctrica mundial debido a su voraz consumo, las grandes tecnológicas están buscando desesperadamente fuentes de energía continua, estable y libre de emisiones.

La respuesta, sorprendentemente, no parece estar en mirar al cielo en busca de sol o viento, sino en perforar hacia abajo, a kilómetros bajo el subsuelo. La energía geotérmica ha dejado de ser un actor secundario para convertirse en la gran esperanza del sector. Pero en Europa, esta revolución tecnológica viene acompañada de un giro maestro. 

Ha estado bajo nuestros pies. Históricamente, la generación de energía geotérmica se consideraba viable casi exclusivamente en regiones volcánicas excepcionales, como Islandia o Indonesia. Dependía de encontrar bolsas subterráneas que tuvieran, de forma natural, calor, agua y rocas permeables. Sin embargo, como explica el informe Hot stuff: geothermal energy in Europe del think tank Ember, los avances tecnológicos de la última década han reescrito por completo este mapa.

La industria ha adaptado las técnicas de perforación profunda y de ingeniería de yacimientos del sector del petróleo y el gas, logrando reducir los costes de los pozos en aproximadamente un 40%. Ahora, los llamados Sistemas Geotérmicos Mejorados (EGS, por sus siglas en inglés) permiten inyectar fluidos para crear fisuras artificiales en roca seca y caliente, extraer ese calor y generar electricidad en la superficie, independientemente de la permeabilidad natural del terreno.

Números que cambian el tablero energético. El impacto de esta disrupción tecnológica es monumental. Según detalla el analista Pawel Czyzak en su newsletter, la energía geotérmica ya puede producirse a costes nivelados (LCoE) inferiores a los 100 €/MWh. Para ponerlo en perspectiva, el coste marginal de la electricidad generada por gas y carbón en Europa osciló entre los 90 y los 150 €/MWh durante 2025. La geotermia ya es económicamente competitiva.

En la Unión Europea, esta tecnología podría desarrollar unos 43 GW de capacidad comercialmente viable hoy mismo. Dado que las plantas geotérmicas operan ininterrumpidamente, esto se traduciría en unos 301 TWh de electricidad al año, el equivalente a reemplazar el 42% de toda la generación eléctrica con carbón y gas de la UE el año pasado. Los países con mayor potencial identificado bajo este umbral de rentabilidad son Hungría (con 28 GW), Polonia, Alemania y Francia.

La estrategia de la “Triple Victoria”. La gran baza de Europa reside en la geografía y el urbanismo. Según apunta Czyzak, las zonas con mayor potencial geotérmico a 5.000 metros de profundidad coinciden asombrosamente con los grandes nodos europeos de centros de datos —como París, Ámsterdam y Fráncfort— y con las redes de calefacción urbana planificadas (conocidas como district heating). El plan consiste en ubicar los centros de datos cerca de estas plantas geotérmicas. La planta alimenta la IA y, posteriormente, el calor residual que generan tanto la central como los propios servidores se inyecta en las redes de calefacción urbana.

Las instituciones ya están moviendo ficha. A finales de 2024, el Consejo y el Parlamento Europeo respaldaron la creación de una Alianza Geotérmica Europea para agilizar permisos y financiar el sector. En este escenario, España reclama un papel protagonista: la vicepresidenta Teresa Ribera (cuyo cargo ostenta ahora Sara Aagese) anunció una inyección de 100 millones de euros para diez proyectos de geotermia profunda. La mayoría se ubicarán en las Islas Canarias por su excepcional subsuelo volcánico, aunque la península ya cuenta con proyectos pioneros en marcha, como los pozos de 150 metros en el campus universitario de Vitoria o la instalación de 6,5 MW en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.

El laboratorio nórdico. Para entender cómo funciona la parte final de este plan —calentar hogares con datos— hay que mirar a Helsinki. La capital finlandesa ha encontrado en el calor residual de los servidores a un aliado inesperado para descarbonizar sus inviernos. A través de la compañía energética Helen, la ciudad lleva años probando este modelo. Los resultados muestran que un solo centro de datos en Helsinki puede llegar a calentar hasta 20.000 viviendas. La instalación de Telia, por ejemplo, ya recupera el 90% del calor que emiten sus máquinas, dando abrigo a 14.000 apartamentos en la actualidad.

Este milagro térmico requiere dos elementos: una extensa red de tuberías urbanas (district heating) y enormes bombas de calor industriales que elevan la temperatura del agua residual hasta los 85-90 ºC necesarios para la red urbana. Europa, y especialmente los países nórdicos, lidera la adopción de estas bombas de calor, convirtiendo a Finlandia en un laboratorio a escala real de lo que podría ser el futuro del continente.

El riesgo de perder el tren tecnológico. A pesar de lo prometedor del panorama, Europa se enfrenta a serios obstáculos. Tal y como advierte el informe de Ember, el Viejo Continente inventó la electricidad geotérmica (la primera planta se inauguró en Larderello, Italia, en 1904), pero ahora corre el riesgo de ceder su liderazgo. Mientras Estados Unidos y Canadá escalan comercialmente gracias a agresivos incentivos fiscales (como la Inflation Reduction Act) y a la inversión privada de las Big Tech, Europa se ahoga en una maraña de permisos lentos y complejos, marcos de apoyo inconsistentes a nivel nacional y una falta de mitigación del riesgo financiero para las primeras fases de perforación. 

Hasta el 64%. Si la UE no canaliza fondos de innovación y simplifica la burocracia, la cadena de suministro y la reducción de costes se consolidarán fuera de sus fronteras. De hecho, investigaciones estadounidenses citadas por Ember señalan que la geotermia podría cubrir de forma rentable hasta el 64% del aumento previsto en la demanda eléctrica de los centros de datos de EEUU para principios de la década de 2030. 

El premio por hacer las cosas bien es la prosperidad económica. Como recuerda Czyzak basándose en su experiencia, Islandia en 1940 dependía en un 70% del carbón y era una de las economías más pobres de Occidente; hoy, gracias a una red eléctrica 100% limpia (30% geotérmica, 70% hidroeléctrica), atrajo a la industria del aluminio y se convirtió en el quinto país del mundo en PIB per cápita. La geotermia profunda podría ser ese mismo catalizador para países como Hungría o Eslovaquia en la era de la inteligencia artificial.

La paradoja terrenal de la nube. En su afán por no detener el progreso de sus algoritmos, gigantes como Google o Meta han comprendido que la solución no pasa solo por mirar al cielo a la espera de que brille el sol o sople el viento, sino por perforar hacia el centro del planeta. 

Europa tiene ahora frente a sí la oportunidad no solo de subirse a esta ola, sino de perfeccionarla: transformar el problema térmico de la era digital en una red arterial que alimente el intelecto de las máquinas y, al mismo tiempo, abrigue a sus ciudadanos durante el invierno. Una revolución que, literalmente, se está gestando bajo nuestros pies. 

Imagen | Freepik 1 y 2

Xataka | La Tierra lleva millones de años dando calor y ahora Google lo quiere para algo muy distinto a la calefacción

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Netflix se baja de la contienda: no comprará Warner y deja el camino libre a Paramount

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- El gigante del entretenimiento Netflix anunció este jueves que se retira de la batalla por adquirir Warner Bros. Discovery (WBD, en inglés) tras la nueva oferta presentada esta semana por su rival en esta puja, Paramount Skydance (PSKY).

Netflix “ha declinado aumentar su oferta por Warner Bros.”, tras haber recibido una notificación WBD “indicando que su junta directiva ha determinado que la última propuesta de PSKY constituye una ‘propuesta superior’ según los términos del acuerdo de fusión vigente” entre ambas compañías, indicó la empresa codirigida por Ted Sarandos en un comunicado.

Aunque la transacción negociada el pasado diciembre entre Netflix y WBD “había generado valor para los accionistas, con un camino claro hacia la aprobación regulatoria”, el precio requerido para igualar la última oferta de PSKY “ya no es financieramente atractivo”, agregó el gigante del entretenimiento.

“Es por ello que declinamos igualar la oferta de Paramount Skydance”, sentenció el escrito.

El gran rival del gigante del entretenimiento en la batalla para hacerse con Paramount presentó esta semana una nueva oferta valorada en 31 dólares por acción, en un intento por competir con el acuerdo de venta que el legendario estudio tiene con Netflix.

La oferta revisada de PSKY incluye el pago de 31 dólares por acción en efectivo, frente a los 30 dólares planteados anteriormente, así como un pago adicional de 0.25 dólares por acción por trimestre a partir del 30 de septiembre de 2026 si la operación no se ha cerrado para entonces.

Asimismo, se compromete a pagar los 2 mil 800 millones de dólares que WBD tendría que pagar a Netflix por romper su acuerdo, y aportaría capital adicional si fuera necesario para cumplir los requisitos de solvencia de bancos prestamistas.

WBD consideró públicamente este jueves que esta nueva oferta era “superior” a la presentada el pasado diciembre por Netflix, por lo que se abría una ventana de cuatro días hábiles para que esta última respondiera con una nueva contraoferta.

La nueva oferta de Paramount respondía a la que realizó Netflix el pasado diciembre como parte de un acuerdo preliminar para adquirir los estudios y los negocios de transmisión en directo o ‘streaming’ de WBD por 27.75 dólares por acción, valorando esos activos en unos 72 mil millones de dólares, con un valor empresarial total cercano a los 82 mil 700 millones.

La retirada de este multimillonario acuerdo por la compra de uno de los titanes del entretenimiento se produce el mismo día en el que Sarandos visita la Casa Blanca para mantener distintos encuentros, aunque no se espera que se reúna con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

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El empleo entre los mayores de 65 años se triplica y llega al máximo de la serie histórica. Hay un buen motivo: la jubilación

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El mercado laboral en España ha registrado varios hitos destacables en los últimos meses: récord de cotizaciones, tasa de paro más baja en décadas y recuperación del empleo juvenil. Sin embargo, los últimos datos anualizados de la EPA esconden una historia que va más allá de las cifras globales.

Según datos de la Media anual de 2025 publicados esta semana por el INE, la tasa de empleo entre los mayores de 65 años ha alcanzado su máximo histórico, y la razón no es que los españoles de más edad hayan descubierto un amor repentino por el trabajo. Hay algo estructural detrás que merece una mirada más detenida.

Una población activa envejecida. El envejecimiento de la población en España, y los cambios en el sistema de pensiones que se aprobaron en la reforma de 2011, están redibujando el mapa laboral español de forma silenciosa pero muy significativa. Lo que hace una década parecía una anomalía estadística, hoy se ha convertido en una tendencia consolidada con consecuencias directas sobre el futuro y la viabilidad de las pensiones públicas.

Los datos de la EPA del cuarto trimestre de 2025 indican que al cierre del año había en España 4.926.300 ocupados mayores de 55 años. Esto supone un crecimiento del 23,3% en este rango de edad desde la reforma laboral de 2022, frente al 11,3% de incremento medio que han registrado el resto de edades.

Pero lo más llamativo es que la tasa de empleo entre los mayores de 65 años se ha triplicado respecto a los niveles de hace una década, con un 14,25% para los hombres de 65 a 69 años y un 12,29% para las mujeres del mismo grupo de edad, frente al 5% que se registraba en 2015. La tasa de ocupación de los varones de 60 a 64 años ronda el 58% en 2025. La más alta desde comienzos de los años ochenta.

Todo esto antes era jubilación. Lo que explica en buena parte ese repunte del empleo de la población con más de 65 años no es una mayor demanda de trabajadores experimentados, sino el progresivo retraso de la edad legal de jubilación. En 2026, la edad legal para acceder a la jubilación ordinaria para quienes tengan menos de 38 años y 3 meses cotizados se sitúa en 66 años y 10 meses. Este desplazamiento obliga a muchas personas a mantenerse activas más allá de los 65 años a los que antes se podían jubilar.

Sin embargo, el informe ‘Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo‘ elaborado por Fedea y BBVA Research constata que el incremento de la afiliación sénior se debe sobre todo al envejecimiento de la población y al retraso de la edad de jubilación, que a menudo responde a la necesidad de seguir trabajando por dificultades financieras.

Mantenerse en el mercado laboral a esa edad no es fácil. No obstante, pese a que los datos apuntan a porcentajes de récord con respecto al histórico, la realidad es que su situación laboral no es un camino de rosas. Un estudio de la Fundación BBVA e Ivie ha revelado que los mayores de 55 años registran por primera vez una tasa de paro del 9,8%, superando en desempleo a la franja de personas entre 25 y 54 años. Además, seis de cada diez parados de esa franja de edad son parados de larga duración, un porcentaje que triplica el de los jóvenes de 16 a 24 años.

Los datos dibujan un mercado laboral en el que los trabajadores mayores de 55 años pierden sus empleos una década antes de su edad de jubilación, y deben sobrevivir durante todo ese tiempo o con empleos temporales, o en situación de desempleo cronificado por falta de oportunidades. En el otro extremo, la tasa empleo del 14,2% deja constancia de aquellos que han conseguido mantenerse a flote o salir de ese bache.

El sistema de pensiones, el telón de fondo. Detrás de todas estas cifras hay una realidad que los economistas llevan años señalando: el sistema de pensiones necesita que la gente trabaje más años para ser sostenible. Las reformas han ido moviendo los incentivos en esa dirección, endureciendo los requisitos para la jubilación anticipada con mayores coeficientes de reducción de la pensión, y con un aumento progresivo de los años cotizados necesarios.

El resultado es el que ya están mostrando los datos, cada vez hay más personas que no pueden jubilarse a los 65 años y deben extender su vida laboral hasta los 67 años (vigentes en 2027) para acceder a su pensión de jubilación.

En Xataka | Qué es la base reguladora: cómo se calcula en 2026 con ejemplos

Imagen | Unsplash (Matt Bennett)

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