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La cueva de Salomé es uno de los grandes enigmas del inicio del cristianismo. Al fin sabemos quién estuvo enterrada en ella

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Hubo un tiempo, hace bastantes siglos, en el que los cristianos acudían a una antigua cueva situada en las Tierras Bajas de Judea, cerca de la aldea de Eliav, en busca de inspiración. Con el paso de los años incluso se consideró un lugar sagrado para el Islam. Allí (se suponía) reposaban los restos de Salomé, una figura bíblica con ecos en los orígenes del cristianismo. Algunas versiones la identificaban como la partera que asistió al nacimiento de Jesús. Otras como una de sus discípulas y testigo de la crucifixión. Incluso se dice que era la hermana pequeña de María.

Ahora un grupo de arqueólogos israelíes ha llegado a una conclusión fascinante que se apoya en los vestigios localizados hace años en la cueva: probablemente la Salomé que descansó en su día en la cripta no era ni la partera ni discípula de Jesús, sino una opulenta y poderosa aristócrata emparentada con Herodes.

En un lugar de Judea… La Cueva de Salomé es un amplio sepulcro localizado en Sefelá, las Tierras Bajas de Judea, con un valor arqueológico excepcional. De hecho hay quien la considera una de las cuevas funerarias “más impresionantes” descubiertas en Israel y de las “más elaboradas” de su época, el conocido como período del Segundo Templo, que se extendió entre los siglos VI a.C. y I d.C. En concreto, los expertos creen que la cripta construyó entre el I a.C. y I d.C.

La cueva en sí no es ninguna novedad. Los arqueólogos la excavaron hace ya décadas, a mediados de los 80, después de que la localizasen unos saqueadores. A lo largo de los últimos años sin embargo han ido ampliando nuestro conocimiento sobre el sepulcro. Hacia 2022 un grupo de expertos del Israel Antiquies Authority (IAA) realizó una excavación en parte del recinto que desveló nuevos datos sobre su arquitectura e historia. También confirmó que durante varios siglos aquella remota cueva de Sefelá se empleó como un espacio de veneración.

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¿Y cómo es? Amplia. Elaborada. Y fascinante. El conjunto arqueológico incluye un vestíbulo, un amplio patio rodeado por muros de piedra de sillería y una cueva funeraria con varias cámaras en las que se conservaron kokhim, nichos funerarios excavados en la roca, además de osarios. Aunque los arqueólogos estudiaron la cripta a fondo en los 80, hace unos años quisieron ir más allá, analizando en profundidad el patio de 350 m2 y limpiando el interior de la cueva.

“El patio resultó ser uno de los más elaborados de su tipo en comparación con otros cementerios del mismo período “, recoge un artículo publicado por el IAA. Entre otras cosas, los expertos se encontraron con piedras con motivos judíos y “delicados diseños vegetales”, como rosetas, granadas y jarrones de acanto. Nada que ver con la mayoría de patios de acceso a cuevas funerarias encontradas por los arqueólogos, que suelen estar excavados, no levantados con mampostería.

Cueva… y lugar de peregrinaje. Si el sepulcro resulta tan relevante no es solo por su tamaño, características arquitectónicas o decoración. Hay otro factor igual o incluso más relevante. Durante un tiempo la cueva fue un lugar de peregrinación. Durante sus excavaciones de 2022 y 2023 en el patio delantero, los arqueólogos descubrieron una hilera de puestos en los que se vendían y alquilaban lámparas de arcilla. “Encontramos cientos, completas y rotas, que datan de los siglos VIII y IX d.C.”,  explican Nir Shimshon-Paran y Zvi-Firer, directores de la excavación.

“Las lámparas pueden haber servido para iluminar la cueva o como parte de las ceremonias religiosas, de manera similar a las velas que se distribuyen hoy en día en las tumbas e iglesias”, añaden. En la cueva se localizaron además inscripciones griegas, siríacas y árabes, cruces grabadas e indicios que revelan que el espacio funerario se mantuvo en uso durante los períodos bizantino e islámico.

“Las excavaciones muestran que, en el período bizantino, el sitio se había transformado en un lugar de peregrinación cristiana”, precisan los expertos, lo que nos habla de un amplio período de culto que abarca desde el siglo V al IX d.C.

La Cueva de Salomé. La pregunta era obvia… ¿A quién pertenecía la cueva funeraria? ¿Quién descansó en su día en la cripta? ¿Y por qué los arqueólogos se encontraron con cruces y docenas de inscripciones grabadas directamente en las rocas de las paredes? La respuesta es a la vez simple y compleja: la cueva de Sefelá fue el lugar de descanso de ‘Salomé’. Entre las inscripciones en diferentes idiomas, los arqueólogos identificaron varias en griego que mencionan ese mismo nombre, ‘Salomé’, supuestamente una figura religiosa relevante para los cristianos.

En un artículo publicado este mismo año sobre el sepulcro los expertos del IAA recuerdan que, en la década de 1090, los eruditos que analizaron las inscripciones ya llegaron a la conclusión de que los primeros monjes que llegaron a la cueva en el período bizantino descubrieron un osario con la inscripción ‘Salomé’, un nombre relativamente frecuente en la Judea de comienzos de la cristiandad.

“Durante el período del Segundo Templo no era común dejar inscripciones en las paredes, pero a veces se escribía el nombre del difunto en osarios”, explica Paran a The Times of Israel. “Es posible que la cueva contuviera un osario con el nombre de Salomé, aunque no lo encontramos. Podría haber sido saqueado”.

Así pues… ¿Quién era la famosa Salomé?

¿La partera de Jesús? Una tradición atribuye ese nombre a una figura que aparece en el Protoevangelio de Santiago, texto apócrifo en el que se cita a una Salomé como una partera que dudó de la virginidad de María. La historia cuenta que su incredulidad le valió un castigo que acabó convirtiéndola en un símbolo.

“Según la tradición cristiana, Salomé fue la partera de Belén que fue llamada a asistir al nacimiento de Jesús. No podía creer que le pidieran que participara en el parto de una virgen y su mano se secó. Solo sanó cuando sostuvo la cuna del bebé”, recuerdan desde el IAA. Otras versiones sitúan a Salomé como discípula de Jesús, hermana de María o incluso se la ha confundido con la madre de Santiago y Juan.

“El culto a Salomé, santificado por el cristianismo, pertenece a un fenómeno más amplio: los peregrinos cristianos del siglo V d.C. encontraron y santificaron lugares judíos. El nombre Salomé pudo haber aparecido en la antigüedad en uno de los osarios ya desaparecidos de la tumba y así surgió la tradición que identificaba el Lugar con Salomé, la partera, y la cueva empezó a ser venerada por el cristianismo”, comentan Nir Shimshon-Paran y Zvi-Firer.

Un lujo “sospechoso”. La realidad es que Salomé (Shalom o Shlomit) era un nombre judío bastante común en la época y también muy asociado a las familias asmoneas y herodianas, así que en realidad la cueva podría haber sido el lugar de descanso de otra mujer, no la supuesta partera o discípula de Jesús.

De hecho hace tres años, tras comprobar la lujosa decoración y la arquitectura elaborada de la cueva, el IAA ya deslizó que aquel pudo haber sido la tumba de una persona poderosa, conectada con una saga “prominente” de la antigua Judea. “La tumba atestigua que sus dueños pertenecían a una familia de alto rango en la Sefelá de Judea durante el período del Segundo Templo”.

¿Quién era Salomé entonces? Ahora el organismo israelí va más allá en un amplio artículo publicado en la revista Atiqot en el que Paran y Lifshits se ‘mojan’ con una respuesta mucho más concreta: ante la escala, majestuosidad y ubicación de la cueva ambos expertos deslizan que el sepulcro estaba relacionado con la capa más alta de la sociedad del período del Segundo Templo: la familia real.

“En nuestra opinión, los datos acumulados apuntan a la familia de Herodes como propietaria de la cueva”, deslizan los arqueólogos. Su teoría no se queda solo ahí e identifican a la que, a su parecer, es la “candidata más probable” para ocupar el lugar de la misteriosa Salomé: la hermana de Herodes el Grande.

“Dado que Herodes y su familia tenían ascendencia edomita y que la región donde se ubica la cueva se conocía en aquel entonces como Idumea, es plausible que la familia real tuviera vínculos en esta zona”, recogen en su artículo. “Si bien no hay evidencia documentada de que Salomé, hermana de Herodes, tuviera propiedades en las inmediaciones de este cementerio, la conexión étnica y los lazos familiares con la región sugieren la posibilidad de que uno de los cementerios más grandes del período fuera lugar de descanso de un miembro de la familia real”.

De partera a aristócrata. La teoría de Paran y Lifshits es solo eso, una teoría, pero de ser correcta daría un vuelco radical a la cueva de Judea: de considerarse el sepulcro de la partera o una discípula de Jesús pasaría a ser la cripta de la dinastía herodiana. Una ironía si se tiene en cuenta que Herodes I el Grande está asociado también a los orígenes del cristianismo, pero de un forma muy distinta: la historia le atribuye la matanza de los Santos Inocentes. Aun de ser correcta, quedaría sin embargo la duda de quién era exactamente Salomé. Pudo tratarse de la hermana del monarca, pero también de su hija con Elpis, de quien poco se sabe.

Imágenes | IAA (YouTube) y Wikipedia

En Xataka | En Jerusalén acaban de descubrir un jardín de 2.000 años que coincide con una descripción de la Biblia: la tumba de Jesús

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Bruselas dice que dos tercios de la que se comercializa en Europa tiene problemas

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En 2022, la Comisión Europea hizo un estudio sobre las especias más populares del mercado. La radiografía fue desoladora: el fraude estaba a la orden del día. Más aún, era algo extremadamente común. Hablamos de la pimienta, el comino, la cúrcuma el azafrán o el pimentón. 

Aquello fue un escándalo descomunal y la misma Comisión pidió a los Estados Miembros que reforzaran los controles. Lo que pasó después no puede sorprender a nadie.

Hablemos de la canela. En 2023, la canela fue la quinta especia más importada en la Unión. En septiembre de 2025, el servicio de ciencia y conocimiento de la Comisión (el Joint Research Centre) analizó más de un centenar de muestras de canela comercializadas en una decena de países de la Unión Europea. 

¿El resultado? Más del 66% de las muestras analizadas tienen problemas. 

¿Qué les pasan? Pues o bien infringen la normativa internacional de calidad o la legislación de seguridad alimentaria de la Unión Europea. Algunas presentan indicios de fraude, otras una elevada cantidad de plomo y algunas más superan los límites legales de cumarina (una sustancia que, aunque natural, resulta potencialmente tóxica para el hígado).

Eso sin contar con el fraude, claro. Hasta el 9% de las muestras etiquetadas como canela de Ceilán fueron sustituidas total o parcialmente por canela de Cassia, “una alternativa más barata y de menor calidad, con sabor más fuerte y que contiene cumarina de forma natural”.

Lo que podemos hacer. Eso es lo peor. A juzgar por los resultados del JRC, podemos hacer poco con los medios que tenemos ahora mismo. “El tipo de irregularidades detectadas en la canela, incluidas las prácticas fraudulentas, es diverso y no puede abordarse con una única técnica analítica, por lo que se necesitan métodos estandarizados”, dice la Comisión

Tomarse en serio el problema, conllevaría tomar cartas en el asunto.

Sobre todo, porque la alta tasa de muestras irregulares de canela en el mercado europeo indica que “todos los actores del sector, desde los responsables políticos hasta los laboratorios de control y los fabricantes, deben prestar atención”. 

Una versión de este artículo fue publicado en 2025

Imagen | Michael Collett

En Xataka | Parece miel, huele a miel, sabe a miel, no es miel: el fraude en las importaciones que asola a Europa

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El Rin se está quedando sin agua por las olas de calor. Y eso es un desastre logístico y energético para Europa

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Una nueva ola de calor extremo está golpeando el corazón del continente europeo, y las consecuencias van mucho más allá de los récords en los termómetros o el hecho de ver vías de tranvía levantadas. El río Rin, la autopista fluvial más importante de Europa occidental, está viendo cómo sus niveles de agua caen en picado y el resultado es que se está generando un cuello de botella logístico que amenaza el suministro de combustible y de materias primas fundamentales para Europa. 

La preocupación. La voz de alarma se ha comenzado a dar cuando se ha detectado que las barcazas que navegan por el río apenas pueden cargar la mitad de su capacidad, poniendo en jaque el suministro de una parte importante de Europa. Y todo por culpa de estas olas de calor que estamos viviendo en Europa. 

Para entender la magnitud del problema, hay que mirar cómo funciona la navegación interior, puesto que el Rin no se limita a la foto de agua cruzando Alemania, Francia, Suiza y Países Bajos, sino que es una arteria industrial. Literalmente, a través de este río se transporta carbón para las centrales térmicas, productos químicos para gigantes industriales, petróleo o componentes de automoción. 

La sequía. Cuando el caudal del río comienza a bajar, la profundidad de este también disminuye, y esto choca con las embarcaciones que tienen un umbral crítico. Esto quiere decir que, si el agua baja de cierto nivel en puntos clave como el famoso cuello de botella de Kaub en Alemania, los capitanes se ven obligados a reducir drásticamente su carga para evitar encallar con el fondo del río.

Esto hace que cargar el 50 o incluso el 30% de la capacidad del barco no sea una exageración, sino una necesidad física. Esto va desencadenando un efecto dominó que hace que, si un barco lleva la mitad de la carga, se necesite un segundo para hacer el mismo trabajo. Y como no hay barcos infinitos, los precios del transporte se disparan y las mercancías o no llegan a tiempo o se encarece mucho su precio. 

No es solo el Rin. Aunque las cifras exactas del impacto siempre deben tomarse con cautela porque varían mucho dependiendo del tramo del río y del tipo de embarcación, el diagnóstico general es incontestable. Aquí el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea ha estudiado a fondo cómo las limitaciones por los bajos niveles de agua impactan en los ríos europeos. 

Su marco científico explica perfectamente el colapso actual, puesto que los niveles bajos no solo reducen la capacidad de carga, sino que alteran por completo los flujos logísticos continentales, aumentando drásticamente los costes operativos.

Las razones. Aquí las diferentes instituciones tienen claro que el problema radica en la escasez de lluvias en primavera y la menor cantidad de nieve acumulada en los Alpes durante el invierno, que hacen que el río pierda su “reserva” natural para el verano. 

Pero además, el Rin se está calentando de forma evidente. Esto no solo tiene efectos económicos claros, sino también graves impactos ecológicos en la fauna del río, lo que a su vez obliga a imponer restricciones adicionales. 

La nueva normalidad. Lo que estamos viendo este año no parece un evento que se quede en una simple anécdota que contar a nuestros nietos, sino que las diferentes evidencias apuntan a que ver el caudal bajo será cada vez más frecuente debido al cambio climático. 

La solución que se plantea pasa por el uso de la IA para predecir exactamente cuándo veremos estos caudales tan bajos para optimizar la cadena de suministros, o simplemente construir barcos de fondo plano y mejor calado para poder seguir transportando carga cuando el río esté a niveles aún más bajos de caudal. 

Imágenes | Wikipedia

En Xataka | El calentamiento global ha pisado el acelerador a un ritmo sin precedentes y cada vez estamos más cerca del punto de no retorno

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Con olas de calor cada vez más frecuentes, podría darse más importancia al arbolado urbano

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El asfalto irradia calor, el aire se vuelve denso y los termómetros se disparan, y cualquiera que haya caminado por una gran ciudad en pleno verano conoce la diferencia abismal entre cruzar una plaza de hormigón a pleno sol y refugiarse bajo el dosel de un parque arbolado. El problema es que, durante décadas, el urbanismo moderno ha tratado a los árboles y zonas verdes como mero “mobiliario urbano” o un adorno prescindible para embellecer las calles.

Un gran cambio llega con la emergencia climática que tenemos encima de nuestras cabezas, y la comunidad científica apunta a la necesidad de hacer un cambio de paradigma radical. Proponen concretamente que los bosques urbanos ya no se vean como algo meramente decorativo, sino que deben ser protegidos y financiados con la misma prioridad que la red eléctrica, el alcantarillado o las telecomunicaciones. 

Bajo investigación. Un ensayo publicado a principios de mes en PLOS Climate ha puesto los puntos sobre las íes tras años de evidencia científica y lanza una petición a los gobiernos para que legislen sobre los bosques urbanos, considerándolos como una infraestructura esencial para la resiliencia climática. 

Este posicionamiento, que funciona como una hoja de ruta, no surge de la nada, sino que se alinea de forma directa con las advertencias más serias de los últimos años, incluyendo el 6.º Informe de Evaluación del IPCC. En este documento, las Naciones Unidas ya señalaban la planificación urbana sostenible y las infraestructuras verdes (como parques, bosques urbanos y cubiertas vegetales) como medidas clave e insustituibles de adaptación y mitigación frente al calentamiento global.

Nuestros escudos. Para entender por qué los científicos urgen a blindar legalmente los árboles, basta con mirar los datos físicos. Como recoge una reciente revisión académica sobre los bosques urbanos como “soluciones basadas en la naturaleza”, la presencia de masa forestal en las ciudades ataca directamente dos de los peores síntomas del cambio climático, que son las olas de calor y las lluvias torrenciales.

Esto se debe a que los árboles mitigan el temido efecto “isla de calor urbana” mediante la evapotranspiración y la sombra térmica, reduciendo drásticamente la temperatura superficial. Al mismo tiempo, actúan como esponjas gigantes al actuar como estructuras críticas en la regulación de las aguas pluviales, en la prevención de las inundaciones catastróficas y actúan como filtros naturales que mejoran la calidad del aire. 

Salud pública. El impacto del arbolado va mucho más allá de la termodinámica, puesto que diversos estudios recopilados en publicaciones como el publicado en ScienceDirect han demostrado que la falta de árboles es, literalmente, un problema de salud pública.

Por ejemplo, un artículo publicado en 2023 desgranó los mecanismos fisiológicos, psicológicos e inmunológicos por los cuales las ciudades verdes transforman nuestra salud, reduciendo el estrés crónico y mejorando nuestra respuesta inmune. Pero impactante aún es la evidencia sobre biodiversidad y salud cardiovascular, ya que la evidencia nos apunta a que estar expuestos a ecosistemas urbanos diversos reduce la incidencia de enfermedades cardiacas. 

Los expertos. Daniel Jato, profesor en Ingeniería y Gestión Ambiental de la UIV, apuntaba en declaraciones a SMC que “en el contexto actual, marcado por olas de calor cada vez más frecuentes, intensas y tempranas, quizá podría haberse enfatizado aún más el papel del arbolado urbano”.

Imágenes | sq lim 

En Xataka | César Franco, ingeniero: “En España no somos inmunes a los efectos del cambio climático, necesitamos intensificar la conservación”

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