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Jarvis Cocker relanza la rola “Running The World” para manifestarse en contra del gobierno británico

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En 2006 el líder y vocalista de Pulp, Jarvis Cocker, lanzó su primer disco como solista el cual se llamó simplemente Jarvis. En él además de incluir rolones como “Don’t Let Him Waste Your Time” o “Black Magic”, decidió poner una canción de protesta llamada “Running the World”. 13 años después, el cantante ha decidido relanzarla con un solo objetivo, hacer que llegue al número uno en las listas navideñas.

A simple vista esto podría parecer un capricho del señor Jarvis para que escuchen su tema y pueda seguir vendiendo discos, pero la verdad es que tiene un trasfondo enorme y una buena causa. Resulta que esta rola fue regrabada por la estrella del britpop junto al Cuarteto Kaiser para convertirse en el centro de una enorme campaña llamada “Cunts Are Still Running the World” dirigida por dos fans de Cocker, Michael Hall y Darcie Molina.

La finalidad de esta campaña es promover la inclusión, la representación, el amor, la aceptación y la amabilidad después de la reciente reelección del gobierno conservador encabezado por el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson. Rough Trade Records y el propio Jarvis donarán las ganancias de las ventas individuales de la rola a una organización benéfica para personas sin hogar llamada Shelter.

En un comunicado publicado por el propio músico en su cuenta de Instagram, dijo que estaba orgulloso de que la gente tomara su rola para alzar la voz en estos momentos duros para la sociedad inglesa: “Estoy muy orgulloso de que la gente haya elegido la canción como medio de protesta contra la situación social, política y medioambiental en la que nos encontramos. Hemos estado tocando esta canción en los recientes shows y a menudo canto ‘pero no por mucho tiempo’ al final. Creo de verdad que, mientras no nos rindamos, eso es cierto”.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

What a strange couple of days! I just want to say a very big thank you to everyone involved in this campaign to get “Cunts Are Still Running The World” to #1 for Xmas. What a lark! I’m so proud that people have chosen the song as a means of protest against the social, political & environmental situation we find ourselves in. We’ve been playing this song at the recent JARV IS… shows & I often sing “but not for long” at the very end. I truly believe that, as long as we don’t give up, that is true. These are cold, hard times but initiatives like this campaign make me feel all warm & hopeful inside. Christmasy even. All proceeds go to Shelter too – so it’s also doing some practical good. All being well we should have a musical Christmas pressie to share with you later today or tomorrow. It’s another way of saying thanks. Keep the faith x #jarvis4xmas #shelter #butnotforlong #letsdothis

Una publicación compartida por @ jarvisbransoncocker el 18 de Dic de 2019 a las 8:45 PST

Escuchen a continuación la nueva versión de “Running The World” que Jarvis Cocker grabó junto al Cuarteto Kaiser: 

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Música: Cuca, 36 años de hacer rock con furia

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En una sala de ensayo tapizada de historia musical -donde los muros parecen amplificadores visuales cubiertos de pósters de AC/DC, The Who, Black Sabbath, Queen y Alice Cooper- tres figuras con lentes oscuros reciben la tarde como si fuera parte del ritual. Son José Fors, Carlos Avilez y Nacho “El Implacable” González, que este 7 de marzo celebrarán 36 años de trayectoria en el Teatro Estudio Cavaret. El ambiente huele a cables y distorsión: un santuario donde el tiempo parece no avanzar y el rock tampoco envejece.

La conversación con EL INFORMADOR arranca con la pregunta inevitable: ¿cómo se siente una banda que, tras modas, géneros y revoluciones musicales, sigue de pie? Fors responde con voz serena pero firme, como si cada palabra estuviera afinada: “Son 36 años de rock and roll, creo que es lo que nos ha mantenido unidos como músicos. Un amor muy especial hacia el rock pesado que sabemos que no hay muchas bandas en México que le entren a este género… también ahí hemos tenido el ejército al lado de nosotros, muy agradecidos a todos los fans”.

El azar como brújula

Para Avilez, el secreto está en la espontaneidad. “En realidad nunca fue del todo planeado. Cuando Cuca empezaba queríamos ir en una dirección y terminamos yendo en otra. Todo se fue dando de manera más bien espontánea… el público, el contrato con la disquera. Hemos sido muy afortunados, 36 años tocando el mismo viejo rock and roll y todavía aquí en la batalla”.

Esa naturalidad se vuelve hilo conductor en su historia. Desde los primeros ensayos hasta los discos y giras, el grupo nunca persiguió tendencias; más bien, dejó que el camino los encontrara. Quizá por eso su permanencia resulta atípica en una industria donde los estilos se consumen con rapidez.

Cuando el rock era cuesta arriba

Nacho González recuerda los finales de los ochenta y principios de los noventa como una época áspera para el género. “El rock and roll le era difícil, siempre ha sido difícil porque no había tantos lugares para tocar… los lugares pequeños muy mal pagados y los grandes difíciles de entrar. Era un reto grabar porque no cualquiera grababa en esa época”.

El impulso llegó gracias a coincidencias decisivas: músicos que llevaron sus demos, aliados inesperados y oídos atentos dentro de la disquera Culebra. “Les encantó el pedo y salimos La Casta, Santa Sabina, Cuca y La Lupita. Esa época estuvo muy chida porque era una gira de medios desde el Norte hacia el Sur y había mucha difusión”.

Fors complementa la memoria con una escena primaria del nacimiento de la banda. “Platicábamos Carlos y yo, decíamos: ¿dónde está el rock and roll de AC/DC, de Deep Purple, de Black Sabbath, de Led Zeppelin? Quién sabe dónde esté, pero está aquí, hay que sacarlo”.

Aquella convicción definió el ADN del grupo: rock clásico con voz propia, sin concesiones al brillo fácil.

Personajes que nacieron de la calle

Las letras irreverentes y los personajes que habitan sus canciones no surgieron de la vida cotidiana. Fors lo cuenta con humor. “El mamón de la pistola lo viví en una farmacia, un cuate me enseñó la pistola porque según él lo vi feo… también pienso mucho en los chistes de Pepito para hacer las canciones”. 

Influencias como Frank Zappa e Iggy Pop le enseñaron a escribir “sin pelos en la lengua”, cuidando incluso la musicalidad de las palabras.

González recuerda el momento en que escuchó por primera vez aquellas composiciones ya terminadas. “Oí ‘La pucha asesina’ y dije: ‘Wow, esto va más allá de lo que imaginé’. Fue un encantamiento mágico”. 

La rapidez con que trabajaban entonces -grabando bases un día y escuchando canciones completas al siguiente- marcó el tono de una etapa creativa explosiva.

El sonido del ataque

El bajo de Avilez, grave y rugoso, es parte esencial de la identidad sonora del grupo. Su origen fue una circunstancia doméstica. “El primer bajo que tuve me lo regaló mi mamá y tenía las cuerdas muy levantadas. Había que darle mucho ataque para que sonara, cuando pude comprar un buen bajo ya tenía la costumbre. Se quedó sin querer como un estilo”.

Ese concepto del ataque -la fuerza física aplicada al instrumento- terminó siendo un rasgo compartido. “Todos teníamos mucho ataque. Nacho es el baterista más poderoso… la potencia de la voz no se discute. Íbamos por la misma línea sin decirlo”.

Canciones que sobreviven a la banda

La conversación se acerca al final con una idea que mezcla orgullo y resignación: la certeza de que las canciones vivirán más allá de quienes las tocaron. “Cuca ha sido una banda intermitente y en esas pausas no falta la banda de covers tocando canciones, no falta la rocola en el bar. Eso es lo que va a permanecer finalmente: la música”.

Fors sonríe y añade una observación que parece un premio invisible. “Lo más bonito es que el público se sigue viendo joven, la mayor parte tiene menos edad que Cuca”.

Cuando termina la charla, los músicos regresan a sus instrumentos. La puerta se cierra y el ensayo comienza. Antes de despedirse, prometen que el concierto durará no menos de dos horas.

Mirar atrás para seguir adelante

Aunque siguen activos, los integrantes reconocen su gusto por el pasado musical. “Somos muy retro y nos gusta mucho la onda de los 70 para atrás, fácil el 80% de lo que escuchamos es música de esos tiempos”, dice Avilez. Según él, el rock vive ahora en una especie de subsuelo cultural: emerge, se vuelve moda y luego regresa a la oscuridad, “como las cucarachas”.

Fors coincide y añade una reflexión sobre la era digital. “Extraño los acetatos, el CD, el objeto, ahorita hay tanta información y tantas bandas que es difícil estar al día. Somos retro y seguimos escuchando las bandas con las que iniciamos”. Para ellos, la raíz sigue siendo el blues y el rock and roll clásico, la materia prima de cualquier innovación.

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Música: Cuca, 36 años de hacer rock con furia

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En una sala de ensayo tapizada de historia musical -donde los muros parecen amplificadores visuales cubiertos de pósters de AC/DC, The Who, Black Sabbath, Queen y Alice Cooper- tres figuras con lentes oscuros reciben la tarde como si fuera parte del ritual. Son José Fors, Carlos Avilez y Nacho “El Implacable” González, que este 7 de marzo celebrarán 36 años de trayectoria en el Teatro Estudio Cavaret. El ambiente huele a cables y distorsión: un santuario donde el tiempo parece no avanzar y el rock tampoco envejece.

La conversación con EL INFORMADOR arranca con la pregunta inevitable: ¿cómo se siente una banda que, tras modas, géneros y revoluciones musicales, sigue de pie? Fors responde con voz serena pero firme, como si cada palabra estuviera afinada: “Son 36 años de rock and roll, creo que es lo que nos ha mantenido unidos como músicos. Un amor muy especial hacia el rock pesado que sabemos que no hay muchas bandas en México que le entren a este género… también ahí hemos tenido el ejército al lado de nosotros, muy agradecidos a todos los fans”.

El azar como brújula

Para Avilez, el secreto está en la espontaneidad. “En realidad nunca fue del todo planeado. Cuando Cuca empezaba queríamos ir en una dirección y terminamos yendo en otra. Todo se fue dando de manera más bien espontánea… el público, el contrato con la disquera. Hemos sido muy afortunados, 36 años tocando el mismo viejo rock and roll y todavía aquí en la batalla”.

Esa naturalidad se vuelve hilo conductor en su historia. Desde los primeros ensayos hasta los discos y giras, el grupo nunca persiguió tendencias; más bien, dejó que el camino los encontrara. Quizá por eso su permanencia resulta atípica en una industria donde los estilos se consumen con rapidez.

Cuando el rock era cuesta arriba

Nacho González recuerda los finales de los ochenta y principios de los noventa como una época áspera para el género. “El rock and roll le era difícil, siempre ha sido difícil porque no había tantos lugares para tocar… los lugares pequeños muy mal pagados y los grandes difíciles de entrar. Era un reto grabar porque no cualquiera grababa en esa época”.

El impulso llegó gracias a coincidencias decisivas: músicos que llevaron sus demos, aliados inesperados y oídos atentos dentro de la disquera Culebra. “Les encantó el pedo y salimos La Casta, Santa Sabina, Cuca y La Lupita. Esa época estuvo muy chida porque era una gira de medios desde el Norte hacia el Sur y había mucha difusión”.

Fors complementa la memoria con una escena primaria del nacimiento de la banda. “Platicábamos Carlos y yo, decíamos: ¿dónde está el rock and roll de AC/DC, de Deep Purple, de Black Sabbath, de Led Zeppelin? Quién sabe dónde esté, pero está aquí, hay que sacarlo”.

Aquella convicción definió el ADN del grupo: rock clásico con voz propia, sin concesiones al brillo fácil.

Personajes que nacieron de la calle

Las letras irreverentes y los personajes que habitan sus canciones no surgieron de la vida cotidiana. Fors lo cuenta con humor. “El mamón de la pistola lo viví en una farmacia, un cuate me enseñó la pistola porque según él lo vi feo… también pienso mucho en los chistes de Pepito para hacer las canciones”. 

Influencias como Frank Zappa e Iggy Pop le enseñaron a escribir “sin pelos en la lengua”, cuidando incluso la musicalidad de las palabras.

González recuerda el momento en que escuchó por primera vez aquellas composiciones ya terminadas. “Oí ‘La pucha asesina’ y dije: ‘Wow, esto va más allá de lo que imaginé’. Fue un encantamiento mágico”. 

La rapidez con que trabajaban entonces -grabando bases un día y escuchando canciones completas al siguiente- marcó el tono de una etapa creativa explosiva.

El sonido del ataque

El bajo de Avilez, grave y rugoso, es parte esencial de la identidad sonora del grupo. Su origen fue una circunstancia doméstica. “El primer bajo que tuve me lo regaló mi mamá y tenía las cuerdas muy levantadas. Había que darle mucho ataque para que sonara, cuando pude comprar un buen bajo ya tenía la costumbre. Se quedó sin querer como un estilo”.

Ese concepto del ataque -la fuerza física aplicada al instrumento- terminó siendo un rasgo compartido. “Todos teníamos mucho ataque. Nacho es el baterista más poderoso… la potencia de la voz no se discute. Íbamos por la misma línea sin decirlo”.

Canciones que sobreviven a la banda

La conversación se acerca al final con una idea que mezcla orgullo y resignación: la certeza de que las canciones vivirán más allá de quienes las tocaron. “Cuca ha sido una banda intermitente y en esas pausas no falta la banda de covers tocando canciones, no falta la rocola en el bar. Eso es lo que va a permanecer finalmente: la música”.

Fors sonríe y añade una observación que parece un premio invisible. “Lo más bonito es que el público se sigue viendo joven, la mayor parte tiene menos edad que Cuca”.

Cuando termina la charla, los músicos regresan a sus instrumentos. La puerta se cierra y el ensayo comienza. Antes de despedirse, prometen que el concierto durará no menos de dos horas.

Mirar atrás para seguir adelante

Aunque siguen activos, los integrantes reconocen su gusto por el pasado musical. “Somos muy retro y nos gusta mucho la onda de los 70 para atrás, fácil el 80% de lo que escuchamos es música de esos tiempos”, dice Avilez. Según él, el rock vive ahora en una especie de subsuelo cultural: emerge, se vuelve moda y luego regresa a la oscuridad, “como las cucarachas”.

Fors coincide y añade una reflexión sobre la era digital. “Extraño los acetatos, el CD, el objeto, ahorita hay tanta información y tantas bandas que es difícil estar al día. Somos retro y seguimos escuchando las bandas con las que iniciamos”. Para ellos, la raíz sigue siendo el blues y el rock and roll clásico, la materia prima de cualquier innovación.

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Música: Ángela González lanza sus nuevos sonidos en FIM GDL

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La compositora española Ángela González llegará por primera vez a México para presentarse dentro del Showcase Focus España que se realizará en el marco de la Feria Internacional de la Música de Guadalajara (FIM GDL), a celebrarse del 25 de febrero al 1 de marzo. 

Su participación coincide con una etapa marcada por la preparación y próxima salida de su tercer disco, “Ya no es tan gracioso”, un proyecto que, según explica para EL INFORMADOR surgió sin una planeación previa como álbum.

“El disco no nace de querer hacer un disco, sino que yo iba enviando canciones a mi mánager durante todo este año”, relató González. La compositora explicó que el proceso fue acumulativo y espontáneo, hasta que la cantidad de temas permitió pensar en un lanzamiento de mayor formato. “En un momento le planteé la posibilidad de hacer un EP a piano y voz y él me dijo: ‘Bueno, si ya tenemos canciones suficientes para hacer un disco’. Yo no lo había pensado hasta ese momento”, señaló.

Las canciones que integran “Ya no es tan gracioso” fueron escritas de manera independiente, sin una intención inicial de construir una narrativa unitaria. “Es un batiburrillo de emociones que no pretendían conformar ningún álbum”, afirmó. 

Aun así, el conjunto terminó por tomar forma tras un proceso de selección que implicó dudas y descartes. “Teníamos como unas 20 canciones de esta última etapa y me quedé con 14 y decidí 10. Una vez decididas, me he arrepentido bastante”, confesó entre risas.

La compositora reconoció que gran parte de sus canciones surgen con rapidez, lo que le genera cuestionamientos sobre su propio trabajo. “Yo no sé si es síndrome del impostor o simplemente el decir: ‘Si la has hecho en media hora no puede ser buena’. Es como pensar que no le has dedicado el tiempo suficiente”, explicó. 

Sin embargo, también reconoció que ese es su método habitual de composición y que intervenir demasiado después puede romper la sinceridad del momento inicial. “Cuando luego tomo una canción y digo: ‘no me convence esta frase, le voy a dar una vuelta’, ya siento que no estoy en la onda que estaba cuando la escribí”, añadió.

Sobre el escenario, González considera que las canciones adquieren otras posibilidades. La cercanía con el público y el intercambio directo permiten que cada presentación sea distinta. 

En ese sentido, su participación en FIM GDL representa una oportunidad relevante dentro de su trayectoria. “Me siento súper agradecida. Lo que más siento es que esto es un montón para mí y que lo voy a disfrutar muchísimo”, expresó sobre su visita a Guadalajara y su encuentro con el público mexicano.

Fuerza de conexión

La compositora reflexionó también sobre la capacidad de la música para conectar con personas de contextos distintos. “Al final somos todos iguales. No hay más de diez problemas distintos. Si no lo has vivido tú, lo ha vivido tu madre, tu hermana o tu prima”, señaló. 

Para González, la música funciona como un medio que permite que esas experiencias compartidas se comprendan desde otro lugar. “Las palabras toman una dimensión diferente cuando se cantan”, remató la intérprete.

Encuentro de propuestas con acento ibérico

La participación de Ángela González en FIM GDL se inscribe dentro de una edición que busca reforzar el intercambio musical entre países. En su onceava edición, la feria reunirá proyectos de México, Argentina, Colombia, Ecuador, República Dominicana, España, Chile y Canadá, con un énfasis particular en la escena española.

Uno de los ejes principales es Focus España – Casa PortAmérica presenta, un programa curado por la Fundación PortAmérica en colaboración con el Ministerio de Cultura y financiado por la Unión Europea a través de NextGenerationEU. Este apartado tiene como objetivo fortalecer el vínculo cultural y profesional entre México y España y consolidar a FIM GDL como una plataforma para la proyección internacional de artistas españoles en América Latina.

La delegación española está integrada por Musgö, Repion, Marilia Monzón, Inazio, Siloé y Ángela González, proyectos provenientes de distintos circuitos de la música contemporánea. A este enfoque se suma el programa Sounds from Spain, con la participación de Colectivo Da Silva, Mr. Kilombo, Avenida y Marisa Valle Roso, lo que amplía la presencia de la industria musical española dentro de la feria.

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