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poco a poco, está “nacionalizando” la IA

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El caso de Manus parece que ha plantado una semilla en cómo China va a gestionar su talento de IA. Y es que Pekín le ha dado otro toque de atención a otra empresa de inteligencia artificial, MiroMind, para que no mueva ni investigadores ni propiedad intelectual fuera de sus fronteras. Si bien China no prohíbe exportar chips como hace Estados Unidos, sí parece estar prohibiendo exportar cerebros. Y con ello está construyendo, a la fuerza, un ecosistema de IA propio y con grandes barricadas.

Lo de Manus. En enero de 2025, la startup Manus, nacida en Wuhan, reubicada en Singapur y vendida a Meta por 2.000 millones de dólares, parecía haber ejecutado el movimiento perfecto: salir de China, acceder a capital occidental y completar una de las operaciones que más han dado de qué hablar en terreno IA. Tras el lío, Pekín actúo vetándole la salida del país a sus cofundadores mientras investigaban si la operación había incumplido alguna normativa de exportación. Para el resto de startups el mensaje ha calado hondo.

Lo que ha pasado con MiroMind. Según ha publicado The Washington Post, las autoridades chinas advirtieron directamente a MiroMind, una startup especializada en razonamiento avanzado con sede declarada en Redwood City, California, y Singapur, que no trasladara talento ni investigación al extranjero. Gran parte del trabajo inicial de la empresa se había desarrollado en China, y su científico jefe era hasta hace poco Jifeng Dai, un reputado investigador de la Universidad de Tsinghua que antes había liderado proyectos en SenseTime, una empresa de software de IA parcialmente estatal.

Según declaró el propio Dai al Washington Post, dejó MiroMind precisamente porque la empresa le pidió que se reubicara fuera de China, algo que no estaba dispuesto a aceptar. A día de hoy, MiroMind no tiene empleados en China, aunque la mayoría de su plantilla sigue siendo de nacionalidad china y trabaja en ese idioma desde Singapur.

El modelo que ya no funciona. Durante años, muchas startups chinas han optado por constituir la empresa legalmente en Singapur, contratar a un puñado de empleados locales y seguir operando desde China. El mismísimo ‘ Singapore washing’, que es como se le conoce coloquialmente a esta operación en el sector. El caso Manus ha dejado claro que eso ya no es suficiente.

Matthias Hendrichs, asesor de empresas de IA en Singapur, explicaba a la CNBC que para que la operación sea real y no un parapeto, “todo el equipo tiene que reubicarse, la base de clientes debe trasladarse y los primeros inversores chinos generalmente tienen que salir de sus posiciones”. “El lugar donde se desarrolla el producto es más importante que el lugar donde está registrada la sociedad matriz,” explicaba también al medio Yuan Cao, abogado.

La estrategia de Pekín. Lo que está haciendo China no tiene un equivalente directo con lo que hace Estados Unidos. Washington controla la exportación de chips y tecnología de fabricación de semiconductores. Pekín, en cambio, está controlando la exportación de talento e investigación. No impide que sus empresas se internacionalicen (de hecho, las anima a expandirse globalmente) pero sí traza una línea roja: no puedes llevarte tu ADN tecnológico. El resultado es un intento de construir un ecosistema de IA autosuficiente que no sangre hacia Occidente. Que eso lo fortalece por concentración o lo debilita por aislamiento es todavía una pregunta abierta.

Singapur en el ojo del huracán. La ciudad-estado, que lleva años actuando como puente entre Oriente y Occidente, empieza a verse atrapada en el fuego cruzado. Según recoge Reuters, cada vez más empresas la eligen no para conectar con ambos bloques, sino para alejarse de los dos. Pero ese papel de zona gris también tiene sus riesgos. Chong Ja Ian, politólogo de la Universidad Nacional de Singapur, explicaba al medio que si Singapur sigue siendo percibida como un espacio donde se producen transferencias tecnológicas que ninguno de los dos grandes bloques quiere que ocurran, “podría acabar con restricciones impuestas sobre ella”.

Y ahora qué. Los fundadores de startups chinas se enfrentan a una disyuntiva con una sombra cada vez mayor: o construyen su empresa desde el primer día fuera de China, renunciando a las ventajas del ecosistema local (subvenciones, ingenieros baratos, mercado doméstico), o asumen que Pekín puede llamar a la puerta y reclamar su trabajo en cualquier momento.

“El camino de Manus es uno por el que la gente ya no va a transitar”, contaba Wayne Shiong, socio de Argo Venture Partners, a CNBC. La fractura tecnológica global se profundiza. Dos ‘internets’, dos cadenas de suministro de chips, dos ecosistemas de IA. Y ahora, también, dos mercados de talento que Pekín y Washington están decididos a mantener separados.

Imagen de portada | Unsplash (aboodi vesakaran, Arif Riyanto)

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una máquina a 35.000 rpm limando tu piel hasta desaparecer

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En el siglo XIX, un médico francés adaptó una herramienta dental para tratar un padrastro inflamado del rey Louis Philippe I. Aquel pequeño invento, el llamado “orangewood stick”, acabó convirtiéndose en la base de la manicura moderna. Casi dos siglos después, esa misma lógica de empujar y cuidar la cutícula ha dado paso a algo mucho más radical: borrarla por completo.

La manicura convertida en obsesión. Las llamadas manicuras rusas han pasado en pocos años de ser una técnica casi de nicho nacida en Europa del Este a convertirse en una obsesión global impulsada por TikTok y por una estética cada vez más obsesionada con la perfección absoluta. La promesa es aparentemente simple: uñas impecables, limpias, pulidas al milímetro y con un acabado que dura semanas. 

Pero como contaba esta semana The Guardian, detrás de esa imagen perfecta hay algo mucho menos glamuroso: una pequeña máquina girando a 35.000 revoluciones por minuto que literalmente va limando la piel hasta hacer desaparecer la cutícula. Esa es la paradoja de esta tendencia, que cuanto más natural parece el resultado, más agresivo es el proceso para conseguirlo.

El precio de la perfección. Porque la técnica elimina por completo la cutícula en seco mediante una lima eléctrica, algo que cambia por completo la lógica de una manicura tradicional. Esa barrera de piel que normalmente protege la base de la uña desaparece para ampliar el “lienzo” del esmalte y conseguir que este llegue más abajo y dure más tiempo. 

El efecto visual es potentísimo, qué duda cabe, y por eso tantas clientes están dispuestas a pagar el doble por ello. De hecho, ya no se vende como un servicio rápido, sino como una pieza de artesanía estética donde cada milímetro importa y donde el acabado perfecto se ha convertido casi en una exigencia social.

Cuando la belleza entra en lo médico. El problema es que la cutícula no está ahí por capricho. Recordaban en Health que muchos dermatólogos llevan tiempo recordando que funciona como un sello biológico que impide la entrada de bacterias, hongos y otros agentes externos. Al retirarla por completo, se abre una puerta directa a infecciones como paroniquia u onicomicosis, además de inflamaciones crónicas, sensibilidad extrema o uñas más frágiles. 

Y el riesgo aumenta porque esta moda se ha disparado tan rápido que no siempre va acompañada de formación técnica sólida. Un error con una herramienta así no es un pequeño fallo estético, es, en el peor de los casos, tejido vivo siendo erosionado a alta velocidad.

La química detrás de unas uñas eternas. Contaban este mes en el New York Times que esa agresión mecánica se suma otra capa menos visible: la química. La Unión Europea ha empezado a prohibir algunos esmaltes de gel que contienen TPO, un compuesto clave para endurecer y fijar el esmalte bajo lámparas UV o LED. Bruselas ha decidido vetarlo por posibles riesgos reproductivos, aunque las evidencias en humanos todavía son limitadas. 

La decisión refleja un cambio importante: la preocupación ya no está solo en cómo se trabaja la uña, sino también en qué sustancias se usan para mantener esa durabilidad extrema que el mercado exige.

La manicura como lujo emocional. El auge de estas técnicas también dice mucho del momento cultural. En tiempos de incertidumbre económica, muchas personas recortan gastos grandes, pero mantienen pequeños lujos que les dan sensación de control y bienestar. 

Precisamente las uñas han entrado de lleno en esa categoría. Son visibles, duran semanas y generan esa pequeña recompensa constante al mirarlas. Para muchas clientas no es solo estética: es una forma de regulación emocional, una microinversión en autoestima que justifica precios más altos y sesiones de varias horas.

La nueva frontera del cuerpo perfecto. Si se quiere también, todo esto puede encajar en una tendencia más amplia: la de la industrialización de la belleza cotidiana. Igual que el skincare se volvió ciencia y el fitness se llenó de métricas, la manicura se ha convertido en un proceso de precisión quirúrgica donde la piel, la química y la máquina se combinan para perseguir un ideal visual cada vez más exigente. 

Desde ese prisma, la cuestión parece más encaminada a una pregunta incómoda: hasta dónde estamos dispuestos a llevar esa búsqueda. Porque cuando una tendencia convierte una barrera natural del cuerpo en un “defecto” que hay que borrar, quizá la obsesión por la imagen y lo impecable ya ha cruzado una línea demasiado roja.

Imagen | Wikimedia

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primeras comuniones que parecen ‘mini bodas’

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Menos (muchas menos), pero más caras (mucho más caras). En España cada vez es más difícil encontrarse con familias que organizan primeras comuniones, pero quienes deciden celebrar la ceremonia cristiana se rascan mucho más el bolsillo que hace unos años. Lo muestra con claridad el último informe de la Asociación Española de Consumidores (AEC), que revela que a día de hoy el coste medio de las primeras comuniones supera los 6.800 euros, un 21% más que en 2025 y bastante por encima de los 4.000 euros que se pagaban hace solo tres años.

Hay quien las describe ya como ‘bodas en miniatura’.

El dato: 6.800 euros. No hay nada escrito sobre cómo debe celebrarse una primera comunión. Más allá de los requisitos de la ceremonia religiosa, el sacramento y la catequesis, todo lo demás suele ser elección libre de la familia: ropa, flores, banquete, fotografía, regalos… Los últimos datos de AEC muestran que, a la hora de plantearse esos ‘extras’, cada vez más padres tiran de chequera y se meten en presupuestos que superan holgadamente los 6.000 euros.

Para ser más precisos, la asociación calcula que el coste medio de las celebraciones ya supera los 6.800 euros.

Año

Horquilla de presupuestos

Coste medio

2023

1.900-10.000 €

4.000 €

2024

5.000 €

2025

2.500-13.500 €

5.600 €

2026

3.200-15.800 €

6.800 €

¿A qué se dedica el dinero? Lo primero que deja claro AEC es que hay tantas primeras comuniones como familias. Las fiestas quizás se han encarecido con el paso del tiempo, pero eso no significa que en todos los casos lo hayan hecho igual. Según su estudio, lo habitual es que las celebraciones se muevan en una horquilla que oscila entre los 3.200 euros de las fiestas más económicas y los más de 15.800 que se pagan por las más ostentosas, con alrededor de 50 invitados. Los más espléndidos incluso disparan la factura hasta los 22.000 euros.

Se trata de una diferencia considerable, pero es que (al igual que ocurre en las bodas) el catálogo de extras de las primeras comuniones también es amplio. AEC calcula que en el caso de las niñas los vestidos pueden costar entre 90 y 1.900 euros, una cantidad a la que luego habrá que sumar los zapatos, guantes, medias y joyas. La peluquería engrosa aún más la factura, entre 20 y 140 euros. Si hablamos de chicos, los trajes oscilan entre los 110 y 820, dependiendo de si los padres quieren vestirlo de “marinero o almirante”.

Como en una boda. El vestuario es solo uno de los (muchos) gastos que hacen las familias, entre los que se puede incluir también servicio de fotografía, recuerdos, regalos, música… Y el mayor de todos, la comida. 

“Las primeras comuniones están teniendo una consideración similar a los banquetes de boda, dejando de ser celebraciones más íntimas y estrictamente familiares como hace años”, explica AEC antes de precisar que el cubierto oscila entre 50 y 220 euros, aunque el precio medio suele moverse en torno a 90. Si invitamos a medio centenar de personas, eso eleva la factura a 4.500.

Año

nº Bautizos

Nº de primeras comuniones

nº de confirmaciones

nº bodas

2007

325.271

256.587

96.766

113.187

2011

292.143

250.916

109.275

67.313

2015

231.254

240.094

115.764

51.810

2019

175.844

204.618

124.258

36.650

2024

146.370

154.677

103.535

31.462

Cogiendo perspectiva. Lo más curioso del estudio de AEC no son tanto las cifras que desgrana como la tendencia que dibuja. La asociación lleva ya unos cuantos años calculando el coste medio de las primeras comuniones en España y al comparar sus análisis se observa que la factura no ha parado de aumentar: en 2023 la media rondaba los 4.000 euros, en 2025 se había disparado ya a 5.600 y ahora supera los 6.800. En resumen: un alza del 70% en solo tres años.

“La celebración de esta ceremonia puede suponer un importante desembolso para las familias, muchas de ellas atravesando grandes dificultades económicas”, señala AEC. El aumento de la factura no se explica únicamente por la subida de precios (no solo se han encarecido las primeras comuniones, lo ha hecho la cesta de la compra). Otra clave son los servicios extra que se han ido popularizando, como los reportajes fotográficos o de vídeo a cargo de profesionales.

Más caras, menos frecuentes. Lo más curioso (o no) es que lo único que aumenta es el ticket medio de las primeras comuniones. Si hablamos del número de ceremonias la cosa es bastante diferente. Las memorias de actividad que publica cada año la Conferencia Episcopal Española reflejan que los sacerdotes imparten cada vez con menos frecuencia ese sacramento. Si en 2007 se celebraron 256.587, en 2017 eran ya 229.602 y en 2024 no llegaron a 154.700.

Ese descenso se explica por dos factores: cambios culturales y una pérdida de población joven, sobre todo en la última década. Desde 2015 la cohorte de niños de entre 5 y 9 años se redujo casi un 10%, una realidad que se nota de forma especial en zonas rurales donde las sesiones de catequesis reúnen a un puñado de aspirantes a la primera comunión.   

¿Celebramos menos? No. Celebramos distinto. Quizás la fiesta del sacramento cristiano esté de capa caída, pero en los últimos años han ganado fuerza otros festejos que reflejan la transformación de la propia sociedad española.

Por ejemplo, hay familias que han cambiado los bautizos cristianos por otros de carácter civil. En zonas como la Comunidad de Madrid, donde la población latinoamericana se ha disparado en las últimas décadas, cada vez es más fácil encontrarse también con fiestas de quinceañera, una costumbre importada que ha calado entre los autóctonos. 

Imagen | Shalone Cason (Unsplash)

En Xataka | 40.000 euros por decir “sí, quiero”: las bodas en España se han convertido en eventos y su precio se está disparando

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“No utilicen nunca mi música en relación con esta barbarie”; Ariana Grande responde a video de EU sobre redadas migratorias

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Reuters.- La estrella del pop estadounidense Ariana Grande pidió el jueves al gobierno del presidente Donald Trump que deje de usar su música para promocionar sus políticas.

El comentario lo hizo después de que la Casa Blanca compartió un vídeo en TikTok a principios de esta semana en el que se destacaba su política de migración, y en el que se muestra a agentes federales arrestando y esposando a personas, e incluye la canción “Bye” de la cantante ganadora de un premio Grammy.

“Por favor, no utilicen nunca mi música en relación con esta barbarie, esta inhumanidad, esta atrocidad sin sentido”, escribió Grande en un comentario publicado el jueves en el video de la Casa Blanca en TikTok.

La Casa Blanca no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

Una fuente cercana a Grande dijo que su equipo está estudiando cómo eliminar la música del vídeo lo antes posible.

Grande, cantante y actriz candidata a los Óscar, se mostró crítica con el gobierno de Trump el año pasado tras compartir una publicación en Instagram en la que preguntaba a quienes votaron por Trump si sus vidas habían mejorado desde que él volvió al cargo.

Trump, ahora en su segundo mandato no consecutivo, tiene una presencia activa en las redes sociales. Los miembros de su equipo de comunicación suelen publicar videos cortos con canciones populares para ilustrar los esfuerzos del presidente por cumplir sus promesas electorales.

Algunos de los videos han incluido canciones de éxito con imágenes de la campaña de Trump contra la migración, las operaciones militares de Estados Unidos contra Irán y la detención del expresidente venezolano Nicolás Maduro.

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