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Pensábamos que el superpoder de las ballenas era su tamaño. En realidad, es la compleja química de sus heces
Cuando pensamos en las ballenas barbadas, solemos imaginar a unos animales gigantes que surcan los mares y se alimentan de enormes bancos de peces, sin mucha más relevancia para nosotros como humanos. Sin embargo, han sido más importantes de lo que podemos pensar, siendo cruciales a la hora de hablar de la supervivencia de nuestros ecosistemas marinos. Y todo gracias a sus excrementos.
Lo que sabíamos. Durante años la ciencia ha sabido que las heces de la ballena actuaban como un fertilizante natural de primer nivel. Ahora, un nuevo estudio ha puesto sobre la mesa el sofisticado mecanismo químico que se esconde detrás de este ‘oro flotante’.
Para entender su gran importancia, hay que fijarse en la base de la cadena alimentaria marina que está en el fitoplancton. Estas no son más que unas algas microscópicas que tienen la función de ser pulmones del océano y la base de la vida marina. El ‘problema’ es que para prosperar necesitan hierro, ya que sin este mineral estas algas no pueden crecer y pueden suponer el fin de toda la vida marina.
Las heces. Aquí es donde entra el clásico y revelador estudio liderado por Stephen Nicol en 2010, donde se cuantificó algo asombroso: el hierro fecal medido en las ballenas era unos diez millones de veces superior al del agua antártica que las rodeaba. Esto fue importante porque las ballenas funcionaban como una “bomba biológica”, reciclando y liberando unas 50 toneladas de hierro al año en las aguas superficiales antes de que la caza industrial mermara sus poblaciones.
Pero estábamos viendo que echar hierro al mar no era suficiente, puesto que tiende a hundirse o volverse inaccesible rápidamente. Entonces estábamos preguntándonos algo lógico: ¿cómo se logra que este fertilizante de las ballenas sea tan efectivo?
Ya lo sabemos. La respuesta ha llegado recientemente gracias a una investigación publicada en Nature donde se recoge cómo un equipo analizó cinco muestras fecales de ballenas barbadas. Aquí pudieron descubrir que el secreto de ser un tan buen ‘fertilizante’ marino no está en la cantidad de metales que excretan, sino en cómo lo empaquetan, ya que las heces contienen altas concentraciones de lo que en química se conoce como ligandos orgánicos.
Su función. Podemos encontrar que es doble, siendo la primera de ellas la potenciación de la biodisponibilidad del hierro. Esto significa que actúa como ‘pinzas’ moleculares que atrapan el hierro disuelto, evitando que se precipite hacia el fondo del mar y manteniéndolo en un formato que el fitoplancton puede absorber fácilmente.
Pero además de esto, neutraliza el cobre que está presente en el océano y que en altas concentraciones es letal para este fitoplancton. De esta manera, los ligandos presentes en las heces de ballena se unen al cobre, reduciendo drásticamente su toxicidad y creando un entorno seguro para el crecimiento de las algas.
Su importancia. Además de ser un dato muy curioso, la realidad es que este descubrimiento nos ha cambiado la comprensión sobre la biogeoquímica del océano. Y es que, aunque pensamos que las ballenas no son solo consumidoras en la cima de la cadena alimenticia, la realidad es que son jardineras del mar, puesto que fertilizan las aguas superficiales y protegen al fitoplancton que es fundamental para el resto de animales que viven en el océano.
Pero estas floraciones no solo alimentan a todo el ecosistema marino, sino que también capturan millones de toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera, ayudando a mitigar el cambio climático. De esta manera, las heces de ballena ayudan a su medio, pero también a nosotros de manera indirecta.
Imágenes | Todd Cravens Annie Spratt
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El gran desafío de Ozempic es el efecto rebote. La ciencia ya tiene dos prometedoras soluciones para evitarlo
El auge de medicamentos como Ozempic, Wegovy o Mounjaru ha transformado por completo el panorama clínico y social de la pérdida de peso, haciendo que muchas personas no duden en pedir a su médico de cabecera que se lo recete para poder perder peso y también regular la glucemia. Los resultados durante el tratamiento son innegables, pero la gran pregunta que plantea sobre las consultas médicas es qué ocurre exactamente cuando se interrumpe la medicación.
Lo que sabemos. Uno de los puntos más temidos de este tipo de tratamientos está en el ‘efecto rebote’ que provoca que, en el momento de dejar el tratamiento y si no se han ajustado los hábitos alimentarios, se vaya a ver un gran aumento de peso. Esto es algo que provoca que mucha gente vea que este tratamiento solo da unos meses de ‘delgadez’, pero la ciencia trata ahora de evitar este efecto.
El rebote. Un exhaustivo análisis publicado en The BMJ puso por fin cifras exactas a este fenómeno para que se pueda hablar con propiedad a los pacientes. Y lo que se ha visto tras analizar a 9.300 participantes es que los pacientes recuperan una media de 0,4 kilos al mes tras suspender el tratamiento.
A este ritmo, el retorno al peso inicial antes de comenzar la terapia se produce en apenas 1,7 años. Pero esto también se viene acompañado de una pérdida del escudo cardiovascular a los 1,4 años.
La solución. Una de ellas pasa por tomar una pastilla diaria conocida como orforglipron, que no es más que un agonista del receptor GLP-1 no peptídico, lo que hace que se pueda tomar de manera oral y no a través de inyecciones subcutáneas. Aquí la idea es utilizar el tratamiento inyectable, que es más potente, durante las primeras semanas para luego hacer una transición a esta pastilla diaria para consolidar los resultados sin el efecto rebote.
Esto no solo mejora enormemente la comodidad del paciente, sino que facilita la producción masiva, ya que no se depende de los problemáticos ‘bolígrafos’ que contienen la semaglutida, y ayuda a mantener la señalización de saciedad a nivel cerebral sin el impacto invasivo de la aguja.
Una bacteria. La segunda línea de investigación apunta al microbioma intestinal, al analizar la suplementación con la bacteria Akkermansia muciniphila MucT pasteurizada como herramienta para evitar el efecto rebote tras una dieta hipocalórica. Una bacteria que es una vieja conocida en el ámbito de la nutrición por su papel en la integridad de la barrera intestinal.
Tras hacer los análisis, se vio que el grupo de pacientes que recibió el suplemento bacteriano registró una recuperación de peso de apenas el 13,6%, frente al 32,9% del grupo de control. Pero más allá de la báscula, se ha visto que con esta bacteria se muestra una notable preservación de la sensibilidad a la insulina, un factor crucial para evitar el desarrollo de diabetes tipo 2 y mantener el metabolismo lipídico bajo control.
El futuro. Estamos sin duda ante el inicio de un cambio de paradigma, puesto que la narrativa médica está pasando de la “guerra contra los kilos” a corto plazo a la gestión crónica y sostenible. Pero lógicamente, para que esto llegue al mercado, hay que esperar (y no poco) a tener mejores resultados y sobre todo que se ensaye en humanos.
Imágenes | stefamerpik en Magnific
En Xataka | Creíamos que Ozempic era solo para adelgazar. La ciencia está viendo que puede acabar con el alcoholismo
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se le caen las ruedas
No news is good news.
Se cuenta que el dicho tiene su origen en una frase de Jacobo I de Inglaterra allá por 1616. Hay dudas, sin embargo, porque la primera vez que quedó reflejado en papel fue en un libro publicado en 1645 y en él se apuntaba a que, realmente, su origen era italiano.
Desde luego, 410 años después, la frase está más que vigente.
O si no, que se lo digan a Tesla.
Su Cybertruck armó un ruido tremendo antes incluso de llegar. Primero sonó a cristal roto y luego retumbó en el mercado… para después ir desapareciendo poco a poco. Por el camino hemos visto noticias de todo tipo.
Llegó a un precio muy superior al esperado y, pese a todo, el público pareció volverse loco por ella. Luego fue perdiendo fuelle y llegaron los debates.
¿Es capaz de mejorar a una Citroën C15?
Aparecieron los primeros problemas de fiabilidad. Nos preguntamos si era realmente segura. Hubo quien perdió (mucho) dinero con su compra. Y hubo quien tuvo que acumularlas en un parking junto a su concesionario, incapaces de venderla. Entre medias, más problemas de fiabilidad.
Y cuando pensábamos que todo se había calmado. Cuando Tesla podía respirar un poco tranquila viendo que el huracán Cybertruck no está arrasando el mercado pero, al menos, no la está arrasando a ella, llega un nuevo problema.
Sí, la compañía ha tenido que llamar de nuevo a revisión a su pick-up “indestructible”. Esta vez porque se le pueden caer las ruedas.
Sobre (?) ruedas
Efectivamente, los organismos estadounidenses han vuelto a obligar a Tesla a poner en marcha una llamada a revisión de su Cybertruck. El problema, señalan en Wired, no es menor: se le pueden caer las ruedas de manera repentina. Al parecer, algunos coches han presentado un defecto en las tuercas y en la grasa utilizada en esta zona. Y las consecuencias son obvias.
Por eso, el pick-up eléctrico afronta su undécima llamada a revisión. No es la primera vez que sus dueños tienen que acudir al taller porque el coche se cae a cachos. Y es que varios dueños pusieron en duda el pegamento utilizado para piezas diferentes piezas o paneles. En consecuencia, la compañía tuvo que detener la línea de montaje y revisar qué estaba sucediendo. Hace casi dos años, las molduras traseras también tenían que ser revisadas por el mismo problema.
Solo en el primer año, hasta en cinco ocasiones Tesla tuvo que llamar a los dueños de sus coches. Una de ellas porque el embellecedor del acelerador se podía caer en marcha y generar complicaciones. Luego, ha tenido problemas de software, con los limpiaparabrisas y con la cámara trasera, por mencionar algunos ejemplos.
Y mientras Tesla ha tenido que hacer llamadas y llamadas a revisión, el mercado ha ido dando la espalda al todoterreno. Tesla tuvo la oportunidad de convertir este coche en un modelo bandera, aspiracional y de imagen de marca. Sin embargo, en su convicción de que podía ser rentable y que había un nicho de negocio que nadie estaba cubriendo, se ha estrellado con un muro. El mismo muro contra el que se han estrellado todas las pick-up eléctricas.
Este tipo de automóviles tiene una gran aceptación en Estados Unidos pero quienes realmente lo quieren para trabajar o como medio de transporte en un lugar inhóspito no pueden confiar de momento en un vehículo completamente eléctrico. Y es que su consumo tirando de otro vehículo o arrastrando mercancía se dispara. Eso es un problema cuando vives en mitad de la nada a decenas o cientos de kilómetros de la población más cercana.
Todavía, el Tesla podía haber tenido cierta salida comercial como un objeto opulento, como el capricho que el potencial cliente quiere darse. Podría haberlo tenido calculando bien la demanda. Y, sobre todo, creando un coche que no se cayera a cachos.
Ya saben: no news is good news.
Foto | Rana Singh
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Acabamos de confirmar, para sorpresa de nadie, que los dentistas neandertales eran auténticos carniceros
Ir al dentista o tener cirujanos maxilofaciales para muchas personas puede ser algo que surgió con nuestra especie y nuestro gran intelecto, puesto que no concebimos que en la época prehistórica nuestros antepasados estuvieran preocupados por sus dientes. Pero ahora sabemos que los neandertales contaban con dentistas, aunque lógicamente con las técnicas de la época.
Una evolución. Hasta ahora sabíamos que los neandertales utilizaban pequeños palillos de madera para limpiarse los restos de comida, algo que, para ser justos, también hacen algunos primates modernos. Sin embargo, un nuevo hallazgo en las gélidas montañas de Siberia acaba de volar por los aires lo que creíamos saber sobre la medicina prehistórica.
Y es que no era un simple instinto, ya que los neandertales sabían localizar el origen de un dolor agudo y utilizar herramientas de piedra para realizar intervenciones dentales invasivas como las que nos pueden hacer hoy. Aunque lógicamente ya no tenemos la piedra como material quirúrgico.
El paciente cero. El descubrimiento protagonista de esta historia ha sido bautizado como ‘Chagyrskaya 64’, y no es más que un segundo molar inferior izquierdo que pertenecía a una persona adulta que habitó la cueva de Chagyrskaya en el macizo de Altái en Rusia. Hasta sabemos que pertenecía a un grupo que representaba a las poblaciones neandertales más orientales conocidas.

Vía: PLOS. Imágenes del diente analizado por los investigadores.
Un diente. A simple vista, el diente presentaba una cavidad enorme e inusual en su parte superior por donde cumple la función de masticación. Al principio, la arqueología achacaba esto al desgaste natural de la pieza por la fricción a la hora de masticar alimentos duros o simplemente por haber recibido un golpe.
Sin embargo, los bordes de la cavidad eran suaves y redondeados, por lo que se descartaba completamente la rotura accidental. Además, la cámara pulpar, que no es más que la parte interna del diente, estaba ensanchada de una manera que el desgaste no podía explicar.
Lo que ocurría. La respuesta a todo se centra en que el diente contaba con ua caries severa que alguien intentó curar por la fuerza, quitando toda la zona del diente que estaba en ‘peor’ estado. Y seguramente el dolor que se siente con una caries de un tamaño considerable que llega a la zona nerviosa del diente fue el desencadenante de tener que hacer esta técnica.
Odontología rústica. Para demostrar que este agujero fue hecho a propósito, el equipo de investigación recurrió a la microtomografía computarizada y a un exhaustivo análisis traceológico para ver las huellas de uso. Aquí lo que se vio es que las paredes de la cavidad tenían microsurcos escalonados en forma de V, idénticos a los que deja un perforador lítico, que era una herramienta de piedra afilada.
Y para confirmarlo, los expertos realizaron arqueología experimental, replicando el proceso de perforación y rotación en molares humanos ‘modernos’. Y las marcas coincidían a la perfección.
Una conclusión. Con toda esta información podemos saber que hubo un individuo que no solo sobrevivió a la brutal intervención en vida, sino que siguió masticando con ese diente, como demuestra el pulido posterior. Es cierto que no tenían opción para ‘tapar’ ese agujero en el diente como sí nos hacen ahora los dentistas tras quitar la caries, pero no le impidió seguir con su vida normal.
Un salto cognitivo. Más allá de la anécdota médica, la realidad es que solucionar una caries excavando el tejido infectado requiere de un razonamiento racional bastante complejo. Aunque lo vemos ahora fácil, el hecho de identificar el origen del dolor, concebir la idea de que puede ser eliminar, seleccionar la herramienta para esa tarea y ejecutar movimientos rotatorios precisos con los dedos no es fácil.
Es por ello que esta capacidad separa este comportamiento del mero instinto animal y demuestra que los neandertales estaban más avanzados de lo que teníamos en mente muchos de nosotros.
Imágenes | Gerd Altmann wavebreakmedia_micro en Magnific
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