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hay gente explotando visual y económicamente “lo cuqui” como herramienta contra el estrés

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En pleno 2026, la ironía de nuestra era hiperconectada ha alcanzado su punto álgido. Estamos presenciando el auge de los “maximalistas del silencio”, una tribu digital que ha decidido mantener las notificaciones de sus teléfonos apagadas las 24 horas del día. Lo que hace una década se consideraba una grave ruptura del contrato social, hoy se aplaude como el acto definitivo de autocuidado. Vivimos tan saturados que ignorar al prójimo se ha convertido en una estrategia de supervivencia.

De esta necesidad de apagar el ruido digital, hemos pasado a blindar nuestras casas físicas. Como explica la mismísima Hailey Bieber en un artículo para la revista Vogue, ante unos vecinos ruidosos o un entorno estresante, la búsqueda de silencio y paz se ha vuelto primordial. Pero el mercado, siempre atento a nuestras carencias, ha sabido leer este agotamiento colectivo. 

Buscamos tranquilidad, sí, pero nos hemos topado con una nueva tendencia viral que convierte esa búsqueda en una estética altamente consumible. Se llama cozymaxxing, y es la nueva forma de explotar visual y económicamente nuestra necesidad de abrazar “lo cuqui” para no volvernos locos.

Para entender el fenómeno, primero hay que definirlo. Según explican en diferentes portales de estilo de vida, el cozymaxxing es la creación intencional de un entorno multisensorial que cultiva la tranquilidad, la paz y el confort extremo. Se trata de llevar la comodidad al límite (de ahí el sufijo -maxxing) para calmar los sentidos. 

A nivel de diseño de interiores, esto supone un cambio de paradigma radical. Esta tendencia viene a decir un rotundo “adiós al minimalismo”. Las casas de catálogo, impolutas, perfectamente ordenadas y, a menudo, frías, ya no sirven. Ahora se buscan texturas superpuestas, iluminación cálida, formas curvas y rincones de lectura. De hecho, una de las grandes normas no escritas de esta tendencia en redes sociales es la dictadura contra la luz del techo (conocida en TikTok como la odiada big light). Solo se aceptan lámparas tenues y luz ambiental.

Pero, ¿no recuerda un poco al hygge danés? No exactamente. El cozymaxxing es, básicamente, “el hygge con esteroides”. Mientras que el concepto nórdico busca simplificar y compartir momentos en un ambiente despejado, esta nueva moda nacida en TikTok tiene una vertiente descaradamente maximalista: se trata de acumular, de poner capas de mantas, coleccionar cojines mullidos y encender múltiples velas aromáticas.

La biología del confort: un antídoto contra el burnout

Si el cozymaxxing está arrasando no es solo por una cuestión de cojines bonitos; es una respuesta directa a una crisis de salud mental generalizada. De acuerdo con el portal de salud Healthline, la principal razón de su éxito es el burnout (el síndrome del trabajador quemado) y el rechazo frontal a la hustle culture o cultura del esfuerzo constante. La gente está exhausta y busca desesperadamente “bolsillos de paz”.

La ciencia respalda esta necesidad. Tal y como apuntan expertos en salud mental consultados por The Skimm, rodearnos de un entorno cómodo y predecible a través de los cinco sentidos activa el sistema nervioso parasimpático (el encargado de las funciones de “descanso y digestión”). Esto reduce directamente los niveles de cortisol —la hormona del estrés—, fomenta la regulación emocional y mejora drásticamente la calidad del sueño.

Además, hay un componente sociológico profundo: la ilusión de control. En un mundo marcado por la inestabilidad económica, la ansiedad climática y el ruido constante, como bien analiza la psicóloga Ritika Suk Birah en Healthline, no podemos controlar el mundo exterior, pero sí podemos controlar la luz, la temperatura y el aroma de nuestro salón. Es un mecanismo de defensa biológico y psicológico.

Llegados a este punto, debemos preguntarnos si realmente estamos aprendiendo a cuidarnos o si simplemente le hemos puesto un filtro bonito a nuestro estrés. La propia Hailey Bieber reconoce en Vogue que muchas de estas palabras de moda “suelen terminar siendo una plataforma de lanzamiento para que las marcas te vendan más productos que no necesitas”. 

Esta romantización del confort conecta directamente con otro fenómeno: la estetización absoluta de la vida doméstica. Igual que hemos visto cómo la Generación Z romantiza la decadencia y las humedades con la polémica tendencia trash wall porque “queda auténtico” (como ya documentamos en Xataka), el cozymaxxing estetiza la necesidad de descanso. Al analizar esas paredes desconchadas, descubríamos que hay un “lujo en fingir” una estética concreta. El problema surge cuando el autocuidado real se sustituye por comprar compulsivamente los artículos que salen en los vídeos virales para que nuestra casa se vea “perfectamente imperfecta”. Tener un “rincón de lectura inmaculado” o una casa amplia y aislada del ruido es un lujo en un momento donde gran parte de una generación comparte pisos diminutos o sufre la precariedad habitacional. Hay un innegable privilegio de clase detrás de esta estética.

Cozy
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Al igual que los “gurús de la productividad” habían mercantilizado el silencio con el #monkmode (modo monje), ahora los influencers de lifestyle han convertido el simple acto de tumbarse en el sofá en un modelo de negocio.

Descansar ya no es un acto íntimo y pasivo, sino una actuación performativa que exige un escaparate perfecto y, sobre todo, un desembolso económico. Para que el cozymaxxing sea válido en la era de TikTok, no basta con ponerse un pijama viejo; el algoritmo exige conjuntos de loungewear de lino, difusores de aceites esenciales de diseño, tazas de cerámica artesanal y mantas que cuestan lo mismo que la factura de la luz. Hemos transformado el alivio del estrés en un bien de consumo donde, irónicamente, si tu descanso no es instagrameable, parece que no cuenta.

Más allá del consumismo, sumergirse ciegamente en esta tendencia conlleva riesgos psicológicos. Los expertos consultados por Healthline y The Skimm lanzan una advertencia crucial: si no se hace con intención, el cozymaxxing puede derivar en conductas de evitación y aislamiento. Quedarse eternamente bajo una manta pesada con ruido blanco de fondo puede dejar de ser una forma de recargar pilas para convertirse en una manera de huir de las responsabilidades o, peor aún, de enmascarar un cuadro de depresión.

Esto enlaza con el coste social del que hablábamos al principio. Aislarse en un búnker de mantas, con el móvil en modo “No Molestar” permanentemente, frustra a nuestros seres queridos y nos desconecta de la realidad. Por ello, el aislamiento extremo no es saludable y recomiendan que esta búsqueda de cobijo también se practique de forma comunitaria. Fomentar las relaciones sociales es un mejor predictor de una vida larga y feliz que cualquier manta gustosa; invitar a alguien a compartir ese espacio seguro es vital.

El cozymaxxing no es solo una moda decorativa para 2026; es el síntoma inequívoco de una sociedad profundamente agotada que está construyendo fortalezas acolchadas porque el mundo exterior resulta abrumador. Sin embargo, como recuerda la experta en salud mental Amber Kinney, el verdadero autocuidado no consiste en sentir envidia o presión por comprar todo lo que vemos en internet para que nuestro rincón de lectura sea perfecto.

Al final, nos topamos con la misma ironía tecnológica y de consumo de nuestro tiempo. Igual que dependemos de aplicaciones de mindfulness en el móvil para curar la ansiedad que nos genera ese mismo teléfono, ahora corremos el riesgo de comprar compulsivamente lámparas de luz tenue y velas de diseño para curar el estrés que nos produce trabajar sin descanso para poder pagar esas mismas lámparas y velas. Quizás sea el momento de entender que la verdadera paz mental no se vende en las tiendas de decoración.

Imagen | Freepik

Xataka | El auge de los “maximalistas del silencio”: apagar las notificaciones 24/7 ya no es de maleducados, es el nuevo autocuidado tecnológico

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Miles de personas abarrotan el segundo concierto de BTS en la CDMX

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

Miles de personas abarrotaron este sábado el Estadio GNP (antes Foro Sol) para presenciar el concierto de la banda surcoreana BTS, en el marco de su segunda presentación en la Ciudad de México.

Alrededor de 65 mil fanáticos pudieron comprar su entrada para asistir a este concierto y disfrutar de los éxitos de la agrupación como “Dynamite” y “Butter”.

Los asistentes corearon por alrededor de dos horas sus canciones y encendieron el lugar gracias a sus Army Bomb, unas lámparas que se iluminan con múltiples colores.

Durante el primer concierto, otras miles de personas se congregaron en las puertas del estadio para intentar cumplir el sueño de ver a la banda, aunque no contaran con un boleto previamente comprado ante la excesiva demanda y los altos precios de reventa que sobrepasaban los 40 mil pesos por una entrada.

Los seguidores de BTS se agruparon en puntos cercanos al evento sobre Río Churubusco, para poder alcanzar a escuchar o ver a la banda a través de las pantallas del estadio.

A la vista de la gran cantidad de demanda que se podría prever para los conciertos de BTS, la reventa ha sido aún mayor que en otros eventos musicales masivos, a pesar de que desde hace meses las aficionadas del grupo se manifestaron pidiendo “un límite para los revendedores”, aunque sea para una gira futura.

El pasado viernes, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que BTS volverá a México en 2027, una noticia que reveló un día después de su reunión con el grupo en el Palacio Nacional y tras un evento con los aficionados que congregó, según la mandataria, a más de 50 mil personas en el Zócalo capitalino.

Según la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (Canaco CDMX), los conciertos programados para los días 7, 9 y 10 de mayo generarán una derrama económica estimada en mil 861 millones de pesos.

Con información de EFE.

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un nuevo estudio revela cómo logran esquivar el cáncer

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Llegar a cumplir 100 años es una hazaña estadística, pero hacerlo esquivando enfermedades tan graves como el cáncer o sobreviviendo a una infección grave es casi un superpoder. Durante décadas, la ciencia se ha preguntado qué hace biológicamente especiales a los centenarios para llegar a donde pocos llegan, y la respuesta más clara que tenemos ahora mismo es que su sistema inmunitario envejece a un ritmo completamente distinto al del resto de los mortales. 

El paso del tiempo. A medida que envejecemos, nuestro cuerpo se va deteriorando a más o menos ritmo según lo que lo hayamos cuidado con el estilo de vida que hemos querido seguir. Pero algo que no se puede saltar es la generación de una inflamación crónica de bajo grado llamada ‘inflammaging‘ que es el caldo de cultivo perfecto para que las células se deterioren, aparezcan problemas cardiovasculares y tumores. 

Una excepción. Pero tal y como apunta una reciente revisión publicada en Nature con participación española, se ha visto que las personas centenarias tienen un sistema extremadamente eficiente para “limpiar”las células dañadas o senescentes antes de que causen problemas, algo que en los jóvenes es muy eficiente, pero que con el paso del tiempo va a menos. 

Pero además, frente al empobrecimiento de la flora intestinal habitual en la vejez, los centenarios preservan una diversidad microbiana espectacular, careciendo además de la obesidad proinflamatoria que afecta a gran parte de la población. Pero no todo es genética natural, ya que los hábitos que se siguen y el entorno donde se ha vivido moldean parte de la genética al activar o desactivar genes, protegiéndolos del daño acumulado. 

La paradoja del cáncer. Uno de los datos más fascinantes que arroja la investigación médica es la relación de los centenarios con el cáncer. Si bien el riesgo de padecer tumores aumenta con la edad al ir acumulándose más errores genéticos, al superar la barrera de los 100 años la curva se desploma bruscamente. Esto hace que la incidencia del cáncer en personas que superan el siglo de vida es menor al 4%. Y nuevamente la pregunta es: ¿por qué?

Aquí la ciencia apunta a que las personas centenarias poseen una citotoxicidad selectiva elevadísima, es decir, que se destruyen las células con problemas en su interior antes de que vayan a más. Aquí las protagonistas son las células inmunitarias que mantienen una vigilancia antitumoral implacable, eliminando células malignas con la eficacia de un adulto joven, pero manteniendo una alta tolerancia hacia sus propios tejidos sanos para evitar enfermedades autoinmunes como la famosa artritis reumatoide que es bastante común en personas mayores. 

Vamos avanzando. El estudio no se queda solo en el laboratorio, sino que recopila pruebas sobre el “mundo real” como por ejemplo las famosas ‘Zonas Azules’ de Okinawa (Japón) donde destaca una gran longevidad entre sus habitantes. Aquí las autopsias a los cadáveres apuntaron a que tenían las arterias coronarias obstruidas por la edad pero que apenas habían sufrido infartos masivos mortales. Aquí el cuerpo había encontrado formas de adaptarse y sobrevivir.

Durante las peores olas del COVID también se han visto casos de centenarios en residencias que lograban sobrevivir al virus incluso sin estar vacunados. Esto encaja con los datos publicados en 2023 por Nature Aging sobre supercentenarios en Boston, que revelaron un sistema inmune “de élite”, entrenado por toda una vida de exposiciones ambientales que configuraron un perfil altamente resiliente a las infecciones.

Para el futuro. Aunque la genética es importante, lo que podemos controlar mucho mejor son los hábitos de vida y su efecto en cómo se expresan ciertos genes. De esta manera, se trata de investigar a las personas que más sobreviven con el objetivo de ‘copiar’ lo que hacen para encontrar el Santo Grial de la longevidad. 

Imágenes | freepik

En Xataka | La promesa de los 120 años se desmonta: la biología fija un techo de vida bastante difícil de romper

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Si la pregunta es cómo se hicieron las pirámides de Egipto, la ciencia tiene una idea: sistemas hidráulicos

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El antiguo Egipto es reconocido por ser una de las primeras civilizaciones hidráulicas de la historia: tenían un dominio de canales de riego, diques y transportes que fue esencial para erigir y mantener un reino centralizado durante más de tres mil años en una franja fértil rodeada de desierto. Los egipcios levantaron en el período del Reino Antiguo (c. 2700–2200 a.C.) siete pirámides enormes que representan aproximadamente 25 millones de toneladas de roca cortada, transportada y ajustada en menos de 150 años. Cómo lo hicieron sigue siendo un misterio. 

En ese periodo los faraones mandaron mover bloques de piedra a un ritmo equivalente a 50 toneladas por hora de forma sostenida durante décadas. Hay varias hipótesis, pero ninguna es lo suficientemente satisfactoria para explicar ese rendimiento, especialmente al principio. El origen de todo está en Saqqara: la Pirámide Escalonada del faraón Zoser es la más antigua de las grandes pirámides y la primera construida íntegramente en piedra tallada. Es precisamente ahí donde un equipo multidisciplinar propone por primera vez que el agua fue el motor de su construcción.

La hipótesis hidráulica. Lo que el equipo de investigación liderado por Xavier Landreau propone es una suerte de ascensor hidráulico formado por tres grandes estructuras del complejo de Zoser. El Gisr el-Mudir funcionaba como presa de retención, la Fosa Seca meridional era el depósito de decantación y los pozos gemelos (conectados por un túnel subterráneo de 200 metros) constituían el mecanismo de elevación: un flotador enorme que habría subido los bloques desde el interior de la pirámide en ciclos de llenado y vaciado. 

El agua procedente de los wadis del desierto era canalizada y filtrada antes de llegar a los pozos verticales. Al llenarse, el agua elevaba por flotabilidad una plataforma sobre la que descansaban los bloques, permitiendo depositarlos en los niveles superiores sin necesidad de rampas externas y con menos esfuerzo de mano de obra.

Por qué es importante. En primer lugar, porque aporta una explicación funcional coherente para tres estructuras de Saqqara cuyo propósito no estaba del todo claro. El análisis aúna hidrología, arqueología e ingeniería civil para integrar todos estos elementos en un sistema unificado y con lógica, lo que posiblemente convierte al complejo de Saqqara en la infraestructura hidráulica más antigua de la historia.

Si la hipótesis se confirma, dejaría atrás la creencia hegemónica de rampas y una gran cantidad de mano de obra como solución universal para construir pirámides. Un sistema de elevación hidráulica implica una gestión eficiente de recursos, energía y logística, al reducir notablemente la mano de obra. Además, implica un conocimiento aún más avanzado de hidráulica. La siguiente pregunta es clara: ¿hay más pirámides de Egipto construidas así?

Contexto. Saqqara está en una meseta caliza al oeste del Nilo. Como mapeó el equipo de investigación, al oeste del complejo existía una cuenca hidrográfica potencial de 400 kilómetros cuadrados vinculada al wadi Taflah, un antiguo afluente del Nilo ya documentado en mapas del siglo XVIII. Este punto es importante porque aunque hoy es una meseta desértica, los estudios de sedimentos del propio complejo evidencian que durante el reinado de Zoser la zona recibía escorrentías estacionales intensas, con suficiente energía cinética como para depositar sedimentos de origen hídrico en el interior de las estructuras. En definitiva, que había agua disponible y en cantidad.

Otras hipótesis históricas. Las teorías más consolidadas sobre la construcción de las pirámides apuntan a rampas con distintas geometrías combinadas con palancas y trineos. Para Giza por ejemplo, Jean-Pierre Houdin propuso una rampa interior en espiral. Para Saqqara, estudios recogidos en el propio paper sugieren que la Fosa Seca fue la principal cantera de caliza, con rampas cortas en cada lado como mecanismo de abastecimiento. En cuanto a los pozos gemelos, la interpretación dominante hasta ahora era funeraria: la tumba real de Zoser y la morada de su ka. En cuanto a la fosa seca, se consideraba cantera o que tenía función ritual.

Cómo lo han hecho. Este equipo de investigación no ha excavado nada: ha combinado imágenes satelitales de Airbus Pléiades, modelos de elevación del IGN francés y el SIG QGIS para reconstruir la paleohidrología del entorno. A partir de aquí, generaron  modelos 3D de la arquitectura interna del complejo con software comercial bastante popular como SolidWorks o SketchUp. En cuanto al mecanismo hidráulico, desarrollaron un modelo numérico propio deliberadamente simple para estimar el consumo de agua y la capacidad de carga del sistema. 

Sí, pero. Usar datos ya existentes ha sido al mismo tiempo su mayor fortaleza y también su mayor virtud, como el equipo reconoce. Es decir, aunque su estudio integra topografía de cuenca, hidráulica y arquitectura interna, no han accedido a los pozos ni han datado los sedimentos de forma directa. Por otro lado, desde la perspectiva del estudio de Egipto, afirmar que los pozos no son funerarios contradice décadas de interpretación consolidada. Por otro lado arroja una pregunta estructura: si quienes hicieron las primeras pirámides de Egipto dominaban esta tecnología hidráulica, ¿por qué las pirámides tras Giza son cada vez más pequeñas y pobres?

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Portada | Charles J. Sharp

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