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enseñar a la IA a sonar humana

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En los últimos meses, muchos hemos hablado con una inteligencia artificial sin pensarlo demasiado. Le hemos preguntado dudas, le hemos pedido consejo o simplemente hemos probado hasta dónde llega su capacidad para mantener una conversación natural. Herramientas como los modos de voz de ChatGPT o Gemini han acercado esa experiencia a algo que, hace no tanto, parecía reservado a la ciencia ficción, con ecos inevitables de ‘Her’. Pero hay una pregunta que rara vez nos hacemos mientras hablamos con ellas: cómo han aprendido estas máquinas a sonar cada vez menos como un sistema y más como una persona.

Para entenderlo, conviene separar lo que vemos de lo que no vemos. Por un lado están las aplicaciones que usamos a diario, esos asistentes que responden con una voz cada vez más natural. Por otro, los sistemas que las sostienen, modelos entrenados con grandes volúmenes de datos que necesitan aprender no solo qué decir, sino también cómo decirlo. No sabemos qué productos concretos terminan utilizando este tipo de grabaciones, pero sí que forman parte del ecosistema con el que se entrenan sistemas de voz cada vez más fluidos y verosímiles.

La mano humana detrás de una voz artificial

Cuando bajamos al detalle, lo que hacen estos trabajadores no se parece demasiado a la idea clásica de “entrenar una IA”. En muchos casos, se trata de mantener conversaciones con desconocidos sobre temas aparentemente triviales, desde gustos cotidianos hasta preguntas abiertas que obligan a desarrollar una respuesta. En otros, el encargo es más exigente: interpretar un papel, seguir un guion sin que lo parezca o entrar en terrenos emocionales. Bloomberg cuenta, por ejemplo, el caso de una trabajadora que relató recuerdos dolorosos de su vida mientras hablaba con un hombre que se presentaba como pastor y que, dentro del ejercicio, interpretaba el papel de terapeuta.

Todo ese material grabado sirve para algo muy concreto: capturar matices. No hablamos solo de palabras, sino de pausas, respiraciones, cambios de tono, vacilaciones o reacciones emocionales que hacen que una conversación suene humana. También hay tareas de etiquetado, en las que los trabajadores tienen que distinguir si un audio contiene un sollozo, una carcajada o a alguien hablando entre risas. La lógica de fondo es sencilla: si una máquina quiere dejar de sonar robótica, antes necesita exponerse a cómo hablamos de verdad.

Tras superar una prueba inicial de voz, pueden optar a tareas que arrancan en unos 17 dólares por hora grabada.

A partir de ahí, la pregunta es inevitable: cómo se accede a este tipo de trabajo y cuánto se gana realmente. Plataformas como Babel Audio funcionan como intermediarias que conectan a estos trabajadores con proyectos concretos. Tras superar una prueba inicial de voz, pueden optar a tareas que arrancan en unos 17 dólares por hora grabada, aunque el ingreso final depende de la evaluación recibida y del volumen de encargos disponible. Los ingresos, además, varían mucho: una trabajadora citada por el mencionado medio asegura ingresar unos 600 dólares semanales.

Babel Audio Ia 2
Babel Audio Ia 2

Así se ve la página web de BabelAudio

A medida que avanzamos, el trabajo empieza a mostrar una cara menos visible. Más allá de las tarifas y de la promesa de flexibilidad, los testimonios apuntan a un entorno marcado por la incertidumbre y el control constante. Las plataformas pueden limitar el acceso a tareas, interrumpir proyectos o suspender cuentas sin explicaciones detalladas, lo que deja a muchos trabajadores en una posición frágil. Además, cada conversación está sometida a métricas en tiempo real que valoran si alguien habla demasiado o demasiado poco, la expresividad, el dominio del idioma, la profundidad del intercambio y hasta la duración de las pausas.

Cuando ampliamos el foco, el debate deja de ser únicamente laboral y pasa a ser también personal. Parte del valor de estas grabaciones reside precisamente en que capturan cómo hablamos y cómo nos relacionamos, lo que implica que los trabajadores están aportando algo más que una tarea mecánica. Las condiciones generalmente permiten usar esas grabaciones en asistentes de voz, síntesis de habla y “otros productos y servicios relacionados con el audio”.

Cuando conectamos todas las piezas, lo que vemos es una industria que funciona gracias a una cadena de producción compleja. El Pulitzer Center describe este ecosistema como una red de trabajo fragmentado en la que los trabajadores suelen estar sometidos a acuerdos de confidencialidad, operan con muy poca transparencia y, en muchos casos, ni siquiera saben qué sistema están entrenando ni para qué empresa acaba yendo su trabajo. En ese contexto, las conversaciones que alimentan a los sistemas de voz son solo una parte de un engranaje mayor, donde cada tarea contribuye a construir tecnologías cada vez más sofisticadas.

Imágenes | Xataka con Nano Banana 2 | Captura de pantalla

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Tu bandeja de Gmail se ha llenado de correos escritos evidentemente con IA. Google quiere arreglarlo con más IA

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Todos hemos pasado varios minutos mirando el cursor, pensando cómo responder a ese correo electrónico importante; encontrar el tono, que sea contundente y amable al mismo tiempo, pero no demasiado amable. Con la integración de Gemini en Gmail ya no tenemos que pensar tanto, podemos decir justamente eso y la IA lo redacta por nosotros. El coste es que todos los correos suenan a IA, y Google lo sabe. 

Ayúdame a escribir. Es una función que Google integró en Gmail hace tiempo y que nos permite redactar correos a partir de un prompt. Google acaba de anunciar mejoras para esta función: contextualización del tema (ahora puede conectarse con Drive y Gmail para extraer información relevante) y personalización de tono y estilo. Google dice que crea borradores que “reflejen tu estilo de escritura personal”. Es una forma de reconocer que la IA está homogeneizándolo todo, también cómo nos comunicamos. 

Todos los correos suenan igual. Las sugerencias de respuesta automáticas y las ayudas a la escritura han sido una bendición para quienes tienen que escribir y responder muchos correos al día. Cuando se trata de “correos en frío” que buscan llamar la atención del receptor, al final ninguno destaca. Cuenta un responsable de marketing en Reddit que antes solía leerlos todos, ahora los borra directamente. Sólo los lee si parece que lo ha escrito un humano. El problema va más allá de nuestra bandeja de entrada, las redes sociales como X o LinkedIn están plagadas de publicaciones redactadas con IA. Hasta se está notando en los trabajos que entregan los alumnos en la universidad. 

Humanizar la IA. Es el punto en el que nos encontramos: usamos la IA constantemente, pero no queremos que se note. Una búsqueda nos devuelve decenas de herramientas que prometen humanizar nuestros textos generados con IA. Y no pasa sólo con textos, una amiga ilustradora me contó que una clienta le presentó unas ilustraciones para que las mejorara. Eran ilustraciones IA y el problema no es que estuvieran mal, es que cantaba demasiado que era IA y quería que parecieran artesanales. Además, quería pagarle menos porque total, sólo tenía que rehacerlas con su estilo. Se negó. 

La no-comunicación. La novedad que ha anunciado Google se basa en tu estilo de escritura de correos anteriores, pero ¿Qué pasa cuando todos esos correos previos también fueron redactados con IA? Es un ciclo sin fin: escribes un correo con IA, te responden usando IA, te lees el resumen que la IA ha hecho del correo y vuelves a responder usando IA. Decía el escritor Tim O’Brien que si “nadie lo ha escrito, nadie lo ha leído”. No se trata solamente de una cuestión estilística, es un problema más grande: estamos delegando algo tan básico como nuestra propia comunicación.

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la bestia eléctrica alemana que devora 17 m³ de roca por palada

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La transición a la movilidad eléctrica no es cosa exclusiva de turismos y motos: la maquinaria pesada también está abrazando la electrificación. Más allá de dejar atrás el diésel, el auténtico reto es encontrar una alternativa viable a la combustión interna en términos de potencia y par motor. 

Hace escasas semanas una imponente excavadora de Liebherr empezó a operar en una mina de cobre en Bulgaria. Lo llamativo no es solo la máquina en sí (que también), porque de hecho es la quinta excavadora eléctrica que el fabricante alemán entrega a Assarel-Medet, sino que la empresa minera búlgara se está convirtiendo en uno de los operadores de flota eléctrica pesada más avanzados del mundo.

La nueva excavadora eléctrica de Liebherr. El modelo R 9350 E es una excavadora de minería de gran tonelaje, con 330 toneladas de peso operativo, que integra un motor eléctrico de 1.200 kW, aproximadamente 1.600 CV. En potencia nominal supera ligeramente los 1.120 kW de su homóloga diésel, pero la diferencia real de rendimiento es mayor: un motor eléctrico entrega ese par de forma constante en todo el rango de operación, mientras que el diésel solo alcanza su potencia máxima en una banda estrecha de revoluciones. Estará alimentado por un cable de alta tensión del que no se han especificado voltaje, si bien este tipo de maquinaria se diseña a medida de las necesidades del cliente. 

De acuerdo con el fabricante, este motor ofrece ventajas respecto a los de combustión: reduce vibraciones y ruido, prolonga la vida útil de los componentes y aguantar toda la vida útil de la máquina, reduciendo los costes operativos y de mantenimiento. La excavadora está equipada con una cuchara personalizada de 17 metros cúbicos, diseñada específicamente para maximizar la productividad en las condiciones operativas de la mina Assarel, en Pazardzhik. 

Por qué es importante. Para empezar, porque opera con cero emisiones de gases de efecto invernadero y lo hace manteniendo la productividad frente a la versión diésel. En minería a cielo abierto esto elimina las emisiones directas en el frente de extracción y reduce considerablemente la logística de combustible dentro del yacimiento, dos factores que en operaciones de esta escala tienen un impacto económico y operativo significativo.

De hecho, la R 9350 E ofrece una potencia, rendimiento y durabilidad superiores frente a la versión diésel G6 equivalente y lo hace con costes de mantenimiento y operación menores. Aunque la ventaja ambiental es evidente, lo que verdaderamente decanta la balanza es lo económico: si la eléctrica rinde igual o mejor y cuesta menos operar, la decisión se toma sola. 

Contexto. La entrega de esta unidad no es un hito aislado, sino que forma parte de la dilatada alianza entre Assarel-Medet, Alki-L y Liebherr-Export, que data de 1993. Dentro de la estrategia para descarbonizar sus operaciones de la minera búlgara, esta es la quinta excavadora eléctrica que incorporan a su flota: ya no es un prototipo ni una prueba piloto, sino una apuesta consolidada que señala hacia dónde se mueve el sector.

A escala global, la electrificación de la maquinaria pesada minera lleva años acelerándose. Grandes fabricantes como Volvo o Caterpillar llevan años explorando soluciones eléctricas para maquinaria pesada y más allá de objetivos verdes regulatorios como el de la UE de alcanzar la neutralidad climática para 2050, están los números: según un informe de IDTechEx recogido por Mining.com, un solo camión minero de 150 toneladas puede ahorrar más de cinco millones de euros en combustible a lo largo de su vida útil si se electrifica. En los de mayor tonelaje, el ahorro es aún mayor.

Cómo lo han hecho. La clave técnica está en la alimentación directa desde la red eléctrica. A diferencia de las soluciones con baterías habituales en vehículos ligeros, una excavadora de este calibre se conecta mediante cable de alta tensión a una subestación dedicada dentro de la mina. Esto elimina el problema de la autonomía y permite operar 24/7 sin tener que parar para recargar, algo que ninguna batería puede ofrecer a esta escala.

Sí, pero. La letra pequeña de una excavadora eléctrica así tiene similitudes respecto al viejo debate del precio entre el turismo de combustión y el eléctrico:  las versiones electrificadas tienen un mayor coste de adquisición, si bien Komatsu cifra en hasta un 50% el ahorro en el coste total de propiedad de su excavadora eléctrica frente a la diésel equivalente. En una maquinaria que puede rondar los cinco millones de euros en su versión diésel, las cuentas a largo plazo pueden inclinar la balanza. 

Por otro lado, una excavadora con un motor de 1.200 kW está condicionada por la infraestructura eléctrica disponible: necesita una subestación y tendido de alta tensión dentro de la propia mina. Además, este modelo funciona bien en operaciones a cielo abierto de gran escala, pero no es extrapolable a yacimientos subterráneos o minas más pequeñas sin una inversión equivalente en infraestructura. La transición eléctrica en minería pesada es una realidad, pero su ritmo lo marcan la geografía del yacimiento y la capacidad de inversión del operador.

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los psicólogos ven algo mucho más profundo

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Fíjate la próxima que vayas a comer a un restaurante o cafetería con familiares o amigos. Cuando el camarero se acerque a retirar los platos para servir el próximo plato o porque la comida ha terminado, alguien de la mesa, de forma espontánea e instintiva, acercará los platos o los agrupará incluso antes de que llegue el camarero para facilitarle la tarea.

Se trata de un gesto casi imperceptible para la mayoría, pero según el psicólogo Francisco Tabernero, este gesto tan habitual y espontáneo puede revelar mucha más información de la que puede parecer. “Ese gesto tan tan simple de ayudar al camarero significa varias cosas”, asegura Tabernero.

No solo es buena educación

Más allá de ser un gesto de buena educación, el acto de realizar de forma desinteresada y espontánea una acción colaborativa con el camarero muestra dos rasgos de personalidad principales muy bien definidos. Tabernero destaca que, por un lado, “brindar ayuda desinteresada al camarero denota un rasgo de empatía”, que se manifiesta “ayudando simplemente por altruismo”.

Este comportamiento puede considerarse una señal de lo que los psicólogos llaman actitud prosocial. Es decir, comportamientos voluntarios que benefician a otras personas sin buscar ninguna compensación directa o reconocimiento.

Las personas que ayudan a recoger la mesa al final de una comida pueden estar demostrando capacidades internas como empatía, humildad y responsabilidad social, que muchas veces no se ven a primera vista pero que tienen un peso significativo, incluso en el entorno profesional.

Aunque los estudios realizados sobre este tipo de comportamiento atribuyen buena parte del mérito a los hábitos adquiridos y al modelado parental, también se recogen evidencias de que este tipo de conducta conecta directamente con una comprensión activa del esfuerzo ajeno.

Déficit de asertividad y juicio social

Del mismo modo, Tabernero destaca que ese comportamiento también puede demostrar un tipo de asertividad de tipo pasivo, que “provoca un miedo excesivo a la evaluación negativa de los demás. Es rasgo se observa en personas que son excesivamente serviciales tanto con sus conocidos como con sus desconocidos”.

Según el psicólogo, “a veces ya no es solo ese gesto altruista, sino que prevalece una necesidad de agradar y evitar ser evaluado negativamente. Es una necesidad de ‘estar bien visto'”.

Camarero
Camarero

Lo que buscan todos los reclutadores: espíritu de equipo

El experto también reconoce algunos rasgos de conducta prosocial representada en la iniciativa proactiva de colaborar con el camarero para hacer su aportación a que el trabajo que ocupa su atención en ese momento (recoger la mesa) se realice con la mayor celeridad y eficiencia posible, mostrando implicación incluso cuando es una tarea ajena.

Esta actitud colaborativa se engloba entre las que se han dado en llamar Soft Skills o habilidades blandas que cada vez están tomando un mayor protagonismo en el reclutamiento de personal.

Un metaestudio recogido en la Journal of Applied Psychology concluyó que los empleados que muestran conductas prosociales de manera consistente mejoran la productividad y refuerzan el ambiente en equipos de trabajo. El estudio recoge datos de más de 9.800 empleados de múltiples sectores y revela que este tipo de gestos generan menos tensiones internas y mayor cohesión dentro de los equipos, por lo que son perfiles muy valorados por las empresas

Según un trabajo publicado por la Harvard Business School, “los equipos con mayor número de empleados que actúan por iniciativa propia en beneficio del grupo mostraron un incremento del 16% en los niveles de productividad y un 12% en indicadores de cohesión interna”.

Sin embargo, Tabernero destaca que, en este caso, la acción de “colaborar para recoger la mesa puede estar más vinculada con a una condición previa de la persona [ser muy inquieta o nerviosa]”, que le lleva a que todo lo que sucede a su alrededor deba hacerse de forma inmediata, que no a una actitud consciente y premeditada de colaborar con el camarero o ayudarle a ser más eficiente en su trabajo.

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Imagen | Pixabay (JM TABEL) Unsplash (Kate Townsend)

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