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desarmar a Corea del Sur frente al nuevo “juguete” nuclear del Norte
Lo contamos hace unos días. Hay infraestructuras militares tan escasas y sofisticadas que en todo el planeta apenas existen un puñado de ellas. Algunas están diseñadas para detectar misiles a distancias gigantescas y cuestan una fortuna, otras se instalan en países aliados a miles de kilómetros de donde se fabrican. Cuando varias de esas piezas desaparecen del tablero al mismo tiempo, la seguridad de regiones enteras puede empezar a depender de movimientos que ocurren en la otra punta del mundo.
Una guerra que se come los escudos del planeta. La ofensiva contra Irán ha desencadenado un efecto dominó estratégico que va mucho más allá de Oriente Próximo. Tras los ataques iraníes contra infraestructuras críticas estadounidenses, Washington se encontró con un problema inesperado: varios de sus sistemas de alerta y seguimiento más sofisticados (esos radares únicos capaces de detectar y coordinar la defensa contra misiles balísticos) quedaron dañados o destruidos, reduciendo drásticamente la capacidad de vigilancia.
De los ocho radares más avanzados de ese tipo que posee Estados Unidos, cuatro quedaron fuera de juego. Eso significa que otro golpe similar podría dejar a Washington prácticamente ciego frente a nuevas oleadas de misiles o drones. Ante ese riesgo, la prioridad pasó a ser proteger las bases estadounidenses desplegadas en el Golfo y el Levante. El resultado ha sido una decisión que revela hasta qué punto la guerra contra Irán está tensando la arquitectura global de defensa: Estados Unidos ha comenzado a retirar sistemas antimisiles de Asia para reforzar su escudo en Oriente Próximo.
El plan B. La solución adoptada por el Pentágono ha sido mover piezas desde uno de los tableros más sensibles del planeta: la península coreana. Durante años, el sistema THAAD desplegado en Corea del Sur fue presentado como la pieza clave para interceptar misiles norcoreanos antes de que alcanzaran Seúl o las bases estadounidenses. Aquella decisión provocó protestas locales y tensiones con China y Rusia debido al potente radar asociado al sistema.
Ahora, casi una década después, partes de ese escudo están siendo desmontadas y cargadas en aviones de transporte rumbo a Oriente Próximo. Y no solo eso, porque el traslado no se limita al THAAD. También se estudia mover baterías Patriot y otros activos defensivos hacia bases estadounidenses en Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos para protegerlas de posibles represalias iraníes con drones y misiles. Para Seúl, la escena resulta extremadamente inquietante: defensas diseñadas para detener ataques del Norte se están enviando a miles de kilómetros de distancia para sostener una guerra en otro continente.

THAAD
El coste estratégico de una guerra. Recordaban en el Guardian que la retirada de esos sistemas ha generado una ola de inquietud en Corea del Sur y Japón, dos de los pilares de la arquitectura militar estadounidense en Asia. Corea del Sur alberga unos 28.500 soldados estadounidenses y depende en gran medida del paraguas defensivo de Washington para equilibrar el arsenal nuclear norcoreano. Aunque el gobierno surcoreano insiste en que su capacidad de disuasión sigue intacta, muchos analistas temen que Pyongyang interprete el movimiento como una oportunidad para probar los límites de la alianza.
Japón, por su parte, observa con la misma preocupación cómo destructores estadounidenses con base en Yokosuka se desplazan hacia el mar Arábigo, mientras en Tokio crece el debate sobre si las bases estadounidenses en el país pueden terminar implicadas en conflictos ajenos al teatro asiático. La pregunta que flota en ambas capitales es incómoda: hasta qué punto la guerra contra Irán está drenando recursos militares que estaban destinados a contener a Corea del Norte o a China.

El misil de crucero Hyunmoo-3 se exhibe durante el desfile del 65º aniversario militar de Corea del Sur
Pyongyang y una lección. Recordaban esta semana en la CNN que, en Corea del Norte, los acontecimientos han reforzado una convicción que lleva décadas guiando su estrategia: el arma nuclear es el único seguro de vida real frente a Washington. El destino de líderes que abandonaron o nunca desarrollaron armas nucleares (desde Gadafi hasta los recientes bombardeos contra Irán que acabaron con su líder supremo) se repite constantemente en la propaganda norcoreana como advertencia.
Para Kim Jong Un, la conclusión parece sencilla, porque renunciar a la bomba significa abrir la puerta a operaciones de cambio de régimen. Por eso, mientras Estados Unidos concentra su atención en Oriente Próximo, Pyongyang acelera su programa nuclear y continúa desarrollando misiles capaces de transportar cabezas nucleares hasta el territorio continental estadounidense. Corea del Norte ya posee, de hecho, decenas de ojivas y suficiente material para producir muchas más, lo que cambia por completo el cálculo de riesgos para cualquier potencia que contemple una intervención militar directa.
El nuevo “juguete” nuclear. En paralelo, el Norte ha presentado uno de los proyectos más ambiciosos de su modernización militar: el destructor Choe Hyon, un buque de 5.000 toneladas que representa el salto más importante de su marina en décadas. Durante sus primeras pruebas en el mar, el barco lanzó misiles de crucero estratégicos bajo la supervisión directa de Kim Jong Un y mostró una batería de hasta 104 misiles de distintos tipos gracias a un sistema de lanzamiento vertical ampliado.
El régimen pretende construir al menos diez buques de esta clase en los próximos años y convertir su armada en una fuerza capaz de proyectar poder más allá de la península. El programa incluye además la integración progresiva de armamento nuclear en las fuerzas navales, un cambio que ampliaría las plataformas desde las que Pyongyang podría lanzar ataques nucleares.
Kim y el ejemplo iraní. La guerra en Irán también ha reabierto en Pyongyang un debate estratégico más amplio. Kim Jong Un y su círculo más cercano están analizando cada fase de la operación estadounidense: desde la capacidad para localizar líderes enemigos hasta la rapidez con la que Washington puede pasar de la diplomacia a la acción militar.
En ese sentido, posiblemente el recuerdo del fracaso de la cumbre de Hanoi en 2019 sigue pesando en ese cálculo. En aquel momento, Kim creyó que un acuerdo con Trump estaba cerca y regresó a casa sin nada. Desde entonces, Corea del Norte ha reforzado su asociación con Rusia, enviando munición y tropas para la guerra en Ucrania a cambio de combustible, alimentos y posiblemente tecnología militar. Sin embargo, la falta de intervención directa de Moscú o Pekín en defensa de Irán ha demostrado que incluso los aliados estratégicos tienen límites cuando estalla una crisis real.
Un mundo con frentes mezclándose. Si se quiere también, el resultado de todo esto es algo así como una paradoja estratégica, porque una guerra en Oriente Próximo está reconfigurando el equilibrio militar en Asia oriental. Mientras Washington traslada interceptores y radares hacia el Golfo para cubrir el vacío dejado por los ataques iraníes, Corea del Norte acelera su modernización militar y China observa cada movimiento desde el espacio con una constelación de más de mil satélites de inteligencia.
Para los analistas militares, la gran incógnita es cuánto tiempo puede Estados Unidos sostener simultáneamente varios frentes sin hacer mella en su red global de defensa. Porque si algo ha dejado claro esta crisis es que el planeta ya no funciona por conflictos aislados: un radar destruido en Oriente Próximo puede terminar alterando el equilibrio nuclear en la mismísima península coreana.
Imagen | DPRK, U.S. Missile Defense Agency, Teukwonjae707
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están sufriendo delirios de grandeza
Aaron Levie, fundador y CEO de Box, se ha dado cuenta de algo: la IA está provocando que algunos directivos sufran cierta desconexión con el trabajo real y crean que la IA hace cosas que en realidad (de momento) no puede hacer. Para él está claro que lo que están viviendo los CEOs de empresas tecnológicas es una “psicosis de la IA”.
Mitos y realidades de la IA. Este año estamos viviendo movimientos frenéticos en la industria tecnológica. Las valoraciones bursátiles de las tecnológicas se disparan, pero al mismo tiempo se aceleran los despidos masivos. Parece haber una explicación que cobra fuerza en Silicon Valley: los responsables de las empresas tecnológicas están sufriendo lo que Levie denomina “psicosis de la IA”. Hay en estos momentos cierta desconexión cognitiva, y los CEOs y altos cargos creen que la IA puede hacer hoy tareas que en realidad siguen requiriendo estar bajo el control del ser humano de y de un criterio experto.
Del dicho al hecho hay mucho trecho. Según el CEO de Box, los directivos son sensibles a este “delirio” porque “están suficientemente alejados de ese último tramo en el que se realiza el trabajo”. Es decir: un CEO ve un prototipo de un modelo de IA que genera un contrato o una línea de código y cree que eso es suficiente para declarar que el trabajo ya está hecho. Sin embargo no son estos directivos los que tienen que revisar ese código en busca de fallos o analizar contratos en busca de cláusulas engañosas o falsas que la IA se ha inventado.
Organizaciones 100x. Hay un caso especialmente sorprendente en este ámbito. Zeb Evans, CEO de la startup de gestión de proyectos ClickUp, aseguró recientemente en X que había despedido casi a una cuarta parte de sus empleados tras desplegar 3.000 agentes de IA para que hicieran su trabajo. Según él, los empleados humanos que han quedado en la empresa simplemente deben supervisar a las máquinas, formando lo que Evans llamaba “organización 100x”.
Lo que ve el CEO frente a lo que debería ver. Los mensajes triunfalistas de algunas empresas y CEOs como Evans se pueden contrastar rápidamente con los datos que tenemos hoy en día. Las decisiones que se están tomando —por ejemplo, en el ámbito de los despidos que a menudo se escudan en la adopción de la IA— deberían basarse en una mejora de la productividad que de momento no existe. Algunos estudios lo dejaban claro:
- Un estudio de la Universidad de California en Berkeley evaluaba varias investigaciones al respecto y concluía que “no hay una relación robusta entre la adopción de la IA y una ganancia de productividad agregada”.
- Otra investigación del National Bureau of Economic Research (NBER) indicó que la IA sí había mejorado la productividad, pero encontró “una paradoja de la productividad, según la cual las ganancias de productividad percibidas son mayores que las ganancias de productividad medidas”.
- Por último, investigadores del MIT crearon miles de agentes para trabajar en tareas variadas y concluyeron que en muchos casos no realizaban esas tareas con la calidad de un humano. Según sus estimaciones, los modelos de IA podrán completar muchas tareas “con un éxito del 80-95% en 2029 con una calidad adecuada”, pero no superarán todavía a los trabajadores humanos.
El nuevo cuello de botella. El peligro de esta “psicosis” es que al automatizar la producción de contenido o de código el problema no desaparece. Simplemente se desplaza. Si todo el mundo usa la IA para producir más cosas, el cuello de botella son precisamente los directivos que deben gestionar y controlar la revisión de un volumen de datos que antes no existía. Es de hecho justo lo que denunciaba Harvard Business Review en un análisis reciente. Levie lo dejaba claro: los CEOs deben “bajar al barro” y ver qué puede hacer y qué no la IA, porque de lo contrario lo que acabarán teniendo es un verdadero caos oranizativo.
Imagen | Hunters Race
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Las cinco mejores ofertas de Carrefour en televisores hoy, 30 de mayo, con modelos de hasta 98 pulgadas
Carrefour ha lanzado una campaña llamada Stock Fuera donde podemos encontrar un gran surtido de televisores con descuentos muy llamativos. Hay algunos precios que conviene tener en cuenta, sobre todo si estás buscando ahora mismo una buena smart TV. Por ello, en este artículo vamos a repasar las cinco mejores ofertas que estarán disponibles hasta mañana 31 de mayo.
- LG OLED55B56LA por 779 euros, un televisor OLED con pantalla de 55 pulgadas.
- Samsung TQ75QN1EFAU por 799 euros, una smart TV grande con tecnología de panel miniLED.
- LG 65QNED86A6A por 599 euros, otro televisor miniLED, pero en este caso con diagonal de 65 pulgadas.
- LG 86NANO81A6A por 999 euros, una tele sencilla, pero con una pantalla de 86 pulgadas.
- Hisense 98E7Q por 1.299 euros, un televisor QLED con diagonal de 98 pulgadas.
LG OLED55B56LA
Si quieres un televisor con tecnología de panel OLED, mucho ojo porque Carrefour tiene esta LG OLED55B56LA por 779 euros. Se trata de una tele que incorpora una pantalla de 55 pulgadas y que ofrece una tasa de refresco de 120 Hz (nativos), ideal si tienes una consola de la generación actual para aprovechar al máximo sus características. Además, también es compatible con contenido Dolby Vision y Dolby Atmos.
Samsung TQ75QN1EFAU
En cambio, si quieres un televisor más grande, pero que también ofrezca una buena experiencia, Carrefour tiene la Samsung TQ75QN1EFAU por 799 euros. Hablamos de una tele con panel miniLED, por lo que es ideal para cine, series, deportes y videojuegos. Su tasa de refresco alcanza los 144 Hz (VRR), incorpora una pantalla de 75 pulgadas, es compatible con HDR10+ y funciona tanto con Alexa como con Google Assistant.
LG 65QNED86A6A
Carrefour también tiene a muy buen precio la LG 65QNED86A6A, una tele que, por 599 euros, incorpora un panel con tecnología miniLED. Su diagonal es en este caso de 65 pulgadas, alcanza una tasa de refresco de hasta 144 Hz a través de VRR y es compatible con Dolby Vision.
LG 86NANO81A6A
Entrando de lleno en los televisores muy grandes, Carrefour tiene el modelo LG 86NANO81A6A por un precio de 999 euros. Lo más llamativo es que incorpora una pantalla de 86 pulgadas, por lo que es enorme. Más allá de esta particularidad, es un modelo sencillo: su panel ofrece una tasa de refresco de 60 Hz y viene con varios modos para configurar la imagen.
Hisense 98E7Q
Por último, el televisor más grande de este listado es el Hisense 98E7Q, un modelo de nada menos que de 98 pulgadas que en Carrefour ahora mismo tiene un precio de 1.299 euros. Su panel QLED ofrece una tasa de refresco de hasta 144 Hz y es compatible tanto con Dolby Atmos como con Dolby Vision y HDR10+.
Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.
Imágenes | Carrefour y Compradicción (cabecera), LG, Samsung, Hisense
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esta nueva docuserie que Netflix estrena hoy lo explora a fondo
Hay un gesto que millones de espectadores conocen de memoria: Rafa Nadal se ajusta la camiseta, coloca las botellas de agua en paralelo, se toca la nariz, la oreja, la nuca. Un ritual que duró veinte años y que siempre se hacía pasar por superstición o excentricidad. Zach Heinzerling, el director de la docuserie ‘Rafa‘, que Netflix estrena hoy, llegó a la conclusión después de meses filmando al tenista de que esos tics son la externalización visible de una psicología construida sobre la inseguridad y la forma de Nadal de gestionarla. Así de a fondo se mete este documental en la sala de máquinas de un campeón.
La serie, producida por Skydance Sports, consta de cuatro episodios y ofrece acceso a Nadal, su familia y su círculo cercano durante su último año en el circuito ATP, en 2024. No es un documental sobre los 22 Grand Slams, aunque aparecen, sino un retrato del desgaste que hizo posibles ganarlos. Al frente del proyecto está Heinzerling, ganador de un Emmy y nominado al Oscar.
La docuserie recorre la trayectoria de Nadal desde sus inicios con apenas tres años hasta su regreso a la competición en 2024, mostrando no solo la evolución de un campeón sino también el desgaste físico y emocional que marcó su carrera, lo que convirtió a su propio cuerpo en su principal rival. Las lesiones le impidieron participar en 18 Grand Slams a lo largo de su carrera, y la serie se centra en la última de esas competiciones.
Uno de los ejes de la serie es la relación del tenista con Toni Nadal, una presencia inusual en la carrera del deportista, ya que la mayoría de los tenistas de élite cambian de entrenador cada tres o cuatro años. Rafa Nadal mantuvo al mismo durante veinte, y ese entrenador era un familiar que además vivía en el mismo pueblo de Mallorca. Son este tipo de detalles lo que hacen pensar en una serie muy distinta al típico documental deportivo.
En Xataka | Stephen King recomienda sin medias tintas el nuevo número 1 de Netflix: es “un placer absoluto”
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