Musica
Neil Sedaka, ícono de la música pop e intérprete de ‘Oh, Carol’, fallece a los 85 años
Neil Sedaka, el cantante y compositor detrás de éxitos como “Oh, Carol”, “Bad Blood” y “Laughter in the Rain”, falleció este 27 de febrero a los 86 años.
La noticia fue confirmada por su familia mediante un comunicado en la cuenta de Instagram del artista, donde lo recordaron como una verdadera leyenda del rock n’ roll.
“Nuestra familia está devastada por el fallecimiento repentino de nuestro querido esposo, padre y abuelo”, se lee.
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Añadieron que Sedaka fue una inspiración para millones y, sobre todo, “un ser humano increíble que será profundamente extrañado por quienes tuvimos la suerte de conocerlo”.
Por la mañana, TMZ reportó que el músico había sido trasladado de urgencia a un hospital de Los Ángeles después de sentirse mal; hasta ahora se desconocen las causas de su fallecimiento.
¿Quién es Neil Sedaka?
Nacido y criado en Brooklyn, Nueva York, Sedaka comenzó su carrera musical en la década de 1950. Se consolidó como una estrella adolescente del pop. Desde sus primeros años, destacó no solo como intérprete, sino también como compositor, trabajando en colaboración con Howard Greenfield, con quien creó muchos de sus clásicos.
A lo largo de su carrera, Sedaka logró colocar 30 canciones en el listado del Billboard Hot 100, de las cuales nueve llegaron al top 10. También recibió cinco nominaciones al Grammy y fue incorporado al Salón de la Fama de los Compositores. Su legado quedó plasmado con una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.
Además, durante su trayectoria, Sedaka colaboró con agrupaciones de su mismo Brooklyn, como The Tokens, conocidos por el éxito “The Lion Sleeps Tonight”, con el que amplió su influencia en el doo-wop y la música pop de la época.
 
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Conciertos: Entre mariachi y pop, Jesse & Joy conquistan Guadalajara
La Arena Guadalajara lució pletórica la noche del viernes con un lleno absoluto que confirmó el momento que atraviesa Jesse & Joy. El dúo regresó a la ciudad con El Despecho Tour 2026, un recorrido que reúne sus mayores éxitos, temas de su álbum más reciente —nominado al Grammy— y canciones ligadas a su documental “Lo que nunca dijimos”, estrenado por HBO. El entusiasmo fue tal que, minutos antes del concierto, se anunció una nueva fecha en el mismo recinto para el 29 de mayo.
Poco antes de las 22:00 horas, Jesse apareció primero sobre el escenario. Vestía un traje negro con vivos blancos y lentejuelas, coronado por un sombrero ancho. Se sentó al piano y dejó caer las primeras notas de “Corre”, mientras el público asumía el protagonismo al cantar cada palabra. Luego cambió el piano por la guitarra eléctrica y dio paso a “Esto es lo que soy”, momento en el que Joy salió a escena con un traje verde brillante que arrancó los primeros gritos de la noche.
“Ya no quiero” y “Digas lo que digas” encendieron definitivamente a la audiencia. Tras esa bienvenida musical, Joy tomó la palabra. “Guadalajara, ¿cómo están? Es un placer muy grande regresar, nos hacen sentir en casa y en familia… Esta noche es muy especial para nosotros. A pesar de que el mundo es un lugar muy raro, queremos que después de esta noche las únicas notas que salgan de Guadalajara sean bonitas, que sepan que aquí es un lugar seguro… queremos que sea el mejor concierto de sus vidas”.
El repertorio avanzó con “Chocolate”, “Lo que nos faltó decir” y “Mi tesoro”, mientras el público permanecía de pie, entre abrazos y celulares en alto. Más adelante, el dúo anunció un momento especial, pues dijeron: “La siguiente canción nos la escribimos el uno al otro… en esta parte del show cantamos versiones diferentes a las que están en el disco”, explicaron antes de un set acústico que incluyó “No sé cómo lo haces”, “Gotitas de amor”, “Cuando estamos solas” y “Mi sol”.
La sorpresa llegó cuando Joy descendió del escenario durante “Nuevos recuerdos” para caminar entre la multitud. Jesse hizo lo propio en un escenario B, donde interpretó “Punto y aparte” y un medley con fragmentos de “Dulce melodía”, “Muero de amor”, “Invisible” y “Montón de estrellas”.
El tramo final tuvo un sello mexicano con la aparición del Mariachi Alma de Zapopan. Juntos ofrecieron un popurrí ranchero con clásicos como “Si nos dejan”, “La Bikina” y “Volver, volver”. Después llegaron “Con quién se queda el perro”, “Llorar”, “La de la mala suerte” y “Te esperé”.
En el encore sonaron “Ay doctor”, “Me quiero enamorar” y “Corre”, para cerrar con “Espacio sideral”, su primer gran éxito, coreado por miles de voces que confirmaron que la conexión con Guadalajara.
Antes de reencontrarse con su público en la Arena Guadalajara, Jesse & Joy compartieron su sentir ante lagra respuesta de los tapatíos y el crecimiento que han experimentado a lo largo de los años. Para el dúo, regresar a la ciudad implica constatar que su música ha trascendido generaciones.
“Venir a Guadalajara y llenar este gran foro… luego ver a la gente que creció con nosotros ahora con sus pequeños, y ver a esos pequeñitos desgarrándose cantando nuestras canciones, ha sido bien emocionante. Nos llena de orgullo poder tener una carrera tan prolífera en nuestro propio país”, expresaron.
Los músicos subrayaron que mantenerse vigentes ha requerido constancia en medio de cambios de géneros y tendencias. “Han sido muchos años de trabajo, de mantenernos en nuestro carril… al final estamos haciendo lo que nos gusta, lo que conecta con la gente, lo sentimos de corazón”, afirmaron, reconociendo también el trabajo de su equipo.
Frente a un contexto social complejo, ambos coincidieron en la responsabilidad que sienten como artistas. “El mundo atraviesa momentos extraños… pero si tenemos acceso a más información, también tenemos más responsabilidad como seres humanos”, reflexionaron. En ese sentido, hablaron de su intención de proyectar otra narrativa del país cuando viajan al extranjero. “Para Jesse y para mí, llevar la bandera mexicana a diferentes partes del mundo es cambiar un poco la narrativa… llevar noticias bonitas, México con amor”.
Sobre proyectos paralelos, adelantaron que han encontrado espacios individuales sin descuidar la esencia del dúo. “Lo que hemos hecho individual ha sido muy divertido… pero la fórmula de Jesse & Joy necesita a Jesse & Joy”, señalaron. Jesse compartió que prepara un proyecto personal mientras trabajan en la historia del grupo.
Finalmente, al ser cuestionados sobre el contexto de seguridad y los protocolos recientes en la ciudad expresaron: “No traemos un mensaje político como tal; es un mensaje de amor y buena vibra. Cuando la gente se congrega para pasarlo bonito, siempre hay un efecto positivo… no podemos perder eso”.
CT
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Agenda: Los mejores eventos de entretenimiento del 27 de febrero al 5 de marzo de 2026
Consulta en este espacio cuáles son los eventos que se realizarán en los diferentes recintos de la ciudad en la selección de la agenda de la Buena Vida Life & Style y elige el mejor para tu esparcimiento.

Bryan Adams
Dentro de su gira Roll with the punches, el cantautor canadiense visitará las principales ciudades de México y dará un concierto en Guadalajara, donde interpretará los temas del álbum que da nombre a este tour así como algunos de sus éxitos. Con casi cuatro décadas de gira y años sin pisar tierras jaliscienses, Bryan Adams regresa para cantar a los tapatíos canciones como Rock and roll hell, War Machine, Life is beautiful, Never ever let you go, entre otras.
Arena Guadalajara.
28 de febrero, 21:00 hrs.
De $638 a $3,577.

Air Supply
El dúo australiano de soft rock llega al escenario tapatío para brindar un concierto, en el que se escuchará su inconfundible sonido romántico con una producción impecable y la misma magia que ha consolidado su trayectoria. Disfruta de una noche para cantar, recordar y dejarse llevar por el sonido de Air Supply.
Auditorio Telmex.
28 de febrero, 21:00 hrs.
De $460 a $2,490.

Jesse & Joy
En el marco de El Despecho Tour el dueto se presenta de nueva cuenta en la ciudad, en un nuevo escenario para ofrecer un concierto, en el que interpretará sus mejores canciones, los temas de su reciente álbum Lo que nos faltó decir y algunos más de su documental lanzando en HBO, Lo que nunca dijimos. Disfruta de una velada con canciones de amor, despecho y dedicatoria.
Arena Guadalajara.
27 de febrero, 21:00 hrs.
De $484 a $3,452.

Il Volo
La agrupación italiana de pop lírico regresa a las principales ciudades del país dentro de su gira ¡Live in concert! 2026 con la que visita la Perla Tapatía para ofrecer un concierto, en el que interpretará lo mejor de su repertorio en una velada única. Disfruta de las voces y el carisma de los tenores Gianluca Ginoble, Piero Barone e Ignacio Boschetto en una noche ideal para escuchar temas como Granada, Grande Amore, O sole mio y varios más.
Arena Guadalajara.
5 de marzo, 21:00 hrs.
De $753 a $3,452.

El lago de los cisnes en el Teatro Diana.. ESPECIAL/FOTO DE KAZUO OTA EN UNSPLASH.
El lago de los cisnes
El Moscow State Ballet crea un espectáculo de alta calidad artística con un toque de alegría y belleza espiritual, basado en las grandes tradiciones del ballet clásico ruso, que toca el alma de los espectadores. La historia de amor, traición y triunfo sobre el mal cobra vida en el escenario tapatío, donde la atmósfera se permeará de romance y belleza.
Teatro Diana.
27 de febrero, 20:30 hrs. 28 de febrero, 19:00 hrs.
De $500 a $1,100.

Ángeles del Infierno
Todos somos ángeles Rock Fest 2026 es un ritual de guitarras, voces y furia que representan el heavy metal en español veterano y reciente, con la participación de Ángeles del Infierno y Kabrönes, quienes compartirán el escenario jalisciense para reencontrarse con su público tapatío. La agrupación más influyente en la historia del género se une con Kabrönes, con su mezcla inconfundible de folk metal, energía teatral y mística española. Goza de una velada con himnos indispensables y voces renovadas.
Arena Guadalajara.
1 de marzo, 18:00 hrs.
De $440 a $1,632.

Demon Slayer en el Auditorio Telmex. ESPECIAL/CORTESÍA.
Demon Slayer
Es un show que combina la emoción del anime con la majestuosidad de una orquesta en vivo, que interpreta la poderosa banda sonora de Demon Slayer, mientras icónicas escenas se proyectan en una pantalla grande. Una experiencia inmersiva perfecta para los fans del anime, que disfrutarán de un concierto épico.
Auditorio Telmex.
1 de marzo, 18:30 hrs.
De 330 a $1,980.
Otros Eventos

Doppler Party
Escenik Teatro-Bar de Palcco. 27 de febrero, 21:00 hrs. $800.
Lord Marco Polo
Teatro Galerías. 27 de febrero, 21:00 hrs. $350, $500, $650 y $750.
Fantasma de la ópera rock
Teatro Galerías. 28 de febrero, 20:00 hrs. $380, $500, $550, $850 y $950.
Límites
Palcco. 4 de marzo, 20:00 hrs. $350.
Trono de México
Auditorio Telmex. 5 de marzo, 21:00 hrs. De $500 a $1,800. $2,000 VIP.
One Piece of Orchestra
Teatro Galerías. 5 de marzo, 20:00 hrs. $450, $550 y $650.
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Música: La última batuta del maestro José Guadalupe Flores
La batuta ha sido una extensión natural del cuerpo del maestro José Guadalupe Flores desde hace más de medio siglo. En su vaivén con el que traza figuras en el aire, da forma al sonido y encausa la música para que no se precipite en el naufragio, el director ha condensado el destino que le aguardaba desde siempre, desde que era un niño y su madre lo introdujo a los misterios fascinantes del solfeo. Esa escritura casi jeroglífica que con más disciplina que suerte es capaz de que una cosa como el sonido se tiña de tristeza, de atardeceres, de risas y de oro. Pero toda partitura llega a su fin. Y José Guadalupe Flores ha tomado la decisión de retirarse de los escenarios, luego de 55 años incansables, y en la inminencia de sus ochenta primaveras regidas desde el principio e irremediablemente por la música.
Hoy y el domingo 1 de marzo -a las 20:30 y 12:30, respectivamente-, José Guadalupe Flores se despide de su oficio incansable como director, de su dominio de las notas y su maestría en el silencio, acompañado de la Orquesta Filarmónica de Jalisco (OFJ), en el Teatro Degollado.
Su otoño no parte de la urgencia, sino de la memoria del tiempo y del propio cuerpo, y por la certidumbre misma de que si hay algo que lo acompañará hasta el último momento, eso es la música. José Guadalupe Flores se despide del podio, de la orquesta como una fuerza física que se carga sobre los hombros, de los viajes extenuantes y los compromisos ineludibles que han marcado medio siglo de su vida. El maestro está agradecido con la vida. Lo que sigue ahora es descansar.
“Es muy simple. Me retiro porque de repente tengo problemas de salud. Pienso que, si todavía lo puedo hacer, quiero hacerlo entero, como soy. Pero la salud se resiente, el cuerpo se desgasta, y tengo miedo de que llegue un momento en que ya no pueda hacerlo bien”, comparte el maestro en entrevista con EL INFORMADOR. En su voz no hay miedo, ni queja, sino la autoridad y el conocimiento de su propio cuerpo. La tregua pactada con ese amigo severo que es el escenario. “No quiero comprometerme más tarde y quedar mal. Mi salud es buena, pero a veces se complica, sobre todo con los viajes. Eso me llevó a tomar la decisión de ya no hacerlo más”.
Dirigir orquestas ha sido la pasión de su existencia. Pero es una pasión exigente. La batuta blandiéndose en la gravedad como un látigo terrible, el cuerpo sosteniendo el peso de tantos instrumentos, la atención de decenas, a veces cientos de músicos, que dependen de un gesto claro para que la música no se desbarranque en las penumbras. No hay resquicio para los errores. El maestro Flores reconoce cada milímetro de la exigencia. Eso ha sido su vida: partituras, salas de concierto. Aplausos repentinos cayéndole al final de cada pieza como una cascada.
“Todavía puedo moverme, caminar lento, subir al podio solo, usar la batuta, practicar. Tengo energía para este concierto. Pero no sé cuántos años más. Con la emoción sigo haciendo las cosas bien. Si me siento mal, llego al ensayo y de pronto ya no tengo nada”, sonríe. “Luego, en mi casa me duelen los brazos. Fueron muchos años trabajando con los brazos. No quiero que llegue el día en que no pueda hacerlo bien, que se me caigan los brazos, los tiempos”.
Su determinación de partir del podio responde también a su respeto por la misma música, y hacia los músicos, navegantes y compañeros de las tempestades. Colocarse ante un público y una orquesta representa un compromiso que a él le exige una seriedad inquebrantable. La integridad del gesto importa tanto como la integridad del sonido. Pero, también es necesario aliviarse un poco de tanta seriedad. “Ya es conveniente descansar un poquito”, bromea.
El maestro Flores conoció su destino desde siempre. Era irremediable, en una familia de músicos, con su madre enseñándole el lenguaje de la música, y su talante estudioso y disciplinado con el que se entregó a su propio sino. Ese dice, es el secreto. Prepararse siempre para que las cosas salgan bien. “Aunque ahora me esté retirando, sigo estudiando y sigo pensando en la música porque mi vida es esa”, dice el maestro Flores. Su formación continuó en una escuela de música sacra, más tarde en la universidad, y de alguna manera que aún no comprende más de medio siglo más tarde, se las ingenió para conseguir una beca en Europa que llevó sus posibilidades musicales a horizontes insospechados.
Cuando dirigió su primer concierto, a sus veintitantos años, se estaba muriendo de miedo. No obstante, este se desmenuzó tan pronto cuando blandió la batuta como un báculo certero. Cualquier duda o temor de principiante quedaron en segundo lugar cuando le quedó claro que la música misma lo había forjado, que se había entregado a ella con la exigencia del estudio constante, y que la seguridad en el podio nacía del conocimiento profundo de la partitura: esos eran pormenores que ya no le representaban dificultad alguna.
“Hay que traer la obra en las manos”, dice el maestro. “Los músicos saben cuándo uno conoce las obras”, y bromea: “Son los calificadores más fastidiosos del mundo. En cuanto uno levanta el palito, ellos saben si uno sabe o no sabe. Y hay respeto”. Ese respeto mutuo, comparte, ha sido el eje de su relación con las orquestas. Flores rechaza cualquier noción de superioridad del director sobre los músicos. En su experiencia, el verdadero saber está distribuido en el conjunto.
“Uno como director cree que es la última esencia. No es cierto. Nosotros aprendemos de los músicos. Ellos son los que tocan siempre. Son los más sabios en cuestiones de música. El que dirige ordena por dónde ir, coordina. No puedo enseñarles nada en su instrumento. Los aglutino para que hagamos las cosas juntas y pongo mi interpretación sobre la obra. Eso es todo lo que hago”.
Sinfonía de memoria y legado
El maestro Flores se despedirá al frente de la OFJ con el cuarto programa de su primera temporada 2026, una propuesta que enlaza memoria musical, recuperación patrimonial y continuidad artística. En rueda de prensa en el Teatro Degollado, autoridades, músicos y especialistas ayer presentaron el concierto, que incluye obras de Clemente Aguirre, José Francisco Vázquez y Alexander Borodin, con Arturo Nieto-Dorantes como solista al piano.
Durante el encuentro se subrayó que el programa no responde únicamente a criterios de programación, sino a una línea de trabajo sostenida en torno a la música jalisciense. Desde la Secretaría de Cultura de Jalisco se señaló que el concierto busca reafirmar la presencia de compositores locales dentro del repertorio sinfónico regular. “La memoria musical es un patrimonio vivo”.
El programa abrirá con “El son de la lira”, de Clemente Aguirre, figura central de la vida musical jalisciense del siglo XIX. Instrumentista, compositor y fundador de la Sociedad Jalisciense de las Bellas Artes y la Sociedad Filarmónica Jalisciense, escribió la pieza para piano en 1861. Su versión orquestal recupera el paisaje sonoro de la Guadalajara decimonónica y su tradición de música de salón.
El núcleo del concierto estará dedicado al “Concierto para piano número 3” de José Francisco Vázquez, compositor de Arandas, Jalisco, y figura clave del sinfonismo mexicano en la primera mitad del siglo XX. Fundador de escuelas y orquestas, su obra ha sido recuperada durante décadas. “Han sido 40 años de búsqueda… hasta ahora 192 partituras. Es una obra muy vasta. Detrás de estas cifras hay vida y muchas emociones”, señaló en la rueda de prensa el hijo del compositor, Jesús Vázquez Torres, quien también insistió en que la recuperación del catálogo de su padre no fue resultado de un proceso institucional, sino de una labor sostenida a lo largo de décadas.
En ese contexto, destacó el papel de la Orquesta Filarmónica de Jalisco y del maestro Flores como aliados fundamentales: “Esto que ha hecho la Filarmónica de Jalisco no se ha hecho en ningún otro lugar del país. El olvido institucional de mi padre durante 40 años sigue siendo inexplicable. No corresponde a la labor que desempeñó toda su vida por la música mexicana”.
El programa concluirá con la “Sinfonía número 2” de Alexander Borodin, miembro del grupo nacionalista ruso conocido como “Los Cinco”. Compuesta entre 1870 y 1871, la obra refleja el interés del autor por la épica y la historia medieval rusa. Sus movimientos alternan pasajes de vigor rítmico, secciones líricas y un final marcado por danzas de raíz popular, lo que permite establecer un diálogo entre distintas tradiciones nacionales a través de la forma sinfónica.

Cuando la música no basta
La vida del director Guadalupe Flores, reflexiona, también estuvo definida por los errores como grandes experiencias y aprendizajes. Comparte que en una ocasión llegó a un ensayo, pero su batuta se blandió ante el silencio: no había nadie. La orquesta no estaba presente. “Ahí me di cuenta de que uno es muy payaso como director”, dice el maestro. “¿De qué sirve la batuta si no hay nadie? ¿Qué va a salir? Ahí entendí la necesidad de tener respeto a los músicos, porque son ellos los que producen. Sin ellos no soy nadie”.
Además, a lo largo de su trayectoria, Flores integró música mexicana en numerosos programas dentro y fuera del país. La decisión formaba parte de su identidad y de su compromiso con el repertorio nacional. “Donde me daban oportunidad de hacer un concierto y aceptaban mi propuesta de programa, incluía música mexicana, por supuesto. Me ha dado mucho la música mexicana y soy mexicano. Eso no se puede quitar”, suma.
Las cosas que dice el silencio
Hay una frase que en el maestro Flores condensa su relación con el oficio: la música le enseñó que el silencio forma parte de la obra. No se trata de una idea ornamental. Para Flores, el silencio ha sido una herramienta de trabajo y una disciplina interior. Dirigir implica escuchar antes de marcar; implica contener antes de liberar; implica comprender lo que ocurre entre una nota y la siguiente. En ese espacio intermedio se sostiene la respiración de la orquesta. Tampoco es una filosofía rebuscada, sino una certeza fácil.
“Si no estamos callados, no oímos nada. Tenemos que buscar la manera de ser retroalimentados. Si no estamos callados, no escuchamos a otras gentes, otras ideas. El silencio te ayuda. Si no estás callado, no puedes crecer”, asegura.
Para un director, escuchar no es una acción pasiva. Es una forma de atención activa que requiere concentración absoluta. Durante los ensayos, el silencio permite detectar matices, tensiones mínimas, desajustes casi imperceptibles. En la vida cotidiana, ese mismo silencio abre espacio para la reflexión y para la escucha del otro. Flores habla del silencio como una práctica que atraviesa tanto la música como la existencia. Otra imagen que acompaña su carrera es la del director de espaldas al público. Durante la ejecución, el maestro mira hacia la orquesta, no hacia la sala. Esa postura, repetida durante miles de conciertos, podría interpretarse como distancia. Él la explica desde la lógica del oficio y desde la conciencia de lo que ocurre en el escenario.
“El aplauso es un regalo. Nunca lo di por hecho. Estoy de espaldas porque tengo que dirigir a los músicos. No es falta de respeto, es la profesión”.
Los aplausos que vienen hoy y el domingo en el Teatro Degollado serán el canto de cisne que el maestro Flores ha elegido a conciencia, con toda la autoridad de su música, para decir adiós a esa casa errante, a ese amigo severo, que es el escenario. Para él, un hombre de música, que entiende su lenguaje expedito, que la moldea a su gusto, que ha sido su amiga y su exigente más tenaz, sabe que esta lo acompañará a donde vaya. Lo que se marcha son los podios, la batuta como un faro en la inmensidad de la orquesta, los reflectores, los aplausos desbordándose como cataratas. Lo que viene es la calma, la música en el estudio y en la memoria de cada partitura trabajada. La reunión con este amigo poco entendido – y tan necesario en la música- que es el silencio.
“No me quitaré la música. Toda la vida la he entendido desde pequeño. Fue lo que supe hacer. Me invitan a hacer este concierto y me dio la ilusión de poder terminar mi vida musical con esto. A pesar de ser de aquí, he venido muy pocas veces. Finalmente, es importante que vaya otra gente que haga su carrera. Yo ya hice la mía. Mi vida fue muy bonita. No tengo nada que reprochar. Me preparé siempre. Ese es el secreto: prepararse bien para que las cosas salgan bien”, finaliza el maestro.
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