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la IA nos ahorra tiempo pero nos quita la historia

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Hace unos días me sorprendí a mí mismo haciendo algo que hace cinco años me habría parecido un sacrilegio. Tenía delante un reportaje de esos que guardas para leer el domingo por la mañana. 5.000 palabras, una firma de prestigio y un diseñazo. Un texto de los que piden calma. Y cuando no llevaba ni dos frases, busqué por instinto el botón de ‘resumir’ que ahora corona mi navegador.

Nueve líneas. Eso era todo el resumen.

No fue por falta de interés, fue más bien por esa urgencia moderna que nos susurra que dedicar veinte minutos a una sola idea es una cosa ineficiente. Al cuarto de hora no recordaba casi nada de esas nueve líneas. Tenía la información, pero no tenía el conocimiento.

Estamos convirtiendo la lectura en un trámite administrativo. Lo que empezó como una herramienta de supervivencia para lidiar con la avalancha de correos del trabajo o algunos hilos de Reddit que se explayan demasiado ha colonizado nuestra capacidad de asombro.

En 2026 la IA no solo nos ayuda a escribir, también nos está enseñando a no leer. O aún peor: nos está convenciendo de que el camino es un estorbo para llegar al destino. Es la victoria definitiva del TLDR sobre la curiosidad.

El problema de externalizar la digestión es que partimos de una premisa falsa: que la sustancia de las cosas es lo único que importa. Pero en la cultura, la información o en una simple conversación, la sustancia a veces es lo de menos. Pídele a una IA que te resuma El Quijote y te dirá que va de un manchego zumbado por leer demasiado que confunde molinos con gigantes.

Tienes el dato, pero no has escuchado las conversaciones con Sancho por los caminos. No has sentido la amargura a pie de playa en Barcelona ni la lucidez de quien recupera la cordura para darse cuenta de que el mundo, sin su locura, es un sitio gris.

La tecnología, en ese empeño por eliminarnos fricciones (paradójico siendo quien nos ha encasquetado las notificaciones) nos está quitando el tejido de la experiencia. Los silencios y los matices son lo que fija la memoria.

Lo cachondo es para qué estamos usando ese tiempo que supuestamente ahorramos al no leer. No es para pensar profundamente ni para pasear sin móvil y darle al coco, sino para consumir todavía más resúmenes. Es un loop infinito (pun intended) de eficiencia vacía. Optimizamos el consumo de información para poder ingerir más información que a su vez resumimos en el próximo scroll.

Así nos convertimos en archivistas de una vida que no llegamos a presenciar. Guardamos, sintetizamos y archivamos, pero no habitamos nada.

Estamos llegando a una fase en la que el estatus de verdad, el lujo intelectual de nuestra era, no es ser muy listo ni estar al día de todo gracias a nuestro agente de IA, sino en ser capaz de sostener la atención. El prestigio es de quien se puede permitir el despilfarro de leer un texto de principio a fin, de escuchar un podcast sin saltarse los silencios ni ponerlo a 1,75x. O de acabar de ver una película sin haber echado mano del móvil durante las dos horas.

La eficiencia es una métrica estupenda para una cadena de montaje o para un servidor de AWS, pero si dejamos que guíe el ocio de una vida humana, nos estamos volviendo un poco miserables. Empezamos optimizando cada minuto para acabar dejándolo todo en una lista de tres puntos clave. O en un resumen de nueve líneas. Pero la vida no se puede resumir.

En Xataka | Hay una generación trabajando gratis como documentalista de su propia vida: no son influencers pero actúan como si lo fueran

Imagen destacada | Xataka

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Amancio Ortega se ha subido a su yate

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El verano se acerca y, mientras la mayoría de mortales nos afanamos por intentar meternos con cierta dignidad en el mismo bañador del año pasado, los millonarios ponen a punto sus yates para hacerse a la mar. Del mismo modo que Mercadona marca el inicio de la Navidad cuando saca los turrones, Amancio Ortega ha vuelto a hacer lo que suele marcar, para muchos, el arranque extraoficial del verano en Galicia: salir a navegar por la ría de Aldán a bordo de su yate Valoria B.

Tal y como adelantaba el Faro de Vigo, el millonario de 90 años ha aprovechado las altas temperaturas que se han registrado en los últimos días para dejarse ver en las cubiertas de su yate familiar acompañado por su mujer, Flora Pérez, y un grupo reducido de amigos, en una escapada de fin de semana que vuelve a poner al Valoria B en el centro de sus planes estivales.

Un verano que empieza en Aldán

La imagen se repite casi como un ritual: cuando el Valoria B asoma su proa por las Rías Baixas, el verano de Ortega se da por inaugurado. En esta ocasión, la navegación arrancó en la ría de Aldán, en Cangas, un lugar que la familia Ortega frecuenta por la privacidad que ofrecen sus pequeños puertos y por un entorno que muchos describen como uno de los rincones más tranquilos de la costa gallega.

Tal y como detalla El Mundo, el millonario fundador de Inditex pasó unos días de descanso disfrutando del mar desde el yate que fondeó frente al muelle de Aldán y la antigua nave de la conservera de Ameixide, un escenario muy habitual en las escapadas discretas del empresario.

El Valoria B fue diseñado por la holandesa Feadship en 2018, empresa que también construyó el Drizzle, su anterior yate de lujo que el millonario vendió. El Valoria B se construyó para moverse con soltura por la costa española, algo que encaja con el uso que la familia Ortega le da desde hace años. El yate tiene un perfil clásico, tres cubiertas y cinco estancias principales, una distribución que prioriza el uso privado y las estancias cortas a bordo en familia o con amigos.

Tiene 47,3 metros de eslora y necesita una tripulación de nueve personas para operarlo, ofreciendo una autonomía de 4.000 millas náuticas a una velocidad máxima de 14,5 nudos. Es decir, no se trata de un yate para grandes travesías, sino para sino para navegar con comodidad y discreción por la costa gallega invitando a sus ocupantes a bajar a tierra para disfrutar de sus playas y de la gastronomía gallega.

Valoria B De Amancio Ortega 2
Valoria B De Amancio Ortega 2

Su anterior yate, el Drizzle, tenía 67 metros de eslora, lo cual complicaba su amarre en los pequeños puertos gallegos que el fundador de Zara visita habitualmente en sus travesías veraniegas.

Discreto sí, pero sin olvidar que hay millonarios a bordo

Aunque Ortega no usa este barco de forma ostentosa, algo que no hace en ningún aspecto de su vida, el Valoria B sí reúne varias características propias de un yate de alta gama.

Amancio Ortega pagó 30 millones de euros por el Valoria B y ha fijado su base en el puerto de Sanxenxo. Las cubiertas del Valoria B son más abiertas de lo habitual, de forma que incluso desde los salones interiores, se puede disfrutar de los paisajes de la costa gallega.

La amplitud de sus cubiertas principales, rematadas con maderas nobles y tejidos de alta gama invitan a compartir tiempo con amigos y familiares. El Valoria B también tiene una gran plataforma de baño en la popa, lo que facilita a los huéspedes acceder al agua y disfrutar de una variedad de deportes acuáticos. Los huéspedes pueden aprovechar la colección de juguetes acuáticos del yate, que incluye motos acuáticas, tablas de remo y equipo de snorkel.

El nombre de Valoria B rinde homenaje a Valoria la Buena (Valladolid), el pueblo natal de la madre de Amancio Ortega, y además, el nombre recupera la línea del primer yate Valoria que la familia tuvo antes de pasar a otros barcos mayores. Esa continuidad ayuda a entender por qué el empresario sigue vinculando este yate a sus veranos gallegos.

En Xataka | Amancio Ortega llega a un acuerdo por una deuda millonaria con un restaurante escocés: el restaurante tuvo que cerrar en 2020

Imagen | Feadship, GTRES

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lo que pide Elon Musk para que funcione

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La escena tuvo lugar hace relativamente poco tiempo, cuando varios drones navales ucranianos quedaron temporalmente inutilizados durante una operación en el mar Negro tras problemas de conectividad vinculados a Starlink. El episodio dejó una conclusión incómoda para muchos estrategas occidentales: algunas de las armas más modernas del planeta dependen de una red privada controlada por una sola empresa. 

La guerra “barata” que empezó a salir cara. Estados Unidos lleva años persiguiendo una idea obsesiva: sustituir parte de sus carísimos misiles de precisión por una copia del arma iraní y rusa por excelencia: los enjambres de drones kamikaze mucho más baratos, fabricables en masa y capaces de saturar defensas enemigas. El dron LUCAS nació precisamente para eso. Cada unidad cuesta apenas una fracción de un Tomahawk y puede lanzarse en grandes cantidades contra objetivos lejanos. 

Sobre el papel parecía la fórmula perfecta para la guerra moderna. El problema apareció cuando esos drones comenzaron a utilizarse masivamente contra Irán y Washington descubrió algo incómodo: el arma no depende solo del explosivo o del fuselaje, sino de la conexión satelital que la guía. Y esa conexión tiene dueño. SpaceX decidió entonces que el Pentágono estaba pagando demasiado poco por usar Starlink y Starshield en operaciones de combate reales.

Lucas Drone Starlink Spacex
Lucas Drone Starlink Spacex

Elon Musk controla una pieza crítica. La disputa que ha desvelado en exclusiva Reuters revela hasta qué punto el ejército estadounidense se ha vuelto dependiente de SpaceX. Los drones LUCAS utilizan terminales Starshield para comunicarse, coordinar ataques y operar a enormes distancias. Sin esa red espacial, buena parte de las capacidades avanzadas del sistema simplemente desaparecen. 

El Pentágono argumentaba que los drones solo utilizaban la conexión durante minutos u horas y que pagar 25.000 dólares por terminal era absurdo para un aparato kamikaze relativamente barato. SpaceX respondió que el uso militar real se parecía más a un servicio aeronáutico premium que a una conexión terrestre convencional. El resultado fue surrealista: el coste de la conectividad casi duplicó el precio operativo de algunos drones diseñados precisamente para ser baratos.

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La paradoja de la guerra autónoma. El caso expone una contradicción enorme en la revolución militar actual. Los ejércitos quieren armas autónomas, baratas y masivas, pero esas plataformas dependen cada vez más de infraestructuras extremadamente complejas y concentradas en pocas manos privadas. Los nuevos enjambres de drones estadounidenses necesitan transmitir datos, compartir objetivos, coordinarse y recibir órdenes en tiempo real a miles de kilómetros. 

Eso obliga a utilizar redes orbitales gigantescas capaces de mantener cobertura global permanente. Hoy ninguna empresa ofrece algo comparable a Starlink. SpaceX controla más del 60% de todos los satélites operativos del planeta y se ha convertido en una capa crítica de las comunicaciones militares occidentales. El Pentágono empieza a descubrir que la verdadera ventaja estratégica no está solo en fabricar drones baratos, sino en quién posee el cielo que conecta esas máquinas.

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Ucrania y el peligro. La guerra de Ucrania llevaba tiempo advirtiendo sobre este problema. Starlink se convirtió allí en un elemento esencial para las operaciones ucranianas y rusas, y también en una fuente constante de tensiones políticas y militares. En algunos momentos, restricciones impuestas por SpaceX afectaron operaciones concretas y dejaron claro algo incómodo para Washington: una empresa privada podía alterar el funcionamiento de sistemas militares en plena guerra. 

Ahora el escenario se repite con Irán, pero de una forma todavía más delicada porque el propio Pentágono negocia directamente las tarifas mientras desarrolla armas que dependen completamente de esa infraestructura orbital. Incluso pruebas navales estadounidenses quedaron paralizadas anteriormente tras apagones globales de Starlink que dejaron drones marítimos flotando sin conexión.

La nueva industria militar. Recordaban en TWZ que, durante décadas, el poder militar estadounidense dependió principalmente de gigantes clásicos de defensa como Lockheed Martin, Boeing o Raytheon. SpaceX ha cambiado completamente ese equilibrio. La empresa no solo lanza cohetes o fabrica satélites, controla redes de comunicación globales, infraestructuras orbitales, sistemas de datos y tecnologías que empiezan a ser imprescindibles para la guerra autónoma. 

Eso le otorga una posición de fuerza inédita frente al gobierno estadounidense. A diferencia de los contratistas tradicionales, SpaceX tiene además un enorme negocio comercial independiente y no depende exclusivamente del Pentágono. De hecho, algunos analistas ya describen la situación con crudeza: Estados Unidos tiene a SpaceX “agarrándolo por el cuello” porque no existe hoy una alternativa comparable capaz de ofrecer cobertura global similar a costes razonables.

La guerra pasa por el espacio. Lo importante posiblemente sea que la discusión apenas acaba de empezar. Los drones LUCAS son solo una pieza inicial de una transformación militar mucho más profunda donde enjambres autónomos, sistemas orbitales y redes de inteligencia artificial funcionarán como un único ecosistema conectado. El Pentágono quiere que futuros drones puedan cooperar entre sí, adaptarse automáticamente al combate y atacar objetivos con mínima supervisión humana.

Pero cuanto más sofisticados se vuelvan esos sistemas, más dependerán de conexiones permanentes de alta capacidad. Y eso convierte al espacio en el auténtico centro de gravedad de la guerra moderna. La gran ironía es que Estados Unidos diseñó drones baratos para evitar gastar millones en cada misil y ha terminado descubriendo que el coste estratégico más importante quizá no esté en el arma, sino en quién cobra por mantenerla conectada.

Imagen | CENTCOM, Official SpaceX Photos

En Xataka | EEUU ha recordado lo que hizo en la Segunda Guerra Mundial y ha presentado a LUCAS: una copia del arma rusa más letal

En Xataka | Irán lleva años fabricando los drones kamikaze más efectivos y destructivos del mundo. EEUU los ha plagiado para bombardearle

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Algo extraño ocurrió en el interior de la Tierra en 2011 y 27 años de datos no han resuelto el misterio

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En 2011, unos científicos observaron un cambio inesperado en el flujo del hierro y níquel fundidos que compone el núcleo terrestre externo. Si bien el flujo de su superficie se mueve normalmente hacia el oeste, se detectó que se estaba desplazando justo hacia el este. Era algo totalmente inusual y misterioso. A raíz de esa observación, se puso en marcha un estudio cuyos resultados se han publicado recientemente. El objetivo era conocer los motivos, pero ahora hay solo unas cuantas certezas y todavía muchas dudas.

27 años de observaciones. En este estudio se analizaron de forma retrospectiva 27 años de comportamiento del núcleo terrestre, entre 1997 y 2025. El núcleo no puede observarse directamente. Sin embargo, su comportamiento influye directamente en el del campo magnético terrestre. Por eso, las fluctuaciones en uno pueden detectarse en el otro mediante observaciones satelitales. Se vio que, si bien el núcleo externo de la Tierra se mueve normalmente hacia el oeste, hubo una parte del mismo que pasó de un flujo débil hacia el oeste en 2010 a uno mucho más fuerte hacia el este en 2012. Permaneció así hasta 2020 y ahora parece que se está empezando a debilitar otra vez. 

Tres opciones. Cuando se detectó este cambio de movimiento en 2011 se pensó que podía deberse a tres motivos. Por un lado, podría ser una fluctuación puntual. Por otro, es posible que forme parte de una oscilación periódica. Y, finalmente, podría deberse a una forma de establecer un equilibrio en la circulación del núcleo. Lo único que vemos de momento con las observaciones satelitales es que el cambio fue progresivo. La modificación de comportamiento se inició en 2010 y fue ya muy clara en 2012. En 2011, cuando se observó, estaba en plena transición.

Otras observaciones simultáneas. Al analizar los datos de ese periodo se vio que, coincidiendo con ese cambio de sentido, también hubo algunas señales sísmicas que concuerdan con las fechas. Incluso se han detectado sacudidas geomagnéticas que se corresponden con una actividad turbulenta en el núcleo terrestre.

No es un remolino. Este cambio de sentido no se ha producido en todo el núcleo. Para empezar, el núcleo terrestre consta de dos partes: la interna y la externa. La interna está sometida a tanta presión que los metales se encuentran en estado sólido a pesar de las altas temperaturas. En cambio, en la parte externa sí que se encuentran en estado líquido y, por lo tanto, en movimiento. Aun así, tampoco fue todo el núcleo externo el que cambió su movimiento. Se corresponde con una región específica, ubicada bajo el océano Pacífico. 

Podría verse como un remolino, pero estos científicos han concluido que no, pues el movimiento forma parte de una estructura más grande y ondulada. Algo así como si una sección completa de esta parte del núcleo se empezase a mover de golpe en contra de lo previsto.

Por qué es importante. El movimiento del metal fundido del núcleo genera corrientes eléctricas, que a su vez dan lugar a un campo geomagnético que se extiende hacia el espacio. Por eso, gracias al movimiento del núcleo terrestre tenemos todo un escudo magnético alrededor de la Tierra que protege nuestra atmósfera de la erosión que le causarían las partículas procedentes de los vientos solares. Que este núcleo cambie su movimiento no es peligroso. No nos vamos a quedar sin atmósfera, pues el núcleo sigue ahí. 

Sin embargo, entender sus fluctuaciones puede ayudarnos a entender también las fluctuaciones del campo magnético. Este no solo protege la atmósfera de la erosión. También nos ayuda a mantener alejadas buena parte de las partículas que podrían afectar a nuestros sistemas de telecomunicaciones. Por eso, entender cómo funciona este escudo nos puede ayudar a prevenir esos eventos más extremos que sí llegan a causar algunos estragos tecnológicos. Esa es la razón por la que, si bien este estudio nos ha dado muchos datos interesantes, aún no es suficiente. Hay que seguir monitorizando el núcleo terrestre a qué se debió esta anomalía de 2011. 

Imagen | ESA

En Xataka | Los telescopios Webb y Hubble observaron a la vez las auroras de Júpiter. El problema es que no vieron lo mismo

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