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Qué posibilidades hay de que Artemis II despegue rumbo a la Luna el 7 de febrero y todo lo que la NASA debe validar antes
Desde la misión Apolo 17, en diciembre de 1972, los humanos no hemos vuelto a la Luna. Han pasado 53 años desde aquel último viaje tripulado al satélite, pero eso podría cambiar pronto con Artemis II. Eso sí, no será un regreso para plantar una bandera y caminar sobre la superficie, como hicieron Eugene A. Cernan y Harrison H. “Jack” Schmitt. Para volver a pisar la Luna (si el programa sigue según lo previsto) todavía habrá que esperar a Artemis III. Lo que Artemis II plantea es otra cosa: un sobrevuelo lunar tripulado, una misión de validación a gran escala y un retorno a la Tierra tras poner a prueba una larga lista de sistemas críticos.
La tecnología ha cambiado desde los años setenta, y eso hace que esta misión tenga algo especial: no solo por lo que representa a nivel simbólico, sino por lo que implica a nivel técnico. Artemis II es, en la práctica, el examen final antes del alunizaje. Y de ahí la pregunta inevitable: ¿cuándo se lanza? Como suele ocurrir en el sector espacial, no basta con fijar una fecha en el calendario. La ventana depende de una combinación de factores operativos, logísticos y meteorológicos, y el margen de maniobra es más limitado de lo que parece.
Artemis II se juega todo en unas ventanas muy concretas
El primer concepto que conviene tener claro es el de ventana de lanzamiento: el intervalo de tiempo durante el cual una misión concreta puede despegar. En el caso de Artemis II, la NASA ya ha publicado un calendario con 16 oportunidades distribuidas entre febrero y abril. La primera arranca el viernes 6 de febrero a las 21:41 (hora del Este de EEUU), que en la España peninsular se traduce el sábado 7 a las 03:41 de la madrugada.

Calendario de ventanas de lanzamiento de Artemis II para principios de 2026
Y esas fechas no están puestas al azar. Artemis II exige una coreografía orbital milimétrica: una trayectoria de sobrevuelo lunar, una inyección translunar con márgenes estrechos, un retorno libre aprovechando la gravedad del satélite y un perfil de reentrada que priorice seguridad y tolerancia a fallos. Con semejante nivel de exigencia, lo raro sería disponer de un calendario amplio y flexible. En la práctica, estas misiones se mueven siempre dentro de oportunidades de lanzamiento bastante acotadas.

Calendario técnico de Artemis II: apertura de cada ventana, horario local y UTC, y duración de cada oportunidad de lanzamiento
Pero el calendario orbital no es el único cuello de botella. El propio complejo de lanzamiento impone restricciones relevantes. En el 39B, el mismo desde el que despegó el Saturno V, los tanques esféricos empleados para almacenar propelente criogénico permiten un número limitado de intentos. El oxígeno líquido y el hidrógeno líquido se cargan en la etapa central y la etapa superior el mismo día del lanzamiento. Y si el despegue se cancela, no se puede volver a probar al día siguiente como si nada: hay que esperar al menos 48 horas para intentar de nuevo el proceso.

Jeremy Hansen, Victor Glover, Reid Wiseman y Christina Hammock Koch, junto a la cápsula Orión en el Centro Espacial Kennedy (8 de agosto de 2023)
Si hoy se habla de un lanzamiento cercano es porque la misión ya ha ido cerrando hitos importantes. El cohete SLS y la cápsula Orión ya están en la plataforma de lanzamiento. Llegaron el pasado 17 de enero tras un traslado lento, de unas 12 horas, desde el Edificio de Ensamblaje de Vehículos. A partir de ahí, los equipos comenzaron las tareas de conexión e integración con las instalaciones terrestres, un trabajo tan poco vistoso como determinante para que los siguientes pasos puedan avanzar sin sobresaltos.
El gran punto marcado en rojo en el calendario es el “Wet Dress Rehearsal (WDR)”, el ensayo general de carga de combustible. Es, básicamente, una simulación completa del día del lanzamiento. El equipo se posiciona como si fuese el despegue real y ejecuta el procedimiento de llenado con el mismo nivel de detalle: se cargarán unos 2,7 millones de litros de propelentes criogénicos, entre oxígeno líquido e hidrógeno líquido, siguiendo el cronograma que se utilizará en el lanzamiento definitivo. Eso sí, los motores RS-25 no llegarán a encenderse: el ensayo se detendrá antes de esa fase.

El Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB) de la NASA en el Centro Espacial Kennedy, Florida
La NASA ha explicado en un comunicado reciente que planea realizar esta prueba el sábado 31 de enero. También asegura que los preparativos van según lo esperado y que incluso han logrado adelantar algunas tareas. Pero aquí la experiencia pesa: el WDR de Artemis I, inicialmente previsto para abril de 2022, se topó con dificultades y no se completó con éxito hasta junio. Aquel retraso acabó afectando de forma directa al calendario del lanzamiento, y es un recordatorio de que, en este punto, cualquier detalle cuenta.
Por eso, a estas alturas, el escenario todavía admite varios giros. Si aparece algún problema durante el WDR, la NASA podría optar por posponerlo, repetirlo o incluso organizar ensayos adicionales. También existe la posibilidad de que, tras completar la prueba, decida trasladar el SLS y Orión de vuelta al Edificio de Ensamblaje de Vehículos para ejecutar trabajos adicionales antes de volver a la rampa.
Si el WDR se completa correctamente, el siguiente paso será una revisión de preparación de vuelo a principios de febrero. En esa reunión, el equipo de gestión evaluará la disponibilidad de todos los sistemas implicados: hardware de vuelo, infraestructura terrestre y equipos de lanzamiento, vuelo y recuperación. Solo después de superar esa revisión se anunciará una fecha oficial.
Con todo esto sobre la mesa, el primer slot del 6 de febrero (ya 7 de febrero en la península por la diferencia horaria) aparece como la primera gran oportunidad real. Pero que exista no significa que vaya a usarse. Incluso con todo alineado, la NASA podría decidir saltar directamente a uno de los siguientes huecos previstos en el calendario. La buena noticia es que, una vez se ejecute el WDR, tendremos un mapa mucho más claro de lo que puede ocurrir.
Y todavía queda el factor que más veces ha roto planes perfectos: el tiempo. En un lanzamiento de este tipo, el clima no es un matiz, es un filtro. Las reglas son estrictas y no permiten operar con riesgo de rayos, precipitación, granizo o vientos excesivos. Además, se deben monitorizar temperaturas extremas, actividad solar y la presencia de nubes con carga eléctrica o tormentas en la trayectoria de vuelo. La prioridad es siempre la seguridad. Y todo esto coincide, precisamente, con un escenario meteorológico especialmente adverso: el frío está azotando a Estados Unidos y las previsiones apuntan a temperaturas más bajas de lo normal incluso en Florida.
Imágenes | NASA
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son perfectos si buscas ahorrar y recortar una suscripción
Spotify, HBO Max y Apple TV son solo tres de las suscripciones que pago religiosamente todos los meses. Aquí ocurre lo de siempre: una sola cuesta poco, pero cuando empiezas a sumarlas, el gasto mensual duele en el bolsillo. Por eso mismo, llevo un tiempo pensando en recortar alguna suscripción, pero es difícil porque, aunque parezca que no, las uso todas. Entonces, la solución es buscar una suscripción dos en uno que me permita quitar al menos una de ellas.
Esto es algo complicado en las plataformas de streaming, aunque no tanto en herramientas que uso en mi día a día. Tengo un almacenamiento en la nube y una VPN desde hace tiempo por separado, pero, ¿por qué no coger un servicio que incluya ambas cosas? Por eso mismo, son tres los servicios que cumplen con esto y me han convencido.
Internxt
La primera opción que incluye ambos servicios es Internxt, una compañía de origen español. Es un servicio de almacenamiento en la nube seguro con cifrado de extremo a extremo, por lo que ni la propia compañía puede acceder a tus datos. Además, es de código abierto, así que cualquier persona puede auditarlo a través de GitHub, lo que garantiza su transparencia.
Sus tres planes incluyen almacenamiento y VPN. El más barato parte de los 9,99 euros al mes, aunque si usamos el código ‘XATAKA’, el primer mes nos saldrá por solo 1,57 euros. A cambio, tendremos 1 TB de almacenamiento en la nube, VPN cifrada y, de paso, antivirus.
NordVPN
Con NordVPN vamos en sentido contrario: es una VPN que incluye almacenamiento en la nube en alguno de sus planes. Es una de las mejores VPN que hay actualmente, ofreciendo un servicio que, además de muy seguro, también es rápido y con más de 9.400 servidores repartidos por todo el mundo. Además, con una sola cuenta, puedes tener VPN en hasta 10 dispositivos.
Para poder tener almacenamiento en la nube con NordVPN, es necesario que elijamos el plan ‘Completo’ o el plan ‘Ultra’. El primero es el más económico e incluye, además de 1 TB de almacenamiento en la nube, gestor de contraseñas y protección contra llamadas fraudulentas. Si cogemos su plan mensual, el precio es de 18,19 euros, aunque la forma más económica a largo plazo es elegir su plan de 24 meses: de esa forma, al mes solo nos costará 4,79 euros.
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Proton
Para terminar, tenemos Proton. Es otro servicio europeo que tiene varias herramientas diferentes como correo, VPN o almacenamiento en la nube, entre otras. Tenemos la posibilidad de contratar algunos de estos por separado, pero en este caso la suscripción que nos interesa es Proton Unlimited. ¿Por qué? Porque, básicamente, es un servicio que lo engloba todo.
Esta suscripción incluye, además de una VPN (que también es considerada como una de las mejores), 500 GB de almacenamiento en la nube, la posibilidad de tener hasta 15 direcciones de correo electrónico cifradas, gestor de contraseñas e incluso herramientas de ofimática para crear y editar documentos de texto u hojas de cálculo. Su precio es 12,99 euros al mes, aunque si elegimos su suscripción anual, el precio baja a 9,99 euros al mes.
Algunos de los enlaces de este artículo son afiliados y pueden reportar un beneficio a Xataka. En caso de no disponibilidad, las ofertas pueden variar.
Imágenes | Štefan Štefančík, Internxt, Proton, NordVPN
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Por algún motivo que nadie termina de descifrar, Madrid se ha empeñado en tener la noria más grande del mundo
La Ain Dubái es una noria de 250 metros de altura situada en la isla Bluewaters, en Emiratos Árabes Unidos (EAU), lo que la convierte en la más grande del planeta. Al menos de su tipo. A modo de referencia, el famoso London Eye ronda los 135 m. Sin embargo, el reinado de la meganoria dubaití podría no durar mucho tiempo. Un grupo de inversores españoles se ha propuesto levantar en Madrid una estructura similar de 260 m, una pieza única que redefiniría el skyline de la ciudad. Incluso le han puesto nombre ya: Torre Panorama.
Lo más curioso no es el proyecto en sí, sino el empeño de Madrid en sacarlo adelante contra viento y marea.
¿Una meganoria en Madrid? Así es. Y si has seguido la crónica madrileña del último lustro sabrás que no es un proyecto exactamente nuevo. Sus orígenes pueden remontarse como mínimo a marzo de 2020, cuando la por entonces vicealcaldesa Begoña Villacís desveló que el Ayuntamiento estaba trabajando para dotar a Madrid de la mayor noria de Europa.
Aunque Villacís llegó a reunirse con una empresa interesada en el proyecto, la pandemia y los cambios políticos (la dirigente formaba parte de C´s, grupo que se quedó fuera del Consistorio en 2023) hicieron que la meganoria se quedase en el cajón. Desde entonces el tema ha caldeado el debate político e incluso se ha hablado de diferentes ubicaciones para la estructura, incluido Madrid Río y el parque Tierno Galván, aunque sin convertirse en una prioridad real.
¿Qué ha cambiado? Que el proyecto parece haber ganado oxígeno. Eso es lo que se desprende de una exclusiva publicada hace unos días por El Mundo en la que se revelan unas cuantas novedades sobre la futura Torre Panorama.
Según precisa el diario, el proyecto cuenta con el apoyo de la organización Madrid Foro Empresarial y parece haber despertado el interés de un grupo inversor con capital español que, si bien ha optado por permanecer en el anonimato, estaría dispuesto a poner fondos para levantar la noria. No es un detalle menor si se tiene en cuenta que El Mundo habla de que la inversión rondaría los 300 millones.
¿Es la única novedad? No. De hecho lo anterior ni siquiera es lo más importante. La auténtica novedad es que la meganoria ha encontrado un nuevo horizonte. Si bien en los últimos meses el debate se había centrado en su posible ubicación en el parque Tierno Galván, ahora sus promotores miran hacia otra zona de la ciudad: el futuro desarrollo de Madrid Nuevo Norte. Para ser más precisos, el foco se centra en una parcela municipal que acoge las cocheras de la EMT y queda no muy lejos de las ‘Cuatro Torres’ de Madrid.
¿Tan importante es? Sí. Que los promotores apuesten ahora por Madrid Nuevo Norte es importante por varias razones. Primero, por lo que representaría para ese nuevo desarrollo urbanístico de Madrid, que aspira a convertirse en uno de los grandes polos financieros, tecnológicos y empresariales de Europa. Segundo, porque, si Torre Panorama sale finalmente adelante y la meganoria se convierte en un nuevo icono turístico, ayudaría a descongestionar el centro.
¿Qué pasa con la anterior ubicación? La elección de Madrid Nuevo Norte supondría renunciar también al parque Tierno Galván, una ubicación que resultaba polémica por el rechazo de los vecinos de Arganzuela al proyecto. De hecho llegaron a reunir 15.000 firmas en contra de la meganoria.
De momento el Consistorio solo ha reconocido que está “abierto a estudiar la viabilidad técnica” de una noria, aunque aún no ha recibido ninguna propuesta “formal”. Sobre la posibilidad de levantarla en la parcela que empleó en su día la EMT, recordó que su uso es “dotacional”, por lo que “podría destinarse” a ese fin.
¿Sabemos algo más? Sí. Más allá de su tamaño o ubicación, uno de los detalles que más llama la atención del proyecto es el empeño que están poniendo sus promotores en sacarlo adelante. Incluso replanteándose ubicaciones. En 2020, cuando se habló por primera vez del tema, se apuntaba a Madrid Río. Incluso se deslizó que la idea había atraído a la firma Circular View, que antes ya había intentado sin éxito promover una estructura similar en Valencia. Años después el foco pasó a centrarse en Tierno Galván.
La ubicación sonó de hecho con tanta fuerza que en agosto de 2024 el Ayuntamiento llegó a contratar un estudio geotécnico para aclarar si el parque presenta las características necesarias para acoger una estructura de ese calibre. Sus resultados se desvelaron hace unos meses, en marzo. Y aunque el cambio de ubicación ha hecho que pierdan interés, nos ayudan a entender mucho mejor las dimensiones de la noria.
¿Y cómo será? Según la información recogida en ese estudio, replicada hace unos días por El Mundo, la noria mediría hasta 260,4 m de alto, el equivalente a un piso de 62 plantas. Con semejante tamaño superaría holgadamente a la Torre de Cristal (249 m) y se convertiría en el edificio más alto de Madrid y España. También superaría con creces al Ain Dubái.
La construcción se asentaría sobre una superficie de 800 m2 y, en vez de tener la estructura tradicional del London Eye o Ain, se levantaría como una “torre noria”, con tiendas, zonas comerciales, espacios de ocio y un mirador panorámico. El objetivo: dotar a Madrid de su propia ‘Torre Eiffel’.
Imágenes | Ayuntamiento de Madrid y Wikipedia
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La reforma de la Seguridad Social ha abierto la puerta a trabajar más años. La de la jubilación anticipada seguirá medio cerrada
La Seguridad Social está empujando a quienes puedan seguir trabajando a retrasar su jubilación lo máximo posible, pero se resiste a modificar una de las normas más discutidas del sistema: la penalización en la pensión de quienes se jubilan antes de tiempo, incluso cuando estos acumulan más de 40 años cotizados.
La reforma de la jubilación flexible contemplada en el Real Decreto 416/2026 entrará en vigor el 28 de agosto, poniendo en marcha la estrategia del Gobierno para alargar la vida laboral de los trabajadores y contener el gasto en pensiones.
Qué cambia con la reforma. La nueva regulación de la jubilación flexible busca que más personas alarguen todo lo posible su vida laboral de forma voluntaria y puedan compatibilizar parte de su pensión con un salario, algo que no permitía la actual normativa.
La idea no es obligar a nadie a seguir trabajando más allá de la edad legal de jubilación, sino ofrecer más incentivos para que quien pueda y quiera hacerlo, continue trabajando. La persona que ya está jubilada, en vez de dejar de trabajar por completo, puede hacerlo a jornada parcial. A cambio, cobrará un salario por su jornada y un complemento de la parte proporcional de la pensión. De ese modo, alguien jubilado puede obtener mayores ingresos mientras sigua en activo, y volverá a recibir el 100% su pensión cuando deje de trabajar.
Es decir, que si alguien jubilado recibe una pensión de 1.000 euros, y por hacer un trabajo de 32 horas semanales (80% de una jornada completa) le van a pagar un salario de 1.000 euros, su pensión se recortará en esa proporción, pero la suma de salario (1.000 euros) y pensión (200 euros) le proporcionará mayores ingresos mensuales. La actual normativa obliga a elegir entre trabajar o recibir la pensión.
Poner trabas a la jubilación anticipada. La pirámide demográfica en España, en la que cada vez hay menos jóvenes para mantener el sistema de pensiones y una mayor esperanza de vida, ha obligado a los sucesivos gobiernos a tomar medidas para alargar al máximo la vida laboral de los empleados para que sigan cotizando. Eso ha llevado a la ampliación de la edad de jubilación, que progresivamente se ha ido retrasando desde 2011 para pasar de los 65 a los 67 años en 2027.
La otra medida aprobada en la reforma de las pensiones de 2024 para desincentivar las jubilaciones anticipadas es aplicar unos coeficientes reductores a la pensión de jubilación, de forma que cuanto más anticipes la jubilación, menos pensión recibes a cambio.
Cotizar 40 años sin recompensa. Uno de los problemas que plantea la aplicación de coeficientes reductores es que aquellos trabajadores que ya sobrepasan el límite máximo de años cotizados necesarios para acceder a la jubilación ordinaria a los 65 (38 años y seis meses o más para 2027), no podrán jubilarse con antelación sin que les penalice, y terminen cobrando una pensión inferior que otros trabajadores con menos años cotizados.
Este colectivo ya se ha organizado bajo la asociación Asjubi40 y distintos grupos políticos con representación en el Congreso han realizado propuestas para eliminar este agravio a los trabajadores con largos periodos de cotización cuando quieren adelantar sus jubilaciones.
Tal y como publicaba El Independiente, los jubilados anticipados de forma voluntaria soportan un coeficiente reductor medio del 11,36% y perciben una pensión media de 2.002,58 euros mensuales, tras retirarse con 63 años y dos meses de edad media. En el caso de la jubilación anticipada involuntaria, la reducción media sube al 18,9%, la pensión media se sitúa en 2.100,42 euros mensuales y la edad media de retiro baja a 61 años y diez meses.
El coste inasumible de dejar de trabajar. La razón que esgrime el Gobierno para no eliminar estos coeficientes reductores es simple: quitar esas penalizaciones saldría caro. El Ejecutivo calcula un coste adicional de 3.358 millones de euros al año para la Seguridad Social si se eliminan los coeficientes reductores para quienes se jubilan de forma anticipada tras haber cotizado 40 años o más.
De esa cifra, 1.345 millones corresponderían a la jubilación anticipada voluntaria, y 2.013 millones a para aquellos jubilados de forma involuntaria, es decir, aquellos que se han visto afectados por ERE, cierres empresariales, causas de fuerza mayor u otros supuestos contemplados por la Ley General de la Seguridad Social.
La Seguridad Social no puede asumirlo. Pese a que España está registrando cifras de récord en cuanto a número de afiliados. Cerró 2025 con un déficit presupuestario de 5.580 millones de euros. De nuevo, estamos ante un récord por tratarse del menor déficit de los últimos 14 años, tal y como destacaba El Confidencial. Pero es un déficit, al fin y al cabo.
Sin embargo, la incorporación de aportaciones como el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), ha aportado, solo en 2026, 1.162,23 millones de euros al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, que alcanzó el pasado mes de marzo un importe total de 15.267 millones de euros.
Imagen | Pexels (Joaquin Carfagna)
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