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review con características, precio y especificaciones
De pequeño tuve una calculadora que no tenía pilas y se recargaba con luz solar o artificial. Aquello me parecía mágico, y años después la sensación es casi la misma al probar el Logitech Signature Slim Solar+ K980, un teclado con nombre tan largo como descriptivo (abreviaremos en adelante) y que tiene muchas luces (guiño, guiño) y pocas sombras.
Estamos ante un teclado que se presenta con una novedad fundamental: en lugar de utilizar baterías que recargamos con un adaptador USB, este modelo se recarga con sus celdas solares. El resultado es sorprendentemente convincente, aunque no está exento de algunas limitaciones. Una de ellas, importante.
Ficha técnica del Logitech Signature Slim Solar+ K980
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Logitech Signature Slim Solar+ K980 |
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Dimensiones y peso |
142,9 x 430,8 x 20,2 mm 700 g |
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Retroiluminación |
No |
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Indicadores luminosos |
Estado de batería, teclas Easy-Switch |
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Número total de teclas |
108 |
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Número de teclas programables |
23 |
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Botones y teclas especiales |
Tecla para iniciar la IA Tecla de acción Teclas de control de reuniones |
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Aplicación de configuración |
Logi Tune / Logi Options+ |
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Batería |
Batería recargable con luz solar o ambiental (>200 lux) Vida útil de la batería: 10 años |
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autonomía |
Hasta 4 meses con carga completa |
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Conectividad |
Logi Bolt USB-C (receptor no compatible con Unifying) Bluetooth Low Energy |
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Precio |
Logitech Signature Slim Solar+ K980 for Business, Teclado inalámbrico, Escritura discreta, Receptor Seguro, Bluetooth, Windows, Mac – Grafito – QWERTY
El precio podría variar. Obtenemos comisión por estos enlaces
Benditas células solares
Lo primero que sorprende del Logitech K980 no es el teclado, sino su embalaje. Una caja de cartón sencilla que al abrirse nos permite encontrarnos con tres cosas.


La primera, el teclado en sí, envuelto en una pequeña funda de fino material acolchado. La segunda, las instrucciones de uso impresas en las propia cubierta interior de la caja. Y la tercera, el receptor Logi Bolt USB-C, “insertado” en el centro del borde inferior de la caja.
En mi caso ni siquiera usé ese receptor: el teclado de Logitech incluye conectividad Bluetooth Low Energy, y comprobé rápidamente cómo ese estándar era perfectamente apto para comezar a usarlo con mi Mac mini M4. La detección del teclado es inmediata, y a partir de ahí comencé a usarlo sin prestar atención a algo que precisamente define este teclado.
Te olvidas de que necesita energía.
El teclado no se conecta a ningún cargador para alimentarlo o recargarlo, y tampoco usa pilas. Hace uso de una batería recargable interna que se recarga de una forma singular: mediante energía solar o incluso mediante luz ambiente.


Esa luz ambiente debe estar por encima de 200 lux, lo que significa que la habitación en la que se encuentre debe estar moderadamente iluminada. En una oficina o un aula, por ejemplo, la iluminación suele oscilar entre los 300 y los 500 lux. Logitech denomina a esta tecnología de carga LightCharge.
En mi caso no había tampoco ningún problema al respecto: una ventana a mi izquierda proporciona mucha luz ambiente, y la iluminación artificial, cuando tengo que usarla, también supera esos niveles, lo que hace que básicamente el teclado siempre esté cargado. De no estarlo, aparece un aviso mediante un pequeño LED en la parte superior derecha. También podemos comprobar el estado de la batería en la aplicación Logi Options+.


Así pues, lo más destacable y singular de este teclado es curiosamente algo a lo que ni siquiera prestas atención, porque es una tecnología casi invisible. Y eso es maravilloso, porque implica que salvo rarísimas excepciones jamás tendrás que volver a preocuparte por la batería de este teclado totalmente inalámbrico: no hay puertos de conexión que podamos usar para conectarlo a un equipo.
El teclado en acción
El Logitech K980 es un llamativo sucesor del K760, el teclado “solar” que Logitech lanzó hace más de una década. Estamos ante un producto que hace uso de teclas de perfil bajo (de ahí el “Slim” de su nombre y que cuenta con 108 teclas, de las cuales 23 son programables.


Así, tenemos etiquetas de teclas que permiten identificar rápidamente las teclas especiales de Windows y macOS (curioso que sí usan iconografía de macOS, pero no de Windows) e incluso tiene una tecla que permite “iniciar la IA” en la parte inferior izquierda, si queremos usar ese atajo. Esa tecla está asignada por defecto al lanzamiento de CoPilot en equipos Windows y al de Gemini en equipos con ChromeOS, pero podemos configurarla para que por ejemplo se abra ChatGPT o cualquier otro modelo.
Las teclas de la fila de función disponen de los tradicionales accesos a funciones rápidas (subir y bajar brillo y volumen, controlar reproducción multimedia, habilitar y deshabilitar cámara y micrófono, etc) pero se pueden programar con otro tipo de tareas.


Hay teclas programables especiales como la tecla con una gran “O” encima del teclado numérico que también permite programarse para lanzar una macro preconfigurada por el usuario. Aquí la personalización es notable, y es posible sacar mucho partido de estos accesos físicos.
La configuración de todos estos accesos y atajos se puede realizar con la aplicación Logi Options+, y además contamos con tres teclas que forman parte de la zona Easy Sitch en la parte superior derecha (encima de las teclas Insert-Inicio-Re Pág) con las que podremos alternar hasta tres dispositivos distintos para que el teclado pueda usarse en todos ellos fácilmente.


Estamos, eso sí, ante un teclado de membrana, y ese diseño de teclas en formato isla y de perfil bajo hace que se parezca mucho a la experiencia que tenemos en los teclados de portátiles.
El tacto de cada tecla es ligeramente rugoso, lo que evita que los dedos “resbalen” al pulsar sobre cada tecla, y el recorrido y presión necesarias son muy parecidos a esa experiencia portátil. Si os gustan ese tipo de teclados, os sentiréis como en casa. Si preferís la experiencia de un teclado mecánico, por supuesto, el tacto y recorrido de las teclas —y el sonido, casi nulo al usar el K980— es totalmente distinto.
La luz lo domina todo, pero nada de retroiluminación
Resulta irónico que la gran pega de este teclado esté precisamente en que aunque es la luz la que lo alimenta, no contamos aquí con el soporte de la retroiluminación.


Es una pega importante para aquellos que utilizan sus teclados en habitaciones y salas oscuras y gustan de tener esa referencia lumínica. El problema es que esa retroiluminación consume bastante batería, y en Logitech han decidido que la tecnología solar del K980 no era compatible con dicha opción.
Es una lástima, sobre todo porque eso redondearía un producto que por lo demás es especialmente recomendable.
Hay pequeños puntos en contra adicionales en este teclado, pero son menores: no hay soportes ajustables que permitan inclinar el teclado ni tampoco reposamuñecas, pero más allá de eso, el teclado tiene todo lo necesario para satisfacer las necesidades de casi cualquier usuario.
Logitech Signature Slim Solar+ K980, la opinion de Xataka
Así pues, el Logitech Signature Slim Solar+ K980 se sitúa como una interesante alternativa si queréis 1) olvidaros totalmente de los cables y 2) olvidaros de tener que recargar la batería con esos cables o con pilas recargables.
El único pero, como hemos comentado, está en esa falta de retroiluminación que puede suponer un obstáculo para algunos usuarios. Por lo demás, tenemos un teclado que destaca por esa recarga solar y desde luego por esa gran personalización a través de sus teclas programables.
Logitech Signature Slim Solar+ K980 for Business, Teclado inalámbrico, Escritura discreta, Receptor Seguro, Bluetooth, Windows, Mac – Grafito – QWERTY
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Imagen destacada | Xataka
Este dispositivo ha sido cedido para prueba por parte de Logitech. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.,++-
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El mundo depende del gas para producir alimentos. Paraguay cree tener la solución definitiva gracias a la represa de Itaipú
En medio de un escenario de alta tensión en Medio Oriente y rutas comerciales amenazadas, un proyecto en el corazón de Sudamérica promete cambiar las reglas del juego para la agricultura global. La empresa británica Atome ha dado la luz verde definitiva para la construcción de Villeta, una planta de fertilizantes en Paraguay valorada en 665 millones de dólares, que eliminará por completo el uso de combustibles fósiles en su producción.
Una cuestión de seguridad alimentaria. Como detalla Financial Times, la dependencia de la industria de los fertilizantes respecto al gas natural es un talón de Aquiles para la economía global. Tradicionalmente, la mayor parte del fertilizante nitrogenado se produce combinando nitrógeno del aire con hidrógeno extraído del gas natural. Sin embargo, Villeta utilizará electricidad renovable para separar el hidrógeno del agua (electrólisis).
Para Olivier Mussat, director ejecutivo de Atome, el enfoque del proyecto va mucho más allá de la sostenibilidad. “No es una historia ecológica, es en realidad una historia de seguridad alimentaria”, declaró en FT. La advertencia de Mussat no es menor, ya que entre una cuarta parte y un tercio de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados pasan por el Estrecho de Ormuz. Con los recientes conflictos, los envíos de gas han caído, elevando los precios y levantando alarmas sobre una posible crisis alimentaria. Para América Latina, una potencia agroexportadora pero altamente dependiente de fertilizantes importados, el proyecto funciona como una “cobertura estructural” contra la volatilidad geopolítica.
El hito financiero que observa Wall Street. Atome logró cerrar un paquete de financiamiento que incluye 420 millones de dólares en deuda y 245 millones en capital. Este respaldo proviene de prestamistas de desarrollo del calibre de la Corporación Financiera Internacional (IFC) y el Banco Europeo de Inversiones (BEI), junto con el fondo de inversión especializado en hidrógeno Hy24.
“Hemos demostrado que realmente se puede cerrar y financiar a escala industrial una instalación de fertilizantes verdes. Nunca se había hecho antes”, aseguró Mussat. Por su parte, Pierre-Etienne Franc, director ejecutivo de Hy24, explicó a la prensa que tener fuentes de energía baratas y no fósiles ofrece “una ruta hacia el fertilizante verde que va a ser localizada”, independizando a la industria de los precios de las materias primas dictados por el gas natural.
La viabilidad técnica. Históricamente, el hidrógeno verde ha sido demasiado costoso para competir con su contraparte fósil. Sin embargo, la ventaja competitiva de Paraguay cambia la ecuación. La planta Villeta operará con electrolizadores a gran escala alimentados por la represa hidroeléctrica de Itaipú (compartida entre Paraguay y Brasil). Según las proyecciones de la empresa, los costos de electricidad rondarán apenas los 30 dólares por megavatio-hora bajo un acuerdo a largo plazo.
Esta viabilidad técnica y económica fue suficiente para convencer al gigante noruego de los fertilizantes, Yara International, de firmar un contrato vinculante de 10 años para comprar la totalidad de la producción de la planta, estimada en unas 260.000 toneladas anuales, un detalle exhaustivamente cubierto por la prensa industrial.
La mirada desde Asunción. Durante décadas, Paraguay ha exportado a precios muy bajos su excedente de energía generada en Itaipú hacia sus vecinos, Brasil y Argentina. Para la prensa local, la instalación de Atome representa un cambio de paradigma histórico. Significa tomar esa energía limpia y utilizarla dentro del territorio nacional para generar empleos locales y producir un bien con alto valor agregado.
Aunque Villeta representará menos del 1% del mercado global de fertilizantes nitrogenados cuando comience a producir en 2029, sus patrocinadores y los observadores del mercado coinciden en algo fundamental: si el modelo paraguayo funciona, podría convertirse en la plantilla definitiva para liberar a la agricultura mundial de su dependencia de los combustibles fósiles.
Imagen | Atome
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es la entrada secreta al lugar más seguro de EEUU
En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, el presidente Franklin D. Roosevelt mandó construir bajo la Casa Blanca un refugio secreto con muros de hormigón y puertas de acero, un espacio pensado para desaparecer de la superficie en cuestión de segundos si Washington era atacada. Durante décadas, aquel lugar apenas apareció en documentos oficiales y su existencia se movió entre rumores y relatos fragmentarios. Pero la idea que dejó aquel proyecto sigue siendo inquietante: en ciertos edificios, lo más importante nunca está a la vista.
Un edificio que esconde mucho más. La Casa Blanca siempre ha sido un ejemplo de arquitectura donde la apariencia engaña, con un diseño que oculta bajo su superficie una compleja red de espacios técnicos y de seguridad desarrollados durante décadas.
Esa lógica se mantiene en la mayor reforma planteada hasta ahora, que no solo transforma su silueta visible, sino que aprovecha la oportunidad constructiva para intervenir en lo que nunca se ve. Como ha ocurrido en otras grandes remodelaciones del complejo, el verdadero alcance del proyecto se mide más bajo tierra que en lo que sobresale sobre el césped.
De salón de baile a infraestructura estratégica. El nuevo salón proyectado, de unos 90.000 metros cuadrados y capacidad para mil personas, se presenta oficialmente como una solución a la falta de espacio para grandes eventos dentro del recinto presidencial.
Sin embargo, desde el inicio ha estado ligado a un argumento de seguridad, especialmente tras los incidentes recientes que han puesto en evidencia las limitaciones de sedes externas como por ejemplo hoteles. La idea no es solo concentrar actos en un entorno controlado, sino integrarlos dentro de un espacio diseñado desde cero con criterios de protección avanzada.

El presidente Trump le mostró una maqueta del nuevo ala este proyectada al primer ministro australiano Anthony Albanese el 20 de octubre de 2025
La arquitectura como excusa. El elemento clave del proyecto apunta a que no está en la sala en sí, sino en lo que permite construir debajo de ella. Diversas declaraciones oficiales han descrito el salón como una estructura que “cubre” un complejo mucho mayor, diseñado con materiales resistentes a explosiones, sistemas antidrón y comunicaciones seguras.
Este enfoque responde a una lógica conocida en la propia Casa Blanca a lo largo de la historia: aprovechar cualquier obra en superficie para ampliar o modernizar infraestructuras subterráneas sin alterar en exceso el conjunto histórico visible.

Maqueta del ala este/salón de baile propuesta de la Casa Blanca (fotografía publicada por la Casa Blanca el 22 de octubre de 2025)
El heredero del búnker más seguro de EEUU. Recordaba hace unos días Time que bajo el ala este demolida se encontraba el Presidential Emergency Operations Center, el histórico búnker construido durante la Segunda Guerra Mundial y ampliado en sucesivas reformas.
Este espacio, concebido como refugio y centro de mando en caso de crisis, ha evolucionado con cada generación para adaptarse a nuevas amenazas, desde la guerra nuclear hasta el terrorismo. La reforma actual apunta a sustituirlo por una versión más avanzada, manteniendo su función como el punto más seguro del país en situaciones extremas.

El vicepresidente Dick Cheney con altos funcionarios en el Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia el 11 de septiembre de 2001
Un complejo más allá de un simple refugio. Los planes conocidos describen una instalación que combina múltiples funciones en un mismo núcleo subterráneo. Se incluyen refugios reforzados, instalaciones médicas, sistemas de bioseguridad y centros de comunicaciones de alta seguridad capaces de sostener el funcionamiento del gobierno en condiciones críticas.
Desde esa perspectiva, más que un búnker tradicional, se trata de un entorno preparado para operar durante crisis prolongadas, integrando capacidades militares y civiles en un mismo espacio protegido.


Entre legalidad, patrimonio y seguridad. Es uno de los grandes debates de la nación en estos momentos, porque el proyecto ha generado un conflicto jurídico y político significativo al plantear hasta qué punto un presidente puede transformar la Casa Blanca sin aprobación del Congreso.
Mientras grupos de preservación denuncian la demolición del ala este y el impacto sobre el patrimonio histórico, la administración defiende que la obra es imprescindible para la seguridad nacional. Los tribunales han optado por una solución intermedia, bloqueando parcialmente la construcción visible mientras permiten avanzar en los elementos considerados críticos para la protección.
El momento perfecto. Qué duda cabe, el reciente incidente de seguridad en un evento oficial ha servido como argumento para reforzar la urgencia del proyecto por parte de la administración, al evidenciar las vulnerabilidades de los espacios externos.
Desde esta perspectiva, el nuevo salón no solo responde a una necesidad logística, sino a un cambio en la forma de gestionar la seguridad presidencial. La combinación de evento y protección en un mismo lugar se presenta como una solución que evita depender de entornos menos controlados.
La entrada discreta al lugar más seguro. En conjunto, la polémica reforma apunta a redefinir la Casa Blanca como una estructura dual donde lo visible cumple una función representativa y lo oculto concentra el verdadero núcleo de poder y seguridad.
El nuevo salón de baile actúa así como la pieza arquitectónica que, llegado el caso, permite dar acceso, cobertura y sentido a una infraestructura subterránea mucho más ambiciosa. Quizás por ello, más que una ampliación estética o funcional, el proyecto se entiende como una puerta discreta hacia el espacio mejor protegido de Estados Unidos, un búnker anti todo donde se garantiza la continuidad del gobierno en cualquier escenario imaginable.
Imagen | White House, National Archives
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no necesitaron ni reyes ni nobles para construirlas
Hace cuatro mil años, en las llanuras centrales de China, una comunidad de unas quinientas personas construyó algo que nos ha costado milenios descubrir: una red de tuberías de cerámica período Longshan enterrada bajo sus calles. No son las tuberías más antiguas de la historia de la humanidad (ese honor corresponde al Templo de Bel en Nippur y en Eshnunna en Mesopotamia), pero sí las de China.
Encontrar una red de drenaje tan antigua y completa es un hito desde el punto de vista arquitectónico, pero el hallazgo va un paso más allá: demuestra que la preparación frente a desastres naturales es algo verdaderamente de toda la vida. Porque las tuberías del yacimiento de Pingliangtai se construyeron a prueba de monzones.
El hallazgo. El paper publicado en Nature Water describe los resultados de la excavación y un estudio geoarqueológico de las infraestructuras de gestión hídrica, que revelan la operación y el mantenimiento de un sistema de drenaje de agua de lluvia a dos niveles bien planificado y regulado. En el primer nivel había zanjas domésticas individuales que recogían el agua de cada vivienda y en el segundo una red de tuberías de cerámica enterrada bajo los caminos y junto a las murallas, encargada de canalizar el agua al exterior del núcleo urbano.
El funcionamiento es sorprendentemente actual: cada segmento de tubería medía entre 20 y 30 centímetros de diámetro y entre 30 y 40 centímetros de longitud y se ensamblaban entre sí gracias a un rebaje en un extremo, de modo que una vez unidas permitían transportar el agua a largas distancias.
Por qué es importante. La relevancia del hallazgo tiene dos dimensiones, la técnica y la social:
- La red de tuberías de Pingliangtai es el drenaje urbano más antiguo y completo descubierto hasta la fecha en China, convirtiéndolo en un referente para entender la ingeniería hídrica del Neolítico en Asia Oriental.
- Pone en entredicho el “despotismo hidráulico” teorizado por Karl Wittfogel: históricamente se asociado este tipo de infraestructuras a estados centralizados con élites gobernantes capaces de acometerlo, pero en Pingliangtai no hay evidencia de palacios de nobles o grandes desigualdades sociales, lo que sugiere que esta red de alcantarillado se creó mediante cooperación de la comunidad.
Contexto. El período Longshan abarcó aproximadamente del 2600 al 2000 a.C. Hace unos 4.000 años, la región de las llanuras centrales de China sufría un clima monzónico extremadamente variable: los monzones de verano podían descargar 45 centímetros de lluvia al mes en la región, como queda constancia en las evidencias geológicas de episodios de lluvias catastróficas. Esas inundaciones estacionales constituían toda una amenaza para los asentamientos permanentes, así que en ese periodo de transición entre el Neolítico tardío y la temprana Edad del Bronce los poblados empezaron a construir muros defensivos, no solo contra enemigos, sino contra el agua.
Pingliangtai era una ciudad amurallada perfectamente cuadrada que albergaba a unas 500 personas y que contaba con murallas protectoras y un foso a su alrededor. Se ubica en la llanura del Alto Río Huai, en la vasta llanura de Huanghuaihai, precisamente en esa región de China. El sistema de drenaje fue la solución técnica a un problema existencial: cómo habitar una zona inundable sin que las viviendas de adobe se disolvieran con cada tormenta.
Con el mantenimiento “al día”. La datación de las tuberías apunta a que tienen entre 3.900 y 4.100 años y las zanjas mostraban señales de reparaciones varias e incluso reconstrucciones, lo que demuestra que hubo mantenimiento. La calidad de la cerámica indica un conocimiento avanzado en la cocción de arcilla, esencial para garantizar la durabilidad e impermeabilidad del sistema.
Y ojo, porque el equipo de investigación encontró los segmentos de tubería in situ, ensamblados y estructuralmente íntegros después de 4.000 años, todo un logro. Habida cuenta de que la pendiente existe, el diseño es coherente y los tubos siguen encajando, la lógica hidráulica sigue intacta. En pocas palabras: si se introdujera agua en esos fragmentos, funcionaría.
Lo que el hallazgo revela de la ciudad y la sociedad. Lo que más llama la atención al equipo de investigación de la Universidad de Pekín y del Instituto de Arqueología del University College de Londres es que el asentamiento de Pingliangtai apunta a una sociedad horizontal y altamente organizada. Todas las casas eran uniformemente pequeñas y ni siquiera el cementerio deja pistas de jerarquía social, algo diferente respecto a las excavaciones en otras ciudades cercanas.
A diferencia de Mesopotamia o Egipto, donde estas construcciones eran encargadas por reyes, el diseño de las casas y la distribución de las tuberías sugieren que las decisiones se tomaban de forma comunitaria. Así, la gestión del agua en Pingliangtai gravitó hacia el interés colectivo compartido como respuesta a las frecuentes contingencias ambientales. Además, muestra una mentalidad de prevención y mantenimiento a largo plazo, ya que el sistema requería limpieza constante para evitar obstrucciones por sedimentos.
Portada | Yanpeng Cao
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