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cada vez triunfa más en el ocio que en casa
España puede presumir de una rica tradición gastronómica basada en el pescado. Ni eso, ni sus kilómetros de costa, ni los millones de euros que mueven los puertos del país cada año han impedido sin embargo que pescado esté atravesando una particular travesía por el desierto en los hogares españoles, una marcada por el desplome en el consumo per cápita y el cierre de miles y miles de pescaderías.
Tras ese fenómeno hay varias claves, como cambios culturales y educativos que afectan a la compra o la percepción que los consumidores tienen de su coste, pero también hay otro factor interesante: cada vez asociamos más el pescado al ocio y menos a nuestras neveras. Quizás no nos planteemos cocinar una lubina para el mediodía, pero nos gusta ir a cenar sushi, sashimi, pokés o cebiche.
Un porcentaje: 32%. No corren buenos tiempos para la industria del pescado. No al menos en España. Las lonjas y pescaderías han ido perdiendo fuerza en la cesta de la compra a una velocidad que queda patente en los datos de consumo per cápita en el hogar calculados por el ministerio: si en 2014 cada español consumía de media 26,4 kilos de pescado al año, en 2024 ese indicador marcaba ya 17,9 kg. En resumen: un desplome del 32% en apenas una década. Si ampliamos la comparación el retroceso es aún mayor. En 2009 se rozaban los 30 kg.


Una tendencia negativa. Los últimos datos tampoco invitan precisamente al optimismo. Según las últimas tablas del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Pesca (Mapa) sobre consumo doméstico, en mayo cada español se comió de media 1,48 kg, en los que se gastó 17 euros. El dato de consumo es más o menos similar al del año pasado, pero se aleja de los 2,13 kg de 2015 o los 2,33 kg de 2005.
En su informe sectorial más reciente, con datos del mes de marzo, el departamento de Luis Planas advertía de que en el último año las adquisiciones de pescado en los hogares españoles habían caído un 4,3%, un porcentaje que se ha dejado sentir sobre todo en los negocios con mercancía fresca, más que en el congelado.
Una cifra: 5.000 negocios. La caída en las compras de pescado no solo nos muestra qué comemos en casa, también deja una lectura empresarial clara. Ese ‘pinchazo’ del consumo ha llegado acompañado del cierre de 5.000 pescaderías en España, como recordaba hace unos días El Periódico. “Se ha perdido un tercio de las 15.000 pescaderías que existían en 2007, lo que supone el cierre de más de 350 pescaderías tradicionales al año”, corrobora Fedepesca. “También se ha pasado en el mismo período de 26.237 personas en el sector ocupadas a 18.396”.
Aunque el cierre de establecimientos coincide con cambios en el consumo y una menor presencia del pescado en las neveras del país, Fedepesca reconoce que ese no es el único desafío del sector. “No existe relevo generacional”, lamenta antes de apuntar a factores como los horarios comerciales o la falta de una apuesta firme a nivel formativo. En un intento por diversificar sus ingresos, hay quien incluso ha empezado a sondear nuevas vías de negocio, como la comida para mascotas.
¿Cae todo el pescado? Lo cierto es que no. Y esa es una de las claves que nos ayudan a entender mejor los cambios en el consumo de pescado que está viviendo España. En su informe ‘La pesca mes a mes’, MAPA señala que hay ciertas especies que han visto aumentar su demanda a lo largo del último año, como la trucha (19,4%), la lubina (18,4%), la sardina y boquerón (11,5%) y el salmón (11%).
La demanda de salmón y la trucha ahumados también han crecido, un 25 y 12% respectivamente. Destaca sobre todo la evolución del salmón, no tanto por su porcentaje de crecimiento como por su volumen, con uno de los mayores consumos per cápita entre las especies identificadas por el MAPA.
Más pescado (fuera de casa). Hay otro indicador igual de interesante. El consumo de pescado quizás descienda en los hogares, pero su comportamiento es mejor fuera de casa. El informe de Mercasa sobre “consumo extradoméstico” de 2024 sugiere que el producto está mejorando su acogida mejor en los restaurantes, bares, hoteles y demás negocios en los que la gente puede comer sin cocinar.
Para ser más precisos, la firma ha identificado que en 2023 se consumieron a través de esa vía casi 150 millones de kilos, un 2,6% más que en 2022. Y aunque el dato no está todavía a niveles previos a la pandemia, es el mayor desde 2019.
“Supone 6,3 kilos de consumo medio per cápita. Durante el último año, un 68,1% de consumidores entre 15 y 75 años han tomado pescados o mariscos en alguna consumición fuera del hogar”, señala Mercasa antes de detallar que cuando salen de casa los españoles se interesan sobre todo por los mariscos, como langostinos y gambas, y los calamares. “En términos de consumiciones, los pescados concentran el 56,6% y resulta significativa la participación del salmón y sardinas”. Durante el primer trimestre de 2025 el “consumo extradoméstico” de pescado ha seguido aumentando, con un crecimiento del 8,1% con respecto al arranque de 2024.
¿Qué nos dice eso? Que quizás consumamos menos pescado en nuestros hogares y en general (suma del canal doméstico y extradoméstico) le prestemos menos atención a la hora de planificar nuestras comidas, pero su demanda no evoluciona igual en casa que fuera de casa. De hecho la pérdida de pescaderías ha coincidido con el alza de otro tipo de negocios ligados en parte al pescado: locales especializados en sushi, sashimi, poké y cebiche, platos de gastronomías extranjeras en las que el pescado también juega un papel relevante.
Cada vez más asociado al ocio. Visto de otro modo, el consumo de pescado pierda fuerza en los hogares, pero parece reforzarse en otros orientados al ‘ocio’. Desde las empresas del sector se detecta un problema de “percepción” entre los consumidores relacionado con el precio del pescado, pero la realidad es que hay negocios que han sabido sacarle partido. En los últimos años no han faltado voces que reivindican que el aumento del consumo de salmón, uno de los productos que mejor responde, se relaciona directamente con el auge de la cocina asiática.
Más allá de la apertura de negocios e incluso franquicias, el interés por las nuevas formas de elaborar pescado quedó patente durante la pandemia: según Asefapre, la asociación de fabricantes de platos preparados, en 2020 el consumo de sushi en el hogar creció hasta alcanzar las 2.715 t. El colectivo habla incluso de un crecimiento de la demanda del 50% en tres años. No es nada sorprendente. Hay quien, como Juan Roig, está convencido de que la cocina en casa tiene los días contados y en el futuro los consumidores llevaremos los alimentos ya listos a nuestros hogares.
Imágenes | Álvaro (Flickr), Grupo Eroski S.Coop (Flickr)
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la explicación apunta a un dron iraní barato
Si ponemos en escena un AH-64 Apache de unos 25 millones de dólares y, al otro lado, un dron iraní Shahed de unos 35.000 dólares, la respuesta parece escrita antes de empezar. Uno es un helicóptero de ataque concebido para operar en escenarios hostiles; el otro, una munición de bajo coste asociada a ataques de largo alcance. Pero la guerra actual está dejando cada vez menos espacio para esas intuiciones heredadas. Lo que hemos visto cerca de Omán apunta justo en esa dirección.
El incidente. Según el Mando Central de Estados Unidos, el AH-64 Apache cayó el 8 de junio cerca de la costa de Omán mientras patrullaba aguas regionales. Sus dos tripulantes fueron rescatados por fuerzas estadounidenses en unas dos horas y se encuentran estables, aunque la causa seguía bajo investigación en la comunicación oficial. La parte más delicada llega después: The New York Times, citando a funcionarios estadounidenses, atribuyen la caída al impacto de un dron iraní Shahed de ataque unidireccional.
La gran incógnita. Esa distinción es importante porque ni siquiera la versión que apunta al Shahed cierra del todo la secuencia. Los investigadores militares trataban de determinar si el dron iraní golpeó el Apache de forma deliberada o si todo ocurrió como un accidente temerario en un espacio aéreo congestionado frente a la costa omaní. Dicho de otro modo: el resultado ya es extraordinario, pero la intención sigue bajo examen.
Por qué sorprende. Los modelos básicos de Shahed no suelen estar pensados para perseguir objetivos móviles como un helicóptero. Mark Cancian, asesor sénior del Center for Strategic and International Studies citado por el mencionado periódico, explicó que estas versiones dependen de guiado GPS y coordenadas preprogramadas para atacar objetivos estacionarios a larga distancia. Si el impacto se confirma en esos términos, no estaríamos ante un caso rutinario, sino ante un episodio que obliga a mirar con lupa la trayectoria del dron, el entorno y la posible existencia de variantes modificadas.
Una amenaza más presente. La munición merodeadora y los drones están cambiando la forma de operar en el aire, también para plataformas que nacieron en otra época tecnológica. El Ejército de EEUU lo refleja en sus propios ejercicios: el año pasado presentó al AH-64E Apachev como una solución adaptable frente a la amenaza UAS tras una demostración con fuego real. Ese contexto ayuda a entender por qué el incidente cerca de Omán no es solo una anécdota llamativa, sino parte de una preocupación mucho más amplia.
En detalle. En los ejercicios realizados por el Ejército de EEUU, el AH-64E aparece empleando sensores electroópticos, infrarrojos y radar, además de misiles, cohetes guiados y el cañón de 30 mm para enfrentarse a drones. El otro plano es la supervivencia de la propia aeronave: BAE describe el AN/AAR-57 como un sistema de alerta para aeronaves estadounidenses y aliadas de ala fija y rotatoria frente a misiles infrarrojos y fuego hostil, compatible con chaff, bengalas, señuelos de radiofrecuencia y sistemas DIRCM/ATIRCM.
Pero no hay invulnerabilidad. Esa lista de capacidades no debe confundirse con una garantía absoluta frente a cualquier escenario. Una cosa es detectar, seguir y destruir drones en ejercicios controlados, y otra operar en un entorno real donde puede haber trayectorias inesperadas o apenas segundos para reaccionar. El propio Ejército de EEUU dejó un matiz relevante en marzo de 2026: muchos pilotos no habían realizado combate aire-aire con el Apache, de modo que todavía estaban desarrollando tácticas, técnicas y procedimientos para ese perfil de misión.
La ecuación ha cambiado. El episodio no demuestra que un dron barato pueda imponerse siempre a una plataforma mucho más sofisticada, ni que el Apache sea vulnerable por definición. Lo que sí deja es una idea difícil de ignorar para cualquier ejército moderno: una amenaza de bajo coste puede alterar una operación, elevar el riesgo y exponer incluso a sistemas muy avanzados si las condiciones se alinean. Esa es una de las lecciones que están empujando a los ejércitos a adaptarse: el precio de un arma ya no basta para anticipar su impacto.
Imágenes | Richard Kim/2nd Combat Aviation Brigade
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el problema es que hay policías usándolo para acosar a sus ex
Las autoridades estadounidenses tienen una potente herramienta que lee matrículas y les permite reconstruir los movimientos de cualquier vehículo. Esta tecnología, llamada Flock, ha sido clave en la resolución de cientos de crímenes, pero también está siendo usada por algunos policías para vigilar y controlar a sus parejas y exparejas.
Qué ha pasado. Cuentan en 404media el caso de un agente de Orange City, en California, que durante el verano de 2024 consultó la matrícula de su expareja 69 veces en el sistema. Además, buscó 24 veces la de su madre y 15 veces la de su padre. Usando estos datos, el agente se presentaba donde se encontraba, pero es que además estaba acosándola con llamadas constantes y hasta había metido un AirTag en su cartera. Lo acusaron de acoso y delitos informáticos y fue condenado a un día de prisión y cinco años de condicional.
No es un caso aislado. Según un estudio de Institute for Justice, no ha sido el único caso en el que un agente ha usado los lectores de matrículas para acechar a sus parejas o exparejas. Hablan de al menos 18 casos conocidos en los últimos años, esto sólo los que han acabado en una condena, pero se cree que habrá muchos más que no han sido detectados. Citan varios casos, desde control a sus parejas, sus exparejas y las nuevas parejas de éstas, hasta persecución de desconocidas como un policía que rastreó y detuvo a una mujer que había conocido en un rodaje porque le había gustado.
Qué es y cómo funciona Flock. Es una empresa de “tecnología de seguridad pública” que tiene una enorme red de cámaras de lectura automática de matrículas. Estas cámaras registran todos los coches que pasan y una plataforma en la nube los almacena, permitiendo después reconstruir todos los movimientos de cualquier vehículo a lo largo del tiempo. El sistema también detecta coincidencias con órdenes de arresto, personas desaparecidas y vehículos robados y emite alertas si encuentra una coincidencia.
Muy efectivo, pero. Como decíamos, Flock ha sido clave para resolver muchos casos. Según la propia empresa, hasta 700.000 crímenes al año se resuelven usando su tecnología y defienden que los delitos que solían quedar impunes, como los atropellos con fuga, ahora se investigan y acaban en detenciones. El problema es que para usar el sistema no hace falta una orden judicial, simplemente un usuario y contraseña que tiene cualquier policía. Muchos agentes documentan sus búsquedas con motivos vagos o falsos para encubrir un uso indebido.
Qué dice Flock. En declaraciones a 404media, la empresa se defiende de las acusaciones diciendo que está al tanto de estos casos, que son minoría y que salieron a la luz “gracias a las funciones de transparencia y rendición de cuentas incorporadas”. Es cierto que las funciones de auditoría han sido útiles para detectar algunos casos, como también lo es que ha habido situaciones de acoso que se han extendido durante años hasta que han sido detectadas. Además, es muy difícil de auditar porque el volumen de búsquedas es gigantesco, tanto que ni caben en un único excel (más de 1 millón).
Have I been Flocked? Así se llama la web independiente que nació como respuesta a esta problemática. Aquí los ciudadanos pueden poner su matrícula y comprobar si ha sido buscada en la plataforma comparándola con registros internos filtrados. Flock ha presionado para que se cierre esta plataforma, argumentando que permite doxxear a policías y puede poner en riesgo investigaciones, pero no lo ha conseguido.
Imagen | Jonathan Lim en Unsplash
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“es totalmente antinatural y descansamos peor”
En 1902, el ingeniero Willis Carrier inventó el aire acondicionado moderno, pero no para que durmiéramos mejor ni para combatir olas de calor: lo creó para evitar que el papel se deformara por la humedad en una imprenta de Brooklyn. Más de un siglo después, aquella máquina diseñada para salvar tinta y papel ha acabado regulando algo mucho más delicado: nuestro propio sueño.
Dormir con aire acondicionado. Cada verano vuelve la misma pregunta: ¿es buena idea dormir con aire acondicionado? Y la respuesta no es tan simple como parece. El cardiólogo José Abellán planteaba una idea que conecta con algo básico de nuestra fisiología: el cuerpo humano está diseñado para dormir en un entorno donde la temperatura desciende de forma natural por la noche, no en uno artificialmente congelado durante horas.
Esa es la clave. No es que el aire acondicionado sea “malo” por sí mismo, sino que romper ese patrón térmico natural (pasar del calor diurno a un frío constante e intenso) puede alterar el descanso más de lo que pensamos.


Lo que pide el cuerpo mientras dormimos. La ciencia del sueño lleva años confirmando algo muy concreto: para iniciar y mantener el sueño profundo, la temperatura corporal central tiene que bajar ligeramente. Ese descenso es una señal biológica de entrada al descanso. Ahí es donde el aire acondicionado juega un papel ambiguo.
Bien usado, ayuda a facilitar ese proceso. Mal usado, lo exagera y lo distorsiona. La diferencia está en la moderación. Organismos y sociedades médicas en España como la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica recomiendan temperaturas entre 22 y 24 grados, precisamente para acompañar ese descenso fisiológico sin forzarlo.
El problema no es enfriar, es pasarse. Aquí está el error más habitual. Mucha gente pone el aire a 18 o 19 grados y lo mantiene toda la noche. Eso puede generar sensación inmediata de alivio, pero también resecas mucosas, irrita garganta, congestiona nariz y puede provocar microdespertares que fragmentan el sueño.
Es lo que muchas personas describen al levantarse con la boca seca o sensación de resfriado. Desde SEPAR insisten además en que el aire acondicionado deshumidifica mucho el ambiente, y si la humedad cae demasiado, las defensas naturales de nariz y garganta se vuelven menos eficaces frente a partículas y microorganismos.
Lo que dicen los organismos. El consenso sanitario en España no dice “no duermas con aire”, sino “úsalo con sentido común”. Temperatura moderada entre esos 22 y 24 °C, evitar el chorro directo al cuerpo, mantener la humedad entre el 35% y el 60%, limpiar filtros con frecuencia y no crear diferencias extremas con la temperatura exterior.
También se recomienda usar modo noche o temporizador, para que el aparato suba ligeramente la temperatura de madrugada. Esto encaja con la lógica fisiológica: ayudar al cuerpo a dormirse, pero dejar que luego siga su propio ritmo térmico.
El ventilador es tu amigo. La alternativa que propone Abellán tiene sentido dentro de esa lógica: usar aire acondicionado solo para bajar la temperatura inicial de la habitación y luego pasar a ventilador. Así se enfría el entorno sin seguir secándolo ni enfriándolo artificialmente toda la noche. “Nuestro cuerpo ha evolucionado en un ambiente natural, y en la naturaleza lo normal es que por la noche baje un poco la temperatura, por eso, lo que es totalmente antinatural, y nos hace descansar peor, es esto de estar todo el día con el aire acondicionado a tope y que por la noche no baje la temperatura”, aclaraba.
Otros trucos que menciona, como enfriar muñecas con agua fría o humedecer ligeramente las sábanas, funcionan porque actúan sobre la disipación natural de calor del cuerpo, no contra ella. Son pequeños atajos fisiológicos, no sustitutos milagrosos.
Conclusión: sí, pero como herramienta. En definitiva, la pregunta no debería ser si dormir con aire acondicionado es bueno o malo, sino cómo se usa. Si se emplea para crear un entorno razonable y luego acompañar el descenso natural de temperatura, puede mejorar claramente el descanso.
Por el contrario, si se convierte en una especie de nevera nocturna permanente, estamos forzando un ecosistema que el cuerpo no reconoce como natural. Y ahí aparece la paradoja moderna: tenemos la tecnología para dormir más frescos, pero a veces la usamos justo de la forma que nos hace dormir (mucho) peor.
Imagen | Wikimedia
En Xataka | Dormir a más de 30 grados ya es algo “normal” en casi toda España. Y Vigo es el canario en la mina
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