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Honda tiene clarísimo cuál es su plan para ser neutrales en emisiones

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La historia del nacimiento de Honda es interesantísima: Soichiro Honda contó que el rechazo de Toyota a comprarle su pistón le llevó a fundar la compañía que lleva su nombre. 76 años después de su fundación, junto a casi todas sus hermanas japonesas, el fabricante tiene a sus vehículos entre los más fiables del mundo. En plena transición desde los motores de combustión, Jay Joseph, el CEO de Honda Australia, ha sorprendido con sus palabras:

“Los coches eléctricos de batería no son el objetivo final. Vehículos eléctricos mejores son una vía para alcanzar la neutralidad en carbono, aunque no necesariamente la única”.

El plan de Honda. De acuerdo a Joseph, la firma japonesa no va a dejar de lado los coches eléctricos, que están trabajando en mejorar desarrollando componentes como “baterías de estado sólido”. Sin embargo, su objetivo es “la neutralidad de carbono” en 2050. Admite que para alcanzarla, los eléctricos son “la vía más evidente a corto y medio plazo”, pero no van a centrarse solo en ellos: “desarrollaremos otras tecnologías que nos ayuden a lograrlo”, afirmó.

El corto plazo de Honda es híbrido. Robert Thorp, otro directivo de Honda, cree que “mientras los eléctricos de batería van ganando cuota de mercado y generan mucho ruido mediático, en la práctica la elección de los consumidores sigue siendo los híbridos.” Y pone como ejemplo el crecimiento en los SUV: “Los eléctricos se mantienen planos, y los de combustión están en declive, pero todo el crecimiento está en los híbridos”. No cree que sea solo por las opciones disponibles en el mercado, sino por su creencia “de que para los consumidores, los cambios de comportamiento son difíciles”.

Respecto a los SUV híbridos, en España hay varios entre los más vendidos, como el Kia Sportage, el Nissan Qashqai  o el Toyota Yaris Cross, junto a híbridos enchufables como el Ford Kuga o el Hyundai Tucson.

Otras tecnologías. Jay Joseph explicó otras áreas donde ven potencial: la  pila de combustible de hidrógeno por ahorrar tiempos de carga. Una visión que también comparten con Toyota, Hyundai o BMW, pero que se enfrenta a un problema de infraestructura, y es que a final de 2024 solo había 1.160 estaciones de repostaje en todo el mundo, según H2Stations.

Por qué es importante. En un momento en que la industria tiene que decidir qué quiere ser en las próximas dos décadas, Honda sigue entre las marcas que más coches venden en el mundo, y creciendo en doble dígito en mercados tan rentables como el estadounidense. Un 20% del mercado ya son coches eléctricos, y lo que decidan hacer desde su sede en Minato es muy relevante por el impacto sobre los planes del resto. En ese sentido, ya anunciaron que si bien no se retiraban del mercado eléctrico, sí que recortaban sus previsiones de ventas, que llegaron a estimar en un 30% del total en 2030.

Recortes. Como apuntaban sus directivos australianos, que ahora mismo el mercado pasa por lo híbrido, Honda anunció un recorte del 30% en su inversión en electrificación y software para 2025. De fondo también está el hecho de que los gobiernos de todo el mundo están flexibilizando plazos para cumplir con el adiós a la combustión y la normativa de emisiones.

Así, los escépticos del coche eléctrico están de enhorabuena. Pero Honda no se olvida de ellos, y de cara a 2040 aún mantiene un plan claro: vender solo eléctricos y de pila de combustible. Aún queda década y media para cumplir el objetivo, por lo que creen que hay margen para una transición gradual hacia el eléctrico.

Alineados con quien más vende (y otros fabricantes). Toyota es el mayor fabricante de coches del mundo, y sigue convencida de que el coche eléctrico no será la opción preferida. Creen que invertir más dinero en esta tecnología es “desperdiciarlo”, porque la demanda no compensa aumentar las inversiones. A finales de 2023, Akio Toyoda, presidente de Toyota Motor Company aseguraba que “da igual lo que mejore el coche eléctrico, no pasará del 30%”.

El gran fabricante japonés está convencido, como Honda, de que el futuro es híbrido, y tiene intereses en no decir adiós al mercado donde ha sido pionera y con el que sigue cosechando récords. Renault lo ve de forma similar, y otros como Volvo están reculando. En general, los fabricantes europeos quieren plazos más laxos sobre la prohibición de vender coches de combustión a partir de 2035. El argumento también recuerda al de Honda: el eléctrico no se vende lo suficiente, y es que la propia Tesla vendió menos en 2024 que en 2023.

Imagen principal | Honda

En Xataka | “Sin infraestructura, es muy difícil”: Volvo cree que el gran problema del coche eléctrico está en el sur de Europa

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Para lograr el hito de levantar la mayor industria de drones sin China, Ucrania ha encontrado un aliado explosivo: Taiwán

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En plena Guerra Fría, varios ingenieros occidentales quedaron sorprendidos al descubrir que algunos de los pequeños componentes electrónicos más fiables del mercado mundial procedían de una isla que apenas aparecía en los grandes titulares geopolíticos. Décadas después, aquella especialización silenciosa en fabricar piezas diminutas y aparentemente invisibles terminaría convirtiéndose en una de las capacidades industriales más codiciadas del planeta.

La guerra que cambió una industria. Durante décadas, Taiwán fue conocido sobre todo por fabricar chips, componentes electrónicos y piezas invisibles que terminaban dentro de teléfonos, ordenadores o servidores repartidos por todo el planeta, pero las guerras modernas están empezando a empujar esa capacidad industrial hacia otro terreno mucho más explosivo. 

Contaba el Guardian que lo que está ocurriendo entre Ucrania y Taiwán refleja un cambio silencioso que apenas existía hace unos años: la creación de una nueva alianza tecnológica nacida directamente de la guerra de drones, de la presión china y de la necesidad desesperada de producir millones de sistemas baratos, autónomos y listos para el combate.

Ucrania quiere romper su dependencia de China. La guerra obligó a Ucrania a construir a toda velocidad una gigantesca industria de drones capaz de alimentar un frente que consume cantidades absurdas de aparatos cada mes. El problema es que gran parte de la cadena de suministro mundial sigue dominada por China: motores, baterías, sistemas de navegación, componentes electrónicos y tierras raras continúan dependiendo en enorme medida de fabricantes chinos. Como contamos, Kiev empezó a considerar esa dependencia como un riesgo estratégico cuando aumentaron las sospechas sobre el apoyo indirecto de Pekín a Rusia y crecieron los temores a posibles restricciones de exportación. 

Ahí empezó a aparecer Taiwán como una alternativa inesperadamente importante. Su enorme experiencia en semiconductores, microelectrónica, integración electrónica y producción tecnológica avanzada la convirtió en uno de los pocos lugares capaces de suministrar piezas críticas sin depender completamente de Occidente ni quedar atrapado bajo control directo chino. Para Ucrania, encontrar socios industriales fuera de China dejó de ser una cuestión comercial y pasó a convertirse literalmente en un asunto de supervivencia.

Y Taiwán encontró a Ucrania. Mientras Ucrania busca producir millones de drones alejándose poco a poco de China, Taiwán observa el conflicto con otra preocupación: la posibilidad de enfrentarse algún día a Pekín en su propio territorio. Esa coincidencia de amenazas está creando una relación cada vez más profunda entre ambos mundos. De hecho, contaba el New York Times que ingenieros taiwaneses envían drones a Ucrania para ser probados directamente en combate, empresas estadounidenses trasladan diseños nacidos en el frente ucraniano hacia producción taiwanesa y antiguos soldados taiwaneses que hoy luchan en Ucrania regresan a casa contando cómo funciona realmente la guerra moderna. 

Muchos militares taiwaneses empiezan a descubrir que las doctrinas tradicionales quedan completamente superadas frente a enjambres de drones FPV, sistemas marítimos no tripulados o robots terrestres baratos capaces de destruir vehículos multimillonarios. Ucrania se está convirtiendo así en una especie de universidad militar improvisada para Taiwán, una donde las lecciones no salen de simulaciones sino de un frente real donde cada error cuesta vidas.

The Ukrainian Drone R18 Aerorozvidka 1 2
The Ukrainian Drone R18 Aerorozvidka 1 2

La nueva industria militar ya no se parece a la antigua. Uno de los cambios más profundos de esta guerra es que la producción militar ya no depende únicamente de gigantescas fábricas estatales o grandes contratistas tradicionales. Ucrania ha desarrollado más de un centenar de fabricantes locales de componentes mientras adapta constantemente sus sistemas a necesidades concretas del frente. Las empresas ucranianas modifican drones, software y sistemas de guiado a una velocidad muy superior a la industria clásica occidental.

Taiwán encaja perfectamente en esa transformación porque posee justo aquello que Ucrania necesita para acelerar esa producción: electrónica avanzada, chips especializados y capacidad industrial flexible. Varias compañías taiwanesas ya operan desde Polonia o Lituania para abastecer indirectamente a Kiev, mientras las exportaciones taiwanesas de drones hacia Europa se han disparado de forma masiva. En paralelo, empresas estadounidenses están utilizando Ucrania y Taiwán como dos extremos de una misma cadena industrial: Ucrania aporta experiencia de combate y desarrollo acelerado, y Taiwán aporta capacidad tecnológica y fabricación escalable.

La obsesión por construir drones fuera de China. Tanto Ucrania como Taiwán comparten otra prioridad que se está convirtiendo en casi una doctrina industrial: construir cadenas de suministro a expensas de Pekín. El problema es mucho más complicado de lo que parece porque incluso muchos componentes fabricados fuera de China siguen utilizando materiales, baterías o imanes que dependen de proveedores chinos

Aun así, ambos territorios intentan reducir gradualmente esa exposición. Taiwán quiere levantar una industria de drones completamente desligada de China antes de 2027 y aumentar su producción propia de imanes de tierras raras, mientras Ucrania continúa desplazando producción hacia dentro de sus fronteras. Qué duda cabe, el desafío es gigantesco porque los productos chinos siguen siendo mucho más baratos y abundantes, pero la lógica estratégica empieza a pesar más que el coste económico. En mitad de una guerra, la prioridad deja de ser comprar lo más barato y pasa a ser garantizar que la cadena de suministro siga funcionando cuando llegue la próxima crisis.

Construyendo algo más grande que drones. Si se quiere también, lo más importante de esta relación quizá no sea únicamente la producción de drones, sino la aparición de un nuevo eje tecnológico y militar informal entre dos territorios que viven bajo la amenaza permanente de vecinos mucho más grandes. Ucrania aporta experiencia real de guerra, tácticas probadas y una velocidad brutal de innovación bajo presión extrema. Taiwán aporta capacidad industrial, semiconductores y acceso a tecnologías críticas que Occidente no produce con suficiente rapidez. 

El resultado empieza a parecerse a algo mucho más ambicioso: toda una red internacional de producción militar distribuida donde empresas privadas, ingenieros, voluntarios y fabricantes trabajan por encima de las limitaciones diplomáticas oficiales. Incluso el gobierno ucraniano reconoce ya que están apareciendo fábricas de drones basadas en diseños ucranianos fuera de sus fronteras, incluida una en Taiwán. 

One more thing. En el fondo, lo que la guerra está acelerando es una idea que hace pocos años habría parecido improbable: que para levantar la mayor industria de drones del planeta fuera de China, Ucrania ha terminado encontrando en Taiwán a uno de sus aliados más valiosos y estratégicos.

Imagen | X, Trydence

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DeepSeek V4 ha dado a China el impulso que necesita frente a EEUU. Cuatro fabricantes de chips son los grandes ganadores

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DeepSeek V4 es el catalizador que necesitaba China. Este modelo de inteligencia artificial (IA) desarrollado por el fondo de cobertura cuantitativo especializado en trading algorítmico High-Flyer ha sido diseñado de forma nativa para convivir con chips chinos. Esta es exactamente la estrategia que el Gobierno chino respalda como respuesta a la presión que EEUU está ejerciendo sobre China. La Administración liderada por Donald Trump impide que las GPU más potentes de Nvidia, AMD o Cerebras lleguen a este país asiático. Y Pekín ha decidido prescindir de ellas.

El desafío al que se enfrenta el Gobierno chino es que es mucho más fácil fijarse este propósito que llevarlo a la práctica. Este es el escenario en el que DeepSeek V4 se ha erigido como la baza que necesita China. Y es que su llegada ha propiciado que por primera vez varios diseñadores de chips para IA chinos logren algo que hasta ahora solo había estado al alcance de Nvidia: garantizar la compatibilidad total con el último modelo de IA de High-Flyer desde el día 0.

Una gran oportunidad para Huawei, Cambricon, Moore Threads y Hygon

DeepSeek V4 ha marcado un punto de inflexión. Es probable que su adopción en China sea muy notable, lo que ha provocado que los diseñadores de chips para IA compitan entre ellos para garantizar la compatibilidad total con este modelo desde el mismo instante de su llegada. Ninguno de ellos quiere dejar escapar la oportunidad de crecer en el mayor mercado del planeta si nos ceñimos a los indicadores más relevantes, como la paridad de poder adquisitivo o el volumen de población con la capacidad de consumir.

Huawei es una de las compañías más beneficiadas por la llegada de DeepSeek V4

Con toda seguridad Huawei va a ser una de las compañías más beneficiadas por la llegada de DeepSeek V4. Y es que todo su porfolio de GPU para IA es compatible con este modelo. No obstante, su chip Ascend 950PR se ha erigido como la solución de inferencia principal. Un apunte antes de seguir adelante: la inferencia es a grandes rasgos el proceso computacional que llevan a cabo los modelos de lenguaje con el propósito de generar las respuestas que corresponden a las peticiones que reciben.

Los tres mayores grupos de internet de China (Alibaba, ByteDance y Tencent) han realizado pedidos de varios cientos de miles de procesadores Ascend 950PR tras el lanzamiento de DeepSeek V4, según Reuters. No obstante, Huawei no es la única compañía china a la que le ha tocado la lotería con la llegada de este modelo de IA. Cambricon Technologies, la empresa de los hermanos Chen, ya ha completado la adaptación al framework de inferencia de código abierto vLLM y ha publicado el código en GitHub.

Además, Moore Threads ha trabajado codo con codo con la Academia de Inteligencia Artificial de Pekín para ejecutar DeepSeek V4 en su tarjeta MTT S5000 usando la pila de software FlagOS. Y Hygon ha llevado a cabo una profunda optimización de este modelo en su plataforma DCU con el propósito de consolidar su hardware como una opción atractiva para uso industrial. La competitividad de DeepSeek V4 fuera de China no está clara debido a que es menos capaz que sus competidores estadounidenses más avanzados, pero su futuro dentro de las fronteras de su país de origen parece estar garantizado.

Imagen | Huawei

Más información | SCMP

En Xataka | El problema de EEUU en la carrera de la IA y los humanoides no es China: es todo Asia y lleva mucha desventaja

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Irán le hizo a EEUU lo mismo que Ucrania a Rusia en la operación Spiderweb

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En las primeras semanas de la guerra, se publicaron informes sobre los daños infligidos por Irán a las bases y radares de Washington en Oriente Medio. Por ejemplo, se documentaron ataques contra 14 emplazamientos militares o instalaciones de defensa aérea estadounidenses, o el bombardeo a una base estadounidense en Kuwait, la primera vez en años que un avión de combate enemigo impactaba una base estadounidense.

Sin embargo, ahora se acaba de conocer que, en realidad, ha sido mucho peor.

La guerra que las imágenes empezaron a revelar. Durante años, los ejércitos occidentales asumieron que el control absoluto del aire y de los satélites bastaba para ocultar daños, movimientos y debilidades en mitad de una guerra… hasta que los conflictos recientes empezaron a demostrar justo lo contrario. En Ucrania, simples fotografías comerciales tomadas desde el espacio permitieron seguir convoyes rusos, localizar bombarderos y detectar instalaciones destruidas mucho antes de que los gobiernos reconocieran nada. A aquella misión se le llamó Spiderweb.

Ocurre que ahora está ocurriendo lo mismo en Oriente Medio. Lo que comenzó como una campaña presentada por Washington como una operación de castigo contra Irán ha terminado dejando una imagen mucho más incómoda: que las fotografías satelitales están mostrando un nivel de destrucción sobre instalaciones estadounidenses muchísimo mayor del admitido públicamente.

El descubrimiento incómodo. El último análisis del Washington Post a más de un centenar de imágenes satelitales ha revelado que Irán golpeó al menos 228 estructuras o equipos militares estadounidenses repartidos por bases de Oriente Medio, una cifra muy superior a la reconocida oficialmente. Los impactos alcanzaron hangares, barracones, depósitos de combustible, sistemas Patriot, radares THAAD, centros de comunicaciones, instalaciones eléctricas e incluso aeronaves estratégicas, dejando claro que Teherán no estaba lanzando ataques simbólicos o indiscriminados. 

Lo más delicado para Estados Unidos es que muchas de esas imágenes procedían inicialmente de medios iraníes y fueron posteriormente verificadas mediante sistemas europeos y otras fuentes comerciales independientes. En otras palabras, el relato inicial de ataques limitados empezó a derrumbarse cuando las imágenes comenzaron a enseñar algo mucho más serio: que Irán había conseguido penetrar defensas avanzadas y golpear infraestructura crítica estadounidense en numerosos países al mismo tiempo.

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Daños en el campamento Arifjan en Kuwait visibles el 4 de marzo

Irán encontró el punto débil de las bases. Contaba el Wapo que uno de los aspectos más llamativos de los ataques es la precisión con la que fueron ejecutados. Analistas militares destacaron la ausencia de cráteres aleatorios y la concentración de impactos sobre objetivos concretos, señal de que Irán disponía de inteligencia previa muy detallada sobre las instalaciones estadounidenses. Los ataques no se limitaron a pistas o depósitos militares tradicionales, también alcanzaron gimnasios, alojamientos, comedores y edificios de personal, reflejando un intento deliberado de aumentar las bajas humanas y obligar a Estados Unidos a vaciar bases enteras (como, de hecho, así ocurrió). 

Porque varias instalaciones acabaron siendo consideradas demasiado peligrosas para operar con normalidad, provocando evacuaciones parciales y el traslado de efectivos fuera del alcance iraní. Algunas bases en Kuwait y Bahréin, utilizadas para lanzar ataques contra Irán o desplegar sistemas HIMARS, fueron especialmente castigadas, alimentando la sensación de que Teherán había logrado identificar rápidamente qué plataformas estaban participando directamente en la campaña.

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Nueve depósitos de combustible de la base aérea Ali al-Salem en Kuwait resultaron dañados

Los drones cambiaron todo. Gran parte de esta transformación del campo de batalla tiene relación directa con una lección aprendida en Ucrania: los drones baratos y de ataque unidireccional están erosionando la ventaja tradicional de las grandes potencias. Expertos estadounidenses reconocen que el Pentágono no adaptó suficientemente rápido sus bases a esta nueva amenaza, pese a llevar años observando cómo drones relativamente simples destruían blindados, radares o infraestructuras críticas en otros conflictos. 

Aunque muchos drones iraníes portaban cargas explosivas reducidas, resultaban extremadamente difíciles de interceptar y podían atacar con enorme precisión objetivos estacionarios. Esto obligó a consumir cantidades gigantescas de interceptores Patriot y THAAD, reduciendo peligrosamente las reservas estadounidenses y aliadas en apenas unas semanas. El resultado fue paradójico: la potencia militar más avanzada del mundo empezó a verse obligada a jugar a la defensiva alrededor de sus propias bases, mientras Irán encontraba maneras relativamente baratas de saturar sistemas antiaéreos multimillonarios.

El enorme desgaste oculto. Mientras Washington insistía públicamente en que los daños no alteraban significativamente la campaña militar, las imágenes mostraban una realidad más compleja. Algunas instalaciones clave sufrieron daños considerados “extensos” incluso por funcionarios estadounidenses, y parte del mando regional tuvo que ser reubicado fuera de Oriente Medio. Como contamos, la sede de la Quinta Flota en Bahréin fue una de las zonas más afectadas, hasta el punto de trasladar funciones a Florida, mientras crece el debate interno sobre si ciertas bases volverán a operar como antes. 

También aparecieron señales preocupantes sobre fallos estructurales: aeronaves estratégicas estacionadas repetidamente en posiciones vulnerables, centros tácticos sin protección suficiente y escasez de refugios reforzados para personal y equipos críticos. Todo ello alimentó una conclusión: que Estados Unidos había subestimado tanto la resiliencia iraní como la velocidad con la que las guerras modernas están volviendo transparentes instalaciones que antes parecían intocables.

La verdadera señal estratégica que deja esta guerra. Más allá de los daños concretos, lo que realmente preocupa a estrategas y militares es el cambio de percepción que dejan las imágenes satelitales. Durante décadas, la presencia de bases estadounidenses repartidas por Oriente Medio funcionó como símbolo de control absoluto y capacidad de respuesta inmediata, pero ahora esas mismas instalaciones aparecen expuestas, vulnerables y permanentemente observadas desde el aire y desde el espacio. 

Si se quiere, el conflicto ha dejado una sensación difícil de ignorar: que Irán quizá no pueda derrotar militarmente a Estados Unidos en un enfrentamiento convencional, pero sí puede infligir suficiente daño, desgaste y presión política como para alterar profundamente el cálculo estratégico estadounidense en la región. Y esa idea que comenzó con la operación Spiderweb en Ucrania, multiplicada por cientos de fotografías de hangares destruidos, radares alcanzados y bases parcialmente vaciadas, puede acabar siendo una de las consecuencias más importantes de toda la guerra.

Imagen | Iran media, Planet

En Xataka | Turquía ha echado un vistazo al estrecho del Bósforo, ha visto lo que está pasando en Ormuz y ha sumado dos más dos

En Xataka | EEUU opina que la guerra en el Golfo Pérsico ha terminado. Irán opina que eso lo decidirá ella cuando considere

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