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5,7% de paro entre los mejor formados

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Algunos de los principales gurús tecnológicos en Silicon Valley, como Mark Zuckerberg o Mark Chen, responsable de desarrollo de ChatGPT, han asegurado que los títulos universitarios ya no son una garantía para obtener un buen empleo en sus empresas.

Sin embargo, losdatos de Eurostat y de la última Encuesta de Población Activa (EPA) son obstinados y se empeñan en demostrar que las personas con estudios superiores sufren tasas de paro inferiores al resto. Lo cual invita a deducir que tener una titulación universitaria o un grado superior equivalente incrementa las posibilidades de encontrar un empleo, aunque se esté sobrecualificado para el trabajo que se va a realizar.

El valor del título universitario. El nivel educativo determina de forma clara la probabilidad de encontrar trabajo. Más allá del descenso en la tasa de paro en España que ha registrado el último informe situándose en el 10,29%, los datos de la EPA revelan que el desempleo de las personas con estudios superiores presentan una tasa de paro del 5,7%, mientras que los que aquellos que no han acabado la educación primaria rondan el 24,5%. Quienes sí han terminado la ESO bajan su tasa de paro al 11,5%.

De acuerdo a lo publicado por El Mundo, esos datos también muestran que el paro ha descendido mucho más rápido entre los titulados universitarios durante la última década, situándose en la actualidad a niveles de 2007, cuando el paro entre los trabajadores mejor formados se situaba en el 5,3%.

Europa vive una situación similar. Esta mejora en la tasa de desempleo de los trabajadores con educación superior no ha sido suficiente para igualarse a la media Europea que, según los datos de Eurostat se sitúa en el 4% durante el primer trimestre de 2025, y se mantiene en el tercer lugar de los países con mayor tasa de paro en este segmento de su población activa, solo superados por Turquía y Grecia. No es algo extraño teniendo en cuenta que la tasa de desempleo general también ocupa ese lugar y España no se encuentra entre los países con mayor número de empleados con estudios superiores.

Según los datos publicados por Euronews, los países con las cifras de desempleo más bajas en el segmento de las personas mejor formadas son Polonia y la República Checa, con un 1,4%.

Los jóvenes formados siguen teniendo problemas. Aunque la situación es especialmente ventajosa para quienes ya han terminado la universidad, no ocurre igual en todos los grupos de edad. La tasa de paro más elevada de este segmento de población activa se da entre los más jóvenes de entre 20 y 24 años con un 16,3%. Este dato es un indicativo de las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes que justo terminan sus estudios.

Las cifras mejoran a medida que se incrementa la franja de edad y los empleados van adquiriendo experiencia profesional. Para los titulados de entre 25 a 29 años la tasa de desempleo se fija en el 9,1%. Para los mayores de 30 años ya se sitúa por debajo del 5%.

Habilidades blandas: complemento esencial. Aunque los datos estadísticos desmienten a los gurús tecnológicos, lo cierto es que, si esos estudios superiores se complementan con las llamadas habilidades blandas, las posibilidades de encontrar un empleo en menos tiempo se incrementan. Según datos recogidos en la Guía Hays del Mercado Laboral 2025 elaborada por la consultora Hays, el 63% de las compañías españolas priorizan las habilidades blandas, especialmente en sectores tecnológicos.

Mantener una actitud abierta al cambio, capacidad de trabajo en equipo y saber comunicarse eficazmente en el entorno profesional son considerados factores decisivos para la inserción y la promoción laboral.

En Xataka | Encontrar trabajo siempre había sido una buena forma de escapar de la pobreza: en España está dejando de ser verdad

Imagen | Unsplash (Alvaro Reyes)

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La guerra en Ucrania ha entrado en una fase tan desquiciada que los soldados están disparando a sus propios drones

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En 1943, durante una misión nocturna sobre Europa, varios pilotos británicos regresaron convencidos de que habían sido perseguidos por extraños objetos luminosos que aparecían y desaparecían alrededor de sus aviones. Algunos pensaron que era un arma secreta alemana, otros que eran fallos nerviosos provocados por el estrés del combate. Décadas después, aquella confusión aérea sigue recordando una idea inquietante: hay momentos en las guerras donde el problema deja de ser únicamente el enemigo.

Un cielo esquizofrénico. Contaban en Insider que la guerra en Ucrania ha entrado en una fase tan saturada de drones que, en muchos sectores del frente, los soldados ya no saben qué aparato vuela sobre sus cabezas ni quién lo controla. La consecuencia es una situación casi absurda incluso para estándares bélicos: tropas ucranianas disparando contra sus propios drones por pura supervivencia, operadores cortando con tijeras cables de fibra óptica sin saber si pertenecen al enemigo o a una unidad amiga y sistemas de guerra electrónica bloqueando cualquier señal que aparezca en el aire aunque eso implique inutilizar equipos propios. 

El campo de batalla se ha convertido en un espacio tan abarrotado de pequeños aparatos voladores, interferencias y enlaces de datos que distinguir entre aliado y enemigo dura apenas segundos. Si algo se acerca demasiado rápido, la reacción automática es destruirlo primero y preguntar después.

Drones desechables por exceso. Parte del problema nace de cómo ambos bandos han transformado el dron en un arma de consumo masivo. Ya no se trata de plataformas caras y escasas como las que utilizaban las potencias occidentales hace una década, sino de sistemas relativamente baratos fabricados a enorme velocidad y pensados para perderse constantemente. 

Rusia y Ucrania consumen drones en cantidades tan gigantescas que las pérdidas por fuego amigo se han integrado casi como un coste operativo más. Las unidades esperan perder aparatos por interferencias, por errores de coordinación, por jamming enemigo o simplemente porque algún soldado nervioso abre fuego contra cualquier objeto que zumbe cerca de su posición. El resultado es un entorno de combate donde la saturación tecnológica ha comenzado a generar caos incluso dentro del propio bando.

La nueva lógica: destruirlos antes de que existan. Esa explosión descontrolada del uso de drones está empujando además la guerra hacia una nueva etapa estratégica: atacar las fábricas antes que los aparatos en vuelo. Rusia y Ucrania han entendido que interceptar drones uno a uno ya no basta cuando ambos producen miles de sistemas continuamente. Por eso los ataques de largo alcance contra plantas industriales, centros logísticos y fabricantes de componentes se han multiplicado durante los últimos meses. 

Ucrania está golpeando instalaciones rusas vinculadas a drones Shahed, sensores, módulos de navegación y sistemas electrónicos resistentes a interferencias, mientras Rusia busca destruir talleres ucranianos donde se ensamblan drones FPV o aparatos de ataque de largo alcance capaces de penetrar cientos de kilómetros dentro de territorio ruso. La lógica empieza a parecerse menos a una guerra convencional y más a una cacería industrial permanente.

La electrónica no sigue el ritmo. El problema para ambos bandos es que la adaptación tecnológica avanza demasiado rápido. Cada mejora defensiva genera una modificación inmediata en los drones enemigos. Los sistemas de interferencia dejan de funcionar frente a enlaces por fibra óptica. Los bloqueos GPS pierden eficacia contra nuevos módulos de navegación. Los drones incorporan más autonomía, mayor capacidad de procesamiento y resistencia creciente a las contramedidas electrónicas. 

En paralelo, Ucrania y Rusia utilizan inteligencia satelital, análisis de patrones y reconocimiento constante para localizar centros de producción, antenas, almacenes y cadenas logísticas. El frente ya no termina en las trincheras: continúa cientos o miles de kilómetros detrás, dentro de fábricas, parques industriales y redes de suministro que se han convertido en objetivos militares prioritarios.

Una máquina fuera de control. Lo más inquietante es que esta dinámica da la sensación de haberse independizado parcialmente de los propios soldados. Hay drones atacando drones, sistemas automáticos interfiriendo cualquier señal disponible, operadores intentando coordinar corredores seguros para que sus propios aparatos no sean derribados y fábricas enteras convertidas en objetivos diarios para sostener un ritmo de pérdidas que parece imposible de absorber. 

Si se quiere también, la guerra en Ucrania sigue siendo una guerra de artillería y desgaste, pero se está transformando también en algo mucho más extraño: un ecosistema aéreo saturado de máquinas baratas y desechables donde la supervivencia depende de reaccionar antes de identificar

Y cuando un ejército termina disparando a sus propios drones porque hay demasiados aparatos en el cielo como para distinguirlos, significa que el conflicto ha cruzado una frontera completamente nueva. Y desquiciada. 

Imagen | mod-gov-ua

En Xataka | Ucrania ha encontrado una nueva forma de asaltar edificios ocupados por Rusia: enviar un robot con una sorpresa de 300 kilos

En Xataka | La guerra en Ucrania se está llenando de barcos “Mad Max”: pantallas metálicas y redes contra drones FPV en el mar Negro

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“Le deseamos paz”: Sharon Stone confirma la muerte de su hermano mayor, el actor Michael Stone

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- Michael Stone de 74 años de edad, actor y hermano mayor de Sharon Stone, falleció tras una larga enfermedad, según anunció la actriz en su perfil de Instagram.

“Mike Stone, mi hermano mayor, ha fallecido tras una larga enfermedad. Le deseamos paz”, dice la publicación. El mensaje está firmado por la propia Sharon y sus hijos Roan, Laird y Quinn.

Michael Stone partició junto a su hermana la película “The Quick and the Dead” (“Rápida y mortal”), en 1995. Su debut en la gran pantalla fue cinco años antes con el film “End of the Night” (“El fin de la noche”).

A lo largo de su carrera, participó principalmente en series de televisión y películas, como “CSI: Miami” y “The Bold and the Beautiful” (‘Belleza y poder’), además de las películas “Eraser” (‘Eliminador’), “Malevolence”.

Su última película fue “Destinos Opuestos” en 2022, según detalla la revista People.

La familia Stone se encontraba en el marco del duelo por la pérdida de su otro hermano no famoso Patrick, quien falleció en 2023 por causas no reveladas, según el medio especializado estadounidense. 

La revista recoge que pese a haberse puesto en contacto con los representantes de Sharon Stone, aún no han tenido respuesta por lo que la enfermedad de Michael Stone que le causó la muerte aún permanece en privado. 

People recuerda que Michael era el hermano mayor de cuatro, Sharon, Kelly y Patrick, este último perdió a su hijo pequeño hace un año por una insuficiencia orgánica total.

Michael y Sharon asistieron juntos a eventos como a la fiesta después de los Oscar de Vanity Fair de 1994 y la edición número 66 de los Premios de la Academia. 

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el espacio como nueva fábrica

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Dos empresas farmacéuticas se han asociado para poner en marcha un ambicioso plan de síntesis de fármacos en el espacio. No es una manía cara. Está más que comprobado que algunos medicamentos cuentan con ventajas añadidas si se cristalizan en condiciones de microgravedad. Hasta ahora, las pocas empresas que lo habían hecho habían trabajado solas o con el único apoyo de agencias como la NASA, pero que dos de ellas se asocien sin necesidad de que la agencia espacial intermedie marca el que podría ser el inicio de una era.

Mejor unir fuerzas. Las dos empresas en cuestión son Varda Space Industries y United Therapeutics Corporation. La primera, fundada por exempleados de SpaceX, lleva sintetizando medicamentos en el espacio desde 2023. La segunda no ha viajado nunca más allá de la Tierra, pero es una compañía biotecnológica con potencial suficiente para que la unión haga mucha más fuerza. El objetivo inicial será la cristalización en microgravedad de medicamentos para enfermedades pulmonares raras. No obstante, en el futuro se podrían producir fármacos para otras muchas patologías.

Todo empezó en 2019. En 2019, las compañías Merck Sharp & Dome Corp. (MSD), en colaboración con el Laboratorio Nacional de la Estación Espacial Internacional (EEI), realizaron experimentos de cristalización con el fármaco pembrolizumab (Keytruda). Se trata de un medicamento contra el cáncer que, como suele ser habitual en la quimioterapia, se administra mediante infusión intravenosa, en un proceso que puede durar horas. Al cristalizarlo en el espacio, se obtuvo una forma más estable que permitía su administración en una sola inyección, haciendo el tratamiento mucho más cómodo para los pacientes.

Una cuestión de tiempo. Se ha visto que, al cristalizarlas en condiciones de microgravedad, muchas moléculas se ensamblan de una forma más lenta y constante. Los resultados son moléculas mucho más estables que, una vez usadas como fármaco, tienen una gran variedad de ventajas. Por ejemplo, se disuelven mejor, no requieren tanto frío para su almacenamiento, provocan menos efectos secundarios y su vida útil es más larga. 

La experiencia de Varda. La compañía Varda comenzó su proyecto de farmacología espacial en 2023. Ese año lanzó al espacio la primera de una serie de cápsulas sin tripular con reactores químicos en su interior. En esos reactores se cristalizan moléculas que, tras unas cuantas semanas o meses de trabajo, se devuelven a la Tierra. Esa primera cápsula fue la W-1. Actualmente se encuentra llevando a cabo su misión la W-6 y se espera lanzar al menos tres más este año. Además, tras la unión con otra compañía farmacéutica, Varda confía en poder escalar a 7 lanzamientos en 2027.

También para investigación. Las moléculas que se cristalizan en el espacio dan lugar a cristales más grandes. Eso facilita también su investigación. Por eso, con este tipo de proyectos no se busca solo obtener fármacos. También se espera conseguir moléculas candidatas a convertirse en medicamentos, para analizarlas más minuciosamente por parte de los científicos que están en la Tierra. 

Esto es solo el principio. En el futuro, los viajes al espacio estarán mucho más extendidos. La reutilización de cohetes permitirá hacer muchos más lanzamientos en menos tiempo, el turismo espacial se convertirá en algo cada vez más frecuente y muchas investigaciones públicas y privadas se podrán realizar en órbita. Si se consigue la inversión suficiente, la infraestructura para obtener fármacos en el espacio será cada vez más sencilla. Y, desde luego, los beneficios para los pacientes también irán en aumento. 

Imagen | Varda/Magnific

En Xataka | Sabíamos que Marte tiene gravedad. Ahora acabamos de descubrir el efecto inesperado que causa sobre el clima de la Tierra

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