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sigue sonando como si fuera 1955
Cada día millones de personas se enfrentan a un chirrido ensordecedor. Lo hacen cada vez que cogen el metro, un medio de transporte con muchas luces pero con esta gran sombra. Es algo con lo que convivimos casi sin darnos cuenta: hemos hecho cotidiano lo insoportable, pero la pregunta es: ¿a qué se debe ese ruido?
Malditas rodaduras. Como señala en el País Soledad Torres Guijarro, profesora de la Universidad de Vigo, el problema con el metro es la rodadura, un ruido cuyo origen procede “de la rugosidad tanto de la rueda como del raíl”. El problema se lleva estudiando desde hace medio siglo, y afecta tanto al metro como al ferrocarril. Incluso las traviesas que unen los raíles “pueden excitarse con esas vibraciones y convertirse en elementos radiados”.
Los túneles no ayudan. Mientras que los ferrocarriles circulan en exteriores, el metro suele hacerlo de forma subterránea, dentro de un túnel. Eso agrava la situación porque los túneles son espacios muy reverberantes que amplifican todos los ruidos producidos por el tren. Un estudio realizado por Cecor en mayo de 2022 se concluía, eso sí, que “existe un número reducido de personas expuestas a niveles de ruido superiores a los marcados” en los documentos oficiales.

Este plano muestra los niveles de ruido en una de las zonas cubiertas por la Línea 5 de Metro en 2022. Fuente: Comunidad de Madrid / Cecor.
Peor en curvas. El chirrido producido por la fricción de las vías de tren se agrava en curvas cerradas. Ese “aullido” se debe al deslizamiento lateral de las ruedas sobre la parte superior de la vía férrea. Hay otros ruidos que se suman a esos chirridos: la separación entre los raíles —para permitir la dilatación térmica del metal— provoca también el tradicional sonido “clic-clac” cuando los vagones del metro pasan por encima.
Frenos al rescate. El problema ha tratado de mitigarse con mejoras variadas. Por ejemplo, disminuyeron al reemplazar los frenos de zapata por los de disco, explicaba esta experta. Los primeros se apoyan sobre la propia superficie de la rueda, pero los de disco, mucho más silenciosos, no actúan contra las superficie de contacto.
Y ruedas más pequeñas. También se han comenzado a usar ruedas más pequeñas, porque cuanto más pequeña es la superficie vibrante, menos capacidad tiene de generar sonido. Aun así, destaca Torres, la rugosidad siempre va a estar ahí.
Otras soluciones. No hay una respuesta unificada al problema, pero hay redes de metro en las que se han aplicado medidas variadas. En el metro de Nueva York por ejemplo se modificó la forma en la que las vías se fijaron al suelo. Las traviesas de hormigón usadas allí estaban recubiertas de goma para mitigar la vibración, por ejemplo. Además se instalaron paneles que absorben el ruido en el techo y paredes de la estación, algo que se complementa con las cada vez más habituales pantallas acústicas protectoras —como las que se instalaron en el metro de Vizcaya— instaladas próximas a las vías.
Recomendaciones de la OMS. La Organización Mundial de la Salud (WHO, por sus siglas en inglés) tiene recomendaciones específicas para distintas fuentes de ruido. Según un documento actualizado en 2022, se recomiendan menos de 54 decibelios para ruido provocado por trenes (44 decibelios por la noche). Para tratar de mitigar el problema, los expertos de este organismo proponen “aplicar procedimientos de rectificado de raíles para eliminar deformaciones y corrosión en las vías férreas”. En un estudio sobre el metro de HongKong realizado en 2019 se concluyó que el ruido medio era de 74,1 dB con picos de 100,9 dB.

BOE Nº 178, de 26 de julio de 2012.
Y en España, ¿qué límites hay? En España la normativa estatal de referencia en materia de ruido ambiental es la Ley 37/2003, de 17 de noviembre, del ruido (BOE nº 276, de 18 de noviembre de 2003), y los Reales Decretos 1513/2005, de 16 de diciembre (BOE nº 301, de 17 de diciembre de 2005) y 1367/2007, de 19 de octubre (BOE nº 254, de 23 de octubre de 2007). Este último fue actualizado con el Real Decreto 1038/2012, de 6 de julio (BOE nº 178, de 26 de julio de 2012) con límites 5 dB superiores a los del documento anterior: el ruido no iba a menos, sino a más.
65 dB en suelo residencial. Todos ellos transponen la Directiva Europea 2002/49/CE , de 25 de junio, sobre evaluación y gestión del ruido ambiental (DO nº L 190, de 18 de julio de 2002). En ese último Real Decreto el Anexo III determina los valores límites en infraestructuras ferroviarias y aeroportuarias, que se ajustan a lo que apunta la WHO aunque lo hacen dependiendo del tipo de suelo: de día, hasta 60 dBA para suelo de uso sanitario o docente (55 en el anterior anexo, por ejemplo), 65 dBA para residencial y 75 para industrial (50, 55 y 65 dBA de noche, respectivamente).
Imagen | Ronnie Schmutz
En Xataka | España tiene un gigante ferroviario en las sombras. Y acaba de conseguir el “contrato del siglo”
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si no lo has entrenado antes, tu cerebro va a ignorar cualquier intento de relax
Una situación muy típica (y frustrante) sin duda puede estar en medio de una discusión acalorada, con las pulsaciones a mil y la mandíbula muy apretada. Y justo en este momento alguien suelta el consejo más irritante del mundo: “venga, respira hondo y cálmate“. Lo intentas, pero no solo no funciona, sino que parece que te enfadas más.
Una realidad. No es que seas un caso perdido de la gestión emocional. Es que, según expertos y estudios científicos recientes, la respiración como técnica de auxilio inmediato en un “subidón” de ira es, a menudo, una batalla perdida si no se ha hecho un trabajo previo.
El problema del ‘subidón’. Sonia Díaz Rois, coach especializada en gestión de la ira, es tajante al respecto: intentar respirar para calmarse en pleno pico emocional no funciona porque el cuerpo, en estado de alerta máxima, no reconoce la respiración pausada como una señal de seguridad.
Y es algo que tiene bastante sentido, porque cuando la ira se dispara, entramos en un modo de ‘lucha o huida’. El sistema nervioso simpático toma el mando, el cortisol se dispara y el cerebro prioriza la supervivencia sobre la reflexión. Literalmente toda la maquinaria está activa para poder hacer frente a la ‘amenaza’ que se ha detectado.
Un cambio brusco. Si en este momento de apogeo extremo del organismo queremos frenarlo de golpe con una respiración lenta sin haberlo entrenado antes, el cerebro puede interpretar ese cambio brusco incluso como una amenaza adicional o una obstrucción. De esta manera, lo único que se genera es una sensación de falta de aire que aumentará el agobio que se está teniendo.
Es por ello que la solución ante un enfado no está en apagarlo, sino escucharlo. Pero para que la respiración sea una herramienta útil, antes hay que entrenarlo en los momentos de más calma. Esto es lo que se conoce como crear un ‘ancla’.
Hay respiraciones diferentes. La ciencia tiene una opinión a favor de la necesidad de entrenar este método de relajación cuando no se está enfadado. Pero también ha empezado a distinguir qué técnicas son las más efectivas en estas situaciones de gran estrés. Para ello, un estudio controlado aleatorizado de 2023 comparó diversas técnicas de breathwork con la medicación mindfulness tradicional.
El resultado fue encontrar una técnica muy efectiva para poder mejorar el estado de ánimo por encima de la meditación. Se trata de la conocida como Cyclic Sighing (suspiro cíclico en español). La forma de hacerla es muy sencilla, ya que solo se debe hacer una inhalación profunda seguida de una inhalación corta y una exhalación muy prolongada. De esta manera, aquellos que la practicaban apenas 5 minutos al día mostraban una mayor resiliencia emocional a largo plazo.
Por qué. La neurociencia explica que al prolongar la exhalación (como en la técnica 4-7-8, donde se exhala el doble de tiempo que se inhala), activamos de forma directa el nervio vago y el sistema nervioso parasimpático, el encargado de “frenar” al organismo.
Gritar o respirar. Durante años, la cultura popular defendió la teoría dela catarsis con frase muy típicas como por ejemplo “suéltalo todo”, “golpea un cojín” o “grita fuerte y di todo lo que piensas”. Sin embargo, no parece lo más adecuado como apunta un estudio publicado en 2024 sobre actividades para gestionar la ira que que lo ha desmentido totalmente.
Y es que su razonamiento tiene bastante lógica. Una actividad de alta activación como por ejemplo el boxeo o literalmente ponerse a gritar tiende a aumentar la excitación más de lo que se debe, y es algo que mantiene o incrementa la agresividad que se está tratando de controlar. Por el contrario, las actividades de baja activación como la respiración profunda o el yoga son las únicas que reducen significativamente la ira.
Incluso en contextos de estrés agudo, como se vio en estudios con pacientes de COVID-19 en 2024, los ejercicios guiados de respiración profunda redujeron drásticamente la ansiedad y el estrés, aunque curiosamente no tuvieron el mismo efecto sobre la depresión.
Entrenar cuando se está bien. La conclusión de los investigadores y de expertos como Díaz Rois es bastante clara: la respiración no es un botón del pánico que se puede pulsar por primera vez en un incendio, sino que es algo que se debe ir entrenando para tenerlo a plena forma en cuando haga falta.
Para ello se debe entrar cuando se está bien, practicando la técnica del suspiro que hemos comentado antes o el conteo de las respiraciones. De esta manera, se le está entrenando al sistema nervioso para que relacione la pauta respiratoria que estamos haciendo con el mensaje de que se está a salvo.
Otros puntos importantes. Además de todo esto, la ciencia tiene bastante claro que la respiración lenta practicada justo antes de un estímulo emocional negativo reduce el impacto de este. Esto es algo que podemos tener presente cuando por ejemplo vamos a entrar a un examen o a un lugar donde pensamos que vamos a estar muy incómodos, donde hacer unas respiraciones antes puede ahorrarnos un mal trago.
Lo que tienes que decir. Con todo esto que hemos comentado, la próxima vez que alguien te diga “respira” mientras estás furioso, recuerda que tiene razón científicamente, pero que para que este truco funcione tienes que pasar por una serie de entrenamientos.
Imágenes | engin akyurt
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lo nuevo de Roborock tiene “patitas” que suben hasta 8,5cm
China ha conquistado el mercado de los robots aspiradores. Con casi un 20% de cuota de mercado, Roborock es la marca que lídera el segmento y acaba de anunciar nuevos productos para 2026. El más destacado es el Roborock Saros 20, su nuevo robot aspirador de gama alta que llega con un chasis que le permite superar un obstáculo que hasta ahora insalvable: los escalones.
El robot aspirador y escalador


Con el Roborock Saros Z70, la marca nos sorprendió con un brazo robótico que recogía las cosas que nos dejábamos tiradas por el suelo. El Saros 20 abandona esta idea pero estrena unas patitas con las que puede subir desniveles de hasta 8,5cm. Técnicamente, Roborock no ha sido la primera en tener esta idea porque Dreame mostró un robot que sube escaleras hace unos meses, pero era un concepto, no un producto comercial.
La particularidad del Saros 20 está en su chasis AdaptiLift 3.0, que combina ruedas elevables con lo que Roborock llama un “brazo de escalada”. Eso sí, hay un detalle importante y es que puede subir un escalón de 4,5cm seguido de otro de 4cm, por lo que no se adapta a cualquier tipo de desnivel ni escaleras convencionales, cuya contrahuella suele ser de unos 17-20cm. Gracias a su chasis elevable, también puede limpiar alfombras de hasta 3cm de altura.
Hay más. Cuenta con el sistema de navegación inteligente StarSight 2.0, capaz de detectar hasta 200 tipos de obstáculos , incluyendo los más pequeños, y tiene una capacidad de succión de 35.000 Pa. Sobre el fregado, tiene dos mopas giratorias con el sistema FlexiArm para llegar a los rincones.
Además, el modelo Saros 20 Sonic tiene el sistema de fregado VibraRise que genera hasta 4.000 vibraciones por minuto. La base de carga lava las mopas con agua caliente a 100 ºC y las seca después. Los dos modelos estarán disponibles en 2026 a un precio todavía desconocido.
Nuevo robot cortacésped y más


Roborock también renueva su gama de robots cortacésped con el nuevo RockMow X1 LiDAR. Tiene tracción a las cuatro ruedas, lo que le permite subir pendientes de hasta el 80% y escalones de 8cm. El sistema de navegación combina LiDAR y SLAM visual para no depender de señal satelital. Permite ajustar el corte entre 4 y 9 centímetros y puede cortar hasta 2.000 metros cuadrados al día.


Roborock también ha renovado su serie Qrevo Curv con el nuevo Qrevo Curv 2 Flow. La principal novedad es que en lugar de dos mopas giratorias tiene un rodillo para el fregado que se va limpiando conforme gira. Además se extiende 10mm para llegar hasta la pared.


Por último tenemos la Roborock F25 ACE Pro, una aspiradora y fregadora con diseño tipo escoba que se puede inclinar hasta 180 grados para llegar debajo de muebles sin problema. Viene con una base de autolimpieza que lava y seca los rodillos a 95 ºC para eliminar bacterias. Igual que el resto de productos, estará disponible este año, pero aún no conocemos cuál será su precio.
Imágenes | Roborock
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Llevamos décadas obsesionados con la dieta mediterránea. Resulta que los nórdicos tenían una solución mucho mejor
Si retrocedemos a 2009, muchos recordaremos un programa conocido como El Guerrero Más Letal (Deadliest Warrior). La premisa era enfrentar dos combatientes de diferentes épocas para estudiar quién ganaría en un duelo a muerte. Aunque en la pantalla vimos al Vikingo medir sus hachas contra un Samurái, y al Gladiador contra un Apache, nunca llegamos a ver el duelo directo entre el coloso del norte y el guerrero del Mediterráneo.
Esa “pelea del siglo” quedó pendiente en la televisión, pero en el campo de la nutrición, el bando romano (la dieta mediterránea) ha sido el campeón invicto durante décadas. Sin embargo, la ciencia ha decidido simular ese combate en el laboratorio en 2025, y esta vez el hacha del vikingo ha cortado de raíz el liderazgo del Mediterráneo. Según los últimos estudios, los nórdicos tienen una solución mucho mejor.
Un nuevo hallazgo. Para lo que vivimos en la zona mediterránea, parece imposible pasar sin el aceite de oliva y el trigo. Pero, como explica la nutricionista Dawn Jackson Blatner en National Geographic, ha surgido una “prima de la dieta mediterránea en climas más fríos” que está demostrando resultados sorprendentes. Creada originalmente en 2004 por un comité de científicos y chefs —bajo la premisa de que la salud no está reñida con el placer gastronómica—, la “nueva dieta nórdica” no busca la longevidad, sino que lo hace con un enfoque de sostenibilidad local que el modelo mediterráneo a menudo ignora fuera de sus fronteras.
El hito más reciente es el estudio publicado en Frontiers in Endocrinology. Tras analizar a una población joven y de mediana edad, los investigadores liderados por Abdelgawwad El-Sehrawy descubrieron que aquellos que siguen estrictamente el patrón alimenticio del Mar Báltico tienen un 42% menos de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Si se utiliza el índice de adherencia más estricto, la protección sube hasta un asombroso 52%. Este hallazgo es crucial porque demuestra que los beneficios actúan como un escudo preventivo desde la juventud, y no solo en la tercera edad.
Un escudo contra las enfermedades modernas. La robustez de esta dieta se apoya en una “artillería” de investigaciones previas que ya apuntaban en esta dirección. Como detalla un estudio de 2024 publicado en Scientific Reports, la dieta nórdica es una de las mejores herramientas para combatir el hígado graso no alcohólico, reduciendo su riesgo en un 58%.
A esto se suma que los beneficios no se quedan en el metabolismo. Según un metaanálisis de 2022 publicado en Diabetologia analizó datos de más de un millón de personas, confirmando que quienes siguen este estilo de vida tienen un 26% menos de riesgo de morir por enfermedad cardiovascular, un 22% menos de riesgo de muerte prematura por cualquier causa y un 14% menos de probabilidad de morir por cáncer. Como afirma el Dr. David L. Katz, “todas las buenas dietas se componen de alimentos reales, en su mayoría vegetales; la nórdica es una variación magistral de ese mismo tema”.
¿Qué es comer como un nórdico? Muchos seguro que habrán pensado que sería algo así como “comer aranques todos los días”, pero (felizmente) no es así. El pilar es el aceite de canola (colza), rico en ácidos grasos omega-3 y más asequible que el de oliva, junto con:
- Cereales integrales: Centeno, cebada y avena (fundamentales por su bajo índice glucémico).
- Frutas del bosque: Arándanos, frambuesas y bayas silvestres.
- Tubérculos y crucíferas: Remolacha, zanahorias, coliflor y repollo.
- Pescado graso: Salmón, caballa y arenque.
- Lácteos fermentados: Como el skyr o el kéfir.
Más allá de la dieta. Uno de los puntos a destacar de la dieta es que, según una investigación del British Journal of Nutrition, las mujeres que seguían la dieta nórdica llegaban a la vejez con un rendimiento físico significativamente mayor, superando con facilidad pruebas de caminata y fuerza.
La dieta nórdica tiene un efecto secundario ‘inevitable’: la pérdida de peso. Y lo hace hackeando la sensación de hambre. El estudio NORDIET puso a prueba a sujetos con colesterol alto y el resultado fue una bajada de peso y presión arterial sin el estrés de medir cada gramo. Pero el dato más contundente lo dio el ensayo NND en The American Journal of Clinical Nutrition: los participantes con obesidad abdominal perdieron una media de 4,7 kg comiendo a demanda, sin restricciones de cantidad. Comparado con el escaso kilo y medio que perdieron quienes siguieron una dieta normal, el sistema nórdico se muestra mucho más eficiente.
Una solución para todos. Lo que nos enseña el norte es que la salud no es propiedad exclusiva de una geografía. Como bien apunta la dietista Joan Salge Blake, el éxito de esta dieta reside en su capacidad de sumar fuerzas. Es la mezcla de fibra, aceites saludables y antioxidantes lo que realmente importa, actuando como un bálsamo contra la inflamación. Es ahí, en esa inflamación que alimenta las enfermedades de nuestro siglo, donde la dieta nórdica libra y gana su batalla más importante.”
No hace falta vivir en Oslo para beneficiarse. La clave, según los expertos, es priorizar los alimentos integrales, elegir pescados grasos (aunque sean congelados o en conserva por su asequibilidad) y sustituir el pan blanco por centeno integral. Los nórdicos parecen haber encontrado la receta para una vida larga, fuerte y sostenible. En 2025, el combate ha terminado: el vikingo sabe cuidarse mejor.
Imagen | Unsplash
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