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Huawei quiere que en el futuro los coches conduzcan solos. Así que ya está ideando cómo esconder el volante

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China quiere liderar la carrera del coche del futuro, y para ello necesitará ganar en desarrollo de baterías, implementación de semiconductores propios, software para vehículos y… conducción autónoma. El país liderado por Xi Jinping está haciendo check en varios de estos pilares, y Huawei asume buena parte de estas victorias.

La compañía lleva años trabajando para liderar tecnologías asociadas a coches eléctricos, y la conducción autónoma es una de las claves que la caracterizan. Relacionado con la misma (y relacionado con cómo Huawei entiende el lujo en coches que cuentan con su tecnología), tenemos pistas sobre cómo serán sus propuestas de futuro.

Un volante que se esconde. El pasado 6 de junio, Shenzhen Yinwang Intelligent Technology Co., Ltd (subsidiaria participada mayoritariamente por Huawei) registró una patente de diseño ante la Oficina Nacional de Propiedad Intelectual de China.

Esta solicitud hacía referencia a un volante retráctil, capaz de quedar escondido en el puesto de mando. Una vez escondido. La patente no hace referencia al funcionamiento exacto, pero muestra una clave relacionada con su propósito: cómo se desplaza el asiento hacia atrás cuando el volante se pliega.

Captura De Pantalla 17 06 2025 A 09 33 34 A M
Captura De Pantalla 17 06 2025 A 09 33 34 A M

Los posibles usos. Huawei no ha detallado los escenarios de uso, pero hay uno bastante claro: que al entrar y salir del vehículo, el volante se pliegue. Aunque lo primero que se nos venga a la cabeza tenga que ver con conducción autónoma, el objetivo de la patente también tendría relación con la ganancia de espacio en el habitáculo.

Replegar el volante en conducción autónoma es posible, pero reservado para un grupo muy concreto de vehículos: aquellos que cuentan con capacidades de conducción autónoma de tipo L4 y L5. Actualmente, no hay un solo coche en el mundo con estas capacidades que podamos comprar como usuarios particulares. En China, se reserva para robotaxis como los Apollo Go de Baidu, o los Waymo de Alphabet en Estados Unidos. Vehículos con circulación muy restringida y flotas cerradas.

Qué es Yinwang y qué hace. Fundada en enero de 2024, Shenzhen Yinwang Intelligent Technology Co., Ltd es una subsidiaria de Huawei bajo su participación mayoritaria. El 20% restante está en manos de Avatr (un fabricante independiente que se vende en las propias tiendas de Huawei en China y que cuenta con HarmonyOS y tecnologías de Huawei) y Seres Group. Nace para transformar la división Huawei Intelligent Automotive Solution (HIAS) en uno de los principales proveedores de tecnología para coches eléctricos y autónomos.

Yinwang se encarga de fabricar y suministrar sistemas inteligentes para vehículos: algoritmos, sensores, integración de HarmonyOS adaptado a automoción, control de elementos del coche como gestión térmica, suspensión o frenado, etc. Entre sus clientes están marcas como AITO, Luxeed o Avatr, que disfrutan de las tecnologías de Huawei.

Cómo casa con la estrategia de Huawei. El papel de Huawei en el mundo del coche eléctrico es distinto al de rivales como Xiaomi. Huawei no hace coches eléctricos, desarrolla las tecnologías necesarias para que China los lidere. Ren Zhengfei, fundador de la compañía, mostraba su rechazo a términos comerciales como “Huawei Aito”, y dejaba claro que su plan es asociarse con distintas empresas para dotarlas de sus soluciones de automoción.

Por el momento, ha logrado asociarse con gigantes como Chery para dotar al Luxeed S7 de aparcamiento autónomo, pelea por ganar la carrera del cargador de coche eléctrico más rápido, y colabora con Aito para dotarlo de su software.

Las patentes, patentes son. Es importante matizar que el registro de una patente no tiene por qué traducirse en una materialización exacta de la idea recogida.

Imagen | Luxeed

En Xataka | China ha remontado en tres años otro campo tecnológico donde EEUU llevaba una delantera sideral: los robotaxis

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el cambio manual tiene “un efecto significativo en el mantenimiento de la salud mental y la función cognitiva”

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Un estudio de la Universidad de Tohoku (Japón) ha puesto cifras a algo que muchos aficionados al motor llevan años defendiendo por pura pasión. Y es que si bien no son precisamente pocos los entusiastas que afirman que conducir con cambio manual es más divertido, ahora podrían tener además la ciencia de su lado, ya que según el estudio, también podría ser más saludable para el cerebro. Y quien lo afirma, curiosamente, es el científico que está detrás de una de las sagas de videojuegos más vendidas de Nintendo.

Hace 20 años, entrenaba nuestro cerebro. El estudio está liderado por el profesor Ryuta Kawashima, neurocientífico del Instituto de Desarrollo, Envejecimiento y Cáncer de la Universidad de Tohoku. Su nombre resultará familiar a cualquiera que haya jugado a alguno de los títulos de Nintendo que protagoniza, ya que fue el responsable científico detrás de la saga Brain Age y Dr. Kawashima’s Brain Training, los juegos de “gimnasia mental” que Nintendo publicó entre 2003 y 2020.

Lo que dice del cambio manual. La investigación del neurocientífico analiza la actividad cerebral de conductores al volante de coches manuales y automáticos, y encuentra diferencias claras en la corteza prefrontal, la región del cerebro encargada de la memoria, la toma de decisiones y la atención.

Según recoge el medio japonés Best Car Web, Kawashima explica que al conducir un manual “hay que juzgar y luego elegir la marcha óptima según la situación, y esto supone una carga mayor para las funciones cognitivas del cerebro que conducir un automático pasivo”. Al final hay que tener en cuenta que, elegir la marcha adecuada, pisar el embrague, mover la palanca y dosificar el acelerador de forma simultánea obliga al cerebro y al cuerpo a coordinarse constantemente, algo que cualquiera que haya calado un coche mientras aprendía a conducir puede confirmar.

Entre líneas. Ese pequeño esfuerzo repetido, según el profesor, tiene beneficios que van más allá del simple placer de conducir. Kawashima sostiene que hacerlo con regularidad tiene “un efecto significativo en el mantenimiento de la salud mental y la función cognitiva”. Así pues, cambiar de marcha a diario podría funcionarnos como una especie de entrenamiento cerebral de bajo nivel, del tipo que el cerebro deja de recibir cuando el coche hace todo el trabajo por nosotros.

Cualquier hábito capaz de mantener el cerebro activo suma. Y en sociedades con población cada vez más envejecida, como la japonesa, contar con ese estímulo es importante, pues el deterioro cognitivo y la demencia son problemas de salud pública cada vez más acentuados.

Y sin embargo. La paradoja es que, mientras la ciencia tiene motivos para defenderlo, el cambio manual comienza a desaparecer del mercado a toda velocidad. En Japón y Estados Unidos apenas representa entre el 1% y el 2% de los coches nuevos vendidos, según los datos recogidos en el propio estudio. La irrupción de los vehículos híbridos y eléctricos, así como la comodidad que ofrece este tipo de transmisión, ha hecho que el cambio manual empiece a verse cada vez menos.

La fotografía todavía es distinta en Europa, aunque también vamos encaminados hacia este futuro. En España, según Motor1, mantenemos una tasa de coches manuales de en torno al 41% de las ventas, solo superada por Italia, con un 48%. Así que se podría decir que en España seguimos manteniendo un buen nivel de estímulos para nuestro cerebro mientras conducimos.

Imagen de portada | Nils Keesmekers

En Xataka | Los antieléctricos pierden un argumento sobre las baterías de los coches: un estudio confirma que son más duraderas de lo que se creía

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A la generación Z le contaron que el éxito laboral era tener un buen salario. Tener más vida se ha convertido en su nuevo lujo

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La generación Z está dibujando un nuevo escenario laboral y tenemos varios ejemplos de ello: tienen un concepto distinto de las relaciones laborales del que tenían las generaciones anteriores y su definición de compromiso ahora se rige por unas reglas que exigen reprocidad a las empresas.

No es raro. Esta generación ha visto cómo sus padres han trabajado sin parar y llegar igual de ahogados a fin de mes. Por eso, cuando los jóvenes hablan de éxito laboral, ya no piensan solo en la nómina, también lo hace en poder salir a su hora y poder dedicarle tiempo a su vida personal.

El paro que marca el paso. Para entender ese giro hay que mirar primero a la realidad de esta generación. Según datos del INE, el paro juvenil en España se situó en el 24,5% en el primer trimestre de 2026. Es casi el doble de la media que maneja Eurostat para el conjunto de la Unión Europea, algo por encima del 15%, pero la mitad del 42,91% que teníamos hace una década.

Tal y como apunta el ‘I Barómetro Retos y Aprendizajes. Posturas juveniles sobre los desafíos formativos y profesionales’ elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud y Banco Santander, esa presión está condicionando incluso decisiones tan importantes como elegir qué estudiar.

La urgencia del salario, aunque sea precario. Según datos de ese informe, el 64,7% de los jóvenes admite que decide su futuro pensando en ganar dinero cuanto antes, no en el trabajo que le gustaría hacer de verdad. “Quiero tener ya como una estabilidad. Entonces me apremia por eso, porque no quiero vivir constantemente como al límite, quiero tener esa estabilidad”, aseguraba uno de los jóvenes participantes del estudio.

Seis de cada diez creen, además, que hay factores ajenos a su esfuerzo que frenan el avance en su carrera laboral: precariedad, falta de oportunidades y presión económica se sitúan entre las más mencionadas. Y aun así, el 67% no contempla tirar la toalla pese a las dificultades para prosperar en su carrera laboral, alejándose del estereotipo de la juventud desmotivada.

El éxito cambia de definición. Con ese punto de partida, los jóvenes de la generación Z han cambiado la definición de lo que se considera triunfar en el trabajo. Antes el éxito consistía en subir de categoría y de sueldo cada pocos años. Ahora entran en la ecuación el tiempo libre, la salud mental y un ambiente de trabajo que no queme. La conciliación deja de ser un extra y pasa a ser condición de entrada.

El informe Workmonitor de Randstad marca un punto de inflexión: el equilibrio entre vida y trabajo ya pesa más que el sueldo a la hora de valorar un empleo. Más de la mitad de los encuestados dejaría su puesto si le impide vivir fuera de la oficina.

Lo que piden: orientación y educación financiera. Según los datos del Barómetro del Centro Reina Sofía, la generación Z tampoco pide un milagro, solo una guía para desarrollar sus capacidades profesionales. El 75,7% quiere entender mejor qué le interesa antes de decidir su carrera, mientras que el 74% reclama más información sobre las salidas laborales reales de cada opción formativa. Es decir, no perder el tiempo estudiando una carrera que les deje en una vía muerta. Y más del 73% echa en falta formación financiera básica para gestionar su día a día.

El resultado de todo ello es que en el futuro vamos a tener menos jóvenes dispuestos a sacrificar tiempo de su vida personal por un poco más de sueldo, y más empresas que van a tener que ofrecer ambas cosas como incentivo si quieren retener talento.

En Xataka | La riqueza de los españoles menores de 35 años se ha desplomado un 75% en los últimos años. Y sabemos el culpable

Imagen | Unsplash (Vitaly Gariev)

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A la generación Z le contaron que el éxito laboral era tener un buen salario. Tener más vida se ha convertido en su nuevo lujo

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La generación Z está dibujando un nuevo escenario laboral y tenemos varios ejemplos de ello: tienen un concepto distinto de las relaciones laborales del que tenían las generaciones anteriores y su definición de compromiso ahora se rige por unas reglas que exigen reprocidad a las empresas.

No es raro. Esta generación ha visto cómo sus padres han trabajado sin parar y llegar igual de ahogados a fin de mes. Por eso, cuando los jóvenes hablan de éxito laboral, ya no piensan solo en la nómina, también lo hace en poder salir a su hora y poder dedicarle tiempo a su vida personal.

El paro que marca el paso. Para entender ese giro hay que mirar primero a la realidad de esta generación. Según datos del INE, el paro juvenil en España se situó en el 24,5% en el primer trimestre de 2026. Es casi el doble de la media que maneja Eurostat para el conjunto de la Unión Europea, algo por encima del 15%, pero la mitad del 42,91% que teníamos hace una década.

Tal y como apunta el ‘I Barómetro Retos y Aprendizajes. Posturas juveniles sobre los desafíos formativos y profesionales’ elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud y Banco Santander, esa presión está condicionando incluso decisiones tan importantes como elegir qué estudiar.

La urgencia del salario, aunque sea precario. Según datos de ese informe, el 64,7% de los jóvenes admite que decide su futuro pensando en ganar dinero cuanto antes, no en el trabajo que le gustaría hacer de verdad. “Quiero tener ya como una estabilidad. Entonces me apremia por eso, porque no quiero vivir constantemente como al límite, quiero tener esa estabilidad”, aseguraba uno de los jóvenes participantes del estudio.

Seis de cada diez creen, además, que hay factores ajenos a su esfuerzo que frenan el avance en su carrera laboral: precariedad, falta de oportunidades y presión económica se sitúan entre las más mencionadas. Y aun así, el 67% no contempla tirar la toalla pese a las dificultades para prosperar en su carrera laboral, alejándose del estereotipo de la juventud desmotivada.

El éxito cambia de definición. Con ese punto de partida, los jóvenes de la generación Z han cambiado la definición de lo que se considera triunfar en el trabajo. Antes el éxito consistía en subir de categoría y de sueldo cada pocos años. Ahora entran en la ecuación el tiempo libre, la salud mental y un ambiente de trabajo que no queme. La conciliación deja de ser un extra y pasa a ser condición de entrada.

El informe Workmonitor de Randstad marca un punto de inflexión: el equilibrio entre vida y trabajo ya pesa más que el sueldo a la hora de valorar un empleo. Más de la mitad de los encuestados dejaría su puesto si le impide vivir fuera de la oficina.

Lo que piden: orientación y educación financiera. Según los datos del Barómetro del Centro Reina Sofía, la generación Z tampoco pide un milagro, solo una guía para desarrollar sus capacidades profesionales. El 75,7% quiere entender mejor qué le interesa antes de decidir su carrera, mientras que el 74% reclama más información sobre las salidas laborales reales de cada opción formativa. Es decir, no perder el tiempo estudiando una carrera que les deje en una vía muerta. Y más del 73% echa en falta formación financiera básica para gestionar su día a día.

El resultado de todo ello es que en el futuro vamos a tener menos jóvenes dispuestos a sacrificar tiempo de su vida personal por un poco más de sueldo, y más empresas que van a tener que ofrecer ambas cosas como incentivo si quieren retener talento.

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