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El alquiler ha subido tanto en Baleares que sus vecinos tienen problemas para fichar algo clave: examinadores de la DGT

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En Baleares sacarse el carné de conducir requiere algo más que dominar las normas de circulación y tener cierta pericia al volante. Hace falta paciencia. Mucha. Desde hace tiempo las autoescuelas de Mallorca advierten a los aspirantes a conductores que pueden tardar varios meses en presentarse al examen práctico, un cuello de botella que el colectivo explica en gran medida por la escasez de examinadores de Tráfico. Falta personal. Y los precios del archipiélago no se lo pone fácil a los funcionarios que ya están allí.

La vivienda se ha encarecido tanto en las islas que resulta inasumible y lleva a no pocos examinadores a solicitar el traslado a la península en cuanto pueden.

En verano y sin examinadores. La noticia la avanzaba el domingo Diario de Mallorca: pese a que muchos estudiantes aprovechan las vacaciones para sacarse el carné de conducir, el archipiélago balear se ha encontrado con la amenaza de un verano sin apenas examinadores de Tráfico. El motivo es doble. Primero, en las islas hay apenas 16 examinadores. Segundo, buena parte de ellos (diez) dejarán de trabajar a lo largo de los próximos meses por una razón u otra.

La presidenta de la Asociación Balear de Autoescuelas, Joana Ribas, asegura que de los 16 funcionarios que se encargan de examinar en el archipiélago, ocho planean marcharse tras solicitar el traslado, otro ha aprobado unas oposiciones para cambiar de puesto y hay uno a punto de jubilarse. “Yo había calculado que podrían pedir macharse cuatro o cinco, pero no esperaba que me dijeran que vamos a perder diez”.

Un problema mayor. Tras alertar de la situación en la que se quedaría el archipiélago sin esos profesionales, la DGT se habría comprometido a retrasar varios meses el traslado de los examinadores, lo que le permitirá al menos mantener cubiertos los meses de verano. Según Diario de Mallorca, la Tráfico también enviará relevos para cubrir las vacantes.

Eso no evita que las autoescuelas miren con preocupación el horizonte: el colectivo lleva tiempo advirtiendo de la escasez de personal de Tráfico y entre los que han solicitado el traslado hay examinadores que cubren Ibiza y Menorca.

Hace un año el número de alumnos pendientes de examinarse ya rondaba los 8.000 y a comienzos de 2025 la lista de espera se mantenía en 7.000. No es extraño que para presentarse al examen práctico, un requisito para conseguir el carné de conducir, los aspirantes deban aguardar varios meses. “El problema son los continuos parches del ministerio, que no contempla ampliar la plantilla de examinadores. Harían falta unos siete u ocho en Baleares”, señala Ribas en la SER.

Algo más que conductores. Los problemas del archipiélago para cubrir la demanda no se explican solo por la mayor o menor disponibilidad de plazas para examinadores. Uno de sus retos es que a los funcionarios que llegan de fuera para ocupar esos puestos no les resulta fácil asentarse en una región marcada por la escalada del coste de la vivienda. Solo a lo largo del último año su precio se ha disparado algo más de un 17%, según los datos del portal Idealista.

¿El resultado? Los funcionarios de otros puntos de España destinados al archipiélago acaban recurriendo a los concursos de traslado para buscar puestos en otras regiones, lugares en los que el m2 no cueste 6.625 euros, como en Ibiza. El problema está tan enquistado que Ribas reconoce que, aunque ahora lleguen fichajes para cubrir las vacantes, la situación se repetirá en unos años.

¿Es un problema nuevo? No. Hace un año El Confidencial alertaba ya del complejo escenario al que se enfrentaban los alumnos de las autoescuelas baleares y las dificultades para que el archipiélago resultase “atractivo” para los examinadores llegados de la península. El diario precisaba que el plus de insularidad que cobraban era de apenas 80 euros, lejos de los 400 de las Canarias, Ceuta o Melilla. El problema no es desconocido para Tráfico, que reconoce que “uno de los factores que más influye” en la escasez de examinadores es “el elevado coste de la vida y la vivienda, llegando al extremo si nos referimos a Ibiza”.

Las patronales reclaman más técnicos y sugieren algunas soluciones. Ribas plantea por ejemplo la creación de “bolsas” internas que faciliten que las vacantes de examinadores en aquellas zonas con más problemas para captarlos se ocupen por personal autóctono. El objetivo: evitar escenarios como el que se han encontrado este año a las puertas del verano o que los alumnos opten por sacarse el carné en otros puntos de España, donde las esperas son mucho más cortas.

Algo más que examinadores. En Baleares a las autoescuelas no solo les está resultando complicado contar con examinadores de Tráfico. El Diario revelaba hace unos días que los centros están captando también profesores en la península o incluso en otros países de Europa para que se trasladan a Mallorca a dar clases, ofertas que en las que incluyen alojamiento.

El archipiélago tampoco es el único que ha visto cómo su elevado coste de vida, especialmente la vivienda, le complica el fichaje de servicios básicos. Ocurre en Galicia con otro perfil especialmente demandado en verano: los socorristas.

Imágenes | Circula Seguro (Flickr) y Mike Swigunski (Unsplash)

En Xataka | Hay tantos alemanes en Mallorca que la isla ya se prepara para su gran ‘sorpasso’: vivienda más cara que en Alemania

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el cambio manual tiene “un efecto significativo en el mantenimiento de la salud mental y la función cognitiva”

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Un estudio de la Universidad de Tohoku (Japón) ha puesto cifras a algo que muchos aficionados al motor llevan años defendiendo por pura pasión. Y es que si bien no son precisamente pocos los entusiastas que afirman que conducir con cambio manual es más divertido, ahora podrían tener además la ciencia de su lado, ya que según el estudio, también podría ser más saludable para el cerebro. Y quien lo afirma, curiosamente, es el científico que está detrás de una de las sagas de videojuegos más vendidas de Nintendo.

Hace 20 años, entrenaba nuestro cerebro. El estudio está liderado por el profesor Ryuta Kawashima, neurocientífico del Instituto de Desarrollo, Envejecimiento y Cáncer de la Universidad de Tohoku. Su nombre resultará familiar a cualquiera que haya jugado a alguno de los títulos de Nintendo que protagoniza, ya que fue el responsable científico detrás de la saga Brain Age y Dr. Kawashima’s Brain Training, los juegos de “gimnasia mental” que Nintendo publicó entre 2003 y 2020.

Lo que dice del cambio manual. La investigación del neurocientífico analiza la actividad cerebral de conductores al volante de coches manuales y automáticos, y encuentra diferencias claras en la corteza prefrontal, la región del cerebro encargada de la memoria, la toma de decisiones y la atención.

Según recoge el medio japonés Best Car Web, Kawashima explica que al conducir un manual “hay que juzgar y luego elegir la marcha óptima según la situación, y esto supone una carga mayor para las funciones cognitivas del cerebro que conducir un automático pasivo”. Al final hay que tener en cuenta que, elegir la marcha adecuada, pisar el embrague, mover la palanca y dosificar el acelerador de forma simultánea obliga al cerebro y al cuerpo a coordinarse constantemente, algo que cualquiera que haya calado un coche mientras aprendía a conducir puede confirmar.

Entre líneas. Ese pequeño esfuerzo repetido, según el profesor, tiene beneficios que van más allá del simple placer de conducir. Kawashima sostiene que hacerlo con regularidad tiene “un efecto significativo en el mantenimiento de la salud mental y la función cognitiva”. Así pues, cambiar de marcha a diario podría funcionarnos como una especie de entrenamiento cerebral de bajo nivel, del tipo que el cerebro deja de recibir cuando el coche hace todo el trabajo por nosotros.

Cualquier hábito capaz de mantener el cerebro activo suma. Y en sociedades con población cada vez más envejecida, como la japonesa, contar con ese estímulo es importante, pues el deterioro cognitivo y la demencia son problemas de salud pública cada vez más acentuados.

Y sin embargo. La paradoja es que, mientras la ciencia tiene motivos para defenderlo, el cambio manual comienza a desaparecer del mercado a toda velocidad. En Japón y Estados Unidos apenas representa entre el 1% y el 2% de los coches nuevos vendidos, según los datos recogidos en el propio estudio. La irrupción de los vehículos híbridos y eléctricos, así como la comodidad que ofrece este tipo de transmisión, ha hecho que el cambio manual empiece a verse cada vez menos.

La fotografía todavía es distinta en Europa, aunque también vamos encaminados hacia este futuro. En España, según Motor1, mantenemos una tasa de coches manuales de en torno al 41% de las ventas, solo superada por Italia, con un 48%. Así que se podría decir que en España seguimos manteniendo un buen nivel de estímulos para nuestro cerebro mientras conducimos.

Imagen de portada | Nils Keesmekers

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A la generación Z le contaron que el éxito laboral era tener un buen salario. Tener más vida se ha convertido en su nuevo lujo

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La generación Z está dibujando un nuevo escenario laboral y tenemos varios ejemplos de ello: tienen un concepto distinto de las relaciones laborales del que tenían las generaciones anteriores y su definición de compromiso ahora se rige por unas reglas que exigen reprocidad a las empresas.

No es raro. Esta generación ha visto cómo sus padres han trabajado sin parar y llegar igual de ahogados a fin de mes. Por eso, cuando los jóvenes hablan de éxito laboral, ya no piensan solo en la nómina, también lo hace en poder salir a su hora y poder dedicarle tiempo a su vida personal.

El paro que marca el paso. Para entender ese giro hay que mirar primero a la realidad de esta generación. Según datos del INE, el paro juvenil en España se situó en el 24,5% en el primer trimestre de 2026. Es casi el doble de la media que maneja Eurostat para el conjunto de la Unión Europea, algo por encima del 15%, pero la mitad del 42,91% que teníamos hace una década.

Tal y como apunta el ‘I Barómetro Retos y Aprendizajes. Posturas juveniles sobre los desafíos formativos y profesionales’ elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud y Banco Santander, esa presión está condicionando incluso decisiones tan importantes como elegir qué estudiar.

La urgencia del salario, aunque sea precario. Según datos de ese informe, el 64,7% de los jóvenes admite que decide su futuro pensando en ganar dinero cuanto antes, no en el trabajo que le gustaría hacer de verdad. “Quiero tener ya como una estabilidad. Entonces me apremia por eso, porque no quiero vivir constantemente como al límite, quiero tener esa estabilidad”, aseguraba uno de los jóvenes participantes del estudio.

Seis de cada diez creen, además, que hay factores ajenos a su esfuerzo que frenan el avance en su carrera laboral: precariedad, falta de oportunidades y presión económica se sitúan entre las más mencionadas. Y aun así, el 67% no contempla tirar la toalla pese a las dificultades para prosperar en su carrera laboral, alejándose del estereotipo de la juventud desmotivada.

El éxito cambia de definición. Con ese punto de partida, los jóvenes de la generación Z han cambiado la definición de lo que se considera triunfar en el trabajo. Antes el éxito consistía en subir de categoría y de sueldo cada pocos años. Ahora entran en la ecuación el tiempo libre, la salud mental y un ambiente de trabajo que no queme. La conciliación deja de ser un extra y pasa a ser condición de entrada.

El informe Workmonitor de Randstad marca un punto de inflexión: el equilibrio entre vida y trabajo ya pesa más que el sueldo a la hora de valorar un empleo. Más de la mitad de los encuestados dejaría su puesto si le impide vivir fuera de la oficina.

Lo que piden: orientación y educación financiera. Según los datos del Barómetro del Centro Reina Sofía, la generación Z tampoco pide un milagro, solo una guía para desarrollar sus capacidades profesionales. El 75,7% quiere entender mejor qué le interesa antes de decidir su carrera, mientras que el 74% reclama más información sobre las salidas laborales reales de cada opción formativa. Es decir, no perder el tiempo estudiando una carrera que les deje en una vía muerta. Y más del 73% echa en falta formación financiera básica para gestionar su día a día.

El resultado de todo ello es que en el futuro vamos a tener menos jóvenes dispuestos a sacrificar tiempo de su vida personal por un poco más de sueldo, y más empresas que van a tener que ofrecer ambas cosas como incentivo si quieren retener talento.

En Xataka | La riqueza de los españoles menores de 35 años se ha desplomado un 75% en los últimos años. Y sabemos el culpable

Imagen | Unsplash (Vitaly Gariev)

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No es raro. Esta generación ha visto cómo sus padres han trabajado sin parar y llegar igual de ahogados a fin de mes. Por eso, cuando los jóvenes hablan de éxito laboral, ya no piensan solo en la nómina, también lo hace en poder salir a su hora y poder dedicarle tiempo a su vida personal.

El paro que marca el paso. Para entender ese giro hay que mirar primero a la realidad de esta generación. Según datos del INE, el paro juvenil en España se situó en el 24,5% en el primer trimestre de 2026. Es casi el doble de la media que maneja Eurostat para el conjunto de la Unión Europea, algo por encima del 15%, pero la mitad del 42,91% que teníamos hace una década.

Tal y como apunta el ‘I Barómetro Retos y Aprendizajes. Posturas juveniles sobre los desafíos formativos y profesionales’ elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud y Banco Santander, esa presión está condicionando incluso decisiones tan importantes como elegir qué estudiar.

La urgencia del salario, aunque sea precario. Según datos de ese informe, el 64,7% de los jóvenes admite que decide su futuro pensando en ganar dinero cuanto antes, no en el trabajo que le gustaría hacer de verdad. “Quiero tener ya como una estabilidad. Entonces me apremia por eso, porque no quiero vivir constantemente como al límite, quiero tener esa estabilidad”, aseguraba uno de los jóvenes participantes del estudio.

Seis de cada diez creen, además, que hay factores ajenos a su esfuerzo que frenan el avance en su carrera laboral: precariedad, falta de oportunidades y presión económica se sitúan entre las más mencionadas. Y aun así, el 67% no contempla tirar la toalla pese a las dificultades para prosperar en su carrera laboral, alejándose del estereotipo de la juventud desmotivada.

El éxito cambia de definición. Con ese punto de partida, los jóvenes de la generación Z han cambiado la definición de lo que se considera triunfar en el trabajo. Antes el éxito consistía en subir de categoría y de sueldo cada pocos años. Ahora entran en la ecuación el tiempo libre, la salud mental y un ambiente de trabajo que no queme. La conciliación deja de ser un extra y pasa a ser condición de entrada.

El informe Workmonitor de Randstad marca un punto de inflexión: el equilibrio entre vida y trabajo ya pesa más que el sueldo a la hora de valorar un empleo. Más de la mitad de los encuestados dejaría su puesto si le impide vivir fuera de la oficina.

Lo que piden: orientación y educación financiera. Según los datos del Barómetro del Centro Reina Sofía, la generación Z tampoco pide un milagro, solo una guía para desarrollar sus capacidades profesionales. El 75,7% quiere entender mejor qué le interesa antes de decidir su carrera, mientras que el 74% reclama más información sobre las salidas laborales reales de cada opción formativa. Es decir, no perder el tiempo estudiando una carrera que les deje en una vía muerta. Y más del 73% echa en falta formación financiera básica para gestionar su día a día.

El resultado de todo ello es que en el futuro vamos a tener menos jóvenes dispuestos a sacrificar tiempo de su vida personal por un poco más de sueldo, y más empresas que van a tener que ofrecer ambas cosas como incentivo si quieren retener talento.

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