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He probado Dia, el navegador que reemplaza a Arc y lo apuesta todo a la IA. No ha salido como esperaba
Esta historia empieza hace casi tres años, en julio de 2022. Ese día descubrí Arc cuando era poco más que una idea bonita con invitaciones exclusivas. Lo probé, no me convenció. Era demasiado diferente, demasiado pretencioso quizás. Volví a Safari sin mirar atrás.
Un año después, segunda oportunidad. Misma conclusión. Arc seguía pareciendo esa aplicación que quería enseñarme a navegar cuando yo ya sabía hacerlo perfectamente.
Pero el verano de 2024 fue diferente. Arc no solo me convenció, me fascinó. Se convirtió en algo más que un navegador. Era mi herramienta de productividad.
- Las pestañas verticales.
- Las pestañas divididas.
- Los espacios.
- La elegancia versátil de su interfaz.
- La forma en que organizaba mi día digital.
Arc no navegaba páginas web. Construía mi flujo de trabajo.

En los ajustes de Arc aparece la fecha del registro. Casi tres años desde la primera prueba. Imagen: Xataka.
Y entonces llegó diciembre. Hace seis meses. Josh Miller subió un vídeo a YouTube. “Estamos construyendo algo nuevo”, dijo. Se llamaba Dia y era el futuro de la navegación. Arc, por supuesto, seguiría existiendo, pero con “mantenimiento mínimo”. La típica frase empresarial que significa abandono gradual sin decirlo explícitamente.
La comunidad de Arc estalló. Con razón. Habían construido algo precioso, habían conseguido una base de usuarios apasionada, y decidían empezar desde cero. Para perseguir la quimera de la IA.
Hace una semana conseguí probarlo. Todavía no está en su versión final, pero quise probar sus fundamentos. Mis expectativas eran bajas, pero no mi curiosidad.
Abres Dia y ves Chrome. Chrome bonito, Chrome pulido, Chrome con mejores animaciones, pero Chrome al fin y al cabo. O Chromium, vaya.
- La interfaz horizontal tradicional.
- La barra de direcciones arriba.
- Las pestañas donde siempre han estado.
- Ni rastro de las pestañas divididas.

Esto es Dia. Pestañas, barra de direcciones, etc, donde siempre estuvieron antes de Arc. Las propuestas diferenciales de Arc, ausentes. Imagen: Xataka.
Todo lo que Arc había revolucionado, de vuelta al diseño convencional. La diferencia está en la barra lateral derecha. Un chatbot integrado. Una interfaz de conversación que puede ver lo que estás viendo, que puede leer tus pestañas, que supuestamente entiende tu contexto. Es ChatGPT, pero con acceso a tu navegador.
La idea es seductora. Imagínate poder preguntarle a tu navegador qué significa ese gráfico complejo que estás viendo, o pedirle que resuma los cinco artículos que tienes abiertos, o que te ayude a redactar una respuesta basándose en toda la información que has estado leyendo. El contexto perfecto para la asistencia perfecta. Lo que hemos visto en otros navegadores, pero desde las raíces, no como parche posterior.

Imagen: Xataka.
La realidad es más mundana.
Le pregunté a Dia por el contenido de la pestaña que tenía delante. Me hizo una sugerencia que no tenía sentido. Le pasé una captura de pantalla para afinar su contexto. Me dio un consejo sin sentido.
Intenté que resumiera artículos que –mala praxis– tenía texto integrado en imágenes. No pudo leerlos. Inventó respuestas que eran factibles, pero no ciertas. E hizo lo que cualquier LLM hace cuando no sabe algo: fingir que sí lo sabe y construir una mentira muy convincente. El chatbot de Dia usa una API de OpenAI al fin y al cabo.
Es el problema de estas herramientas: cuando no saben, no dicen “no sé”. Improvisan. Cuando eres experto en la materia, la cazas al vuelo. Cuando no, te la pueden colar.
Y luego está lo peor: lo que falta. No hay pestañas verticales, ni espacios para organizar proyectos, ni casi nada de lo que hizo grande a Arc. Ojalá lo incluyan. Pero el primer vistazo es un jarro de agua fría.
Dia es lo que Arc nunca fue: convencional.
La lógica empresarial es comprensible: Arc era demasiado sofisticado para el usuario promedio. Tenía una curva de aprendizaje pronunciada. Sus mejores funciones eran usadas por una minoría dentro de otra minoría. El mercado masivo sigue usando Chrome porque es simple, familiar, predecible. Conveniente.
Dia intenta ser un navegador que cualquiera pueda usar desde el primer día, pero con IA integrada. El plan debe ser capturar usuarios que nunca se habrían molestado en aprender Arc, pero que sí utilizarían un Chrome mejorado con IA nativa.
El problema es que ya existe. O va a existir pronto. Se llama Chrome y está integrando Gemini. Se llama Edge y tiene Copilot. Se llama Opera e integra herramientas de IA propias y ajenas. Dia llega tarde a una fiesta ya empezada y sin una propuesta tan diferenciadora como lo fue Arc.

Dia respondiendo bien una consulta. Es más útil en larguísimas páginas o documentos, donde localizar información concreta es más tedioso. El problema está en que basa su punto diferencial ahí, en ahorrarnos un copiar y pegar en otro chatbot como ChatGPT. O en asumir que esto no es posible fuera de Dia. Pero sí lo es. Imagen: Xataka.
Si le quitamos el marketing y las presentaciones elegantísimas con Garamond y transparencias, Dia es un Chromium estándar con un chatbot en la barra lateral. Eso es todo. Todo lo que lo hace especial es la IA, y esa IA no es especial. Es GPT leyendo tus pestañas. También puedes invocar a varias de una tacada. Útil, seguramente. Pero poco revolucionario.
Mientras tanto, Arc se va marchitando. Oficialmente, “en mantenimiento”. Sin nuevas características, sin evolución. Quienes nos enamoramos de su propuesta de valor única hemos sido abandonados en favor de perseguir un mercado que quizás no existe. O que está ocupado por otros más grandes.
Es el síndrome del objeto brillante llevado al extremo empresarial. Arc tenía problemas, cierto. La versión de Windows era bastante inferior, la sincronización móvil, muy limitada; los bugs todavía asomaban y alguna característica parecía a medio implementar. Pero tenía una identidad clara y una propuesta de valor única. Era –es– distinto por buenas razones.
Dia es diferente por diferir. Su IA es a día de hoy su única carta. De hecho su tutorial en vídeo va de cómo usar el chatbot, nada más. No tengo claro que esa carta sea tan fuerte como sus creadores creen. Y menos aún oliéndonos que OpenAI prepara su propio navegador, y que Perplexity ya tiene uno en camino.
Y aquí viene algo importante: Dia está en fase beta. Sería injusto juzgarlo de forma definitiva. Pero sí podemos juzgar las decisiones de fondo, la visión, la estrategia. Y mi impresión es que The Browser Company ha cambiado una propuesta de valor única y defendible por una apuesta mucho más liviana en un mercado saturado.
Han escogido competir en IA, no en navegación. Han preferido seguir la escala masiva en lugar de servir a su nicho apasionado.
Puede que tengan razón, y que el futuro pase por navegar mediante conversaciones con IA, no con clicks y URLs, y por tanto la herencia de Arc no importe. Puede que Dia evolucione hasta ser algo transformador. Puede que yo esté siendo demasiado nostálgico con Arc y demasiado escéptico con Dia.
Pero hoy, junio de 2025, Dia se siente como una concesión. Como una empresa que ha decidido que es más fácil hacer lo que todo el mundo hace, pero un poco mejor, que seguir haciendo lo que nadie más hace, pero mucho mejor.
Arc me enseñó que los navegadores podían ser más que herramientas de acceso a Internet. Podían ser entornos de trabajo. Podían adaptarse a ti en lugar de obligarte a adaptarte a ellos. Podían ser personales.
Dia me ha recordado que las empresas tienden a escoger el camino más seguro.
Seguiré probando Dia. Quiero que evolucione, que reincorpore lo que ha hecho brillar a Arc en lugar de cargárselo. Que me demuestre que estoy equivocado. Sería estupendo. Pero hoy, por primera vez en mucho tiempo, me veo volviendo a Safari o Chrome, sobre todo si Arc acaba empadronado donde habita el olvido.
Y esa es la historia. La historia de cuando probé el futuro y me supo a pasado.
Imagen destacada | Xataka, Mockuuups Studio
En Xataka | El navegador lleva tres décadas siendo esencialmente lo mismo. La IA está a punto de cambiarlo
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La preservación de videojuegos ya ha sido herida de muerte con Sony. El siguiente golpe viene de todo un país: Alemania
Muchas veces hemos tratado los videojuegos como si su disponibilidad estuviera garantizada, incluso cuando dependían de discos, tiendas digitales y servidores que podían desaparecer. Lo que hemos visto esta semana recuerda que conservarlos exige algo más que voluntad: hacen falta soportes que sobrevivan y organismos capaces de catalogarlos, mantenerlos y abrirlos a investigadores y público. Sony ha decidido cerrar una de esas vías para los lanzamientos futuros. Casi al mismo tiempo, Alemania ha dejado caer uno de los proyectos públicos más ambiciosos que existían para evitar que esa memoria se pierda.
El cierre ya está en marcha. La Internationale Computerspielesammlung, conocida como ICS, se encuentra en proceso de disolución después de que la financiación pública que la sostenía expirara a finales de abril de 2026. GamesWirtschaft señala que el Gobierno federal rechazó renovar su parte del apoyo y los socios votaron por unanimidad disolver la sociedad. La decisión no borra de golpe las colecciones existentes, pero sí deja sin continuidad definida la base de datos compartida y la infraestructura que permitía consultarla, cuyo futuro permanece bajo revisión jurídica y técnica.
Un archivo de más de 60.000 juegos. La ICS reunía registros y fondos aportados por instituciones como el Computerspielemuseum de Berlín, la USK, la asociación game y el centro de investigación DIGAREC. La colección abarcaba cartuchos, disquetes, CD, DVD y Blu-ray, además de cajas, manuales, materiales asociados y hardware. Eso sí, lo que podía consultarse públicamente desde abril de 2019 era la base de datos digital, no los juegos en sí. Las piezas físicas continúan en manos de las entidades propietarias.
La ambición iba mucho más allá. La ICS aspiraba a reunir en un mismo lugar los fondos que seguían repartidos entre sus socios y convertir el conjunto en una herramienta estable para investigadores, medios y especialistas. El plan incluía facilitar el acceso mediante emulación automatizada y crear una sede pública permanente en la región de la capital alemana. El salto completo nunca llegó a consolidarse: ya existía un repositorio, pero faltaban la institucionalización permanente, la sede pública y el acceso previsto mediante emulación. Esa segunda fase quedó sin completar.
El dinero no encontró una salida estable. Las ayudas procedían del Senado de Berlín y del comisionado federal de Cultura, pero estaban vinculadas a una fase temporal de la iniciativa. Cuando la política de videojuegos pasó en 2025 al Ministerio Federal de Investigación, Tecnología y Espacio, este estudió si podía convertir la ICS en una institución permanente. Finalmente concluyó que el modelo no era económicamente viable por la escala del trabajo necesario.
Preservar también significa garantizar el acceso. El escenario que dejan estos dos movimientos no implica únicamente que haya menos objetos que guardar o menos proyectos capaces de ordenarlos. También se debilita la posibilidad de consultar, estudiar y comprender esos juegos dentro de varias décadas, cuando dependan de hardware, documentación y sistemas que quizá ya no existan. La coincidencia entre el anuncio de Sony y la caída de la ICS apunta en esa dirección: la memoria del videojuego no desaparece de una vez, sino cuando se retiran, una a una, las estructuras que permiten mantenerla disponible.
Imágenes | Sei
En Xataka | ‘Minecraft’ ha conseguido algo revolucionario en la dinámica del juego: permitir que sus usuarios se sienten
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El nuevo modelo chino Kimi K3 ya es número uno en Frontend Code Arena. Y está desatando una locura en Internet
Parece que fue ayer cuando DeepSeek R1 puso en cuestión una idea que muchos daban por sentada: que la carrera por la inteligencia artificial avanzada seguía teniendo un dueño claro en Silicon Valley. La irrupción del modelo chino contribuyó a desencadenar una venta masiva de tecnológicas y llevó a NVIDIA a sufrir una pérdida diaria de capitalización sin precedentes hasta entonces. Con el paso de los meses, aquella imagen perdió intensidad, pero el mensaje permaneció: el ecosistema tecnológico chino no estaba dispuesto a limitarse a seguir el ritmo de Estados Unidos.
El siguiente aviso tiene ahora otro nombre: Kimi K3. Moonshot AI acaba de presentar un modelo de 2,8 billones de parámetros totales que, apenas llegar, se ha colocado en lo más alto de Frontend Code Arena, por delante de algunas de las propuestas más potentes de Anthropic y OpenAI. Pero la historia no se limita a una clasificación: desarrolladores y aficionados ya lo están utilizando para levantar interfaces, juegos y recreaciones que cualquiera puede ver y, en algunos casos, probar. Ahí es donde empieza realmente este artículo.
Merece la pena detenerse en el detalle de esa clasificación. Al momento de escribir este artículo, Kimi K3 alcanza 1.679 puntos en Frontend Code Arena, por delante de Claude Fable 5, con 1.631, y GPT-5.6 Sol xHigh, con 1.618. La mejora frente a la generación anterior también resulta llamativa: Kimi K2.6 ocupaba el puesto 18, mientras que su sucesor lidera seis de los siete dominios evaluados. Arena mantiene por ahora la etiqueta de resultado preliminar, por lo que conviene leer esta posición como una fotografía muy significativa, pero todavía susceptible de cambios.


No estamos ante un examen universal de programación, sino ante una prueba muy concreta. Frontend Code Arena compara aplicaciones web creadas por distintos modelos y deja que los usuarios valoren cuál resuelve mejor la tarea, cuál funciona con más solvencia y cuál presenta una experiencia más cuidada. Ese enfoque resulta especialmente útil para medir capacidades visibles y prácticas, pero también tiene límites evidentes. Que Kimi K3 lidere aquí nos dice mucho sobre su rendimiento en frontend, aunque no permite extender automáticamente esa ventaja a repositorios complejos, backend, matemáticas o razonamiento general.
Fuera de este terreno concreto, la fotografía sigue siendo favorable, aunque más equilibrada. Vals AI sitúa a Kimi K3 segundo entre 38 modelos, con un 74,70%, apenas por detrás de Claude Fable 5, que alcanza el 75,14%, y por encima de GPT-5.6 Sol, con un 73,12%. Artificial Analysis también lo coloca entre los sistemas más avanzados de su clasificación, con 57 puntos y el tercer puesto general.
Donde Kimi K3 parece sentirse más cómodo es en tareas que combinan programación, contexto visual y varios pasos encadenados. Arena respalda su capacidad para construir interfaces web, mientras que Vals AI también registra un rendimiento elevado en pruebas de programación con agentes. Moonshot añade que el modelo puede recorrer repositorios extensos, utilizar herramientas de terminal y revisar capturas de su propio trabajo para corregir el resultado sobre la marcha. Esa última capacidad, que la compañía denomina “vision in the loop” (visión dentro del bucle), ayuda a explicar por qué destaca al transformar referencias visuales en productos interactivos.
También hay varias cautelas antes de interpretar Kimi K3 como una victoria definitiva. Moonshot lo presenta como un modelo de pesos abiertos, pero esos archivos todavía no se han publicado y la compañía promete liberarlos a más tardar el 27 de julio. Tampoco debemos confundir esa apertura con código abierto completo, porque aún faltan detalles sobre la licencia y el resto del sistema. Sus 2,8 billones de parámetros totales pertenecen a una arquitectura dispersa que activa 16 de sus 896 expertos. La propia empresa recomienda configuraciones con 64 aceleradores o más, muy lejos de lo que puede ofrecer un ordenador convencional.


La reacción de la comunidad ayuda a entender por qué Kimi K3 está llamando tanto la atención. Uno de los ejemplos más llamativos es una recreación de macOS 27 que funciona dentro del navegador y que su creador atribuye a un enjambre de agentes del modelo trabajando durante unas tres horas. A ella se suman Ballista, un panel interactivo con un globo 3D y varias comparaciones frente a Claude y GPT. No son benchmarks independientes, sino demostraciones compartidas por sus propios creadores, pero permiten ver qué clase de resultados está produciendo el modelo fuera de las tablas.


Para crear algo como la simulación de macOS o el juego de la balista, no necesitamos modelar cada elemento a mano desde cero. Podemos describir el resultado, adjuntar una referencia y encargar a Kimi que construya una aplicación funcional, por ejemplo con HTML, JavaScript y distintas bibliotecas gráficas. Después, el proyecto se prueba, se modifica y finalmente se publica o se graba para compartirlo. Kimi K3 puede utilizarse desde Kimi.com, Kimi Work, Kimi Code o herramientas conectadas a su API, aunque no está confirmado qué entorno concreto se empleó en varios de los ejemplos que hemos visto.
Todavía es pronto para convertir este lanzamiento en un cambio definitivo de liderazgo. Fable 5 y GPT-5.6 Sol siguen por delante en varias evaluaciones, los pesos de Kimi K3 aún no están disponibles y muchas de sus capacidades tendrán que verificarse con más tiempo. Aun así, lo que hemos visto ya resulta difícil de ignorar: una empresa china puede disputar posiciones de cabeza, ofrecer resultados competitivos y conseguir que la comunidad transforme esa capacidad en aplicaciones reales casi de inmediato. La carrera continúa, pero el margen entre sus principales protagonistas parece cada vez más estrecho.
Imágenes | Kimi | Captura de pantalla
En Xataka | China tiene un plan para ganar a EEUU la guerra de la IA. Y DeepSeek es su campeón
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Muere Brenda Fricker de “Mi pobre angelito 2” y primera irlandesa en ganar un Óscar a la mejor actriz de reparto
La actriz Brenda Fricker, la primera irlandesa que ganó un Oscar, por “Mi pie izquierdo” (My Left Foot: The Story of Christy Brown, 1989), ha fallecido a los 81 años de edad tras padecer una larga enfermedad, informó este viernes su agente, Phil Belfield.
“Nunca volveremos a ver a alguien como ella y el mundo es un lugar más pobre por su ausencia”, señaló Belfield en un comunicado.
Brenda Fricker levantó el Oscar a mejor actriz de reparto en 1990 por “Mi pie izquierdo”, un filme biográfico en el que dio vida a la madre del irlandés Christy Brown, a quien interpretó Daniel Day-Lewis y por que el también obtuvo un Oscar a mejor actor.
En su discurso de aceptación en el corazón de Hollywood, tuvo un recuerdo para su país y dedicó el galardón a “todo el pueblo de Irlanda”.
Tras aquel éxito se afianzó como un rostro familiar para el público internacional gracias a sus papeles en películas como “The Field” (El prado, 1990), “Mi pobre angelito 2: Perdido en Nueva York”, (1992), “A Time to Kill” (Tiempo de matar, 1996) o “Veronica Guerin” (2003).
“Tuve el honor de conocerla, quererla y trabajar con ella, y siempre ocupará un lugar en mi corazón y en el de tantos aficionados al cine y la televisión de todo el mundo”, agregó Belfield en la nota.
Además del cine, la actriz irlandesa, nacida en Dublín, fue habitual en dramas televisivos de las principales cadenas de Irlanda y del Reino Unido, con destacados papeles en “Casualty” (BBC),”Arriba y abajo” (ITV) o en popular telenovela británica “Coronation Street”.
También actuó en numerosas producciones teatrales, entre ellas, “Lavender Blue” y “A Pagan’s Place”, representadas en escenarios como el National Theatre y el Royal Court Theatre.
En 1990, Fricker se convirtió en la primera mujer irlandesa en ganar un premio Óscar a la mejor actriz de reparto por su interpretación de la decidida madre de Christy Brown, quien nació con parálisis cerebral y solo podía controlar su pie izquierdo.
El embajador de Estados Unidos en Irlanda, Edward Walsh, describió hoy a Brenda Fricker como “una gigante del cine irlandés” y elogió su “inolvidable” interpretación en “Mi pie izquierdo”.
“De Dublín a Hollywood, su trabajo llevó las historias de Irlanda al mundo e inspiró a generaciones a ambos lados del Atlántico. Deja un legado extraordinario y quiero trasladar mi más sentido pésame a su familia, amigos y a todos los que la quisieron”, escribió el diplomático en la red social X.
Brenda Fricker estuvo casada con el director Barry Davies desde 1979 hasta 1988. Quedó embarazada en varias ocasiones, pero sufrió abortos espontáneos, una experiencia que, según confesó, le provocó una profunda depresión durante gran parte de su vida.
Entre sus aficiones figuraban cuidar de sus perros, leer poesía, jugar al snooker y beber cerveza Guinness.
Con información de EFE Y AP…
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