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Alguien quiere convertir un antiguo fortín comunista en medio del Adriático en un resort para millonarios: la familia Trump
En el corazón del Mediterráneo, una isla albanesa que durante décadas estuvo cerrada al mundo por su pasado militar, está a punto de transformarse en uno de los destinos más exclusivos del planeta.
La familia Trump, a través de Ivanka Trump y Jared Kushner, ha comprado Sazan, una pequeña isla de poco más de 5,7 kilómetros cuadrados frente la costa de Albania y su intención es convertirlo en un refugio de lujo solo apto para millonarios.
La operación, valorada en más de mil millones de euros, ha captado la atención internacional no solo por la magnitud de la inversión, sino por el simbolismo de que un antiguo fortín comunista se convierta en el nuevo capricho del 1% más rico de la población mundial.
Un pasado de búnkeres y paranoia comunista
En 2021, Ivanka Trump y Jared Kushner se toparon con Sazan durante unas vacaciones en yate por el golfo de Valona, a solo 30 kilómetros de la ciudad de Vlora en Albania.
Tal y como la millonaria contó en el podcast de Lex Fridman, ambos estaban fascinados por los amaneceres de la isla y por su paisaje intacto cubierto de helechos, lavanda, retama y laurel. Por ello la pareja decidió apostar fuerte por este rincón virgen del Mediterráneo. Poco después, cerraron la compra de esas 567 hectáreas deshabitadas por algo más de mil millones de euros.
Sin embargo, Sazan no siempre fue el paraíso deshabitado que es hoy. Tal y como contaban en The Guardian, durante el régimen comunista de Enver Hoxha, que gobernó Albania entre 1944 y 1985, la isla fue un enclave militar estratégico aislado del continente y habitado por unas 150 familias de militares.
El gobernante albanés vivió obsesionado con la idea de una invasión imperialista de su territorio, por lo que ordenó perforar las entrañas de la isla con unos 16 kilómetros de túneles y construir alrededor de 3.600 búnkeres de hormigón, que aún salpican el paisaje como cicatrices de aquella época.
Los militares y sus familias vivían prácticamente incomunicados, rodeados de fortificaciones y almacenes de suministros subterráneos y con la vista siempre vigilante a la espera de que emerja algún submarino enemigo con malas intenciones. La isla fue utilizada por la Guardia di Finanza italiana en los años noventa para combatir el tráfico de drogas y personas, y no fue hasta diciembre de 2024 cuando dejó oficialmente de ser una base militar.
La importancia de llamarse Trump
El proyecto de la familia Trump no habría sido posible sin el apoyo decidido del gobierno de Tirana. De acuerdo a lo publicado por la prensa albanesa, el primer ministro Edi Rama ha defendido públicamente la iniciativa como una oportunidad estratégica para el país.
“No podemos permitirnos no aprovechar un regalo como Sazan. Albania necesita el turismo de lujo como el desierto necesita agua”, declaró Rama, subrayando la importancia de atraer inversiones internacionales y posicionar a Albania como destino turístico de alto nivel.


El gobierno ha otorgado al fondo Affinity Partners, gestionado por el yerno de Donald Trump, el estatus de “inversor estratégico” durante diez años con el objetivo de sacar adelante su proyecto turístico de transformación de la isla de Sazan en un refugio de lujo reservado para millonarios.
Este estatus implica ventajas fiscales, apoyo en infraestructuras públicas y una tramitación acelerada de permisos y normativas. El proyecto prevé la creación de unos 1.000 empleos directos, una cifra relevante para la economía local en la que, según datos del ‘World Tourism Barometer‘ de 2024, Albania gana cada año mayor importancia como destino vacacional.
Tal y como apuntan desde Bloomberg, no es extraño que la familia Trump haya obtenido luz verde para este proyecto justo ahora que el patriarca del clan ocupa el Despacho Oval de la Casa Blanca.
Lujo, exclusividad y controversia ambiental
El proyecto ‘Sazan Island Touristic Resort‘ promete transformar la isla en un paraíso privado, con villas incrustadas en los acantilados, hoteles de cinco estrellas respaldados por la prestigiosa cadena Aman, y una costa reservada solo para las actividades de los huéspedes más exclusivos.


El diseño está pensado para atraer a una clientela dispuesta a pagar fortunas por privacidad y servicios personalizados. Según los planes presentados, en la primera fase solo se urbanizarán 45 de las 567 hectáreas, manteniendo el resto de la isla y sus rutas de senderismo como entorno protegido.
Los primeros diseños del proyecto muestran un complejo de villas construidas respetando la escarpada orografía de la isla, e integrándolas en el entorno de forma que se altere lo menos posible el paisaje y la flora local.
Sin embargo, al tratarse de un enclave natural protegido, el proyecto no está exento de polémica. Grupos ambientalistas han alzado la voz contra la transformación de Sazan, argumentando que “la isla es un enclave natural que debe preservarse” y alertando sobre el impacto ecológico que tendrá la llegada masiva de yates y turistas de alto poder adquisitivo.
“Esta zona se encuentra en el parque nacional marítimo Karaburun-Sazan. Esto significa que las playas y las aguas en un radio de 2 km de la costa están protegidas. ¿Qué consecuencias tendrán las grandes obras públicas, la construcción de muelles, el tráfico de yates y el vertido de aguas residuales en este lugar?”, declaraba Olsi Nika, biólogo marina y director de la ONG EcoAlbania a The Guardian.
Además, antes de que la Ishulli i Trumpëve (Isla Trump), como ya la llaman los locales, pueda abrir sus puertas, será necesario limpiar la isla de minas y trampas explosivas heredadas del régimen de Hoxha, que siempre esperó un desembarco enemigo, pero nunca imaginó que la invasión llegaría a bordo de enormes superyates y armados con enormes fajos de billetes en los bolsillos.
Imagen | Genesis Studio
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La guerra y el calor insoportable han llevado a Europa a un gasto inédito. Y Turquía se ha convertido en el supermercado perfecto
Durante siglos, en el Mediterráneo el blanco fue mucho más que una cuestión estética: fachadas encaladas, tejados claros y calles estrechas ayudaban a reflejar la radiación solar y mantener las viviendas varios grados más frescas mucho antes de la invención del aire acondicionado. Dos mil años después, Europa vuelve a descubrir que combatir el calor se ha convertido en una prioridad.
Europa está pagando dos facturas inesperadas. Durante décadas, Europa construyó su prosperidad sobre una premisa: que el continente disfrutaría de un entorno relativamente estable, tanto en el clima como en la seguridad.
Ese escenario ha cambiado a gran velocidad. Las olas de calor son cada vez más intensas, la guerra ha regresado al continente, y ambos fenómenos están obligando a los gobiernos a gastar miles de millones en dos necesidades que antes parecían secundarias: enfriar sus ciudades y reforzar sus ejércitos.
El aire acondicionado como infraestructura crítica. Las olas de calor han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en un factor económico permanente. Escuelas, hospitales, empresas, centros de datos e industrias necesitan sistemas de climatización capaces de mantener su actividad incluso durante temperaturas extremas.
El aire acondicionado ha dejado de ser un lujo doméstico para convertirse en una infraestructura esencial, mientras países del centro y norte de Europa descubren una necesidad para la que nunca prepararon sus edificios.
Turquía llevaba años preparándose. Ocurre que, mientras Europa empezaba a descubrir el problema, Turquía ya contaba con una potente industria de climatización, una amplia capacidad de fabricación y una enorme ventaja logística frente a competidores asiáticos.
El resultado es que las exportaciones turcas de aire acondicionado, bombas de calor y otros sistemas de refrigeración están creciendo al calor (nunca mejor dicho) de un continente que necesita modernizar millones de edificios y hacerlo además bajo criterios de eficiencia energética y sostenibilidad.
La otra gran urgencia: rearme. Contaba el fin de semana el Washington Post que el clima no es el único frente que está reforzando la posición turca. El repliegue progresivo de Estados Unidos de la seguridad europea y el aumento del gasto militar han colocado a la industria armamentística turca en una posición privilegiada.
Sus drones, vehículos blindados, municiones y otros sistemas defensivos han demostrado competitividad, disponibilidad y precios atractivos justo cuando muchos países europeos buscan nuevos proveedores para acelerar su rearme.
De socio incómodo a proveedor. Durante años, Turquía fue vista dentro de la OTAN con recelo por la compra del sistema ruso S-400, las tensiones con Grecia, su política en Siria o el bloqueo temporal al ingreso de Suecia en la Alianza.
Sin embargo, el contexto ha cambiado profundamente. Europa necesita armas. Necesita controlar los flujos migratorios. Y ahora también necesita tecnología para adaptarse a un clima mucho más hostil. Esa combinación ha reducido notablemente las críticas públicas hacia Ankara y ha reforzado su peso diplomático dentro de la Alianza.
Trump y la posición de Erdogan. Plus: la buena relación entre Donald Trump y Erdogan ha añadido otra capa a este cambio de escenario. El presidente estadounidense ha elogiado públicamente al líder turco y ha dejado abierta la puerta a desbloquear viejos desacuerdos, como el relacionado con los cazas F-35.
Al mismo tiempo, la próxima cumbre de la OTAN en Ankara servirá para exhibir a Turquía como uno de los actores imprescindibles en la nueva arquitectura de seguridad occidental.
La gran paradoja europea tiene un claro ganador. Así las cosas, las dos grandes crisis que hoy condicionan el futuro de Europa parecen no tener relación entre sí. Una llega desde la atmósfera en forma de olas de calor cada vez más extremas. La otra procede del deterioro del escenario geopolítico y del regreso de la guerra al continente.
Sin embargo, ambas convergen en el mismo punto: obligan a Europa a comprar aquello que más necesita. Y pocas economías parecen tan bien situadas para aprovechar ambas tendencias como la turca. Mientras el continente busca cómo protegerse del calor y de la incertidumbre militar, Turquía se está consolidando como uno de los grandes proveedores de soluciones para los dos problemas.
Imagen | Wikimedia
En Xataka | El mapa que parte en dos Europa cuando llega el calor: dónde hay aire acondicionado y dónde no
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una gasolinera gallega ya sabe las consecuencias de confundir el diésel con la gasolina
Todo parecía ir bien. Bueno. Ni bien, ni mal. Todo parecía ir normal. Hasta que alguien dio la voz de alarma. La manguera con gasolina 95 no estaba echando gasolina 95. Y lo que es peor, no estaba echando gasolina. La manguera verde estaba nutriendo a los coches de gasolina con diésel.
Esto es lo que sucedió hace unos días en la gasolinera de Repsol en Ribadeo (Lugo). Allí, los clientes han estado casi cinco horas repostando diésel en sus coches de gasolina por un error durante el llenado de los depósitos. La compañía ya asegura que se hará cargo de todas las reparaciones.
270 minutos
Ese es el tiempo que hay entre las 12:49 y las 17:19 horas. Ese es, también, el tiempo que la gasolinera de Repsol junto a Ribadeo ha estado suministrando diésel en lugar de gasolina a los coches que se paraban en dicha estación, tal y como han aceptado en un comunicado publicado a través de las redes sociales de la Asociación Comerciantes Industriales Servicios y Autónomos (ACISA).
En él se explica que la confusión viene por un error durante el llenado de los depósitos con el camión cisterna. Eso ha provocado que durante cuatro horas y media, se haya servido una mezcla de gasolina y gasoil a quienes hayan querido repostar gasolina 95.
“Pedimos disculpas sinceras a todos los afectados. Nos hacemos responsables de las averías derivadas de este incidente”, señalan en el comunicado al tiempo que animaban a todos los afectados a detener el coche lo antes posible, dar parte al seguro y ponerse en contacto mediante esta página web.
En todas las gasolineras, las bocas de la manguera del diésel son más anchas que las de la gasolina, para evitar este error. Así, salvo que te pongas en modo cabezón y te busques artimañas de lo más insospechadas para echar diésel a un coche de gasolina (como le sucedió al exfutbolista Dani Güiza), es muy complicado caer en este error.
Si sucede como en este caso gallego, llenar un depósito con diésel puede provocar una buena avería en el coche si empezamos a andar con él y no nos damos cuenta hasta que se pare por completo. Y es que el diésel provocará que caiga la potencia del coche y que empiece a echar grandes cantidades de humo. Después de funcionar a trompicones, se parará.
Esto es un verdadero problema porque hay que vaciar y limpiar el depósito pero en el taller también tienen que hacer una tarea ardua para limpiar las bujías, los inyectores y todos los componentes por los que ha pasado el gasóleo.
Cuando la cantidad de combustible repostado es baja podríamos llegar a continuar la marcha, pero tiene que ser muy baja. En este caso, el diésel estará mezclado en parte con la gasolina por lo que si no se ha llenado mucho el depósito puede que la situación no haya sido muy grave. En cambio, quienes hayan llenado el depósito, sí tendrán que hacer una limpieza profunda de todos los componentes.
Foto | Wassim Chouak y Google Maps
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El sedentarismo es un factor independiente de riesgo y no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual
Hay mucha gente que pasa gran parte de su día pegada a una silla, en muchos casos por estar trabajando, en trayectos en coche o descansando en el sofá, siendo el sedentarismo una auténtica rutina en la vida de muchas personas. Hasta ahora sabíamos que era perjudicial, pero ahora la ciencia ha puesto números exactos a cómo el sedentarismo ininterrumpido influye en nuestra salud, y lo más importante es que se ha visto que no sirve con ir compensándolo.
Con un reloj. Un nuevo estudio publicado en PLOS analizó los datos de 91.292 personas del UK Bank, y a diferencia de otros estudios epidemiológicos que confían en cuestionarios rellenados por los propios participantes, aquí usaron la acelerometría. Es decir, durante años han monitorizado el movimiento físico de todas estas personas gracias a sensores de actividad en la muñeca.
Tras un seguimiento medio de 12,38 años, los investigadores no solo midieron el tiempo total de inactividad, sino cómo se distribuía a lo largo del día. Y ahí es donde entra el verdadero enemigo para nuestra salud, que son los bloques de tiempo ininterrumpido.
Hay que levantarse. El hallazgo central del estudio no penaliza tanto el simple hecho de sentarse, sino el hacerlo de forma continuada. Los investigadores concluyeron que cada hora adicional de comportamiento sedentario prolongado, entendido como periodos de 30 minutos o más sin levantarse en ningún momento, se asocia a un aumento del 10% en el riesgo de mortalidad por cáncer.
Es decir, pasar largas jornadas laborales sin movernos absolutamente nada no sale gratis a largo plazo.
La solución. Afortunadamente, los resultados también muestran que el cuerpo humano es increíblemente agradecido cuando rompemos ese estatismo. Mediante modelos estadísticos de sustitución de tiempo, el estudio calculó qué ocurre cuando cambiamos los periodos prolongados en la silla por distintas “dosis” de actividad física diaria.
Por poner un ejemplo, sustituir una hora al día de sedentarismo prolongado por actividades de baja intensidad como caminar a paso normal o realizar tareas domésticas reduce el riesgo un 12%. Pero si vamos más allá, cambiar apenas 30 minutos de sedentarismo ininterrumpido por una actividad física moderada reduce el riesgo un 8%.
Lo más importante. Se ha visto que la sustitución más eficiente requiere muy poco tiempo, ya que cambiar el tiempo sedentario por tan solo cinco minutos al día de actividad física vigorosa reduce el riesgo de mortalidad por cáncer en un asombroso 22%.
La regla de oro. Como es habitual al analizar la literatura médica, y como los propios autores y expertos independientes subrayan, debemos leer la letra pequeña. Al tratarse de un estudio observacional, los datos muestran una fuerte asociación estadística, pero el diseño en sí mismo no puede demostrar una causalidad estricta y absoluta, quedando expuesto a ciertos sesgos, como que los voluntarios del UK Biobank suelen tener un perfil basal más sano que la media poblacional.
Sin embargo, esta investigación no llega al vacío ya que es tremendamente consistente con la evidencia científica previa y le da robustez a lo que ya sospechábamos. En 2022, un metaanálisis y revisión paraguas ya advertía sobre la solidez de la relación entre sedentarismo y el riesgo oncológico. Y a un nivel más cercano, un estudio del Instituto de Salud Carlos III en 2024 confirmó en población española que sustituir apenas una hora a la semana de tiempo sentado por actividad física lograba reducir la mortalidad general.
Los expertos. Nabil Djouder, jefe del grupo Grupo de Factores de Crecimiento, Nutrientes y Cáncer del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en declaración a SMC apuntaba que este estudio “refuerza la idea de que el comportamiento sedentario es un factor independiente de riesgo y que no basta con ‘compensarlo’ con ejercicio puntual”.
Imágenes | Vitaly Gariev
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