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Huawei MatePad Pro 12,2” (2025), características, precio y ficha técnica
Huawei ha vuelto a desplegar su catálogo de novedades, y aunque el protagonismo se lo han llevado los nuevos relojes inteligentes (Watch 5, Watch Fit 4 y Watch Fit 4 Pro), la compañía también ha presentado una tableta que apunta alto en diseño y prestaciones. Se trata de la Huawei MatePad Pro 12,2”, una renovación que, sin ser revolucionaria, introduce mejoras clave en pantalla, lápiz óptico y experiencia de uso.
Ficha técnica de la Huawei MatePad Pro 12,2 (2025)
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huawei MatePad Pro 12.2 |
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|---|---|
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dimensiones |
182,5 x 271,2 x 5,5 mm |
|
peso |
508 g |
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pantalla |
12,2 pulgadas Tandem OLED PaperMatte 2.880 × 1.840, 274 PPP 2000 nits 144 Hz |
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procesador |
Kirin T91 |
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memoria |
12 GB |
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almacenamiento |
256 GB |
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cámaras traseras |
Principal: 13 MP f/1.8 Gran angular: 8 MP, f/2.2 |
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cámara frontal |
8 MP, f/2.0 |
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conectividad |
Wi-Fi 2,4 GHz y 5 GHz Bluetooth 5.2 USB-C |
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sonido |
4 altavoces + 4 micrófonos |
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batería |
10.100 mAh Carga rápida 100 W |
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sistema operativo |
HarmonyOS 4.2 |
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accesorios |
Compatible con el M-Pencil de 3ª generación y el Huawei Glide Keyboard |
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precio |
Desde 999 euros |
Una tableta que quiere seducir a los creadores
Huawei ha acompañado la presentación de esta tableta con el lema “Creation of Beauty”, dejando clara su intención de orientarla a quienes se dedican al diseño, la ilustración o la creación de contenido visual. Buena parte de ese enfoque pasa por la nueva pantalla Tandem OLED FullView de 12,2 pulgadas, que la compañía describe como una evolución capaz de ofrecer mayor brillo, contraste y precisión cromática.
Según Huawei, esta pantalla alcanza los 2.000 nits de brillo, una relación de contraste de 2.000.000:1 y una tasa de refresco de 144 Hz, todo con una resolución de 2.800 × 1.840 píxeles y una cobertura de color con precisión ΔE < 1. También presume de una relación pantalla-cuerpo del 92 % y un formato 3:2 que busca ofrecer mayor versatilidad tanto en vertical como en horizontal.


Esta pantalla incorpora una capa antirreflejos con grabado a escala nanométrica, capaz, según datos de Huawei, de reducir en un 99 % la interferencia de la luz ambiental.
Un lápiz y una app pensados para dibujar en serio
Uno de los elementos más destacados de esta renovación es su compatibilidad con el nuevo Huawei M-Pencil de tercera generación, que se vende por separado. Según el fabricante, este stylus incorpora tecnología NearLink y ofrece más de 10.000 niveles de presión, una latencia mínima y una sensación táctil muy conseguida, gracias a una respuesta que simula la fricción del lápiz sobre el papel.


El acabado Golden Silk es otro de los rasgos distintivos de esta tableta. Su diseño está inspirado en las texturas de la seda tradicional china, con un tratamiento óptico multicapa que busca replicar el brillo y el relieve de estos tejidos. Todo ello en un cuerpo de 5,5 mm de grosor y 508 gramos, lo que la sitúa entre las tabletas más finas y ligeras de su gama.


El nuevo teclado HUAWEI Glide 2, que sí viene incluido, integra una ranura para almacenar y cargar el lápiz óptico. Pesa 420 gramos, está fabricado con materiales suaves al tacto y promete resistir las manchas del uso diario. Además, gracias a la conexión NearLink, permite un emparejamiento rápido y control táctil con baja latencia.


La Huawei MatePad Pro 12,2” incorpora un procesador Kirin T91, acompañado por 12 GB de RAM y 256 GB de almacenamiento interno. En lo mencionado no hay cambios respecto del modelo del año pasado. En el apartado fotográfico, ofrece una cámara trasera doble con sensor principal de 13 MP (f/1.8, AF) y un gran angular de 8 MP (f/2.2, FF), mientras que en la parte frontal integra un sensor de 8 MP con detección inteligente (f/2.0).

Un vistazo a la nueva Huawei MatePad Pro 12,2” en nuestras manos en el evento de presentación
La batería tiene una capacidad típica equivalente a 10.100 mAh (formada por dos celdas de 5.050 mAh) y es compatible con carga rápida de 100 W, aunque solo si se utiliza un cargador original de Huawei. Según la marca, puede alcanzar el 85 % de carga en 40 minutos y el 100 % en 55 minutos.

Un vistazo a la nueva Huawei MatePad Pro 12,2” en nuestras manos en el evento de presentación
En el apartado de audio, la compañía afirma haber incluido su sistema HUAWEI SOUND con una matriz de ocho altavoces para ofrecer graves más potentes y voces más nítidas. También cuenta con sensor de huella lateral para desbloqueo y protección de pagos, y un sistema de antenas omnidireccionales de 360 grados para mejorar la recepción de señal.
Precio y disponibilidad
La Huawei MatePad Pro 12,2” ya está disponible en España. Su precio oficial es de 999 euros, sin incluir el lápiz, cuyo precio es de 99 euros. No obstante, en el momento de redactar este artículo, Huawei mantiene una promoción en su web oficial en la que ofrece la tableta por 849 euros con el lápiz incluido.
Imágenes | Huawei
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Si te parece caro cambiar la batería de un coche eléctrico, espera a ver lo que cuesta en un Ferrari LaFerrari: más de 200.000 euros
Para el grueso de los mortales, considerar costes como el consumo o el mantenimiento son un must a la hora de adquirir un coche. Y si hablamos de comprar un coche eléctrico, aunque el mantenimiento sea menor, hay una operación que marca la diferencia: el cambio de batería. En función de la marca y el modelo, los precios oscilan entre 4.000 y más de 30.000 euros. Eso para los coches EV, pero las de los híbridos tampoco son baratas precisamente.
Pero hay coches y coches y obviamente, el Ferrari LaFerrari juega en otra liga. El primer hiperdeportivo híbrido de la firma ofrece unas prestaciones propias de su gama: es capaz de pasar de 0 a 100 km/h en 2,9 segundos y supera los 350 km/h gracias a sus 963 CV. Pero por muy Ferrari que sea, no se escapa de sufrir el punto débil común a las tecnologías híbridas: la batería.
Si tenemos en cuenta que solo hay 499 ejemplares del Ferrari LaFerrari y que cada uno se lanzó con un PVP base de 1,3 millones de euros (con el paso del tiempo, ha ido a peor: rondan los cuatro millones en el mercado de segunda mano), el precio de su batería no se queda atrás: supera los 200.000 euros.
La lucrativa solución de Ferrari: sustituir la batería entera
Con apenas 1.440 kilómetros recorridos, uno de los pocos y exclusivos propietarios de un Ferrari LaFerrari de 2014 en Croacia descubrió cómo su preciado bólido se quedó sin batería de tracción. El primer diagnóstico apuntaba que la batería híbrida estaba fuera de servicio. La solución propuesta por Ferrari pasaba por reemplazar todo el pack de baterías a un precio nada módico: desde 213.000 euros, sin contar con la mano de obra.
Así que el dueño decidió explorar otras opciones más económicas, llegando hasta EV Clinic, un taller de Croacia especializado en baterías de vehículos eléctricos e híbridos. Tras un análisis exhaustivo del estado de ese grupo de baterías, con 120 celdas y unos 60 kilos de peso, identificaron dos fallos: celdas defectuosas y un defecto en el ensamblaje de fabricación.
Buenas noticias. La batería no era un ladrillo, sino que tenía un fallo localizado que podía solucionarse sin tener que realizar una sustitución completa. Aunque no se han dado a conocer el precio de este trabajo minucioso y de precisión, el dueño tuvo su LaFerrari de vuelta ahorrándose el precio del pack al completo.
Lo de pedir presupuesto a otros talleres es siempre una buena idea, tengas un Dacia Sandero o un Ferrari. Y sino que se lo digan al dueño de este Bugatti Veyron, al que la casa le pidió 11.000 euros por cambiar el botón del ajuste eléctrico del retrovisor cuando en el taller de su pueblo se lo hicieron por menos de dos euros.
Afortunadamente para quienes posean un Ferrari híbrido, el año pasado la firma italiana lanzó una garantía adicional de extensión, de modo que sustituirá las baterías de tracción de los coches cubiertos en este servicio en los años 8 y 16 de su vida.
Portada | Ferrari, EV Clinic
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Las empresas energéticas están cambiando el petróleo por los MW. La nueva mina es el soporte a los centros de datos
La glotona inteligencia artificial y sus demandantes centros de datos están reformulando los planes de descarbonización. Cuando el mundo había emprendido un viaje hacia las renovables, con países como China, y europeos apostando fuerte, y hasta algunos estados de EEUU subiéndose al tren, llegaron los centros de datos con unas necesidades casi imposibles de satisfacer.
A finales de diciembre de 2024 ya contamos que el consumo de los centros de datos se había disparado, empujando a las grandes tecnológicas a apostar tanto por las renovables como, sobre todo, por energía de acceso inmediato como el gas y hasta el carbón. Algunas, incluso, estaban apuntando a la nuclear para poder operar.
Poco después, en enero de 2025, un informe de Reuters apuntó que las energéticas europeas, que habían emprendido un camino de apuesta por las renovables, estaban redoblando su apuesta por el petróleo y el gas. Gigantes como BP o Shell ralentizaron sus inversiones en energías limpias para volver a proyectos de combustibles fósiles. Pero no todo va sobre de dónde extraen la energía los centros de datos, sino quién les suministra infraestructura.
Y puede que esa, y no tanto el petróleo o el gas, sea la próxima mina de las energéticas.
La nueva mina de las petroleras
En un artículo del Financial Times se apunta a que el fugaz crecimiento de los centros de datos está generando un mercado que las energéticas no quieren perderse. A medida que la demanda de perforaciones tradicionales se debilita (aunque es algo que va por “barrios”), grupos del sector energético como Baker Hughes, Halliburton o SLB están aprovechando para pivotar al sector de los centros de datos.
No construyéndolos, no sólo suministrando energía: apoyando la logística. Aprovechando su conocimiento sobre el sector energético, estas grandes empresas estarían proporcionando equipos como turbinas y sistemas de generación de energía a quienes poseen centros de datos, pero también proporcionan generadores, baterías, sistemas de disipación y todo el entramado necesario para mantener una correcta eficiencia energética.
También correrían con la supervisión del equipo. Es, en definitiva, lo que ya saben hacer, pero aplicado a un sector nuevo como es el de los centros de datos.
Porque estos tres ejemplos no son petroleras al uso, sino proveedores tecnológicos para que otras empresas extraigan gas o petróleo. Las tres dan servicios a empresas con yacimientos petrolíferos, pero también suministran tecnología como turbinas de gas, compresores o sistemas de GNL y estaban dentro de sectores como el de la nueva energía, con sistemas de captura y almacenamiento de carbono.
Todo esto resuena con la idea que las ‘Big Tech’ tenían cuando comenzaron a levantar enormes centros de datos, hasta que vieron que equipos cada vez más demandantes necesitaban fuentes más inmediatas y estables de energía.
Centros de datos = El Dorado
Se estima que la demanda de electricidad de EEUU se incrementará en 90 GW -una auténtica burrada- de aquí a 2030 únicamente para alimentar los centros de datos. Las redes eléctricas tradicionales pueden no soportar esta carga, y es en ese punto en el que estas compañías que proporcionan servicios energéticos se antojan como un ente clave.
Pivotar hacia la infraestructura de la inteligencia artificial es “clave para la evolución del petróleo y del gas”, afirmó Lorenzo Simonelli, CEO de Baker Hughes. Y tiene sentido cuando vemos que el número de plataformas petrolíferas de Estados Unidos se contrajo un 7% interanual en 2025, los márgenes se han contraído y la demanda de servicios de perforación están en entredicho.
A nivel empresarial, es una jugada maestra. Hablando de forma hipotética, cuando llegue la nueva crisis del petróleo y la caída del mercado tanto del crudo como del gas, las empresas que hayan pivotado a los centros de datos, pasando de ser proveedoras de servicio para las energéticas a serlo para las ‘Big Tech’, no tendrán que dar un volantazo en su estrategia porque ya estarán donde estará el dinero.
Porque esa es otra cuestión: si el nuevo oro de los MW para la IA será un negocio duradero o una fiebre pasajera.
Imagen | Freepik y Harpagornis
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bienvenidos a las pajas conectadas
Imagina que te acabas de comprar un juguete sexual y te dispones a estrenarlo. Te ha costado más de 100 euros, pero querías darte el capricho. Abres la caja, empiezas a leer las instrucciones y ves que lleva una app para controlarlo. Bueno, bien. La instalas y entonces te empieza a bombardear a permisos: ubicación, teléfono, fotos… ¿De verdad es necesario?
Es hora de admitir que lo de los dispositivos conectados se nos ha ido un poquito de las manos. Hay muchos dispositivos en los que tiene todo el sentido poder controlarlos a distancia, pero hay otros en los que me parece totalmente innecesario, como por ejemplo un vibrador.
Pajas conectadas
Lelo, Satisfyer, We-Vibe… muchas marcas de juguetes sexuales tienen sus apps. La principal función es poder controlarlos desde el móvil y jugar en pareja (o en grupo) aunque estén a distancia. Si cada persona tiene un juguete, se pueden sincronizar entre sí y hacer que puedan controlar el del otro. Algunas marcas como We-Vibe o Satisfyer hasta ofrecen la opción de hacer videollamadas desde la propia app.
Hay una app llamada Joyhub que lleva lo del sexo a distancia a otro nivel. Es casi como una red social donde hay lista de amigos y puedes crear salas de chat para disfrutar en grupo. Y en el siguiente nivel tenemos Lovense Remote, que tiene una opción para poder conectarte con extraños para que puedan controlar tu juguete y “explorar lo desconocido”.

Lovense tiene “Control Roulette”, para conectar con desconocidos.
La mayoría de apps dan la opción de configurar patrones de vibración personalizados, pero algunas van más allá y tienen funciones como la sincronización de la vibración con la música. Y ojo porque Satisfyer tiene un modo llamado High Touch Meditations que básicamente es como una meditación guiada mientras te das placer. Una de sus meditaciones se llama Lullavulva Deep Sleep. Sin comentarios.
Permisos y privacidad
Evidentemente todas estas funciones extra hacen que las apps necesiten acceso a muchas funciones de nuestros móviles, que es lo que comentaba al principio del post. Bajo estas líneas podéis ver un ejemplo de todo lo que pide la app de We-Vibe, una de las que más funciones tiene y, por tanto, que más permisos pide.


Uno de los permisos que siempre piden estas apps es el de ubicación, pero hay un motivo. Tal y como dice Lelo en la descripción de su app en la Play Store: desde Android 6.0, Google obliga a que todos los dispositivos Bluetooth tengan también acceso a la ubicación. También tiene sentido que acceda a la cámara y el micro si tienen función de videollamadas, o al almacenamiento si permite hacer y guardar fotos.
Pero aunque todo tenga una explicación, no dejan de ser datos muy sensibles. Las apps saben cuánto usamos el juguete, a qué intensidad, con quién lo usamos si es que conectamos con más usuarios y hasta pueden saber dónde estamos. Siempre es importante revisar si cualquier app recopila datos y para qué fines, pero en el caso de una app de este tipo aún más.
En la Play Store, dentro del apartado ‘Seguridad de los datos’ aparecen los datos que se recogen. Esto es lo que recopila cada app:
- Satisfyer: recogen información sobre registros de errores y “actividad en la app” para fines estadísticos.
- Lelo: recopila registros de errores, identificación del dispositivo, nombre y correo electrónico.
- We-Vibe: fotos, aunque dice que es una funcionalidad opcional.
- Lovense: registros de fallos, fotos y vídeos (opcional), actividad en la app (opcional), nombre y dirección de correo.
- Joyhub: no recoge datos.
Cuentan en este reportaje de Wired, que la mayoría de apps recopilan información a modo de estudio de mercado; por ejemplo si detectan que la gente usa más un tipo de vibración, pueden diseñar futuros juguetes teniendo esto en cuenta. Sin embargo, el robo de datos ocurre y como decíamos esta información es muy sensible.
Que sepamos, no ha habido ninguna brecha de seguridad relacionada con una de estas apps, pero sí que hay un caso llamativo de hace unos años. Lo protagonizó el fabricante Svakom cuando lanzó un vibrador con una cámara en la punta. No juzgamos los gustos de la gente, el problema fue que la contraseña que protegía el WiFi del juguete era “88888888” y además estaba en el manual del juguete. Un desastre.
Volvemos a la pregunta del principio: ¿son necesarias tantas funciones en un juguete sexual? Para la mayoría de personas, probablemente no lo sean, pero quizás para casos muy concretos de relaciones a distancia tenga sentido.
Además, hay que entender dos cosas: por un lado que la mayoría de los juguetes que funcionan con estas apps cuestan más de 100 euros y hay que darles un valor añadido más allá de “mira, vibra”. Por otro lado, los juguetes sexuales han salido de la clandestinidad, sobre todo con el boom del Satisfyer y la competencia aprieta. Hay que diferenciarse.
Imagen | Anna Shvets, Pexels
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