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Ni Londres, ni Nueva York, ni Tokio. La ciudad más grande del mundo es un lugar que posiblemente no has escuchado nunca

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Hace poco contamos algo que intuíamos, pero no existían datos para confirmarlo. Durante mucho tiempo se pensó que éramos 8.000 millones de personas en el planeta, pero un estudio calculó que nos habíamos dejado entre 1.000 y 3.000 millones por el camino. No es una cifra baladí, y da una idea de la “masificación” de gente en la Tierra. Si a ello le sumamos que la mayoría vive en ciudades, la cosa se complica un poco más. De hecho, hay una sola urbe que tiene dos récords: es la más grande y la más poblada, y posiblemente nunca habías oído hablar de ella.

Colosal y desconocida. A la pregunta de la ciudad más grande del mundo es posible que se repitan muchos candidatos: Londres, Nueva York, Tokio… Sin embargo, ninguna de esas conocidísimas ciudades ostenta realmente el título, ni por población total ni por superficie. No, el verdadero gigante urbano se encuentra en China y es un nombre que el gran público desconoce: Chongqing.

Esta metrópolis monumental, situada en el corazón geográfico del país, donde se cruzan los ríos Yangtsé y Jialing, no solo se ha convertido en la urbe con el mayor número de habitantes en su jurisdicción, sino también en la más extensa del planeta, con más de 82.400 kilómetros cuadrados, una extensión comparable a países enteros como Irlanda o Austria.

Contexto. Sin embargo, su tamaño real no se percibe fácilmente desde el exterior, esto ocurre sobre todo porque gran parte de su territorio es rural, y porque su estructura urbana desafía toda lógica cartográfica, construida sobre laderas escarpadas, valles profundos y elevadas plataformas urbanas que obligan a sus residentes a desplazarse entre túneles, teleféricos, escaleras, ascensores y pasarelas que se entrecruzan como en un sueño vertical sin fin.

Una urbe en tres dimensiones. Más que una ciudad plana, Chongqing es un fenómeno urbano tridimensional, tan vertical como expansivo, tan abrupto como inabarcable. De hecho, contaba al Guardian el crítico de arquitectura Oliver Wainwright al describir su experiencia allí como una mezcla entre la película Inception y un juego de serpientes y escaleras. En Chongqing, lo que parece la planta baja puede ser en realidad la azotea de un edificio de treinta pisos, y moverse unas cuantas manzanas puede implicar cambiar de nivel cinco veces.

Su diseño urbano, lejos de seguir un patrón clásico, responde a la topografía montañosa que obliga a que los barrios se aferren a los acantilados y a que las líneas de metro atraviesen edificios de viviendas. En un contexto así, incluso los mapas pierden sentido: la ciudad solo se comprende en movimiento, desde dentro y en todas las direcciones.

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La urbe china en el anochecer

Más que una estadística inflada. Plus: aunque puede parecer que su clasificación como “la más grande” se basa en un tecnicismo administrativo, el argumento va más allá de la mera superficie. Si bien el área urbana ocupa una porción mucho menor del total, más del 70% de la población (unos 33 millones de habitantes) vive dentro de esa zona concentrada, una cifra que supera a cualquier otra ciudad del mundo.

Además, Chongqing no es un experimento reciente ni una urbe planificada de la noche a la mañana: su historia se remonta a más de 3.000 años, con un rol clave como capital regional, puerto fluvial estratégico y nodo logístico incluso antes de la dinastía Qing. La ciudad ya contaba con más de dos millones de habitantes antes de las reformas económicas de 1968 que abrieron China al mundo globalizado. A partir de ese momento, el crecimiento fue vertiginoso: 6,3 millones en 1979, 13,9 millones en 1983 y casi 29 millones en 1997.

La “china” urbanizada. Si se quiere también, Chongqing simboliza el modelo perfecto de urbanización intensiva que China ha impulsado en las últimas décadas, con una maquinaria estatal que ha duplicado la tasa de urbanización del país en veinte años, y que proyecta alcanzar el 70% de población urbana para 2050. Es más, cuatro de las cinco ciudades más grandes del mundo por población dentro de sus límites administrativos están hoy en China, reflejo de un proceso nacional que ha fusionado desarrollo económico con planificación urbana a escala continental.

En ese marco, el enclave no solo representa una hazaña estadística, sino una pieza clave del engranaje económico y territorial chino, una especie de megalópolis construida sobre la base de inversión pública, reorganización administrativa y movilidad forzada hacia los polos urbanos.

Tocando techo. Es la última de las patas a analizar: su futuro. Como el de muchas otras grandes ciudades chinas, se enfrenta a una nueva realidad que hemos ido contando: el estancamiento y posterior declive demográfico del país. A pesar de su colosal tamaño y su papel central en el crecimiento económico de la nación, es posible que Chongqing ya haya alcanzado su punto máximo.

Las nuevas generaciones, menos numerosas y con otras metas y valores, podrían reducir la presión de expansión que ha definido su historia reciente. Dicho esto, incluso si no crece más, Chongqing seguirá siendo una ciudad única: con 33 millones de personas y un territorio que abarca más que algunos estados y países combinados, la urbe de alturas imposibles y densidades asimétricas es ya, por derecho propio, una de las expresiones urbanas más extremas que la humanidad haya concebido.

Imagen | Juukeihc, Kristoffer Trolle

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China acaba de reunir 100.000 aceleradores nacionales en un superclúster. El desafío ahora es que trabajen juntos con eficiencia

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China ha puesto en marcha en Zhengzhou el Dawning 8000, un superclúster de inteligencia artificial que, según Sugon, puede integrar 100.000 tarjetas de cálculo desarrolladas en el país. La compañía lo presenta como el primer sistema chino de esta dimensión construido alrededor de una infraestructura nacional, desde los chips y la red hasta el almacenamiento y la refrigeración. Sugon asegura que el proyecto ya está conectado a la red nacional de supercomputación, aunque todavía no ha publicado sus especificaciones técnicas completas.

La escala no basta. El tamaño de la instalación no implica por sí solo un salto equivalente en capacidad de cálculo. En las cargas que pretenden aprovechar miles de procesadores, el trabajo debe dividirse, sincronizarse y recomponerse sin que la comunicación entre nodos termine consumiendo una parte desproporcionada del tiempo. A medida que crece el conjunto, también aumentan los puntos de fallo, la complejidad del software y las exigencias sobre la red y el almacenamiento. El verdadero desafío empieza cuando esas tarjetas tienen que comportarse como una sola máquina.

El salto pendiente. Sugon sostiene que el nodo central ya ha sido optimizado para más de 300 aplicaciones de una veintena de campos, entre ellos los grandes modelos, la robótica, la automoción, la industria farmacéutica y la predicción meteorológica. La compañía añade que más de 70 aplicaciones han completado despliegues a escala de 10.000 tarjetas. Son datos relevantes para evaluar la madurez de la plataforma, aunque la información difundida no detalla una carga pública ejecutada con las 100.000 unidades simultáneamente.

Autonomía bajo presión. La apuesta de Zhengzhou no puede separarse de la presión que afronta la industria tecnológica china. Estados Unidos incluyó a Sugon en su Entity List en 2019 y ha ampliado desde entonces las restricciones sobre semiconductores avanzados y equipos relacionados con la computación de alto rendimiento. En ese escenario, levantar una infraestructura basada en tecnología nacional tiene un valor que va más allá de la potencia conseguida. El proyecto encaja en el esfuerzo chino por ampliar su capacidad propia y reducir dependencias de la cadena de suministro.

La cifra no basta. Cien mil aceleradores chinos no equivalen automáticamente a cien mil GPU comparables de Nvidia. El despliegue tampoco permite afirmar que China haya dejado atrás su dependencia del hardware occidental para sostener su infraestructura de inteligencia artificial. Sí demuestra, según Sugon, que el país ya puede levantar sistemas propios a una escala cada vez mayor. No es autonomía completa, pero sí otro paso en el camino para depender menos de proveedores extranjeros.

Imágenes | Sugon

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la fiesta de cumpleaños de cinco millones de dólares de un millonario que pasó a la historia

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Corría febrero de 2007 y en un antiguo cuartel militar del Upper East Side de Manhattan, casi 600 invitados brindaban con champán mientras Rod Stewart cantaba en un concierto privado con motivo del 60 cumpleaños de uno de los hombres más poderosos de Wall Street.

Ese hombre era Stephen Schwarzman, CEO y fundador de Blackstone. Nadie en la fiesta sabía que, meses después, esa misma noche pasaría a la historia como el símbolo de todo lo que iba a salir mal en Wall Street.

Una fiesta que marcó una era. Aquella no fue una fiesta de cumpleaños cualquiera. Casi dos décadas más tarde, todavía hay muchos que la recuerdan como una de las más ostentosas.

Schwarzman, fundador de Blackstone, alquiló el Park Avenue Armory de Manhattan, lo llenó de orquídeas, palmeras y un retrato suyo a tamaño real. Según recoge el libro ‘Davos Man‘ de Peter S. Goodman, el cómico Martin Short animó la velada, la cantante Patti LaBelle le cantó el cumpleaños feliz y hasta Rod Stewart dio un concierto privado.

Entre los casi 600 asistentes había banqueros, políticos y hasta un tal Donald Trump, entonces solo un empresario neoyorquino más.

Una fiesta inolvidable. Se estima que la fiesta costó entre tres y cinco millones de dolares. Hoy esa cifra parece modesta al lado de otros derroches de los que hacen gala los millonarios, pero en aquellos años era un dispendio importante.

Schwarzman lo justificó después como “una celebración con seiscientas personas que nos importaban”. Peccata minuta para alguien que venía de embolsarse 398,3 millones de dólares en el ejercicio fiscal de 2006.

Lo caro no fue la fiesta. Sin embargo, la fiesta llegó apenas cuatro días después de un anuncio clave. Blackstone acababa de cerrar la mayor compra inmobiliaria de la historia hasta ese momento, por 39.000 millones de dólares. Meses más tarde, la empresa salió a bolsa. Schwarzman se embolsó cerca de 700 millones en efectivo, y se adjudicó una participación valorada en unos 9.000 millones.

Ese cóctel de lujo y dinero fácil llamó la atención del Senado. Los legisladores Max Baucus y Chuck Grassley presentaron lo que la prensa bautizó como el “Proyecto de ley Blackstone”. Una normativa hecha a medida para la empresa de Schwarzman que buscaba subir los impuestos al capital privado.

Con la crisis de las subprime ya encima, Schwarzman terminó admitiendo que aquella fiesta fue “un poco exagerada”. Aseguró que nunca quiso convertirse en el símbolo de la opulencia de una época.

“No soy rico”, solo tenía un patrimonio de 8.000 millones. Con semejante fortuna, cualquiera esperaría cierta comodidad con la etiqueta de rico. Pero ese no era el caso de Schwarzman.

Tal y como recogía The Wall Street Journal, incluso tras la ostentosa fiesta de cumpleaños del millonario, cuando le preguntaron por su estilo de vida, el CEO de Blackstone respondió sin dudar: “No me siento una persona rica. Otros me ven como tal, pero yo no. Me siento igual que cuando era asociado de quinto año y aspiraba a ser socio en Lehman. No he cambiado… Sigo intentándolo”.

Los viejos excesos que ya no vuelven igual. Tal vez haciendo gala de cierta nostalgia, diez años después de aquella fiesta memorable, Schwarzman celebró sus 70. En esta ocasión, tampoco escatimó.

Hubo camellos, trapecistas y un concierto privado de la cantante Gwen Stefani en Palm Beach, cerca de Mar-a-Lago. La fiesta pasó casi sin ruido por las portadas de los periódicos. Era la era Trump y el lujo ya no escandalizaba a nadie como antes. Sus vecinos Ivanka Trump y Jared Kushner estuvieron entre los invitados.

El rey de las fiestas a los 79. Hoy, con una fortuna de 48.000 millones de dólares, Schwarzman prepara una fiesta de Halloween en su finca inglesa de Conholt Park. Nada de camellos ni templos: solo fuegos artificiales y dos días de reunión privada. Algo tranquilo. De chill.

Los excesos de antaño, esos que hacían temblar al Congreso, ya no asustan tanto hoy. Los multimillonarios de esta década son más discretos con las formas, aunque su riqueza se haya multiplicado por diez. Los milmillonarios de ahora gastan igual o más que Schwarzman en 2007, solo que no hacen la misma ostentación. La diferencia está en el ruido, no en el dinero.

En Xataka | Un millonario sueco prestó dinero a gobiernos europeos a cambio de cerillas. Nadie sospechó que sus finanzas eran puro humo

Imagen | Unsplash (Ophélie Bonavita), Flickr (World Economic Forum)

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Muere la actriz Elsa Aguirre, ícono del cine de Oro mexicano y considerada uno de los rostros más reconocidos

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Escrito en ENTRETENIMIENTO el

EFE.- La actriz mexicana Elsa Aguirre, una de las figuras más emblemáticas de la Época de Oro del cine mexicano y considerada uno de los rostros más icónicos de la pantalla nacional, falleció a los 95 años, informó este miércoles la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI).

“El Consejo Directivo y el Comité de Vigilancia de la Asociación Nacional de Intérpretes comunican el sensible fallecimiento de nuestra socia intérprete Elsa Aguirre“, señaló la organización en un comunicado publicado en redes sociales.

En un breve pronunciamiento, la ANDI destacó que Aguirre fue “una de las actrices más icónicas y emblemáticas de la Época de Oro del cine mexicano” y recordó que alcanzó notoriedad tanto por su trayectoria artística como por su imagen en la gran pantalla.

“Elsa fue célebre tanto por su talento dramático como por ser considerada uno de los rostros más bellos de la pantalla grande“, indicó la asociación.

Nacida el 25 de septiembre de 1930 en Chihuahua, en el norte de México, Elsa Irma Aguirre Juárez desarrolló una carrera cinematográfica que la convirtió en una de las grandes estrellas del cine nacional durante las décadas de 1940 y 1950.

Entre las películas más recordadas de su filmografía figuran “Lluvia roja” (1950), “La mujer que yo amé” (1950) y “Cuidado con el amor” (1954), títulos que consolidaron su presencia dentro de una generación de intérpretes que marcaron una de las etapas más prolíficas de la industria cinematográfica mexicana.

Aguirre participó además en decenas de producciones cinematográficas a lo largo de más de dos décadas de carrera, compartiendo pantalla con algunas de las principales figuras del cine mexicano de la época.

Su fallecimiento ocurre poco más de un año después de la muerte de su hermana, la también actriz Alma Rosa Aguirre, quien falleció en enero de 2025 a los 95 años y con quien compartió parte de su trayectoria artística.

La Asociación Nacional de Intérpretes expresó sus condolencias a los familiares y allegados de la actriz.

“A sus familiares y amigos mandamos nuestras más sentidas condolencias de parte del Consejo Directivo y Comité de Vigilancia de la ANDI”, concluyó el organismo.

Con la muerte de Elsa Aguirre desaparece una de las últimas grandes representantes vivas de la Época de Oro del cine mexicano, etapa que convirtió a México en una potencia cinematográfica de habla hispana y que proyectó internacionalmente a varias generaciones de actores y actrices. 

 

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