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la ciudad será el hogar del imponente 1 Undershaft de 309 metros

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Londres tendrá dos construcciones empatadas en altura que compartirán el título del edificio más alto de Europa Occidental. En el distrito de Southwark encontramos el famoso rascacielos The Shard. Sus 309,6 metros de altura, combinados con su diseño piramidal y sus paredes de cristal, hacen que esta obra del arquitecto italiano Renzo Piano destaque desde cualquier perspectiva.

Al otro lado del Río Támesis, en Square Mile, se construirá un edificio de 309,6 metros de altura llamado 1 Undershaft. El proyecto ha sido aprobado recientemente por la Corporación de la City de Londres, que ha encontrado en la iniciativa una oportunidad para “para responder mejor a las necesidades de oficinas posteriores a la pandemia”.

Un nuevo espacio de oficinas moderno para la ciudad

La idea original para llevar a cabo esta obra surgió hace más de una década y, aunque recibió la aprobación de las autoridades en 2016, nunca se materializó. Ahora, la propuesta actualizada parece estar mucho más encaminada. El nuevo edificio se levantará entre los icónicos rascacielos “The Gherkin” y “The Leadenhall”. Como es de esperar, se trata de una zona abarrotada de edificios. La solución para hacer espacio: demoler la torre “St Helen’s” situada entre ambos.

Cuando esté finalizado, el edificio ofrecerá 154.156 metros cuadrados de espacios de oficinas, algo que según las autoridades de la ciudad y los encargados del proyecto será muy necesario. También habrá con un espacio público elevado de 1.000 metros cuadrados de acceso gratuito. Como podemos ver en los renders, 1 Undershaft también contará con un jardín de 2.500 metros cuadrados, pero no estará al nivel de la calle, sino a 42 metros de altura y rodado de vidrio.

1 Undershaft
1 Undershaft

The Shard (izquierda), render de 1 Undershaft (derecha)

1 Undershaft
1 Undershaft

render de 1 Undershaft

Se espera que este espacio no esté reservado únicamente para las personas que trabajan en las oficinas, sino que esté abierto al público. Así que los visitantes también deberían poder contemplar buenas vistas de la ciudad y disfrutar de servicios gastronómicos en el lugar. La planta baja tendrá un área verde, otra área de acceso sin escalones y una pantalla gigante que se utilizará para proyectar imágenes durante los eventos.

Las tareas de demolición comenzarán este mismo año. Acto seguido deberían comenzar las obras del nuevo edificio, que se extenderían por unos cinco años. En caso de que el plan siga su curso, hacia finales de la década Londres tendrá dos edificios con la misma altura, en diferentes distritos, pero conectados por el London Bridge. Toca esperar para saber si este proyecto finalmente se hará realidad o sufrirá alguna otra modificación.

Imágenes | DBOX

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por qué la Gen Z se ha enamorado de tecnologías que no vivió

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La tecnología lleva décadas colándose en casi todos los rincones de la vida cotidiana: en cómo nos comunicamos, en cómo guardamos recuerdos, en cómo escuchamos música o en cómo nos entretenemos. 

ada generación ha disfrutado de sus propias innovaciones: desde el walkman hasta la cámara compacta, pasando por la Game Boy o la Nintendo DS. Con el paso de los años muchos de estos aparatos parecían destinados a quedarse como reliquias en un cajón, superados por móviles cada vez más potentes y capaces de concentrar en un solo dispositivo casi todas las funciones posibles.

Sin embargo, en plena era del smartphone, de la IA o la realidad virtual, algunas de estas “reliquias” están volviendo a tomar protagonismo entre generaciones recientes. Cámaras digitales compactas, consolas retro o casetes reaparecen en tiendas de segunda mano o vídeos de TikTok donde los jóvenes que los usan no han llegado a ser testigos de su nacimiento ni su auge.

¿Nostalgia o novedad?

La “vuelta” o el creciente interés por la tecnología vintage podría explicarse como una nueva ola de nostalgia. 

Álvaro Soler, sociólogo y divulgador en redes sociales, habla de una “retro utopía”: una mirada idealizada capaz de mercantilizar estéticas y productos del pasado. “Que volvamos a consumir tecnología retro tiene que ver con que se consuma la cultura de lo retro”, explica, poniendo como ejemplo el éxito de series como Stranger Things, que “nos hacen volver a los 80’s, con las consolas y los recreativos, pero también con la moda, la música…”. De esta manera, Soler explica la capacidad del mercado de aprovechar diseños o productos anteriores y presentarlos como algo atractivo y deseable de nuevo. 

Este es precisamente uno de los matices que explica la vuelta de lo retro desde lugares más allá de la nostalgia. Aunque algunos de estos aparatos sí despiertan recuerdos y tienen una connotación nostálgica para quienes crecieron con ellos, no todos los jóvenes que hoy los recuperan los han usado. De hecho, muchos de ellos se familiarizan con estos dispositivos a través de las redes sociales. Soler atribuye a estas plataformas el poder que tenía antes la publicidad clásica. 

Entran en juego también los influencers, a quienes Soler define como “figuras de éxito o en las que te tienes que ver reflejado”. En muchos casos, añade, gran parte de su identidad se construye a través de lo que consumen y exhiben. 

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Eso hace que quienes les siguen sean más proclives a interesarse o consumir aquello que muestran en sus perfiles, incluyendo la tecnología vintage. Así, aunque muchos jóvenes no hayan crecido con esos dispositivos, pueden volverse objetos deseables, asociados a una estética o una forma de estar en el mundo. Lo que para algunos es nostalgia, para otros se convierte en una novedosa necesidad. 

Es el caso de Lara, una joven —que prefiere mantener su identidad reservada— aficionada a las cámaras analógicas de los 70 (como las Zenit). Aunque no vivió ni la llegada ni el auge de estos aparatos, confiesa en conversación con Xataka encontrar algo “único” en ellos que le atrae. 

Una cámara para no hacer “scroll”

La vuelta de este tipo de tecnología tiene también otra lectura. Para Claudia Pradas, psicóloga y divulgadora en redes sociales, en una población joven sobreexpuesta a constantes estímulos, pantallas y recompensas inmediatas, “una tecnología más limitada puede resultar psicológicamente atractiva” porque “rebaja la carga”.

Frente al móvil, que es al mismo tiempo cámara, consola y reproductor de música, estos aparatos tienen una única función, restricción que puede sentirse como un alivio. “Estamos constantemente expuestos a una tecnología súper sobrecargada que puede llegar a fatigarnos”, explica, mientras que estos dispositivos “pueden fomentar la relajación o desactivación del sistema nervioso, generando bienestar”. 

Por eso, en vez de interpretar este auge como un rechazo a lo nuevo, Pradas propone leerlo como una búsqueda de alternativas: dispositivos que permiten seguir usando tecnología pero con otro ritmo.

También influye el tipo de experiencia que ofrecen. Los aparatos “viejos” obligan a una relación más física que se aleja del uso del smartphone: meter un cartucho, rebobinar, pulsar botones, imprimir una foto… Para Pradas, esa dimensión táctil es clave. En un contexto de saturación digital, “una experiencia sensorial más allá de lo visual y lo auditivo puede ayudarnos a enraizarnos más con el presente”. 

Coincide el sociólogo Soler en que la búsqueda de desconexión es uno de los factores detrás de este regreso a tecnologías anteriores. Muchas de estas consolas retro, explica, no dependen de internet: permiten seguir usando tecnología digital, pero sin conexión constante ni servicios online. Algo parecido ocurre con las fotografías. Subir imágenes a redes o almacenarlas en la nube no genera la misma relación con los recuerdos que imprimirlas y guardarlas en un álbum.

En internet, dice, las imágenes pueden volverse más volátiles, perderse entre miles de archivos o quedar diluidas en el flujo continuo de contenido. En cambio, revelar fotos o conservarlas físicamente crea otra forma de relacionarse con el tiempo y la memoria, “más tangible y duradera”. En un contexto de hiperconectividad, cambiar los recuerdos del entorno digital por la dimensión física puede funcionar también como una forma de ordenar y preservar lo que de verdad queremos recordar.

Este poder de desconexión lo corrobora Elena, una joven de 23 años a la que jugar con consolas prácticamente descatalogadas le evoca la misma tranquilidad que “cuando ves una película que has visto 200 veces”; la sencillez de estos aparatos le da la calma que no consiguen los videojuegos actuales. 

“Ahora mismo [los videojuegos] son como una película, pero antes todo ocurría en una pantalla muy pequeña con dibujos que podían ser hasta en blanco y negro”, apunta. La simplicidad y la imperfección que caracterizan a los juegos antiguos—y que se extiende hasta el grano de una cámara compacta o el sonido menos limpio de un reproductor vintage— son parte de su atractivo. Frente a unos dispositivos cada vez más perfectos y rápidos, esos pequeños fallos o limitaciones se perciben casi como una marca de autenticidad y humanidad. 

“Las cámaras analógicas antiguas no tienen nada que ver con las fotografías del móvil. Yo no saco fotos con el móvil porque para mí carecen de algo, es como si no tuvieran alma. No tiene gracia que puedas sacar mil fotos y a todas les puedas poner filtro, no me resulta nada interesante. La fotografía analógica da un color y una riqueza que no tiene la fotografía digital”, afirma Lara. Para ella, las imperfecciones de estas cámaras “les añaden mucha personalidad a las fotos”, “algo que nunca vas a tener con un móvil”. 

Al mismo tiempo, el uso de estos dispositivos vintage se puede plantear como “una actividad en sí misma”. En un contexto en el que el uso de multipantalla está normalizado —hasta viendo una película algunas personas sienten la necesidad de seguir usando el móvil—, esta tecnología ofrece evasión y concentración al mismo tiempo. 

Usar el smartphone como cámara o reproductor de música facilita la lógica de la multitarea: basta con un gesto pasar de una aplicación a otra. Sin embargo, quienes vuelven a las cámaras o consolas antiguas —aquellas que no obligan a pasar por actualizaciones constantes o ni siquiera requieren conexión wifi—, mencionan estar más concentrados en la actividad. 

Las redes sociales también se hacen eco de la desconexión que ofrecen este tipo de dispositivos. Creadoras de contenido como Jen Herranz animan a sus seguidores a usar cámaras retro “para no estar haciendo scroll con el móvil” o “porque te hace estar más presente”.

¿Un hobby ecológico o una nueva forma de consumo?

Entre los argumentos que más se repiten entre quienes recuperan cámaras compactas, consolas antiguas o reproductores de otra época aparece también la dimensión ecológica. En TikTok, algunos jóvenes defienden estas aficiones como una forma de reutilizar tecnología ya existente, de alargar la vida de aparatos olvidados y evitar, al menos en parte, la lógica de la renovación constante. Frente a la compra continua del último modelo, reivindican los dispositivos rescatados del cajón, de segunda mano o heredados.

Pero ese relato tiene matices. 

Porque, aunque reutilizar puede ser una práctica más sostenible que comprar algo nuevo, el auge de lo retro también puede convertirse en otra forma de consumo. Soler, también investigador en el Centro de Teoría Postcapitalista, recuerda que, para las generaciones más jóvenes, estos objetos del pasado reaparecen muchas veces no como simples aparatos viejos, sino como productos deseables.

Ahí entra, explica, una lógica muy propia de la cultura de consumo actual, capaz de mercantilizar cualquier época. “La estética de los 80, los 90 o los 2000 se empaqueta, se vacía de contexto y vuelve al mercado como algo ‘nuevo’, accesible a través de la compra”, explica. 

En la práctica, una afición que podría pasar por rescatar una cámara olvidada en casa o volver a encender una consola guardada en un cajón puede transformarse en otra dinámica distinta: comprar un modelo concreto porque se ha puesto de moda o querer una versión reacondicionada más bonita o más “instagrameable”. Es decir, no siempre se reutiliza lo que ya existe: a veces se vuelve a consumir, solo que con estética del pasado.

Y ahí lo retro deja de ser únicamente una forma de reaprovechar para convertirse también en una nueva necesidad fabricada por el mercado.

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Imagen | Jovan Vasiljević



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El precio de la carne está por las nubes. Una industria tiene una oportunidad de oro: la carne artificial

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Cada vez sale más caro comprar carne en el supermercado. En medio de una inflación generalizada, la sección de cárnicos ha despuntado y sus productos son de los que más han subido.

Entre los productores de carne de vacuno, la tendencia va al alza desde hace años. Según datos de Eurostat, el precio de terneros vivos escala o retrocede entre 2013 y 2019. Pero a partir de este año el ascenso es continuado. En España, por ejemplo, 100 kilos de animal vivo pasan de costar 226,25 euros en 2019 a tener un precio de 369 euros en 2023.

Otra referencia: el precio medio en la UE al que los productores vendían la carne de macho bovino en enero de 2025 era 570 euros por 100 kilos. Un año después, el pasado enero, el coste había saltado a los 717,11 euros cada 100 kilos, una subida del 25,5%.

Este ascenso en los precios, sobre todo de la ternera, coincide con unos años en los que la carne artificial ha progresado. Las técnicas para obtener una textura similar y conseguir los sabores y aromas han mejorado. Los métodos de producción se han pulido y algunas empresas han ganado economía de escala. Como consecuencia, su producto se habría abaratado.

Es el caso de Novameat. Giuseppe Sconti, su fundador y CEO, cuenta que su empresa ahora es capaz de producir carne artificial a un precio mucho menor que unos años antes. Nacida en Barcelona en 2018, la startup utiliza proteína del guisante amarillo para su producto y ha puesto en marcha su propia fábrica. “Nosotros compramos un ingrediente primario y lo transformamos para tener un bloque de proteína texturizada, que después los grandes productores pueden mezclar con la carne picada o hamburguesas”, explica.

Ya no se trata de unas salchichas o una hamburguesa hechas con carne vegetal. Es un enfoque que no tiene como objetivo crear un producto final de venta al público. Así es más sencillo ganar escala en la producción, siempre que haya clientes a los que venderla después, claro. Sconti añade otro factor para el descenso de sus costes. “Cuando compramos nuestro ingrediente de base en grandes cantidades podemos conseguirlo a un precio inferior. Además, hemos diversificado los sitios de donde podemos sacar la proteína. Ahora podemos sacarla de Europa, pero también de América”.

Fabrica Novameat
Fabrica Novameat

Las instalaciones de Novameat.

Una materia prima más barata también ayuda. Justo Pedroche Jiménez, científico titular del Instituto de la Grasa, perteneciente al CSIC, trabaja desde hace dos décadas con proteína vegetal en investigaciones destinadas al sector alimentario. Afirma que ha aumentado la diversidad de proteína vegetal. “Hoy en día se trabaja con muchísimas materias primas vegetales”. 

Cuenta que antes se utilizaba sobre todo la soja como alternativa a la proteína animal, pero ahora su equipo investiga con lentejas, garbanzos, altramuces, habas, incluso chía y quinoa, entre otras. “Y cuantas más empresas haya que trabajen en esto, cuanta más competencia haya y más productos diferentes estén en el mercado, todo eso, al final, conduce a un abaratamiento de precios”, añade.

A la salida de la burbuja

Pero la carne artificial tiene sus propios fantasmas. Vivió un punto álgido, se convirtió casi en una moda, asociada al veganismo y a hábitos saludables, y después algunas de las marcas más conocidas del sector cayeron estrepitosamente. En respuesta a un email enviado por Xataka, Jaime Martín, socio y CEO de la consultora Lantern, especializada en el sector alimentario, se muestra escéptico ante el fenómeno de la carne basada en proteína vegetal. 

Para él era una burbuja y es un sector que está arrasado. Aunque apunta que los precios de este tipo de producto bajan en algunos países. “Se abarata en países donde ya hay un tamaño relevante de consumidores, como Holanda o Alemania, y una apuesta decidida de la marca blanca por impulsar la categoría”.

Los dos grandes nombres de la carne artificial, Beyond Meat e Impossible Foods, encadenan varios años de declive. Las pérdidas se acumulan, tanto que la primera se desplomó en Bolsa de manera espectacular, mientras la segunda vio su valoración encogerse de forma igualmente sangrante. Ha habido quiebras, como la de la británica Meatless Farm, que entró en concurso de acreedores hace más de dos años. Quizá lo más simbólico fue que en 2024 McDonald’s, que había impulsado una hamburguesa hecha con este tipo de carne alternativa, interrumpió su venta. No había sitio en su carta para la McPlant.

Para Pedroche se pueden extraer conclusiones positivas de todo lo que ha ocurrido. “Estas empresas hicieron una apuesta arriesgada por un producto, quizás un poco sofisticado, para un nicho de población muy específico, pero creo que se ha creado un conocimiento de lo vegetal. Ahora se ha estabilizado. No está decreciendo sino que cada vez hay más gente que se arriesga, digamos, a probar este tipo de productos que están muy vinculados con lo saludable”, reflexiona el investigador del CSIC.

Albondiga Novameat
Albondiga Novameat

Albóndigas de proteína vegetal.

“Ha habido una burbuja que ha explotado. La pregunta es si continuará la diversificación de proteína que ya había comenzado. La proteína alternativa, tal y como se había definido, en productos terminados, había creado mucho hype”, señala Sconti en referencia a las marcas conocidas que vendían envasados, como hamburguesas y salchichas. 

Habla de ellas como de una propuesta comercial, quizá la más llamativa de todo el sector de la carne artificial, pero no la única. “Yo soy optimista. Creo que la diversificación proteica no va a terminar. Va a ser como Internet, cuando estalló la burbuja puntocom y después vino una consolidación. Y ahora Internet es mucho más grande que en el año 2000”.

Una muestra de esta consolidación serían los movimientos de la brasileña JBS, el mayor productor mundial de carne tradicional. En 2021 adquirió la empresa holandesa especializada en carne alternativa Vivera, y el pasado año compró The Vegetarian Butcher, la división de proteína alternativa de Unilever. Ha fusionado ambas para empujar su presencia en el mercado europeo.

Las perspectivas del sector son alentadoras, según la firma analista Future Market Insights, que estima que el mercado de la carne vegetal crecerá un 12% anual en los próximos diez años. Con sus cálculos, pasaría de ser un mercado de 15.900 millones de dólares, en 2026, a alcanzar un volumen total de 49.500 millones, en 2036.

La carne vegetal frente al vacuno

En este contexto, la producción de carne de vacuno decreció en la Unión Europea un 4,2% el pasado año respecto a 2024. En uno de los informes periódicos de la Comisión Europea, se apunta que la oferta es escasa y tiene dificultades para cubrir la demanda. Esta circunstancia no contribuye a que se moderen los precios.

En España, en un año, el aumento del precio medio de la carne de vacuno que se consume en los hogares subió de 12,60 €/kg en julio de 2024 a 14,47 €/kg en julio de 2025 (un incremento del 14,78%), según datos Provacuno, asociación de representación mayoritaria en el sector.

“En la UE, y en España, la tendencia a largo plazo es que el precio del vacuno suba, si bien hay que ver el efecto del tratado Mercosur. Los otros tipos de carne también tendrán presión”, comentaba Martín, en alusión al acuerdo de asociación entre la UE y Mercosur, que prevé la entrada de 99.000 toneladas de carne de vacuno con un arancel reducido. El consultor prevé que la carne vegetal también aumente de precio pero menos que la tradicional.

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Salió regular.

Para Pedroche, los precios tenderán a igualarse: “Desde hace unos años hasta ahora los productos basados en proteínas vegetales han disminuido de precio. Y hay que tener en cuenta que la carne animal no deja de subir. Digamos que la proteína vegetal, que antes era un producto como más de lujo, va a llegar un momento en el que se va a encontrar con la animal”.

El futuro no tiene por qué ser una competencia directa entre la carne tradicional y la artificial. Ya hay ejemplos de venta al público donde se han mezclado ambas. En Países Bajos, la cadena de supermercados Lidl ha lanzado una carne picada que contiene un 60% de ternera y un 40% de carne basada en proteína de guisante. Su precio es un 33% inferior respecto a la carne picada convencional.

Este modelo híbrido es el que impulsa Novameat. “Los productores de vacuno nos han pedido incluir un ingrediente basado en proteína vegetal, para que así puedan sustituir su hamburguesa actual, su carne picada actual, por un producto híbrido”, destaca el CEO de la startup. Y añade que a día de hoy estas carnes envasadas no son vacuno 100% sino que tienen ya un pequeño porcentaje de otros ingredientes, como conservantes o aromas naturales.

En las conversaciones que la empresa mantiene con compañías cárnicas se habla de introducir más de un 10% de su proteína vegetal en la carne picada. “A los productores de carne les interesa porque nos compran nuestros bloques de proteína texturizada a menor precio. Ahora mismo, para grandes escalas, estamos hablando de 5 euros el kilo”, afirma Sconti. Este sería un coste menor que el de la media europea de la carne de vacuno.

Hamburguesa Novameat
Hamburguesa Novameat

La hamburguesa de Novameat.

“La tecnología es muy versátil. Podemos adaptarla y no tenemos que depender de las máquinas extrusoras tradicionales que se usan para hacer texturizados, como los de soja. Adaptamos incluso el bloque de proteína dependiendo de si es para vacuno o cerdo”, cuenta Sconti. Cada producto requiere una adaptación. El que se mezclará con carne picada debe tener un tamaño adecuado para la picadora, la hamburguesa necesita una textura que no sea arenosa y case bien con la masa cárnica. La fábrica de Novameat, en Barcelona, puede producir hasta 40 toneladas al mes de carne vegetal con textura.

Aunque la fórmula de esta empresa pasa por producir sus bloques de proteína a nivel local, en la propia planta industrial de sus clientes. “Podemos instalar nuestra tecnología en la fábrica del productor y mezclar allí nuestra proteína con su carne”, detalla Sconti. “Llevamos una parte pequeña de la línea de producción, que se puede instalar y quitar. Y también llevamos ingenieros nuestros para hacer la instalación. Adaptamos el proceso según la temperatura de la fábrica, la mezcladora y las máquinas que tengan”. Es una forma de ahorrar el transporte.

Este modelo de productos híbridos se plantea como una salida para el sector. “Se busca que esa carne animal le dé parte de esa textura y ese sabor que le falta a la proteína vegetal”, comenta Pedroche. “Y parece ser que esta es la otra línea de investigación y la otra línea de desarrollo de productos que va a haber en los próximos años”. Esto significa que este tipo de carne vegetal ya no se dirige a un segmento concreto de la población, como eran los vegetarianos, veganos y flexitarianos, sino a una gran masa de consumidores.

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el mapa que parte en dos a España a través de sus dos grandes cuencas hidrográficas

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Este curioso mapa que divide el estado español en azul y rojo podría representar fronteras políticas o administrativas, pero la partición es mucho más curiosa y llamativa: muestra el destino final de cada gota de lluvia que cae en España. Cada línea que ves es uno de los muchos ríos que recorren esta parte de la península Ibérica y su color desvela dónde acabará: en el mar Mediterráneo o en el Océano Atlántico. El resultado es uno de los retratos hidrológicos más bellos y reveladores de la península ibérica.

A partir de los datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el cartógrafo y consultor del GIS Joe Davies ha elaborado este mapa de cuencas hidrográficas que pone de manifiesto la columna vertebral invisible que recorre el estado, la divisoria de aguas continental. El resultado es cuando menos sorprendente. Además de los colores, el trazado está más o menos marcado en función del caudal del río, desvelando así qué ríos son los más caudalosos.

Esa línea invisible se desliza aproximadamente por el Sistema Ibérico y las estribaciones pirenaicas partiendo el territorio en dos mundos hídricos. Hay varias cosas que llaman la atención de la imagen: lo primero es la proporción. El Atlántico se lleva unas dos terceras partes del territorio. Pero también que aunque España “mira” hacia el Mediterráneo, sus ríos fluyen mayoritariamente hacia el oeste. 

Hay una razón geológica que lo explica: la Meseta Central bascula ligeramente hacia el Atlántico, herencia de la tectónica hercínica que configuró el zócalo ibérico hace 300 millones de años.

El curioso trazado de la divisoria de aguas continental en España

El río Ebro es el gran traidor: nace en Cantabria, a apenas 20 kilómetros del mar Cantábrico. Por lógica geográfica cabría esperar que fuera atlántico, pero no: toda su gran cuenca está pintada del color del Mediterráneo, donde desemboca tras recorrer casi mil kilómetros. Los Pirineos funcionaron como barrera y los Sistemas Ibérico y Catalánides como embudo, de modo que el río se vio forzado a discurrir hacia el oeste. Un ejemplo llamativo de cómo la orografía es capaz de secuestrar un río y llevarlo a otro mar diferente al que le correspondería.

Otro río que constituye un caso curioso es el Segura: nace en la jienense sierra de Segura, a más de 300 kilómetros del mar. Después, recorre una distancia enorme para desembocar en Alicante con un caudal raquítico, algo que puede verse en comparación con el vecino Gualquivir. La explicación está en la aridez extrema de su cuenca y la intensa presión agrícola. 


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Hacia dónde va cada gota de lluvia que cae en España. Joe Davies con datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

Como cabría esperar Galicia está rojísima en el mapa de Davies: es una auténtica maraña densa que contrasta con el resto, especialmente si nos alejamos de la cornisa cantábrica. Galicia recibe entre 1.500 y 2.000 mm de precipitación anual, sobre un sustrato de granitos y pizarras prácticamente impermeables, así que el agua no se filtra, escurre. El resultado es esa densidad de ríos y regatos, todos atlánticos, cortos y caudalosos. Es la región que mejor ilustra la relación directa entre geología, clima y red fluvial. Si el mapa fuera de Europa entera, Galicia seguiría destacando.

El mapa también nos devuelve colores impensables, como que Pamplona esté coloreada en Azul pese a ser una ciudad del norte extremadamente próxima al Cantábrico: sus aguas van al Mediterráneo por el Ebro y sus afluentes. Madrid es roja: el Manzanares-Jarama-Tajo la llevan al Atlántico. Tiene la divisoria continental cerquísima, a menos de 80 kilómetros. A un lado y otro de esa barrera, el agua que cae en el mismo aguacero acaba en mares separados por miles de kilómetros. 


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Versión 3D con los colores invertidos. Joe Davies con datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

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Portada | Joe Davies

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