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así es el astillero de Chittagong al que los grandes buques van a morir
Cada año, decenas de barcos llegan al final de su vida útil. Las compañías que los operan tienen dos alternativas: ponerlos a punto para modernizarlos o mandarlos al desguace. Esos astilleros en los que desmantelan barcos se encuentran principalmente en costas asiáticas, y un proceso que debería ser verde debido a que se recicla un gran porcentaje del barco, se convierte en ocasiones en algo tremendamente complejo.
El motivo es que hay astilleros en los que las piezas de los barcos valen mucho, pero las vidas de los trabajadores y el medio ambiente no tienen valor alguno. Y uno de los más criticados es el astillero de Chittagong, en Bangladesh.
Reciclando barcos. Puede parece que reciclar un barco de cientos de miles de toneladas es un proceso complejo, pero realmente los pasos están bien delimitados para que sea lo más sencillo posible (dentro de que, evidentemente, hablamos de una mole de acero). Lo primero es colocar el buque en un dique seco y eliminar los componentes complejos como combustible (para evitar incendios), aceite, productos químicos o las aguas residuales.
Hacerlo en un dique seco asegura que, aunque haya fugas, los elementos contaminantes no se filtran a la arena o al mar. Lo segundo es retirar los elementos electrónicos, motores y generadores que pueden venderse o reutilizarse. Lo siguiente es cortar el barco como si fuera una tarda: por porciones a la vez que se clasifican los materiales. Y el último paso es vender o reciclar las piezas de acero, cobre, aluminio y madera y gestionar debidamente los residuos no reciclables.
Chittagong. Esos procesos se han ido puliendo a lo largo de los años para acatar las normativas internacionales y cumplir con los compromisos medioambientales. Y, dicho esto, debemos viajar a la costa de Bangladesh, concretamente al astillero de Chittagong. Todo empezó a mediados de los años 60, cuando algunos barcos quedaron varados en la playa y se desmantelaron. En los 80, la industria del desguace de barcos creció en el país y el de Chittagong se convirtió en el mayor astillero de desguace del mundo.
Barato. Como apuntan desde The Guardian, este astillero llegó a reciclar más de 230 barcos en un año, lo que supuso más de 10 millones de toneladas de acero. Muhammed Ali Shahin es el coordinador de Shipbreaking Platform, una plataforma que busca que los astilleros de Bangladesh cumplan las normas de seguridad humanas y medioambientales, y comenta que “Chittagong es el lugar más barato para desguazar blancos, pero el precio es el sufrimiento”.


Picadero humano. Muhammed comentó que, sólo en 2017 murieron nueve hombres en Chittagong y nadie se hizo responsable de esas muertes, sumándose a los 200 de los últimos diez años. En un artículo de 2012, comentó que “de media, muere un trabajador a la semana, y todos los días alguien resulta herido. Los trabajadores son fácilmente reemplazables y los responsables saben que, si pierden a uno, otros 10 están esperando para reemplazarlo”.
Ali Shahin apunta directamente al gobierno, ya que son los que recaudan los impuestos por la actividad realizada en el astillero y, por eso, hace la vista gorda. No son sólo las muertes, no hemos terminado con ese tema, sino también las dolencias que tienen los empleados debido a la carencia de equipo técnico necesario para lidiar con las sustancias nocivas tanto de los interiores de los barcos (combustible, aislantes) como los residuos que se producen a la hora de, por ejemplo, cortar el acero.
En esta tabla, podemos ver que, de una muestra de 216 personas, la inmensa mayoría presentan problemas musculares, cansancio extremo debido a largas jornadas, problemas respiratorios y oculares, entre otros.


Demasiadas polémicas. El astillero da trabajo a cientos de miles de personas de la zona, muchos de ellos son… niños. Aunque es ilegal emplear a niños y adolescentes en industrias peligrosas, según la Ley de Trabajo de Bangladesh, un estudio de 2019 expuso que, al menos, el 13% de los trabajadores de Chittagong eran menores de 18 años. Afirma que, para evitar las inspecciones, el trabajo que realizan es en el turno nocturno y es un rango de edad especialmente vulnerable a las condiciones tóxicas del ambiente del astillero de desguace.
La mayoría de ellos trabajan como ayudantes de cortadores del acero, pero también retirando del barro pedazos de la nave que han caído al mar. Si algo ocurre y hay un accidente, como no están legalmente contratados, nadie se hace cargo del asunto. Por no hablar de las historias de cadáveres de personas que fallecen debido a accidentes laborales y que son arrojados, directamente, al mar.


Picardía. Aparte de la picadora humana, Chittagong acumula polémicas debido al vertido de desechos peligrosos que están contaminando los alrededores. Esto es debido a la falta de medios, pero también a lo más importante: el proceso de desguace no se hace en dique seco, sino directamente en la arena de la playa, por lo que cualquier residuo cae directamente en la arena y el mar.
En el artículo de The Guardian se expone que las leyes de la Unión Europea prohíben que los barcos con esa bandera desguacen en playas asiáticas, pero el proceso de ‘reabanderación’ es sencillo. También hay denuncias sobre empresas que saben perfectamente en qué astilleros se desguazarán sus barcos y, aun así, los venden a intermediarios que se encargan de revenderlos a los astilleros.
Not all astilleros. Hay que aclarar que, sobre todo a partir de la firma del Convenio de Hong Kong en 2009, decenas de astilleros se han puesto las pilas para que las condiciones laborales sean más humanas y, también, por hacer que las instalaciones sean adecuadas para la práctica del desguace de barcos. Países como Japón, India y Turquía, donde se encuentra el enorme astillero de Aliaga, han invertido cientos de millones de dólares para ponerse al día.

Un astillero en dique seco

A escasos kilómetros, otro en la arena
En Bangladesh, todo va más despacio y sólo el PHP Shipbreaking cumple con los estándares internacionales. El motivo es que es una zona deprimida que da trabajo a miles de personas y supone un beneficio tanto para el astillero como para las empresas que venden los barcos a esos astilleros que no cumplen con la normativa.
Por cierto, y por si las fotos de trabajadores sin protección no son suficientemente ilustrativas, hay un segmento de una superproducción que retrata lo apocalíptica que es la zona.

Fotograma de ‘Vengadores: la era de Ultrón’
Se trata de la segunda película de ‘Los Vengadores’, que en cierto momento tiene un paneo del astillero de Chittagong. Y es algo que se puede ver en el tráiler de la cinta, en el minuto 1:31 y que corresponde a la imagen que dejamos justo sobre este párrafo.
Imágenes | Stéphane M Grueso, Google Maps, Naquib Hossain (2)
En Xataka |
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Este es el mapa de la DGT para visualizar dónde hay balizas V16 activas en España. Hay otro mapa no oficial más útil
Estamos en 2026 y eso significa el adiós (o no) de los triángulos de señalización en favor de las balizas v16 para señalizar accidentes o averías en carretera. ¿Que no la llevas? Pues multa de 80 euros, aunque estos primeros días Pere Navarro aseguró que “serían flexibles” (sic).
Además de para evitar los atropellos, la gran ventaja de las balizas V16 es su conectividad: es cierto que es una conectividad a medias, pero que sí que permite avisar a la DGT, a los vehículos con señal V-27 y al resto de conductores a través de paneles luminosos. Y de un mapa interactivo para geolocalizar de forma exacta las balizas V16 activas en el estado.
El mapa de tráfico de la DGT también muestra las balizas. Vaya por delante que el oficial es mucho más que el mapa donde ver estos dispositivos luminosos: podemos visualizar carreteras cortadas, desvíos, desprendimientos y eventos meteorológicos como baja visibilidad por niebla, accidentes o vehículos detenidos. Precisamente aquí entrarían las balizas, señalizadas en la leyenda del mapa con la señal de circulación de peligro. No obstante, si tocamos sobre la zona de ‘Filtros’ (el botón de las tres rayas de la esquina superior derecha) puedes aliviar un poco la visualización.
Como ves bajo estas líneas, al tocar sobre el icono aparece información como la causa (por defecto aparece vehículo detenido), en qué carretera y sentido está, la orientación, desde cuándo está operativa la notificación, la provincia y el municipio. Cabe recordar que los datos son anónimos en tanto en cuanto la DGT únicamente recibe la ubicación del vehículo detenido y no la identidad del ocupante ni otros datos personales como la matrícula o los datos de su póliza. Más allá de hacer zoom, seleccionar zonas o cribar, esto es lo que permite hacer el mapa de la DGT.
Solo tienes que activarla. Para ver tu baliza V16 en el mapa basta con tocar el botón para que la señal se envíe a plataforma DGT 3.0: función es técnica y automática, transmitiendo datos como la ID del dispositivo, sus coordenadas GPS, la hora exacta de activación y el estado, pero no la causa (puede ser un pinchazo, una avería mecánica, que te has quedado sin combustible, un accidente).
Quien categoriza la causa de la incidencia es el operador de auxilio en carretera, como por ejemplo la grúa, con la señal V-24 y la obligación de comunicar a la DGT cuándo llegan a un servicio y qué tipo de incidencia están atendiendo. Un recordatorio: te pueden multar con hasta 30.000 euros por un falso positivo, es decir, activar la baliza a modo de prueba y dejarla activada más de 100 segundos.
Si solo quieres ver las balizas, hay otro mapa. Los datos recogidos por la plataforma DGT 3.0 son públicos a través de la API de DGT 3.0. Así que el ingeniero de ciberseguridad Héctor Julián Alijas ha creado un mapa específico para las balizas con algunas ventajas extra procedente de datos públicos y fuentes oficiales, como explica en sus FAQ. Este mapabalizasv16 muestra todos los dispositivos activos en la actualidad o que lo han estado recientemente, independientemente del fabricante y del operador de la baliza.
El mapa muestra en amarillo las balizas activas y en oscuro las que han estado operativas recientemente, actualizándose de forma periódica para informar del cambio del estado de las balizas y la activación de nuevas unidades (puede comprobarse la última actualización en un mensaje ubicado en la zona superior).
Como con el mapa de la DGT, puedes tocar sobre el icono de la baliza para ver la información relativa a ese dispositivo. La información proporcionada por este mapa alternativo es exactamente la misma, pero tiene un extra que puede resultar útil si quieres acudir hasta allí: la posibilidad de compartirlo con un navegador GPS como Waze, Google Maps o los Mapas de Apple.
Quiero ver las balizas en Google Maps y Waze. Los navegadores GPS no ofrecen la opción de visualizar las balizas activadas en carretera per se, pero sí que avisan de incidencias en carretera como coches detenidos o accidentes. La propia plataforma DGT 3.0 explica que:
“Facilita la interconexión de todos los actores que forman parte del ecosistema de la movilidad. Fabricantes de vehículos, proveedores de servicios de navegación, aplicaciones de movilidad, ayuntamientos, plataformas de transportes público, sistemas de gestión de flotas, etc.”
Además, tanto Google (detrás de Maps y Waze) como Apple usan información procedente de las autoridades, así que técnicamente pueden hacerlo. Y tiene una gran ventaja: descartar incidencias falsas, que pueden notificarse por error o intencionadamente, y que pueden comprobarse después a través de la plataforma.
Portada | DGT y Mapa Balizas V16 de Héctor Julián Alijas
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la ciencia apunta a que la tensión económica envejece el corazón
Durante décadas, la medicina cardiovascular ha operado bajo un dogma casi inamovible: si quieres proteger el corazón hay que vigilar la dieta, hacer ejercicio y controlar la tensión arterial. Sin embargo, la ciencia ha comenzado a ver que hay otros factores sociales que también pueden ser muy importantes, como por ejemplo el estado de las cuentas bancarias personales.
El estudio. Para poder llegar a esta conclusión que apunta a cambiar de manera drástica un auténtico dogma de la medicina, la Clínica Mayo ha analizado a más de 280.000 pacientes gracias a la aplicación inteligencia artificial. Para ello, la IA ha analizado las pruebas médicas convencionales de los pacientes y su historia. De esta manera, los investigadores han descubierto que los factores que más aceleran el reloj biológico del corazón no siempre está en la historia clínica, sino en la cuenta bancaria y en la cesta de la compra.
La edad ‘invisible’. El núcleo tecnológico de este hallazgo lo encontramos en un algoritmo de IA aplicado a los electrocardiogramas. De esta manera, a diferencia del análisis que hace un cardiólogo que busca arritmias o anomalías en la conducción del corazón, este modelo de aprendizaje analiza cambios en el electro que son muy sutiles en las señales eléctricas que se pueden pasar desapercibidas para el ojo humano.
De esta manera, el algoritmo puede estimar algo que la ciencia denomina como “edad cardiaca”. A partir de aquí, cuando los investigadores compararon la cifra con la edad real del paciente, surgió una brecha de edad cardiaca. Es decir, había gente con un corazón que parece más viejo de lo que debería, lo que es un predictor de mortalidad mucho más preciso que algunos marcadores tradicionales.
El impacto social. Ahora la pregunta que se hace la ciencia es por qué. Los resultados del estudio publicado en Mayo Clinic Proceedings, sitúan a la tensión financiera y la inseguridad alimentaria como los determinantes sociales de la salud (DSS) más agresivos.
De esta manera, lo que el estudio demuestra es que la preocupación constante por el pago, el alquiler, la hipoteca o el encarecimiento de los alimentos básicos genera un estado de desgaste fisiológico que la IA detecta como un envejecimiento prematuro del tejido cardiovascular.
Las razones. A nivel biológico, este fenómeno se explica a través de la respuesta crónica al estrés. La incertidumbre económica mantiene al cuerpo en un estado de “alerta” permanente, disparando niveles de cortisol y adrenalina. Esta sobreexposición hormonal prolongada daña el endotelio vascular y altera la variabilidad del ritmo cardíaco, efectos que el algoritmo de la Clínica Mayo identifica como signos de un corazón envejecido.
Sorprendentemente, el estudio indica que el impacto de esta precariedad puede igualar o incluso superar el riesgo que supone la inactividad física o enfermedades crónicas como la diabetes en términos de mortalidad acelerada.
De la soledad a la inflación. Este trabajo no es un hecho aislado, sino la culminación de una línea de investigación que la Clínica Mayo ha reforzado en los últimos años. En 2024, el mismo equipo utilizó la IA para demostrar que el aislamiento social actúa de forma inversa: poseer redes de apoyo sólidas y vínculos comunitarios funciona como un “freno” biológico que ralentiza el envejecimiento del corazón. Sin embargo, el nuevo estudio de 2025 es el primero en dar prioridad a los factores económicos sobre los clínicos.
Cambia las reglas del juego. Con este hallazgo se recuerda la importancia de que en la práctica clínica, más allá de ver resultados de analíticas o electrocardiogramas, también hay que saber que delante del médico hay un paciente humano. Y no solo es importante el colesterol que tiene elevado en la analítica, sino que también tiene muchos problemas sociales a sus espaldas que pueden interferir en su patología y que los médicos deben conocer.
La relevancia de este trabajo reside en su capacidad para priorizar. Mientras que otros estudios previos ya hablaban del estrés social, este es el primero en utilizar modelos de IA para cuantificar exactamente cómo la precariedad económica “oxida” el músculo cardíaco en comparación con los factores médicos tradicionales.
Imágenes | Robina Weermeijer Christian Erfurt
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Llevamos décadas fracasando con los propósitos de año nuevo. La ciencia dice que es porque no sabemos “hacer trampas”
Enero arranca con un ritual previsible: pagar la matrícula del gimnasio, llenar la nevera de kale o comprar pinceles para un nuevo hobby. Es el “efecto borrón y cuenta nueva” que define la profesora Katy Milkman. Los seres humanos no percibimos el tiempo de forma lineal, sino como capítulos de una novela. El Año Nuevo es el “Black Friday” de los nuevos comienzos; una frontera simbólica que nos hace creer que el “yo” del año pasado —ese que no sabía hacer un trazo sin parecer un niño de preescolar— ha muerto por fin.
De hecho, hace 4.000 años los babilonios ya hacían promesas en el festival de Akitu para aplacar a sus dioses. La diferencia es que ellos buscaban evitar la ira divina y nosotros, simplemente, la culpa frente al espejo.
La autopsia de un fracaso anunciado. A pesar de nuestro entusiasmo, las estadísticas son demoledoras. Según el medio Selph, solo una de cada cinco personas logra mantener sus resoluciones a largo plazo. La mayoría tira la toalla antes de que termine el mes, porque cometemos siempre el mismo error: querer ser una persona distinta de la noche a la mañana. Queremos comer sano, meditar, viajar y ser expertos en alguna materia, todo a la vez. El problema es que nos enfocamos obsesivamente en el resultado (perder 10 kilos) y no en el proceso (disfrutar del sabor de una receta nueva).
A esto se le suma lo que la psicóloga Kimberley Wilson describe como el peligro de las “palabras prohibidas”. Usar términos como “siempre” o “nunca” nos mete en una trampa de “todo o nada”. Si un miércoles el trabajo se complica y no puedes ir a pintura o te comes una pizza, sientes que el año entero es un fracaso. Es una visión de túnel que ignora que la vida es, por definición, impredecible.
Además, hoy tenemos un enemigo nuevo: la métrica. Como relatan expertos en comportamiento, hemos pasado “del disfrute al rendimiento”. Ya no leemos por placer, sino para actualizar el contador de Goodreads; no corremos por salud, sino para no romper la racha de Strava. Esta cultura de la productividad aplicada al ocio convierte nuestros hobbies en una segunda jornada laboral. Si la aplicación dice que no hemos cumplido, aparece la culpa.
La ciencia de las “trampas”: El método de la tentación. ¿Y si la clave para cumplir no fuera la disciplina militar, sino ser un poco “tramposos”? Katy Milkman, experta en cambio de comportamiento, confiesa su propio truco en una entrevista al Washington Post: el “temptation bundling” (emparejamiento de tentaciones). Cuando era estudiante, odiaba hacer ejercicio pero amaba Harry Potter. Su solución fue permitirse escuchar los audiolibros de la saga solo mientras estaba en el gimnasio. “Hizo que deseara ir a entrenar”, explica. Es, básicamente, usar un placer culpable para “sobornar” a nuestro cerebro hacia un hábito saludable.
Esta idea se complementa con el “Habit Stacking” (apilamiento de hábitos). En lugar de buscar una fuerza de voluntad que no tienes, “pega” tu nuevo propósito a algo que ya hagas de forma automática. ¿Quieres aprender ese trazo de pintura? Haz un boceto de cinco minutos justo después de tomarte el café de la mañana. ¿Quieres terminar la bufanda de Pinterest? Haz diez filas mientras ves tu serie favorita de Netflix. No añades esfuerzo, simplemente aprovechas la arquitectura de tu rutina actual.
Menos “metas”, más “valores”. Desde la Universidad de Harvard, la doctora Aisha Usmani sugiere que veamos el cambio como “dar forma a una escultura”: se hace quitando pedacitos de piedra poco a poco, no de un golpe. La ciencia cognitiva nos dice que, si quieres pintar, no te propongas hacer un lienzo al día; empieza por uno a la semana.
Y, sobre todo, alinea tus metas con tus valores personales, no con la presión externa. Si el ganchillo te estresa, quizá no responde a tu valor de “creatividad”, sino a una imposición estética. Según Usmani, debemos preguntarnos cada día: “¿Es esto todavía importante para mí?”. Si la respuesta es no, ajustar el rumbo no es fracasar, es ser flexible.
La autocompasión como estrategia. No podemos olvidar el peso del trato que nos damos a nosotros mismos. Como explica el psicólogo Ángel Rull en su columna, muchos propósitos nacen del “hartazgo de uno mismo” y no del autocuidado. Si te apuntas al gimnasio porque odias tu cuerpo, es muy probable que abandones. Si lo haces para sentirte con más energía, el compromiso cambia.
Otro apunte interesante es cómo hablamos de nuestros tropiezos. Un reciente estudio destaca la diferencia entre decir que no “tuvimos tiempo” y que no “hicimos tiempo”. Mientras lo primero suena a una excusa externa, lo segundo implica un control activo sobre nuestra agenda: si no lo hicimos hoy, podemos decidir hacerlo mañana. Según esta investigación, centrar la causa del fallo en factores externos y no en nuestra falta de voluntad es el mejor salvavidas para nuestra confianza.
Un 2026 más humano. En definitiva, no somos ordenadores que se reinician el 1 de enero. El verdadero cambio no consiste en saturar nuestra lista de tareas, sino en transformar el hartazgo inicial en un autocuidado real. Si este año quieres empezar a levantar unas pesas o que tu trazo de pintura gane firmeza, la ciencia te da permiso para ser estratega: une el esfuerzo al placer mediante el temptation bundling, apuesta por lo pequeño —porque una página leída siempre será mejor que un libro abandonado— y acepta que la constancia incluye, necesariamente, días de parón.
Al final, quizá el mejor propósito para este año no sea convertirnos en una versión “optimizada” de nosotros mismos, sino dejar de tratarnos como un proyecto defectuoso que hay que arreglar por decreto. La clave del éxito para este año no reside en la disciplina militar, sino en la capacidad de empezar a vernos como alguien que, simplemente, intenta vivir con un poco más de presencia, herramientas realistas y, sobre todo, un poco menos de culpa.
Imagen | Freepik
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