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Proyecto en puerta: Joseph Gordon-Levitt dirigirá a Anne Hathaway en una película sobre IA
EFE.- El actor y director estadounidense Joseph Gordon-Levitt dirigirá a Anne Hathaway en un thriller sobre inteligencia artificial, informó este viernes el medio especializado Deadline, según el cual todavía no se conocen más detalles de la trama.
El cineasta y la intérprete compartieron cartel en 2012 en “The Dark Knight Rises”, de Christopher Nolan.
Gordon-Levitt, de 43 años, firmó en 2013 su ópera prima, “Don Jon”, donde además de ponerse delante de la cámara compartió protagonismo con Scarlett Johansson y Julianne Moore. Su carrera como cineasta se ha centrado principalmente en cortos y proyectos para televisión.
Como actor acumula cerca de 100 filmes, entre ellos “500 Days of Summer'”(2009) o “Inception'”(2010), mientras que Hathaway, de 42 años, saltó a la fama en 2001 con “The Princess Diaries” y continuó ganándose el favor del público con otras como “The Devil Wears Prada” (2006).
Durante su carrera profesional, Gordon-Levitt no sólo se ha dedicado al cine, sino que también se ha involucrado en el tema de la tecnología y sobre la regulación que podría tener la inteligencia artificial en el mundo.
En una de sus más recientes publicaciones en redes sociales, el protagonista de la película “Snowden” desatacó su participación en un panel donde cuestiona al historiador Yuval Noah sobre el impacto de la inteligencia artificial en la forma de crear nuevas narraciones.
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Se suponía que los iPhone eran los móviles más seguros del mundo. Se suponía
Imagina una herramienta capaz de doblegar la seguridad de un móvil simplemente navegando en una web, sin descargar ningún archivo ni aceptar ningún permiso. Da miedo, pero si además ese móvil es un iPhone, la cosa empeora aún más. No es el argumento de una teoría de la conspiración, es la realidad y acaba de echar por tierra el aura de invulnerabilidad de Apple.
Qué ha pasado. Ingenieros de seguridad de Google han publicado un informe en el que detallan a ‘Coruna’, un sofisticado kit de hackeo diseñado específicamente para comprometer dispositivos iOS. Según la investigación, Coruna usa una cadena de vulnerabilidades ‘zero-day’ que dan acceso casi total al dispositivo. Viene a ser algo similar a Pegasus, pero incluso más sofisticado. Lo más inquietante es que ha sido localizado en manos de ciberdelincuentes, pero su origen parece estar en agencias gubernamentales estadounidenses.
Qué hace Coruna. Como decíamos, basta con visitar una web maliciosa para que entre en acción. La arquitectura de Coruna se basa en una cadena de exploits extremadamente compleja que aprovecha fallos en el motor de renderizado del navegador y en el propio núcleo del sistema operativo. De esta forma, toma el control del iPhone de forma silenciosa, sin que el usuario descargue ningún archivo ni acepte ningún permiso adicional. La buena noticia es que Apple parcheó una de esas vulnerabilidades con iOS 17.3, por lo que si tu móvil está en esta versión o una superior, no tienes de qué preocuparte. Sin embargo, a pesar de estas limitaciones, se estima que ha infectado a decenas de miles de dispositivos.

Imagen: Google
Línea de tiempo. A principios de 2025, Google detectó por primera vez partes de esta cadena de exploits que habían sido usados por una empresa de vigilancia comercial. A mediados de año volvió a aparecer en una campaña contra Ucrania atribuida al espionaje ruso y a finales de año dio el salto a China, donde se escondía en webs falsas sobre finanzas y criptomonedas. El kit robaba criptomonedas y otros datos de las víctimas, como fotos o cuentas de correo.
Quién ha desarrollado esto. En declaraciones a Wired, el responsable de la empresa de seguridad iVerify, destaca que el código es “extremadamente sofisticado y su desarrollo ha costado millones de dólares”. El detalle más llamativo es que Coruna comparte módulos con la conocida como “operación Triangulation”, otro ciberataque dirigido a iOS descubierto por Kasperskyy atribuido a la NSA. De momento es una sospecha, pero según iVerify, los indicios apuntan claramente a que es el trabajo de alguna agencia o un contratista del gobierno estadounidense.
Cómo ha ido a parar a las manos equivocadas. Es la pregunta que los expertos se hacen y de momento no hay respuesta, pero sí hipótesis. Los exploits zero-day son aquellos que el fabricante, en este caso Apple, aún no tiene detectados y son los que más caros se venden en el mercado negro. La teoría es que haya sido vendido por un broker de exploits a algún servicio de inteligencia extranjero y de ahí haya dado el salto a organizaciones de cibercrimen.
iVerify analizó una versión de Coruna y descubrió que el código se había modificado para instalar malware que vaciara carteras de criptomonedas. Estos añadidos estaban “mal escritos” y contrastaban mucho con el código subyacente, lo cual cuadra con la teoría de que fue concebido por una organización muy bien financiada y después acabó en el mundo del cibercrimen.
Imagen | Apple, editada con Gemini
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China quiere tender un cable desde Chile hasta Hong Kong. Y de paso ha metido a Chile en una tormenta contra EEUU
El próximo 11 de marzo, Chile estrenará presidente. Gabriel Boric dejará de estar al mando del país y José Antonio Kast aterrizará en el sillón presidencial. Y llega justo para encargarse de un lío morrocotudo: el cable submarino que China está desplegando desde Valparaíso a Hong Kong. Y, evidentemente, a Estados Unidos esta situación no le gusta ni un pelo.
Hasta el punto de que considera que es peligroso para su seguridad.
En corto. El pasado 20 de febrero, Estados Unidos revocó los visados de tres funcionarios chilenos. ¿El motivo? Preocupación por un cable submarino con el que se conectará Chile y Hong Kong. No es tanto el cable, sino quién lo está ‘tirando’: China. Como apuntan en Mercopress, ha sido el presidente saliente el que ha gestionado el acuerdo para desplegar este cable mediante un decreto de concesión firmado el pasado 27 de enero por el que se permitía a la empresa China Mobile a instalar, operar y explotar el cable.
48 horas después se anuló ese acto argumentando “errores técnicos” y la Administración Boric comentó que el proyecto estaba en proceso de evaluación. Estados Unidos, sin embargo, no perdió el tiempo y prohibió las visas del ministro de Transporte y Telecomunicaciones, del subsecretario de Telecomunicaciones y del Jefe de Gabinete de Subtel (Subsecretaría de Telecomunicaciones de Chile). La tormenta acababa de empezar.
Guerra política. Marco Rubio es el secretario de Estado de Estados Unidos y acusó a los funcionarios chilenos de haber “dirigido, autorizado, financiado y apoyado actividades a sabiendas que comprometen infraestructura crítica de telecomunicaciones”. Te estarás preguntando qué le importa a Estados Unidos lo que haga Chile, pero Rubio continuó apuntando que esa decisión “socava la seguridad regional en nuestro hemisferio”.
“Qué hemisferio” no es la pregunta, sino qué ocurre ahora. Porque Chile ha respondido que la acusación es “absolutamente falsa” y describe la medida de Estados unidos como “unilateral”, apuntando además que es algo que va contra la soberanía de Chile. China no se ha quedado de brazos cruzados y, mediante su embajada en Santiago de Chile, acusó a Estados Unidos de actuar de manera hegemónica ignorando la soberanía de Chile para realizar esos proyectos en su territorio.

Si nos fijamos, los cables del continente americano pasan por EEUU excepto el Halaihai de Google, al menos directamente
Fuego cruzado. Brandon Judd es el embajador estadounidense en Chile y se ha puesto de parte de su gobierno… yendo algo más lejos en las acusaciones. Afirma que ya había advertido a las autoridades chilenas de lo que pasaría, calificando el acuerdo con China como una intrusión en los sistemas de telecomunicaciones chilenos llevados a cabo por parte de “actores maliciosos extranjeros”.
Y, como decíamos, será el próximo 11 de marzo cuando el nuevo presidente entrará en funciones con tarea pendiente: solucionar una papeleta monumental. Desde el departamento de Relaciones Exteriores del presidente entrante ya se ha dicho que se hará “todo lo posible para garantizar que la política exterior permita las mejores relaciones posibles con todos los países”. Un 0º, ni frío ni calor.
Influencia. Dejando la política interior y exterior a un lado, el cable se conoce como Chile-China Express y se estima que medirá casi 20.000 kilómetros. Unirá la ciudad chilena de Concón y llegará hasta Hong Kong. El presupuesto es de unos 500 millones de dólares y su importancia se antoja clave porque supondría la primera ruta de datos transpacífica que evitaría completamente el enrutamiento a través de Norteamérica. Desde China Mobile se apunta que este cable permitirá establecer a Chile como “el nodo central de la red de poder computacional entre China y América Latina”.
Ahora empezamos a entender qué es eso que “socava la seguridad regional en nuestro hemisferio” a la que se refería Marco Rubio. De completarse, será un cable desplegado por China y en el que Estados Unidos no tendrá ni voz ni voto, pero que llega al continente americano. Y decimos que es una papeleta importante para el nuevo presidente porque Estados Unidos inyecta muchísimo dinero en Chile, siendo su principal inversionista extranjero, pero China es el principal socio comercial del país. Un cable va a poner a Kast entre la espada y la pared.
No sólo en telecomunicaciones. De fondo, tenemos a una Estados Unidos que está viendo las orejas al lobo. Estos últimos meses, y a un ritmo acelerado, China ha estado moviendo sus fichas. Lo ha hecho en países en desarrollo en el continente africano mediante acuerdos de energía, construcción de infraestructura, acuerdos para explotar minas de elementos estratégicos y expandir su mercado de automóviles.
Pero también lo está haciendo en América. Cuando Estados Unidos dio la espalda a México con los aranceles, China estuvo ahí para ofrecer abrir fábricas. Está realizando proyectos de energía en suelo americano, tiene interés en algunos de los puertos estratégicos del continente y está desplegando infraestructura, como una línea de ferrocarril que, de completarse, unirá América del Sur de este a oeste.
El cable entre Hong Kong y Chile es sólo una pieza más de un puzle que está tejiendo Pekín, que ya ha arrancado con las obras. Y Washington sólo ve una cosa: el lobo a las puertas.
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el miedo a vivir un 1973 de nuevo por culpa de la guerra de Irán
Basta con entrar a la plataforma de rastreo Marine Traffic para comprender la magnitud de la parálisis. Decenas de puntos rojos, que representan a buques mercantes colosales, se agolpan inmóviles frente a las costas de Omán y los Emiratos Árabes Unidos. Los gigantes de acero no se atreven a cruzar una franja de agua que, en su punto más estrecho, apenas mide 33 kilómetros.
El Estrecho de Ormuz es la principal arteria energética del planeta. Por sus aguas navega diariamente una quinta parte del petróleo mundial —unos 20,9 millones de barriles al día— y un porcentaje vital del gas natural licuado (GNL) global. Hoy, ese paso está bloqueado de facto. Medio siglo después, en las capitales occidentales ha despertado un terror atávico: el miedo a revivir el colapso energético y la inflación galopante de 1973.
La chispa que ha incendiado los mercados saltó tras una escalada bélica sin precedentes en Oriente Medio, detonada por los ataques de Estados Unidos e Israel que culminaron con el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. La respuesta de Teherán no se ha hecho esperar: una lluvia de drones y misiles sobre aliados estadounidenses y rutas comerciales que ha provocado un bloqueo de facto del Estrecho de Ormuz.
La crisis estalló tras una escalada bélica sin precedentes en Oriente Medio. La ofensiva de Estados Unidos e Israel (bautizada como “Operación Furia Épica”), que culminó con el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, desató una rápida respuesta de Teherán: una lluvia de drones y misiles sobre aliados estadounidenses e infraestructuras estratégicas en el Golfo.
Las consecuencias físicas han sido inmediatas. Un ataque con drones iraníes obligó a paralizar las instalaciones de Ras Laffan en Qatar, la mayor planta de exportación de GNL del mundo, y forzó a Arabia Saudí a cerrar temporalmente unidades de su gigantesca refinería de Ras Tanura. La violencia ha alcanzado directamente al agua: la agencia británica UKMTO reportó el ataque a un petrolero cerca de Omán, dejando varios heridos, y el experto energético Javier Blas advirtió de la explosión de otro buque fondeado frente a las costas de Kuwait, provocando un derrame de crudo al mar.
Ante este panorama, gigantes del transporte como Maersk o MSC han ordenado a sus flotas buscar refugio. El pánico ha reescrito las tarifas logísticas: el coste de alquilar un superpetrolero (VLCC) se ha disparado un 600%, rondando los 200.000 dólares diarios, mientras que las aseguradoras han incrementado las primas por riesgo de guerra hasta un 50%, según advierte Alex Longley en Bloomberg.
Los ecos del pasado son aterradores. Saul Kavonic, jefe de investigación energética en MST Marquee, advierte en Fortune de que un cierre prolongado de Ormuz podría tener un impacto “tres veces mayor a la escala de la crisis energética que vimos en la década de 1970”.
Lo que podría venir si los tanques se desbordan
El problema de que los barcos no naveguen no es solo que el petróleo no llegue a su destino, es que se acumula en el punto de origen. La industria se enfrenta a un colapso logístico por falta de almacenamiento físico.
Irak ha sido la primera gran víctima de este colapso logístico. Como ha detallado OilPrice, el país ha tenido que comenzar a cerrar el grifo de yacimientos gigantescos como Rumaila (el mayor del mundo), retirando del mercado unos 1,5 millones de barriles diarios, cifra que podría duplicarse si la crisis persiste. Según apuntan fuentes del sector comercial en Financial Times, si el bloqueo continúa, Kuwait será el siguiente en claudicar en cuestión de días, seguido de los Emiratos Árabes Unidos. Arabia Saudí, gracias a su inmensa capacidad de almacenamiento, podría resistir entre dos y cuatro semanas antes de verse obligada a recortar su extracción.
Los mercados financieros reflejan un estrés absoluto a corto plazo. Como ilustran los gráficos del analista John Kemp, los futuros del crudo Brent han entrado en una backwardation extrema, con una diferencia de casi 11 dólares por barril entre los contratos a corto y largo plazo, situándose en el percentil 98-99 histórico. Esto señala una escasez aguda e inmediata de barriles, especialmente para las refinerías en Asia, que ya han comenzado a recortar sus operaciones.
Si este embudo se prolonga durante tres meses, la regla no escrita de firmas como Goldman Sachs sugiere que el crudo podría encarecerse en 40 dólares adicionales, convirtiendo la barrera de los 100 dólares por barril en la nueva normalidad.
Las diferencias con 1973
A pesar del dramatismo y de que el barril superó rápidamente los 80 dólares, el escenario macroeconómico no es un calco del embargo árabe. La resiliencia global ha cambiado:
- El nuevo sheriff petrolero: Hoy en día, la economía de EEUU depende mucho menos del crudo para generar riqueza (apenas un 0,4% del PIB frente al 1,5% de 1979). Además, el país americano es ahora el mayor productor mundial de petróleo, lo que le blinda ante los choques de oferta, como señala Fortune.
- La “Miopía de Ormuz”: Mukesh Sahdev, analista jefe de XAnalysts, señala en Fortune que el mercado está sobrerreaccionando. El objetivo principal de EEUU (neutralizar a la cúpula iraní) ya se ha cumplido, y el propio Donald Trump ha sugerido que la campaña militar podría ser corta, lo que limitaría el impacto a largo plazo.
- Rutas alternativas al rescate: Arabia Saudí cuenta con un salvavidas colosal. Su oleoducto East-West, que conecta los campos orientales con el Mar Rojo, tiene capacidad para bombear unos 7 millones de barriles diarios esquivando Ormuz. Ya hay indicios de que Riad está redirigiendo flujos por esta vía, según explica Blas. Por su parte, Irak ha logrado reanudar un modesto flujo de 50.000 barriles diarios hacia Turquía tras una breve pausa, como recoge el analista Bachar El-Halabi.
- Colchones de seguridad: Las reservas mundiales en tierra alcanzan los 2.000 millones de barriles, suficientes para capear el temporal inicial.
Por su parte, la Administración Trump ha intentado calmar a los mercados prometiendo escoltas navales de la Marina y seguros estatales de hasta 1.000 millones de dólares por buque a través de la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo (DFC). Sin embargo, esto no es una solución mágica. Como advierten en el sector, los capitanes son quienes deciden zarpar, y navegar rodeados de destructores militares estadounidenses a menudo los convierte en blancos más atractivos para los drones iraníes.
La otra cara de la moneda
En toda crisis hay quien saca rédito del caos. Y en esta guerra, las verdaderas batallas económicas se están librando lejos del Golfo Pérsico.
Por un lado, la jugada maestra de China. Mientras Europa tiembla, Pekín respira aliviado gracias a una planificación milimétrica. En 2025, China aprovechó los bajos precios para gastar 10.000 millones de dólares en 150 millones de barriles de crudo “barato” y sancionado (ruso, iraní y venezolano) que no necesitaba, acumulando reservas para 96 días. Además, hay unos 166 millones de barriles de crudo iraní almacenados en buques frente a las costas asiáticas, lejos del peligro de Ormuz, listos para ser absorbidos por China, según OilPrice.
Para proteger su mercado, Pekín ya ha ordenado a sus refinerías detener inmediatamente las exportaciones de diésel y gasolina. Pero su verdadero escudo no es el crudo: como analiza el profesor Hussein Dia en The Conversation, la masiva apuesta china por los vehículos eléctricos y los paneles solares es una póliza de seguridad nacional. A diferencia de los buques en Ormuz, la luz del sol no puede ser bloqueada por la Quinta Flota de EEUU.
Por otro lado, se encuentra la hipocresía europea. La ironía geopolítica es palpable en el Viejo Continente. Mientras la UE aplaudía el fin de su dependencia del gas ruso por tubería, el bloqueo de los barcos de GNL catarí ha dejado a Europa expuesta. Al borde de la asfixia, Bruselas ahora presiona a una Ucrania devastada para que repare rápidamente el oleoducto Druzhba y permita que el crudo de Vladímir Putin vuelva a fluir hacia Hungría y Eslovaquia. Por si fuera poco, Washington ha emitido exenciones indefinidas para que la red de refinerías alemanas de Rosneft siga operando sin temor a sanciones, priorizando la seguridad de suministro en Berlín por encima del castigo a Moscú, según OilPrice.
Por su parte, la crisis está beneficiando enormemente a la industria de Estados Unidos. Los fabricantes químicos de EEUU están ganando ventaja competitiva porque usan gas natural barato, mientras sus rivales europeos y asiáticos sufren por el encarecimiento de la nafta. Empresas como Exxon ya están enviando cargamentos de gasolina desde el Golfo de México hasta Australia para suplir la falta de envíos asiáticos. Mientras que Canadá, con sus vastas reservas en Alberta y empresas como Suncor o Cenovus, se está perfilando como el proveedor “refugio” más seguro del mundo. Por el contrario, en Asia, empresas petroquímicas como la singapurense PCS ya están declarando causas de fuerza mayor por la ruptura de las cadenas de suministro.
La tiranía de la geografía
Como apunta el economista Gonzalo Bernardos en el especial de La Sexta, hemos entrado en “la era de la incertidumbre”, donde la economía global depende de tres variables incontrolables: cuánto dure la guerra, si Ormuz permanecerá cerrado y cuántas instalaciones más serán destruidas.
Las supuestas válvulas de escape son un espejismo. La OPEP+ prometió inyectar 206.000 barriles adicionales, pero los expertos son tajantes: esa capacidad excedente está físicamente dentro del Golfo Pérsico; si los barcos no pueden salir, ese petróleo no existe para el resto del mundo. Tampoco ayuda la guerra en otros frentes, con petroleros de la flota rusa paralizados en el Mediterráneo tras sufrir ataques de Ucrania, como señala el analista Stephen Stapczynski.
En el fondo, las leyes de la política y las sanciones redactadas en despachos rara vez le ganan el pulso a la dependencia de las infraestructuras. Occidente hiperventila ante el rebote de la inflación, pero la esperanza recae en una cruda paradoja: a Irán tampoco le conviene mantener bloqueado Ormuz indefinidamente, ya que es la principal vía de entrada para sus propios alimentos y medicinas, como describe Deutsch Welle.
Sin embargo, hasta que las aguas se calmen y la diplomacia funcione, el destino de la economía mundial no se decidirá en Wall Street. Seguirá en manos de unos pocos capitanes de barco que han decidido, por pura supervivencia, apagar los motores.
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