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Cada vez más artistas prohíben los móviles en sus conciertos. Es solo un ejercicio de tecnofobia
Ya lo avisan hasta en el propio cartel del concierto: “Este espectáculo será una experiencia sin teléfonos. Los móviles quedarán asegurados en bolsas de Yondr. Los invitados estarán en posesión de sus teléfonos en todo momento”. Es el mensaje de que el concierto será libre de móviles. Lo que empezó como una sugerencia de los artistas, está convirtiéndose en directamente una prohibición.
De Bob Dylan a Ghost (y muchos más). El primer gran artista que decidió directamente prohibir los móviles fue Jack White en 2018. Desde entonces, muchos grupos y artistas han seguido sus pasos optando por la misma solución. Lo está haciendo Bob Dylan durante su último tour, el grupo Artic Monkeys durante un concierto en Nueva York, Tool en 2019 y recientemente lo ha anunciado Ghost, para todos los conciertos de su gira en 2025.
La excusa: hacer caso al artista y no al móvil. El problema es evidente. Los artistas quieren que su audiencia esté pendiente de ellos y disfruten del espectáculo. Lo que se busca es evitar que los asistentes estén más pendientes de grabar que de disfrutar. Y eso en el mejor de los casos, ya que muchos son distraídos con notificaciones, mensajes y demás.
El objetivo de esta medida está clara: que todos vean realmente el concierto. Y es algo en lo que la mayoría estará de acuerdo. Porque no nos engañemos, los vídeos del concierto no suenan ni de lejos igual. Y muchas veces se publican en las redes o se guardan y quedan en el olvido. Más allá de compartirlo momentáneamente con nuestros conocidos, la utilidad de grabar los conciertos es más bien nula.
📱Centrémonos en el negocio: publicidad gratuita. Grabar y compartir un concierto en redes sociales tiene el potencial de convencer a otros a que se apunten al siguiente concierto de ese artista. Es simplemente publicidad gratuita y sincera.
¿Qué interés podrían tener los artistas en prohibir los móviles? Más allá de la supuesta mejora de la experiencia, sí hay razones por las que los artistas estarían interesados en evitar los móviles.
📵 Una de ellas es la exclusividad. Sabemos que muchos conciertos no solo sorprenden por su calidad sonora, también por su producción. Hay artistas que montan auténticos shows, con todo tipo de efectos de luces, fuego y escenografía. El limitar el móvil hace que si uno quiere vivir esa experiencia, se vea forzado a ir al concierto. Si no sabemos cómo será ese concierto, se alimenta el misterio.
📵 El factor sorpresa. Si ya hemos visto la grabación de un concierto, cuando ocurra determinada acción o el artista haga una cosa especial con determinada canción, ya no tendrá tanta gracia. Porque ya lo habremos visto. Es verdad que nadie va a ver una película habiendo visto partes, pero a diferencia de en el cine, con los conciertos no solemos tener tráilers. Si no hay gente grabando, muchos más se sorprenderán en el concierto.
📱Recordando recuerdos imborrables. En los conciertos hay tiempo para todo. Para saltar, para cantar, para escuchar. Y también para grabar si así lo queremos. Porque sí, el escenario de Rammstein con ‘Deutschland‘ deja un recuerdo imborrable, pero tenerlo grabado nos sirve para volver a él las veces que queramos. No es solo una cuestión de compartirlo, que también, sino de nosotros mismos.
📱Ya forman parte del show. Utilizar el móvil y disfrutar del concierto no es incompatible. Al final los teléfonos son algo más que llevamos con nosotros. Uno puede grabar con una mano y levantar los cuernos con la otra. Porque estar grabando no implica necesariamente estar pendiente de la pantalla del móvil.
El uso del móvil es circunstancial. Un buen artista sabrá captar nuestra atención directamente. Además el tener el móvil ya se ha convertido en una tradición en muchos conciertos, donde la linterna es el perfecto sustituto de los antiguos mecheros.
📱Esto no es el colegio, dejemos que cada uno disfrute a su manera. Cuando hablamos de prohibición del móvil lo primero que nos viene a la cabeza es el colegio. Hay una tendencia clara de prohibir los móviles en muchas escuelas. Y de hecho se utilizan las mismas bolsas de Yondr. Sin embargo, hay una gran diferencia.
La educación básica es obligatoria. Ir a un concierto es opcional. En lo primero tenemos que mantener unos requisitos de atención, en lo segundo debe prevalecer la libertad personal de disfrutar cada uno de la forma que así considere.
Dino Cazares, guitarrista de Fear Factory, lo resume bien: “No me importa si llevas teléfonos a nuestro espectáculo. Lo que yo veo es que cuando compras una entrada, haces lo que te da la gana siempre y cuando nadie salga lastimado. Y siempre que lo permita el recinto y sus reglas, si es que hay alguna”.
¿Es legal grabar los conciertos? Es una cuestión que no se está debatiendo abiertamente, pero la prohibición de los móviles anticipa una posición que puede pasar por la cabeza de algunos artistas: en el fondo lo que no quieren es que se graben sus conciertos y se compartan gratis por ahí.
Hablamos de Propiedad Intelectual y de la legalidad de grabar un concierto. A los cantantes se les considera artistas intérpretes y tienen el “derecho exclusivo de autorizar la fijación de sus actuaciones”. También tienen el derecho exclusivo de reproducción y comunicación pública. Además de sus propios derechos de imagen.
Siguiendo estos derechos recogidos en la Ley Orgánica 1/1982, los artistas tienen la potestad de autorizar o no la grabación de sus conciertos. No existe una ley como la del Cine 55/2007 que prohíbe directamente grabar, pero sí es una posibilidad que tienen a su alcance. Afortunadamente la mayoría de artistas entiende que son simplemente un elemento más. Y que un buen concierto va mucho más allá de la influencia que pueda tener el móvil.
Imagen | Jorge Gordo
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La actriz Maya Hawke se casa en pleno Día de San Valentín con el músico Christian Lee Hutson
EFE.- La actriz Maya Hawke, conocida por su papel de Robin Buckley en “Stranger Things” se casó este sábado, Día de San Valentín, con el músico Christian Lee Hutson en la ciudad de Nueva York, según publicaron este domingo la revistas People y Hola.
Hawke, de 27 años, y Hutson, de 35, se dieron el sí quiero en una ceremonia en la iglesia St.George’s Episcopal, en Manhattan, a la que asistieron los padres de ella, Uma Thurman y Ethan Hawke.
En la ceremonia también estuvieron varios de sus compañeros de reparto de la serie de Netflix.
De acuerdo con las revistas, la pareja empezó su relación a principios de 2022 y la han mantenido fuera de los focos, apareciendo juntos en algún evento de alfombra roja, pero se conocen desde hace años y colaboraron en el álbum de Hawke “Chaos angel” (2024).

Hawke aparece en las fotos de su gran día caminando radiante por las calles de la ciudad, con un vestido blanco sin mangas y con cuello de barca, mientras que Hutson luce un traje con chaleco clásico, en blanco y negro, con pajarita.
Entre los invitados estaban los actores de “Stranger Things” Finn Wolfhard, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Sadie Sink, Natalia Dyer, Charlie Heaton y Joe Keery, así como Iris Apatow y su novio Sam Nivola, según prensa del corazón.
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no hay una “epidemia” de ególatras sino de un mal uso de la psicología
Hace décadas, el término narcisismo rara vez salía de un manual clínico o de una consulta de psiquiatría. Hoy, basta con abrir TikTok para encontrar un ejército de expertos autoproclamados dando consejos sobre cómo identificar a un narcisista basándose en señales tan vagas como una “mirada muerta” mientras se aplican el maquillaje, o advirtiendo sobre la “agresividad pasiva”.
Vivimos en la era del diagnóstico de sofá. “Últimamente ‘ser narcisista’ es una de las palabras más usadas en las redes sociales y entre conversaciones de amistades”, nos confirma en entrevista para Xataka Sandro Espinosa, psicólogo especializado en terapia focalizada en la emoción y trauma. Sin embargo, lo que hoy usamos como un insulto de moda para describir a una “mala persona” o a un “exnovio egoísta”, en realidad dista mucho de su significado clínico original.
Según explica Espinosa, en la psicoterapia clásica, la palabra narcisismo no hace referencia a nada negativo per se. “Se entiende como la valoración que asignamos a nuestra propia imagen”, una especie de autoconcepto que desarrollamos a lo largo de la vida. Virgil Zeigler-Hill, profesor citado por el New York Times, coincide: el término se ha convertido en una “etiqueta general para una amplia gama de comportamientos desagradables o frustrantes”, perdiendo su matiz científico.
La era del “meme” psicológico
El salto de la clínica a la cultura pop ha tenido un precio. Para Sandro Espinosa, la popularización de estos términos ha provocado que se distorsionen hasta perder su connotación psicológica, convirtiéndose en “un meme o una etiqueta moral”.
El fenómeno es tentador. Según explica el psicólogo, utilizamos la etiqueta “narcisista” para definir a “alguien que me ha hecho daño y no supo quererme”. Esto ofrece un alivio inmediato a la supuesta víctima. Sara Pallarés, psicóloga del Instituto Enric Corbera citada por La Vanguardia, advierte que “parece que está de moda” poner este tipo de etiquetas. “Todo el mundo tiene una pareja narcisista, un padre narcisista… Todos lo usan para justificar sus traumas actuales”, señala Pallarés, alertando de que esta postura a menudo esconde una falta de coraje para resolver lo propio.
El peligro de este autodiagnóstico masivo es doble. Por un lado, Espinosa advierte sobre los “falsos positivos”: creer que alguien tiene un trastorno basándose en un vídeo de 60 segundos. Por otro lado, la realidad estadística es tozuda: el Trastorno de la Personalidad Narcisista (TPN) es raro. Según datos recogidos por Mayo Clinic, se estima que afecta solo a entre el 1% y el 2% de la población adulta. Sin embargo, en redes sociales, parecería que estamos rodeados.
Entonces, ¿por qué nos obsesiona tanto etiquetar al otro como un monstruo enfermo? La respuesta, según los expertos, tiene más que ver con nosotros que con ellos. “Ver el mundo en blanco y negro siempre nos va a ofrecer un alivio y una sensación de control”, explica Sandro Espinosa. Al etiquetar al otro como narcisista, convertimos una relación compleja en “una historia simple de un villano y una víctima”.
Esta simplificación tiene una función psicológica muy potente: la inocencia moral total. Espinosa detalla que, si el otro es un “enfermo” o un “monstruo”, entonces “yo no tengo que revisar mis dinámicas relacionales”. Me limpia de culpa y convierte al otro en agresor, permitiéndome “seguir en el mundo sin necesidad de hacer una autocrítica sana”.
La psicóloga Sara Pallarés lanza una pregunta incómoda a quienes se refugian en esta etiqueta: “Oye, ¿y tú qué tienes que ver con esto? ¿Qué responsabilidad tienes?”. Según Pallarés, al culpar exclusivamente al perfil narcisista, la persona pierde la oportunidad de sanar y entender porque acabó en esa situación.
Además, existe un fenómeno de identificación masiva. Espinosa alude al Efecto Forer (el mismo principio que hace que creamos en los horóscopos): cualquier descripción vaga y cargada de emoción sobre ser “víctima de un narcisista” nos atrae porque nos ofrece un relato donde somos moralmente inocentes y merecedores de cuidado.
No es lo mismo ser un “capullo” que tener un trastorno
Es crucial distinguir entre un mal carácter y una patología. Sandro Espinosa ofrece una clave para diferenciarlos: la intensidad, la frecuencia y la duración. “Todos a veces podemos ser egoístas, crueles, inmaduros y no tenemos un trastorno”, aclara.
El psicólogo utiliza una metáfora visual para describir la verdadera estructura del trastorno narcisista: imagina una escultura de vidrio. Por fuera, se ve la imagen grandilocuente, soberbia y carismática. Pero “dentro de esa figura, en el núcleo de la misma, veríamos a un niño que se está tapando los ojos o los oídos con las manos, que está avergonzado, que se siente humillado”. La grandiosidad es solo una máscara compensatoria para tapar un dolor insoportable.
En el reportaje del New York Times desglosan que no todos los narcisistas son iguales. Existen subtipos como el narcisista grandioso (seguro, busca estatus), el narcisista vulnerable (hipersensible, ansioso, defensivo) y el antagonista (competitivo y hostil).
No obstante, un punto clave es la empatía. Mientras que en redes se dice que carecen de ella, se hace mención al concepto de “empatía tipo Splenda”: una empatía artificial o instrumental. Espinosa coincide y matiza que, en consulta, se debe distinguir si la persona realmente siente el dolor del otro o si usa la empatía de forma instrumental, “al servicio de su necesidad de ser deseado”.
Además, en Thought Catalog mencionan tácticas específicas como la “inducción de celos”, donde estos perfiles provocan celos deliberadamente para ganar poder y control sobre la pareja. Espinosa añade que, de hecho, las personas con este trastorno suelen ser “muy envidiosas” y que esa envidia nace de una “rabia defensiva”.
Lejos de la demonización, los expertos abogan por humanizar el espectro. “El narcisismo siempre es una dimensión. Todos tenemos rasgos narcisistas”, recuerda Espinosa. Todos necesitamos a veces ser mirados y reconocidos.
Incluso aquellos con el diagnóstico sufren. En un reportaje de Eldiario.es recogen testimonios de personas diagnosticadas que describen la enfermedad como vivir en un mundo ilusorio para protegerse de sentirse “lo peor”. El estigma es tal que muchos ocultan su diagnóstico por miedo a ser vistos como abusadores, cuando a menudo son personas vulnerables que necesitan ayuda para gestionar sus emociones.
Desde el portal médico Mayo Clinic subrayan que detrás de esa máscara de ultra confianza, hay una fragilidad extrema ante la crítica más leve. Espinosa añade que estas personas tienen mucha dificultad para hacer autocrítica real porque, al hacerlo, “rápidamente conectan con sus sentimientos de inferioridad profunda y entonces huyen de ahí”.
La realidad detrás de los dogmas virales
Frente a la narrativa catastrofista de las redes sociales, la ciencia y la experiencia clínica ofrecen una visión mucho más matizada y esperanzadora, desmintiendo la idea de que estamos ante monstruos inmutables o una plaga generacional.
Uno de los mensajes más repetidos y dañinos en internet es que el narcisista “nunca cambia”. Sandro Espinosa es tajante al respecto: “No es cierto. Un trastorno narcisista de la personalidad puede cambiar y tiene capacidad de retorno”. Esta afirmación clínica se ve respaldada por la investigación académica. Un meta-análisis publicado en el Psychological Bulletin, que examinó datos de más de 37.000 participantes, concluyó que el narcisismo disminuye de forma normativa a lo largo de la vida, desde los 8 hasta los 77 años. Es decir, la tendencia natural del ser humano al madurar es volverse menos narcisista.
Tampoco es cierto que estemos viviendo una “epidemia de narcisismo” sin precedentes, alimentada por una supuesta juventud ególatra. A pesar de la alarma social, un estudio masivo citado por Psyche, que analizó a más de 500.000 personas, no encontró evidencia de que los jóvenes de hoy sean más narcisistas que los de generaciones pasadas. De hecho, los datos sugieren que las conductas antisociales han disminuido y las prosociales han aumentado. Sandro Espinosa añade que, si bien las redes sociales y la cultura del like nos ofrecen “parches emocionales” y una mirada validante donde refugiarnos, no son una fábrica que cree el trastorno por sí misma; este tiene raíces mucho más profundas en el temperamento y la crianza.
Al final, la obsesión por diagnosticar al otro nos distrae del verdadero trabajo personal. La sanación no pasa por señalar con el dedo, sino por una mirada mucho más valiente hacia uno mismo y hacia la naturaleza humana.
Para el experto, el verdadero cambio ocurre cuando dejamos de necesitar esa máscara. “No necesito crecer para dejar de ser insuficiente, sino que yo soy suficiente con quien soy”, concluye Espinosa, recordándonos que la meta final, tanto para quienes sufren el trastorno como para quienes conviven con él, es construir una identidad basada en el cariño y no en la defensa constante.
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el Rafale toma ventaja frente al F-35 de EEUU y al Su-57E ruso
India ha puesto en marcha uno de los movimientos de adquisición militar más ambiciosos de los últimos años, un proceso que, por su volumen económico y su dimensión estratégica, trasciende claramente el ámbito nacional y conecta de lleno con los equilibrios industriales y geopolíticos que observa Europa. Si bien la decisión todavía no equivale a un contrato firmado ni cierra todos los detalles técnicos, señala una dirección dentro de un tablero donde competían varias potencias. En ese contexto inicial, Francia aparece bien posicionada para ocupar un papel central si las siguientes fases del proceso avanzan según lo previsto por las autoridades indias.
El 12 de febrero de 2026, el Consejo de Adquisiciones de Defensa presidido por el ministro de Defensa Rajnath Singh concedió la denominada “Aceptación de necesidad” a un conjunto de propuestas de adquisición valoradas en torno a Rs 3,60 lakh crore, una cifra que equivale aproximadamente a 33.500 millones de euros. En el caso de la Fuerza Aérea India, esa aprobación preliminar incluye la compra de MRFA (Multi Role Fighter Aircraft), identificados como Rafale en el comunicado, además de misiles de combate y un sistema aéreo de gran altitud destinado a inteligencia, vigilancia y reconocimiento persistente.
El movimiento que puede cambiar el equilibrio aéreo de India
Conviene detenerse en ese matiz administrativo porque define el alcance real del anuncio. No estamos ante un contrato, calendarios, precios finales o configuraciones técnicas cerradas, sino ante un recurso que autoriza a las fuerzas armadas a iniciar el proceso formal de adquisición dentro del marco presupuestario aprobado. A partir de ahí suelen abrirse fases comerciales, negociaciones técnicas y ajustes industriales que pueden prolongarse durante meses o incluso años antes de desembocar en una firma definitiva.
Más allá de lo confirmado por el Gobierno indio, algunos medios especializados aportan elementos adicionales que ayudan a perfilar el alcance potencial del programa. Defense News afirma que la propuesta aprobada incluiría la compra de 114 Rafale. En cualquier caso, el visto bueno institucional produce pocos días antes de la visita del presidente francés Emmanuel Macron a la capital india, un calendario que sugiere la existencia de conversaciones políticas e industriales todavía en desarrollo.
Ese posible protagonismo francés no se entiende sin el contexto competitivo en el que se ha desarrollado el proceso. La propuesta vinculada al Rafale convivía con ofertas presentadas por Estados Unidos con su F-35 y por Rusia con el Su-57E, dos plataformas que aspiraban a ocupar el mismo espacio dentro del programa de modernización aérea indio.


Para entender por qué esta plataforma ocupa ahora el centro del debate conviene detenerse brevemente en qué es exactamente el Rafale dentro del panorama de la aviación de combate contemporánea. Se trata de un caza bimotor concebido desde su origen como aeronave multirol, capaz de operar tanto desde bases terrestres como desde portaaviones y de asumir misiones que van desde la superioridad aérea hasta el reconocimiento o los ataques en profundidad. El aparato entró en servicio con la Marina francesa en 2004 y con la Fuerza Aérea en 2006, y ha demostrado su capacidad en operaciones reales desde 2007.
Dentro de esa arquitectura general, el Rafale no es un único modelo cerrado, sino una familia de aeronaves con un alto grado de elementos comunes y adaptaciones según el entorno operativo. Dassault Aviation distingue tres configuraciones que comparten célula y sistema de misión, pero responden a necesidades distintas de despliegue, formación y uso embarcado.
- Rafale C: versión monoplaza operada desde bases terrestres, concebida para misiones de combate convencionales dentro de la fuerza aérea.
- Rafale M: variante adaptada a operaciones en portaaviones, con modificaciones estructurales como tren de aterrizaje reforzado y gancho de apontaje para uso naval.
- Rafale B: configuración biplaza también basada en tierra, utilizada tanto para entrenamiento como para misiones que requieren reparto de carga de trabajo entre dos tripulantes.
Más allá de su configuración externa, buena parte del posicionamiento internacional del Rafale se apoya en las capacidades técnicas que describe su propio fabricante. Dassault Aviation sostiene que la aeronave puede asumir un espectro completo de misiones de combate, desde superioridad aérea y defensa hasta apoyo cercano, reconocimiento, ataques antibuque o disuasión nuclear, apoyada en un conjunto amplio de sensores y en sistemas como el control de vuelo digital fly-by-wire o el sistema automático de evitación de colisión contra el terreno.


Precisar qué avión recibiría realmente la Fuerza Aérea India sigue siendo, por el momento, una incógnita abierta. En este sentido es preciso señalar que no existe un detalle oficial público que confirme la versión concreta del Rafale ni el conjunto exacto de sistemas y armamento que acompañaría a un eventual pedido.
Donde sí existe una mayor definición es en el ámbito naval. El acuerdo para la Marina india contempla 26 aparatos de la variante M. Otro dato importante es que India ya opera 36 Rafale incorporados desde 2020 y desplegados en diferentes bases. Como podemos ver, la fotografía actual combina indicios de una inclinación estratégica con un proceso aún abierto, donde la firma final y la configuración definitiva siguen pendientes de negociación.
Imágenes | Dylan Agbagni (CC0 1.0 Universal) | Dassault Aviation
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