Cine y Tv
«¡Está vivo!». El cine mexicano obtuvo en 2023 sus mejores resultados en cuatro años

En una escena de Sobreviviendo mis XV, Mirna, la madre de Danaé (la quinceañera en cuestión), exclama: “¡¡¡Está vivooo!!!”. Es cuando se prenden las luces que han colocado al vestido de XV años, y por el tono que emplea Mirna (una estupenda Verónica Bravo), también lo hace como una clara referencia a Frankenstein. Si una frase pudiera resumir qué sucedió con el cine mexicano en 2023, sería esa: ¡Está vivo!
Luego de un año en estado de coma (2020) y dos años en terapia intensiva (2021 y 2022), 2023 marcó el regreso del cine mexicano con dos películas que fueron verdaderos blockbusters y una que otra sorpresa (y decepción) en cines y en plataformas de streaming.
El año pasado hicimos un recuento similar a este, con ‘ganadores’ y ‘perdedores’ del cine nacional. Este año, por lo que ya se ha dicho, habrá más ganadores, pero también sorpresas, decepciones y reconocimientos especiales. No queremos hablar de ‘perdedores’, pues detrás de todos estos proyectos está el trabajo de muchos equipos (producción, distribución, marketing, exhibición) que hicieron su mejor esfuerzo para que pudieran llegar a nuestras pantallas (de cine o TV).

Sí. El cine mexicano está vivo y debemos hablar de él.
¿Fue 2023 un año consistente para el cine mexicano?
En realidad, fue todo menos eso. En el primer tercio del año se obtuvieron buenas cifras, con estrenos como Huesera, Infelices para siempre, Nada que ver y ¡Que viva México! De hecho, ¡por fin! llegó, luego de tres años de espera, la primera película que logró rebasar la mítica marca de los $100 millones de pesos (MDP): Infelices para siempre. Luego, en el segundo tercio, el verano, el cine mexicano prácticamente desapareció de las salas, con una sola propuesta taquillera a inicios de verano (¿Cómo matar a mamá?). El último tercio de 2023 fue el que hizo revivir al cine mexicano: $450 de los $750 millones que recaudó se añadieron de octubre a diciembre. Así que no: no fue un año consistente.
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¿Fue un buen año en cifras?
En comparación con los años pandémicos previos, el cine mexicano tuvo su mejor resultado en cuatro años. De hecho, esos $750 MDP que recaudó en 2023 igualan la taquilla de 30 meses de pandemia y postpandemia, contando a partir del post-lockdown (junio de 2020) y hasta diciembre de 2022.
Comparado con 2022, también hubo buenas cifras: 6.4 vs 12.2 millones de boletos vendidos. Es decir, el doble. Ahora bien: esos 12.2 millones de boletos para el cine mexicano apenas igualan el promedio de lo que recaudaron las películas nacionales de 2006 a 2012 (entre 10 y 13 millones). Falta mucho para acercarse a 2013, 2016, 2018 y 2019, cuando los estrenos mexicanos superaron los 30 millones de asistentes. El récord seguirá siendo para 2019, con 35.2 millones de boletos vendidos y más de $1,789 MDP.
¿Los mexicanos ya volvimos a ver nuestro cine en las salas?
Digamos que “ahí vamos”. Comparado contra 2022, cuando el cine mexicano apenas representó uno de cada 28 boletos vendidos (3.6% del total), este año fueron uno de cada 21 (4.8% del total), de acuerdo con cifras proporcionadas por la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine). Eso sí: aún falta mucho por acercarnos al 8.2% que promedió el cine mexicano de 2016 a 2019, pero ya estamos a medio camino.
Existe otra cifra alentadora: 32 de las 92 películas nacionales estrenadas este año superaron $1 MDP en recaudación, 10 más que en 2022. Ello quiere decir que películas que debutan en circuito cultural sí tienen oportunidad de llegar a su público objetivo. Por ejemplo, el top 5 de asistencia a películas mexicanas en Cineteca Nacional lo componen Heroico, de David Zonana; Huesera, de Michelle Garza; ¡Que viva México!, de Luis Estrada; Tótem, de Lila Avilés y Temporada de huracanes, de Elisa Miller.

Los que repiten premio
Antes de pasar a nuestra revisión de 2023, veamos quiénes fueron mencionados en el recuento de 2022… ¡y este año repiten!
- Alejandra Márquez Abella. Ganadora que repite. El norte sobre el vacío no era la favorita para ganar el Ariel 2023 a Mejor Película… y lo arrebató sorpresivamente a Bardo, que sumaba ocho galardones, y a Huesera, con cuatro. No solo eso: una semana después, estrenó en Prime Video su primer proyecto hollywoodense: A millones de kilómetros, con excelentes críticas.
- Luis Estrada. Perdedor que… repite. El año pasado experimentó un “divorcio de común acuerdo” con Netflix. Este marzo estrenó ¡Que viva México! en cines y le fue… bien, pero no tanto como a otros proyectos de Luis Estrada. Sus 1.1 millones de espectadores palidecen frente a los 4.1 de La dictadura perfecta y los 1.8 de El Infierno.
- Mauricio Ochmann. Ganador que repite. En cuatro de los últimos siete años, Ochmann ha tenido una película en el top 5 de taquilla mexicana. Este año, Papá o mamá logró la hazaña, tras superar los $50 MDP. De hecho, Ochmann tiene tres de las diez películas mexicanas más taquilleras en pandemia y postpandemia (Qué despadre, ¿Y cómo es él? y Papá o mamá).
- Karla Souza. Ganadora que repite. Inexplicablemente, La caída se fue con las manos vacías en la edición 65 del Ariel. Dos meses después, en la ceremonia del Premio Emmy Internacional, vino la revancha. La caída se convirtió en el primer proyecto mexicano ganador en la historia. Y se llevó dos Emmys: película de televisión o miniserie y actriz, para Souza.
La sorpresa del año: Señora Influencer
La película parecía una comedia genérica. Grave error. Su marketing inhibió a muchos cinéfilos a que descubrieran la joya que es. Algunos han dicho que es ‘nuestro Joker’. Otros, que bien podría ser una película de A24. Ambas afirmaciones son ciertas, y también lo es que Mónica Huarte ofrece la actuación de su vida. Al final, la película de Carlos Santos (que ya había sorprendido con Chilangolandia) terminará en el top 10 nacional: algo justo para una propuesta tan arriesgada y bien ejecutada. Si me preguntan, ya es una película de culto.
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La decepción del año: adiós a otros géneros taquilleros
En el top taquillero de cine mexicano de 2021 y 2022 hubo una grata sorpresa: cuatro o cinco películas no eran comedias, sino de terror o drama, así es que la comedia no acaparó todas las posiciones. Este 2023, al regresar la taquilla mexicana a cierta “normalidad”, las comedias volvieron a acaparar siete de diez casillas, aunque con una particularidad: el primer lugar lo ocupa un drama.
La otra decepción del año: La Usurpadora
No dejo de pensar que el proyecto inauguró un género (telenovela dramática adaptada a película musical) y fue incomprendida y ninguneada. Las versiones de las canciones estaban sabrosas, las actuaciones tenían el tono adecuado (Isabela Castillo es una revelación) y el marketing era… distinto. Pero decidimos ignorarla. Eso, y que se estrenó una semana después de ese huracán llamado Super Mario Bros. Si la quieren rescatar del olvido, está en Vix+.
No fueron una decepción, pero tampoco un éxito
Este año, tres directores de renombre hicieron remakes por encargo. A Carlos Carrera se le encomendó la adaptación del thriller español Bajo la rosa (Confesiones). Gustavo Loza hizo lo propio con el blockbuster francés Bienvenue chez les Ch’tis (Welcome al Norte). Por su parte, Ernesto Contreras adaptó la comedia francesa Papá o mamá (Papa ou maman) que con esta llegó a su quinta versión. ¿Cómo les fue? Confesiones es lugar 11 anual en cine mexicano, Welcome al Norte ocupa el sitio 9 y la única que triunfó a lo grande fue Papá o mamá: top 5 y más de $50 MDP.
Una sorpresa más: el cine “desentralizado”
Siempre será agradable ver que no todas las historias se desarrollan en CDMX (en específico, la Roma-Condesa) y alrededores. Este año, dentro de las películas del top 20 pudimos ver una comedia que ocurre en la península de Baja California (¿Cómo matar a mamá?); un thriller que sucede en Monterrey (Los Habitantes); una comedia romántica que transita por las calles de Guadalajara (Nada que ver); un drama biográfico de la Guerra Cristera que acontece en Michoacán (Mirando al cielo) y un road trip juvenil que toma lugar en Chiapas (Diario de un viaje inesperado).
En el top 10, tenemos una comedia que juega con los regionalismos de Mérida y Tijuana (Welcome al Norte); una comedia en loop que se desarrolla en Puerto Peñasco, Sonora (Infelices para siempre) y un drama basado en hechos reales que acontece en Matamoros, Tamaulipas (Radical).

Ahora sí: los 10 ganadores del cine mexicano de 2023 (en orden alfabético)
- Ariel 65. La ceremonia resultó histórica por varios motivos. Primero, porque por primera ocasión se realizó fuera de la CDMX, en Guadalajara. Segundo, porque cuatro de los cinco proyectos nominados a Mejor Película fueron dirigidos por mujeres. Y tercero, porque –a pesar de todos los obstáculos que enfrentó— la ceremonia pudo realizarse. También nos da paz en el alma y el corazón que la siguiente entrega ya es un hecho, y volverá a hacerse en Guadalajara.
- Chava Cartas. En 2022, Mirreyes vs Godínez: El retiro naufragó en streaming y nadie se enteró (lo cual no es necesariamente malo). Pero este año Chava Cartas la hizo en grande con Sobreviviendo a mis XV, que ya es una de las cinco películas teen mexicanas más taquilleras de la historia. También estrenó El Gallo de Oro (versión serie) en Vix, con buenas críticas. Y de paso, muchos redescubrieron este año MexZombies, protagonizada por Iñaki Godoy. Sí: el protagonista del live action para Netflix de One Piece.
- Emilio Treviño. Su incursión en el cine live action en Confesiones fue muy bien recibida en el pasado FICM. A ello se sumó su habitual trabajo en doblaje en proyectos exitosos, tanto en crítica como en taquilla: Spider-Man a través del Spider-Verso, Wonka y El niño y la Garza.
- Ernesto Contreras. Líneas arriba ya apuntamos que Papá o mamá es, por mucho, su película más taquillera. Con más de 800 mil espectadores, supera en más del doble los números de sus otros proyectos en cine… juntos. Ahí no acaba la historia: el versátil y destacado director también tuvo una buena recepción en streaming con El último vagón. La película estuvo en el top 10 global (no-inglés) de Netflix durante tres semanas. Y en 2024 estrenará un ambicioso y esperado proyecto: Tengo que morir todas las noches, serie queer mexicana ubicada en la década de 1980.
- FIDECINE. En septiembre de 2022, la AMACC denunció en Twitter: “A raíz de la extinción de los Fideicomisos, (la Secretaria de Cultura) Alejandra Frausto prometió que las películas comprometidas con FIDECINE y FOPROCINE no se verían afectadas. Hoy más de 50 producciones se han detenido o perjudicado por falta de pago. Cumplan su palabra”. Un año más tarde, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la desaparición de FIDECINE. También ordenó restaurar los mecanismos que garanticen el derecho al fomento y promoción permanente del cine mexicano. Ahora esperamos que esa historia tenga el mejor final para la comunidad cinematográfica.
- Heroico. Quitando el Derbez-power, es una sorpresa ver a un drama (¿o thriller?) en un top 10 anual de taquilla de cine mexicano. Eso consiguió la segunda película de David Zonana: sexto lugar de 2023, con 480 mil espectadores, y el reconocimiento de la crítica (triunfó en Sundance). Desde luego, mucho ayudó lo actual de su tema (las torcidas relaciones de poder en el ejército) y la actuación de un Fernando Cuautle irreconocible.
- Huesera. La opera prima de Michelle Garza Cervera es la película de terror más taquillera del cine mexicano desde 2016, cuando debutó KM 31-2 ($38.3 MDP) y es una de las 10 películas mexicanas más taquilleras de la era Covid, con $37.1MDP. Eso no es todo: de acuerdo con el Anuario Estadístico 2022 del IMCINE, fue la película mexicana que cosechó más galardones internacionales ese año. Y este 2023 se convirtió en el filme de terror con más nominaciones en la historia al Ariel, ganando cuatro, incluyendo Opera Prima.
- Infelices para siempre. Consuelo Duval y Adrián Uribe pueden sentirse orgullosos de protagonizar la primera película mexicana postpandemia en rebasar los $100 MDP. Durante tres años, ninguna película logró sumarse a ese club: ni Ochmann, ni Chaparro, ni nadie más. Pero esta comedia en loop rompió esa maldición. ¿Qué lo hizo posible? Desde luego, el ‘mojo’ de sus protagonistas y una adecuada fecha de estreno, en enero, cuando había poca competencia.
- Memo Villegas. Tuvo uno de los cinco mayores éxitos del año (Sobreviviendo mis XV), otro más en el top 15 (Nada que ver) y un montón de estrenos en streaming. Por un lado, las películas Casando a mi ex, Divina señal, El último vagón y La gran seducción. Por otro, las series Harina: Perico, rezos y muerte y Ojitos de Huevo. Los cuatro últimos proyectos listados recibieron, además, buenas críticas.
- Tótem. Tras su exitoso paso por la Berlinale, Tótem aterrizó en Morelia, arrasó en el FICM y fue elegida para representar a México en los Premios Oscar 2024 a Mejor película internacional. Semanas después recibió nominaciones a los Independent Spirit y a los Gotham Awards en esa categoría. Su siguiente parada fue su estreno en cines. Allí, a pesar de sus números modestos, encontró una férrea defensa de cinéfilos en redes sociales, y se coló al top 20 de taquilla de cine mexicano. Sí: el amor también tiene presentación boutique.

La gran ganadora: Radical
Desde luego, la gran ganadora de 2023 es Radical, de Christopher Zalla, con Eugenio Derbez. Hasta el 21 de diciembre, a dos meses de su estreno, sumaba $207 MDP y 3.2 millones de espectadores. Con ello, la película consiguió varias marcas:
- Top 7 de películas mexicanas más taquilleras de la historia. Solo la superan No se aceptan devoluciones ($600.3 MDP), Nosotros los Nobles ($340.2), No manches Frida 2 ($329.3), ¿Que culpa tiene el niño? ($277.7), Mirreyes contra Godínez ($238.7) y No manches Frida ($222.3). Superó a Hazlo como hombre ($201.0), Ya Veremos ($197.7) y La dictadura perfecta ($189.2).
- Drama mexicano más taquillero de la historia, superando a El crimen del padre Amaro.
- Película mexicana más taquillera en pandemia y postpandemia.
- Segunda película de Eugenio Derbez en el top 10 histórico, junto con No se aceptan devoluciones.
- Top 20 histórico por número de asistentes.
Sí, el cine mexicano está vivo.
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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