El primer día de actividades del 21 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) arrancó con una obra temeraria: la adaptación cinematográfica de Temporada de huracanes, la multipremiada novela de Fernanda Melchor.
La película, producida por Woo Films y por la plataforma Netflix, abrió la competencia de largometraje mexicano de ficción con una proyección para medios y una función de gala. Se trata de una de las producciones mexicanas más esperadas del año, no solo por trasladar a las imágenes un libro considerado pináculo de la literatura mexicana actual, sino porque además sucede que dicho libro tiene rasgos de inadaptable: es una historia que cambia de voz narrativa, que en el papel es narrada por un remolino de voces y que corre en capítulos fluidos de un solo párrafo, como si estuviera hecha de ríos caudalosos.
La directora Elisa Miller, la cineasta mexicana que impulsó la adaptación y levantó la mano para dirigirla, confesó en una conferencia de prensa que ella misma, incluso cuando ya contaba con los derechos de la novela, llegó a pensar que la tarea era imposible.
«Cuando me hablaron y me dijeron: es un hecho, tenemos los derechos, pensé: ¡es la mejor llamada de mi vida! Colgué. Llegué a mi casa y agarré el libro. No dormí, releyéndolo. Desperté. Les marqué y les dije: no, no se puede. ¿A quién se le ocurrió esto? Y me dijeron: ¡Pues a ti!», confesó riendo la realizadora.
La cineasta mexicana Elisa Miller, directora de Temporada de huracanes, durante el FICM 2023.
Pero pudo más el deseo de hacer un homenaje por medio del lenguaje visual. Elisa Miller, ganadora de la Palma de Oro de Cannes en 2007 por su cortometraje Ver llover, y también directora de las cintas El placer es mío y¿Qué culpa tiene el Karma?, compartió su pasión por la novela.
«Me atravesó. Mis ganas de adaptar parten del amor al libro, a la pluma de Fernanda, quien me parece la mas virtuosa de mi generación. Cuando terminé de leerlo pensé: es Juan Rulfo de mi generación, ¡y es una mujer de mi edad! ¡La tengo que conocer! Me obsesioné. El libro se me metió como un veneno o un parásito que me invadió. Tenía que hacer la película».
El equipo detrás de la película Temporada de huracanes, durante su paso por el FICM 2023.
¿Cómo filmar huracanes?
Tal como sucede en la novela, la película Temporada de huracanes parte de un crimen violento para narrar las vidas de un puñado de personajes que viven entre el calor, la miseria y la exuberancia natural de La Matosa, una región veracruzana inventada para la novela, pero que en realidad no tiene nada de ficticia. Los hechos del asesinato se irán revelando conforme cada uno de los personajes presente su relato, pero las versiones de cada uno, en lugar de apuntar a un culpable definitivo, indican un infierno circular, una tempestad envolvente de la que nadie queda a salvo.
Elisa Miller describió el proceso de adaptación del libro en términos dolorosos. Hubo que renunciar a querer abarcarlo todo. «Para mí, el proceso de adaptación de un libro es arrancarle su literatura, la literatura debe quedar fuera del guion. Debemos arrancar todo aquello que solo se pueda decir con el lenguaje».
De acuerdo con la cineasta, uno de los primeros ejercicios que el equipo puso en marcha fue leer el libro con otra mirada, a fin de hacer una «extracción cinematográfica». Esta relectura consistía en identificar en la novela escenas que ya estuvieran ahí y que pudieran ser traducidas al lenguaje visual. Después, la película pasó por varias etapas de escritura y reescritura, hasta que se tomó la primera decisión «dolorosa»; es decir, renunciar en el guion a todo aquello que perteneciera al pasado de los personajes.
«De las decisiones más dolorosas fue decidir contar bien el presente», señaló la cineasta. » En la versión anterior había muchos flashbacks y de hecho esa fue una de las notas de Netflix: ¿qué onda con esa cascada de flashbacks? Cuando decidimos que haríamos una película [en lugar de una serie], sabíamos que no cabría todo. Son lenguajes distintos, en el cine es un lenguaje de presente. Fue una decisión muy avanzada ya en el proceso de guion, decir: todo lo que es pasado, se vuelve antecedente».
Eso no quiere decir que la cineasta no le diera cabida al contexto de sus personajes, quienes están atravesados por las amenazas del narcotráfico, el machismo, la violencia y la precariedad que perpetúan los pozos petroleros en la zona. «El contexto es la tela de fondo», explicó. «Yo les decía [al equipo]: esta es una película de época, sucede en el 2015. Es un contexto muy específico, sociopolítico, y detrás del libro hay toda una investigación de Fernanda. Era muy importante la fecha, aunque no la pusiéramos como tal en la película. Para nosotros sí existía un documento lineal con fechas. Pero decidimos concentrarnos en los humanos. Era una película de retratos, había que estar estar con ellos. Pero aún así fuimos muy rigurosas en poner el contexto siempre como tela de fondo».
En el apartado visual, la cineasta se alió con la cinefotógrafa ganadora del Ariel María Secco (La jaula de oro, Te prometo anarquía) para encontrar formas de rescatar el estilo literario de Fernanda Melchor y traducirlo a las imágenes. Optaron por utilizar planos secuencia para emular la fluidez con la que la novela entra y sale de los distintos capítulos y puntos de vista de los personajes. También retomaron una idea que la misma escritora usó en distintas conferencias para explicar sus cambios de voz narrativa, y que tiene que ver con una película de terror bastante famosa.
«Pienso que la cámara es para el cine lo que el narrador es a la literatura», explicó Elisa, «la elección del narrador acá es dónde ponemos la cámara. De las primeras preguntas que le hice a Fernanda fue: ¿qué onda con tu narrador?, porque no es un diálogo interno, no es un narrador omnipresente, no entra a la mente de sus personajes. Y entonces ella habla en algunas conferencias que para ella su narrador era Pazuzu, el diablo de El exorcista. [En las novelas de Fernanda Melchor] el narrador posee a los personajes. Si está ahí el narrador, es porque el diablo está ahí. Entonces, para María y para mí fue fundamental esta idea porque, bueno, dijimos, cuando entramos al capítulo de uno y otro personaje lo que está pasando es que lo poseemos. La cámara era Pazuzu».
La presentación de Temporada de huracanes en el FICM 2023 destacó también por su elenco: un grupo de jóvenes debutantes, rostros nuevos, la mayoría provenientes del teatro, que nunca antes habían filmado una película. Entre ellos se encuentran Andrés Cordaz, Paloma Alvamar, Edgar Treviño y Ernesto Melendez.
De acuerdo con el productor Rafael Ley, desde que Woo Films consiguió los derechos de la novela antes de la pandemia por Covid, la realización de esta película tuvo que enfrentarse a diversas dificultades. No conseguía el financiamiento necesario, hasta que fue adquirida por Netflix. «Nadie más está apoyando a este tipo de películas,Temporada de huracanes, Pédro Páramo, etc., como ellos», comentó.
«Mi agradecimiento profundo que Fernanda Melchor exista y haya escrito este libro», señaló la directora. «Sin duda un antes y un después en la literatura mexicana contemporánea. Desde ese lugar de amor hicimos esta película».
Temporada de huracanes compite en la selección oficial del FICM 2023, junto con otros largometrajes mexicanos esperados, como Latido, de Katina Medina Mora, protagonizada por Marina de Tavira, y Tótem, la cinta de Lila Avilés que fue elegida para representar a México en los próximos premios Óscar.
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey. Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.
Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.
El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.
CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.