Cine y Tv
Somos. ¿Cómo construir memoria a través de la ficción?

La tarde del 18 de marzo de 2011 ocurrió en Coahuila una masacre de la que no se habló durante mucho tiempo. Aún hoy, sus horrores son mayormente desconocidos: ¿qué fue lo que vivieron los habitantes del pueblo de Allende cuando los Zetas, cobijados por la policía local, entraron con sus trocas para exterminarlo todo? ¿quiénes eran estas vidas que se perdieron? ¿hay forma si quiera de imaginarlo o, más aún, de narrarlo? La serie de Netflix Somos. (con punto final), que estrenó esta semana en la plataforma, fue impulsada por el productor estadounidense James Schamus (Secreto en la montaña, El tigre y el dragón) y escrita en conjunto con la guionista mexicana Monika Revilla y la escritora Fernanda Melchor para llevar a cabo dicha tarea titánica: hacer visibles las experiencias de las víctimas.
Antes de la ficción, sin embargo, estuvo el periodismo. En 2014, Diego Enrique Osorno publicó un reportaje en Vice, donde narraba su investigación de campo sobre la matanza en esta localidad, ubicada a 60 kilómetros de la frontera con Estados Unidos. En su historia citaba testimonios de residentes que hablaban de 300 personas secuestradas y asesinadas, de horas de violencia, saqueos, casas demolidas con maquinaria pesada y completo silencio por parte de las autoridades. El periodista cuenta que visitó, contra toda recomendación, las ruinas de los ranchos que los sicarios usaron como campos de exterminio y también cita el trabajo de Juan Alberto Cedillo, corresponsal de Proceso, quien había confirmado un año antes la causa del ataque: una ruptura y traiciones al interior del grupo de Los Zetas, liderado por los hermanos Treviño.

Tres años después, la periodista Ginger Thompson ofreció un poderoso vuelco en la narrativa. En su reportaje Anatomía de una masacre, publicado en ProPublica en colaboración con National Geographic, no sólo reveló que la matanza fue en realidad producto de un error de la DEA – la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos– también puso a las vivencias de las personas al centro del relato. En la forma de un testimonial y producto de una ardua investigación de dos años, el texto está construido con las voces de los familiares de las víctimas y de los habitantes del pueblo que se atrevieron a hablar con la periodista. Se trata de un conjunto de puntos de vista, que teje un panorama de lo sucedido y que fue retomado como base por el equipo de Somos. para escribir la serie. «A diferencia de otros artículos periodísticos, [el de Ginger Thompson] no se lee como datos, como hecho tras hecho. Se lee como experiencias humanas entretejidas», explica la guionista Monika Revilla, de cuya pluma han salido producciones como El baile de los 41 y la serie Juana Inés.
«Lo que hace Ginger es contar lo que pasó desde varias voces, no solo desde una sola perspectiva. Eso era algo que considerábamos muy importante hacer. Porque un evento no lo vive todo el mundo de la misma manera. La violencia no se vive de la misma forma si eres un hombres o una mujer, por ejemplo, si eres un ranchero o si eres la vendedora de hot dogs. Cambia dependiendo de dónde estás parado. Tener una sola perspectiva de algo tan complejo hubiera desmerecido lo que pasó», explica la guionista.
De acuerdo con lo expresado por el equipo de creadores detrás de Somos., la decisión de crear personaje ficticios como protagonistas de la serie, en lugar de solo extraer las vivencias y los nombres del reportaje de Thompson, se debió a la necesidad de proteger de la revictimización a las personas que compartieron sus experiencias. La ficción, en este sentido, habría servido como un recurso de cuidados y también de potencia. «Queríamos amplificar los testimonios», dice Monika. «La gente que vivió esto ya habló. Ya hizo ese gran esfuerzo de exponerse. Nosotros queremos amplificarlos a través de la televisión y de la ficción».

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Vidas en lugar de «muertes»
Te despiertas con el ruido de las metralletas tronando afuera de tu casa. Saltas de la cama y cruzas corriendo el pasillo para entrar al cuarto de tu hijo: yace en su cama, despierto y asustado. Tu esposo se asoma por la ventana de la sala y te grita que te arrojes al piso. Te dice que afuera hay soldados, que van armados, que acaban de agarrar tu auto como parapeto, que apuntan a una camioneta volcada al final de la calle.
No te atreves a abrir la puerta de tu casa hasta bien entrada la mañana.
El anterior es un extracto de la crónica periodística Veracruz se escribe con z, por la que la escritora Fernanda Melchor se hizo acreedora al Premio Nacional de Cónica Dolores Guerrero en 2012. Contada en segunda persona, el texto interpela al lector y ofrece un vistazo a la cotidianidad de la violencia, sacando a los sicarios del centro del relato y reemplazándolos con las personas que viven su día a día. Somos. presenta una perspectiva similar, que se rehusa a tomar a la figura del narco antihéroe como protagonista, fórmula por excelencia de las llamadas narcoseries. «Recibí esta invitación en un momento en que estaba concentrada en escribir libros», nos dice la autora de Temporada de huracanes, «fue algo asombroso, para mí, que me invitaran a formar parte de un show que buscaba presentar la visión de las víctimas de la violencia en México. Algo que yo ya estaba trabajando en mis crónicas y que conocía bien por haber crecido en una ciudad como Veracruz».
Desde que el productor James Schamus empujaba en Netflix la realización de esta serie sabía que no podría hacerla solo. «Necesitábamos un equipo que no fuera a repetir la narrativa estandarizada de narcotráfico, que es muy masculina y masculinista», nos comparte el tres veces nominado al Óscar, quien encontró conexión con la historia a partir de la responsabilidad que tuvo Estados Unidos en propiciar la masacre. «Fue importante tener voces que tuvieran su propia integridad. También a alguien que supiera cómo era escribir para televisión, porque yo nunca lo había hecho. Fue una combinación increíble: Fernanda, una voz literaria completamente única, y Monika, quien siempre mantiene su voz y su individualidad en una industria tan masiva. Eso me permitió a mí estar al mismo tiempo dentro y afuera del proceso».
Una vez formado el equipo de escritores, el primer ejercicio que realizaron fue escoger los puntos de vista del artículo de Thompson que les parecieran interesantes para imaginar vidas ficticias a partir de ellos. «Debíamos elegir personajes que tuvieran la esencia de la voz recogida por Ginger y la esencia de Allende, sin que pudieran ser relacionados directamente a personas existentes para que no vieran su experiencia nuevamente reflejada en pantalla», explica Monika. La guionista cita como ejemplo al personaje de la actriz Mercedez Hernández (Sin señas particulares), quien interpreta a una vendedora de hot dogs que hace lo imposible por ayudar a su yerno.

Cambiar la narrativa centrada en el llamado saldo rojo, el «número de muertes», para hablar más bien de «vidas» fue la prioridad del equipo de creadores a la hora de escribir los seis capítulos en los que se divide el relato. Lo importante, de acuerdo con Monika Revilla, era no reducir a los personajes a su condición de víctimas, una etiqueta que en el ámbito de las narrativas «aplasta cualquier otra característica humana que tenga la persona». Para evitar esto desde la escritura, el equipo escribió los primeros cinco capítulos sin pensar en el destino que les esperaba a cada uno en el último: de esta forma se permitieron involucrarse con las vidas de los protagonistas, explorar su cotidianidad, sin caer en la tentación de tratarlos diferente dependiendo de si serían víctimas de la violencia o no. «Y realmente dejarlos vivir», platica la guionista. Una adolescente que se convierte en la primera mujer del equipo de futbol americano de su escuela; una veterinaria que lucha por su matrimonio; un hijo que desea la aprobación de su padre son solo algunas de la cotidianidades que se exploran.
Lo mismo sucedió en el set. Durante la filmación, los actores desconocían el destino final de sus personajes o de aquellos que eran cercanos a los suyos, de modo que no afectara la forma en que interpretaban y experimentaban su día a día. «Fue una buena estrategia de la dirección porque aunque no lo quieras a veces uno ya premedita como actor y la cámara se da cuenta de todo», comenta Everardo Arzate, quien interpreta a un miembro del grupo de bomberos, quien también es el coach de futbol americano de la escuela, «no dejaron que esto se filtrara para no saber, porque, en mi caso, pues mi personaje no sabe lo que está pasando en el pueblo y continúa tratando de sobrevivir en su día a día. Entonces, si ya tenías ese granito de lo que iba a pasar pues creo que la cámara lo puede descubrir. ¡En mi caso me iban dando el guion casi por hoja!»
Los problemas de la ficción
James Schamus, Monika Revilla y Fernanda Melchor hablan con consciencia de los peligros de la ficcionalización televisiva en un país azotado por la violencia: de convertir en entretenimiento serializado el dolor real de víctimas o de seducir a las audiencias con las personalidades excéntricas de narcotraficantes. La misma plataforma Netflix ha sido casa de algunas de estas historias, que narran los eventos de la guerra contra el narcotráfico en clave de thriller. «Esa es una cuestión ideológica y también una pregunta estética», comparte Schamus, «cómo no lograr no ceder y cubrir estas vidas con géneros o con elementos de género. No dramatizar ni revictimizar, pero al mismo tiempo elevar estas vivencias para hacerlas visibles. Y esto no funciona a menos que las personas se queden viéndola».
De acuerdo con Schamus, ese equilibrio se buscó tanto en la escritura como en otros procesos. Uno de ellos fue el de casting. «Insistimos en que [el elenco] fuera mitad actores profesionales y mitad actores no profesionales. De esta forma viven en el mismo espacio, y tienen que crear juntos un mundo verosímil. No se trata solo de documentar, pero tampoco de hacer una fantasía masiva. Esa mezcla de estilos e interpretaciones, en donde todos tenían que encontrar una nueva realidad juntos, que pudiera vivir como entretenimiento pero que se relacionara con la realidad, fue algo que empezamos en el cuarto de escritores y continuó hasta el final».
Interpretar a Allende: ese fue el reto de los actores. «Lo complejo de aquí era mimetizarte con un colectivo y con actores naturales», explica Everardo Arzate, quien encarna a un bombero y coach juvenil de futbol americano. «Para mí eso fue lo más complejo, había que desaprender y pasar un poco desapercibidos para ser parte de este trabajo coral. Las peripecias de mi personaje justamente no debían ser representadas como en una ficción sino como algo sustentado realmente. Y por ahí nos sirvieron mucho los tips del director [Álvaro Curiel, quien dirige capítulos junto con Mariana Chenillo] de no ver ficción sino ver documentales, en donde se habla de este dolor para ver cómo se representa en la vida cotidiana [uno de ellos fue Hasta los dientes, de Alberto Arnaut]. Más allá de representar al personaje de Chema, no debe de quedar duda de que tú naciste en el pueblo de Allende, tú eres parte de esa gente que se ve todos los días ahí y que no va a sobresalir tu trabajo cuando se haga un paneo de cámara. Eso es lo más complejo, para mí, que me ha tocado trabajar».
La actriz Mercedes Hernández y el actor natural Jesús Sida –quien encarna al personaje de Paquito en su debut en la pantalla– coinciden en que las locaciones y el diseño de producción de Ana Solares ayudaron a construir una realidad en conjunto (por temas de seguridad, la serie fue filmada principalmente en Durango y en algunos municipios de Torreón, Coahuila). Ya desde entonces los actores sintieron el cambio de narrativa. «Yo no soy fan fan de las nacoseries», confiesa Mercedes, «tanto balazo y tanta sangre no me gustan y aquí lo que se sentía era que había una constante tensión dramática. Eso y la cercanía con la gente. Estando en Canatlán yo me salía de mi camper y me iba a comprar unas papas o algo, y nunca nadie siquiera se imaginaba que yo no era doña Chayo».

¿Cuál es el fin, entonces, de sumar una ficción al trabajo periodístico ya realizado? ¿De qué forma ayuda a la construcción de memoria? Para Monika Revilla, la ficción es una herramienta que nos ayuda, no solo a poner los pies en Allende de forma segura, sino a entender los eventos en toda su complejidad. «La realidad es muy caótica, y nadie tiene la posibilidad de estar en tantos lugares al mismo tiempo para poder construir, en su experiencia personal, tantas situaciones. Las ficciones nos dan esa posibilidad. Representar muchos puntos de vista y también reconstruir situaciones que en ese momento no se sabían. Ahorita con Somos., por ejemplo, algo fundamental para entender lo que pasó es que la cárcel de Piedras Negras estaba en una situación de autogobierno y los sicarios la usaban como búnker. La gente en ese entonces no sabía eso. Era información que no había forma de tener. Pero cuando haces una ficción y tienes oportunidad de hacer investigación, y de tener una perspectiva del pasado, puedes reconstruir y dar elementos que de otra forma no hubiera sido posibles».
Somos., está ya disponible en la plataforma Netflix.
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La misteriosa mirada del Flamenco – Una charla con su director, Diego Céspedes
El 12 de junio llega a Mubi La misteriosa mirada del Flamenco, el primer largometraje dirigido por Diego Céspedes. Esta producción chilena también fue escrita por Céspedes y se llevó el premio Una cierta mirada en el Festival de Cannes en 2025. Además, también fue premiada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y seleccionada para el de Toronto.
La historia tiene lugar en Chile en 19821 y sigue a Lidia, una niña de 11 años criada por artistas queer en la cantina de un pueblo minero en medio del desierto. Su relación más estrecha es con Flamingo, a quien reconoce como su mamá. Cuando la crisis del sida llega a este aislado lugar, el miedo y la violencia comienzan a apoderarse de sus habitantes. Pero hasta en las circunstancias más adversas, el amor y la comunidad pueden ayudarnos a resistir.
Platicamos con Diego Céspedes sobre su obra. Nos compartió sus inspiraciones, su visión sobre la dualidad de la historia como reflejo de la vida misma, y el rol que juega el realismo mágico en la película.
Hablemos de las dualidades de esta historia. En la película vemos violencia, pero también hay amor; vemos pérdida, pero también celebración. Creo que es una manera muy acertada de abordar una historia queer, porque la experiencia queer no debería ser encasillada en una sola cosa, y debe de tomar en cuenta todo por lo que puede estar conformada. ¿Cómo manejaste ese balance, para poder retratar todos los ángulos de la historia, dándole a cada uno el espacio y el tiempo necesarios?
Creo que fue de una forma muy intuitiva. El discurso más formado de la película se va dando después de la promoción de la película; pero cuando yo escribo y la hago, es de manera muy intuitiva.
Creo que el humor ha sido una base fundamental en la supervivencia de nuestra comunidad. Es una película que no es de una apariencia sesuda, que uno puede disfrutar, se puede reír, puede llorar y puede emocionarse desde distintos lados. Eso es justamente porque la experiencia que yo viví, y la experiencia de las personas que me inspiran a escribir esta película, ha sido así.
Entonces, ese balance entre humor, violencia, amor, ternura, es justamente donde sentía que era el lugar más honesto. Y cuando iba escribiendo el guión, ya tenía mucho de esto, tenía los dos elementos que me parecían reales, fluidos. Después, las chicas en el elenco también me fueron dando sus propias vivencias, y muchas apuntaban al humor y otras eran también oscuridad. Al final, en el montaje, es cuando uno finalmente va balanceando todo esto.

La relación que hay entre Lidia y Flamingo es muy importante y muy tierna; pero la que existe entre Lidia y Mamá Boa es la más cautivante. Es una relación muy compleja que está marcada por el dolor de la pérdida, y también sobre todo por esta lucha entre querer proteger a alguien que al mismo tiempo quiere explorarlo y saberlo todo, no deja de preguntar, así que hay una gran tensión ahí. ¿Cómo construiste esa relación, tanto en el guión como en el trabajo de tus intérpretes?
Soy muy cercano a Paula Dinamarca, quien interpreta a Mamá Boa, entonces fue un personaje súper fácil de escribir. Se inspira no solamente en ella sino también en su abuela y en referentes que nosotros dos teníamos. La siento un poco mamá protectora pero también un poco que a veces la protejo yo. Entonces este juego que tengo con ella en la vida real hizo que escribirlo en Lidia me fuera fácil y me fuera natural.
Además, Paula es un ser muy emocional, pero también muy duro. Tiene esa dualidad. Así que interpretó a Mamá Boa de una manera espectacular, que tiene mucho que ver con ella, con lo que ella es y lo que ella es capaz de representar por sus propios referentes.
Ahora platícanos de los elementos fantásticos que hay en la película. Hay una conexión con la inocencia de Lidia, quien es el personaje a través del cual estamos viendo toda esta historia. Y siendo Latinoamérica un espacio que está tan marcado por el realismo mágico, ¿cuáles fueron las inspiraciones que nutrieron estos elementos en tu película? ¿Cómo fue su inclusión en el guión?
Al principio del guión había mucho más realismo mágico, y fue perdiendo peso porque me fueron llamando más la atención los personajes y las personas que interpretaban a estos personajes. Entonces también es una suerte de balance casi intuitivo de qué debería ir en todos los lugares.
Y creo que el realismo mágico en esta película particularmente es eso, que Lidia responde en su cabeza a las preguntas que no entiende. Cuando no encuentra respuestas y le están hablando de un personaje que quiere, que encuentra hermoso, pero también le están refiriendo a algo sexual y negativo, viene esta imagen de realismo mágico que un poco apunta a cómo se va construyendo lentamente el imaginario de un niño. Que un niño no es que vea un mensaje y lo entienda por completo, es un proceso más lento en su cabeza. Y simplemente en esta película el realismo mágico responde a esa construcción y lo materializa un poco.
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Seminuevos como nuevos: ¿ciencia ficción o realidad?
Cuando alguien menciona que encontró un auto en muy buen estado, con pocos años de uso y un precio muy por debajo de otros similares, lo primero que aparece es la duda. Para mucha gente eso suena demasiado bueno para ser verdad. Sin embargo, en el mercado es perfectamente posible encontrar opciones de seminuevos como nuevos.
Los carros que llegan al mercado de segunda mano en buen estado tienen una explicación detrás, y vale la pena conocerla.
Considera que quizás muchos planes cotidianos se posponen por no tener un auto propio. Ir al cine, llegar a un autocine o reunirte con amigos para ver una serie juntos se podría complicar cuando dependes del transporte público o del aventón de alguien más. Un seminuevo en buenas condiciones y a buen precio puede resolver eso: un auto confiable con el que llegues a donde quieras sin depender de nadie.
Ten presente que hoy existen plataformas especializadas donde puedes comprar carros seminuevos baratos a crédito, con revisiones verificadas y financiamiento de instituciones bancarias reconocidas. No necesitas reunir el valor total del vehículo antes de comprarlo. Cuando eliges esta vía, puedes adquirirlo con un enganche accesible e ir pagando mensualidades que se ajusten a lo que ganas, sin afectar el presupuesto que ya tienes comprometido.
Mucha gente compra un auto nuevo, lo usa con moderación durante un par de años y luego lo vende porque sus circunstancias cambiaron: un traslado al extranjero, necesidades familiares o simplemente el gusto por cambiar de modelo. El auto sale al mercado con kilometraje bajo, sin golpes mayores, con mantenimientos al corriente y a veces con garantía de fábrica todavía activa.
Recuerda que ciertos carros económicos llegan al mercado en condiciones que vale la pena revisar con calma. Cuando se compran a través de plataformas confiables y con procesos serios, el estado en que se encuentran puede ser muy cercano al de un auto nuevo, con un precio bastante menor.
Un auto nuevo pierde una parte de su valor en cuanto sale de la agencia. Ten presente que esa caída en el precio ya la absorbió el propietario anterior cuando el vehículo llega al mercado de carros económicos seminuevos. Tú pagas por lo que el auto vale en ese momento, no por estrenar algo que en el primer año ya habrá bajado bastante.
Muchos de estos vehículos también conservan garantía activa, refacciones fáciles de conseguir y un historial documentado. Cuando eliges una plataforma especializada en seminuevos seria, puedes revisar el historial, comparar opciones y consultar el reporte vehicular antes de decidir, con todo lo que necesitas saber sobre el auto en un mismo lugar.
Considera que un seminuevo bien elegido puede darte un auto con pocos años de uso y en condiciones muy cercanas a las de uno nuevo, a un precio bastante menor. En el mercado de vehículos de segunda mano eso pasa seguido, siempre que sepas dónde buscar y qué revisar.
Además, el financiamiento que ofrecen las plataformas especializadas hace que esa opción sea todavía más accesible. Buscar carros seminuevos baratos con crédito ya no es algo complicado ni exclusivo para quien tiene las finanzas muy acomodadas: algunas de estas plataformas trabajan con instituciones bancarias y han simplificado los requisitos para que más personas puedan acceder. En lugar de pagar todo de una sola vez, vas cubriendo mensualidades que caben en tu presupuesto y no alteras el resto de tus gastos del mes.
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Cine, azar y espectáculo, tres historias donde el juego es parte del relato

El cine siempre ha sentido una fascinación especial por el azar. Desde hace décadas, tanto los directores como los guionistas han utilizado el juego como metáfora del riesgo, del deseo de cambio y de la eterna lucha entre el control y el caos. No es casualidad, porque pocas cosas generan tanta tensión dramática como una carta girándose lentamente, una ruleta deteniéndose o una apuesta que puede cambiarlo todo.
A lo largo de la historia, numerosas películas y series han sabido integrar el casino dentro de sus tramas como un elemento narrativo que define a los personajes, las decisiones y los destinos
Casino Royale y el renacer del espía moderno
Cuando Daniel Craig debutó como James Bond en Casino Royale, la saga dio un giro más oscuro y realista. Lejos del glamour exagerado de entregas anteriores, la película apostó por mostrar a un Bond vulnerable, físico y expuesto al error.
La mítica partida de póker contra Le Chiffre es el corazón emocional del film. Cada apuesta refleja la psicología de los personajes, su capacidad para engañar, resistir la presión y leer al adversario. Aquí, el casino no es un simple escenario lujoso, sino un campo de batalla donde se libra una guerra silenciosa. Este tipo de escenas explican por qué el imaginario del juego sigue tan presente en la cultura popular. Representa decisión, valentía y consecuencias.
Rounders, el lado más humano del póker
Mucho antes de que el póker se convirtiera en un fenómeno televisivo global, Rounders ya mostraba su cara más cruda. La película sigue a jóvenes jugadores que se mueven entre partidas clandestinas, deudas peligrosas y sueños de grandeza.
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Más allá de las cartas, el verdadero tema es la obsesión: personajes que creen haber encontrado en el juego una identidad, una forma de vida, incluso una vía de escape. Esta visión más íntima conecta con quienes ven el azar no solo como entretenimiento, sino como una pasión que puede volverse absorbente.
Peaky Blinders y el negocio detrás del juego
Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, Peaky Blinders utiliza las apuestas y las casas de juego como parte esencial del ascenso criminal de la familia Shelby. Aquí, el juego no es un pasatiempo, sino una industria.
Las salas clandestinas, las carreras amañadas y las mesas privadas sirven para mostrar cómo el control del juego equivale al control del poder. Es una representación muy distinta a la de Casino Royale o Rounders, pero igual de poderosa, con el azar como negocio, no como ocio.
El juego como reflejo de nuestra relación con el riesgo
Estas historias, aunque muy distintas entre sí, comparten un punto en común, que es que el juego funciona como espejo de nuestras decisiones. Apostar es elegir. Es aceptar que no todo depende de uno mismo.
Quizá por eso el interés por este tipo de temáticas se mantiene vigente, tanto en el cine como en el entretenimiento digital. Hoy en día, muchas personas juegan a los mejores slots desde una perspectiva más casual, buscando experiencias visuales atractivas y mecánicas que prioricen la diversión por encima de la competición.
Del mismo modo que ocurre con el cine, los jugadores suelen sentirse atraídos por propuestas con identidad, estética cuidada y sensaciones reconocibles, donde valoran además de los premios, el diseño y la experiencia en su conjunto.
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Un vínculo que sigue evolucionando
Desde el blanco y negro hasta las superproducciones actuales, el cine ha sabido adaptar el universo del juego a cada época. A veces lo muestra como un mundo elegante, otras como un entorno peligroso, y en ocasiones como una simple forma de evasión.
Lo interesante es que, más allá de modas, el tema sigue funcionando porque conecta con la emoción de arriesgar, la esperanza de ganar y la tensión de no saber qué ocurrirá en el siguiente instante.
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