Cine y Tv
Artemis Fowl: el niño genio de Kenneth Branagh

Kenneth Branagh no es un novato en la dirección de producciones del género fantástico. Desde que se puso tras la cámara en Frankenstein, adaptación del libro de Mary Shelley (1994), despojándose de la racha shakespeariana que lo había hecho famoso, demostró que era capaz de trasladar su sensibilidad teatral a narrativas imaginativas, que le dan la oportunidad al espectador de escapar de la monotonía y las angustias “terrenales” para adentrarse en lo desconocido, en mundos poco explorados, que sólo existen gracias a la imaginación de autores visionarios. Con esto en mente, el hecho de que el histrión y realizador haya sido elegido para hacerse cargo de Artemis Fowl, la superproducción de Disney+, no resulta nada descabellado.
Los orígenes de esta cinta se remontan al año 2001, cuando el autor irlandés Eoin Colfer publicó el primero en su saga de ocho libros –y una novela gráfica– centrados en Artemis, un niño genio –y algo antiheroico–perteneciente a una afamada familia de criminales que nos sumerge en una civilización de hadas y otras criaturas mágicas. La serie fue un superéxito de ventas en el Reino Unido, por lo que Miramax –subsidiaria de la casa del ratón– adquirió los derechos de adaptación.
Sin embargo, no fue sino hasta 2016, que, después de permanecer en el limbo por un largo rato, el proyecto cayó en manos de Branagh (Jim Sheridan estuvo a punto de dirigir, con Saoirse Ronan en el protagónico). Sin embargo, el británico ya tenía una buena relación con los ejecutivos de la compañía, pues había dirigido el live action de Cenicienta y también la primera película de Thor, que es parte del Universo Cinematográfico de Marvel.
Pero vendrían nuevos retos: primero, la aventura de Artemis (interpretado por Ferdia Shaw) está mucho más enfocada en la actualidad, con situaciones y entornos que poco tenían que ver con las tramas histórics o míticas de las cuales el realizador se había apropiado; segundo, cuando todo estaba listo para un lanzamiento convencional en salas, llegó un virus devastador que, en mayor o menor medida, nos doblegó a todos. Ahora, el destino de los Fowl depende del streaming, de la recepción del público y de un creativo que sólo tiene la intención de volver a echar a andar nuestra imaginación como hace muchos años atrás. ¿Se logrará la misión?
Branagh conversó con Cine PREMIERE y un grupo de periodistas sobre los retos de adaptarse a una emergencia sanitaria global y de hacerse cargo de un set de proporciones inimaginables, claro, mientras convivía con trolls, hadas y duendes.

Desde el inicio, ¿qué te atrajo a esta película y a todas sus conexiones y mitología irlandesa? ¿cómo trabajaste con el elenco y el espíritu de la película [en términos] de conexión con el libro?
Estaba en unas vacaciones con mis sobrinos, que tenían 9 y 10 años, ellos estaban leyendo el libro y me dijeron: “Deberías leer esto y hacer una película”, entonces lo leí y su entusiasmo siempre me zumbaba en los oídos, por lo que lo disfruté mucho. Ya mencionaste algunas de las razones: me gustó que [la historia] estuviera situada en Irlanda y que explorara el territorio en el cual Harry Potter ya se había adentrado, aunque este no era un universo tan gótico [como el de JK Rowling]; sentí que era inusual, ¡único! Tenía cierta originalidad, tenía el sentido del humor de Eoin Colfer, el cual descubrí que era muy seco, pero ingenioso y audaz. No lo hice sólo por mis sobrinos, sino porque me sentí muy atraído a la historia coming of age. En ese punto me encontraba trabajando en Cenicienta, que era el coming of age de una chica en un escenario mítico y de cuento de hadas, entonces, para mí, ambas tenían una suerte de punto de encuentro, por lo que desde un principio me sentí atraído, y como no tenía idea de que haría la película –eso no sucedió sino hasta mucho después–, tuve una respuesta muy natural a la historia, no me la pasé batallando [para averiguar cómo hacerlo], ¡sólo sucedió que me gustó mucho!
¿Por qué crees que tomó tanto tiempo adaptar estos libros?
Cuando me sumé, creo que [el estudio] ya había tenido los derechos más o menos por 15 años, me parece que a las personas se les dificultó manejar todo el fenómeno “post-Potter” y “durante Potter”. ¿Cómo diferenciarse de aquellas películas y no sentirse como una copia? En ese sentido, todos los guiones que leí eran brillantes y muy largos –de 2 horas 40min–. Y pensé que el libro tenía una naturaleza fresca y llena de energía, entonces mi instinto siempre fue hacer una cinta breve, pero que debía tener esa energía que funcionó para mí y que está todo el tiempo presente. Creo que había que hallar la forma [para hacerlo], que tuviera su propia lógica interna. Por lo que yo veía, había muchos enfoques diferentes en ese punto, pero al final, en Disney decidieron que querían trabajar con una versión [específica] de las cosas.
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En su núcleo, la historia de Artemis Fowl es la de alguien que intercambia su vida cotidiana por algo nuevo, ¿Crees que el viaje de Artemis inspire a los niños y adolescentes de todo el mundo a salir y probar cosas nuevas una vez que nos empecemos a recuperar de esta situación global [de pandemia]?
Interesante pregunta. Una de las cosas que queríamos hacer con esta historia de origen, y que varias personas van a tener su propia opinión, es que en el libro conocemos a Artemis inmediatamente y ya tiene una estructura establecida como de un villano de Bond junior. En esta película, como lo hicimos en Thor, era importante que para quienes no estaban familiarizados con los libros hubiera un sentido de quién era esta persona antes de convertirse en Artemis Fowl. Para mí, ese arco era como el de El padrino, en donde Michael Corleone, con una situación relativamente normal de haber estado en el ejército, no está seguro de lo que es y para el punto final de la película se tiene que convertir en Michael Corleone. Teníamos ese arco en mente para Artemis, pero también queríamos ponerlo en una escuela real y que no solo estuviera en una casa gigante y privilegiada como en El pequeño Lord, con un estilo de vida con el que nadie se podría ni remotamente identificar, pero que se entendiera que dentro de todo eso hay una diferencia en él. Algunos dirían que es especial, pero en realidad es diferente, ya sea por su cerebro o por su ingenio o por lo que sea, y tiene determinación por expresar eso. Parte de su frustración al principio de la película es que su padre no le ha enseñado las formas adecuadas para hacerlo, entonces, hasta cierto punto quizás ciertamente está alentando a las personas a emprender una aventura, ¡Eso seguro! Y si es una aventura que va con sus propias pasiones, entonces bien por ellos. Espero que sea así.

Naciste en Irlanda, y al inicio de la película hablan de cómo ese país es una tierra maravillosa. Quisiera saber un poco sobre tu infancia y si escuchaste estas historias sobre duendes, hadas y demás. ¿creías en ellos cuando eras niño? ¿cuál crees que sea el mensaje que estas historias nos pueden dejar como adultos?
Bueno, crecí con mis dos padres y muchos hermanos, entonces nuestro entretenimiento era la televisión y, previo a la era digital, había reuniones familiares donde había primos que eran de mi edad y en estas reuniones las personas hacían interpretaciones: Cantaban, bailaban, pero después de eso simplemente contaban historias. Mi padre hacía mucho eso, contaba muchas historias, incluyendo varias sobre «la gente pequeña», como las llamaban. También solíamos bajar al sur de Irlanda a un campamento vacacional llamado Butlin’s, en Mosney. En el camino mi padre nos contaba muchas historias sobre los lugares por los cuales estábamos pasando. Realmente para mí [lo importante] es que filmamos muy cerca de un lugar llamado Escalera de Gigantes, en la Costa Norte de Antrim, que es una increíble formación natural con muchos pilares, es mundialmente famosa ahora, se siente como de otro mundo. De alguna forma te hace sentir que había hadas en Irlanda, y sí, crecimos con ello. No le encuentro otro valor más que [el hecho] de que te permite desarrollar una vívida imaginación, ser criado o crecer en esa cultura abre tu mente, como lo fue en mi experiencia.
¿Cómo fue para ti filmar en Irlanda?, porque no has filmado mucho ahí ¿o sí?
No, no lo he hecho. Hice mi primer trabajo, que fue para televisión, en Belfast, fue maravilloso estar en la Costa Norte de Antrim [para esta película]. Fue una actividad muy grande; llegamos con 5 unidades separadas: había una unidad aérea, una marítima, había una unidad para los autos, filmamos en medio del huracán Héctor, con el cual tuvimos un muy mal clima. Además, teníamos a muchos de los actores y a muchos caballos y animales ahí. De nuevo, fue una gran, gran, gran actividad y lo que me impresionó fue que en Irlanda afrontaron completamente todo esto, fueron muy hospitalarios. Es una región del planeta que, como sabes, ha sido sede de seis o siete temporadas de Game of Thrones y muchas cosas posteriores, así que no les intimidó la escala [del proyecto]. De hecho, las personas con las que trabajamos, de la productora Northern Ireland Screen, fueron bastante creativas en cuanto a las maneras en las que se podía presentar a la región, fueron más que amigables con la cinta, fueron bastante productivos y hubo esta gran mezcla en la que estaban emocionados de que estuviéramos ahí, pero no estaban intimidados. Es bueno estar en una atmósfera como esa, porque la gente te ayuda mucho, saben lo que estás haciendo, lo respetan, pero tienen mucha confianza. Tuvimos mucho apoyo, fue un gran gusto y nos la pasamos muy bien. Entonces, sí, ¡tres pulgares arriba!
Desde luego, esta película es genial para las familias y llega en un buen momento al formato on demand. Hay otras películas como Tenet, por ejemplo, o tu próxima película como director, que llegan en un momento extraño ¿Cómo vives en estos tiempos y qué has aprendido de ti mismo?
Estamos muy emocionados de que llegue a Disney+, porque, como bien dices, es una película familiar y tal vez las familias la van a disfrutar en este momento particular en el que no hubo un verano cinematográfico muy fuerte; ahora la tienen que ver en su casa.
De cierta forma continúas aprendiendo. Para todos, más allá del gran dolor que estamos sufriendo, es un momento de reflexión positiva y fuerte, por lo que diría que sigo aprendiendo, entonces no puedo contestar esa pregunta, habla conmigo después de la cuarentena y te diré lo que descubrí, todavía lo estoy pensando.

Acerca de Collin Farrell: fue un reclutamiento extraño en el papel del padre, porque estamos acostumbrados a verlo en papeles más arrogantes.
Desde luego. Es irlandés y lo que se nos sugiere con este papel es que hubiera podido ser un símil de James Bond, manejando todo el negocio familiar, entonces, lo que amo de Collin y por lo que disfruté trabajar con él en esto es porque su madurez como actor le da mucha profundidad a sus papeles, es capaz de alcanzar una buena cantidad de ternura y realismo y tuvo una buena conexión con Ferdia [Shaw], quien interpreta a su hijo. Sin esfuerzo le da emoción verdadera a todo, es un actor muy honesto y, tienes razón, puede interpretar a todos estos personajes arrogantes, pero tiene cualidades bastante profundas que son muy particulares, muy irlandesas y auténticas para nosotros.
En la película, tanto el mundo real como el mundo de las hadas son muy importantes para la narrativa. ¿Cómo te las ingeniaste para hacer que tanto la mansión Fowl como Haven City fueran igualmente importantes para la trama?
Es una pregunta interesante puesto que siempre supimos que se iba a tratar de un balance difícil, digo, literalmente era pensar cuánto de la historia se iba a tomar y, en un punto, hablábamos de si debíamos llevar a Artemis ahí, a Haven City, ¿sabes? Como en los libros, pero era más que nada tratar de encontrar la forma de darles a estos dos personajes importantes, Artemis y Holly Short [una hada interpretada por Lara Mcdonnell), su gran valor, que sólo se podía entender gracias al ambiente en el cual viven, así que siempre fue importante saber que Artemis se enfrentaría a algo grande, algo masivo, complejo y que, entonces, para el diseño [de producción] de estos mundos sugerimos una conexión orgánica con la tierra, las rocas y las áreas verdes, pero [al mismo tiempo] Haven City es de alta tecnología. Tienen nuevos aparatos, viajan, se comunican en maneras que son mucho más avanzadas, entonces Artemis debía ser lo suficientemente inteligente como para mantenerse a la altura en medida de lo posible. Siempre tratamos de darle lugar a Haven City tanto en términos de la historia de Holly y también como cultura, como civilización. Hacer este balance en edición fue un proceso delicado, pero ambos [lugares] eran vitalmente importantes para entender cómo la historia se expande para él. Fue algo en lo que nos enfocamos mucho.

Artemis Fowl habla mucho sobre reconocer la importancia de las personas que son diferentes a ti. ¿Crees que la película le pueda enseñar esto a los niños que la vean?
Una de las razones por las que me sentí atraído a trabajar en la película es que la honestidad y la simplicidad que tienen los niños es algo a lo que todos aspiramos con frecuencia como adultos. Algo que yo hago mucho como ejercicio de meditación es tratar de recordar quién soy y, usualmente, gran parte de quienes somos viene de cuando teníamos 7, 8, 9, 10 u 11 años, antes de que toda esa adultez te rodee, lo que llamamos «vida». Entonces, creo que las reacciones más interesantes a esta película van a venir de ese grupo de edades, quienes tienen esas respuestas más directas, así que esa es una pregunta que le deberías estar haciendo no a alguien de 59 años, sino a alguien de 9 o 10.
Lo mencionabas anteriormente. Te debiste haber sentido más como un general que como un director con todas estas unidades de producción y con los efectos y el CGI. ¿Es una prioridad proteger el drama en medio de todo esto? Porque podría ser fácil perderse.
Sí, absolutamente, es interesante. Estuve el año pasado en la película Tenet, de Christopher Nolan, y una de las cosas que aprendí de él, y que también aprendí al trabajar con Danny Boyle –cosa que traté de tomar prestado de ellos– es que me recuerdan a grandes futbolistas o deportistas cuando hablamos de la habilidad que tienen de retrasar el tiempo, entonces veía a Christopher Nolan: él trabajaba masivamente en el set de Tenet, con más y más cosas de las que yo podría describir y cada vez que yo iba ahí en calidad de actor, él parecía poder alentar el tiempo, era como un hechizo y no importaba. «600 automóviles necesitan órdenes tuyas». Ellos esperaban, hacían la escena con la instrucción que se les daba y, entonces, cual máquinas, todo sucedía. Como cualquier gran jugador, puedes estar en medio de todo ese caos y todo parece estar moviéndose más lento, sin mayor esfuerzo y más agraciadamente. Y te tienes que relajar para no sentirte intimidado por todo eso. Sí, siempre he sentido esa necesidad de proteger [el aspecto dramático]. Ferdia y los demás… no queríamos que ellos se sintieran enloquecidos por esto. Eso fue lo que me ayudó de esos dos directores que me guiaron para lograrlo.
Artemis Fowl está disponible en Disney+.
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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