Cine y Tv
FICM 2020: Blanco de verano y el amor que impide madurar

Hay un momento preciso en nuestra vida en la que uno se encuentra parado sobre un fino borde, atrapado entre el fin de la infancia y el abismo que representa al resto de nuestros días. En esta evolución natural del ser humano, el camino casi siempre viene acompañado de episodios tormentosos. Alcanzar la madurez no es sencillo. Y la película Blanco de Verano es prueba de ello.
La producción número 26 del programa de óperas primas del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) se va a las entrañas de la idiosincrasia de las familias modernas modernas: fracturadas por rupturas sentimentales, pero soldadas por un amor inquebrantable; casi siempre constituidas por una madre que debe asumir un rol doble a la cabeza de la misma, y con hijos que son obligados a madurar de forma precoz.
El filme que marca el debut de Rodrigo Ruiz Patterson toma estos elementos y los coloca al interior de una pequeña casa de interés social a las afueras de la Ciudad de México. En ese entorno claustrofóbico, alejado de todo, la trama de Blanco de verano es enmarcada por paredes de tablaroca; tan delgadas que hacen casi imposible la privacidad de quienes la habitan; mostrando a la perfección la fuerte conexión que une a quienes la ocupan.
Aquí, Sophie Alexander-Katz –protagonista de Los días más oscuros de nosotras, de Astrid Rondero–, da vida a Valeria, una madre soltera que, tras un divorcio, afianza una relación de gran apego con su hijo Rodrigo –encarnado por el debutante Adrian Rosi–. El mundo donde ambos sólo se tienen a sí mismos, de pronto, es invadido por un extraño. Como la nueva pareja de Valeria, Fernando –interpretado por Fabián Corres– irrumpe en la vida de esta pequeña familia y trata de ser parte de un hogar que difícilmente está abierto a recibir un nuevo integrante.
Iniciado como un proyecto autobiográfico, la película Blanco de verano poco a poco fue mutando a la historia que hoy llega a México gracias a la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia. “Siempre creí que una historia enteramente personal convenía a una primera película”, nos dice Ruiz Patterson. “Hoy no lo creo. Ahora considero que lo que estoy intentando es, más bien, hablar de mi a través de otros personajes”.
El guion coescrito por Rodrigo con Raúl Sebastián Quintanilla (Otras personas, 2017), nació en la infancia de su director. Hijo de una madre soltera, Patterson comenzó con distintos ejercicios de escritura libre para ir moldeando a sus personajes. «Yo escribí un primer tratamiento de guion y me di cuenta que no funcionaba. Estaba muy desbordado y había muchísimos elementos jugando y faltaba esculpirse. Y justo recurrí a Raúl, que es mi amigo de la prepa y compañero en el CCC, y nos dimos cuenta que mi vida no era tan interesante. Así que decidimos ficcionar en pos de tener un drama más consecuente y más sólido. Al final, Blanco de verano conserva cierta esencia de mi biografía –como que fui criado por una madre soltera–, pero ninguna de las escenas que se ven en la película realmente me sucedió. Pero creo que la honestidad con la que empezó se conserva y espero que se sienta”.
Para el egresado del CCC, lo que más le interesaba era “explorar el final de la infancia, algo que, etimológicamente, significa ‘el que no puede hablar o el que no tiene voz’”, explica Patterson desde el FICM. “Con estas emociones complejas que sentimos por primera vez en la vida, al principio de la adolescencia, si no podemos hablar, si no tenemos experiencia, ¿de qué forma las comunicamos?”.

El rostro de la inocencia
Aun teniendo a actores experimentados como Alexander-Katz o Corres, la película Blanco de verano recae enteramente en su protagonista. El proceso de casting para elegir al rostro principal de la cinta fue complejo; tanto que, hubo algún momento en el que Ruiz Patterson le expresó a su productor Alejandro Cortés Rubiales que, de no tener al actor necesario para darle vida a Rodrigo, lo mejor sería no rodar su ópera prima.
Sin embargo, Adrián apareció y, en palabras de su director, “se entregó con todo y dejó salir su sensibilidad”; una que, recientemente fue premiada con el galardón a Mejor actor en el Festival de cine de Lima. “La cinta está filmada con planos muy cerrados porque son los rostros de los personajes los que la cuentan. Aquí hay la exploración de la primera persona cinematográfica. Y tratamos de ver la película y la historia a través de los ojos de este chico”. Es con esta fragilidad que la película Blanco de verano nos presenta a un personaje que, de forma inesperada, se ve relegado de su mundo de fantasía. Y su microcosmos se va reconstruyendo en un deshuesadero donde, a bordo de un automóvil abandonado, Rodrigo comienza a reconstruir la vida que se le está yendo de las manos. “En ese lugar, él puede ver el cielo; es un espacio abierto donde hay una contraposición [a la realidad] y contrasta la libertad de la claustrofobia que vive en su casa”, nos explica el director.
Pero como bien señaló Sophie Alexander-Katz en la conferencia de prensa de esta cinta, “un tango siempre necesita de dos”. El tema de Blanco de verano –uno muy universal a ojos de su protagonista–, se resume a “una codependencia entre una madre y su hijo, donde las fronteras de lo que es la paternidad se rebasan y comienzan a tocar otras esferas de las relaciones humanas que no deberían de tocarse. [En este contexto] suples faltantes emociones y psicológicos con una criatura que trajiste al mundo. Es un tema tremendamente delicado pero igual de amoroso. Fue una delicia haber trabajado en Valeria porque es un personaje al que se le ve la fractura”. Para la nominada al Ariel, “lo más delicioso de esta película es que te deja preguntas profundas y muy importantes para la actualidad”. Quizá la más importante sería hasta dónde un adulto es responsable de las acciones de sus hijos y a partir de cuando estos pequeños ya son lo suficientemente maduros para asumir las consecuencias de sus actos.

Un blanco envuelto en llamas
Ruiz Patterson coincide con este elemento de universalidad en su historia. “Al final, trabajamos con emociones tan comunes como el amor, los celos o la dependencia emocional. Pero sí creo que estos personajes son muy mexicanos. Se rigen por una idiosincrasia muy nuestra. Las familias modernas integradas por elementos que no comparten sangre son algo muy actual, que se toca poco en el cine mexicano, pero que es una realidad en la sociedad en la que vivimos”.
Ante este “realismo tan recalcitrante que Blanco de verano tiene para bien o para mal”, como lo explica su director, aparece un elemento que termina por convertirse en un personaje más de la cinta: el fuego. “El trabajo de los cineastas es encontrar maneras audiovisuales de narrar las cosas. Y el fuego es una gran metáfora que refleja lo que hay en el interior de este chico, de cómo es su manera de sentirse. Y creo que es algo bastante único”.
Entre estas llamas que arden a la par del corazón de sus personajes, hay un elemento su realizador califica como una gran contradicción de su película. A lo largo del filme, dos de sus protagonistas fuman de forma constante. “Es algo que ‘comparten’ madre e hijo. Es algo que no le gusta que el otro haga pero lo hacen. Es una contradicción que es muy importante para la trama. Buscamos tener este tipo de contrariedades en los que los personajes se vuelven muy humanos y crean un vínculo de aceptación”.
El trabajo en la fotografía de María Sarasvati Herrera y el diseño de arte, a cargo de Federico Cantú terminaron por dar las últimas pinceladas para enmarcar una obra como Blanco de verano. Justamente el título de la cinta proviene de una tonalidad de blanco en el Pantone. “La película inicia con una paleta de colores muy llamativas al interior de la casa”, explica Ruiz Patterson. “Y el blanco de verano es un color que viene cuando este hombre llega a vivir a la casa. Es una de esas metáforas que funcionan mejor con imágenes que con palabras. Él llega y comienza a quitarle el color a la casa. Y la pinta, literalmente, de blanco de verano”.

Un blanco en peligro de extinción
La vida de Blanco de verano inició con una buena recepción en el Festival de Sundance a inicios de 2020. El filme ha recorrido certámenes fílmicos en ciudades como Shanghai, San Diego, Málaga –donde recibió premios a la Mejor película iberoamericana, guion e intérprete de reparto (para Fabián Corres)– o en Lima, donde también recibió un galardón a Mejor guion. El filme llega a nuestro país gracias a la selección oficial del FICM 2020, donde es parte de la selección oficial. Su lanzamiento comercial ocurrirá próximamente gracias a Pimienta Films, responsables de cintas como Somos lo que hay, de Jorge Michel Grau; Heli, de Amat Escalante; Semana Santa, de Alejandra Márquez Abella; Tempestad, de Tatiana Huezo; Pájaros de verano, de Ciro Guerra y Cristina Gallegos y Roma, de Alfonso Cuarón.
Su éxito, sin embargo, es acompañado por un contexto donde el cine mexicano –uno que impulsa las nuevas voces– enfrenta un panorama oscuro que pone en riesgo a los talentos emergentes.La realización de Blanco de verano fue posible gracias a FOPROCINE, Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad que fue extinto a inicios de este año por el gobierno de México. Su extinción, así como la de FIDECINE, es calificada por Rodrigo Ruiz Patterson como algo “muy grave. Esta película hubiera sido imposible filmarla sin el apoyo de FOPROCINE. Es bastante grave que este fideicomiso desaparezca porque, desde mi punto de vista –dejando a un lado toda la gente que vive de la industria que hace posible estos fondos– las películas que se producen con ambos fideicomisos son las que tienen más alta calidad en el país. Me parece bastante grave esta desaparición”.

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La misteriosa mirada del Flamenco – Una charla con su director, Diego Céspedes
El 12 de junio llega a Mubi La misteriosa mirada del Flamenco, el primer largometraje dirigido por Diego Céspedes. Esta producción chilena también fue escrita por Céspedes y se llevó el premio Una cierta mirada en el Festival de Cannes en 2025. Además, también fue premiada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y seleccionada para el de Toronto.
La historia tiene lugar en Chile en 19821 y sigue a Lidia, una niña de 11 años criada por artistas queer en la cantina de un pueblo minero en medio del desierto. Su relación más estrecha es con Flamingo, a quien reconoce como su mamá. Cuando la crisis del sida llega a este aislado lugar, el miedo y la violencia comienzan a apoderarse de sus habitantes. Pero hasta en las circunstancias más adversas, el amor y la comunidad pueden ayudarnos a resistir.
Platicamos con Diego Céspedes sobre su obra. Nos compartió sus inspiraciones, su visión sobre la dualidad de la historia como reflejo de la vida misma, y el rol que juega el realismo mágico en la película.
Hablemos de las dualidades de esta historia. En la película vemos violencia, pero también hay amor; vemos pérdida, pero también celebración. Creo que es una manera muy acertada de abordar una historia queer, porque la experiencia queer no debería ser encasillada en una sola cosa, y debe de tomar en cuenta todo por lo que puede estar conformada. ¿Cómo manejaste ese balance, para poder retratar todos los ángulos de la historia, dándole a cada uno el espacio y el tiempo necesarios?
Creo que fue de una forma muy intuitiva. El discurso más formado de la película se va dando después de la promoción de la película; pero cuando yo escribo y la hago, es de manera muy intuitiva.
Creo que el humor ha sido una base fundamental en la supervivencia de nuestra comunidad. Es una película que no es de una apariencia sesuda, que uno puede disfrutar, se puede reír, puede llorar y puede emocionarse desde distintos lados. Eso es justamente porque la experiencia que yo viví, y la experiencia de las personas que me inspiran a escribir esta película, ha sido así.
Entonces, ese balance entre humor, violencia, amor, ternura, es justamente donde sentía que era el lugar más honesto. Y cuando iba escribiendo el guión, ya tenía mucho de esto, tenía los dos elementos que me parecían reales, fluidos. Después, las chicas en el elenco también me fueron dando sus propias vivencias, y muchas apuntaban al humor y otras eran también oscuridad. Al final, en el montaje, es cuando uno finalmente va balanceando todo esto.

La relación que hay entre Lidia y Flamingo es muy importante y muy tierna; pero la que existe entre Lidia y Mamá Boa es la más cautivante. Es una relación muy compleja que está marcada por el dolor de la pérdida, y también sobre todo por esta lucha entre querer proteger a alguien que al mismo tiempo quiere explorarlo y saberlo todo, no deja de preguntar, así que hay una gran tensión ahí. ¿Cómo construiste esa relación, tanto en el guión como en el trabajo de tus intérpretes?
Soy muy cercano a Paula Dinamarca, quien interpreta a Mamá Boa, entonces fue un personaje súper fácil de escribir. Se inspira no solamente en ella sino también en su abuela y en referentes que nosotros dos teníamos. La siento un poco mamá protectora pero también un poco que a veces la protejo yo. Entonces este juego que tengo con ella en la vida real hizo que escribirlo en Lidia me fuera fácil y me fuera natural.
Además, Paula es un ser muy emocional, pero también muy duro. Tiene esa dualidad. Así que interpretó a Mamá Boa de una manera espectacular, que tiene mucho que ver con ella, con lo que ella es y lo que ella es capaz de representar por sus propios referentes.
Ahora platícanos de los elementos fantásticos que hay en la película. Hay una conexión con la inocencia de Lidia, quien es el personaje a través del cual estamos viendo toda esta historia. Y siendo Latinoamérica un espacio que está tan marcado por el realismo mágico, ¿cuáles fueron las inspiraciones que nutrieron estos elementos en tu película? ¿Cómo fue su inclusión en el guión?
Al principio del guión había mucho más realismo mágico, y fue perdiendo peso porque me fueron llamando más la atención los personajes y las personas que interpretaban a estos personajes. Entonces también es una suerte de balance casi intuitivo de qué debería ir en todos los lugares.
Y creo que el realismo mágico en esta película particularmente es eso, que Lidia responde en su cabeza a las preguntas que no entiende. Cuando no encuentra respuestas y le están hablando de un personaje que quiere, que encuentra hermoso, pero también le están refiriendo a algo sexual y negativo, viene esta imagen de realismo mágico que un poco apunta a cómo se va construyendo lentamente el imaginario de un niño. Que un niño no es que vea un mensaje y lo entienda por completo, es un proceso más lento en su cabeza. Y simplemente en esta película el realismo mágico responde a esa construcción y lo materializa un poco.
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Seminuevos como nuevos: ¿ciencia ficción o realidad?
Cuando alguien menciona que encontró un auto en muy buen estado, con pocos años de uso y un precio muy por debajo de otros similares, lo primero que aparece es la duda. Para mucha gente eso suena demasiado bueno para ser verdad. Sin embargo, en el mercado es perfectamente posible encontrar opciones de seminuevos como nuevos.
Los carros que llegan al mercado de segunda mano en buen estado tienen una explicación detrás, y vale la pena conocerla.
Considera que quizás muchos planes cotidianos se posponen por no tener un auto propio. Ir al cine, llegar a un autocine o reunirte con amigos para ver una serie juntos se podría complicar cuando dependes del transporte público o del aventón de alguien más. Un seminuevo en buenas condiciones y a buen precio puede resolver eso: un auto confiable con el que llegues a donde quieras sin depender de nadie.
Ten presente que hoy existen plataformas especializadas donde puedes comprar carros seminuevos baratos a crédito, con revisiones verificadas y financiamiento de instituciones bancarias reconocidas. No necesitas reunir el valor total del vehículo antes de comprarlo. Cuando eliges esta vía, puedes adquirirlo con un enganche accesible e ir pagando mensualidades que se ajusten a lo que ganas, sin afectar el presupuesto que ya tienes comprometido.
Mucha gente compra un auto nuevo, lo usa con moderación durante un par de años y luego lo vende porque sus circunstancias cambiaron: un traslado al extranjero, necesidades familiares o simplemente el gusto por cambiar de modelo. El auto sale al mercado con kilometraje bajo, sin golpes mayores, con mantenimientos al corriente y a veces con garantía de fábrica todavía activa.
Recuerda que ciertos carros económicos llegan al mercado en condiciones que vale la pena revisar con calma. Cuando se compran a través de plataformas confiables y con procesos serios, el estado en que se encuentran puede ser muy cercano al de un auto nuevo, con un precio bastante menor.
Un auto nuevo pierde una parte de su valor en cuanto sale de la agencia. Ten presente que esa caída en el precio ya la absorbió el propietario anterior cuando el vehículo llega al mercado de carros económicos seminuevos. Tú pagas por lo que el auto vale en ese momento, no por estrenar algo que en el primer año ya habrá bajado bastante.
Muchos de estos vehículos también conservan garantía activa, refacciones fáciles de conseguir y un historial documentado. Cuando eliges una plataforma especializada en seminuevos seria, puedes revisar el historial, comparar opciones y consultar el reporte vehicular antes de decidir, con todo lo que necesitas saber sobre el auto en un mismo lugar.
Considera que un seminuevo bien elegido puede darte un auto con pocos años de uso y en condiciones muy cercanas a las de uno nuevo, a un precio bastante menor. En el mercado de vehículos de segunda mano eso pasa seguido, siempre que sepas dónde buscar y qué revisar.
Además, el financiamiento que ofrecen las plataformas especializadas hace que esa opción sea todavía más accesible. Buscar carros seminuevos baratos con crédito ya no es algo complicado ni exclusivo para quien tiene las finanzas muy acomodadas: algunas de estas plataformas trabajan con instituciones bancarias y han simplificado los requisitos para que más personas puedan acceder. En lugar de pagar todo de una sola vez, vas cubriendo mensualidades que caben en tu presupuesto y no alteras el resto de tus gastos del mes.
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Cine, azar y espectáculo, tres historias donde el juego es parte del relato

El cine siempre ha sentido una fascinación especial por el azar. Desde hace décadas, tanto los directores como los guionistas han utilizado el juego como metáfora del riesgo, del deseo de cambio y de la eterna lucha entre el control y el caos. No es casualidad, porque pocas cosas generan tanta tensión dramática como una carta girándose lentamente, una ruleta deteniéndose o una apuesta que puede cambiarlo todo.
A lo largo de la historia, numerosas películas y series han sabido integrar el casino dentro de sus tramas como un elemento narrativo que define a los personajes, las decisiones y los destinos
Casino Royale y el renacer del espía moderno
Cuando Daniel Craig debutó como James Bond en Casino Royale, la saga dio un giro más oscuro y realista. Lejos del glamour exagerado de entregas anteriores, la película apostó por mostrar a un Bond vulnerable, físico y expuesto al error.
La mítica partida de póker contra Le Chiffre es el corazón emocional del film. Cada apuesta refleja la psicología de los personajes, su capacidad para engañar, resistir la presión y leer al adversario. Aquí, el casino no es un simple escenario lujoso, sino un campo de batalla donde se libra una guerra silenciosa. Este tipo de escenas explican por qué el imaginario del juego sigue tan presente en la cultura popular. Representa decisión, valentía y consecuencias.
Rounders, el lado más humano del póker
Mucho antes de que el póker se convirtiera en un fenómeno televisivo global, Rounders ya mostraba su cara más cruda. La película sigue a jóvenes jugadores que se mueven entre partidas clandestinas, deudas peligrosas y sueños de grandeza.
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Más allá de las cartas, el verdadero tema es la obsesión: personajes que creen haber encontrado en el juego una identidad, una forma de vida, incluso una vía de escape. Esta visión más íntima conecta con quienes ven el azar no solo como entretenimiento, sino como una pasión que puede volverse absorbente.
Peaky Blinders y el negocio detrás del juego
Ambientada en la Inglaterra de entreguerras, Peaky Blinders utiliza las apuestas y las casas de juego como parte esencial del ascenso criminal de la familia Shelby. Aquí, el juego no es un pasatiempo, sino una industria.
Las salas clandestinas, las carreras amañadas y las mesas privadas sirven para mostrar cómo el control del juego equivale al control del poder. Es una representación muy distinta a la de Casino Royale o Rounders, pero igual de poderosa, con el azar como negocio, no como ocio.
El juego como reflejo de nuestra relación con el riesgo
Estas historias, aunque muy distintas entre sí, comparten un punto en común, que es que el juego funciona como espejo de nuestras decisiones. Apostar es elegir. Es aceptar que no todo depende de uno mismo.
Quizá por eso el interés por este tipo de temáticas se mantiene vigente, tanto en el cine como en el entretenimiento digital. Hoy en día, muchas personas juegan a los mejores slots desde una perspectiva más casual, buscando experiencias visuales atractivas y mecánicas que prioricen la diversión por encima de la competición.
Del mismo modo que ocurre con el cine, los jugadores suelen sentirse atraídos por propuestas con identidad, estética cuidada y sensaciones reconocibles, donde valoran además de los premios, el diseño y la experiencia en su conjunto.
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Un vínculo que sigue evolucionando
Desde el blanco y negro hasta las superproducciones actuales, el cine ha sabido adaptar el universo del juego a cada época. A veces lo muestra como un mundo elegante, otras como un entorno peligroso, y en ocasiones como una simple forma de evasión.
Lo interesante es que, más allá de modas, el tema sigue funcionando porque conecta con la emoción de arriesgar, la esperanza de ganar y la tensión de no saber qué ocurrirá en el siguiente instante.
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