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FICM 2020: 499, el conquistador que «descubre» el México moderno

Habiendo naufragado su navío, un militar español ha extraviado los tesoros del Nuevo Continente y ha despertado nuevamente en las costas de Veracruz. Ataviado con su armadura del siglo XVI, decide entonces volver sobre sus pasos hacia Tenochtitlán, pero un paisaje arenoso profanado por basura y una lejana cuatrimoto le dejan en claro que ésta ya no es su época. En la docuficción 499, que llega este fin de semana al Festival Internacional de Cine de Morelia 2020 (FICM 2020), un agente de la Conquista ha viajado en el tiempo hasta el México actual, donde después de casi quinientos años la violencia prevalece.

Dirigida por Rodrigo Reyes, el largometraje 499 arriba a nuestro país un año antes cumplirse el 500 aniversario de la culminación de la Conquista de México, con la caída del imperio azteca. Al definirse como «un híbrido que mezcla la no ficción con elementos dramáticos», la película sigue a este fantasmagórico Conquistador (interpretado por el madrileño Eduardo San Juan Breña) quien emprende de nueva la cuenta la denominada «Ruta de Cortés», pero en el México del siglo XXI.
En su travesía del estado de Veracruz a la moderna Ciudad de México, el barbudo protagonista entra en contacto con una serie de historias que representan algunas de las problemáticas más hirientes de nuestro país, como el asesinato de periodistas, la desaparición forzada y el feminicidio. El altivo soldado, quien en un inicio se muestra indiferente, pronto reflexiona símiles entre el contexto actual y el proceso histórico de la Conquista, además de verse desarmado ante la tragedia que sus oídos perciben.
Tras su paso por el Festival de Tribeca (premio a la mejor fotografía) y el Hot Docs (premio especial de jurado), la película 499 presume su premiere mexicana en el FICM 2020. En entrevista exclusiva con Cine PREMIERE, el director Rodrigo Reyes nos manifiesta su gusto de estar en Morelia, además de compartirnos algunos detalles en torno a ésta, su más reciente docuficción.
499 llega a Morelia en un momento muy particular para el festival, dentro del marco de la contingencia sanitaria. ¿Cómo te sientes de formar parte de esta edición?
Estoy súper contento de poder presentar la película en Morelia. Es su estreno mexicano, entonces es muy significativo que arranquemos con este festival tan importante. Y además es la primera oportunidad de presentar la película con un público en vivo, lo cual no habíamos podido hacer a pesar de que hemos estado en Tribeca y en otros espacios. Es muy lindo que la primera oportunidad surja en México, a pesar de todos los problemas que estamos viviendo este año.

¿Cómo nació la premisa de 499, sobre este Conquistador fuera de tiempo, andando la Ruta de Cortés en pleno siglo XXI? ¿Qué inquietud fundamentó el nacimiento de este proyecto?
Pues se venía encima el aniversario, ¿no? Hace cinco años que imaginamos esta película, pues ya se veían venir estos 500 años [desde la Conquista], bien redonditos y muy importantes. Pero la pregunta era: ¿Cómo haces una película sobre este tema sin caer en lugares comunes o sin reforzar narrativas nacionalistas? ¿Cómo haces algo interesante que nos ayude a aprovechar este aniversario? La idea fundamental era cómo aprovechar este aniversario para reflexionar sobre el presente, y no quedarnos tanto atascados en el pasado. Si recuerdas, en 1992, con los 500 años del mal llamado “Descubrimiento de América”, gran parte de las reflexiones no calaban. Había que recordarle a gobiernos e instituciones que había que hablar de la realidad de hoy. Entonces queríamos seguir un poco esa ruta de “hacker” de alguna manera, darle la vuelta y que nos ayudara a reflexionar sobre las urgencias de hoy.
En otras circunstancias, ¿hubieras querido que la premiere mundial de esta cinta fuera en 2021, bajo el título «500»? ¿O por qué tenía que llamarse 499 y estrenar un año antes del 500° aniversario?
Porque yo creo que justamente ahí sigue la idea de transformar el aniversario y recordarnos que sigue habiendo un trabajo incompleto. Por un lado, las prácticas de violencia y de conquista siguen ahí, siguen en pie. Por otro lado, el proyecto de transformar el país y quizá alcanzar otro futuro permanecen como una posibilidad. Entonces queríamos quitarle ese respeto al aniversario, quitarle esa cifra tan redonda y generar otra provocación. Por eso, cuando el Conquistador viene a conocer el México actual, se ve obligado a hacer cosas que él jamás haría. Él jamás estaría dispuesto a escuchar a ninguna víctima, a ningún sobreviviente. No tenía por qué, y sin embargo en este mundo raro de 499, se ve obligado a tener que escuchar y a seguir esta odisea. Entonces es una oportunidad de colarnos entre las cifras del aniversario y revelar otra realidad.

Tu película presenta estos testimonios que refieren a problemáticas actuales, distintas y profundamente graves. ¿Por qué te decidiste a incluir aquellos testimonios en particular, como el trágico caso de Fátima Quintana?
La película se plantea como una colaboración con las personas reales. Entonces yo me acercaba a ellas después de que me los presentaban amigos periodistas, amigos de confianza, y les iba platicando la tirada de la película, su tesis. Todos los testimonios están sobre la Ruta de Cortés, o sea, sobre el espacio geográfico. Entonces se van revelando estas conexiones del presente y del pasado a través de la violencia. Hablamos mucho con las personas reales, explicándoles la tesis, invitándoles a participar y ya cuando íbamos generando esa colaboración y esa confianza, pasábamos a rodar estas secuencias.
Por ejemplo, al acercarnos a un personaje como Jorge, cuyo padre, Moisés, fue asesinado [un periodista en Veracruz], hablamos bastante por teléfono y luego nos conocimos en persona. Luego rodamos la entrevista pero [el Conquistador] estaba ahí presente escuchando. [Siempre construíamos] a partir de la idea de escuchar. Si nos damos cuenta de los reclamos de muchas víctimas y muchos sobrevivientes en México y en América Latina, lo primero es escuchar: “Escúchennos, escuchen lo que nos está pasando y escuchen lo que queremos cambiar”. Ese acto de escuchar es súper poderoso y por algo no se les escucha, por algo tanta indiferencia, porque ese acto abre la puerta para una transformación radical. Creo que de alguna manera eso llamó mucho la atención a las personas, esta posibilidad de poder dialogar con alguien que representa parte del poder, que es un ladrillo en la pirámide del poder, pero te tiene que escuchar. Tiene que escuchar y algo tiene que aprender de tu testimonio. Eso movió a muchas de esas colaboraciones.
En algunos casos, la interacción de las personas reales con el Conquistador lleva a integrarlos a la ficción. Por ejemplo, figura este exmilitar que simula venderle un arma al personaje. Al momento del rodaje, ¿qué retos hubo para “dirigirlos” y hacerlos parte de la narrativa central?
Muy bien observado. Hay una escena donde está un exmilitar jugando con unas armas y con el Conquistador. Esos juegos se daban precisamente por esa confianza y por este espacio híbrido en el que estábamos, donde la película de repente borra los límites de ficción y documental.
Por ejemplo, la escena del soldado surgía a partir de esa confianza, de esa convivencia con las personas reales y la pregunta era: ¿Qué le quieres tú compartir al Conquistador? ¿Qué quieres que él entienda de tu realidad? ¿Le vas a enseñar las armas del día de hoy o le vas a enseñar el uniforme de tu hijo? ¿O le vas a compartir un poema? Entonces se iban generando diferentes interacciones, muy personales de cada quien y siempre a base de un diálogo. [Por otro lado] yo creo firmemente que en un documental tienes que dirigir, tienes que generar un punto de vista, y cada director tiene su manera de hacerlo, pero eso es lo que más se agradece: que haya un punto de vista, que la película nos lleve a algún sitio, que no se quede solamente en la observación, sino que revele algo de nuestra realidad. Por ejemplo, una cosa que a mí me gusta mucho pensar es que, de alguna manera, lo que hace la película es encarnar a un fantasma cultural que ya tenemos en México. Ya existe este Conquistador y lo que hace la película es darle cuerpo, revelarlo. Entonces eso cobró mucho sentido. Siempre que colaborábamos con la gente, decían: “Órale, pues sí tienes razón. Hay esta ruta y esta conexión con el pasado y jamás había visto mi historia en ese contexto”.

¿Cómo percibes la relación entre las atrocidades cometidas en tiempos de la Conquista y la actualidad? ¿Puede decirse que, aún después de 500 años, aquellas historias del México moderno que rescata tu película son herencia de la Conquista y el colonialismo?
Yo creo que de cierta forma estamos en un proyecto colonial que no ha terminado, que sigue en pie y sigue operando en México. Y no hablo de que vienen los españoles a tratar de controlarnos. No es algo tan sencillo, sino que las herramientas de la Conquista, por ejemplo la censura que imponían los españoles –quemando textos y obligando a que se olvidaran muchas cosas de las culturas originarias– tiene su símil con el asesinato de periodistas que estamos viendo hoy en México. O el uso del terror, de la violencia del terror que usaban los mexicas para imponer su dominio, lo vemos hoy en día con el uso del terror para silenciar a un periodista, para controlar a una comunidad. Yo más bien lo que veo es una transformación de herramientas que, como país, les hemos dado continuidad. Hemos reinventado esta violencia. Pero a la par tampoco creo que estemos condenados a vivir este laberinto de la soledad, el cual es una metáfora muy bonita pero para nada estamos condenados ni obligados a seguir repitiendo estos ciclos. Tenemos toda la posibilidad de romper y de exorcizar nuestros fantasmas. Para mí eso es un poco la coyuntura en la que estamos en México. El cambio se tiene que generar. Tenemos que romper estos ciclos.
Cuéntame un poco sobre el proceso de construir al personaje del Conquistador, quien finalmente no sólo está ahí para escuchar, sino que también presume un cierto arco de transformación. Él aprende y evoluciona durante su trayecto a la Ciudad de México.
Trabajé afortunadamente con una guionista que se llama Lorena Padilla, quien es de Guadalajara. Lorena y yo generamos un guion antes del rodaje. Cada escena tenía una intención pero sobre todo una intención emocional. Entonces en el rodaje íbamos adaptando el guion a las circunstancias. A lo mejor no rodábamos lo que estaba escrito en el guion pero sí la intención. Esas intenciones nos ayudaban a decidir qué hacer durante el viaje del Conquistador. Otra cosa fue que se rodó todo en secuencia cronológica. Empezamos con este performance, este rodaje más de experiencia, de vivir el personaje, de irlo construyendo en orden. En el primer acto, por ejemplo, tenemos la intención de la soberbia, del orgullo del personaje. Entonces todas sus acciones remitían a eso, pero ya sabíamos que en el segundo acto iba a empezar a desmoronarse y a sentir terror, y en el tercero se iba a desesperar. Teníamos estas intenciones y ya durante la filmación con el actor, con Eduardo [San Juan Breña], todo el tiempo estábamos reescribiendo, platicando, inventando nuevos acercamientos al personaje y nuevas pautas. Fue un proceso constante de ir equilibrando todas las herramientas que teníamos a la mano.

Asumida la idea de autoridad que refleja tu personaje, ¿cómo reaccionaban estas personas que brindan su testimonio ante el Conquistador? ¿Había cierto miedo, cierto rencor o siempre hubo mucha apertura de los testigos para contarle sus historias?
Justamente tuvimos suerte de encontrar personas que tenían una gran calidad humana y fueron muy generosas con el personaje, porque comprendieron que no importaba tanto el castigarlo o el tenerle un rencor, sino que él se fuera con un aprendizaje, que él aprendiera algo de cada testimonio. Creo que eso es maravilloso, esta capacidad de perdón y de empatía que nace desde las víctimas sin dejar de exigir que se les escuche. Ese es el camino. Entonces al Conquistador lo trataban así. Sabían que era una persona limitada, prejuiciosa, con muchos errores, pero que también por eso mismo tenía que escucharlos, por eso tenía que estar presente ahí y recibir algo de cada persona. Y luego todo eso, después del montaje, ayuda mucho a estructurar la película y a generar la voz en off, esta voz en off de los pensamientos del Conquistador, quien está a la vez tratando de escribir su historia. Está tratando de escribir una epopeya como las que escribieron en vida real tantos Conquistadores, las Crónicas de Indias. Él trata de escribirla también, se pone al lado de Cortés, [afirma que] él conocía a la Malinche y todo esto. Él trata de escribirse a sí mismo como una parte importante de la historia pero poco a poco su versión se va desvaneciendo, se va desmoronando, porque tiene que enfrentar esta realidad y las consecuencias de lo que él ayudó a generar.
De esta película, me quedo con la búsqueda de empatía, de saber escuchar al otro. El Conquistador finalmente se lamenta por someter y esclavizar a “mis hermanos”, como los llama, pero su destino irremediablemente adquiere un halo de amargura…
Sí, tiene que achicarse el Conquistador y aprender a borrarse porque de alguna manera su ideología tiene que deshacerse. Tiene que quemarse toda la ideología colonialista y construirse desde cero. Lo curioso es que en la investigación de esta película, que duró años, fue muy claro que en la época de la Conquista ya existía esta reflexión que criticaba los abusos y los errores de ese proceso. Ya había muchos curas en particular que señalaban, criticaban y abogaban por otro modelo, por respetar más los derechos de los pueblos originarios. Ya había estas críticas y no las quisieron escuchar muchos de ellos, como el Conquistador.

499 es una de tantas producciones fílmicas que se han consolidado gracias a los fideicomisos, los cuales están cada vez más cerca de su extinción. ¿Qué opinión te merecen las recientes medidas gubernamentales?
499 es una película guerrera. Recibió el Foprocine. Con el Foprocine y el apoyo de Sundance y Tribeca, hicimos la película, además de con fondos míos y de los productores Inti Cordera y Andrew Houchens. O sea, ¿dónde está ahí el esquilme? ¿Dónde está la corrupción en una película que se hizo con muchas agallas y muchas ganas? Yo creo que estos fondos son fundamentales. Mis últimas dos películas también cuentan con el Foprocine. Nadie se está haciendo rico con un fideicomiso en el cine, por lo menos entre los directores que conozco. Todos están chambeando con lo que pueden y estirando cada peso que se les otorga para hacer grandes películas que nos han ganado reconocimientos a nivel México por todo el mundo. Se ha alzado en alto el nombre del cine mexicano. Hemos incidido, hemos sido influencia, estamos en la conversación de la cultura del cine a nivel global gracias a los fideicomisos. Entonces de alguna manera tienen que reconstruirse y reponerse si hace falta que implementen alguna medida de seguridad o de revisión. Adelante, pero lo que no puede ocurrir es que de repente desaparezcan estos fondos que en realidad nos ayudan a sobrevivir, y no a nosotros como personas sino a nuestras películas. Cuesta tanto hacer una película en términos de tiempo y esfuerzo que estos fondos, yo creo, son fundamentales para llegar a la meta.
El largometraje 499 puede verse gratuitamente en línea, a través de Cinépolis KLIC, hasta las 13:30 horas del domingo 1 de noviembre.
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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