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A su ritmo

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El cantante venezolano Lasso presenta “Vamos a mi ritmo”, nuevo sencillo que lanzó a dueto con Isabela Souza. Vía telefónica, el compositor platicó sobre los orígenes de este tema: “Es una canción que escribí en agosto del año pasado. En principio no estaba pensada como sencillo pero vimos que tenía algo de potencial. Habla de dos personas que se gustan, quieren estar juntos, pero cada quien va a su ritmo”.

La colaboración con la brasileña Isabela Souza surgió por parte de la disquera: “Me mostraron su perfil para ver qué me parecía. Tiene este tinte caribeño, le sale ese tumbao brasileño que yo nunca voy a tener. Cuando estaba en el estudio escuchando me di cuenta de que era perfecto”.

La canción fue producida por George Noriega: “Arrancó como una canción más acústica de lo que terminó. Tiene una vibra de flamenco que antes no tenía. La voz de Isabela le da una simpleza que le faltaba. Como el título, vamos a un ritmo”.

El tema forma parte de su próxima producción, “4 Estaciones”, compuesta por cuatro secciones de temas: “Es una metáfora de una relación en cada una de las estaciones. La primavera representa nuevos comienzos, por ejemplo, descubrir, nacimientos. Aplicado a una relación es igual, comenzamos, no sabemos si quiere algo”.

Del resto de las partes, que lanzará próximamente, adelantó: “En verano es el punto más alto, la abundancia, todo está bien. Las canciones reflejan lo mismo. En otoño empieza a haber miedo, inseguridad, resquebrajamiento de la relación. Invierno es cuando todo se derrumba”.

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Aunque todavía no hará públicos los nombres, el Lasso afirmó que hay más colaboraciones en puerta. Sobre los duetos, el cantante comentó que cada artista aporta algo diferente. Como ejemplo recordó su trabajo con Cami: “Una voz que expresa mucha rabia, mucha fuerza, muy diferente a Isa”.

Para Lasso, la idea de invitar a otros artistas es “que sumen, que seamos mucho más que lo que eran, antes de pensar si es grande”.

Los planes de Lasso para este 2020 incluían una presentación en el Lunario del Auditorio Nacional en mayo, show que tuvo que reagendar por la contingencia sanitaria. Para el músico, es tiempo de sembrar arte: “La gente sigue consumiendo música, es una escapatoria. Nos toca hacer contenido, crear la mayor cantidad de temas. Es lo irónico del caso: La cuarentena nos hace meternos en casa, pero al mismo tiempo nos une. Hay más colaboraciones, gente haciendo conciertos en línea”.

Además de los conciertos, donde entra en contacto con la gente, el músico ha recibido la aprobación de la industria a través de los premios, algo que comparte con su equipo de trabajo:

“Para mí los premios no son para el artista: son para el equipo. Hay mucha gente que uno no ve, pero son artífices del reconocimiento”.

SABER MÁS

Se pone al día

Una práctica común de Lasso como melómano y como artista es escuchar las novedades: “Tiendo a escuchar la lista de novedades de Spotify todos los viernes, para ver de qué hablan los artistas, qué nuevos sonidos hay. Muchas veces se escribe de lo mismo, que si el amor, el corazón roto, cortejar a alguien, pero siempre está la manera original de darle la vuelta. Me apasiona cuando encuentro cómo le dan un giro sorprendente”.

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Guadalajara: Invitan a la muestra fotográfica “Músicos de a pie” en el Edificio Arroniz

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Este pasado 12 de febrero se llevó a cabo la inauguración de la exposición “Músicos de a pie: Un viaje fotográfico por la música popular mexicana”, del fotógrafo Mariano Aparicio en la galería del Edificio Arroniz. 

“Música de a pie” es una reunión de los acordes que se escuchan en mercados, tianguis, plazas, el transporte público y las calles de la ciudad. La apertura incluyó un conversatorio en el Salón Principal con la participación del autor, acompañado por el poeta Luis Vicente de Aguinaga, Cornelio García y la música Sara Valenzuela, en un diálogo que abordó el proceso creativo y el alcance social del proyecto.

Lee: Descartan investigación contra comisario de Ameca vinculado al exalcalde de Tequila

Acerca de “Músicos de a pie”

La muestra reúne 35 fotografías en blanco y negro que retratan a músicos populares en su entorno cotidiano.

“Músicos de a pie” deriva del libro homónimo impulsado por la Fundación Cultural Konsulta, con apoyo de la Universidad de Guadalajara y la Secretaría de Cultura estatal. 

El volumen amplía el registro visual con 20 textos de autores como Martín Solares, Carmen Villoro y Bernardo Esquinca, quienes dialogan con las imágenes desde la crónica, el ensayo y la ficción breve. Cada pieza literaria cuenta, además, con una adaptación sonora producida por Salvador López, disponible en plataformas digitales.

Con una trayectoria internacional, Aparicio fue miembro fundador de los diarios Siglo 21 y Público. Su trabajo ha sido publicado en medios como Time, Newsweek, El País y The Dallas Morning News.

La exposición podrá visitarse de manera gratuita de lunes a viernes, de 9:00 a 17:00 horas, en la galería de planta baja del Edificio Arroniz.

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Música: Cuca, 36 años de hacer rock con furia

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En una sala de ensayo tapizada de historia musical -donde los muros parecen amplificadores visuales cubiertos de pósters de AC/DC, The Who, Black Sabbath, Queen y Alice Cooper- tres figuras con lentes oscuros reciben la tarde como si fuera parte del ritual. Son José Fors, Carlos Avilez y Nacho “El Implacable” González, que este 7 de marzo celebrarán 36 años de trayectoria en el Teatro Estudio Cavaret. El ambiente huele a cables y distorsión: un santuario donde el tiempo parece no avanzar y el rock tampoco envejece.

La conversación con EL INFORMADOR arranca con la pregunta inevitable: ¿cómo se siente una banda que, tras modas, géneros y revoluciones musicales, sigue de pie? Fors responde con voz serena pero firme, como si cada palabra estuviera afinada: “Son 36 años de rock and roll, creo que es lo que nos ha mantenido unidos como músicos. Un amor muy especial hacia el rock pesado que sabemos que no hay muchas bandas en México que le entren a este género… también ahí hemos tenido el ejército al lado de nosotros, muy agradecidos a todos los fans”.

El azar como brújula

Para Avilez, el secreto está en la espontaneidad. “En realidad nunca fue del todo planeado. Cuando Cuca empezaba queríamos ir en una dirección y terminamos yendo en otra. Todo se fue dando de manera más bien espontánea… el público, el contrato con la disquera. Hemos sido muy afortunados, 36 años tocando el mismo viejo rock and roll y todavía aquí en la batalla”.

Esa naturalidad se vuelve hilo conductor en su historia. Desde los primeros ensayos hasta los discos y giras, el grupo nunca persiguió tendencias; más bien, dejó que el camino los encontrara. Quizá por eso su permanencia resulta atípica en una industria donde los estilos se consumen con rapidez.

Cuando el rock era cuesta arriba

Nacho González recuerda los finales de los ochenta y principios de los noventa como una época áspera para el género. “El rock and roll le era difícil, siempre ha sido difícil porque no había tantos lugares para tocar… los lugares pequeños muy mal pagados y los grandes difíciles de entrar. Era un reto grabar porque no cualquiera grababa en esa época”.

El impulso llegó gracias a coincidencias decisivas: músicos que llevaron sus demos, aliados inesperados y oídos atentos dentro de la disquera Culebra. “Les encantó el pedo y salimos La Casta, Santa Sabina, Cuca y La Lupita. Esa época estuvo muy chida porque era una gira de medios desde el Norte hacia el Sur y había mucha difusión”.

Fors complementa la memoria con una escena primaria del nacimiento de la banda. “Platicábamos Carlos y yo, decíamos: ¿dónde está el rock and roll de AC/DC, de Deep Purple, de Black Sabbath, de Led Zeppelin? Quién sabe dónde esté, pero está aquí, hay que sacarlo”.

Aquella convicción definió el ADN del grupo: rock clásico con voz propia, sin concesiones al brillo fácil.

Personajes que nacieron de la calle

Las letras irreverentes y los personajes que habitan sus canciones no surgieron de la vida cotidiana. Fors lo cuenta con humor. “El mamón de la pistola lo viví en una farmacia, un cuate me enseñó la pistola porque según él lo vi feo… también pienso mucho en los chistes de Pepito para hacer las canciones”. 

Influencias como Frank Zappa e Iggy Pop le enseñaron a escribir “sin pelos en la lengua”, cuidando incluso la musicalidad de las palabras.

González recuerda el momento en que escuchó por primera vez aquellas composiciones ya terminadas. “Oí ‘La pucha asesina’ y dije: ‘Wow, esto va más allá de lo que imaginé’. Fue un encantamiento mágico”. 

La rapidez con que trabajaban entonces -grabando bases un día y escuchando canciones completas al siguiente- marcó el tono de una etapa creativa explosiva.

El sonido del ataque

El bajo de Avilez, grave y rugoso, es parte esencial de la identidad sonora del grupo. Su origen fue una circunstancia doméstica. “El primer bajo que tuve me lo regaló mi mamá y tenía las cuerdas muy levantadas. Había que darle mucho ataque para que sonara, cuando pude comprar un buen bajo ya tenía la costumbre. Se quedó sin querer como un estilo”.

Ese concepto del ataque -la fuerza física aplicada al instrumento- terminó siendo un rasgo compartido. “Todos teníamos mucho ataque. Nacho es el baterista más poderoso… la potencia de la voz no se discute. Íbamos por la misma línea sin decirlo”.

Canciones que sobreviven a la banda

La conversación se acerca al final con una idea que mezcla orgullo y resignación: la certeza de que las canciones vivirán más allá de quienes las tocaron. “Cuca ha sido una banda intermitente y en esas pausas no falta la banda de covers tocando canciones, no falta la rocola en el bar. Eso es lo que va a permanecer finalmente: la música”.

Fors sonríe y añade una observación que parece un premio invisible. “Lo más bonito es que el público se sigue viendo joven, la mayor parte tiene menos edad que Cuca”.

Cuando termina la charla, los músicos regresan a sus instrumentos. La puerta se cierra y el ensayo comienza. Antes de despedirse, prometen que el concierto durará no menos de dos horas.

Mirar atrás para seguir adelante

Aunque siguen activos, los integrantes reconocen su gusto por el pasado musical. “Somos muy retro y nos gusta mucho la onda de los 70 para atrás, fácil el 80% de lo que escuchamos es música de esos tiempos”, dice Avilez. Según él, el rock vive ahora en una especie de subsuelo cultural: emerge, se vuelve moda y luego regresa a la oscuridad, “como las cucarachas”.

Fors coincide y añade una reflexión sobre la era digital. “Extraño los acetatos, el CD, el objeto, ahorita hay tanta información y tantas bandas que es difícil estar al día. Somos retro y seguimos escuchando las bandas con las que iniciamos”. Para ellos, la raíz sigue siendo el blues y el rock and roll clásico, la materia prima de cualquier innovación.

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Música: Cuca, 36 años de hacer rock con furia

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En una sala de ensayo tapizada de historia musical -donde los muros parecen amplificadores visuales cubiertos de pósters de AC/DC, The Who, Black Sabbath, Queen y Alice Cooper- tres figuras con lentes oscuros reciben la tarde como si fuera parte del ritual. Son José Fors, Carlos Avilez y Nacho “El Implacable” González, que este 7 de marzo celebrarán 36 años de trayectoria en el Teatro Estudio Cavaret. El ambiente huele a cables y distorsión: un santuario donde el tiempo parece no avanzar y el rock tampoco envejece.

La conversación con EL INFORMADOR arranca con la pregunta inevitable: ¿cómo se siente una banda que, tras modas, géneros y revoluciones musicales, sigue de pie? Fors responde con voz serena pero firme, como si cada palabra estuviera afinada: “Son 36 años de rock and roll, creo que es lo que nos ha mantenido unidos como músicos. Un amor muy especial hacia el rock pesado que sabemos que no hay muchas bandas en México que le entren a este género… también ahí hemos tenido el ejército al lado de nosotros, muy agradecidos a todos los fans”.

El azar como brújula

Para Avilez, el secreto está en la espontaneidad. “En realidad nunca fue del todo planeado. Cuando Cuca empezaba queríamos ir en una dirección y terminamos yendo en otra. Todo se fue dando de manera más bien espontánea… el público, el contrato con la disquera. Hemos sido muy afortunados, 36 años tocando el mismo viejo rock and roll y todavía aquí en la batalla”.

Esa naturalidad se vuelve hilo conductor en su historia. Desde los primeros ensayos hasta los discos y giras, el grupo nunca persiguió tendencias; más bien, dejó que el camino los encontrara. Quizá por eso su permanencia resulta atípica en una industria donde los estilos se consumen con rapidez.

Cuando el rock era cuesta arriba

Nacho González recuerda los finales de los ochenta y principios de los noventa como una época áspera para el género. “El rock and roll le era difícil, siempre ha sido difícil porque no había tantos lugares para tocar… los lugares pequeños muy mal pagados y los grandes difíciles de entrar. Era un reto grabar porque no cualquiera grababa en esa época”.

El impulso llegó gracias a coincidencias decisivas: músicos que llevaron sus demos, aliados inesperados y oídos atentos dentro de la disquera Culebra. “Les encantó el pedo y salimos La Casta, Santa Sabina, Cuca y La Lupita. Esa época estuvo muy chida porque era una gira de medios desde el Norte hacia el Sur y había mucha difusión”.

Fors complementa la memoria con una escena primaria del nacimiento de la banda. “Platicábamos Carlos y yo, decíamos: ¿dónde está el rock and roll de AC/DC, de Deep Purple, de Black Sabbath, de Led Zeppelin? Quién sabe dónde esté, pero está aquí, hay que sacarlo”.

Aquella convicción definió el ADN del grupo: rock clásico con voz propia, sin concesiones al brillo fácil.

Personajes que nacieron de la calle

Las letras irreverentes y los personajes que habitan sus canciones no surgieron de la vida cotidiana. Fors lo cuenta con humor. “El mamón de la pistola lo viví en una farmacia, un cuate me enseñó la pistola porque según él lo vi feo… también pienso mucho en los chistes de Pepito para hacer las canciones”. 

Influencias como Frank Zappa e Iggy Pop le enseñaron a escribir “sin pelos en la lengua”, cuidando incluso la musicalidad de las palabras.

González recuerda el momento en que escuchó por primera vez aquellas composiciones ya terminadas. “Oí ‘La pucha asesina’ y dije: ‘Wow, esto va más allá de lo que imaginé’. Fue un encantamiento mágico”. 

La rapidez con que trabajaban entonces -grabando bases un día y escuchando canciones completas al siguiente- marcó el tono de una etapa creativa explosiva.

El sonido del ataque

El bajo de Avilez, grave y rugoso, es parte esencial de la identidad sonora del grupo. Su origen fue una circunstancia doméstica. “El primer bajo que tuve me lo regaló mi mamá y tenía las cuerdas muy levantadas. Había que darle mucho ataque para que sonara, cuando pude comprar un buen bajo ya tenía la costumbre. Se quedó sin querer como un estilo”.

Ese concepto del ataque -la fuerza física aplicada al instrumento- terminó siendo un rasgo compartido. “Todos teníamos mucho ataque. Nacho es el baterista más poderoso… la potencia de la voz no se discute. Íbamos por la misma línea sin decirlo”.

Canciones que sobreviven a la banda

La conversación se acerca al final con una idea que mezcla orgullo y resignación: la certeza de que las canciones vivirán más allá de quienes las tocaron. “Cuca ha sido una banda intermitente y en esas pausas no falta la banda de covers tocando canciones, no falta la rocola en el bar. Eso es lo que va a permanecer finalmente: la música”.

Fors sonríe y añade una observación que parece un premio invisible. “Lo más bonito es que el público se sigue viendo joven, la mayor parte tiene menos edad que Cuca”.

Cuando termina la charla, los músicos regresan a sus instrumentos. La puerta se cierra y el ensayo comienza. Antes de despedirse, prometen que el concierto durará no menos de dos horas.

Mirar atrás para seguir adelante

Aunque siguen activos, los integrantes reconocen su gusto por el pasado musical. “Somos muy retro y nos gusta mucho la onda de los 70 para atrás, fácil el 80% de lo que escuchamos es música de esos tiempos”, dice Avilez. Según él, el rock vive ahora en una especie de subsuelo cultural: emerge, se vuelve moda y luego regresa a la oscuridad, “como las cucarachas”.

Fors coincide y añade una reflexión sobre la era digital. “Extraño los acetatos, el CD, el objeto, ahorita hay tanta información y tantas bandas que es difícil estar al día. Somos retro y seguimos escuchando las bandas con las que iniciamos”. Para ellos, la raíz sigue siendo el blues y el rock and roll clásico, la materia prima de cualquier innovación.

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