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¿Y si las constantes del universo no son tan constantes? Hemos dado un importante paso para saberlo. La clave está en el reloj nuclear

Los relojes atómicos han supuesto un antes y un después en nuestra capacidad para medir el tiempo de forma ultraprecisa. Este tipo de relojes son precisos a tal nivel que algunos de los más exactos se desacompasarían en menos de un segundo en el tiempo en el que el universo lleva existiendo. A pesar de ello, estos relojes no son lo suficientemente precisos para resolver una de las incógnitas más importantes en la física.
Más cerca del reloj nuclear. Ahora sin embargo nos encontramos un poco más cerca de lograr un hito que nos puede abrir la puerta a resolver este tipo de dudas, los relojes nucleares. Estos relojes nos permitirán avanzar varios órdenes de magnitud en la creación de aparatos de medición del tiempo, relojes ultraprecisos para indagar en la nueva física.
Del atómico al nuclear. La nomenclatura puede llevar a confusión, y es que cuando hablamos de relojes atómicos y relojes nucleares no estamos hablando de la misma tecnología. Mientras que el mecanismo de los relojes atómicos depende del estado de excitación de los electrones del átomo; en los relojes nucleares, este depende de las partículas en en núcleo. Como su propio nombre indica.
Los relojes atómicos dependen de las transiciones en el estado de sus electrones. Cuando estos absorben energía, pueden dar “saltos” en su estado. Saltos que pueden revertirse, solo que cuando esto ocurre, es el electrón el que emite energía en forma de radiación electromagnética.
Algo similar ocurre en el núcleo de los átomos, solo que, al estar el núcleo más aislado de otras interacciones físicas exteriores al átomo, las transiciones de sus partículas subatómicas resultarían aún más precisas y fiables que las que se dan en la “coraza” atómica formada por los electrones.
Torio-229. Para hacer que un reloj nuclear funcione, necesitamos también transferir energía al átomo, a su núcleo, claro. Cuando golpeamos el núcleo con una frecuencia específica de radiación electromagnética, podemos cambiar su estado energético, como si de un interruptor se tratara. Los relojes nucleares, como los atómicos, tendrían solo que ir contando los cambios energéticos en este contexto.
El problema es que causar estos saltos en el núcleo atómico es, también más difícil. La principal dificultad está en lograr excitar los núcleos atómicos lo suficiente como para provocar los “saltos”. Para ello debemos golpear estos núcleos con rayos X coherentes, un tipo de rayos X de alta frecuencia y por consiguiente de alta energía. Tanta que, en general no disponemos de los instrumentos necesarios para producirlos.
“En general”. Y es que, como ocurre con los electrones, no todos estos “saltos” requieren la misma energía. Hace casi medio siglo, unos investigadores se dieron cuenta de que los núcleos atómicos del isótopo Torio-229 (229Th) contaba con un un salto que requería la energía equivalente a la de la luz ultravioleta. Al requerir menos energía, construir un láser capaz de transferir la energía al núcleo, se tornaba en algo factible.
Medio siglo de trabajo. La “transición nuclear” del torio fue descubierta en 1976. Pero aquello fue solo el principio. Y es que no sería hasta 2016 que lograríamos observarla y medirla. Medirla es clave, ya que si queremos forzar la transición debemos saber la frecuencia exacta con la que tenemos que “bombardear” el núcleo atómico de este isótopo para poder forzarla y activar el proceso.
¿Cómo de cerca estamos realmente? Hace unos meses, un grupo de investigadores puso a prueba algunos de los elementos clave detrás de esta tecnología, lo que nos permite hacernos una idea de lo cerca que nos encontramos de poder crear un reloj nuclear basado en el 229Th.
El equipo puso a prueba un láser ultravioleta capaz de crear la energía precisa para forzar los saltos en el estado del núcleo. También estudió una “rejilla de frecuencias” para poder medir directamente estos saltos. Además, también estudiaron de nuevo la propia transición del torio-229.
Los detalles del estudio fueron publicados en un artículo en la revista Nature.
De la materia oscura a las constantes universales. ¿Y todo esto para qué? ¿Acaso necesitamos realmente relojes más precisos que los atómicos? Lo cierto es que esta nueva tecnología tendría importantes beneficios, primero para la comunidad científica, pero también para el conjunto de los ciudadanos.
Estos relojes podrán ayudarnos a mejorar tecnologías como el GPS y otros sistemas de navegación; y también la sincronización de internet global, haciendo la conexión también más rápida y las comunicaciones más seguras.
También nos abriría la puerta a mediciones más precisas que nos ayuden a aclarar algunos de los misterios que persiguen a los físicos como el de la materia oscura. Quizá más importante, estos relojes podrían ayudarnos a desarrollar experimentos que resuelvan una de las dudas más importantes de la física, la de si las constantes universales son realmente constantes y no cambian dependiendo de factores como la edad del universo o el marco de referencia en el que nos hallemos, como hasta ahora asumimos.
En Xataka | Los cosmólogos tienen cada vez más claro de dónde salen las partículas más energéticas del universo
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qué hacer ahora que puede levantar las restricciones por la sequía

La cifra mágica es esta: 365 hm3 de agua. Es decir, los embalses de las cuencas del Ter y el Llobregat han superado el 60% de sus reservas y eso significa que se cumplen las condiciones que permiten levantar la alerta por sequía.
Mientras todas las miradas están puestas en el 8 de abril (cuando se reúne la comisión intergubernamental que puede levantarla), Barcelona se prepara para una de las decisiones claves de los próximos años: “¿cómo salimos de la alarma hídrica sin hipotacer nuestro futuro?”
La sequía más prolongada de la historia moderna. Al menos en Cataluña. De hecho, pese a las lluvias de las últimas semanas, las cicatrices de la sequía siguen afectando a amplias zonas de la comunidad. El mejor ejemplo son los avellanos del Camp de Tarragona que se están muriendo por la salinidad de los pozos y la falta de depuradoras.
…pero está llegando al final. Los embalses del Ter acumulan 202 hm3 (el 50%) y los del Llobregat, 162 hm3 (el 76%). En ambas cuencas se han superado los límites para levantar la alarma (180 en el primero y 100 en el segundo). Además, se han recuperado los caudales y, aunque no caiga una gota más de agua en todo el año, se ha garantizado ya el suministro de agua para todo 2025.
Parece cuestión de tiempo que las cuencas vuelvan a la normalidad.
Prudencia. Esa es la palabra que más se repite en el Govern y suena bien, pero tenemos suficiente experiencia para saber que la prudencia no es suficiente cuando hablamos de gestión hídrica.
Desde hace más de 30 años, la prudencia siempre ha tenido letra pequeña. Como explicaban en Datadista, “desde la profunda sequía de los años noventa, cada periodo seco ha servido para implantar medidas de emergencia o permitir prácticas que no se eliminaron al volver las lluvias, [sino que] se emplearon para ampliar regadíos, aumentando el problema de sobreexplotación y contaminación de acuíferos y los humedales a los que alimentan”.
La decisión más importante para el futuro. Un futuro que, pese a meses como este, parece bastante claro: habrá zonas del país donde cambiará radicalmente la distribución de las lluvias a lo largo del año y otras en las que las precipitaciones bajarán.
Incluso aunque las predicciones de los últimos días se cumplan y abril también sea un mes más húmedo de lo normal, la sequía va a llegar. Por ahora, las infraestructuras van a seguir adelante y los cambios de gestión para ganar “31 hm3 adicionales” también. La duda es a qué se van a dedicar esos hectómetros. Y Cataluña debe decidir si quiere estar más preparada o, una vez más, va a dejar el problema a los siguientes.
Imagen | Copernicus
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Las montañas de Aragón están plagadas de cruces cristianas. Ahora hay una batalla por derribarlas o mantenerlas

Aragón vive su peculiar “guerra de las cruces”. Una que ha empezado en los montes de la región, ha saltado a las administraciones y amenaza con terminar en los juzgados. Y todo a raíz de un crucifijo de varios metros instalado en la Sierra de Albarracín, una construcción que ha dividido a parte de la clase política y sociedad aragonesa: para unos es un símbolo que debe preservarse por su valor patrimonial, histórico y simbólico; para otros, un elemento que debe retirarse por representar un peligro o directamente chocar con la aconfesionalidad del Estado.
El debate está servido.
El inicio de todo, un rayo. Si Aragón afronta desde hace unas semanas su particular “batalla de las cruces” es por un rayo. Hace unos meses, en septiembre de 2024, la Sierra de Albarracín sufrió una tormenta que afectó a la cruz de Bezas, un monumento de varios metros de altura y varios escalones situado en lo alto de un peñasco. La cruz no se cayó, pero sí se vio afectada por un rayo que, precisa Diario de Teruel, rompió parte del hormigón y dio un susto a un guardia.
¿Qué pasó? El episodio supuso un problema por varias razones. Supuestamente el rayo astilló parte de la piedra que recubre la estructura metálica de la cruz y los fragmentos cayeron cerca de un vigilante. Suficiente para que el Servicio Provincial de Medio Ambiente enviara una carta al Ayuntamiento en la que planteaba retirar el monumento. Entre otras razones alegaba que actúa de pararrayos durante las tormentas, un riesgo que podría aumentar ahora que su metal queda al aire.
“Un riesgo medioambiental”. El informe regional en el que se argumentaba que la cruz representa “un riesgo medioambiental” convenció al Consistorio, que dio luz verde al derribo. Más allá del peligro que pueda representar, la cruz es popular en la zona (da nombre al peñasco sobre la que se levantó), pero no es especialmente antigua ni hay una unanimidad clara sobre su valor histórico.
El monumento se instaló en julio de 1939, en recuerdo del Batallón 135 Bailén, pero Alfonso Casas, experto en la guerra civil española, explicaba hace poco en una entrevista con Diario de Teruel que a su parecer “no es propiamente un vestigio de la guerra”. Es más, en su opinión tampoco tiene un valor artístico especial.
Y llegó el debate. No todos opinan igual. La decisión de derribar la cruz no gustó por ejemplo a Abogados Cristianos, que hace unos días presentó un recurso ante el Juzgado Contencioso-Administrativo de Teruel. Su argumento es simple: la cruz lleva varias décadas en el mismo estado (presentaron un vídeo en el que aseguran que puede verse cómo en los 80 la estructura ya tenía los mimos desperfectos que ahora se achacan al rayo), por lo que no hay motivos para retirarla de la peña.
“Este monumento, erigido en 1939, alcanza los tres metros con la peana y es un importante símbolo de cristiandad en el valle”, resaltala entidad, que se queja de que “todo lo que recuerda que España es y debe permanecer católica” produce “una extraña urticaria” en las instituciones. Para reforzar su reclamación ha iniciado además una recogida de firmas que respaldada por más de 13.300 personas.
Más allá de la cruz de Bezas. Hasta aquí el caso es interesante pero afecta básicamente al municipio de Bezas y sus vecinos. Si ha llamado la atención de medios estatales es porque el debate ha escalado y aquel rayo de septiembre ha puesto en el punto de mira otros monumentos de carácter religioso repartidos por las montañas aragonesas. Uno de los actores clave de ese debate ha sido Vox, que ha aprovechado para ir más allá de la decisión de derribo de Bezas.
Su portavoz en las Cortes de Aragón, Alejandro Nolasco, ha avanzado dos decisiones del partido. Primero, reclamar en los juzgados que se mantenga la cruz de Bezas. Segundo, impulsar una iniciativa para que “todos los bienes históricos y artísticos que los talibanes del PP y PSOE quieren destruir” sean declarados BIC. “Vamos a vivir tiempos en los que las cruces se van a derribar poniendo excusas medioambientales, paisajísticas. Eso sí, vía libre para molinos y placas”.
“Contribuye a la degradación”. Vox ya se ha propuesto lograr la etiqueta (y blindaje) de BIC para monumentos situados en el pueblo viejo de Belchite, los pinares de Venecia, Monzón, Barbastro o Teruel, donde quiere protección también para la cruz situada en la plaza del seminario. Sin embargo se ha encontrado con otro colectivo que aboga por algo muy distinto: el Movimiento Hacia un Estado Laico (MHUEL). De hecho la entidad ha lanzado una campaña para exigir la retirada de símbolos religiosos repartidos por las cumbres de Aragón.
“Las montañas aragonesas son espacios frágiles que ya sufren una fuerte presión por la actividad humana”, argumenta la asociación, que insiste en que la presencia de cruces metálicas afecta al ecosistema y son un peligro para los excursionistas, sobre todo durante las tormentas. “La instalación de elementos artificiales contribuye a la degradación de estos espacios, muchos catalogados”.
El gran debate de fondo. No es el único argumento que esgrime MHUEL, que apunta también al gran debate de fondo: los símbolos religiosos en plena montaña. “La presencia de símbolos cristianos en espacios naturales públicos contraviene el principio de aconfesionalidad del Estado recogido en nuestra Constitución”, zanja: “Las montañas son patrimonio de todos los ciudadanos, independientemente de sus creencias, y deben mantenerse libres de símbolos religiosos que representan solo a una parte”. De ahí que la entidad abogue por extender el criterio de Bezas.
Pero… ¿Cuántas hay? Buena pregunta, difícil respuesta. La de Bezas no es la única cruz que corona peñascos o cimas. En la Peña Oroel hay otra muy popular, igual que la de la de la cima del Aneto, que saltó a los medios en 2013 después de que el Ayuntamiento de Benasque decidiese retirarla para repararla. En 2024 Hoy Aragón precisaba que en las montañas hay diferentes tipos de cruces con un valor religioso o civil, desde indicadores de santuarios o ermitas a guías para peregrinos, homenajes a fallecidos o conmemoraciones de acciones bélicas.
El Sistema de Información del Patrimonio Aragonés (SIPCA) precisa que hay cientos de cruces de término y peirones repartidos por la comunidad. En concreto durante las dos primeras fases del inventariado ha sumado 800 construcciones de ambos tipo en Zaragoza y parte de Huesca, aunque las “cruces de término” tienen peculiaridades que la diferencian a priori de la de Bezas. Para empezar tienen la categoría de BIC, reconocida en el BOE, y el propio Sipca las considera “un elemento crucial en la configuración histórica de nuestro paisaje”.
Imágenes | Ayuntamiento de Bezas
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la compañía ya ha empezado a limitar el acceso

En las últimas horas, las redes sociales se han llenado de imágenes generadas por inteligencia artificial con estilos visuales tan reconocibles como espectaculares. Hay reinterpretaciones de escenas históricas al estilo Studio Ghibli, vacaciones que parecen sets de LEGO o retratos convertidos en personajes de los Muppets. También hay versiones en Pixel Art. Todo con un nivel de detalle sorprendente.
Detrás de esta fiebre está ChatGPT. La última función del popular chatbot de OpenAI permite generar imágenes en segundos simplemente indicando un estilo visual. Puedes partir de cero o usar una foto como referencia, y el resultado parece sacado de una película de animación.
Tanta magia tiene un coste. La demanda ha crecido tanto que los servidores de OpenAI están notando la presión. “Es muy divertido ver a la gente amar las imágenes en ChatGPT, pero nuestras GPU se están derritiendo”, ha dicho Sam Altman, CEO de OpenAI.
OpenAI responde con limitaciones temporales. Para evitar una sobrecarga mayor, la compañía ha comenzado a imponer límites de uso. El sistema podría tardar más en generar imágenes o directamente rechazarlas, incluso si en condiciones normales estarían permitidas.
Solo para usuarios de pago (por ahora). Por el momento, esta función está reservada para quienes tienen una suscripción de pago, como ChatGPT Plus o ChatGPT Pro. Los usuarios gratuitos podrán generar hasta tres imágenes al día, aunque esta opción aún no está disponible.


Controlar la demanda es clave. No es solo una cuestión de IA. Cualquier sistema basado en la nube puede verse afectado por un uso masivo. Y si no se regula a tiempo, las caídas de rendimiento o incluso los fallos graves pueden convertirse en el siguiente problema a resolver.
Un reto de infraestructura. Durante años, OpenAI dependió exclusivamente de Microsoft como proveedor de servicios en la nube. Sin embargo, en los últimos meses ha empezado a diversificar su infraestructura, incorporando otros socios como Oracle.


Aun así, los recursos siguen siendo limitados. Esta escasez no solo ralentiza el desarrollo de nuevas funciones, sino que también afecta la disponibilidad de las existentes cuando se produce un pico de uso, como ocurre ahora con la generación de imágenes.
Una empresa aún lejos de ser rentable. Esta situación llega en un momento delicado para OpenAI. Según The Information, la compañía sigue generando grandes pérdidas: actualmente pierde miles de millones de dólares al año, y sus propias proyecciones estiman que esa cifra podría triplicarse hasta alcanzar los 14.000 millones de dólares en 2026.
Imágenes | Xataka con ChatGPT | @Mdurbar
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