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Beyoncé, Charli XCX, Kendrick Lamar y Billie Eilish tuvieron los mejores álbumes de 2024
Entre son los 10 mejores álbumes del año hay una variedad de ritmos y piezas que incluso podrías llegar a marcar toda una década, según la crítica musical de The Associated Press, Maria Sherman.
“Cowboy Carter”, Beyoncé
Llegó montada en un caballo blanco, con chaparreras patrióticas y empuñando una bandera estadounidense. Declaró esto “no es un álbum de country” sino “un álbum de ‘Beyoncé’” — posicionándose contra las rígidas estructuras de poder del género.
Y a pesar de todo, tuvo el mejor lanzamiento de country del año (y algo más): “Act II: Cowboy Carter” de Beyoncé, una clase magistral de 78 minutos y 27 pistas sobre historias heredadas y no celebradas, muestra la influencia de los intérpretes afroamericanos en el canon del country, que proporciona visibilidad a los precursores a menudo ignorados.
Se escucha en la inclusión de Linda Martell, la primera mujer negra en tocar en el Grand Ole Opry. Y se escucha en el canto de Beyoncé, un regreso a sus raíces para la nativa de Texas — que a veces tiene un vibrato que parece surgir directamente de la tierra.
Puede que apenas sea 2024, pero es difícil imaginar que este disco no sea considerado uno de los mejores de la década.
“BRAT”, Charli XCX
No fue sólo un verano de mocosos (brats), queridos, sino un movimiento: el sexto álbum de la cantautora inglesa Charli XCX cambió el lenguaje de 2024.
La música oscila entre el hedonismo y la ansiedad, “la euforia de una noche tardía en la pista de baile y la inquietud creciente de la mañana siguiente”, como lo reseñó AP, pero también logra llevar a la reina del pop underground a la lista de las más escuchadas sin comprometer su visión.
Hubo un periodo en el que las colaboraciones de Charli XCX con el colectivo futurista PC Music y el productor A.G. Cook parecían demasiado progresivas para los oídos cotidianos.
Pero “Brat”, y su emblemática portada verde vómito, resonó. Los oyentes estaban listos para volver al rave —o asistir por primera vez — y la música dance-pop es mucho más interesante por ello.
“Alligator Bites Never Heal”, Doechii
Cuando los cocodrilos matan, realizan lo que se conoce como “giro mortal”: hunden sus dientes en su presa y giran rápidamente, volteando sus cuerpos dentro y fuera del agua, ahogando, desorientando y desmembrando lo que tuvo la mala suerte de cruzarse en su camino.
El mixtape revelación de la rapera de Florida, Doechii, “Alligator Bites Never Heal”, encarna ese tipo de intensidad —no en agresión, per se, sino en agudeza— para un álbum versátil que oscila entre el romance de su suave R&B y la particularidad de sus flujos. El sencillo “Boom Bap” demostró su grandeza. Temas como “Catfish” lo confirman.
“Manning Fireworks”, MJ Lenderman
El año pasado, AP nombró “Rat Saw God”, el álbum de los rockeros indie alternativos de Asheville, Wednesday, como uno de los mejores de 2023.
La banda cuenta con MJ Lenderman, cuyo “Fuegos Artificiales de Manning” es casi frustrantemente adictivo. Es un disco de momentos hilarantemente evocadores de personas patéticas (¿o son momentos patéticos de personas hilarantemente evocadoras?) sobre melodías de rock fáciles y deliberadas.
Desde allí, es un caleidoscopio de brillantes historias cortas, líricas. (¿Un favorito frecuentemente citado de su culto seguidor? “Kahlúa shooter / DUI scooter” de “Joker Lips”). Para los fanáticos de la música alternativa, es un clásico inmediato. Sugeriríamos colocar “Manning Fireworks” junto a Pavement en tu estantería de discos, pero es poco probable que salga de tu tocadiscos.
“Orquídeas”, Kali Uchis
Cuando Amy Winehouse apareció por primera vez, fue celebrada por ser una voz única en su generación, un alma vieja en un mundo moderno — no era demasiado sentimental ni estancada, sino una artista dispuesta a comunicarse con el pasado para crear arte en el futuro.
De muchas maneras, lo mismo puede decirse de Kali Uchis y su álbum de 2024, “Orquídeas”. Su superpoder es su voz melosa, que se siente a la vez contemporánea y atemporal — clásicamente y sin esfuerzo, suavizando y perturbando sus exuberantes mundos sonoros.
Si 2024 trata sobre la fluidez —de género, lenguaje, amor, pérdida y adivinación— Uchis proporciona un mapa desde el reguetón hasta el alt-R&B.
“GNX”, Kendrick Lamar
Las fiestas llegaron temprano este año cuando el rapero ganador del Premio Pulitzer, Kendrick Lamar, lanzó sorpresivamente “GNX” a finales de noviembre.
Es su primer álbum desde “Mr. Morale & the Big Steppers” de 2022, y quizás más revelador, su primero desde su vuelta de victoria sobre Drake en su recientemente reavivada rivalidad, que inspiró una de las mejores canciones del año, “Not Like Us”.
En su totalidad, “GNX” se basa en la promesa de su sencillo exitoso alarde de hip hop de la Costa Oeste de uno de los mejores raperos vivos. Pero es la actuación de Lamar lo que hace que este sea uno de los mejores álbumes del año. Como lo reseñó AP, es su habilidad sin esfuerzo para “cambiar de cadencias y perspectivas líricas a mitad de canción” y su aparentemente ilimitado control de la respiración lo que destaca.
“Hit Me Hard and Soft”, Billie Eilish
A menudo parece que no hay récord que Billie Eilish no pueda romper, ningún logro que no pueda alcanzar. Entonces, ¿a dónde iría, con apenas 22 años y su tercer álbum de estudio? Hacia arriba, como resulta.
“Hit Me Hard and Soft” es un testamento de 10 pistas a su propia ambición. Fusiona percepciones extraídas de sus dos primeros discos —el humor gótico y la producción inusual de su primer disco y los desvíos clasistas de su segundo— pero es más sabio.
Hay favoritos de los fans como “Lunch” y “Birds of a Feather”, pero también destacadas como “Chihiro”, con su crescendo techno-house en la coda. Nadie lo hace como ella.
“Two Star & The Dream Police”, Mk.gee
A primera escucha, si el virtuoso guitarrista de Nueva Jersey Mk.gee confunde, no te preocupes.
Es una historia de éxito de 2024 inusual, que ha convertido en fans a Justin Bieber y Eric Clapton, y a su vez la influencia de ellos se escucha en todo “Two Star & The Dream Police”.
El disco es vaporoso, ideal para una lista de reproducción de “música lo-fi para estudiar”, pero también exige atención por su producción espaciada y pop chispeante, todo depende de la maleabilidad de sus composiciones de guitarra.
Estas varían desde el staccato pegajoso hasta una especie de melodía sentida de los años 80.
“The Past Is Still Alive,” Hurray for the Riff Raff
Hurray for the Riff Raff, el nombre musical de Alynda Segarra, ha estudiado durante mucho tiempo la música estadounidense, el blues y el punk folk, perfeccionando su arte con cada nuevo lanzamiento.
En el narrativo “The Past Is Still Alive”, su octavo álbum de estudio, Segarra extrae de su experiencia pidiendo aventón en la carretera, como polisón en trenes y artista marginal para documentar las aventuras que cambian la vida — feas y rejuvenecedoras — que sólo pueden suceder lejos de casa.
Es un hermoso retrato — con cielos abiertos, noches estrelladas y personas idiosincrásicas — así como de rebuscar en basureros, robo en tiendas, adicción, política, bares queer y poesía. En una palabra: Estados Unidos.
“Fasor”, Helado Negro
Hace casi una década, Helado Negro —el proyecto musical bilingüe de Roberto Carlos Lange— lanzó el sencillo “Joven, Latino y Orgulloso”, una exploración celebratoria de la identidad latina que se convirtió en un grito de guerra para los jóvenes indie con orígenes similares.
También funciona como una especie de marco para todo su arte, en particular, los sintetizadores lentos, inventivos y aireados de “Fasor”.
El álbum, grabado en inglés y español, utiliza sonidos electrónicos para expresar inspiraciones extraídas de la naturaleza. Es un lanzamiento amplio, efervescente y ambicioso, fácil de escuchar y un placer de diseccionar.
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He usado mi móvil Android como un PC gracias al modo escritorio. Es una opción fantástica
Ricardo Aguilar, compañero en Xataka, sabe un porrón de móviles, así que de cuando en cuando me lanza alguna pulla sobre mi ya algo madurito Pixel 8 Pro. Hoy, no obstante, la pulla es mía.
¿Por qué? Pues porque como él mismo avisaba al equipo, por fin está disponible el ‘modo escritorio’ de Android. Esta opción, que llevo esperando desde hace años (él lo sabe bien) llega además de forma limitada, porque solo algunos dispositivos pueden disfrutarla. En concreto, los Pixel recientes. Y mi Pixel 8 Pro es uno de ellos.
En el pasado he probado esta característica en otros dispositivos: lo hice por supuesto en los Samsung, que lleva años ofreciéndola a través de DeX, y también en algún otro móvil como los Motorola y algunos modelos de Huawei, que también presumían de dicha característica.
Google ya llevaba tiempo planteando esta posibilidad, y el año pasado apareció una beta de Android que ofrecía dicha capacidad. Ahora esa opción por fin pasa a estar disponible de forma oficial, aunque como decimos, de momento sólo en los Google Pixel a partir de los Pixel 8.
Puesta en marcha envidiable
Para activar dicha opción hay que activar primero las opciones de desarrolladores en los ajustes de Android, y luego habilitar la opción para las funciones de escritorio que podemos encontrar casi al final de esas opciones para desarrolladores. Una vez hecho esto el sistema pide un reinicio, tras el cual todo está preparado para usar el modo escritorio.


Para ello yo conecté un monitor externo de 15 pulgadas a mi Pixel a través de un cable de USB-C a Micro HDMI (probé con uno de USB-C a USB-C, pero el cable que usé tenía algún pequeño problema).


Al detectar que conectamos el móvil a una pantalla, El Pixel nos da la opción de usar el móvil como “Ordenador” (el modo escritorio propiamente dicho) o de proyectarlo como ya se puede hacer desde hace años.
Elegí la primera opción y me encontré al fin con ese modo escritorio que hace que básicamente Android se convierta en un sistema operativo híbrido que funciona prácticamente igual que como lo hacen Windows, Linux o macOS en un PC o portátil.


Así, contamos con un escritorio en el que hay una barra inferior con el lanzador de aplicaciones y una serie de apps “anclada”, y en la parte superior una barra de sistema que permite por ejemplo acceder a las notificaciones y a los ajustes rápidos de nuestro móvil.
A partir de ahí la experiencia es muy similar a usar un PC. Podemos abrir aplicaciones y, por supuesto, redimensionar y mover ventanas para colocarlas como más nos guste en el escritorio.
Yo normalmente utilizo dos ventajas del navegador enfrentadas para trabajar en los temas que preparo para Xataka, y esa es justo la configuración que he usado para escribir este texto: con dos ventanas de Chrome he trabajado prácticamente igual que como lo hago en mi Mac mini M4 habitualmente.
Un pequeño cambio de mentalidad
Obviamente en ese modo escritorio es necesario conectar al Pixel un ratón y un teclado, que yo he conectado mediante Bluetooth. La detección y funcionamiento de estos dispositivos se realizó sin problemas, y una vez en el escritorio todo funciona, insisto, como uno esperaría.


Puedes lanzar aplicaciones rápidamente desde el lanzador de la barra de tareas y fijar ciertas apps a esa barra de tareas. También es posible mostrar todas las aplicaciones abiertas con ese viejo acceso de la parte inferior derecha con un icono en forma de cuadrado.
Hay aquí una sensación extraña porque lógicamente lo que estás usando son las aplicaciones de tu móvil de forma nativa. Así, no es necesario abrir WhatsApp en una pestaña del navegador porque ya tienes la app nativa preparada y corriendo en segundo plano, y lo mismo ocurre con el resto de opciones, como la app de Twitter (X) o de YouTube: no son pestañas, sino apps en toda regla.


Es un cambio de mentalidad ligero pero curioso, desde luego. Y también está la otra realidad: algunas apps que usamos habitualmente en el escritorio no son tan claras como las de Windows o macOS.
Hay un ejemplo claro en el explorador de archivos: Android tiene el suyo propio (Files) y yo por ejemplo suelo usar Amaze para estas tareas, pero en Google nuncan han concebido Android como un sistema operativo en el que el usuario trasteara con archivos y carpetas.


Podremos hacerlo, sí, pero no es el fuerte de esta plataforma, como tampoco lo es por ejemplo el trabajo con la consola de comandos. Aquí de nuevo esa posibilidad existe, pero hay que “juguetear” un poco más para poder instalar una terminal y usarla de una forma similar a como lo haríamos en Linux, macOS o en el CMD/Powershell de Windows.
No he probado aplicaciones mucho más exigentes de momento, pero esto abre la puerta a usar algunas aplicaciones algo más avanzadas y ambiciosa en modo escritorio: aquí se me ocurre que un editor e imágenes o de vídeo puede ser un candidato llamativo para aprovechar este modo escritorio.
También hay aquí margen llamativo para el entretenimiento con juegos que podamos jugar con ratón y teclado como lo haríamos en un PC aún siendo juegos para Android. Las posibilidades son de lo más llamativas.
Tu PC ciertamente puede ser tu móvil
Estas pruebas me han hecho darme cuenta de que esto abre definitivamente esas posibilidades de las que llevamos años hablando. Un portátil normalmente resuelve la papeleta de la movilidad, pero si necesitas tener “tu PC” en cualquier parte, ya ni siquiera necesitas eso: si tienes un monitor, teclado y ratón en otro sitio, este modo escritorio de Android permite que uses tu dispositivo casi como un PC.


Yo acabo de hacerlo mientras escribía este artículo, y la verdad, la experiencia ha sido sorprendentemente buena. No perfecta, ojo: el teclado en pantalla aparece de vez en cuando como si el sistema no detectara que tienes uno físico conectado, por ejemplo, y la gestión de ventanas no es tan intuitiva como uno podría desear. Pero aún así el resultado general es en mi opinión fantástico.
Puede que muchos usuarios no vayan a aprovecharla, pero que esté ahí es sin duda una señal de que la convergencia entre dispositivos tenía sentido. Yo, desde luego, me alegro un montón: por fin puedo meterle una pullita a Ricardo. Eso ya es algo.
En Xataka | La función más infravalorada de Android es también una de las más productivas: convertir el móvil en un PC
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la carrera imposiblemente perfecta de John Cazale
Hubo un actor que nunca protagonizó una película mediocre porque, sencillamente, no tuvo tiempo para ello. John Cazale murió de cáncer en 1978, con 42 años, dejando una filmografía de apenas cinco títulos. Todos ellos fueron nominados al Oscar a la Mejor Película. Un logro incomparable al de ningún otro actor en la historia del cine. La filmografía perfecta.
El baremo. Hay una forma de medir la calidad de una carrera cinematográfica más reveladora que cualquier taquilla o galardón individual: el porcentaje de películas de un actor que han sido nominadas al Oscar a la Mejor Película. Ateniéndonos a este criterio, el ganador absoluto es un actor semidesconocido: John Cazale participó en cinco largometrajes entre 1972 y 1978. Los cinco fueron nominados al Oscar a la Mejor Película.
Más aún: tres de ellos se llevaron la estatuilla: ‘El Padrino’ (1972), ‘El Padrino. Parte II’ (1974) -en las que interpretó al inolvidable Fredo Corleone- y ‘El cazador’ (1978). El conjunto de su filmografía generó un total de cuarenta candidaturas a los Óscar. Y el colofón: todos sus largometrajes fueron seleccionados para su preservación en el National Film Registry por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. 5 de 5, el 100% de su obra, en la categoría más importante de los premios más influyentes de la industria.
Comparemos. Para entendernos: Meryl Streep, la actriz con más nominaciones en la historia de los Oscar (21 candidaturas en total) tiene una filmografía que supera las noventa películas en cinco décadas de carrera. Una docena de sus trabajos han rozado la categoría de Mejor Película, pero la proporción con respecto al total de su filmografía no alcanza el 15%. Jack Nicholson, con alrededor de ochenta créditos cinematográficos, o Al Pacino, con más de sesenta, presentan proporciones similares. A mayor volumen de obra, mayor exposición al fracaso relativo: un director mediocre, una fracaso de taquilla, un leve traspiés. A Cazale no le dio tiempo a equivocarse.
El momentum. Cazale entró en el cine en pleno auge del Nuevo Hollywood, una corriente que transformó la industria estadounidense entre finales de los sesenta y mediados de los setenta: directores como Francis Ford Coppola, Sidney Lumet o Michael Cimino rompieron con el modelo de los grandes estudios y apostaron por historias más oscuras, personajes más ambiguos y actores de carácter. Como Cazale: sin el peso de la fama, sin la carga del estrellato, disponible para encarnar la debilidad, la traición y el miedo con una eficacia implacable.
Quién era. Nacido en 1935 en Revere, Massachusetts, John Cazale estudió interpretación en Boston University con la ayuda de un tutor que empujaba a sus alumnos hacia los aspectos más oscuros de cada personaje. Antes de llegar al cine con 36 años, pasó una década en el teatro off-Broadway neoyorquino, donde ganó varios premios, y trabajó como taxista y mensajero, oficio en el que conoció a Al Pacino. Un director de casting lo recomendó a Coppola para ‘El Padrino’ y allí despertó encendidos elogios de compañeros como el propio Pacino. Murió poco después de cumplir los cuarenta, víctima de un cáncer óseo.
El caso del cazador. La admiración que despertaba Cazale se resume perfectamente con lo que sucedió en ‘El cazador’, película que rodó ya enfermo. Michael Cimino lo contrató conociendo el diagnóstico, pero en Universal no lo sabían, y cuando se enteraron presionaron para que lo reemplazaran. Lo que sucedió a continuación es uno de los episodios más citados sobre lealtad en el Hollywood de esa época.
Para empezar, De Niro pagó de su bolsillo la prima del seguro de Cazale porque la productora no podía cubrirlo. Meryl Streep, por entonces pareja de Cazale, amenazó con abandonar el rodaje si lo apartaban, y Cimino reorganizó el calendario de producción para filmar todas sus escenas en primer lugar. ‘El cazador’ fue nominada a nueve Oscar en 1979 y ganó cinco, entre ellos Mejor película, Mejor director para Cimino y Mejor actor de reparto para Christopher Walken. Cazale murió nueve meses antes del estreno. No pudo ver la película pero su legado, con una filmografía absolutamente perfecta, perdudará siempre.
En Xataka | Qué hubiera pasado con los 80 (y más allá) si Steven Spielberg no hubiera nacido
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se cobra un 20% más
Hay una razón muy concreta por la que miles de españoles dedican años de su vida a preparar oposiciones para convertirse en funcionarios públicos. No es solo la estabilidad laboral que ofrece trabajar para las Administraciones públicas. También se trata de salarios.
Los números lo confirman con una claridad que pocas veces se debate abiertamente: ¿tienen un salario muy alto los funcionarios o son los sueldos de los empleados del sector privado los que se han quedado atrás?
No es solo por estabilidad, también es por el sueldo. Según datos de la última Estadística de Bases Medias de Cotización del Régimen General de la Seguridad Social, la base media de cotización de los trabajadores de la Administración Pública se situó en 2.853,5 euros mensuales en septiembre de 2025. El nivel más alto registrado hasta la fecha. Este dato, que sirve como referencia media del salario bruto mensual, sitúa al empleo público como la quinta actividad mejor retribuida de entre las 21 categorías analizadas por la estadística de este organismo.
Lo más llamativo no es solo el importe del salario, sino lo que significa en comparación con el resto de sectores. Mientras que la media salarial del sector privado se ha mantenido en el umbral de los 2.200 euros al mes desde noviembre de 2024, los trabajadores de la Administración ya superaban los 2.800 euros en ese mismo periodo. Esta ventaja se ha mantenido estable e incluso ha crecido durante 2025.
Una brecha de 579 euros al mes. Concretándolo en cifras, la diferencia promedio entre lo que cobra un empleado público y uno en la misma actividad del sector privado supera ya los 579 euros mensuales. Eso implica que la nómina que reciben los funcionarios de la Administración es un 20,3% más alta que la del conjunto de la economía.
Si se tiene en cuenta únicamente la comparativa con los trabajadores afiliados al Régimen General, esa brecha asciende hasta el 25,46%: Esta brecha salarial entre el sector público y el privado no es nueva, pero sí está en un momento de máxima expansión. El informe del Banco de España que analizaba datos de 2021 ya situaba la ventaja del sector público en el 24,97% respecto al privado, una cifra que triplicaba la diferencia media de la zona euro entre el sector público y el privado, situándose en apenas un 8%.
Según recogía ABC en países como Francia esta se reduce hasta el 13% con respecto al sector privado. En cambio, en Alemania, los sueldos de los funcionarios son prácticamente iguales, e incluso, algunos funcionarios cobran menos que sus homólogos en el sector privado.
¿Cobran mucho los funcionarios o los salarios no han subido lo suficiente? El Ministerio de Función Pública alcanzó en diciembre de 2025 un acuerdo con CSIF, UGT y CCOO para incrementar un 1,5% los salarios de los más de 3,5 millones de empleados públicos en España. Esta subida forma parte de un plan que prevé subidas acumuladas del 11% hasta 2028.
Mientras tanto, aunque la media salarial ha subido impulsada por el incremento del Salario Mínimo Interprofesional estas subidas solo afecta a los salarios más precarios. El resto de percentiles han registrado subidas más irregulares y dependientes de la negociación colectiva por sectores. El resultado es que, en los últimos cinco años, los sueldos públicos han crecido un 14%, frente al 18% del sector privado. Sin embargo, la base de partida del empleo público era ya tan elevada que la brecha absoluta sigue siendo insalvable. Es decir, los salarios más bajos de la Administración son mucho más altos que los del sector privado.
La Administración también busca talento. El atractivo del empleo público no se explica únicamente por el salario. A la ventaja económica se suma una estabilidad laboral que el sector privado raramente puede ofrecer. Eso explica que, según un estudio del portal OpositaTest, en 2023 el 68% de los hombres y el 72% de las mujeres cambiarían un empleo estable en el sector privado por una plaza pública. Además, el sector público mantiene su apuesta por la flexibilidad del teletrabajo siempre que el puesto lo permita, mientras que el sector privado se ha movido hacia la presencialidad, aunque el puesto lo permita.
De acuerdo a lo publicado por Expansión, la distribución interna de los salarios también revela que en los tres deciles de renta más altos, con sueldos medios de 2.807 euros al mes, 3.385 euros y 5.213 euros brutos mensuales, se concentra una mayoría de empleados públicos.
En cambio, solo el 22% de los trabajadores del sector privado alcanza esas franjas salariales. Es decir, el empleo público no solo mejor, también ofrece mayor probabilidad de acceder a los niveles salariales más elevados, algo que explica por qué las plazas de oposiciones en España siguen siendo tan disputadas.
Imagen | Unsplash (Beatriz Cattel)
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