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Pachuca vs Real Madrid | A qué hora y dónde ver la final de la Copa Intercontinental
Real Madrid y los Tuzos de Pachuca se medirán en un inusual pero importante duelo este miércoles, disputando la corona de la copa Intercontinetal, que verá su cierre en el estadio Lusail de Catar, inmueble que saltó a la fama tras recibir la ya histórica final entre Francia y Argentina exactamente este día pero de 2022.
Con todas las probabilidades en su contra tras anunciarse que el Madrid contará con algunas de sus grandes figuras, el club mexicano buscará firmar un milagro que deje atrás lo que fue un torneo Apertura bastante por debajo de las expectativas.
Por su parte, el club blanco viene de otra exitosa temporada, aunque en la temporada actual de LaLiga se encuentran en la tercera posición tras algunos inesperados descalabros, que podrían quedar atrás si consiguen cerrar el año con un título más a su histórico palmarés.
Alineaciones probables
Real Madrid: Courtois; Lucas Vázquez, Tchouaméni, Rüdiger, Fran García; Camavinga, Fede Valverde, Bellingham; Rodrygo, Vinícius, Mbappé o Modric.
Pachuca: Carlos Moreno; Andrés Micolta, Gustavo Cabral, Bryan González, Luis Rodríguez; Alan Bautista, Pedro Pedraza, Elías Montiel, Nelson Deossa; Idrissi, Rondón.
Árbitro: Jesús Valenzuela (Venezuela).
A qué hora y dónde ver el Pachuca-Real Madrid
El duelo desde tierras catarís está programado a iniciar a las 11:00 horas de la mañana, tiempo del centro de México, y la transmisión será exclusiva a través de la plataforma de streaming de la Federación Internacional de Futbol, Fifa+, y podrá verse. nivel mundial, sin costo, registrándose en la pagina.
La previa
El Real Madrid, con la duda de Kylian Mbappé, se lanza a por su novena corona mundial, con el reto de ser dominador del historial de la Copa Intercontinental en el regreso de la competición 20 años después, como ya lo es del Mundial de Clubes, con el deseo de poner un broche de oro a un gran 2024, obligado a superar la ilusión del mexicano Pachuca, campeón de la Concacaf, y su meritorio camino hasta la final en Catar.
Cada título mundial es sinónimo de obligación para el Real Madrid, señalado siempre como gran favorito ante cualquier rival. Y lo asume ante Pachuca, que tumbó al campeón de México, Estados Unidos, Brasil y Egipto, el equipo más laureado del Viejo Continente. Tiene en su mano serlo de todo el planeta con la oportunidad de conquistar su cuarta Copa Intercontinental para superar en el historial a Milan, Peñarol, Boca Juniors y Nacional.
Ya domina el del Mundial de Clubes, que estrena formato en 2025, con la oportunidad para el Real Madrid de proclamarse dos veces campeón del mundo en una misma temporada. Cosas del fútbol moderno y de un calendario que asfixia a los grandes y afecta al rendimiento de los jugadores. Cada temporada más partidos y exigencia, menos descanso. Las lesiones se disparan. La brillantez del juego baja.
Es uno de los achaques a Carlo Ancelotti. ¿A qué juega su Real Madrid?. La respuesta del técnico italiano, como ha ocurrido en tantas ocasiones en el pasado, está en los títulos. Tantos, hasta 14, que si supera a Pachuca se convertirá en el entrenador más laureado de la historia del club blanco superando a Miguel Muñoz. En tiempos en los que siente que muchos se han cansado de su presencia, un nuevo éxito en un 2024 brillante con la conquista de LaLiga y la ‘Champions’ como grandes títulos, es un impulso que necesita en el presente el técnico italiano.
Ganó dos Mundiales de Clubes a los mandos del Real Madrid pero nunca una Intercontinental que puede añadir a su impecable palmares. Y lo buscará sin pensar en las bajas que le hacen encarar la final sin sus dos laterales titulares, Dani Carvajal y Ferland Mendy, ni con la que podría mantenerse como centro de la zaga de confianza, Eder Militao y David Alaba que ya cumple un año fuera de los terrenos de juego.
Siempre técnico de galones, ‘Carletto’ ha optado por reconvertir a Aurélien Tchouaméni en central antes de dar continuidad al canterano Raúl Asencio, pese a las buenas sensaciones que dejó en la máxima exigencia. No hay dudas en una defensa mermada, con Lucas Vázquez y Fran García en los laterales. Aparecen para elegir en el centro del campo. Con Eduardo Camavinga ya recuperado para ser titular al lado de la pieza indiscutible toda la temporada, Fede Valverde, que lo juega todo sin lesión.
En función de la decisión táctica que adopte Ancelotti y del riesgo que desee tomar con Kylian Mbappé, armará el resto. Jude Bellingham será tercer centrocampista, con más responsabilidades defensivas, si en el tridente entra Rodrygo Goes tras brillar en Vallecas y cerrar en 81 días su racha sin gol, junto a Mbappé y Vinícius. O la variante con el inglés como cuarto medio, en la demarcación de mediapunta, con dos delanteros por delante con libertad de movimientos.
Lesionado hace apenas una semana en Bérgamo, en el duelo europeo ante el Atalanta, Mbappé ha recuperado rápido y tiene buenas sensaciones. Depende de Ancelotti la decisión final. Con un título de por medio aumentan las posibilidades de titularidad del francés, aunque podría ser revulsivo desde el banquillo. Sólo ‘Carletto’ sabe lo que decidirá en la noche previa al partido y si Kylian inicia en el banco, Luka Modric y Dani Ceballos pugnarán por una plaza.
Tras iniciar la temporada 2024-25 con la conquista de la Supercopa de Europa, en el estreno con gran gol en una final de Mbappé ante el Atalanta, la Copa Intercontinental es la segunda opción de los siete títulos a los que opta el Real Madrid. Nunca ganó más de cuatro en un curso. El reto está en su vestuario.
Y para dar un paso importante hacía él tendrá que superar la ilusión del Pachuca, equipo que llega lanzado anímicamente a una final en la que pocos contaban con su presencia. El campeón de la Concacaf goleó Botafogo, ensanchando su fama de ‘matagigantes’ ante el dominador de la Copa Libertadores, y superó en los penaltis al egipcio Al-Alhy.
Dirigidos por el uruguayo Guillermo Almada, su principal fortaleza en la Copa Intercontinental ha sido la defensiva. No han encajado un solo tanto en el torneo y poner freno a la calidad individual del Real Madrid, es su prioridad en la cita en el Lusail Stadium, para la eternidad conocido como el estadio donde Leo Messi tocó el techo en su carrera al proclamarse campeón del mundo con Argentina. El día que Mbappé marcó tres tantos en una final que no sirvieron para vencer.
Si el equipo de Guillermo Almada saldrá con una clara consigna defensiva y la obligación de no perder el orden ni dejar espacios a las estrellas madridistas, en la faceta ofensiva se ampara en la figura del venezolano Salomón Rondón, quien suma 26 goles en el 2024, y el neerlandés-marroquí Oussana-Idrissi, que pasó por el Sevilla.
El espejo en el que mirarse para Pachuca es el Necaxa, el único de los tres partidos oficiales que el Real Madrid perdió, en la tanda de penaltis, ante un rival mexicano en un Mundial de Clubes. Seis títulos de Concacaf, la Copa Sudamericana del 2006 y el tercer lugar en el Mundial de clubes del 2017, son hitos recientes de un club que promete batalla en la pelea por su gran sueño: ser campeón del mundo.
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Barcelona vence 2-0 a Real Madrid y se regala un clásico que vale una Liga
El Barcelona logró este domingo su segunda Liga consecutiva, también la segunda de la era Flick y la primera conquistada en un clásico contra el Real Madrid, que puso fin en el Spotify Camp Nou (2-0) a una semana convulsa y prácticamente a la temporada, la segunda seguida que completará sin levantar un título.
Fue la vigésimo novena del conjunto azulgrana, lograda ante un Madrid en depresión que se presentó a la cita con ocho bajas, la última la de Huijsen, quien se sintió indispuesto en el calentamiento.
Los blancos se jugaban la honra, pero el Barça el título, y eso se notó desde el primer minuto. Con un estadio entregado desde el principio, el equipo de Hansi Flick, quien se sentó en el banquillo pocas horas después de conocer el fallecimiento de su padre, pronto despejó la incertidumbre de si hoy sería campeón.
A los 9 minutos, Rashford, que hoy cubría la ausencia del lesionado Lamine Yamal en el extremo derecho, hizo el 1-0 con un golazo de falta desde la frontal. Un disparo que se colaba como un obús por la escuadra derecha de la portería de Courtois, quien reaparecía tras mes y medio sin jugar por una lesión muscular.
Diez minutos después, el cuadro catalán firmaba el segundo en otra obra de arte. La jugada la empezaba Fermín, quien habilitaba a Dani Olmo en el área para que este dejara el balón de espuela a Ferran Torres, que fusilaba al meta visitante.
El clásico prácticamente acababa de arrancar y el Barça ya acariciaba LaLiga. Hasta entonces, el Madrid había exhibido desajustes importantes en la presión y una falta de recursos alarmante para salir con el balón jugado desde atrás.
Pero al conjunto blanco le bastaban un par de zarpazos a la contra para poner en jaque la zaga azulgrana. En el primero, Asencio enviaba un balón largo a Gonzalo, que controlaba tras ganarle la espalda a Cubarsí y Gerard Martín antes de enviarlo fuera en su mano a mano con Joan García.
El siguiente, que sucedió inmediatamente después, fue un pase de Bellingham que cortó Eric García evitando que Vinicius rematara a placer en el segundo palo.
Aunque fue Rashford quien tuvo el tercero antes de llegar al descanso, en un centro-chut, primero, y en una disparo cruzado tras recibir un balón al espacio de Ferran, después. Pero en ambos casos se encontró con la manopla de Courtois para enviar el balón a corner.
No cambió mucho el guion tras la reanudación, aunque el partido se enmarañó algo al inicio de una segunda mitad. Aún así, el fútbol del Barça siguió asomando entre bronca y parón para amenazar la portería rival.
Antes de la hora, Ferran pudo sentenciar -si el partido no lo estaba ya- pero Courtois, esta vez con la pierna, de nuevo lo evitó. Y el árbitro anulaba, poco después, un gol de Bellingham por fuera de juego.
Sin Mbappé ni Valverde en el terreno de juego y con Vinicius desconectado del partido en la banda izquierda, la lucidez ofensiva visitante casi siempre la ponía Brahim, pero a la propuesta del hispano-marroquí para superar líneas no le daban continuidad sus compañeros.
El Barcelona, en cambio, cada vez más cómodo en los duelos y más solidario en defensa, con Cubarsí, Eric o Gavi apareciendo por todas partes, veía el título cada vez más cerca. Más aún cuando el Camp Nou empezó a botar al grito de ¡Campeones, campeones!
El último cuarto de hora fue una fiesta azulgrana, con el Madrid impotente, sin signo alguno de rebeldía, y el Barça dispuesto a hacer aun más sangre ante el eterno rival. Pudo hacerlo en una doble ocasión de los recién ingresados Raphinha y Lewandowski, pero el marcador ya no se movió ni falta que hizo.
Hernández Hernández pitó el final, el público enloqueció y sus jugadores se abrazaron sobre el césped como el prólogo de la celebración que vendría a continuación.
Antes, los futbolistas del Real Madrid aún tuvieron tiempo de felicitar respetuosamente al rival, antes de enfilar, con cara de resignación, el túnel de vestuarios. LaLiga se acabó con tres jornadas de antelación.
Ficha técnica:
2 – Barcelona: Joan García; Eric García, Cubarsí, Gerard Martín, Cancelo; Pedri, Gavi (Marc Bernal, min.76); Rashford (Raphinha, min.63), Olmo (Frenkie de Jong, min.63), Fermín (Balde, min.88); y Ferran Torres (Lewandowski, min.76).
0 – Real Madrid: Courtois; Trent, Rüdiger, Asencio, Fran García; Tchouaméni, Camavinga (Pitarch, min.71); Bellingham, Brahim (Mastantuono, min.79), Vinícius; y Gonzalo (Palacios, min.79).
Goles: 1-0, min.9: Rashford. 2-0, min.19: Ferran Torres.
Árbitro: Alejandro José Hernández (Comité Canario). Amonestó a Camavinga (min.40), Asencio (min.52), Bellingham (mi.55), Trent (min.81), por parte del Real Madrid; a Olmo (min.52) y Raphinha (min.81) por parte del Real Madrid.
Incidencias: partido de la jornada 35 de LaLiga EA Sports disputado ante 62.213 espectadores en el Spotify Camp Nou. Antes del partido, se guardó un minuto de silencio por la muerte del padre del entrenador del Barcelona, Hansi Flick. Los jugadores de ambos equipos lucieron un brazalete negro por este motivo.
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Los once de la tribu (fragmento) | Texto de Juan Villoro
Por Juan Villoro / Miembro de El Colegio Nacional*
El balón de cuero ha botado en infinitas páginas, a veces para causar la angustia del guardameta ante el penalti, otras para que el centro delantero muera al atardecer. Aunque no todos lo confiesen, numerosos escritores leen el periódico a la manera de Samuel Beckett: un veloz repaso a los desastres de la Tierra y un minucioso estudio de la tabla de goleo. Entre los poetas abundan los fanáticos de ocasión: Umberto Saba solía despotricar contra el entusiasmo y la desesperación provocados por una pelota hasta que un amigo lo invitó a un partido de “la potentísima Ambrosiana contra la vacilante Triestina”. Acaso para contrarrestar el resultado de 0-0, Saba escribió cinco notables poemas sobre el futbol.
Hay autores que trasladan su experiencia futbolística a otros asuntos; no es de extrañar que uno de los más convincentes alegatos contra la pena de muerte sea obra de un exportero, Albert Camus, quien seguramente recordó el rigor de ser acribillado a once metros de distancia.
Como es obvio, no todos los adjetivos caen en favor del futbol. George Orwell, campeón de la paranoia literaria, también se asustó con el balompié. Alguien le habló de un rudísimo encuentro entre el Arsenal y el Dínamo de Moscú, y pensó que el Oso Rojo vengaría las afrentas con una guerra. Su artículo “El espíritu deportivo” termina con la súplica de que los futbolistas ingleses no hagan giras por la Unión Soviética para no enemistar más a las dos naciones. Aunque escribía en el año atómico de 1945, sus temores parecen excesivos.
Un poco antes del Mundial de Italia 90 ocurrió otro caso de pánico futbolístico. La editorial Passigli publicó una Guía de supervivencia del Mundial. Este prontuario, sinceramente animado por el horror, veía a los porristas como a las huestes de Atila. Los bárbaros estaban a punto de llegar; la amenaza nunca cumplida en El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, se escenificaría durante un mes de espanto.
¿Hay forma de calmar a los enemigos del futbol? Ciertas cosas no pueden hacerse de modo indiferente. La fruición con que Paco come sesos en mantequilla negra hace que Malú desvíe la vista a la mesa de junto. Como esos guisos suculentos y escabrosos, el futbol se promueve o se desacredita solo. Las apologías del futbol sólo convencen a los convencidos. Comparto el categórico entusiasmo de Vinicius de Moraes, que sólo aceptaba dos excusas para rechazar la samba o el futbol (estar enfermo de un pie o mal de la cabeza), pero no tengo nada que argumentar contra la repulsa de Oscar Wilde: “El futbol es un deporte muy apropiado para niñas rudas, pero no para jóvenes delicados”. Lo dicho: Paco y Malú, el gusto y el asco, los aficionados y los “sobrevivientes”, Beckett y Orwell.
Las crónicas de futbol son para la fanaticada, la masa circular de los estadios, la barra brava de Boca, los forofos que hinchan las cabeceras del Santiago Bernabéu, la torcida brasileña. Ninguna palabra define mejor al fanático que la italiana tifoso. En efecto, se trata de gente infectada, incurable.
¿Qué ocasiona el contagio? En La veneración de las astucias, el filósofo venezolano Juan Nuño distingue al futbol de otros juegos por su peculiar manejo del tiempo. Durante noventa minutos no hay forma de detener el reloj: “Al ser real el tiempo que se juega, se engendra una doble tensión: la del juego en sí y sus incidencias y la de la lucha que se establece contra el paso del tiempo”. Para superar los minutos que desgastan el partido, el futbolista dispone del recurso de “hacer tiempo”. Cuando el marcador le conviene, puede recurrir a una táctica de especulación: en vez de buscar goles, se concentra en impedir que el contrario toque la pelota. Es el momento de los artistas ineficaces, los burladores de barriada que rara vez anotan pero son expertos en jugadas de fantasía. Nadie como ellos para matar minutos; tener la pelota es tener el tiempo. Este deseo de apropiación tuvo su clímax en el Necaxa: el Fumanchú Reynoso conquistó su apodo al desaparecer un balón en plena cancha.
La agonía de la temporada significa, entre otras cosas, el fin de las segundas oportunidades. De nada sirve regar el césped y convocar al público; el equipo es ya la suma de sus goles y debe encarar la máxima de Beckett: “No hay juego de vuelta entre el hombre y su destino”.
Imposible contar todos los tiempos que cristalizan en la cancha. Para el fanático, el futbol ocurre antes y después del partido. Una jugada adversa lo trastorna de por vida. Aún recuerdo la noche aciaga en que Manuel Manzo falló dos penales contra el León; aquellos tiros miserables hundieron a un volante de prodigio en la borrasca alcohólica que segaría su carrera, y deprimieron para siempre a sus seguidores. El fanático no se repone ni tiene ganas de ver el juego en plan sensato. En su novela Diario de la guerra del cerdo, Bioy Casares sugiere que la mejor forma de adquirir un temple ante la adversidad es ser hincha de un club perdedor. Los estoicos que le van al Atlante tienen que sobrellevar los dos goles de chilena que Hugo Sánchez les clavó en la misma temporada y los arabescos con que Fernando Bustos burló a toda su alineación. Y, sin embargo, el atlantista cree en los Potros de Hierro como si las lluvias de goles no existieran; su lealtad es tan granítica como los nombres de sus antiguos jugadores: Roca, Colmenero, Escalante.
Cada equipo es, a su manera, el mejor del mundo (sobre todo si se trata del Necaxa). Enemigos del sentido común, los fanáticos son los únicos espectadores tolerables en un juego sin medios tonos: “Cuando sales a la cancha, ya no existe el color rosita”, ha dicho Ángel Fernández, inmejorable Góngora de la fanaticada.
La saludable irracionalidad del futbol ha sido puesta en cuestión desde que los hooligans empezaron a escupir cerveza en las tribunas. Los bebés concebidos al ritmo de un fanatismo feliz (la beatlemanía) crecieron para convertirse en cadeneros de nalgas tatuadas. El 29 de mayo de 1985, en Bruselas, la final de la Copa Europea de Clubes terminó con un magro resultado en la cancha (Juventus 1-Liverpool 0) y un marcador de espanto en las gradas: 41 muertos y 257 heridos. En el Mundial de México 86, después de perder con Portugal, los hooligans se bajaron los pantalones ante las azoradas adolescentes regiomontanas que hasta entonces no habían visto carnes más comprometedoras que unas arracheras a las brasas. El fanatismo del hooligan es opuesto al del hincha, pues no admite derrota; va al estadio como si fuera a las Malvinas, cree en la utilidad del navajazo, busca venganza. El verdadero aficionado acepta la fatalidad, sufre en carne viva el gol de media cancha pero sigue convencido de que el Atlante es el mejor del mundo.
Los hooligans pertenecen al capítulo criminal del futbol. El villano legítimo es el árbitro. Este hombre de negro, sin número en la espalda, porta enseres dignos de un ritual: dos relojes, dos lápices, una libreta, un silbato, una moneda, una tarjeta roja, otra amarilla. Desde el Congreso de Árbitros de Belgrado, en 1962, sus poderes son inmensos. Su obligación es estar cuando menos a quince metros del balón; sin embargo, aunque se encuentre más lejos su juicio es inapelable; puede dejar que el Cruz Azul le anote tres veces en fuera de lugar al Atlético Español en la final del futbol mexicano, puede decir que la pelota entró a la portería de Alemania en la final de Inglaterra 66, aunque no haya forma de probarlo. Es la desgracia, el azar, la peste negra, la justicia necesaria y monstruosa: “árbitro justo”, grita la porra cuando reconoce que el juez se equivocó en su favor.
Los abanderados no tienen nombres, apodos ni apellidos. Antes del partido saludan al capitán del equipo y revisan que las redes no estén rotas. Ignoramos sus pasiones, sus destinos.
* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias.
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Irán confirma que acudirá al Mundial si se respetan sus condiciones
La selección iraní participará en el Mundial 2026 si la FIFA y los organizadores admiten una serie de condiciones que afectan a la entrega de visados a su delegación, la seguridad y el respeto al himno y la bandera del país.
“Sin duda participaremos en el Mundial de 2026, pero los anfitriones deben tener en cuenta nuestras preocupaciones”, señaló el sábado la federación iraní en su página web oficial. “Participaremos en el Mundial, pero sin renunciar a nuestras creencias, cultura y convicciones”, agrega.
El presidente de la federación iraní de fútbol (FFIRI), Mehdi Taj, explicó el viernes en la televisión estatal que ponen 10 condiciones para que su selección participe en el Mundial que comienza dentro de un mes, el 11 de junio en la Ciudad de México.
La FFIRI pide que se concedan visados a jugadores y al cuerpo técnico sin trabas, tras lo sucedido en Canadá, cuando la delegación iraní que iba a acudir al congreso de la FIFA regresó a su país, por sentirse ofendidos por el personal de inmigración, que negaba la entrada a un dirigente federativo por supuestas conexiones con la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).
Taj señaló que deben recibir visados “sin problemas” todos los jugadores y el personal técnico, aunque hayan prestado el servicio militar obligatorio en la IRGC, como es el caso de los internacionales Mehdi Taremi y Ehsan Hajsafi.
También piden medidas de seguridad reforzadas en aeropuertos, hoteles y en las rutas hacia los estadios, así como prioridad en la movilidad de la delegación iraní en cada ciudad sede.
Otra de las cuestiones que aborda es el respeto al personal de la selección durante su estancia y garantías para el uso y la presencia de la bandera de Irán y la interpretación de su himno nacional en el transcurso del Mundial.
La FFIRI, asimismo, solicita a la FIFA que no se permitan en las conferencias de prensa preguntas relacionadas con el conflicto bélico.
La selección iraní jugará sus tres partidos de la fase de grupos en Estados Unidos. Debutará contra Nueva Zelanda, el 15 de junio en Los Ángeles, jugará su segundo partido en la misma sede contra Bélgica, el 21 de junio, y disputará el 26 contra Egipto, en Seattle, el tercer encuentro de la ronda inicial.
En todo ese tiempo, tiene previsto establecer su cuartel general en Tucson (Arizona).
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