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Atacan a Billie Eilish en concierto en Arizona: le lanzan un objeto a la cara
EFE.- La cantante Billie Eilish fue impactada en el rostro con un objeto que le fue arrojado durante un concierto que ofreció en Arizona, Estados Unidos, informan este domingo medios locales.
La intérprete de 22 años se hallaba la noche del viernes interpretando el tema “What Was I Made For?” en el Desert Diamond Arena de Glendale, en Arizona, cuando alguien del público le arrojó lo que aparenta ser un collar o pulsera que le dio en el rostro, un incidente que fue registrado en videos que luego fueron publicados en redes sociales.
Tal como se observa en dichas imágenes, la cantante se detuvo por un momento e hizo una mueca de incomodidad, para acto seguido continuar con la interpretación de la canción de la película y éxito de taquilla “Barbie”, la cual le llevó a ganar un premio Oscar, a la vez que arrojó a un lado el objeto.
La cantante inició en septiembre pasado su gira “Hit Me Hard and Soft”, la cual proseguirá a partir de febrero en Australia y Europa.
En anteriores oportunidades ya se refirió a los objetos que le arrojan sus seguidores durante algunos de sus recitales, lo cual reconoce suele ser a modo de muestras de cariño, pero es algo que ocurre desde hace años y “puede ser peligroso”, como le dijo el año pasado al medio especializado The Hollywood Reporter.
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Zuckerberg en la primera fila de Prada parece un error en Matrix, pero en realidad es la mayor declaración de intenciones de Meta
Cualquier asistente asiduo a la Semana de la Moda de Milán sabe qué esperar en la primera fila: un ecosistema perfectamente coreografiado de ídolos del K-pop, estrellas de internet y actores de Hollywood con contratos millonarios. Sin embargo, en la presentación de la colección femenina de Prada Otoño/Invierno 2026, apareció una figura que a primera vista parecía un error en Matrix: Mark Zuckerberg. Como señala la revista GQ, el público habitual de la moda está sufriendo una metamorfosis y la élite tecnológica está reclamando su lugar bajo los focos, tal y como demostró la aparición de Jeff Bezos en el debut de Jonathan Anderson para Dior.
Sin embargo, el fundador de Meta no terminó de mimetizarse con el entorno. Como describió The Times con cierta ironía británica, Zuckerberg lucía tenso frente a los flashes, como “alguien que alguna vez escuchó hablar del concepto de sentarse en un banco, pero nunca lo ha intentado”, extendiendo torpemente los dedos sobre sus pantalones y sin saber muy bien hacia dónde mirar mientras las modelos desfilaban.
¿Pero qué está haciendo la élite de Silicon Valley ahí? A pesar de su reciente cambio de imagen —que algunos han bautizado como el Zuckaissance, dejando atrás su uniforme de camisetas grises por prendas de Balenciaga y cadenas doradas—, su presencia en Milán no responde a un mero capricho de turista de compras. Es un movimiento de ajedrez corporativo de primer nivel.
Según detalla The Times, la clave estaba en la disposición de los asientos (el codiciado Frow o front row). Zuckerberg no fue colocado junto a cualquier celebridad al azar, sino estratégicamente hombro con hombro con Lorenzo Bertelli, director de marketing de Prada e hijo de la diseñadora Miuccia Prada. A su lado, su esposa, Priscilla Chan, compartía confidencias nada menos que con Andrea Guerra, director ejecutivo de la marca italiana. Además, cumplieron con los deberes estéticos cambiando totalmente su estilo por la sobriedad de Prada.
La alta costura como caballo de Troya. Toda esta coreografía social apunta en una única dirección comercial. Según recoge la CNBC, Meta y Prada están colaborando estrechamente para lanzar unas gafas inteligentes de lujo con inteligencia artificial. El puente corporativo que une Silicon Valley con Milán ya está construido. Meta lleva años colaborando con éxito con EssilorLuxottica, el gigante franco-italiano que fabrica las actuales Ray-Ban Meta. Unas gafas que, por cierto, alcanzaron la nada desdeñable cifra de 7 millones de unidades vendidas en 2025. Dado que EssilorLuxottica acaba de renovar su acuerdo de licencia con Prada hasta la década de 2030, la triangulación del negocio es evidente.
El objetivo de esta maniobra es legitimar la tecnología de vigilancia personal a través de la exclusividad. Como explica TechCrunch, llevar la IA a la alta costura cubre un nicho que marcas más deportivas o casuales como Oakley y Ray-Ban no pueden alcanzar. Consolidar estas gafas como un símbolo de estatus y lujo es el paso definitivo para beneficiar la imagen global de la marca Meta.
El músculo tecnológico detrás del diseño. Para que un producto de Prada tenga sentido, la tecnología interior no puede fallar, y aquí es donde los medios especializados en tecnología aportan el contexto crucial. Como explica un análisis en profundidad de mi compañero Lacort en Xataka, el hardware de las actuales Ray-Ban Meta es brillante —fantásticas como altavoces y geniales como cámara discreta—, pero su software es el eslabón débil. Su asistente “Meta AI” se siente actualmente como un “becario despistado” que sufre de falta de contexto y respuestas erráticas.
Para solucionar esto y estar a la altura de una etiqueta de lujo, Meta ha sacado la chequera. Otro reciente reportaje de Xataka detalla que la compañía acaba de firmar un acuerdo milmillonario con NVIDIA para adquirir su nueva generación de infraestructura de servidores (la arquitectura Rubin y procesadores Grace). Mark Zuckerberg sabe que para vender las gafas del futuro necesita alcanzar lo que llama la “superinteligencia personal”, procesando datos en tiempo real sin los fallos actuales, cueste lo que cueste.
El elefante en la habitación. A pesar del cambio de look y la inversión multimillonaria, Meta se enfrenta a un desafío que la moda no puede ocultar fácilmente. Apenas unos días antes de sentarse en la pasarela, el dueño de Meta estaba testificando en un tribunal de Los Ángeles en un juicio histórico sobre la adicción a las redes sociales. Lo más irónico de todo es que la jueza amenazó con declarar a su equipo en desacato por presentarse en la sala con gafas Meta equipadas con cámara, en un lugar donde grabar está prohibido.
Como advierte TechCrunch, las gafas de Prada llegarán en un momento de creciente rechazo ciudadano hacia los dispositivos de vigilancia constante. La sociedad está empezando a reaccionar contra la tecnología invasiva. El rechazo es tan real que, como subraya el medio, ya existe un desarrollador que ha creado una aplicación móvil exclusivamente para avisarte si alguien a tu alrededor lleva puestas gafas con IA. Esto plantea serias dudas sobre si Meta se atreverá a incorporar funciones polémicas como el reconocimiento facial, algo que The New York Times ya sugirió que estaba en estudio.
¿El diablo viste de Prada? Al final del desfile, un detalle no pasó desapercibido. Como observó Business Insider, Zuckerberg no llevó puestas sus características gafas inteligentes de Meta mientras estaba sentado en la primera fila. Y es que no le hacía falta. La fotografía de él sentado junto a la cúpula directiva de Prada era el mensaje en sí mismo.
Silicon Valley ha comprendido finalmente que, para convencer a millones de personas de llevar una cámara, un micrófono y una IA en su rostro todos los días, el diseño importa tanto como los microchips. La próxima gran revolución tecnológica no se anunciará en un aséptico auditorio de California con un presentador en vaqueros; se está decidiendo ahora mismo, bajo los focos de la pasarela de Milán.
Imagen | José Goulão y Mark Zuckerberg
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Jesús no nació en el año 1 ni el 25 de diciembre. Esto es lo que sabemos sobre su fecha real y exacta de nacimiento
Con Jesús de Nazaret ocurre algo curioso. Pocos personajes han sido más celebrados, discutidos y revisados a lo largo de los siglos. Hoy los historiadores suelen coincidir en que (pese a que no hay evidencias materiales de su existencia) fue una figura histórica que puede enmarcarse en la Galilea de hace 2.000 años. Sin embargo y a pesar de toda la atención que ha recibido durante los últimos 20 siglos, hay ciertos datos clave de su biografía que siguen envueltos en sombras.
Por ejemplo la fecha de su nacimiento. Y con “fecha” no nos referimos solo al día, también al año. Puestos a discutir incluso podríamos cuestionar dónde nació.
Lo habitual es pensar que Jesús llegó al mundo un 25 de diciembre en Belén de Judea y que seis días después la humanidad (al menos Occidente o el Occidente de influencia cristiana) entró en una nueva era, una en la que la historia quedó dislocada en dos etapas que aún hoy usamos en pleno siglo XXI, seamos o no cristianos: la anterior y la posterior al nacimiento de Cristo (Anno Domini).
¿Totalmente normal, no? Es decir, ¿por qué si no íbamos a celebrar cada 25 de diciembre la Navidad, palabra que parte del latín “https://www.xataka.com/magnet/nativitas” (“nacimiento”)? ¿Y por qué hablamos de años a.C. y d.C. si no es por el nacimiento de Cristo?
La realidad es más complicada y tiene algunos claroscuros.
¿Qué sabemos del nacimiento de Jesús?


La respuesta a la pregunta anterior es muy simple: poco.
Los historiadores suelen coincidir en que hay básicamente dos fuentes para abordar el tema del nacimiento de Jesús y ambas están plasmadas en la misma obra: el Nuevo Testamento de la Biblia. Una pista nos la da el evangelista Mateo. La otra, Lucas. El problema no es solo la escasez de información, sino que ambos textos se escribieron muchas décadas después de los hechos que narran. Para ser más precisos, hacia el 80 y 90 d.C., medio siglo después de la crucifixión.
Por supuesto en el Nuevo Testamento hay textos más antiguos (como las cartas de Pablo o incluso el evangelio de Marcos, escrito hacia el 70 d.C.), pero sirven de poco si lo que nos interesa es la infancia (y sobre todo el natalicio) de Jesús.
Teniendo en cuenta las pocas referencias que hay y la importancia del tema (hablamos del nacimiento del personaje central de una de las religiones más influyentes de la historia), lo lógico sería que Mateo y Lucas coinciden en sus relatos. No es así. En sus textos ambos nos ofrecen lo que los expertos llaman “anclajes cronológicos”, referencias que nos ayudan a datar el natalicio de Jesús, pero esas pistas son escasas y no acaban de encajar del todo entre sí.
¿Qué nos dicen exactamente? Veamos.
“Y cuando Jesús nació en Belén de Judea en los días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del orienta a Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle. Al oír esto Herodes se turbó y Jerusalén con él”.
Mateo 2:2-4
“Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
Entonces subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David, para ser empadronado con María, su mujer, desposada con él, la que estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz”.
Lucas 2:2-7
Aunque a priori no lo parezca, ambos pasajes ocultan una pequeña discordancia, como explica en Desperta Ferro el profesor Javier Alonso, filólogo, historiador y biblista. El evangelista Mateo (y Lucas) nos dice que Jesús nació en tiempos del rey Herodes, pero luego Lucas precisa que María salió de cuentas mientras ella y José viajaban para cumplir con el censo ordenado en tiempos de Augusto.
Si repasamos la historia comprobamos que ambos “anclajes” chocan entre sí. Herodes el Grande, mandatario a las órdenes de Roma, gobernó Judea más o menos entre el 40 y 4 a.C, año de su muerte. En cuanto al padrón del que nos habla Lucas, los historiadores creen que coincidió con el censo realizado por Quirino en tiempos de Augusto, un hecho mencionado por Flavio Josefo.
El problema, recuerda Alonso, es que Quirino gobernó hacia el 6 d.C. la región que abarca Judea, años después de la muerte de Herodes. ¿Conclusión? Ambos evangelistas están trazando en realidad un marco temporal bastante amplio, de una década, que podría fijarse entre los años previos a la muerte del rey y 6.d.C. “Hay Una diferencia de mínimo 10 años entre Mateo y Lucas”, explica Alonso.
¿Por qué decimos que Jesús nació cuando nació?
Llegados a este punto esa es la pregunta más razonable. Si los evangelistas apuntan a un horizonte temporal que arranca varios años antes de nuestra era (Anno Domini), ¿por qué diablos decimos que Jesús nació unos días antes del I d.C.? ¿Quién y cómo fijó esa fecha? Para responder a esas cuestiones hay que remontarse unos cuantos siglos atrás, aunque sin llegar a la era de Herodes.
Nuestra atención se centrará a comienzos del V d.C., cuando a instancias del Papa el monje escita Dionisio ‘el Exiguo’ se lanzó a una tarea peliaguda: calcular la fecha del nacimiento de Cristo. Quizás suene raro que tantos siglos después los seguidores de Jesús se preocupasen de esa cuestión, pero en juego había un tema primordial: aclarar cuándo debía celebrarse la Pascua (Computus paschalis), la principal celebración de la cristiandad. Su fecha dependía de los ciclos lunares y obligaba a tener en cuenta cuestiones como los meses sinódicos y años solares.
Dionisio echó mano de toda su erudición (y no era poca) para remontarse siglos atrás y desveló la fecha del alumbramiento de Cristo con una precisión pasmosa: finales del año 753 ad urbe condita, es decir, desde la fundación de Roma.
Su cálculo podría haber pasado sin pena ni gloria si no fuera porque sirvió para dislocar toda la historia (al menos a ojos de Occidente) en dos etapas: a.C. y d.C., dos bloques que quedaron divididos a finales de ese año. Con su trabajo, puso la puntilla a la era diocleciana, que arrancaba con la coronación de Diocleciano.
El problema es que el monje patinó. Se supone que para sus cuentas tuvo en cuenta el reinado de Herodes I el Grande y la fecha de fundación de Roma, pero sorprendentemente le bailaron los números. Como precisa Alonso, su propuesta apunta a un momento (754 ad urbe condita) en el que Herodes ya llevaba unos cuantos años muerto, lo que choca con el evangelio de Mateo. Tampoco acaba de encajar con el Lucas poque es algo anterior al famoso censo de Quirino.
¿Se equivocó el sapientísimo monje bizantino? Otro misterio.
¿De dónde viene lo del 25 de diciembre?
Si el año de nacimiento de Jesús es terreno resbaladizo más aún lo es la fecha exacta, con día y mes. Sí, lo celebramos el 25 de diciembre; pero en realidad eso tiene más que ver con la estrategia política que con la historiografía. En este caso la explicación se remonta al siglo IV, en el que el Imperio abrazó el cristianismo.
Tras la convocatoria del Concilio de Nicea (325 d.C.) y sobre todo el edicto del emperador Teodosio I el Grande (380 d.C.) el cristianismo pasó a convertirse en la religión fuerte de Roma. Una cosa era sin embargo proclamar que la doctrina de Jesús de Narazet era la doctrina del Estado y otra muy distinta que el mensaje calase realmente en una población que ya tenía sus propios ritos y costumbres. Para facilitar el trance se recurrió a una vieja (y efectiva) táctica: la asimilación.
Más o menos en la época del año en la que nosotros adornamos nuestras ciudades con miles de luces led la Roma imperial celebraba sus Saturnales, una fiesta pagana celebrada en honor a Saturno y en la que abundaban también la comida, los regalos y los festejos. Eso sí, en vez de incidir en mensajes de paz y confraternidad reinaba una relajación más similar a la del carnaval.
Al fin y al cabo coincidía con la época del año en la que los días (horas de luz) empiezan a crecer de nuevo, marcando el ‘nacimiento’ del Sol Invicto.


Para festejar ese renacimiento se reservaba una jornada especial: el 25 de diciembre. En la Roma del siglo IV que abrazó el cristianismo la asimilación fue clara y directa: si ese era el día del nacimiento del Sol, ¿no debía de ser también el día del nacimiento de Cristo? No fue solo una cuestión espontánea y popular. Las autoridades eclesiásticas, con Julio I y Liberio a la cabeza, favorecieron la idea. El natalicio de Jesús pasó a encajar así con el solsticio de invierno y las Saturnales.
¿Cuándo nació entonces Jesús?
La respuesta breve es que no podemos precisarlo. Nno sabemos el día exacto y tampoco podemos concretar el año, aunque manejamos un marco acotado si tomamos como referencia la muerte de Herodes y el censo de Quirino.
Eso no quiere decir que la pregunta siga coleando dos milenios después. Por ejemplo, hay quien ha buscado anclajes temporales en otras etapas de la biografía de Jesús, como su crucifixión. En ella asoma el nombre de Poncio Pilatos, que ejerció su prefectura en la provincia romana de Judea entre el 26 y 36 d.C. Otra referencia valiosa es cuándo empezó a predicar, en el 15º año de Tiberio.
“Si hacemos caso a Mateo y Jesús nació en el 4 a.C., tiene sentido. Moriría en el año 30 y tendría, quizás, unos 34 años”, explica a la BBC Alonso. Lo que sabemos sobre la edad que tenía al morir y su predicación permite a algunos autores trazar un marco que coincide con los últimos años del reinado de Herodes. Hay quien ha ido incluso más allá, saliéndose de ese horizonte y apuntando a un mes en concreto: diciembre del 1 a.C., basándose en las peregrinaciones judías.
La realidad es que es complicado dar respuestas certezas.
Y lo en parte por la mentalidad de los primeros cristianos.
Primero porque pudieron estar tentados de incluir referencias para que el nacimiento de Jesús se ajustase mejor a las profecías. “Lo del censo de Quirino no encaja, y se entiende que Lucas lo usara como excusa para mover a unas personas que son de Nazaret, en el norte de Israel, hasta Belén, que es donde tiene que nacer el mesías, pero nada más”, señala Alonso. “Es un artificio literario”.
La otra razón es que la fecha del nacimiento de Cristo igual nos intriga a nosotros, pero desde luego no era algo que quitase el sueño a las primeras comunidades critianas, más centradas en el futuro, en la llegada de un Reino de los Cielos que se prometía inminente, que en el pasado terrenal de Jesús.
Imágenes | Wikipedia 1, 2 y 3
En Xataka | El santoral cristiano parece una cosa muy seria y bien pensada. Hasta que descubres que “San Thor” existe
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al mercado todo esto le olía chamusquina
Todo apunta a que las hostilidades han cesado, y con un resultado que a esta alturas pocos observadores esperaban: Netflix ha renunciado a pujar más por Warner Bros., allanando el camino a Paramount para hacerse con el gigante mediático por unos 111.000 millones de dólares. Es el (previsto) desenlace de una guerra de ofertas que arrancó en octubre de 2025 y que ahora da una nueva patada y reordena de forma inesperada el panorama del streaming y el entretenimiento global.
La guerra se remonta a 2016. Es decir, a la compra de Time Warner por parte de AT&T en octubre de 2016 por 85.400 millones de dólares, incluyendo deuda. La intención era combinar la mayor telefónica de Estados Unidos con los activos de HBO, CNN, Warner Bros. Pictures y DC Comics para construir un gigante tecnológico y de entretenimiento. Hubo problemas desde el principio (la fusión se retrasó casi un año por cuestiones legales) y privó a la compañía de la ventana de lanzamiento óptima para HBO Max en un mercado que ya empezaba a saturarse de servicios de streaming. En 2021 AT&T cedería WarnerMedia a Discovery.
Gastos y más gastos. La nueva Warner Bros. Discovery tenía ambición. Su CEO David Zaslav presentó un proyecto de 20.000 millones anuales de gasto para alcanzar 400 millones de suscriptores globales, pero nada de eso se cumplió: las acciones han caido un 60% desde 2022, con pérdidas de 35.000 millones de dólares en capitalización bursátil. En junio de 2025, Warner anunció que se separaba en dos compañías: una de estudios y streaming y otra de redes lineales (con CNN, TNT Sports, Discovery y Bleacher Report). Se pretendía soltar el lastre de los canales de cable, principales responables de una deuda de 37.000 millones.
Vuelta al ruedo. Esa escisión vuelve a convertir a Warner Bros. en un objetivo más apetecible que un conglomerado con decenas de canales de televisión por cable y millones en deudas. En octubre, abrió formalmente un proceso de venta, lo que disparó su cotización más de un 10%. Tres nombres destacaron entre el resto: Netflix, NBCUniversal y Paramount Skydance. Las dos primeras solo querían estudios y streaming, la tercera estaba dispuesta a comprar la totalidad de la compañía. Según algunos analistas, esto convertía la operación en una muy arriesgada para Paramount, pero muy interesante para Warner. David Ellison, CEO de Paramount, había hecho incluso tres ofertas informales antes de octubre, que habían sido rechazadas.
Guerra de ofertas. En noviembre los tres candidatos presentaron sus propuestas no vinculantes: Paramount de 25,50 dólares por acción (la primera de todas, un mes antes, había sido de 19), Netflix y Universal con ofertas no públicas. En diciembre hubo segunda ronda, y Paramount subió a 26,50 dólares por acción. Universal se retiró. El 5 de diciembre, Netflix se daba por ganadora de la subasta con 27,75 dólares por acción y sin contar los canales.
La rabieta de Paramount. Tres días después, David Ellison lanzaba una oferta hostil directamente a los accionistas de WBD: 30 dólares por acción en efectivo por la totalidad de la empresa. La oferta estaba respaldada por la familia Ellison, el fondo de capital privado RedBird Capital, los fondos soberanos de Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Desde ahí se sucedieron ofertas respaldadas por el padre del CEO, Larry Ellison. Seguía subiendo el precio y se eguía dirigiendo directamente a los accionistas, sin éxito.
Ell triunfo de Paramount. En febrero, Netflix concedió a Warner una dispensa de siete días para que retomara conversaciones con Paramount: después de lo que Sarandos describió como “inundar la zona de confusión”, Paramount se veía obligada a mostrar su mejor propuesta o quedar descartada. El 24 de febrero, puso sobre la mesa 31 dólares por acción en efectivo, más la asunción de la deuda y varios extras: una comisión de penalización regulatoria de 7.000 millones de dólares en caso de que los reguladores bloquearan el cierre, la asunción del pago de los 2.800 millones que WBD debería a Netflix si ésta rompía su acuerdo vigente, y una comisión de espera para los accionistas si la aprobación regulatoria se alargaba más allá de otoño de 2026.
Los accionistas esperaron a una contraoferta de Netflix, pero esta no llegó: las proyecciones de rentabilidad por encima de los 30 dólares por acción eran muy complicados: el precio de las acciones había crecido un 63% respecto a la primera oferta de Paramount. Ted Sarandos, co-CEO de Netflix, había viajado ese mismo día a Washington para reunirse con funcionarios de la administración Trump, se habla de que en busca de más datos sobre el entorno regulatorio. Antes del final de la reunión, Netflix ya se había pronunciado: no iba a subir su oferta por motivos puramente financieros, lo que convertía la opción de Paramount en más que posible triunfadora, a falta de la confirmación formal de los accionistas.
¿Y ahora qué? Bueno, efecto inmediato: las acciones de Netflix subieron cerca de un 13%, las de Paramount ganaron un 5%, las de Warner cayeron un 2%. Es decir, el mercado celebra que Netflix recule. Sobre la mesa, unas cuantas cuestiones que resolver: el voto formal del consejo y la fase de aprobación regulatoria (que, en el mejor de los escenarios proyectados por Paramount, no concluirá antes del 30 de septiembre de 2026) que puede estallar por innumerables zonas, aunque el clima es favorable dada la situación política (la relación entre Larry Ellison y Trump -uno financió la campaña de otro- es más que pública).
Dónde estamos ahora. Netflix tiene muchos otros tentáculos con los que crecer. Por ejemplo, acaba de llegar a un acuerdo con Sony por el que los estrenos de la compañía (las películas del Spiderverso, sí, pero también la próxima ‘Zelda’ o las películas de los Beatles de Sam Mendes) tendrán estreno excvlusivo mundial con la plataforma. Algo similar sucede con Universal: Netflix es la plataforma de estreno en streaming de franquicias como ‘Jurassic World’. Netflix terminó 2025 con más de 325 millones de suscriptores de pago y proyecta ingresos de entre 50.700 y 51.700 millones de dólares para 2026. No le va mal, y elevará su inversión en contenido hasta aproximadamente 20.000 millones anuales, según su carta trimestral a accionistas.
Por el otro lado, tendremos una entidad que combina dos de los cinco estudios de Hollywood tradicionales activos con multitud de canales lineales y dos servicios de streaming. Por supuesto, aún es pronto para hablar de fusiones entre HBO Max y Paramount+, de ventas del archivo histórico de Warner para aliviar las deudas o de conflictos entre CNN y CBS News, ahora bajo el mismo techo para desconfianza de los defensores de la libertad de expresión. La industria que en 2019 parecía fragmentarse en decenas de plataformas vuelve a comprimirse en un oligopolio aún más pequeño que antes. Y los que salen perdiendo, para sorpresa de absolutamente nadie son, una vez más, los consumidores y un futuro de ofertas cada vez más raquíticas.
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