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Un anciano vendió un plátano en EEUU por 25 centavos. Ahora un criptobro se lo ha comido tras pagar 6,2 millones de dólares por él
Justin Sun es un viejo conocido de la prensa. Fundador de la red blockchain TRON, exmiembro de la popular lista “30 under 30” de Forbes y primer ministro del microestado Liberland, cargo este último que en realidad le reporta más visibilidad que influencia real, Sun lleva tiempo protagonizando titulares. Alguno muy a su pesar, como cuando la Comisión de Bolsa de EEUU lo acusó de fraude. El viernes sin embargo este criptomagnate convocó a prensa e influencers en un lujoso hotel de Hong Kong para hacer algo que poco tiene que ver con su faceta de empresario o burócrata.
Se comió un plátano.
Ufano y ante la mirada atenta de los periodistas y los flashes de las cámaras, Sun peló y devoró una banana que, reconoció más tarde, le supo “mucho mejor” que cualquier otra que hubiera probado antes. Suena delirante que algo así haya llamado la atención de la prensa y saltado a los titulares de la cadena BBC, The Guardian o The New York Times. O al menos así es hasta que se conoce un dato fundamental: días antes Justin había pagado por ese mismo plátano la friolera de 6,2 millones de dólares.
No es fruta, es arte


Para entenderlo hay que remontarse a hace algo más de una semana, cuando Sotheby´s organizó en Nueva York la que probablemente haya sido la subasta artística más asombrosa delirante de lo que va de año. No por el importe de las ofertas. La pieza que se subastaba acabó adjudicándose por 6,2 millones de dólares, incluida las comisiones, una cantidad más que considerable, pero muy alejada de lo que ha llegado a pagarse por lienzos de autoría dudosa.
No. Lo sorprendente era la pieza por la que se pujaba. Lo que los operarios de Sotheby´s custodiaban mientras siete personas distintas se liaban en una guerra de contraofertas, a cada cual más elevada, era ni más ni menos que un plátano. Para ser precisos una banaba madura pegada a la pared con la misma cinta de embalar que puedes encontrar en la mayoría de ferreterías del planeta.
Que una fruta acabase en una subasta de Sotheby´s con un precio de salida de 800.000 dólares y una previsión de venta de entre 1 y 1,5 millones, cifras que se quedaron muy por debajo de los 6,2 millones que llegó a desembolsar Sun para ganar la puja, se explica por una razón muy sencilla: el plátano en realidad no era un plátano. Era arte.
La banaba en cuestión se había comprado esa misma mañana en un puesto callejero de Manhattan por menos de 40 centavos, pero lo que hizo que su valor se disparase de forma exponencial en cuestión de unas horas es que se usó para recrear una obra original llamada ‘Comedian’ y que consiste ni más ni menos que en eso: un plátano pegado a una pared de una forma determinada, con cinta adhesiva y a 160 centímetros del suelo.
Su autor es el artista italiano Maurizio Cattelan, conocido ya por otras obras polémicas, como ‘La Nona Ora’, que representa al papa Juan Pablo II golpeado por un meteorito, o ‘America’, un inodoro totalmente funcional fabricado en oro de 18 quilates. En esa misma línea de provocación y con la intención declarada de ofrecer una sátira del mercado artístico, hace años Cattelan decidió pegar un plátano a una pared y llamarlo ‘Comedian’.
La obra se presentó en la feria Art Basel de Miami. Según precisa Sotheby´s, se crearon tres ediciones de ‘Comedian’, además de “dos pruebas del artista”, y la galería Perrotin acabó vendiendo las piezas por una cantidad más que respetable, aunque bastante alejada de la que se pagó en noviembre en Nueva York: entre 120.000 y 150.000 dólares.
Aquello generó expectación. Y revuelo. Por si la obra no fuese provocadora de por sí, ganó más fama cuando otro artista, David Datuna, despegó uno de los plátanos de Cattelan de la pared y se lo comió ante una cámara a finales de 2019.
Datuna aseguró que era una performance propia basada en la obra del italiano. Solo sirvió para darle aún más popularidad a la irreverente ‘Comedian’. Con ese telón de fondo, una de aquellas bananas llegó este otoño a Sotheby´s, donde en un nuevo giro de guion Justin Sun, un criptomagnate nacido en China, decidió comprobarla por 6,2 millones de dólares.
Quizás parezca mucho, pero Sotheby´s supo venderla bien: la situó a la altura de ‘Olympia’, de Édouard Manet, o ‘Fountain’, de Marcel Duchamp, un urinario que también sacudió el mundo del arte cuando se presentó, en 1917.
La historia de ‘Comedian’ pudo acabarse ahí. Un broche millonario para una historia chocante. Pero Sun decidió ir más allá e inmediatamente después de haberse comprometido a pagar 6,2 millones por el plátano anunció a través de X que planeaba comérselo. El viernes pasado reunió a docenas de periodistas e influencers en el salón de actos del exclusivo hotel Peninsula de Hong Kong y cumplió con su ¿amenaza? Devoró el plátano.
“Comerlo durante una conferencia de prensa también puede convertirse en parte de la historia de la obra de arte”, argumentó el criptoempresario antes de asegurar que la fruta en cuestión era “mucho mejor que otros plátanos”. Aún así a cada uno de los asistentes le regaló un plátano y un rollo de cinta adhesiva.
La historia se completa aún con otro capítulo escrito a miles de kilómetros del hotel de Hong Kong en el que Sun se zampó la obra de Cattelan. En el Bronx, no muy lejos del salón en el que Sotheby´s subastó la pieza, se sitúa el puesto de frutas en el que se compró el plátano con el que se recreó el ejemplar de ‘Comedian’ adquirido por Sun. Allí lo vendieron por una ínfima parte —TNYT publicó en un principio que fueron 35 centavos, suma que más tarde bajó a 25— de los 6,2 millones de la puja.
Hace unos días los reporteros de The New York Times visitaron el puesto en cuestión para hablar con el vendedor que despachó el plátano por el 0,00000004% del valor que acabaría adquiriendo esa misma noche durante la subasta de Sotheby´s y se encontró con un anciano bangladeshí de 74 años, Shah Alam, dedicado a la venta de fruta en Manhattan.
Su respuesta al enterarse del meteórico cambio de valor del plátano, asegura el rotativo neoyorquino, resultó “conmovedora”. “Soy un hombre pobre”, confesó Alam: “Nunca he tenido esa cantidad de dinero, nunca he visto esa cantidad”.
Sus palabras debieron remover a Sun, que volvió a recurrir a su cuenta de X para lanzar otro anuncio chocante: compraría 100.000 plátanos en el puesto de Alam para después repartirlos gratis. Es decir, 25.000 dólares en bananas a 0,25 dólares la unidad.
Suena genial, pero hace unos días Alam admitía a TNYT que la realidad es bien distinta para un vendedor callejero de frutas en el Bronx: conseguir 100.000 plátanos le costaría miles de dólares, luego se enfrentaría al desafío de trasladarlos a su puesto y al final la ganancia real para el negocio sería bastante inferior, de apenas 6.000 dólares.
Eso sin contar con que Alam no es el dueño del puesto callejero, sino uno de los siete empleados que trabajan repartidos en extenuantes turnos para el propietario del puesto, que tiene otro negocio dedicado a la venta de fruta.
Ironías del mundo del arte. Y el mercado.
Lógicamente Sun no pagó 6,2 millones de dólares por un plátano y las comisiones de la subasta. Pagó por un certificado que le da derecho a pegar una banana a una pared de determinada forma y luego afirmar que eso se llama ‘Comedian’ y es una obra del polémico artista italiano Maurizio Cattelan.
De hecho la fruta no tiene nada de especial. No está tratada. Nadie ha buscado la forma de preservar la pieza original. Cada fruta acaba pudriéndose y debe ser repuesta por otra parecida. De hecho, junto a la banaba y el certificado, Sun recibió un manual con instrucciones sobre cómo hacerlo.
No se sabe si Sun hará uso de su título para pegar otra banaba en una pared con cinta gris y llamarlo ‘Comedian’, pero por lo pronto su inversión de 6,2 millones de dólares le ha servido para ganar una notoriedad considerable y dar visibilidad a su propio negocio en el mundo de los criptovalores. Él mismo comparó el plátano de Cattelan con los NFT, piezas de arte digital sin un valor intrínseco, aunque llegan a cotizarse por sumas millonarias.
Casualidades o no, Sun también ha aprovechado la fama que le ha dado el plátano para revelar la inversión de 30 millones de dólares en un proyecto de criptomonedas, World Liberty Financial.
Imágenes |Sotheby´s y Justin Sun (X)
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Tom Hanks se niega a participar en el remake de esta película del Hollywood clásico
En el año 2000, durante la gira de promoción de ‘Náufrago’, un periodista preguntó a Tom Hanks si estaría dispuesto a ponerse en la piel del protagonista de un remake de ‘El invisible Harvey’, la comedia fantástica de 1950 cuyo reparto ya encabezaron James Stewart y un conejo que no existe. La respuesta fue tajante: “Es como decir que vamos a hacer una nueva versión de ‘¡Qué bello es vivir!’ ¿Para qué? Déjenla en paz. ‘Harvey’ es perfecta tal y como está, gracias”.
Harvey: Origins. Antes de ser película, ‘El invisible Harvey’ fue obra de teatro. Su autora, Mary Chase, tardó dos años en escribirla y la estrenó en Broadway el 1 de noviembre de 1944. Duró 1.775 representaciones, hasta 1949, y en 1945 ganó el Premio Pulitzer de Drama. En ella, Elwood P. Dowd es un hombre afable y aficionado a los bares que encuentra un buen amigo en Harvey, un pooka (criatura de la mitología celta) con forma de conejo blanco de casi dos metros que solo él puede ver. Su hermana intenta internarlo en una clínica en una obra que se plantea qué es exactamente estar cuerdo.
La película. Cuando Universal compró los derechos, James Stewart era la elección natural para el protagonista. La película llegó a los cines en diciembre de 1950 y funcionó razonablemente bien: alrededor de 2,6 millones de dólares de recaudación, pero insuficientes para cubrir los elevados gastos de derechos de la obra. Josephine Hull ganó el Oscar a la Mejor actriz de reparto y Stewart fue nominado, pero el recuerdo de la película acabó difuminándose en el tiempo, recuperándose décadas después como una pieza de cine fantástico amable involuntariamente lisérgica.
Otros remakes… de Tom Hanks. El rechazo de Hanks en el año 2000 no era el de alguien que se opone por principios a actualizar historias del pasado. O al menos no lo sería en poco tiempo: en 2004 protagonizó The Ladykillers de los hermanos Coen, remake de la comedia criminal británica de Alexander Mackendrick de 1955 Arsénico por compasión. En 2022, El peor vecino del mundo, dirigida por Marc Forster, fue una adaptación directa de la película sueca Un hombre llamado Ove (2015) de Hannes Holm.
Un remake que trae cola. El invisible Harvey ha estado a punto de materializarse en numerosas ocasiones sin que nunca llegara a buen puerto. Don Gregory adquirió los derechos en 1996 y acabó vendiéndoselos a Miramax, que tampoco hizo nada con ellos. En noviembre de 2003, John Travolta estaba en negociaciones para protagonizar una nueva versión coproducida por Dimension Films y MGM, que tampoco prosperó.
El intento más serio llegó en 2009, cuando Steven Spielberg se interesó en dirigir la película bajo el paraguas de Fox y DreamWorks. La primera opción de Spielberg para Elwood era su colaborador habitual Tom Hanks pero cuando Hanks rechazó el papel, Spielberg archivó el proyecto. Después circularon los nombres de Robert Downey Jr. y otros actores como Jim Carrey o Adam Sandler, sin que ninguno de esos nombres llegara más allá de la especulación. En diciembre de 2018, Netflix anunció que se había hecho con los derechos del proyecto, con los guionistas J. David Stem y David N. Weiss (Shrek 2, Los pitufos) a cargo del guion. Pero desde aquel anuncio no ha trascendido ningún avance.
Las versiones que sí existieron. Aunque el remake cinematográfico nunca llegó a hacerse, la historia sí tiene historia en televisión. La primera nueva versión llegó en 1958, con Art Carney en el papel protagonista. Tuvo buena acogida en su momento sin dejar demasiada huella. En 1972 fue el propio James Stewart quien volvió al personaje, en una producción de Hallmark Hall of Fame para la NBC. Stewart aceptó esta segunda oportunidad porque quedó insatisfecho con su actuación en la película original: el resultado fue una versión más oscura y más fiel a la obra de teatro que a la película de Koster.
En 1996 llegó la versión más olvidada: una adaptación para la CBS con Harry Anderson como Elwood, y con Leslie Nielsen en el reparto, con escenas añadidas y un cambio de tono que no convenció demasiado. Ese mismo proyecto fue el que Don Gregory acabó vendiendo a Miramax cuando los derechos del remake cinematográfico siguieron dando vueltas.
Cabecera | Dick Thomas Johnson
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Japón está sufriendo un récord de quiebras de locales de ramen. Y en parte es fruto de la “barrera de los 1.000 yenes”
El ramen es casi una religión (gastronómica) en Japón. Una, eso sí, condenada a ajustarse a cierta horquilla de precios. Aunque los cuencos de fideos con sopa, carne y verduras son uno de los símbolos de la cocina nipona y un reclamo para los turistas, en el país el ramen se ve como un plato modesto para estudiantes que salen de la escuela u operarios con una breve pausa para almorzar. Una suerte de ‘menú trabajador’. Tanto es así que incluso se habla del “muro de los 1.000 yenes”, una barrera psicológica para los precios de los cuencos de fideos.
El problema es que los hosteleros japoneses han ido viendo cómo sus costes aumentaban hasta arrastrarlos a una situación crítica: en 2024 registraron un récord de locales de ramen quebrados y, aunque la situación mejoró de forma sensible en 2025, los negocios arruinados todavía se cuentan por decenas.
Mala temporada para el negocio. Que la hoja de gastos aumente mientras la de ingresos se ve condicionada por una barrera psicológica que limita los precios solo puede traducirse en una cosa para los negocios: problemas. Lo saben bien los restaurantes de ramen de Japón, que llevan años registrando decenas y decenas de quiebras y en 2024 incluso alcanzaron un récord de cierres.
Los datos parten de la firma de investigación Teikou y son elocuentes. En 2020 contabilizó 54 restaurantes de ramen condenados a la bancarrota, en 2021 fueron 17, un dato que se explica en gran medida por las ayudas dadas por el Gobierno durante la pandemia del COVID-19, y en 2022 las quiebres volvieron a subir a 33. Al año siguiente fueron 53, en 2024 se alcanzó un récord de 79 quiebras y el año pasado, último dato disponible, se declararon arruinados 59 locales.
Para su estudio, los técnicos de Teikoku tienen en cuenta principalmente aquellos negocios que acumulaban deudas por más de 10 millones de yenes (algo más de 54.000 euros) y no les queda otra que declararse en quiebra.


La clave: la tendencia. El dato puede parecer bajo si se tiene en cuenta que a lo largo y ancho del país se reparten más de 21.000 restaurantes de ramen, pero resulta significativo. El año pasado, de hecho, hizo saltar las armas por el récord de quiebras. Los últimos datos del sector son algo más positivos, pero aún así estén lejos de ser ideales: siguen cerrando decenas y decenas de negocios.
Con todo, hay otra razón por la que las cifras llaman la atención: el discurso. Medios locales e internacionales se han pasado tiempo advirtiendo de la cascada de cierres. Hay quien advierte además que, más allá del balance de quiebras, un número significativo de los establecimientos que siguen abiertos lo hacen con una salud financiera delicada. Es decir, se mantienen operativos, pero no están bien.
Asfixiados por los costes. Las cifras de quiebras pueden variar en función del período que se analice, pero lo que no lo hacen son los análisis que hablan de las causas de la crisis del ramen. El diagnóstico está claro: el problema de los locales ha sido el alza de los costes y el escaso margen para trasladárselo a los clientes.
En 2025 The Washington Post citaba un estudio de Teikoku Databank que concluía que la suma de los ingredientes —entre los que se incluye la carne de cerdo, pasta y algas—, la mano de obra y la energía necesarias para elaborar ramen se había disparado alrededor de un 10% en tres años. Otros cálculos señalan que el coste por cliente creció un 5% entre 2022 y 2023.
“Los precios han ido subiendo con el paso del tiempo, pero en los últimos tres años han sido increíbles”, reconocía Tetsuya Kaneko, con un local en Tokio.
La ‘tormenta perfecta’ del ramen. Tetsuya Kaneko asumía de hecho que su caso no era único y “todo el mundo en el sector pasa apuros”. Al fin y al cabo los hosteleros se han visto obligados a lidiar con una ‘tormenta perfecta’ que juega en su contra: inflación, el encarecimiento de las importaciones debido a la debilidad del yen frente al dólar y el aumento del coste de la energía que tuvo la guerra de Ucrania, que también afectó al flujo de cereales. Desde hace tres meses a ese panorama se añade la guerra de Irán, que ha encarecido el transporte.
“El ejemplo de las tiendas de ramen ilustra bien las tendencias económicas porque les cuesta trasladar el aumento de costes a los consumidores finales”, explica al diario estadounidense Norihiro Yamaguchi, economista especializada en Japón en Oxford Economics. En su opinión, hasta 2022 los consumidores vacilaban ante cualquier subida de precios, pero la realidad es ahora distinta: “Tienen que aceptar el aumento del coste de vida”.
Para todos los bolsillos. Por si la situación no fuese compleja de por sí, a los locales especializados en ramen les toca lidiar con otro reto: los precios. O mejor dicho, la imagen que tiene el plato en el país y las barreras psicológicas que en cierto modo condicionan sus tarifas. No es algo del todo desconocido en España, donde opera una lógica similar en los menús del día de los restaurantes.
“El ramen siempre ha sido un alimento básico para personas con bajos ingresos, estudiantes… No quiero que quede fuera de su alcance”, explica Kaneko.
El “muro de los 1.000 yenes”. Una búsqueda rápida en Google muestra varias referencias, tanto en blogs y webs especializadas en cultura japonesa como en diarios generalistas, de lo que se suele denominar “muro de los 1.000 yenes”, que al cambio supone unos 5,4 euros. Ese número redondo marca el precio tope que raramente sobrepasa un cuenco de fideos básico con caldo, carne y verduras.
O así lo era hasta hace poco. Ante el nuevo escenario y la delicada situación a la que se han visto arrastrados muchos negocios, sus responsables han tenido que plantearse un dilema: cruzar la barrera de los 1.000 yenes o resignarse a seguir los pasos de los 72 establecimientos cerrados en 2024 y los 59 de 2025.


Subida con disculpa incluida. Hace unos meses Kaneko recordaba cómo en 2023 tuvo que aumentar sus precios en 50 yenes, hasta llegar a los 1.000 por un tazón estándar. Otro profesional del sector, Taisei Hikage, recordaba cómo han variado las tarifas en cuestión de una década: si hace 10 años había platos básicos de fideos por 500 yenes, hoy la situación es bien distinta.
Cuando abrió su propio restaurante en 2023 ofrecía platos por 750 yenes. Desde entonces ha tenido que retocar varias veces los precios de su menú, siempre al alza, hasta aproximar el coste final a los 1.000 yenes. En el verano de 2024 sus cuencos básicos se cobraban ya a 950. Previendo probablemente el impacto de la medida, Hikage quiso acompañar el alza de costes de una disculpa en redes.
Crisis, pero con matices. Que los negocios dedicados al ramen no pasen por su mejor momento y se hayan convertido en víctimas del contexto económico no significa, ni mucho menos, que el sector esté condenado. Las quiebras pudieron alcanzar un nivel récord en 2024, pero siguen suponiendo una parte reducida de los más de 21.000 restaurantes centrados en ese plato en Japón. De hecho, hay otros negocios hosteleros que sufrieron más bancarrotas en 2025. Solo los pubs, cervecerías y las tradicionales izakayas sumaron 204 quiebras el año pasado.
El ramen es además un símbolo de la cocina nipona, uno especialmente popular entre los turistas extranjeros (cada vez más) que visitan el país, que en función de lo que busquen pueden encontrar cuencos por mucho más de 1.000 yenes. Para las familias japonesas más preocupadas por su economía doméstica sigue suponiendo una opción más asequible que otras alternativas.
Ventajas… y desafíos. En 2024 Nikkei precisaba que si bien cada vez más locales de ramen cobraban más de 1.000 yenes por sus platos, estos se mantienen como una opción más económica por cliente que los restaurantes familiares, que rondaban en promedio los 1.360 yenes, o los establecimientos de sushi con cintas transportadoras, donde la factura media se situaba en torno a los 1.190.
El aumento de costes ha afectado además a otro tipo de negocios, como los puestos de soba o los restaurantes de tonkatsu, ambos también muy populares.
Adaptándose al cambio. Que el sector haya logrado reducir sus quiebras en el último año, entre 2024 y 2025, demuestra también su capacidad para adaptarse al nuevo escenario y buscar soluciones. En Teikoku de hecho relacionan la caída de bancarrotas con la apuesta de los negocios por fórmulas de producción más eficientes y que refuercen su rentabilidad: uso de productos semicocinados que reducen la necesidad de personal, cambios en los platos para abaratarlos…
En juego también entran otros factores como, tal vez, una mayor tolerancia a la subida de precios o la entrada en el sector de cadenas e inversores que ayuden a capear el temporal a los restaurantes especializados en ramen.
Una versión de este artículo se publicó en enero de 2025
Imágenes | City Foodsters (Flickr), Yanhao Fang (Unsplash) y Christian Dala (Unsplash)
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poner a un astronauta a “vivir” un año en órbita
La misión Shenzhou 23 ha sido un éxito en su viaje a Tiangong, según han relatado diversos medios de comunicación chinos. En estos, se señala este hito como un gran paso hacia adelante en la carrera de China hacia la Luna. Ciertamente, cada uno de estos avances lleva al país asiático más cerca de nuestro satélite. No obstante, cabe destacar que los hitos logrados con esta última misión son más bien logros de la carrera espacial china en general, y no tan específicos de la exploración lunar.
También cabe destacar que se han batido o se espera batir varios récord, pero de nuevo se trata de récords particulares de esta nación, no a nivel mundial. Todo esto indica que tienen la capacidad de las grandes potencias espaciales, aunque mucho de lo que están haciendo ya se haya hecho con anterioridad.
Tres nuevos taikonautas en el espacio. Este 24 de mayo, tres taikonautas (el nombre con el que se conoce a los astronautas chinos en occidente) partieron con ayuda de un cohete Long March rumbo a la estación espacial Tiangong. El acoplamiento con uno de los puertos de dicha estación se llevó a cabo sin problemas 3,5 horas después. Se espera que dos de los tres tripulantes de la nave pasen alrededor de 6 meses en estas instalaciones. Lo normal en estas misiones. Sin embargo, uno de ellos, aún no se ha especificado cuál, batirá el récord de pasar un año en el espacio.
Antecedentes. Ya ha habido otros astronautas que han pasado alrededor de un año en el espacio. En la NASA el récord lo tiene el astronauta Frank Rubio, quien pasó 371 días a bordo de la Estación Espacial Internacional. Antes de él, en la cima de la agencia espacial estadounidense se encontraba Mark Vande Hei, con 355 días. Sin embargo, ambos están muy por debajo de los 437 días que pasó el cosmonauta ruso Valeri Polyakov en la estación rusa Mir.
La tripulación. Los tres tripulantes de esta misión china son Zhu Yangzhu, Zhang Zhiyuan y Li Jiaying. Esta última es la cuarta mujer taikonauta y la primera persona de Hong Kong en viajar al espacio. Antes era inspectora de policía.
Más primeras veces. La próxima misión a Tiangong llevará a bordo a un astronauta pakistaní, por lo que se seguirán cumpliendo primeras veces.
Futuros experimentos. Los astronautas que ahora han llegado a la estación espacial china llevarán a cabo diversos experimentos, relacionados con la medicina, la ciencia de los materiales, la física de fluidos, la biología y la medicina. Destacan los que llevará a cabo el tripulante que alargará su estancia hasta un año, ya que será el que se encargará de estudiar cómo afecta al cuerpo humano la microgravedad en estancias largas. Se centrará también en los efectos psicológicos del confinamiento y, en general, en todo lo que podría afectar a la salud de los próximos colonos lunares.
Objetivo: la Luna. Por supuesto que China tiene la vista puesta en la Luna. De hecho, con sus misiones Chang’e, han hecho un estudio muy exhaustivo de nuestro satélite. Han logrado cartografiarlo, aterrizar en su lado oculto y recoger muestras y devolverlas a la Tierra para su análisis. Incluso se ha hecho germinar una semilla en una biosfera simulada, dentro del territorio selenita. La Academia de Ciencias China tiene conocimientos suficientes sobre la Luna y ha demostrado tener también tecnologías más que competentes.
Su objetivo es alunizar en 2030. El de la NASA está fijado en 2028, pero todo puede cambiar. De momento, China avanza a buen ritmo en su carrera espacial y esa, sin duda, es una gran noticia. Al fin y al cabo, deberíamos ver la carrera espacial como un objetivo de la humanidad, no tanto como una carrera entre países.
Imágenes | CMSA
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