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Ya tenemos definición para lo que es una “IA Open Source”. Y como era de esperar, a Meta no le gusta demasiado

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Presumir de que una IA es Open Source va a ser a partir de ahora más complicado. Hasta ahora no había una definición clara de qué diferenciaba a un modelo de IA Open Source uno que no lo era, pero tras varios meses de esfuerzo ya tenemos una buena forma de hacerlo. La Open Source Initiative (OSI), el organismo que trabaja para (entre otras cosas) establecer este tipo de consensos, acaba de publicar la versión 1.0 de esta definición.

OSAID. La llamada Open Source AI Definition (OSAID, por sus siglas en inglés) acaba de ser anunciada. Para llegar a ella la OSI ha tenido en cuenta criterios provenientes tanto de la industria como de entornos académicos e incluso regulatorios.

Recreable. Ese es en esencia el requisito que necesita una IA para ser Open Source. El creador del modelo debe ofrecer información suficiente para que cualquier otra persona pueda recrearlo. Así, el modelo debe ofrecer detalles sobre el conjunto de datos de entrenamiento, incluido su origen, cómo se procesaron los datos y cómo se pueden obtener o licenciar.

Usar, modificar, compartir. Como sucede con el código Open Source, una IA Open Source debe poder usarse libremente, pero también debe poder modificarse o compartirse sin pedir permiso a nadie. Stefano Maffulli, uno de los responsables de la definición, explicaba cómo es importante “poder crear algo sobre esa base”, defendiendo así los célebres “forks” o iteraciones de un modelo que lo toman como base para crear otros derivados, como también ocurre con el código.

Meta no está de acuerdo. Según indican en TechCrunch, en Meta no están de acuerdo con esa definición. “No hay una única definición de IA Open Source, y definirla es un reto porque las definiciones previas de Open Source no sirven para las complejidades de los modelos de IA y su rápido avance”. Para ellos su modelo Llama es “libre y está disponible abiertamente”, y las restricciones que aplican en ciertos casos —sobre todo, si el modelo derivado tiene un éxito importante— están establecidas para “mantener a la gente segura”.

¿De dónde has sacado los datos de entrenamiento? Una de las grandes preguntas para quienes desarrollan modelos de IA es precisamente esa, pero la transparencia aquí es casi siempre nula. Lo es desde luego por parte de Meta, pero también de otras como Google, que incluso deja claro que si el contenido es público, potencialmente lo usarán para entrenar sus modelos.

Esto es solo la versión 1.0. Esta definición es como decíamos la versión 1.0, y la idea es que a medida que pase el tiempo evolucione para poder reflejar más los distintos aspectos que rodean a estos desarrollos. Hay por ejemplo cierta polémica por la forma en la que la OSI considera que un modelo de IA puede ser Open Source incluso si los datos usados para entrenarlo puedan no estar libremente disponibles.

¿Y los derechos de autor? La definición permite excluir ciertos datos como parte del conjunto de datos de entrenamiento. En OSI afirman que eso se hace para permitir que datos sensibles y protegidos, como los referidos a la salud, no se compartan en el modelo Open Source. No se abordan los derechos de autor con detalle, y esa es un claro indicio de que aún habrá que trabajar en esta definición.

Imagen | Anthony Quintano

En Xataka | El Open Source arrasa y vive una época dorada, pero también hay algo de postureo

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El robot con el que quieren explorar los túneles de Marte es un bicho bola relleno de drones diente de león

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El ser humano lleva 30 años enviando rovers a Marte. Sabemos bastante sobre su superficie, pero aún hay muchas regiones inexploradas. Un buen ejemplo son sus túneles. El planeta rojo tiene la mayor red de túneles conocida del sistema solar, pero no ha habido ningún vehículo capaz de entrar en ellos y explorarlos desde dentro. Por eso, un equipo de científicos del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo México lleva varios años trabajando en una solución de lo más original: enviar a las cuevas un robot bicho bola, relleno de drones diente de león. Suena rarísimo, pero tiene sentido.

Biomimética para entrar a los túneles. El profesor Mostafa Hassanalian, de New México Tech, lleva varios años trabajando en este proyecto, pero recientemente el tema ha vuelto a las redes después de que este le conceda unas declaraciones a Space. En ellas les cuenta, a grandes rasgos, el objetivo de su investigación. Esta se basa en la biomimética. Es decir, en el desarrollo de tecnologías inspiradas en la naturaleza. Concretamente, pretende desarrollar dos tipos de drones: uno inspirado en las cochinillas y otro que funciona como las plantas de diente de león. 

La cochinilla, conocida coloquialmente como bicho bola, puede entrar en sitios pequeños y proteger su propio cuerpo al encogerse en forma de bola. En este caso protege su interior, porque lleva escondidos un montón de pequeñísimos robots que se esparcen por el aire como las semillas de diente de león. 

El problema. Marte está lleno de túneles de origen volcánico. Se han encontrado algunos extendidos hasta por 1.200 kilómetros, con tubos de lava de más de 250 metros de diámetro. No son precisamente túneles pequeños. Los rovers que actualmente se encuentran en Marte, como Curiosity o Perseverance, no tienen la capacidad de introducirse en estos túneles. Por eso, si hay algo interesante, no podremos saberlo hasta que los humanos viajen al planeta rojo. Si lo que hay es peligroso, mejor verlo antes de entrar. Se necesitan métodos para ver el interior de esos túneles.

La solución. El equipo de Hassanalian ha ideado dos tipos de robots. Por un lado, el que imita a la cochinilla es una esfera que se puede introducir por un agujero cavado en el techo de los túneles. Una vez dentro de estos, la bola se abre, como una cochinilla que deja de hacerse bolita, y libera su contenido: miles de pequeños drones muy ligeros, que se pueden desplazar a kilómetros de distancia gracias al viento. 

Robots Para Tuneles Marcianos
Robots Para Tuneles Marcianos

Limitaciones superadas. Este tipo de dispositivos se encontrarían con varios obstáculos, para los que Hassanalian ya ha pensado una solución. El primero sería que no tenemos ni idea de si habrá viento suficiente en el interior de los túneles. Sabemos que Marte sí puede ser muy ventoso, llegando a alcanzarse los 100 kilómetros por hora. Sin embargo, los túneles podrían estar resguardados. Por eso, este científico planea incorporar un ventilador en el robot principal que ayude a impulsar los mini drones dientes de león. 

Además, los propios agujeros que se harían en el techo para introducir el robot ayudarían a impulsar las semillitas. Por otro lado, la luz del Sol no puede acceder al interior de los túneles, por lo que no podrían alimentarse con energía solar. Esto se soluciona usando piezoelectricidad. Es decir, materiales que generan electricidad al ser sometidos a presión mecánica.

Multitud de sensores. Los drones irán cargados con sensores de humedad y temperatura que permitan analizar las condiciones internas de los túneles. Además, también ayudarían a mapear los conductos y hacer un plano de la red de túneles marcianos. Todo eso se enviaría a los investigadores a través de señales de radio. De momento, estos dos tipos de robots no se han llegado a construir ni probar, pero la idea es de lo más prometedora. Con la financiación suficiente para que pueda llevarse a cabo, tendríamos una solución muy ingeniosa para mirar en esos puntos ciegos del planeta rojo. Y todo gracias a un animal y una planta de nuestro propio planeta. 

Imagen | Magnific/Dave Huth | Nex México Tech. 

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cada vez hay más personas que acumulan y acumulan perros y gatos en sus casas

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Ocurrió en Madrid, a finales de 2024. Las autoridades entraron en el piso de una mujer del distrito de Chamartín que convivía con 74 gatos en condiciones tan insalubres que, tras el rescate y a pesar de los esfuerzos de la protectora, varios de los mininos murieron poco después. Aunque esa cifra (74) resulte chocante, el de Madrid es solo uno de los muchos (muchísimos) casos de ‘síndrome de Noé’ que la policía registra cada año, tanto en España como en otros países.

El tema acapara titulares solo cuando se destapan sucesos tan sangrantes como el de Chamartín, pero lo cierto es que cada vez hay más estudios que sugieren que el acaparamiento de animales es un problema grave y (la clave) creciente.

¿Qué es el síndrome de Noé? Un trastorno similar al síndrome de Diógenes (en ocasiones ambos se solapan) que consiste en la acumulación compulsiva y desproporcionada de animales, lo que a su vez deriva en situaciones de riesgo tanto para estos últimos como para quien padece el desorden y su entorno más próximo, sobre todo si vive en comunidad. En general, más allá de ese acaparamiento, se considera que el síndrome llega acompañado de otros dos rasgos relacionados entre sí.

El primero es que quien padece el síndrome acaba siendo incapaz de mantener en buenas condiciones a sus animales. No se trata solo de convivir con un número desproporcionado de perros y gatos en espacios más o menos reducidos. Las personas con ‘síndrome de Noe’ son incapaces de atender sus necesidades más elementales. La segunda característica es que tampoco ven el problema. Aunque en ocasiones ellas mismas piden ayuda (ocurrió en Chamartín) suelen negar su desorden, lo minimizan o recelan de quienes intentan auxiliarlas.

@rspca_official

Last week, we shared a photo on social media from a recent rescue with @Dogs Trust involving over 250 poodle-cross dogs… The scale was so shocking that it led to countless allegations of the image being AI-generated💔 For the teams who worked tirelessly on this rescue and those currently providing 24/7 care for these dogs, seeing the authenticity of their hard work questioned has been deeply upsetting. We don’t need to use AI, as we have thousands of real stories about helping animals in desperate need, just like this. Sadly, this is very much real, as much as we wish it wasn’t. This is the heartbreaking reality that our frontline teams are facing more and more, having seen a massive rise in multi-animal reports involving 10, 50, or even 100+ animals at a single address. You can be a vital part of a rescue animal’s journey, please adopt ❤️‍🩹 #AnimalRescue #AI #Dogs #Rescue #Poodle

♬ Moment Of Reflection – Jhonatan Rodrigues & Piano Sky & Dee Piano

¿Por qué supone un problema? Por muchas razones. Para empezar, porque a menudo detrás de cada caso de síndrome de Noé se esconde un drama. Quienes acaparan animales suelen empezar haciéndolo movidos por “buenas intenciones”, como reconoce PETA. Con el tiempo sin embargo su propósito se desvía y su desorden acaba derivando en todo lo contrario: “Conductas delictivas con consecuencias horribles para los animales, sus familiares y comunidades”. Los gatos y perros acaban viviendo acinados, entre heces y desnutridos, una situación que se agrava a medida que aumenta la colonia. Y eso no es difícil si su dueño no se encarga de castrarlos.

Un ejemplo claro de esa dinámica se registró hace no mucho en Inglaterra, donde se rescataron 250 caniches que vivían apretujados en una misma vivienda. Cuando informó del caso, la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (RSPCA) publicó una foto en la que se ve un salón atestado de canes sucios y con greñas. La imagen es tan impactando que la RSPCA empezó a recibir críticas de gente convencida de que la había generado con IA. Sus responsables tuvieron que salir a desmentirlo de forma categórica: “La imagen, impactante, refleja la realidad”.

¿A cuánta gente afecta el síndrome? En el comunicado que lanzó para reivindicar la autenticidad de la foto, la RSPCA no solo insiste en el drama de los casos de síndrome de Noé. También deja botando una idea preocupante: su personal se encuentra “cada vez con mayor frecuencia” con casos de maltrato en los que se ven implicados múltiples animales a la vez: 10, 20 o hasta un centenar. ¿Por qué es importante? Porque nos da una pista sobre la incidencia (y evolución) de los episodios que pueden encajar en el síndrome de Noé.

Para ser precisos, desde 2021 RSPCA ha constatado un aumento del 70% en “los incidentes con varios animales” en Inglaterra y Gales. No todos pueden relacionarse con el síndrome, pero aún así el dato resulta elocuente. “Los casos en los que se mantiene a un gran número de animales en una misma casa pueden relacionarse con problemas de salud mental, la crisis del coste de la vida o criadores que operan con prácticas inadecuadas”, precisa la organización, que advierte: “Incluso personas que al principio tenían buenas intenciones a menudo ven cómo la situación se les va de las manos”.

¿Hay más datos? Sí. La RSPCA asegura que solo el año pasado respondió a 4.200 alertas relacionadas con casos de maltrato que implicaban a (al menos) una decena de animales, siempre en una misma dirección. Y eso solo en Inglaterra y Gales.

La organización advierte del impacto del encarecimiento de la vida, las malas prácticas de cría y el aumento de los abandonos. Más allá del problema de salud pública que representan, casos así afectan directamente a los perros y gatos implicados. Aun en el caso de que sean rescatados, a menudo sufren secuelas que complican que encuentren un nuevo hogar. Por ejemplo, padecen estrés cuando se quedan solos, les cuesta adaptarse u orinan y defecan donde no deben.

¿Y más allá de Inglaterra? No abundan los estudios estadísticos o de incidencia sobre episodios de acumulación de animales, pero sí hay pistas que señalan que Reino Unido no es un caso excepcional. En abril de 2025 The Korea Times señalaba que el problema parece estar aumentando también en Corea del Sur y hace no mucho la NBC apuntaba en la misma dirección hablando de EEUU. La Federación Alemana de Bienestar Animal informaba en septiembre de la notificación de 147 casos en un año con 8.911 animales afectados. Para hacernos una idea, son unos 2.000 más que el año anterior.

¿Qué ocurre en España? En España el síndrome de Noé ha motivado (además de cientos de noticias) informes elaborados por protectoras, abogados o colegios de veterinarios

Uno de los estudios más interesantes sobre la materia lo publicó en 2014 un grupo de investigadores de Fundación Affinity. Tras analizar 24 informes de casos que afectaron a 1.218 perros y gatos y 27 personas, los expertos concluyeron que la gran mayoría de quienes acaparan animales son personas mayores (tanto hombres como mujeres), socialmente aislados y que acumulaban de media unos 50 animales, sobre todo perros. En el 75% de los casos los canes y gatos estaban mal atendidos, lo que incluía heridas, enfermedades infecciosas o parásitos.

El fenómeno coincide con un cambio en la propia sociedad española, cada vez más envejecida y en la que también están aumentando los hogares unipersonales.

Imágenes | Halogen Condense (Unsplash)

En Xataka | “No son solo seres sintientes”: España abre el debate más espinoso de los derechos animales, cómo tratar a los grandes simios



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La explosión nuclear que cambió el mundo también creó un material que no existe en ningún otro lugar del universo conocido

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El 16 de julio de 1945, la primera detonación de una bomba atómica —conocida como la prueba Trinity— cambió el curso de la historia y dejó una huella imborrable en el desierto de Nuevo México. La explosión del dispositivo de plutonio liberó una energía equivalente a 21 kilotones de TNT, suficiente para vaporizar la torre de prueba de 30 metros, los kilómetros de cables de cobre que conectaban los instrumentos de grabación y la propia arena del desierto. Todo este material, arrastrado por la inmensa bola de fuego, llovió en forma de fragmentos vítreos fundidos, creando una forma única de materia conocida hoy como trinitita.

La gran mayoría de esta trinitita es de un clásico color verde, pero existe una variante mucho más rara denominada “trinitita roja”, cuyo color se atribuye a la presencia de óxido de cobre formado cuando las líneas de transmisión se vaporizaron en la explosión. Es precisamente en el interior de esta rara variante donde los científicos han descubierto estructuras cristalinas inéditas. Las violentas condiciones de la detonación sometieron a los materiales a temperaturas de alrededor de 1.500 °C y presiones extremas de 5 a 8 gigapascales. La materia se vaporizó, se mezcló y se enfrió tan sumamente rápido —en cuestión de segundos— que los átomos no tuvieron tiempo de organizarse en estructuras estables, forjando formas de materia que nunca habían existido en nuestro planeta.

Un hallazgo sin precedentes. Casi 80 años después de aquella primera explosión nuclear, un equipo de investigación internacional liderado por Luca Bindi, geólogo de la Universidad de Florencia, ha logrado identificar un nuevo material oculto en estas muestras. Tal y como explica la investigación, se trata de un “clatrato”: una red química con forma de jaula que atrapa otros átomos en su interior. Este nuevo cristal está construido con jaulas de silicio de 12 y 14 caras que encierran átomos de calcio, cobre y pequeñas cantidades de hierro. Representa la primera vez que se confirma cristalográficamente la presencia de un clatrato entre los productos sólidos de una explosión nuclear.

Que este descubrimiento llegue ahora, en 2026, no es casualidad. Las muestras de trinitita roja son escasísimas y difíciles de obtener, y solo los avances recientes en técnicas de difracción de rayos X a escala nanoscópica han permitido identificar estructuras tan diminutas dentro de microgotas metálicas incrustadas en el vidrio. La tecnología, sencillamente, no estaba antes a la altura del material.

El cuasicristal que llegó primero. La historia se vuelve aún más fascinante porque este descubrimiento se suma a otro hallazgo monumental realizado por el mismo equipo en 2021: la identificación de un cuasicristal en la misma trinitita roja. A diferencia de los cristales ordinarios —como la sal o el cuarzo, que poseen un patrón atómico que se repite con precisión—, los cuasicristales rompen las reglas de la cristalografía clásica. Sus átomos están ordenados, pero sin repetirse periódicamente, lo que genera simetrías que un cristal convencional tiene prohibidas. 

El encontrado en Trinity exhibe una simetría icosaédrica de cinco pliegues y está compuesto por silicio, cobre, calcio y hierro. No solo es el cuasicristal creado por el ser humano más antiguo que se conoce: tiene la increíble propiedad de que su momento exacto de creación quedó indeleblemente grabado en los registros históricos.

El papel decisivo del cobre. Lo más elegante del nuevo estudio es el mecanismo que explica por qué en la misma explosión se formaron dos estructuras tan distintas. La clave estuvo en la concentración de cobre disponible durante el enfriamiento. 

En las microzonas donde los niveles de cobre eran bajos —alrededor del 10 al 11%— las condiciones permitieron que la estructura de jaula del clatrato se estabilizara. Donde había más cobre, esa misma estructura colapsaba y los átomos se reorganizaban en la geometría prohibida del cuasicristal. Dos destinos radicalmente distintos, separados por una diferencia microscópica de composición química, en el mismo instante y el mismo lugar.

El poder de los laboratorios naturales. Descubrir estas arquitecturas a escala microscópica es revolucionario porque, como explica Terry C. Wallace, director emérito del Laboratorio Nacional de Los Álamos y coautor de la investigación del cuasicristal, estas estructuras requieren entornos extremos que rara vez existen en la Tierra: choques, temperaturas y presiones colosales, comparables solo a los impactos de hipervelocidad de meteoritos o a las propias detonaciones nucleares. Eventos destructivos que, paradójicamente, actúan como laboratorios capaces de producir lo que ningún laboratorio convencional puede replicar.

Una herramienta para la seguridad global. Más allá de la ciencia de materiales, este tipo de investigaciones tiene aplicaciones directas en el campo de la no proliferación nuclear. Comprender el diseño de los programas de armas nucleares de otros países es un enorme desafío forense. Los científicos suelen rastrear gases y residuos radiactivos en las zonas de prueba, pero esas firmas decaen inevitablemente con el paso del tiempo.

Los cristales formados en el sitio del estallido, en cambio, son prácticamente eternos. Las muestras de trinitita roja aún conservan isótopos radiactivos que permiten calcular con gran precisión variables como la distancia exacta al hipocentro de la explosión. Wallace lo resume con claridad: si la ciencia logra establecer una explicación termodinámica precisa de cómo se forman estos cristales, se podría obtener una imagen completa de la bomba y los materiales utilizados, dotando al mundo de una nueva herramienta para vigilar explosiones nucleares ilícitas. Una marca de tiempo que no se puede falsificar ni borrar.

El paradójico legado de Trinity. El estudio de la trinitita demuestra cómo la materia es capaz de reorganizarse de maneras asombrosas bajo condiciones inimaginablemente hostiles. Resulta una paradoja casi poética que un evento diseñado para la destrucción haya dejado, 80 años después, un legado oculto de perfección geométrica microscópica que hoy es útil para el futuro humano.

Este descubrimiento no solo es una ventana a la creación de materiales y tecnologías energéticas de vanguardia, sino que funciona como una brújula para futuras investigaciones. Tal como concluyen los expertos en su publicación académica, examinar los restos de otros fenómenos naturales extremos y fugaces, como las fulguritas forjadas por el impacto de los rayos o las rocas sometidas a los cráteres de meteoritos, podría seguir revelando configuraciones de la materia insólitas. 

Aún hoy, ocultas bajo las cicatrices de la destrucción, aguardan estructuras que continúan desafiando nuestra comprensión fundamental del universo.

Imagen | PNAS y Unsplash

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