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Las mejores películas de los 80

Hay varias películas de los años 80 que se consideran como clásicos, o que están incluso entre las mejores que se han hecho. Esta década nos dio todo: desde películas biográficas hasta películas de terror, de ciencia ficción y de guerra.
La mayoría de los títulos incluidos en esta lista son parte esencial de la cultura popular, y por algo se hace referencia a ellas en muchos de los proyectos que se han hecho desde 1990 hasta la época presente, como por ejemplo en la serie de Stranger Things creada por los hermanos Duffer o la película de Boogie Nights: juegos de placer dirigida por Paul Thomas Anderson.
Es imposible no encontrar una película de esta década que se convierta en una de tus favoritas, sin importar cuál sea tu género de cine favorito. Para ayudarte a saber por dónde empezar, aquí encontrarás una lista de las 15 mejores películas de los 80.
El resplandor (Dir. Stanley Kubrick, 1980)

Stanley Kubrick es uno de los mejores directores que han existido, y su adaptación de este libro de Stephen King sin duda es una de las mejores películas de terror que se han hecho. Aunque el autor estadounidense ha dicho en repetidas ocasiones que no es fanático de la película, eso no ha impedido que El resplandor sea una de las favoritas entre los amantes de este género del cine.
Aún con la ilustre carrera de Jack Nicholson, su papel como Jack Torrance suele ser por el que es más recordado. El actor logró representar la caída en la locura de este personaje de una forma que aún aterroriza a las audiencias alrededor del mundo, y es imposible no estar al borde del asiento cada que comparte la pantalla con su esposa Wendy (Shelley Duval) y su hijo de cinco años Danny (Danny Loyd). Varias escenas de El resplandor se pueden considerar como icónicas, pero su escalofriante escena final definitivamente es una imposible de olvidar.
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Volver al futuro (Dir. Robert Zemeckis, 1985)

A veces la nostalgia hace que ciertas películas parezcan ser mejores de lo que en realidad son, pero ese no es el caso de Volver al futuro. Este clásico de la década de los 80 también es una de las mejores películas de comedia y ciencia ficción que se han hecho. Además de tener un excelente sentido del humor y una trama fantástica que involucra el viaje en el tiempo, también logra sentirse bastante realista gracias a lo ingenioso que es su guion.
Todo el elenco hace un gran trabajo en sus respectivos papeles, pero entre ellos destacan Michael J. Fox como Marty McFly y Christopher Lloyd como Dr. Emmett Brown, que son una de las parejas más icónicas del cine de Hollywood. El director Robert Zemeckis ha hecho varias películas increíbles a lo largo de su carrera, como Forrest Gump y Náufrago, pero Volver al futuro indudablemente se encuentra entre sus mejores trabajos.
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Blade Runner (Dir. Ridley Scott, 1982)

En el mundo creado para esta película de Ridley Scott que está basada en un libro escrito por Philip K. Dick, la ciudad de Los Ángeles es una distopia en el año de 2019. Harrison Ford interpreta al misterioso anti-héroe conocido como Deckard, quien debe encargarse de perseguir y eliminar a un grupo de robots llamados «réplicas» que físicamente parecen seres humanos pero realmente son una amenaza contra la humanidad.
Blade Runner pertenece al género del film noir, que se caracteriza por la ambigua moralidad de sus protagonistas, los temas sombríos que trata, y el pesimismo que parece encontrarse en cada escena. Sin embargo, Scott mezcla este género con la ciencia ficción y la acción, y aunque definitivamente te hace reflexionar sobre lo que significa ser humano y el propósito de la vida también es una película sumamente entretenida. Además, el diseño de producción hace que sea visualmente espectacular, y su banda sonora es igual de imponente que la sociedad futurista creada por Scott y Dick.
El club de los cinco (Dir. John Hughes, 1985)

John Hughes es el primer director en el que varias personas piensan cuando se habla del cine de los años 80. Sería difícil encontrar a una persona que no sea fanática de al menos una de sus comedias, y constantemente se hace referencia a ellas en otras películas, series de televisión, libros e incluso canciones. Sin embargo, puede que su película más conocida sea El club de los cinco.
Molly Ringwald, Judd Nelson, Ally Sheedy, Emilio Estevez y Anthony Michael Hall por siempre se recordarán por sus papeles en esta gran película, que perfectamente representa las mejores y las peores partes de ser un adolescente. Además, el hecho de que varias escenas de la película sean improvisadas hace que se sienta sumamente genuina. Su soundtrack es igual de memorable que todos sus demás elementos y Don’t You (Forget About Me) de Simple Minds, la canción que suena al final de la película, por siempre estará relacionada a ella.
Caracortada (Dir. Brian De Palma, 1983)

Aunque Caracortada es un remake, es uno de los pocos que es mejor conocido que la película original, la cual fue dirigida por Howard Hawks y que se estrenó en 1932. Claro que la trama de la película es una gran parte de la razón por la cual es tan aclamada por críticos y audiencias, pero hay que decir que el estilo y las técnicas que utiliza el director Brian De Palma es lo que hace que se considere como una obra maestra.
La actuación del legendario Al Pacino como el narcotraficante cubano Tony Montana es una de las mejores en la impresionante carrera del actor, mostrando tan bien el ascenso y la consecuente caída del poder de este personaje que incluso parece cambiar físicamente a lo largo de la película. Michelle Pfeiffer es igual de memorable como Elvira, la mujer que Tony dice amar. Caracortada es una historia bastante sombría sobre la desilusión del sueño americano, y es una de las mejores películas dentro del gran género que es el cine de gángsters.
Terciopelo azul (Dir. David Lynch, 1986)

Las películas de David Lynch se pueden describir como sueños febriles de los que no quieres despertar, y Terciopelo azul es uno de los mejores. Esta obra del director estadounidense provoca tanta confusión como intriga entre los espectadores, y es casi imposible apartar la mirada de la pantalla gracias a las surreales secuencias que incluye y la belleza de su cinematografía.
Esta fue una de las primeras colaboraciones entre Lynch y sus «musos» Kyle MacLachlan (Twin Peaks) y Laura Dern (Corazón Salvaje), pero la estrella de la película indudablemente es Isabella Rossellini (La muerte le sienta bien). Este thriller psicológico sigue al joven Jeffrey Beaumont que busca resolver el misterio en el que está involucrada la sensual y trastornada cantante Dorothy Vallens, y que por culpa de su curiosidad se verá sumergido en un peligroso inframundo criminal lleno de personajes psicóticos despreocupados por respetar la ley.
Haz lo correcto (Dir. Spike Lee, 1989)

Hoy, Spike Lee es uno de los directores más respetados a nivel mundial, pero el estreno de esta película marcó la primera vez que recibió aclamación tanto de críticos como de las audiencias. Sin embargo, también es una obra que causó mucha polémica cuando se estrenó, y que lo sigue haciendo hasta el día de hoy. Haz lo correcto es una fuerte crítica a la sociedad estadounidense, específicamente al racismo que siempre ha formado parte de ella.
La película sigue a una comunidad que vive en el barrio de Brooklyn en Nueva York, compuesta en su mayoría por personas negras con la excepción de Sal y sus hijos Pino y Vito, quienes manejan una pizzería. Spike Lee perfectamente retrató la tensión que puede existir entre personas de diferentes razas por culpa de la discriminación, y hace que los espectadores se cuestionen sus propios prejuicios así como sus actitudes que inconscientemente pueden llevar a que se propague este problema.
Toro salvaje (Dir. Martin Scorsese, 1980)

Hay varias películas de Martin Scorsese que podrían incluirse en esta lista, como Después de hora, El color del dinero y El rey de la comedia, pero Toro salvaje destaca entre todas ellas. El aspecto técnico de la película es igual de impresionante que su historia, sobre todo por los innovadores movimientos de cámara que utilizó Michael Chapman para filmar las escenas de pelea y también por la gran edición realizada por Thelma Schoonmaker.
Esta película biográfica sigue la vida del boxeador Jake LaMotta, cuyo talento dentro del ring se ve eclipsado por su terrible carácter fuera de él. Martin Scorsese perfectamente reflejó los peligros que conlleva la masculinidad tóxica, y de cómo el talento no es suficiente para tener éxito si no tienes autodominio.
Ven y mira (Dir. Elem Klimov, 1985)

Cuando se habla de películas acerca de la Segunda Guerra Mundial, existen varias que son imperdibles para cualquier fanático del cine. No obstante, no hay una más cruda y desgarradora que Ven y mira, la obra maestra del director ruso Elem Klimov que incluso lo llevó a intentar usar hipnosis en sus actores para que no quedaran traumatizados después de la filmación.
Esta sigue a un joven de Belarus llamado Florya, que parece estar muy emocionado por dejar su casa y luchar contra el ejército alemán. Sin embargo, rápidamente se da cuenta de la horrible realidad que implica formar parte de una guerra, y la película está llena de imágenes sumamente difíciles de ver que perfectamente retratan cómo los conflictos armados sacan a relucir las peores partes de la humanidad.
Amadeus (Dir. Miloš Forman, 1984)

No sería una exageración decir que Amadeus es una de las mejores películas biográficas que existen, pero además de eso es uno de los mayores logros cinematográficos en la historia. Esta película es épica en todos los sentidos, y no se podía esperar menos de una obra que cuenta la historia de una figura tan grande como lo fue el compositor Wolfgang Amadeus Mozart.
La rivalidad que se muestra entre Antonio Salieri y Mozart es fascinante, sobre todo porque toda la película se cuenta en forma de recuerdos que tiene el propio Salieri de su rival. Aunque la trama claramente sigue gran parte de la vida de Mozart, el director Miloš Forman hizo mucho más que eso. Amadeus es una historia sobre el arte, sobre la perfección, y sobre los diferentes puntos de vista que hay acerca de ambos.
Cinema Paradiso (Dir. Giuseppe Tornatore, 1988)

No cabe duda de que el cine italiano siempre ha tenido una enorme influencia sobre el cine mundial, por lo cual parece apropiado que exista una película de este bello país que básicamente es una carta de amor hacia el séptimo arte, y que posiblemente hará llorar a cualquier amante de él.
Cinema Paradiso es una obra sumamente conmovedora, que cuenta la historia de un niño conocido como Toto que crece en un pueblo de Sicilia durante la Segunda Guerra Mundial. Toto encuentra un refugio de la dura realidad en el pequeño cine del pueblo y además ahí es donde conoce a Alfredo, un operador que le enseña a amar las películas que ve y que además lo alienta a irse a la ciudad para perseguir sus sueños de convertirse en un cineasta.
Los intocables (Dir. Brian de Palma, 1987)

Como es el caso de Buenos muchachos, Los intocables también está basada en la historia real de un gánster que vivió y trabajó en una de las ciudades más grandes de Estados Unidos. Sin embargo, no se trata de un gánster cualquiera, sino del infame mafioso Al Capone (interpretado de forma brillante por Robert De Niro).
Esta fenomenal película del director Brian De Palma cuenta la historia de cómo un grupo de agentes federales liderados por Elliott Ness (interpretado por Kevin Costner) buscaron acabar con su imperio criminal durante la etapa de la «ley seca» en Chicago. Sin embargo, la misión se vuelve aún más complicada cuando Ness descubre que Capone parece haber sobornado a una gran parte de la fuerza policial de la ciudad.
Día de pinta (Dir. John Hughes, 1986)

Era imposible no incluir otra película de John Hughes en esta lista, y no podía ser otra que Día de pinta, un clásico del cine estadounidense protagonizado por Matthew Broderick, Alan Ruck, y Mia Sara. La actuación de Broderick en esta película es tan buena que incluso llevó a que los directores de El rey león lo eligieran para prestar su voz al personaje de Simba.
Día de pinta sigue al estudiante de preparatoria Ferris Bueller, quien decide llevar a su mejor amigo y a su novia en una aventura a la ciudad en vez de atender a la escuela. El carisma de Broderick hace que sea imposible no disfrutar de esta película, y realmente demuestra la importancia de nunca olvidar la icónica frase de Ferris: “la vida se mueve demasiado rápido. Si no te detienes y miras de vez en cuando, te la puedes perder”.
Indiana Jones y los cazadores del arca perdida (Dir. Steven Spielberg, 1981)

Cuando se toma en cuenta que Steven Spielberg y George Lucas son las mentes detrás de películas como Tiburón y Star Wars, no debería sorprendernos que juntos hayan creado una historia tan épica como la de Indiana Jones, un profesor de arqueología con un espíritu aventurero que lo lleva a viajar alrededor del mundo.
Aunque ahora se trata de toda una saga, la primera película sobre este personaje aún es la más impresionante. Como lo dice el título, Indiana Jones y los cazadores del arca perdida sigue al personaje titular mientras se embarca en una misión para recuperar una misteriosa arca que se dice tiene el poder de hacer invencible a un ejército antes de que caiga en manos de los nazis. Esta película es una experiencia cinematográfica como ninguna otra, llena de acción que hace que cada minuto sea fascinante
Los cazafantasmas (Dir. Ivan Reitman, 1984)

Si hay una película que perfectamente encapsula el espíritu de la década de los 80, esa es Los cazafantasmas. Es casi imposible que una persona no conozca esta película, y el logo de este grupo de expertos en lo sobrenatural así como el tema musical interpretado por Ray Parker Jr. es reconocido alrededor del mundo.
Además de tener un excelente guión escrito por Dan Aykroyd y Harold Ramis, la película aprovecha al máximo el talento cómico de actores como Bill Murray, Sigourney Weaver, Rick Moranis y Ernie Hudson. Los cazafantasmas es una película que se puede disfrutar sin importar la edad que tengas, y sin importar la cantidad de veces que la veas.
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Cinemex reabre su complejo Reforma 222 renovado, con nueva propuesta gastronómica y tecnología láser
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Cinemex reabrió las puertas de su complejo ubicado en Reforma 222, en la Ciudad de México, tras una renovación que actualizó tanto su infraestructura tecnológica como su oferta de alimentos y el diseño de sus instalaciones.
El complejo se integra ahora al formato «Market» de la cadena, un modelo que combina la proyección de películas con una zona de restaurantes y snacks de distintas marcas. Con esta incorporación, Cinemex suma nueve complejos bajo ese esquema en todo el país.
En materia gastronómica, el lugar alberga opciones como Mini Moshi, La Crepe Parisienne, Cielito Querido Café, Red Kitchen, Lucky Bones y Burk’s. Uno de los espacios que más destaca es el PopCorn Lab, una barra de palomitas con más de diez sabores que van desde opciones clásicas como mantequilla y caramelo hasta variantes como Oreo, chile limón y tamarindo.
En cuanto a tecnología, las salas incorporan proyección láser en formatos 2K y 4K, que permite mayor brillo y definición de imagen, acompañada de sistemas de sonido envolvente. El diseño interior fue reformado con butacas ergonómicas, mayor distancia entre filas e iluminación contemporánea.
La reapertura de Reforma 222 forma parte de un plan de modernización más amplio que la empresa inició en 2025. En el transcurso de este año, la compañía también prevé renovar los complejos de Patriotismo, Lindavista, Lomas Verdes, Fashion Drive y Paseo San Pedro, estos últimos en Monterrey.
Cinemex emplea actualmente a más de 7 mil personas de forma directa en el país.
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Poncho Pineda: quiero que mis obras sean personales
Poncho Pineda, mexicano en nacionalidad y esencia, es el director de cine y televisión más visto en la historia de ViX. Sus proyectos (Es por su bien (2024), Profe infiltrado (2024), entre otras), han recibido buena apreciación en aquella plataforma. Desde su primer largometraje Amor, dolor y viceversa(2008) ha ido abriéndose camino a nivel internacional. Un hombre de cuarenta y siete años que remonta su trayectoria a los once, cuando se descubrió inventando historias que le permitían comprender las situaciones que iba atravesando. Sin embargo, no fue hasta que la afición se enfrentó con la técnica cuando Poncho encontró su pasión: uno de esos azares del destino que conducen a uno al resto de su vida. En su caso, una electiva de fotografía; la asignatura escolar que resultó determinante para la carrera del cineasta, que le brindó las herramientas para (re)presentar sus vivencias y su entorno.
“Terminé enamorado de la imagen, de lo que se podía hacer con una (imagen), de lo que representaba emocional o simbólicamente”.
La fotografía como elemento narrativo, que sugiere, que se arriesga y que intriga fue lo que despertó en Poncho una fascinación que le sirvió como motor para emprender el camino de la cinematografía y, que eventualmente, influyó en su propia manera de ver y de dirigir. Para él, el amor por esta profesión y la inspiración no surgieron en la academia, pues a pesar de haber realizado estudios en literatura, cine, dirección, guionismo y producción, su pasión tiene origen en su infancia: en el amor que sus padres tenían por el cine en blanco y negro y por las películas de Alfred Hitchcock.

Con el tiempo, este cariño lo hizo propio y Poncho terminó por encontrar a sus propios ídolos: grandes cineastas de distintas partes del mundo que lo inspiraron durante todo el proceso de creación de su primera cinta. “Yo realmente estuve muy inspirado por Quentin Tarantino, Paul Fitzgerald, David Fincher, Michael Haneke. Luego, cuando fui creciendo, Amores Perros (Iñárritu, 2000) me encantaba, la foto y lo visceral. Me encantaba lo que lograban comunicar con la cámara”. Fue todo el misterio que suscita la fotografía de esta icónica cinta mexicana en el espectador lo que, comparte Poncho, impulsó su primera película.
No obstante, es bien sabido que tras las inspiraciones llega uno mismo, que después de observar e intentar, uno encuentra su versión más auténtica, con su propio lenguaje y su propia esencia. Hoy, no cabe duda de que Poncho se encuentra en este lugar, en el punto de su carrera en el que sus seguidores son capaces de reconocer sus obras, de identificar las marcas personales del cineasta; por ejemplo, el constante retorno a las dinámicas familiares. Este director es consciente de que, como mexicanos, la familia es nuestro núcleo más importante a nivel social– algo que él mismo comparte– por lo que decide jugar con este elemento y presentar escenas y narrativas que toquen fibras en más de una persona.
No es casualidad de que, sin importar el género con el que Poncho esté trabajando, la dirección de sus películas esté enfocada en resaltar dichas nociones y conductas (familiares), pues él se mantiene firme en la idea de que la familia puede ser constructora, pero también limitante para el futuro y el avenir de cada individuo; un algo que trasciende lo comprensible: “dicen que antes de nacer hacemos un trato para ver a qué clan nos unimos”.
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Soltar. Entender. Resignificar.
Poncho sabe que su profesión abarca más allá de los límites del entretenimiento. Tiene presente que detrás de cada cortometraje o largometraje hay una anécdota, una profundidad y un contexto, que hay un alguien; una persona que fue protagonista de la misma historia que pretende ser contada. Ecos que vuelven de cada cinta una obra cargada de sentido y significado. Por eso, bajo esta perspectiva el cineasta mexicano no sólo tiene como objetivo ser consumido, sino ser escuchado y, en el proceso, entenderse a sí mismo.
En su estreno más reciente, Familia a la deriva (2026), Poncho hace esto mismo: a través de risas y buen humor, pretende provocar en la audiencia empatía hacia aquellas figuras que, aunque no son ausentes, tampoco desempeñan el papel que uno espera. Con esto, él comparte un poco de su historia a un público y una sociedad que sabe que no es ajena a este sentimiento, volviendo su profesión en un elemento transformador. “Logro resignificar esto, de decir “entiendo, pero yo no quiero esto”. Digo, es a nivel muy personal”.
El cine, su trabajo y su pasión se vuelven catárticos. Trascienden lo profesional para convertirse en duelo, para dar sentido a circunstancias que atraviesa y, que incluso a determinada edad, siguen causando incertidumbre. Poncho encuentra en la dirección una manera de jugar con fantasmas del pasado; del mismo modo que, experimentando con distintos géneros, una forma de interactuar con los fantasmas del presente. Este director nos comparte que su transición del thriller a la comedia surge de una situación familiar que azotó inesperadamente y que terminó por redirigirlo a un nuevo género en su trabajo, que le permitiera no sólo dar forma al dolor, sino a reconectar y externar.
“Todas esas cosas que uno empieza a vivir, de repente dices pues no soy el único que las está viviendo. Estoy en un lugar privilegiado para poder contar la historia y que uno diga, no pues yo estoy pasando por lo mismo”.

El avenir
Aunque este malabarismo entre thriller y comedia no es fácil de explicar al público, Poncho decide que no está dispuesto a sacrificar ningún género. Encontró en ellos pasión, significado, retos y emoción; nuevos proyectos que llegan a su mesa y ya están en la mira de ejecución. Sin embargo, a pesar de que la comedia es algo que quiere seguir llevando de la mano, nos comparte que para el futuro cercano se están contemplando principalmente dos o tres thrillers y horrores.
Finalmente, Poncho responde a la pregunta sobre cómo definiría su trayectoria actual como director:
“Sé el camino y voy con un paso lento para poder llegar, sabiendo que voy a llegar y poder contar lo que me inquieta el alma”.
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Yrsa Roca Fannberg, sobre su documental La tierra bajo nuestros pies
Tras su paso por la gira de documentales Ambulante en la Ciudad de México, nos sentamos a platicar con la directora Yrsa Roca Fannberg sobre La tierra bajo nuestros pies, un íntimo retrato documental que nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, el cuidado en las residencias de adultos mayores y el valor de acompañar con empatía los últimos días.
Cine PREMIERE: En tu película planteas un acercamiento a la muerte muy particular. ¿Qué significa para ti el final de la vida y cómo quisiste abordarlo?
Yrsa Roca Fannberg: Algún día nos vamos. Para mí, es muy importante poder compartir el momento, dar valor al tiempo que tenemos juntos y a la existencia del otro. Es algo muy bonito en la vida, especialmente cuando ya no queda mucho tiempo, porque luego se van y ya no los podemos retomar. La muerte es un momento muy final. A veces me gusta que los personajes queden callados, que sus frases queden inacabadas, porque en el silencio hay una enseñanza; si nos paramos a escuchar y a compartir su vida, no solamente dándoles los buenos días, se vuelve un acto de sentir y ver. El documental se trata mucho de escuchar, de la quietud.
CP: Al respecto, grabaste en formato analógico de 16 milímetros. En una época donde lo digital domina, ¿cómo fue este proceso y qué le aportó a tu obra?
YRF: Creo que filmar en celuloide es el momento de elegir. Si tuviera una cámara digital, tal vez me perdería grabando cosas innecesarias; pero con el 16 mm la focalización de encontrar momentos se vuelve algo casi mágico. Ahora estamos aquí filmando y es un proceso cotidiano, casi celebratorio. Cuando intentamos capturarlo todo, perdemos muchas cosas. Este formato me dio la belleza de esperar y de dar importancia a la filmación, sabiendo que ya no sabes de dónde viene el momento exacto que vas a registrar.

CP: Uno pensaría que el rol de dirección es solo dirigir, pero se nota que aquí fuiste muy partícipe. ¿Cómo lograste ese vínculo desde adentro con las y los residentes?
YRF: La primera escena de la que participé era para mostrar que somos un equipo que viene de adentro y no de fuera. Para mí, en esta residencia de 160 personas, fue importante tener una relación real. Había un trabajo previo de confianza y respeto con las personas. Yo no hago películas tanto para los espectadores como para quienes están ahí. Queríamos mostrar este vínculo real y no limitarnos a observar; el diseñador de sonido incluso puso un micrófono en el estetoscopio para escuchar el corazón, involucrándonos en algo muy íntimo. Conocer a las personas —yo sabía cómo le gusta hacer la cama a una de ellas— nos permitió compartir sin dirigir, sino creando circunstancias donde ellas pudieran ser.
CP: ¿Cómo surgió tu interés por retratar este ambiente y documentarlo en tu película?
YRF: Al principio quería hacer un documental sobre mi abuela en otra residencia, pero no se dio. Escribí esta película en un momento de maduración, de entender que la vida se va disminuyendo poco a poco. Empecé haciendo retratos fotográficos y conversando con la gente. Era importante mostrar esta etapa de la vida en una película que me parecía que debía ser un proceso lento para revelar que son obras de arte vivas.
CP: La película también evidencia el contraste entre la soledad de la vejez y la juventud del personal médico y de cuidados. ¿Cómo integraste este contraste?
YRF: Era esencial quitarle el peso a las rutinas del personal y observar cómo estas personas mayores han construido su propia convivencia y amistad, donde a veces se tiene a un amigo de 95 años. Hay mucha gente joven trabajando ahí y el contraste es muy marcado. Depende de todo el personal que este no sea solo un lugar de asistencia, sino un hogar. Hay personas a las que no les importa nada, pero muchos traen muebles de sus casas, se llevan sus cosas y mantienen su individualidad. Es crucial ser escuchado, incluso si solo es por una persona. A veces, me pregunto por qué la gente se emociona tanto y creo que es porque esta experiencia nos toca de manera muy personal, desde la identificación y no desde la lástima.
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