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Creíamos que para construir una GPU hacían falta laboratorios y millones. Un maker está montando una en casa
Durante años hemos asumido que construir una GPU era un terreno reservado a empresas con fábricas avanzadas, equipos de ingeniería y presupuestos millonarios. No era una idea absurda: basta mirar la complejidad de cualquier tarjeta gráfica moderna para entender por qué parecía fuera del alcance de una persona. Pero lo que ha hecho Matthias Balwierz, conocido como Bitluni, obliga a matizar esa certeza. No ha replicado una GeForce ni pretende competir con NVIDIA, pero sí está construyendo desde casa una máquina gráfica con miles de microcontroladores RISC-V.
La primera fase reúne 8.192 de esos microcontroladores, cada uno vinculado directamente a un LED RGB. Esa decisión convierte el montaje en algo difícil de encajar en las categorías habituales: el diseño reúne en una misma estructura el procesamiento gráfico y la superficie en la que debe aparecer el resultado. En términos técnicos, está concebido para actuar a la vez como tarjeta gráfica y como pantalla, sin depender de un monitor separado. Eso sí, el proyecto sigue siendo un prototipo parcial, todavía lejos de la escala y las capacidades previstas para el sistema completo.
Una GPU hecha píxel a píxel
Esa arquitectura no estaba definida desde el principio. El maker comenzó pensando en construir algún tipo de pantalla, pero al estudiar el coste y la dificultad del proyecto descartó recurrir a componentes RGB direccionables, que habrían encarecido demasiado el conjunto. La alternativa fue más directa: soldar un LED a cada microcontrolador y convertir cada chip en una unidad gráfica visible por sí misma. La decisión contenía parte del presupuesto, aunque multiplicaba el trabajo de diseño, montaje y programación necesario para coordinar miles de elementos.
La escala termina de entenderse cuando miramos el objetivo completo. Una resolución de 1920×1080 habría exigido más de dos millones de microcontroladores, disparando el coste y la complejidad mucho más allá de lo que Bitluni se había marcado. El maker rebajó entonces la ambición hasta 320×200 píxeles, una resolución asociada a los videojuegos de la era DOS, pero que todavía requiere 64.000 chips. Los componentes instalados hasta ahora representan apenas una primera etapa de una máquina que multiplicaría casi por ocho su tamaño si llega a completarse.
Para ordenar semejante cantidad de hardware, Bitluni dividió el sistema en placas de 16×32 “píxeles”, concebidas como módulos independientes dentro del conjunto. Estas se distribuyen en una disposición circular que recuerda al Cray-1, el histórico superordenador de los años setenta, aunque la referencia es principalmente visual. La coordinación interna también está jerarquizada: cada grupo de 32 microcontroladores queda bajo el control de una unidad CH32V más potente, encargada de organizar el funcionamiento de esa sección y de servir como nivel intermedio dentro de la máquina.


La elección del QingKe CH570 explica parte de la lógica económica del proyecto. Se trata de un microcontrolador con una CPU RISC-V de 32 bits, un conjunto de instrucciones limitado y una frecuencia de hasta 100 MHz. También integra un controlador USB, un transceptor de 2,4 GHz y compatibilidad con Bluetooth 5.0 LE. Bitluni pudo comprar cada unidad por unos 0,13 dólares, pero la ventaja se diluye al multiplicarla por toda la matriz prevista: solo los chips necesarios para alcanzar los 320×200 píxeles superarían los 8.000 dólares.


El problema crece al proyectar la alimentación del sistema completo. Habla de una estimación de 2.161 W, equivalentes a unos 655 amperios a 3,3 V, para la configuración final prevista. El medio señala que cada microcontrolador consume alrededor de 10 mA, aunque no ofrece un desglose que permita separar el gasto de los chips, los LED y la electrónica auxiliar. Para sostener semejante carga, Bitluni ha recurrido a una fuente Corsair WS3000 y a convertidores propios capaces de transformar los 12 V de salida en los 3,3 V requeridos.


Buena parte del proyecto consiste también en fabricar la infraestructura que permite que todo lo demás funcione. Bitluni diseñó las PCB, los circuitos de alimentación, las placas de interfaz y las placas de prueba, y se enfrentó por primera vez a una placa de seis capas. Lla complejidad del diseño terminó llevándole hasta los límites del servicio de fabricación que utilizó. En paralelo, estudió una solución de refrigeración por inmersión y llegó a dimensionar el contenedor acrílico que habría necesitado, aunque dejó esa opción en suspenso por razones económicas y medioambientales.


La programación planteaba otro problema de escala: no bastaba con fabricar las placas, también había que cargar el código en cada microcontrolador. Para evitar hacerlo a mano, Bitluni imprimió en 3D una pequeña herramienta con tres contactos y la fijó al carro de una impresora 3D. Un script de Python enviaba órdenes G-code para moverla hasta la posición exacta de cada chip y completar el proceso de forma repetible. La impresora dejó así de fabricar piezas para convertirse en una máquina de programación automatizada.
Esta máquina no compite en rendimiento, eficiencia ni tamaño con una tarjeta gráfica moderna, y tampoco ha alcanzado todavía la escala que Bitluni proyectó. Su valor está en exponer, mediante componentes separados, tareas que una solución comercial concentra o reparte entre chips y circuitos especializados: cálculo, control, alimentación, coordinación y visualización. Al reconstruirlas con microcontroladores de bajo coste, el maker ha convertido una idea poco habitual en un sistema que puede diseñarse, probarse y ampliar por etapas. No es una GPU doméstica convencional, sino un experimento de ingeniería llevado hasta límites poco frecuentes.
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el debate ahora es si preservarlo o erradicarlo para siempre
Santa Cruz de Tenerife aloja un fantasma. Bueno, dos. El primero es de bronce y piedra. 10 metros sobre un caballete, esculpidos en 1966 por el original de Mérida Juan de Ávalos. Su tamaño intimida (y más su mensaje, triunfalista y regado en sangre). La propaganda franquista celebró con histeria este ángel volador que lanza un guiño al avión Dragon Rapide en el que partió el entonces capitán general de las Canarias, Francisco Franco, para iniciar en secreto su golpe de Estado.
Está junto al muro del Fuerte de Almeyda, en Santa Cruz de Tenerife, y quitarlo es obligatorio por ley. Así que llegó el ultimátum: “Si Santa Cruz no retira el monumento a Franco en seis meses, lo hará el Estado”, dijeron desde el Gobierno central. El problema es que los canarios no quieren. El alcalde tinerfeño frenó el movimiento, pidió su resignificación. El Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias ya había acordado rechazarlo como Bien de Interés Cultural (BIC), pero la solución sigue atascada.
Franco no lo pidió. El historietista Paco Roca (‘El abismo del olvido’) abogó por su conservación siempre y cuando se contextualizara. Borrarlo no borra los hechos, desde luego. En su ‘El primer asesinato de Franco’, el historiador Ángel Viñas recalca que esta escultura habla explícitamente de la insurrección militar. Y justo encima del querubín, montado, va el caudillo bien feliz.
Y, al parecer, Franco nunca quiso esa escultura: para rizar el rizo, recientemente se difundió un documento donde Franco agradecía el gesto, pero no estimaba necesario que “se lleve a cabo la construcción del monumento aludido, ya que bastantes pruebas de adhesión y cariño ha recibido en distintas ocasiones de todos los tinerfeños”. Entretanto, esta semana se ha puesto en marcha una recogida de firmas por VOX para evitar la destrucción de lo que ellos consideran un “monumento a la paz”.
La punta de lanza. Este ángel es el demonio que más se le está resistiendo al Gobierno central. El Catálogo de Vestigios Estatal, un mamotreto de más de 9.300 páginas, lo incorporó en su archivo. El equipo lo coordinó la catedrática de Historia del Arte Isabel Navarro Segura, el profesor titular Jesús Pérez Morera, el investigador Kumar Kishinchand López y la profesora del Departamento de Historia del Arte y Filosofía Yolanda Peralta Sierra.
En este catálogo se incluyen hasta restos humanos, dentro de un listado detalladísimo donde destacan desde monumentos en espacio público como el Monumento a los Caídos (1947) y el Monumento al Caudillo (1966), esculturas como el busto a Joaquín Amigó de Lara (1986) hasta placas en calles como la del puente General Serrador (1943), la calle Calvo Sotelo (1936) o el paseo Francisco Aguilar y Paz (1994). En cuanto a las denominaciones, destacan por ejemplo vías como el puente General Serrador (1943), la calle Calvo Sotelo (1936) o el paseo Francisco Aguilar y Paz (1994) además de barrios como el barrio y plaza de la Victoria y centros educativos como el CEIP Fray Albino (1944), entre otros. Los honores y las distinciones incluyen a más de 130 personas.
Ángeles caídos que no caen. Purgar el mapa fascista siempre levanta ampollas. Por recuerdo, por heridas, por lo que sea. Se sospecha de 4.000 vestigios franquistas en España; es un delirio. Placas, calles, obeliscos. El catálogo es abrumador, así que el Ejecutivo va financiando inventarios que siguen creciendo. La pirámide de los italianos en Burgos esquivó el mazo, pero el monumento tinerfeño pende de un hilo.
Mientras que la Asociación de Memoria Histórica de Tenerife reclama cumplir la ley con el monumento, l alcalde de Santa Cruz de Tenerife insiste en resignificarlo. ¿Merece la pena conservarlo? El debate no es cosa de facultades de Historia ya que enfrenta ética y estética, arte y memoria. En esta figura mesiánica, muchos ciudadanos acostumbrados ven una belleza pura exenta de simbologías. Otros solo ven fascismo petrificado. Admirar la técnica ignorando el terror invita a recordar aquella frase de George Santayana sobre pasado y repeticiones.
Más conflicto que concordia. La segunda propuesta fue eliminar el homenaje cambiándole el título original por “Monumento a la Concordia”. Sin embargo, los estudios suelen recomendar ser más sinceros, documentar mejor y apelar a “más verdad”, no a diluirla. Antiguas prisiones acogen museos de paz y el mejor ejemplo lo encontramos en el Museo de Auschwitz, el cual motivó la conservación de miles de útiles de las víctimas.
La Universidad de La Laguna ha sido muy clara en este aspecto: el conjunto ofende los valores democráticos y la comisión técnica canaria así lo liquidó en su informe. La obra “carece de valor cultural excepcional”, considerando que su único objetivo fue la exaltación fascista, un altavoz del régimen, y nada más. Y como el Consejo de Patrimonio Cultural del archipiélago también fulminó la idea de protegerlo, parece que no tiene sentido seguir resistiendo.
La mole sigue en pie. Para quienes nunca lo han visto, el Archivo audiovisual del Monumento a Franco en Tenerife sirve para entender visualmente la magnitud arquitectónica de esta pieza. Y parece que la obra seguirá hasta agotar el plazo, porque no se ponen de acuerdo.
Tras el ángel se considerará que vayan otros, como la escultura La Ida (por su vínculo con los presos de los Salones de Fyffes), los restos de la batería militar del Barranco del Hierro y otros tantos. Al fin y al cabo, Tenerife convive hasta con un monumento a Simón Bolívar (hijo de sangre guanche) quien mandó fusilar en Caracas a 836 prisioneros españoles, muchos de ellos canarios. Fue un 8 de febrero de 1814 y precedió una escabechina mucho mayor, donde incluso arrasaron con los enfermos del Hospital de La Guaira.
Imágenes | Flickr (Jose Mesa)
En Xataka | Tras la Guerra Civil, Franco quiso colonizar la España vaciada. Así que se inventó 300 nuevos pueblos
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Está junto al muro del Fuerte de Almeyda, en Santa Cruz de Tenerife, y quitarlo es obligatorio por ley. Así que llegó el ultimátum: “Si Santa Cruz no retira el monumento a Franco en seis meses, lo hará el Estado”, dijeron desde el Gobierno central. El problema es que los canarios no quieren. El alcalde tinerfeño frenó el movimiento, pidió su resignificación. El Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias ya había acordado rechazarlo como Bien de Interés Cultural (BIC), pero la solución sigue atascada.
Franco no lo pidió. El historietista Paco Roca (‘El abismo del olvido’) abogó por su conservación siempre y cuando se contextualizara. Borrarlo no borra los hechos, desde luego. En su ‘El primer asesinato de Franco’, el historiador Ángel Viñas recalca que esta escultura habla explícitamente de la insurrección militar. Y justo encima del querubín, montado, va el caudillo bien feliz.
Y, al parecer, Franco nunca quiso esa escultura: para rizar el rizo, recientemente se difundió un documento donde Franco agradecía el gesto, pero no estimaba necesario que “se lleve a cabo la construcción del monumento aludido, ya que bastantes pruebas de adhesión y cariño ha recibido en distintas ocasiones de todos los tinerfeños”. Entretanto, esta semana se ha puesto en marcha una recogida de firmas por VOX para evitar la destrucción de lo que ellos consideran un “monumento a la paz”.
La punta de lanza. Este ángel es el demonio que más se le está resistiendo al Gobierno central. El Catálogo de Vestigios Estatal, un mamotreto de más de 9.300 páginas, lo incorporó en su archivo. El equipo lo coordinó la catedrática de Historia del Arte Isabel Navarro Segura, el profesor titular Jesús Pérez Morera, el investigador Kumar Kishinchand López y la profesora del Departamento de Historia del Arte y Filosofía Yolanda Peralta Sierra.
En este catálogo se incluyen hasta restos humanos, dentro de un listado detalladísimo donde destacan desde monumentos en espacio público como el Monumento a los Caídos (1947) y el Monumento al Caudillo (1966), esculturas como el busto a Joaquín Amigó de Lara (1986) hasta placas en calles como la del puente General Serrador (1943), la calle Calvo Sotelo (1936) o el paseo Francisco Aguilar y Paz (1994). En cuanto a las denominaciones, destacan por ejemplo vías como el puente General Serrador (1943), la calle Calvo Sotelo (1936) o el paseo Francisco Aguilar y Paz (1994) además de barrios como el barrio y plaza de la Victoria y centros educativos como el CEIP Fray Albino (1944), entre otros. Los honores y las distinciones incluyen a más de 130 personas.
Ángeles caídos que no caen. Purgar el mapa fascista siempre levanta ampollas. Por recuerdo, por heridas, por lo que sea. Se sospecha de 4.000 vestigios franquistas en España; es un delirio. Placas, calles, obeliscos. El catálogo es abrumador, así que el Ejecutivo va financiando inventarios que siguen creciendo. La pirámide de los italianos en Burgos esquivó el mazo, pero el monumento tinerfeño pende de un hilo.
Mientras que la Asociación de Memoria Histórica de Tenerife reclama cumplir la ley con el monumento, l alcalde de Santa Cruz de Tenerife insiste en resignificarlo. ¿Merece la pena conservarlo? El debate no es cosa de facultades de Historia ya que enfrenta ética y estética, arte y memoria. En esta figura mesiánica, muchos ciudadanos acostumbrados ven una belleza pura exenta de simbologías. Otros solo ven fascismo petrificado. Admirar la técnica ignorando el terror invita a recordar aquella frase de George Santayana sobre pasado y repeticiones.
Más conflicto que concordia. La segunda propuesta fue eliminar el homenaje cambiándole el título original por “Monumento a la Concordia”. Sin embargo, los estudios suelen recomendar ser más sinceros, documentar mejor y apelar a “más verdad”, no a diluirla. Antiguas prisiones acogen museos de paz y el mejor ejemplo lo encontramos en el Museo de Auschwitz, el cual motivó la conservación de miles de útiles de las víctimas.
La Universidad de La Laguna ha sido muy clara en este aspecto: el conjunto ofende los valores democráticos y la comisión técnica canaria así lo liquidó en su informe. La obra “carece de valor cultural excepcional”, considerando que su único objetivo fue la exaltación fascista, un altavoz del régimen, y nada más. Y como el Consejo de Patrimonio Cultural del archipiélago también fulminó la idea de protegerlo, parece que no tiene sentido seguir resistiendo.
La mole sigue en pie. Para quienes nunca lo han visto, el Archivo audiovisual del Monumento a Franco en Tenerife sirve para entender visualmente la magnitud arquitectónica de esta pieza. Y parece que la obra seguirá hasta agotar el plazo, porque no se ponen de acuerdo.
Tras el ángel se considerará que vayan otros, como la escultura La Ida (por su vínculo con los presos de los Salones de Fyffes), los restos de la batería militar del Barranco del Hierro y otros tantos. Al fin y al cabo, Tenerife convive hasta con un monumento a Simón Bolívar (hijo de sangre guanche) quien mandó fusilar en Caracas a 836 prisioneros españoles, muchos de ellos canarios. Fue un 8 de febrero de 1814 y precedió una escabechina mucho mayor, donde incluso arrasaron con los enfermos del Hospital de La Guaira.
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En 2019 descubrimos unos hongos que metabolizan el oro. Ya hay quien quiere convertirlos en la clave de la minería espacial
La historia empieza hace más de cinco años en Boddington, al sur de la ciudad australiana de Perth. Allí, entre animales asesinos y minas de oro, un equipo de investigadores del CSIRO australiano descubrió algo verdaderamente raro: que ciertas cepas del hongo Fusarium oxysporum no solo podían extraer oro de sus alrededores e integrarlo en su estructura, sino que al hacerlo conseguían propagarse más rápido que el resto.
Parecía un curiosidad sin más, pero en los últimos años la situación ha empezado a cambiar.
Pero, un momento, ¿por qué es algo tan “raro”? Buena pregunta. Al fin y al cabo, sabemos de buena tinta que los hongos “desempeñan un papel esencial en la degradación y el reciclaje de todo tipo de material orgánico (como hojas o cortezas), pero también en el ciclo de ciertos metales como el aluminio, el hierro, el manganeso y el calcio”. ¿Por qué iba a ser distinto con el oro?
Porque, como explicaba Tsing Bohu, investigador a cargo del proyecto, “el oro es tan inactivo (químicamente hablando) que este tipo de interacciones es inusual y sorprendente, tenía que verlo para creerlo”. Y lo vio.
De hecho, lo publicó en Nature Communications. Era la primera evidencia sólida de que los hongos podían tener un papel relevante en el ciclo del oro en la corteza terrestre.
El “champiñón” de los huevos de oro. Rápidamente la industria minera puso los ojos sobre la investigación. Sobre todo allí mismo, en Australia. La isla continente es el tercer mayor productor de oro del mundo, pero el consenso entre los analistas era que sin nuevos yacimientos la producción iba a caer (y mucho) en poco tiempo. La consecuencia directa es que esto ha hecho rentables yacimientos marginales.
En un principio, la industria pensó que la investigación del CSIRO podía servir para localizar esos nuevos depósitos. Como explicábamos hace años, en Australia es relativamente común hacer prospecciones en bosques de la familia de los aucaliptos o cerca de zonas termiteras porque tienen una estrecha relación con el metal precioso. ¿Por qué no analizar la tierra en busca de esas cepas de Fusarium oxysporum?
Pero hay una posibilidad más. Como le explicaba Eduardo Bazo a Eugenio Fernández en una entrevista muy interesante, en los últimos años han aparecido empresas que trabajan en lo que podríamos llamar “minería metabólica“. Es decir, en usar organismos para extraer el oro.
“¿Y para qué quieren eso?”, os podríais preguntar. “¿No es más fácil identificar dónde está el oro y extraerlo con métodos industriales?”. Sí, aquí en la Tierra, sí. Pero estas empresas tienen la mirada puesta un poquito más allá: en la minería espacial.
Durante años hemos hablado de la existencia de enormes depósitos de minerales en el Sistema Solar y, durante casi los mismos, hemos fantaseado con poder explotarlas. El problema es que, más allá de las limitaciones tecnológicas actuales, a la peligrosidad de la minería normal, se le suma el hecho de que hablamos de procesar metal en el espacio.
¿Pero y si usamos ‘minería metabólica’? La idea de enviar cepas modificadas de estos hongos (o de otro tipo de microorganismos) que procesaran el mineral por nosotros, todo se volvería más sencillo. No sé si más viable, pero sí más sencillo.
Es mucho menos raro de lo que parece (este tipo de enfoques lo usamos para innumerables productos que usamos habitualmente), sin embargo llevarlo al mundo de la minería parece un poco más complejo por pura eficiencia. No obstante, eso es ‘ahora’. Porque ya hay experimentos en este sentido generando platinio en condiciones de microgravedad y el cobre ‘metabólico’ está moviendo muchísimo dinero.
Es más, mientras escribo (y mientras la era de los materiales baratos se acaba) varios grupos de investigación están cultivando todo tipo de microorganismos con la idea de poder cultivar oro más pronto que tarde. Lo están consiguiendo.
Imagen | Dominik Vanyi | Jaap Straydo
En Xataka | La próxima persona más rica del mundo vendrá del espacio: el millonario futuro de la minería espacial
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