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El precio de Steam Machine era previsible. Lo preocupante es lo que nos dice sobre PS6 y Xbox Helix

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Tras anunciarla en noviembre del año pasado y mantenerla en un peligroso limbo debido a la crisis de componentes, Valve ha confirmado el precio de la Steam Machine, poniendo fin a semanas de rumores con un resultado que sorprende a pocos. Que la Steam Machine tenía papeletas para costar 1.000 euros no era una sorpresa (y más tras el estratosférico aumento de precio de la Steam Deck), pero lo peor es lo que está avanzando para la próxima generación de consolas.

Unas PS6 y Xbox Helix que sí deberían ser un salto generacional y a las que se les está poniendo cara de las consolas más caras de la historia.

Los 1.000 euros. Cuando Valve anunció el PC, lo hizo sin precio. Invitó a expertos a sus oficinas para que pudieran probar algunos juegos, ver la máquina tanto por fuera como por dentro y experimentar lo que la nueva Steam Machine (porque ya hubo unas que fracasaron hace más de una década) podía ofrecer. Enseguida saltó el debate del precio y, echando cuentas, se estimaba entre los 600 y 800 euros en la estimación más pesimista. 

La realidad ha acabado superando ampliamente esa previsión porque los 1.039 euros son para la versión de 512 GB de almacenamiento, la de 2 TB se va a 1.359 euros y luego tienes pack con el mando para las dos configuraciones. A todas luces, es un precio muy elevado y, aunque tiene la ventaja del factor de forma y una disipación que parece muy eficiente, no hay ventajas en rendimiento frente a un PC por piezas.

No es ‘next gen’. Porque, más allá del precio, algo que se está comentando es que el rendimiento tampoco es nada del otro jueves. Gamer Nexus o Digital Foundry ya han podido meter mano al sistema y la conclusión es que el rendimiento (grosso modo) es similar a una RTX 3060 de 12 GB, una RTX 3050, una Arc A770 o una RX 6600. No estamos hablando, para nada, de hardware de última generación. Ni mucho menos.

Es algo que depende del juego y su optimización, pero por ahí van los tiros. Y, si queremos una comparativa más sencilla, poniéndola al lado de una PS5 en modo rendimiento (prioriza la tasa de FPS), haciendo que las especificaciones visuales del juego en Steam Machine coincidan con las de PS5, el rendimiento es muy, muy similar.

A veces por encima de PS5, a veces por debajo. Estamos hablando de PS5 base, la de 2020, no PS5 Pro. Más de 1.000 euros para moverse alrededor del rendimiento de una máquina de hace seis años no es una buena noticia.

Steam Machine vs PS5
Steam Machine vs PS5

Steam Machine vs PS5 en ‘Forza Horizon 5’. Pantallazo del video de Digital Foundry

steam machine ps5
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Steam Machine vs PS5 en ‘007 First Light’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam machine vs ps5
Steam machine vs ps5

Steam Machine vs PS5 en ‘Black Myth Wukong’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine PS5
Steam Machine PS5

Steam Machine vs PS5 en ‘Alan Wake 2’. Pantallazo del video de Digital Foundry

Steam Machine vs PS5
Steam Machine vs PS5

Steam Machine vs PS5 en ‘Crimson Desert’. Pantallazo del video de Digital Foundry

PS6 y Xbox Helix, para cuándo. Los más de 1.000 euros con la crisis de componentes (que va a durar unos años más) ya no nos lo baja nadie, pero… ¿qué pasa con las consolas de nueva generación? Llevamos seis años de actual generación y es un secreto a voces (en el caso de Xbox ni siquiera es un secreto) que tanto Microsoft como Sony se encuentran trabajando en sus nuevas máquinas. 

Si todo hubiese seguido el ritmo que parecía, PS6 y Helix deberían haber visto la luz entre 2027 y 2028. PS5 lleva un buen ritmo de ventas con 90 millones de unidades vendidas y ‘GTA VI‘ se postula como ese título que permitirá que la máquina de Sony tenga un arreón final antes de la próxima generación. El problema es el mismo que ha afrontado Valve: la crisis de componentes.

Hace unas semanas, Asha Sharma, CEO de Xbox, apuntó que a comienzos de 2027 enviarían los kits de desarrollo de Helix a las compañías, lo que indica que veríamos la máquina a finales de año o comienzos de 2028 y algo más importante: la consola iba a ser cara.

Replanteando cosas. Desde entonces, la rueda ha seguido girando y la propia Microsoft ha vuelto a hablar sobre Helix, apuntando que lo que querían lograr a nivel de hardware se les estaba yendo de las manos porque cada día es más caro montar una plataforma. Sharma comentó que las audiencias masivas “no gastarán miles de dólares en una nueva generación de consolas”, por lo que se estaban replanteando las cosas con “modelos de negocio radicalmente diferentes”, signifique eso lo que signifique.

Lo que está claro es que montar una consola que suponga un salto generacional frente a lo que tenemos desde 2020 no está siendo barato para unas compañías que tienen que calcular muy bien la relación precio/prestaciones y, aunque las consolas no son la principal fuente de ingresos para las divisiones de videojuegos de Sony y Microsoft, tampoco pueden ir a pérdidas salvajes.

Lo malo es que la esperanza no es algo que esté en la ecuación en un momento en el que vemos que una máquina como Steam Machine, con sus más de 1.000 euros, iguala con suerte el rendimiento de una PS5 base. Y eso adelanta dos futuros: nuevas consolas que sean más potentes y mucho más caras que las actuales o consolas híbridas que se nutran del juego por streaming, lo que complicaría aún más el ya dañado escenario de la preservación.

En Xataka | Muchos juegos están por perderse para siempre: GOG tiene un programa para preservarlos (y ya incluye más de 100 títulos)

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España plantó millones de eucaliptos para tener madera barata. 90 años después, hemos confirmado que son un desierto verde

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Si acostumbras a moverte por la cornisa cantábrica, seguro que ya estás familiarizada con ese árbol largo y estilizado que tanto abunda por sus montes. No obstante, el eucalipto ya cubre el 30% de la superficie forestal de zonas como el noroeste de España. La omnipresencia del eucalipto es el resultado de una política forestal que empezó en los años 40 que tenía como principal objetivo abastecer la industria papelera: era barato, crecía rápido, así que tenía todas las papeletas para ser el candidato ideal para repoblar montes improductivos.

Décadas después, un estudio científico de la Universidad de Santiago de Compostela y el CSIC ha puesto números a las sospechas: para la fauna, esas plantaciones son casi un desierto.

El coste ambiental del omnipresente eucalipto. Esta investigación analizó 240 zonas de bosque atlántico autóctono y bosque de eucalipto en en el Parque Natural das Fragas do Eume y encontraron una diferencia abismal en riqueza y abundancia de aves. En pocas palabras: cuanto más eucalipto hay, menos pájaros viven en esa zona y no es casualidad.

Los eucaliptos maduros no pueden sustituir a los árboles maduros como hábitat funcional y su follaje ofrece un soporte muy limitado para las aves. Las más afectadas son las que comen insectos y las que crían en huecos de árboles viejos, como el pico picapinos o el carbonero. El eucalipto no genera suficientes insectos con los que alimentarse, no tiene sotobosque y se tala antes de que forme las cavidades que esas aves necesitan para anidar. En el lado menos malo, también han dado con una solución bastante sencilla que no implica erradicar el eucalipto: basta con dejar crecer vegetación silvestre en algunas zonas, sin limpiarla.

Por qué es importante. Porque el papel de las aves del bosque es importante dentro del equilibro del ecosistema: regula plagas de insectos, ayuda en la dispersión de semillas y actúa como indicador de salud ambiental. De hecho, la Directiva Aves de la UE 2009/147 obliga a los estados miembros a a conservar las poblaciones de aves en buen estado y este estudio documenta que esa obligación se está incumpliendo en las zonas más eucaliptizadas de Galicia y la cornisa cantábrica.

La situación tiene más miga de la que parece porque ya por 2017 el comité científico del Ministerio para la Transición Ecológica recomendó incluir el eucalipto en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras en 2017, pero la propuesta fue rechazada por la economía que hay detrás: en Galicia este sector genera 2.500 millones de euros anuales en madera y pasta de papel y da empleo a más de 19.000 personas, según el informe A Cadea Forestal-Madeira de Galicia 2025 elaborado por XERA. Es un conflicto de intereses en toda regla.

Contexto. El eucalipto llegó a la Península Ibérica en el siglo XIX con fines ornamentales y medicinales, pero su auténtico boom llegó con los planes de repoblación del franquismo y la demanda comercial de celulosa. En Parque Natural das Fragas do Eume, el lugar donde se realizó el análisis, es uno de los últimos bosques atlánticos costeros que quedan en la Península Ibérica. Allí las plantaciones de eucalipto son actualmente el segundo tipo forestal más extenso: 1.340 hectáreas, solo por detrás del bosque autóctono. Pero la especie ya ha colonizado también sus alrededores.

En cualquier caso, el problema con los eucaliptos no es local: en Portugal el eucalipto cubre ya más de 800.000 hectáreas y es la especie forestal más extendida del país, según datos del Inventario Forestal Nacional de Portugal elaborado por el Instituto da Conservação da Natureza e das Florestas. Allí también está bajo lupa por su relación con grandes incendios. De hecho, a escala global la comunidad científica lleva años documentando el impacto del eucalipto en ecosistemas mediterráneos y templados fuera de su Australia natal.

En detalle. El eucalipto es un killer silencioso: libera sustancias químicas que impiden el crecimiento de otras plantas bajo su copa (alelopatía), lo que elimina los arbustos autóctonos y con ellos, los insectos que alimentan a los pájaros. Además, como se tala cada diez o quince años, nunca llega a envejecer lo suficiente como para desarrollar los huecos que necesitan para nidificar aves cavernícolas como los carpinteros. El problema no se queda en tierra: las hojas muertas de eucalipto liberan aceites y compuestos tóxicos al llegar a los cursos fluviales, lo que daña a los insectos acuáticos y los anfibios que forman la base de la cadena alimentaria de los ríos.

Sí, pero. El daño a la diversidad del eucalipto es una realidad tan innegable como su importancia socioeconómica: es un vector económico y de fijación de población en estas zonas rurales y eliminar o restringir su cultivo tendría un impacto notable en comunidades donde no abundan las alternativas. De ahí que el propio estudio no pida su erradicación, sino algo más sencillo y práctico: dejar franjas de vegetación sin talar dentro de las plantaciones para que la flora autóctona se recupere y los pájaros vuelvan. Es una solución low cost que ya ha demostrado ser efectiva en otros contextos europeos.

Por otro lado, está la limitación de que el estudio se ha realizado en un único bosque y está centrado en aves. No todas las especies responden igual. En cualquier caso, la ciencia no dice que el eucalipto sea el mal, solo que cubrir el 30% de tus montes con ella tiene un peaje biológico serio. 

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Portada | Flickr

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Cada vez que un cohete espacial falla, una industria crece. Y China acaba de decidir que quiere ser dueña y señora

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En 2016, un Falcon 9 de SpaceX explotó en Cabo Cañaveral destruyendo el satélite Amos-6 de comunicaciones de Israel. Menos mal que, como cuando tú te das un cosque con un coche aparcando, había un seguro detrás que pagó el desaguisado porque el incidente costó casi 300 millones de dólares. Porque imagínate que tu último y más ambicioso proyecto explote y que como consecuencia acabes en quiebra. 

Los seguros son esa industria que cuando todo sale bien parece un gasto superfluo y que te salva cuando hay un accidente. Aplicados al espacio, mueven más de 4.000 millones de dólares al año. Pues bien, los seguros espaciales están viviendo una transformación histórica: China ha decidido que ya no quiere ser un mero cliente más, quiere ser la dueña del negocio.

China pasa de cliente a aseguradora. China llevaba años asegurando sus satélites a través de la aseguradora estatal PICC, pero parte del riesgo real lo absorbía el mercado internacional vía reaseguro. Así que cuando el ChinaSat-18 falló en 2019, fueron aseguradoras extranjeras las que absorbieron parte del golpe, según SpaceNews. China pagaba las primas y Londres y París, donde se concentra el negocio de reaseguro espacial, se quedaban con el negocio. 

Todo cambió en marzo de 2025: un consorcio de Pekín cubrió en su primer año 25 lanzamientos privados por 1.470 millones de dólares, reuniendo aseguradoras domésticas para que todo, el dinero y el control se queden en casa, según Caixin Global. Es el primer consorcio dedicado exclusivamente al sector aeroespacial comercial chino.

Por qué es importante. Porque si no hay un seguro, no hay inversión y sin esa financiación tampoco hay cohetes. Un dato: un satélite geoestacionario cuesta entre 150 y 400 millones de dólares en fabricación y lanzamiento, según la Satellite Industry Association. Si hay un fallo, el palo económico es tremendo y puede suponer la quiebra del operador, así que tener una póliza de seguros es condición para que cualquier inversor se anime a meter dinero en un proyecto espacial.

Controlar el seguro espacial es controlar quién puede asumir ciertos riesgos y cómo. El gobierno chino lo tiene claro: de acuerdo con el IISS, Shanghái destinó 300 millones de yuanes en subvenciones al sector aeroespacial comercial en abril de 2025 y Pekín ha anunciado subsidios específicos a las primas de seguro para empresas espaciales. China replica la jugada que ya ha usado en semiconductores o baterías: impulso estatal para lograr la independencia estratégica.

Contexto. El mercado de seguros espaciales crece simple y llanamente porque el sector espacial comercial también crece, y porque asegurarse es condición indispensable para operar en él: el Convenio de Responsabilidad Espacial de 1972 establece que los estados son los responsables por daños causados por sus objetos espaciales. 

Lloyd’s of London lleva asegurando satélites desde 1965 y durante décadas, este fue un mercado cerrado dominado por Europa por empresas como Munich Re, Swiss Re o AXA XL. Según Orbital Radar, este mercado genera entre 500 y 600 millones en primas anuales y sigue concentrado en Londres, París y Bermudas. SpaceX lo cambió todo: más lanzamientos, menor coste unitario, nuevos perfiles de riesgo… y ahora nuevos lanzadores privados chinos como LandSpace, CAS Space, Space Pioneer traen una nueva transformación: que todo quede en casa, China se lo guisa y China se lo come.

En detalle. Como pasa con los coches, las primas de los seguros dependen del historial del cohete y aquí China tiene un potencial hueco por el que colarse: para cohetes nuevos sin historial, las primas son muy altas. Explica Orbital Radar que las primas de lanzamiento oscilan entre el 5% y el 15% del valor asegurado dependiendo del vehículo y la órbita.

Ahí está la gran ventaja del consorcio chino: puede asumir riesgos donde otras aseguradoras pongan “peros”. Un dato revelador: de 10.000 satélites activos en órbita, solo 300 tienen seguro, según Space Insider. De hecho, SpaceX no asegura externamente ni su propia Starlink.

Sí, pero. El mercado en el que China quiere entrar con todo está en problemas: en 2024 pagó más en siniestros de lo que ganó en primas, según Insurance Business Magazine, entre otras cosas por la pérdida del Intelsat 33e. Y va a ir a peor: la basura espacial crece más rápido que la capacidad de calcularla y aquí China tiene buena parte de culpa

Además, de acuerdo con la normativa OFAC del Departamento del Tesoro de EE.UU., cuando un cohete chino falla, las aseguradoras americanas y europeas no siempre pueden pagar: las sanciones occidentales les prohíben legalmente operar con ciertos activos chinos, así que el mercado está fragmentado.

En Xataka | SpaceX siempre ha estado 10 años por delante de la competencia. El problema es que en China esa ley ya no aplica

En Xataka | La carrera por convertirse en la “SpaceX de China”: quién es quién en su sector privado de los lanzamientos espaciales

Portada | Iván Díaz y zhang kaiyv 

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Los seguros son esa industria que cuando todo sale bien parece un gasto superfluo y que te salva cuando hay un accidente. Aplicados al espacio, mueven más de 4.000 millones de dólares al año. Pues bien, los seguros espaciales están viviendo una transformación histórica: China ha decidido que ya no quiere ser un mero cliente más, quiere ser la dueña del negocio.

China pasa de cliente a aseguradora. China llevaba años asegurando sus satélites a través de la aseguradora estatal PICC, pero parte del riesgo real lo absorbía el mercado internacional vía reaseguro. Así que cuando el ChinaSat-18 falló en 2019, fueron aseguradoras extranjeras las que absorbieron parte del golpe, según SpaceNews. China pagaba las primas y Londres y París, donde se concentra el negocio de reaseguro espacial, se quedaban con el negocio. 

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Por qué es importante. Porque si no hay un seguro, no hay inversión y sin esa financiación tampoco hay cohetes. Un dato: un satélite geoestacionario cuesta entre 150 y 400 millones de dólares en fabricación y lanzamiento, según la Satellite Industry Association. Si hay un fallo, el palo económico es tremendo y puede suponer la quiebra del operador, así que tener una póliza de seguros es condición para que cualquier inversor se anime a meter dinero en un proyecto espacial.

Controlar el seguro espacial es controlar quién puede asumir ciertos riesgos y cómo. El gobierno chino lo tiene claro: de acuerdo con el IISS, Shanghái destinó 300 millones de yuanes en subvenciones al sector aeroespacial comercial en abril de 2025 y Pekín ha anunciado subsidios específicos a las primas de seguro para empresas espaciales. China replica la jugada que ya ha usado en semiconductores o baterías: impulso estatal para lograr la independencia estratégica.

Contexto. El mercado de seguros espaciales crece simple y llanamente porque el sector espacial comercial también crece, y porque asegurarse es condición indispensable para operar en él: el Convenio de Responsabilidad Espacial de 1972 establece que los estados son los responsables por daños causados por sus objetos espaciales. 

Lloyd’s of London lleva asegurando satélites desde 1965 y durante décadas, este fue un mercado cerrado dominado por Europa por empresas como Munich Re, Swiss Re o AXA XL. Según Orbital Radar, este mercado genera entre 500 y 600 millones en primas anuales y sigue concentrado en Londres, París y Bermudas. SpaceX lo cambió todo: más lanzamientos, menor coste unitario, nuevos perfiles de riesgo… y ahora nuevos lanzadores privados chinos como LandSpace, CAS Space, Space Pioneer traen una nueva transformación: que todo quede en casa, China se lo guisa y China se lo come.

En detalle. Como pasa con los coches, las primas de los seguros dependen del historial del cohete y aquí China tiene un potencial hueco por el que colarse: para cohetes nuevos sin historial, las primas son muy altas. Explica Orbital Radar que las primas de lanzamiento oscilan entre el 5% y el 15% del valor asegurado dependiendo del vehículo y la órbita.

Ahí está la gran ventaja del consorcio chino: puede asumir riesgos donde otras aseguradoras pongan “peros”. Un dato revelador: de 10.000 satélites activos en órbita, solo 300 tienen seguro, según Space Insider. De hecho, SpaceX no asegura externamente ni su propia Starlink.

Sí, pero. El mercado en el que China quiere entrar con todo está en problemas: en 2024 pagó más en siniestros de lo que ganó en primas, según Insurance Business Magazine, entre otras cosas por la pérdida del Intelsat 33e. Y va a ir a peor: la basura espacial crece más rápido que la capacidad de calcularla y aquí China tiene buena parte de culpa

Además, de acuerdo con la normativa OFAC del Departamento del Tesoro de EE.UU., cuando un cohete chino falla, las aseguradoras americanas y europeas no siempre pueden pagar: las sanciones occidentales les prohíben legalmente operar con ciertos activos chinos, así que el mercado está fragmentado.

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Portada | Iván Díaz y zhang kaiyv 

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