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El robot con el que quieren explorar los túneles de Marte es un bicho bola relleno de drones diente de león
El ser humano lleva 30 años enviando rovers a Marte. Sabemos bastante sobre su superficie, pero aún hay muchas regiones inexploradas. Un buen ejemplo son sus túneles. El planeta rojo tiene la mayor red de túneles conocida del sistema solar, pero no ha habido ningún vehículo capaz de entrar en ellos y explorarlos desde dentro. Por eso, un equipo de científicos del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo México lleva varios años trabajando en una solución de lo más original: enviar a las cuevas un robot bicho bola, relleno de drones diente de león. Suena rarísimo, pero tiene sentido.
Biomimética para entrar a los túneles. El profesor Mostafa Hassanalian, de New México Tech, lleva varios años trabajando en este proyecto, pero recientemente el tema ha vuelto a las redes después de que este le conceda unas declaraciones a Space. En ellas les cuenta, a grandes rasgos, el objetivo de su investigación. Esta se basa en la biomimética. Es decir, en el desarrollo de tecnologías inspiradas en la naturaleza. Concretamente, pretende desarrollar dos tipos de drones: uno inspirado en las cochinillas y otro que funciona como las plantas de diente de león.
La cochinilla, conocida coloquialmente como bicho bola, puede entrar en sitios pequeños y proteger su propio cuerpo al encogerse en forma de bola. En este caso protege su interior, porque lleva escondidos un montón de pequeñísimos robots que se esparcen por el aire como las semillas de diente de león.
El problema. Marte está lleno de túneles de origen volcánico. Se han encontrado algunos extendidos hasta por 1.200 kilómetros, con tubos de lava de más de 250 metros de diámetro. No son precisamente túneles pequeños. Los rovers que actualmente se encuentran en Marte, como Curiosity o Perseverance, no tienen la capacidad de introducirse en estos túneles. Por eso, si hay algo interesante, no podremos saberlo hasta que los humanos viajen al planeta rojo. Si lo que hay es peligroso, mejor verlo antes de entrar. Se necesitan métodos para ver el interior de esos túneles.
La solución. El equipo de Hassanalian ha ideado dos tipos de robots. Por un lado, el que imita a la cochinilla es una esfera que se puede introducir por un agujero cavado en el techo de los túneles. Una vez dentro de estos, la bola se abre, como una cochinilla que deja de hacerse bolita, y libera su contenido: miles de pequeños drones muy ligeros, que se pueden desplazar a kilómetros de distancia gracias al viento.


Limitaciones superadas. Este tipo de dispositivos se encontrarían con varios obstáculos, para los que Hassanalian ya ha pensado una solución. El primero sería que no tenemos ni idea de si habrá viento suficiente en el interior de los túneles. Sabemos que Marte sí puede ser muy ventoso, llegando a alcanzarse los 100 kilómetros por hora. Sin embargo, los túneles podrían estar resguardados. Por eso, este científico planea incorporar un ventilador en el robot principal que ayude a impulsar los mini drones dientes de león.
Además, los propios agujeros que se harían en el techo para introducir el robot ayudarían a impulsar las semillitas. Por otro lado, la luz del Sol no puede acceder al interior de los túneles, por lo que no podrían alimentarse con energía solar. Esto se soluciona usando piezoelectricidad. Es decir, materiales que generan electricidad al ser sometidos a presión mecánica.
Multitud de sensores. Los drones irán cargados con sensores de humedad y temperatura que permitan analizar las condiciones internas de los túneles. Además, también ayudarían a mapear los conductos y hacer un plano de la red de túneles marcianos. Todo eso se enviaría a los investigadores a través de señales de radio. De momento, estos dos tipos de robots no se han llegado a construir ni probar, pero la idea es de lo más prometedora. Con la financiación suficiente para que pueda llevarse a cabo, tendríamos una solución muy ingeniosa para mirar en esos puntos ciegos del planeta rojo. Y todo gracias a un animal y una planta de nuestro propio planeta.
Imagen | Magnific/Dave Huth | Nex México Tech.
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Dos amigos vendieron su empresa por 1.500 millones de dólares y volvieron a comprarla por 450 millones: hoy vale 150.000 millones
Comprar barato y vender caro es una de las máximas de cualquier operación financiera si quieres que te vaya bien en la vida. Es el consejo que probablemente siguieron dos amigos inmigrantes de Asia que se conocieron jugando al baloncesto en Los Ángeles.
La historia de estos dos amigos es una de las más rocambolescas y afortunadas del ámbito empresarial tecnológico, ya que consiguieron vender su empresa por 1.500 millones, para luego volver a comprarla por 450 millones y convertirla en un imperio de 150.000 millones de dólares. Su historia es la de una de las empresas de memorias RAM y dispositivos de almacenamiento más conocidas desde finales de los 80: Kingston Technology.
Dos inmigrantes y el peor lunes de la historia
John Tu llegó a Los Ángeles desde China en los años setenta. David Sun hizo el mismo camino, pero desde Taiwán. Ambos eran ingenieros y buscaban su gran oportunidad en California. Por caprichos del destino ambos acabaron jugando al baloncesto en la misma cancha de baloncesto en Los Ángeles en los 80. De esa amistad surgió todo lo demás.
Su primer negocio fue Camintonn, una empresa de componentes relacionados con la memoria que utilizaban los ordenadores personales que comenzaban a dar el salto de los laboratorios y clubes de aficionados a la electrónica a las oficinas y hogares, impulsados por jóvenes promesas como Bill Gates o Steve Jobs.
Tras unos años de éxito y crecimiento, los Tu y Sun vendieron Camintonn en 1986 a AST Research por seis millones de dólares.
Con ese dinero en el bolsillo, el futuro parecía un camino de rosas para los dos amigos, pero la alegría les duró poco. El temido Lunes negro de octubre de 1987 que sufrió Wall Street hizo que buena parte de sus ahorros se esfumara de un plumazo. Se quedaron casi sin nada.
Sin embargo, en lugar de buscar trabajo en alguna empresa del floreciente mercado tecnológico de la época, volvieron a empezar su aventura como empresarios. “Le dije: ‘Tú fabricas algo y yo lo vendo, como la última vez”, aseguraba Tu en una entrevista para Fortune.

Jonh Tu Y David Sun, cofundadores de Kingston Technology
Ese mismo año fundaron Kensington, una empresa con un nombre que parecía elegante y sofisticado, pero otra empresa se les había adelantado y lo había registrado. Así que como eran fans del grupo de folk The Kingston Trio, optaron por renombrar su empresa como Kingston Technology y la pusieron en marcja en un garaje de Fountain Valley en California.
¡Cuánto le debe la tecnología actual a los garajes de California!
De nacer en un garaje a valer 1.500 millones
Al contrario que Samsung u otras marcas, Kingston no fabricaba chips de memoria propios, sino que compraba componentes a los grandes fabricantes y los convertía en productos que la gente usa: módulos de memoria para ordenadores, pendrives, tarjetas flash, discos SSD. Era un modelo sin grandes aspiraciones, pero funcionaba con una precisión que pocos podían igualar. De hecho, es el mismo modelo de negocio que mantiene en la actualidad.
En agosto de 1996, la empresa ya estaba valorada en más de 1.800 millones de dólares, y SoftBank adquirió el 80% de Kingston por 1.500 millones de dólares.
El gigante japonés de Masayoshi Son estaba entonces en plena fiebre de compras tecnológicas y Kingston era exactamente el tipo de empresa que buscaba: rentable, bien posicionada y en pleno crecimiento.
Es decir, con la adquisición de Softbank, Tu y Sun continuaban siendo parte decisiva en la operativa de la compañía gracias al 10% de la empresa que conservaba cada uno, y además se embolsaban 700 millones de dólares cada uno.
Sí, no me he equivocado: 700 millones para cada uno, porque los fundadores repartieron 100 millones de dólares en bonos extraordinarios para sus empleados como muestra de agradecimiento por su trabajo.
El trato era perfecto porque tanto empleados como fundadores se habían metido mucho dinero en el bolsillo, pero seguían trabajando en el mismo puesto y con las mismas condiciones que hasta la fecha. ¡Menudo chollo! …pero todavía podía mejorar más.
Vender caro, comprar barato
Tres años más tarde, en 1999, SoftBank volvió a llamar a la puerta de Kingston. La burbuja de las puntocom estaba en su momento más alto y Masayoshi Son quería recuperar liquidez para invertir en las efervescentes empresas de internet.
Kingston seguía siendo un buen negocio, pero no era el tipo de activo hipervolátil que buscaba Softbank en ese momento, así que les ofreció recuperar el mismo 80% que les había comprado por 1.500 millones. Sin embargo, el nuevo precio era muy diferente: 450 millones de dólares.
Suponemos que aguantándose la risa, Sun y Tu dijeron que sí. Obviamente. De hecho, incluso fueron generosos con Softbank.
Tal y como Tu contó a Fortune, en 1996 SoftBank había pagado parte de la compra con un pagaré de 300 millones que debía liquidar en dos años, pero el banco inversor no cumplió con su parte y se retrasó en ese pago. Ante semejante incumplimiento, los fundadores podrían haber recuperado la empresa por contrato en 1998. Pero no lo hicieron. Les perdonaron la deuda. “SoftBank se quedó en shock”, contó Tu.
Cuando Masayoshi Son quiso vender Kingston, su primera opción fue vendérsela a ellos porque era su forma de devolverles el favor que les habían hecho un año antes.
Así, a partir de 1999, Sun y Tu volvieron a ser dueños del 100% de Kingston: el 50% para cada uno.
Según Forbes, Kingston Technology facturaba unos 14.400 millones de dólares al año y ocupó el puesto 28 en la lista de las mayores empresas privadas de Estados Unidos. Su valor se estima en 150.000 millones gracias a la escasez de memoria.
Una peculiaridad de la compañía es que, pese a ser una de las tecnológicas más consolidadas, sigue sin cotizar en bolsa. Sin fondos. Sin inversores externos. Solo los dos amigos que se conocieron en una cancha de Los Ángeles hace casi cincuenta años y tuvieron dos golpes de suerte en su carrera que les permitió convertirse en millonarios sin perder el control de la empresa que fundaron.
Imagen | Kingston Technology
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Estados Unidos pulsa el botón del miedo con Claude Mythos y Fable 5. Es un apagón con un claro beneficiado: China
Estados Unidos ha cortado el grifo del modelo de IA más potente, caro y avanzado jamás lanzado por Anthropic, pero lo ha hecho en un movimiento desconcertante y con letra pequeña.
Ayer 12 de junio, la Casa Blanca ordenó a Anthropic apagar inmediatamente Fable 5 y Mythos 5 para cualquier persona que no sea ciudadana estadounidense. La orden llegó sin dar demasiadas explicaciones sobre su duración ni justificación técnica, según el comunicado público de Anthropic. Esta intervención gubernamental marca un antes y un después en el sector tecnológico moderno: no están restringiendo la venta de chips (una práctica habitual), sino vetando el acceso de un software de acceso general por una cuestión de ciberseguridad nacional.
Qué está pasando con Fable 5 y Mythos 5. El gobierno estadounidense ha emitido una directiva de control de exportaciones que suspende todo acceso a Fable 5 y Mythos 5 para cualquier persona que no tenga la ciudadanía estadounidense, esté dentro o fuera de Estados Unidos. Esto incluye personal de Anthropic que no sea estadounidense. Para poder ceñirse a la directiva que entró en vigor de forma inmediata, la empresa liderada por Dario Amodei ha tenido que desactivar ambos modelos para todo el mundo. En el momento de publicar este artículo, aparece el aviso al intentar acceder.
Según Anthropic, el gobierno cree haber descubierto una forma de hacer jailbreak al modelo. La empresa no está de acuerdo: tras revisar la demo de esa técnica para engañar al modelo, concluye que las vulnerabilidades encontradas son menores, ya estaban localizadas y aplicables a otros modelos del mercado pueden identificarlas sin necesidad de ninguna técnica de elusión.
Por qué es importante. Porque Mythos es un modelo específicamente diseñado para ciberseguridad y su apagón afecta tanto a usuarios comerciales como a esas entidades encargadas de la gestión activa de defensa que lo están usando. Con esta medida, Washington convierte su software de vanguardia de IA en un activo de seguridad nacional. Cabe recordar que Anthropic ya está en la lista negra del Pentágono, por lo que la considera demasiado peligrosa para que la use su Gobierno. Ahora también es demasiado peligrosa como para que la usen extranjeros.
Además, como señala Anthropic, marca un peligroso precedente: si el criterio para retirar un modelo es que alguien encuentre una vulnerabilidad, en la práctica no va a poder lanzarse ninguno porque que levante la mano la empresa que lanza software sin un solo fallo. Es decir, si la Casa Blanca hace de este movimiento excepcional la norma, será un tiro en el pie para desarrollar modelos de vanguardia: lanzamientos más lentos por ese proceso “imposible” de depuración, personal diezmado al no poder contar con especialistas extranjeros y si no pueden comercializarse fuera habrá menos ingresos.
Contexto. Esta orden es el último capítulo de un culebrón de desencuentros entre Washington y Anthropic que data desde principios de año. En marzo, el Pentágono consideró que la empresa era un “riesgo para la cadena de suministro”. En su comunicado, Anthropic ha verificado que ese nivel de capacidad que el gobierno identificó como peligroso en Fable 5 ya está disponible en otros modelos del mercado, incluyendo el GPT-5.5 de OpenAI, anterior y más difundido que Mythos. Sin embargo, esa versión de ChatGPT no ha sufrido ninguna suspensión. La asimetría de trato entre OpenAI y Anthropic es evidente.
El contexto geopolítico también es importante: Estados Unidos y China están inmersos en una carrera tecnológica sin precedentes en las últimas décadas y cada potencia está jugando sus armas, desde aranceles a materiales críticos como las tierras raras a vetos a la venta de chips, software EDA o el Export Control Reform Act de 2018, donde caben nuevas categorías tecnológicas como los modelos de IA más avanzados. Eso sí, para el gigante asiático cada obstáculo ha funcionado como una suerte de catalizador para avanzar más rápido y ser cada vez más independiente de tecnologías ajenas.
En detalle. El mecanismo de ejecución de la orden se apoya en la “directiva de control de exportaciones” gestionada por el Departamento de Comercio. En la práctica, significa que para acceder a Fable 5 o Mythos 5 siendo ciudadano extranjero (aunque estés en Estados Unidos) es motivo de infracción.
Anthropic intentó anticiparse al problema con miles de horas de pruebas con el gobierno estadounidense, lo compartió con 40 organizaciones que gestionan infraestructura crítica y después, con otras 150 entidades más precisamente para que encontrasen y así poder corregir vulnerabilidades antes de que un tercero con intereses maliciosos lo hiciera después. No ha sido suficiente.
Porque Mythos es un modelo específicamente diseñado para ciberseguridad. Antes de su despliegue público, Anthropic lo compartió con organizaciones que gestionan infraestructura crítica precisamente para que encontrasen y así poder corregir vulnerabilidades antes de que un tercero con intereses maliciosos lo hiciera. Su apagón afecta tanto a usuarios comerciales como a esas entidades encargadas de la gestión activa de defensa.
Sí, pero. De momento, Anthropic cumple con la orden, pero deja claro que no está de acuerdo y que está trabajando para solucionarlo: “Creemos que se trata de un malentendido y estamos trabajando para restablecer el acceso lo antes posible.” La empresa detrás de Claude dice apoyar al gobierno en el bloqueo de tecnologías realmente peligrosos, pero que ese proceso tiene que ser transparente, justo y basado en hechos técnicos reales. En pocas palabras, que no ha dicho la última palabra.
Por otro lado, la pregunta del millón está en si el gobierno de EEUU puede aplicar la ley de control de exportaciones, inicialmente diseñada para chips, satélites o software crítico y específico, sobre un modelo de IA disponible por internet y de uso general. De hecho, este movimiento normativo pone sobre la mesa la importancia de contar con una ley clara que defina cuándo, cómo y con qué garantías un gobierno (en este caso, el de Estados Unidos) puede intervenir.
Portada | Gemini y Claude
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El glorioso triunfo de la Selección Mexicana en la inauguración del Mundial, Faitelson como nunca lo habías visto y, en entrevista, Ricardo La Volpe
<div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">El glorioso triunfo de la Selección Mexicana en la inauguración del Mundial, Faitelson como nunca lo habías visto y, en entrevista, Ricardo La Volpe.<br /></div>
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