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un salto que merece la pena en casi todo
Movistar ha tardado más que otros operadores en subirse al carro del WiFi 7, pero ya lo ha hecho. Su nuevo router Smart WiFi 7 lleva un tiempo disponible para los clientes con fibra y, como suele ocurrir cada vez que la operadora estrena equipo, se abre el mismo debate de si merece la pena cambiar al nuevo. Si bien esta tecnología acaba siendo mejor en todo, dependerá de los dispositivos que tengas en casa que se vayan a conectar a la red. En este artículo repasamos las diferencias reales entre uno y otro, lo que cuesta el cambio y para quién tiene sentido hacerlo.
Concepto similar en diseño


A primera vista, los dos routers comparten filosofía, siendo equipos verticales que se apoyan sobre una peana y se colocan en cualquier rincón del salón sin demasiado disimulo. Pero ahí terminan los parecidos estéticos. El Smart WiFi 6 mantiene una carcasa blanca y gris, mientras que el nuevo Smart WiFi 7 apuesta por una combinación de negro y azul y se sitúa de canto.
Los botones de reset, WPS y la toma telefónica se mantienen casi idénticos. Quizás el cambio más visible en este sentido es que el interruptor de encendido pasa a ser un botón.
Qué cambia por dentro: tecnología, antenas y puertos
La diferencia importante no está en la carcasa, sino en las tripas del aparato. El Smart WiFi 6 monta nueve antenas internas (5×5 en la banda de 5 GHz y 4×4 en la de 2,4 GHz). El nuevo Smart WiFi 7 incorpora diez antenas, nueve con configuración MU-MIMO y una adicional para el soporte DFS.
Eso sí, hay un detalle que conviene tener claro: el router de Movistar no opera en la banda de 6 GHz, una de las grandes promesas del estándar WiFi 7.
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router smart wifi 6 |
router smart wifi 7 |
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Nueve antenas:
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Nueve antenas:
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Cuatro puertos Ethernet. Un puerto óptico SC/APC compatible con redes GPON. |
Tres puertos Gigabit Ethernet. Un puerto de hasta 10 Gbps. Un puerto óptico SC/APC compatible con redes GPON y XGS-PON. |
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WiFi 6 (802.11ax, compatible con 802.11 ac/n) |
WiFi 7 (802.11be, compatible con 802.11ax/ac/n)
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Seguridad WPA3 |
Seguridad WPA3 |
En conectividad por cable también hay un salto importante. El modelo anterior ofrecía cuatro puertos Gigabit Ethernet. El nuevo conserva tres puertos Gigabit, pero suma un puerto de hasta 10 Gbps preparado para sacar partido a la fibra simétrica de máxima velocidad. También cambia el puerto óptico SC/APC, pues ahora es compatible con redes XGS-PON, además de las GPON.
Sobre el rendimiento, desde Movistar cuentan que el nuevo router es hasta 2,5 veces más veloz, tiene un 50% menos de latencia, un 70% más de capacidad de tráfico y un 9% menos de consumo eléctrico. Además, según la compañía, añade una mejora del 10% en cobertura respecto al modelo previo.
La capacidad extra es probablemente el dato que más nos puede interesar en un hogar medio, ya que la casa cada vez está más plagada de cámaras, televisores, altavoces, robots aspiradores y consolas competiendo por la misma red.
Qué aporta realmente el WiFi 7


Para entender por qué Movistar habla de estas mejoras conviene tener claro qué es WiFi 7. Se trata del estándar 802.11be, sucesor del WiFi 6 y del WiFi 6E, y la WiFi Alliance le dio luz verde a la tecnología durante el CES de 2024.
Entre sus beneficios contamos con canales de hasta 320 MHz, el doble de ancho que en WiFi 6. También ofrece modulación 4K-QAM, que permite empaquetar más datos en cada transmisión. Además de ello, WiFi 7 incorpora la tecnología MLO (Multi-Link Operation), que quizás es la que más nos interesa en casa y que permite a un dispositivo enviar y recibir datos por varias bandas a la vez. En la teoría podríamos llegar a velocidades de hasta 46 Gbps frente a los 9,6 Gbps del WiFi 6.
El matiz importante es que estas ventajas solo se materializan si el dispositivo que se conecta también es compatible con WiFi 7. Un portátil o un móvil de hace unos años se conectará al router nuevo sin problema, pero seguirá funcionando bajo el estándar anterior. Por lo tanto, no notarás un cambio sustancial en velocidad mientras no cuentes con un equipo compatible con esta tecnología.
Lo que no cambia
Hay funciones que se mantienen idénticas en los dos modelos. Ambos permiten unificar las bandas de 2,4 GHz y 5 GHz bajo un único SSID, ambos se gestionan desde la aplicación móvil Smart WiFi de Movistar (para iOS y Android), los dos son compatibles con el amplificador Smart WiFi 6 para extender la cobertura y los dos funcionan con la fibra FTTR del operador (el servicio de Movistar que usa un hilo de fibra ultrafino para llevar la conexión a cada rincón de la casa). Tampoco cambia la seguridad, pues ambos routers siguen utilizando el protocolo WPA3.
Cuánto cuesta y cómo conseguirlo
La vía más directa para llevarse el Smart WiFi 7 sin pagar nada extra pasa por contratar la fibra de 10 Gbps de Movistar. Da igual si se trata de un alta nueva, una portabilidad o un cliente que ya está en la compañía y decide subir a esa modalidad, pues en todos los casos el router entra incluido. Movistar comercializa esta velocidad por cinco euros más al mes sobre la tarifa habitual.
También hay buenas noticias para quienes contraten otras tarifas de la compañía. Tal y como comentábamos recientemente, el equipo se incluye sin coste en las nuevas altas de tarifas miMovistar desde el 16 de febrero de 2026, y la web del operador ya lo ofrece junto al paquete miMovistar Ilimitado con fibra de 1 Gbps o con 600 Mbps. Pero ojo: si la contratación es de fibra sin ningún otro servicio adicional, el equipo que se entrega sigue siendo el Smart WiFi 6.
Si eres cliente de alguna tarifa de fibra, es posible que Movistar ya te haya contactado para cambiarte el router. En caso contrario, puedes adquirirlo por separado:
- Modalidad autoinstalable: 60 euros (frente a los 50 euros que cuesta el Smart WiFi 6).
- Con instalación por técnico: 110 euros (frente a los 100 euros del modelo anterior).
Como con el modelo anterior, el router se entrega en régimen de cesión: el cliente paga una sola vez en factura, pero debe devolverlo si se da de baja o se cambia de operador. En caso contrario, Movistar aplica una penalización.
Entonces, ¿merece la pena el cambio?
La respuesta corta es: depende mucho del escenario.
Si te lo acaban ofreciendo sin coste por dar de alta una nueva línea con una tarifa compatible o por contratar la fibra de 10 Gbps, claro que sí. Aunque los dispositivos de casa todavía no sean WiFi 7, el router seguirá ofreciendo mejor capacidad para gestionar muchas conexiones simultáneas y un puerto de 10 Gbps que blinda el equipo de cara al futuro.
Si en cambio te ves en la situación de pagar 60 o 110 euros para cambiar el actual Smart WiFi 6, honestamente no. Las ventajas reales del WiFi 7 solo se aprovechan con dispositivos compatibles, y el puerto de 10 Gbps únicamente tiene sentido si se contrata la fibra simétrica más rápida, que conlleva ese sobrecoste mensual. Para un hogar con la fibra de 1 Gbps y unos cuantos móviles y portátiles de hace dos o tres años, el salto va a ser más bien modesto.
Imagen de portada | Movistar
En Xataka | Guía de las luces de tu router: qué significa cada piloto luminoso y que esté encendido o apagado
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cinco cosas que van mucho mejor que usando WiFi 6
Llevamos meses escuchando hablar de WiFi 7 –bajo el nombre técnico de la versión 802.11be–, pero no ha sido hasta hace apenas unas semanas cuando gigantes como Movistar han empezado a implementar sus nuevos routers compatibles con esta tecnología. Las promesas son claras: mayor capacidad de tráfico, menor latencia, mejor cobertura… Vamos a intentar poner un poco de orden y a explicar en un lenguaje llano qué ganamos exactamente al pasar a un router WiFi 7.
Velocidad. WiFi 7 es una tecnología notablemente más rápida que WiFi 6. En concreto, tiene una velocidad teórica hasta 4,8 veces más rápida en condiciones ideales. Por ejemplo, si tenemos un smartphone compatible, podemos alcanzar velocidades de hasta 5 Gbps. En otras palabras, si tienes contratada fibra de 10 Gbps, un router WiFi 7 es un aliado imprescindible.
Latencia. Un dato estrechamente ligado a la velocidad es la latencia: de nada sirve una conexión rápida si la latencia es alta. WiFi 7 es capaz de combinar las bandas de 2,4 y 5 GHz bajo el nombre de MLO (Multi-Link-Operation).
En otras palabras, WiFi 7 abre varios carriles en la autovía en lugar de uno solo: se pueden usar ambas bandas a la vez, lo que alivia la congestión de forma inmediata.
Cobertura. Contar con esta doble vía no solo permite reducir latencia, WiFi 7 también permite disfrutar de una mejor cobertura. La banda 2,4 GHz permite llegar más lejos, pero es más lenta que la de 5 GHz. Esta última es especialmente rápida, pero pierde fuerza con la distancia y los obstáculos físicos.
Con WiFi 7, el dispositivo puede alternar entre ambas sin que notes el cambio, por lo que notarás que siempre tienes disponible la mejor cobertura de red.
Estabilidad. El mismo principio se aplica a la estabilidad de red. En un router tradicional, elegimos a qué banda conectarnos. Por lo general, solemos conectarnos a la banda más rápida de 5 GHz. Es la banda idónea para jugar, descargar archivos y realizar tareas que requieran la máxima velocidad, pero no es tan estable como la 2,4 GHz.
Al trabajar con MLO, notaremos una conexión mucho más estable, algo que se notará especialmente en casas con varias plantas, habitaciones alejadas del router, edificios concurridos, y en los momentos en los que la banda de 5 GHz no proporcione la estabilidad necesaria.
Escenarios de uso. El último punto tiene que ver con el resumen general de los routers WiFi 7: son sencillamente mejores en todo. Nos permiten aprovechar las nuevas tarifas de los operadores, mejora la cobertura del hogar, incrementa el ancho de banda de forma notable, y permite disfrutar de la máxima velocidad contratada incluso en habitaciones en las que antes podíamos tener limitaciones.
WiFi 7 permite que jugar online, descargar archivos, subir archivos, o realizar cualquier tipo de tarea de alta demanda pueda realizarse en cualquier parte de la casa.
Profundiza. 2026 va a ser el año de la tecnología XGS-PON, con la fibra de 10 GBps empezando a incluirse en los grandes operadores. Un estándar en el que se lleva trabajando desde hace más de diez años, y en la que Movistar, Orange y Digi están empezando a liderar.
Orange instala aún routers WiFi 6E, Digi permite instalar el router WiFi 7 a partir de 750 MBps, pero Movistar siempre va a incluir el router WiFi 7. Una guerra que comenzará a recrudecerse cuando el resto de operadores empiece a competir por ofrecer WiFi 7, y que marcará un antes y un después en nuestra conexión de red.
En Xataka | Modo Bridge del router Smart WiFi 7 de Movistar: cómo configurarlo para usar un router neutro con él
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Amancio Ortega se ha subido a su yate
El verano se acerca y, mientras la mayoría de mortales nos afanamos por intentar meternos con cierta dignidad en el mismo bañador del año pasado, los millonarios ponen a punto sus yates para hacerse a la mar. Del mismo modo que Mercadona marca el inicio de la Navidad cuando saca los turrones, Amancio Ortega ha vuelto a hacer lo que suele marcar, para muchos, el arranque extraoficial del verano en Galicia: salir a navegar por la ría de Aldán a bordo de su yate Valoria B.
Tal y como adelantaba el Faro de Vigo, el millonario de 90 años ha aprovechado las altas temperaturas que se han registrado en los últimos días para dejarse ver en las cubiertas de su yate familiar acompañado por su mujer, Flora Pérez, y un grupo reducido de amigos, en una escapada de fin de semana que vuelve a poner al Valoria B en el centro de sus planes estivales.
Un verano que empieza en Aldán
La imagen se repite casi como un ritual: cuando el Valoria B asoma su proa por las Rías Baixas, el verano de Ortega se da por inaugurado. En esta ocasión, la navegación arrancó en la ría de Aldán, en Cangas, un lugar que la familia Ortega frecuenta por la privacidad que ofrecen sus pequeños puertos y por un entorno que muchos describen como uno de los rincones más tranquilos de la costa gallega.
Tal y como detalla El Mundo, el millonario fundador de Inditex pasó unos días de descanso disfrutando del mar desde el yate que fondeó frente al muelle de Aldán y la antigua nave de la conservera de Ameixide, un escenario muy habitual en las escapadas discretas del empresario.
El Valoria B fue diseñado por la holandesa Feadship en 2018, empresa que también construyó el Drizzle, su anterior yate de lujo que el millonario vendió. El Valoria B se construyó para moverse con soltura por la costa española, algo que encaja con el uso que la familia Ortega le da desde hace años. El yate tiene un perfil clásico, tres cubiertas y cinco estancias principales, una distribución que prioriza el uso privado y las estancias cortas a bordo en familia o con amigos.
Tiene 47,3 metros de eslora y necesita una tripulación de nueve personas para operarlo, ofreciendo una autonomía de 4.000 millas náuticas a una velocidad máxima de 14,5 nudos. Es decir, no se trata de un yate para grandes travesías, sino para sino para navegar con comodidad y discreción por la costa gallega invitando a sus ocupantes a bajar a tierra para disfrutar de sus playas y de la gastronomía gallega.


Su anterior yate, el Drizzle, tenía 67 metros de eslora, lo cual complicaba su amarre en los pequeños puertos gallegos que el fundador de Zara visita habitualmente en sus travesías veraniegas.
Discreto sí, pero sin olvidar que hay millonarios a bordo
Aunque Ortega no usa este barco de forma ostentosa, algo que no hace en ningún aspecto de su vida, el Valoria B sí reúne varias características propias de un yate de alta gama.
Amancio Ortega pagó 30 millones de euros por el Valoria B y ha fijado su base en el puerto de Sanxenxo. Las cubiertas del Valoria B son más abiertas de lo habitual, de forma que incluso desde los salones interiores, se puede disfrutar de los paisajes de la costa gallega.
La amplitud de sus cubiertas principales, rematadas con maderas nobles y tejidos de alta gama invitan a compartir tiempo con amigos y familiares. El Valoria B también tiene una gran plataforma de baño en la popa, lo que facilita a los huéspedes acceder al agua y disfrutar de una variedad de deportes acuáticos. Los huéspedes pueden aprovechar la colección de juguetes acuáticos del yate, que incluye motos acuáticas, tablas de remo y equipo de snorkel.
El nombre de Valoria B rinde homenaje a Valoria la Buena (Valladolid), el pueblo natal de la madre de Amancio Ortega, y además, el nombre recupera la línea del primer yate Valoria que la familia tuvo antes de pasar a otros barcos mayores. Esa continuidad ayuda a entender por qué el empresario sigue vinculando este yate a sus veranos gallegos.
Imagen | Feadship, GTRES
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lo que pide Elon Musk para que funcione
La escena tuvo lugar hace relativamente poco tiempo, cuando varios drones navales ucranianos quedaron temporalmente inutilizados durante una operación en el mar Negro tras problemas de conectividad vinculados a Starlink. El episodio dejó una conclusión incómoda para muchos estrategas occidentales: algunas de las armas más modernas del planeta dependen de una red privada controlada por una sola empresa.
La guerra “barata” que empezó a salir cara. Estados Unidos lleva años persiguiendo una idea obsesiva: sustituir parte de sus carísimos misiles de precisión por una copia del arma iraní y rusa por excelencia: los enjambres de drones kamikaze mucho más baratos, fabricables en masa y capaces de saturar defensas enemigas. El dron LUCAS nació precisamente para eso. Cada unidad cuesta apenas una fracción de un Tomahawk y puede lanzarse en grandes cantidades contra objetivos lejanos.
Sobre el papel parecía la fórmula perfecta para la guerra moderna. El problema apareció cuando esos drones comenzaron a utilizarse masivamente contra Irán y Washington descubrió algo incómodo: el arma no depende solo del explosivo o del fuselaje, sino de la conexión satelital que la guía. Y esa conexión tiene dueño. SpaceX decidió entonces que el Pentágono estaba pagando demasiado poco por usar Starlink y Starshield en operaciones de combate reales.


Elon Musk controla una pieza crítica. La disputa que ha desvelado en exclusiva Reuters revela hasta qué punto el ejército estadounidense se ha vuelto dependiente de SpaceX. Los drones LUCAS utilizan terminales Starshield para comunicarse, coordinar ataques y operar a enormes distancias. Sin esa red espacial, buena parte de las capacidades avanzadas del sistema simplemente desaparecen.
El Pentágono argumentaba que los drones solo utilizaban la conexión durante minutos u horas y que pagar 25.000 dólares por terminal era absurdo para un aparato kamikaze relativamente barato. SpaceX respondió que el uso militar real se parecía más a un servicio aeronáutico premium que a una conexión terrestre convencional. El resultado fue surrealista: el coste de la conectividad casi duplicó el precio operativo de algunos drones diseñados precisamente para ser baratos.


La paradoja de la guerra autónoma. El caso expone una contradicción enorme en la revolución militar actual. Los ejércitos quieren armas autónomas, baratas y masivas, pero esas plataformas dependen cada vez más de infraestructuras extremadamente complejas y concentradas en pocas manos privadas. Los nuevos enjambres de drones estadounidenses necesitan transmitir datos, compartir objetivos, coordinarse y recibir órdenes en tiempo real a miles de kilómetros.
Eso obliga a utilizar redes orbitales gigantescas capaces de mantener cobertura global permanente. Hoy ninguna empresa ofrece algo comparable a Starlink. SpaceX controla más del 60% de todos los satélites operativos del planeta y se ha convertido en una capa crítica de las comunicaciones militares occidentales. El Pentágono empieza a descubrir que la verdadera ventaja estratégica no está solo en fabricar drones baratos, sino en quién posee el cielo que conecta esas máquinas.


Ucrania y el peligro. La guerra de Ucrania llevaba tiempo advirtiendo sobre este problema. Starlink se convirtió allí en un elemento esencial para las operaciones ucranianas y rusas, y también en una fuente constante de tensiones políticas y militares. En algunos momentos, restricciones impuestas por SpaceX afectaron operaciones concretas y dejaron claro algo incómodo para Washington: una empresa privada podía alterar el funcionamiento de sistemas militares en plena guerra.
Ahora el escenario se repite con Irán, pero de una forma todavía más delicada porque el propio Pentágono negocia directamente las tarifas mientras desarrolla armas que dependen completamente de esa infraestructura orbital. Incluso pruebas navales estadounidenses quedaron paralizadas anteriormente tras apagones globales de Starlink que dejaron drones marítimos flotando sin conexión.
La nueva industria militar. Recordaban en TWZ que, durante décadas, el poder militar estadounidense dependió principalmente de gigantes clásicos de defensa como Lockheed Martin, Boeing o Raytheon. SpaceX ha cambiado completamente ese equilibrio. La empresa no solo lanza cohetes o fabrica satélites, controla redes de comunicación globales, infraestructuras orbitales, sistemas de datos y tecnologías que empiezan a ser imprescindibles para la guerra autónoma.
Eso le otorga una posición de fuerza inédita frente al gobierno estadounidense. A diferencia de los contratistas tradicionales, SpaceX tiene además un enorme negocio comercial independiente y no depende exclusivamente del Pentágono. De hecho, algunos analistas ya describen la situación con crudeza: Estados Unidos tiene a SpaceX “agarrándolo por el cuello” porque no existe hoy una alternativa comparable capaz de ofrecer cobertura global similar a costes razonables.
La guerra pasa por el espacio. Lo importante posiblemente sea que la discusión apenas acaba de empezar. Los drones LUCAS son solo una pieza inicial de una transformación militar mucho más profunda donde enjambres autónomos, sistemas orbitales y redes de inteligencia artificial funcionarán como un único ecosistema conectado. El Pentágono quiere que futuros drones puedan cooperar entre sí, adaptarse automáticamente al combate y atacar objetivos con mínima supervisión humana.
Pero cuanto más sofisticados se vuelvan esos sistemas, más dependerán de conexiones permanentes de alta capacidad. Y eso convierte al espacio en el auténtico centro de gravedad de la guerra moderna. La gran ironía es que Estados Unidos diseñó drones baratos para evitar gastar millones en cada misil y ha terminado descubriendo que el coste estratégico más importante quizá no esté en el arma, sino en quién cobra por mantenerla conectada.
Imagen | CENTCOM, Official SpaceX Photos
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