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Tom Hanks se niega a participar en el remake de esta película del Hollywood clásico

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En el año 2000, durante la gira de promoción de ‘Náufrago’, un periodista preguntó a Tom Hanks si estaría dispuesto a ponerse en la piel del protagonista de un remake de ‘El invisible Harvey’, la comedia fantástica de 1950 cuyo reparto ya encabezaron James Stewart y un conejo que no existe. La respuesta fue tajante: “Es como decir que vamos a hacer una nueva versión de ‘¡Qué bello es vivir!’ ¿Para qué? Déjenla en paz. ‘Harvey’ es perfecta tal y como está, gracias”.

Harvey: Origins. Antes de ser película, ‘El invisible Harvey’ fue obra de teatro. Su autora, Mary Chase, tardó dos años en escribirla y la estrenó en Broadway el 1 de noviembre de 1944. Duró 1.775 representaciones, hasta 1949, y en 1945 ganó el Premio Pulitzer de Drama. En ella, Elwood P. Dowd es un hombre afable y aficionado a los bares que encuentra un buen amigo en Harvey, un pooka (criatura de la mitología celta) con forma de conejo blanco de casi dos metros que solo él puede ver. Su hermana intenta internarlo en una clínica en una obra que se plantea qué es exactamente estar cuerdo.

La película. Cuando Universal compró los derechos, James Stewart era la elección natural para el protagonista. La película llegó a los cines en diciembre de 1950 y funcionó razonablemente bien: alrededor de 2,6 millones de dólares de recaudación, pero insuficientes para cubrir los elevados gastos de derechos de la obra. Josephine Hull ganó el Oscar a la Mejor actriz de reparto y Stewart fue nominado, pero el recuerdo de la película acabó difuminándose en el tiempo, recuperándose décadas después como una pieza de cine fantástico amable involuntariamente lisérgica.

Otros remakes… de Tom Hanks. El rechazo de Hanks en el año 2000 no era el de alguien que se opone por principios a actualizar historias del pasado. O al menos no lo sería en poco tiempo: en 2004 protagonizó The Ladykillers de los hermanos Coen, remake de la comedia criminal británica de Alexander Mackendrick de 1955 Arsénico por compasión. En 2022, El peor vecino del mundo, dirigida por Marc Forster, fue una adaptación directa de la película sueca Un hombre llamado Ove (2015) de Hannes Holm. 

Un remake que trae cola. El invisible Harvey ha estado a punto de materializarse en numerosas ocasiones sin que nunca llegara a buen puerto. Don Gregory adquirió los derechos en 1996 y acabó vendiéndoselos a Miramax, que tampoco hizo nada con ellos. En noviembre de 2003, John Travolta estaba en negociaciones para protagonizar una nueva versión coproducida por Dimension Films y MGM, que tampoco prosperó.

El intento más serio llegó en 2009, cuando Steven Spielberg se interesó en dirigir la película bajo el paraguas de Fox y DreamWorks. La primera opción de Spielberg para Elwood era su colaborador habitual Tom Hanks pero cuando Hanks rechazó el papel, Spielberg archivó el proyecto. Después circularon los nombres de Robert Downey Jr. y otros actores como Jim Carrey o Adam Sandler, sin que ninguno de esos nombres llegara más allá de la especulación. En diciembre de 2018, Netflix anunció que se había hecho con los derechos del proyecto, con los guionistas J. David Stem y David N. Weiss (Shrek 2, Los pitufos) a cargo del guion. Pero desde aquel anuncio no ha trascendido ningún avance.

Las versiones que sí existieron. Aunque el remake cinematográfico nunca llegó a hacerse, la historia sí tiene historia en televisión. La primera nueva versión llegó en 1958, con Art Carney en el papel protagonista. Tuvo buena acogida en su momento sin dejar demasiada huella. En 1972 fue el propio James Stewart quien volvió al personaje, en una producción de Hallmark Hall of Fame para la NBC. Stewart aceptó esta segunda oportunidad porque quedó insatisfecho con su actuación en la película original: el resultado fue una versión más oscura y más fiel a la obra de teatro que a la película de Koster.

En 1996 llegó la versión más olvidada: una adaptación para la CBS con Harry Anderson como Elwood, y con Leslie Nielsen en el reparto, con escenas añadidas y un cambio de tono que no convenció demasiado. Ese mismo proyecto fue el que Don Gregory acabó vendiendo a Miramax cuando los derechos del remake cinematográfico siguieron dando vueltas.

Cabecera | Dick Thomas Johnson

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nos precipitamos con el Taycan. Un 911 nunca será eléctrico, la viabilidad pasa por el motor de combustión

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El coche eléctrico se está atragantando para las marcas que producen deportivos de lujo. El mercado no parece estar decidido a comprar la propuesta y las compañías han ido dando pasos atrás en su estrategia o han apostado por un camino inesperado. Porsche es una de ellas y su CEO, Michael Leiters, lo tiene muy claro. 

“Nos precipitamos”. Para Leiters, el Porsche Taycan fue “un proyecto emblemático y un producto excelente” pero llegó antes de tiempo. Eso es lo que ha defendido en un encuentro organizado por la revista alemana Auto Motor und Sport en el que se han dado cita los CEO de Mercedes y de los grupos automovilísticos de Volkswagen y BMW, además de, presidente del consejo de administración de Audi. 

Allí, en la mesa redonda, Leiters ha señalado que el producto es bueno pero que el futuro no pasa únicamente por el coche eléctrico. “Parece que fuimos demasiado rápido con el salto al eléctrico, seguiremos invirtiendo en este sentido pero no tendremos un 911 eléctrico. La viabilidad pasa por el motor de combustión y el híbrido”, ha dejado claro Leiters. 

¿Qué ha pasado con Porsche? La compañía germana vive un momento financiero complicado. En sus cuentas de resultados de 2025 se reflejó un margen de beneficios de un 0,2%. Es decir, Porsche encendió las máquinas, puso a su operarios a trabajar y movió todos sus recursos y su beneficio fue prácticamente inexistente. Todo un año perdido. 

A la compañía germana se le ha juntado la tormenta perfecta. En China sus ventas se han desplomado porque el Porsche Taycan se ha quedado anticuado y sus clientes ya no quieren sus coches de combustión, al tiempo que miran al mercado local. En Estados Unidos, los aranceles han castigado tanto a la compañía que se llegó a rumorear que podían llevarse allí parte de su producción

Y, además, el salto al coche eléctrico no termina de convencer. El Porsche Taycan, aunque renovado, no ha vuelto a generar la tracción de sus primeros días. Y el Porsche Macan, que solo se vende en formato puramente eléctrico, es un coche genial pero parece que el cliente busca otra cosa. 

El cliente. Dentro del Grupo Volkswagen, Porsche tiene un problema con el coche eléctrico. La práctica totalidad de coches dentro del resto del grupo son sustituibles por coches eléctricos porque son objetos de movilidad. Hay honrosas excepciones donde el cliente seguiría pagando un extra por tener un coche con motor de combustión pero en ningún caso existe una identificación tan fuerte como con Porsche. 

Cuando nos subimos al Porsche Macan tratamos de explicar por qué no estaba funcionando correctamente el coche. Un Porsche Macan es el coche del día a día para los clientes que ya están dentro de Porsche y a ellos sí podía encajarles una versión puramente eléctrica para el día a día. 

Pero hay un cliente que llega nuevo a Porsche al que no le vale el eléctrico. Esa persona ha preferido pagar un sobreprecio por los germanos por el simple hecho de disfrutar de un coche con ADN Porsche, cumplen un sueño que les parecía inalcanzable. Y por muy bueno que sea el eléctrico, para ellos el ADN Porsche es indisoluble de un motor de combustión. En ese caso, el eléctrico no es una opción, lo que deja fuera a una base de clientes importantísima. 

Expectativas saciadas. Porsche se ha encontrado con otro problema, todo indica que el superdeportivo eléctrico no interesa. El Taycan es un producto genial que vendió mucho los primeros años pero que se ha desinflado con el paso de los años. Y es que, pasada la primera fiebre de tener el primer eléctrico de Porsche del que todo el mundo habla, el globo se ha desinflado. 

Lamborghini no deja de retrasar su primer coche eléctrico porque los superdeportivos eléctricos no están recibiendo el cariño del público. Maserati ha tirado a la basura miles de millones de euros para cancelar coches que ya estaban desarrollados. Mate Rimac confesaba que sus superdeportivos eléctricos no se venden, aunque apuntaba como culpables a las políticas de promoción del coche eléctrico

Es por eso que Ferrari parece haber querido probar fortuna con un producto completamente disruptivo y diferente. Conscientes de que no iban a agradar a sus clientes más fieles y que tampoco podían atrapar a los que no les gusta su estética, acertado o no, han terminado por tirar por una tercera vía por polémica que sea. 

Al final, lo de siempre. En sus declaraciones, Michael Leiters también dejaba claro que no tenían encima de la mesa el desarrollo de un Porsche 911 eléctrico. Tiene todo el sentido viendo cómo se ha desinflado el Taycan y el bajo interés del Porsche Macan. Electrificar por completo su modelo más icónico y el de mayor respeto de sus aficionados se presenta como un salto al vacío. 

Y es que, para empezar, el Porsche 911 es un producto particular. A lo largo de su historia ha evolucionado tomando soluciones que parecían un sacrilegio en su momento. Se renunció a la refrigeración por aire y se introdujo el turbo. Pero saltar al coche eléctrico puro parece una línea roja infranqueable. También porque las baterías añaden un peso y obligan a una redistribución de las masas que amenazan con romper su dinámica tan particular.

Lo bueno para Porsche es que la rendija que Europa ha dejado a los motores de combustión les permitirá seguir vendiendo su icónico deportivo a un precio todavía más caro. Y con Estados Unidos dando pasos hacia atrás con el eléctrico se pone la alfombra roja para amortizar las inversiones y ganar más dinero. 

Foto | Porsche

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Meta gastó al menos 14.000 millones de dólares para ganar la carrera de la IA. Ha pasado un año y sigue exactamente donde estaba

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En Silicon Valley, y en la tecnología en general, ser enorme no garantiza estar preparado para ganar todas las carreras. Puedes tener dinero, talento, centros de datos, miles de millones de usuarios y una maquinaria capaz de integrar cualquier novedad en productos que usamos a diario. Aun así, cuando cambia el tablero, también cambia la pregunta. Meta lleva años intentando demostrar que no solo puede distribuir inteligencia artificial a escala, sino competir en el centro de la conversación. El problema es que, cuando pensamos en chatbots, todavía no parece ser el primer nombre que nos viene a la cabeza.

14.300 millones de dólares. Ea es la cifra que Reuters puso sobre la mesa para una operación muy concreta. El 13 de junio de 2025, la agencia informó de que Meta tomaría una participación del 49% en Scale AI por ese importe, en un acuerdo que valoraba la startup en unos 29.000 millones de dólares. La propia Scale habló de una nueva inversión significativa de Meta, aunque no publicó el importe exacto de la inversión. No hablamos, por tanto, de todo lo que la compañía ha destinado a IA, sino de una apuesta identificable dentro de una factura mucho más amplia.

Qué vio Meta en Scale AI. Seguramente no era una de esas empresas que teníamos en el radar cuando hablábamos de inteligencia artificial. No tenía el brillo público de ChatGPT ni el escaparate de Gemini, pero sí ocupaba un lugar importante en la maquinaria que hace posible entrenar y evaluar modelos. Su trabajo gira alrededor de los datos que permiten entrenar, evaluar y mejorar sistemas de IA, incluyendo datos etiquetados o curados para entrenamiento.

El nombre detrás de la operación. Meta no solo estaba apostando por Scale AI, también estaba incorporando a Alexandr Wang a su nueva etapa en inteligencia artificial. La agencia señaló que el principal motor del movimiento era asegurarse al fundador de Scale para liderar los esfuerzos de superinteligencia de Meta. La propia Scale confirmó que Wang se incorporaría a Meta para trabajar en sus proyectos de IA. Así que la inversión no debe leerse únicamente como una entrada en el capital de una compañía de datos, sino como una forma de acelerar liderazgo y talento.

Contexto. La inversión llegó en un momento en el que Meta necesitaba reforzar su posición en la carrera de la IA avanzada. Se produjo en un contexto marcado por la mala recepción de Llama 4, su última gran familia de modelos abiertos, y por la presión competitiva frente a compañías como Google, OpenAI y DeepSeek. No era solo una cuestión de tener más recursos o sumar una nueva pieza al organigrama. Lo que estaba en juego era recuperar impulso en un terreno donde otros nombres estaban marcando buena parte de la conversación técnica, empresarial y pública.

La parte visible. El resultado más reconocible de esta nueva etapa es Muse Spark, presentado por Meta como el primer modelo de una nueva familia creada por Meta Superintelligence Labs. La compañía asegura que ya alimenta Meta AI en su app y en la web, y que se está desplegando en WhatsApp, Instagram, Facebook, Messenger y sus gafas de IA. Aquí, precisamente, hay un punto importante: Meta no necesita convencer al usuario para instalar otra aplicación desde cero: ya tiene los canales. Pero convertir presencia dentro de sus propias plataformas en relevancia pública dentro de la IA generativa es otra batalla.

El límite. Que el modelo esté dentro de WhatsApp o Instagram no significa que la gente lo use para muchas tareas. Muse Spark no parece estar ocupando el lugar que sí tienen los modelos GPT o Gemini, por citar algunos ejemplos. Pese a ello, según Reuters, Muse Spark ha obtenido buenos resultados en lenguajes y compresión visual, aunque ha quedado por detrás en codificación y razonamiento abstracto. Meta ha logrado estar presente, pero todavía no ha demostrado que esa presencia baste para cambiar hábitos.

Giro estratégico. Muse Spark no sigue el camino que había dado tanta visibilidad a Llama: The Wall Street Journal lo describió como un modelo cerrado. La propia compañía habla de una API en vista previa privada para socios seleccionados, no de un acceso abierto y general para cualquier desarrollador. Es decir, Meta ha puesto un modelo nuevo en circulación, pero lo ha hecho de una forma más controlada, más integrada en sus productos y menos abierta que la estrategia con la que había intentado diferenciarse en IA.

La grieta. Meta puede integrar IA en productos gigantescos, pero la carrera de la IA generativa también se juega en otro terreno: el de los nombres que el usuario reconoce cuando necesita un chatbot. Y ahí la compañía de Zuckerberg no parece ocupar el mismo lugar que ChatGPT, Gemini, Claude o Grok. La duda económica tampoco ha desaparecido. Y, un detalle no menor, la publicidad sigue siendo el motor de los ingresos de Meta.

Imágenes | Mark Zuckerberg

En Xataka | Hay una empresa demostrando que la IA puede ser el entrevistador perfecto para las empresas. Se llama Orbio y es de Madrid

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No sabemos si la IA nos va a quitar el trabajo. El problema es que quien está desarrollando la IA tampoco lo sabe

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La llegada de la IA ha sembrado la semilla de la incertidumbre en muchos sectores poniendo sobre la mesa una pregunta para la que, a día de hoy, nadie tiene una respuesta clara: ¿La IA va a quitarnos el trabajo o no?

Lo más curioso es que ni siquiera quienes están desarrollando esos modelos que reemplazarían a millones de empleados tienen una respuesta clara. Sam Altman y Dario Amodei, responsables de OpenAI y Anthropic, vienen ofreciendo dos visiones totalmente opuestas para la misma cuestión. Tras vaticinar un escenario casi apocalíptico, Altman ahora dice que todo irá bien. Amodei, por su parte, avisa de un golpe muy duro al empleo. Los datos tampoco aportan luz sobre el futuro laboral de quien ahora debe elegir una carrera profesional.

Altman dice que se equivocó (para bien). Sam Altman, el jefe de OpenAI, ha suavizado bastante el discurso derrotista que venía sosteniendo. Hace tiempo hablaba de categorías de trabajo enteras que iban a desaparecer. Ahora dice otra cosa, aunque tal vez lo haga más condicionado por la salida a bolsa de su compañía que por la certeza de un futuro con más empleo.

Según recogía Reuters, Altman está “Me alegra haberme equivocado en esto; pensé que la eliminación de puestos de trabajo administrativos de nivel inicial ya habría tenido un mayor impacto del que realmente ha ocurrido”. Se trata de un giro de guion bastante grande viniendo de quien lleva años marcando el ritmo del sector.

Amodei y Anthropic no aflojan. En el otro extremo de la narrativa está Anthropic. Su cofundador, Chris Olah, ha repetido en una conferencia sobre ética y IA en el Vaticano la misma idea que su jefe, Dario Amodei, lleva tiempo defendiendo. Existe una posibilidad real de que la IA sustituya trabajo humano a gran escala.

No habla de un cambio suave ni de una transición fácil. Habla de un impacto serio, y repentino. Sin embargo, aunque ambos hablan del mismo tipo de tecnología y con datos parecidos sobre la mesa, sus interpretaciones sobre lo que está por llegar son meridianamente opuestas.

Los empleados eran un gasto, pero la IA no sale gratis. Mientras los responsables de las principales compañías de IA debaten sobre el futuro de los millones de empleados a los que van a sustituir por una IA, las empresas empiezan a darse cuenta de que la IA tampoco le va a salir mucho más barata que un empleado. Las empresas que más han apostado por los recortes de plantilla y el incremento de uso de IA están recibiendo sus primeras facturas, y asustan. Así que han puesto freno al denominado “tokenmaxxing“: pagar sin límite por usar modelos sin medir bien el retorno.

Según recogía Business Insider, el director de operaciones de Uber dijo que los costes de IA son cada vez más difíciles de justificar, justo después de que su jefe de tecnología quemara el presupuesto anual de IA antes de tiempo. De acuerdo a lo publicado por The Verge, Microsoft, también comenzado a reducir las licencias de Claude Code entre sus empleados, un recorte que Fortune vinculaba al alto coste del uso masivo de estos modelos.

Más empleo para programadores y equipos de seguridad. No obstante, la implementación de la IA en las empresas, lejos de eliminar puestos de trabajo, está haciendo crecer la demanda de determinados perfiles. Según datos de la plataforma de contratación Indeed recogidos por Axios, las vacantes para puestos de ingeniería de software han crecido un 18% en el último año, mientras que el total de empleo cae un 4,3% en el mismo periodo.

¿Por qué pasa esto? Más código escrito con IA significa más código que alguien tiene que revisar. Las empresas siguen contratando analistas de seguridad, auditores y gente que valide lo que generan los modelos. La automatización detecta fallos a gran velocidad, pero priorizarlos y arreglarlos sigue dependiendo de criterio humano. Por ahora, ese criterio sigue siendo escaso, y caro.

La generación Z no se fía. Sin duda, los más afectados por toda esta incertidumbre es generación que acaba de incorporarse al mercado laboral. Sin la experiencia suficiente como para afrontar las nuevas demandas, pero demasiado avanzados en su carrera profesional como para elegir otra carrera profesional. Ante toda esa incertidumbre y puertas cerradas, la generación Z ya no ve la IA como una oportunidad. La ve cada vez más como una amenaza directa a su primer empleo, así que ha optado por combatirla.

Una encuesta de Gallup, el entusiasmo por la IA entre los más jóvenes bajó 14 puntos en solo un año, y la rabia frente a la tecnología subió hasta el 31%. Y no se quedan en la queja. Una encuesta de Writer junto a Workplace Intelligence, señalaba que un 44% de los empleados de la generación Z admite sabotear de forma activa los planes de implantación de IA de su empresa, frente a un 29% del conjunto de la plantilla.

Con todo esto sobre la mesa, lo único claro es que nadie tiene la foto completa sobre el futuro de la IA en el mercado laboral. Ni los que venden la tecnología, ni los que la usan, ni los que están a punto de buscar su primer trabajo. Probablemente la respuesta no sea ni el desastre ni la calma total, sino un poco de cada cosa, repartido de forma muy desigual según el sector y el país.

En Xataka | Los trabajadores tecnológicos tienen mejores salarios y un “pero” importante: más de la mitad teme ser sustituido por una IA

Imagen | Flickr (World Economic Forum/Pascal Bitz, Sandra Blaser), Unsplash (syful islam)

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