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de los búnkers de la Guerra Fría a los búnkers donde sea

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Año 1961, Suiza obliga por ley a que prácticamente cada nuevo edificio incorpore acceso a refugios nucleares. Décadas después, el país sigue teniendo más plazas en búnkeres que habitantes, una rareza europea que durante años pareció una exageración paranoica y que hoy muchos gobiernos empiezan a mirar con otros ojos.

Europa vuelve a mirar bajo tierra. Durante décadas, los búnkeres europeos fueron tratados como reliquias incómodas de la Guerra Fría, espacios enterrados bajo ciudades modernas que sobrevivían convertidos en almacenes, aparcamientos, piscinas o simples curiosidades históricas. La invasión rusa de Ucrania ha cambiado radicalmente esa percepción. Gobiernos, arquitectos, urbanistas y ciudadanos han vuelto a pensar en términos que parecían desaparecidos del continente: refugio, protección civil, supervivencia urbana y capacidad de resistir bombardeos prolongados. 

Lo más llamativo es que Europa no está reconstruyendo únicamente antiguos refugios militares; está empezando a convertir cualquier espacio subterráneo disponible en una potencial infraestructura de emergencia. Garajes, estaciones de metro, túneles, sótanos o centros deportivos pasan a formar parte de una nueva geografía defensiva donde la prioridad ya no es ganar una guerra, sino garantizar que las ciudades puedan seguir funcionando bajo ataque.

Finlandia nunca dejó de prepararse. Recordaba el New York Times que mientras buena parte de Europa desmontaba sus sistemas de protección civil tras el final de la Guerra Fría, Finlandia decidió mantener intacta una cultura de refugio profundamente ligada a su historia con Rusia. En Helsinki, miles de espacios subterráneos repartidos bajo la ciudad pueden convertirse en refugios operativos en apenas 72 horas. Lo más sorprendente es que muchos funcionan diariamente como parques infantiles, aparcamientos, piscinas, salas de conciertos o instalaciones deportivas. 

La lógica finlandesa siempre fue clara: si llega otra guerra, la protección civil no puede improvisarse. La invasión rusa de Ucrania hizo que esa mentalidad, durante años vista como una especie de obsesión nórdica heredada del siglo XX, pasara a parecer casi profética. De repente, familias que nunca habían pensado en refugios empezaron a preguntar dónde estaba el más cercano, arquitectos volvieron a debatir sobre protección subterránea y gobiernos europeos comenzaron a estudiar el modelo finlandés como si se tratara de un manual práctico sobre cómo sobrevivir cerca de Rusia.

Alemania y el descubrimiento. El último giro alemán refleja hasta qué punto la percepción de la guerra ha cambiado en Europa. Berlín llegó a tener cerca de 2.000 refugios públicos durante la Guerra Fría, pero hoy apenas conserva unos pocos centenares parcialmente utilizables para una población de más de 80 millones de personas. Contaba Reuters la semana pasada que lo importante del nuevo plan alemán no es solo la inversión de miles de millones en protección civil, vehículos especiales o sistemas de alerta, sino la aceptación implícita de una realidad incómoda: el Estado ya no cree posible garantizar refugio universal para toda la población. 

En lugar de reconstruir enormes redes de búnkeres como las del siglo XX, Alemania apuesta por una lógica mucho más flexible y pragmática basada en alertas móviles, refugios improvisados y capacidad rápida de reacción. El símbolo de esta nueva estrategia no es una puerta blindada de hormigón, sino una notificación en el teléfono móvil indicando al ciudadano cuál es el sótano o estación más cercana.

La guerra de Ucrania cambia la idea de seguridad. La experiencia ucraniana ha destruido muchas de las certezas occidentales sobre la guerra moderna. Durante años, numerosos expertos europeos asumieron que los conflictos futuros serían tecnológicos, precisos y limitados, haciendo innecesarias grandes infraestructuras de refugio civil. Ucrania demostró exactamente lo contrario: ataques masivos contra ciudades, drones sobre áreas residenciales, bombardeos de infraestructuras civiles y millones de personas refugiándose en estaciones de metro volvieron a formar parte del paisaje europeo. 

Esa constatación aparece constantemente en el debate alemán y finlandés. Arquitectos que antes consideraban obsoletos los refugios reconocen ahora que Rusia ha devuelto a Europa una forma de guerra mucho más cercana a los bombardeos clásicos del siglo XX que a los conflictos quirúrgicos imaginados tras el final de la Guerra Fría.

La pregunta incómoda. Detrás del regreso de los búnkeres aparece una cuestión políticamente explosiva: la de quién podrá protegerse realmente si estalla una guerra. Alemania empieza a asumir públicamente algo que durante décadas evitó verbalizar: nunca habrá plazas suficientes para todos. Visto así, el debate ya no gira únicamente alrededor de construir refugios, sino sobre prioridades, acceso y capacidad real de respuesta. ¿Quién recibe la alerta primero? ¿Quién logra llegar a tiempo? ¿Qué ocurre con ancianos, enfermos o personas sin movilidad? 

Incluso durante la Guerra Fría, los refugios europeos solo podían cubrir a una parte limitada de la población, pero entonces funcionaban también como símbolo político: representaban la idea de que el Estado seguía siendo capaz de proteger a sus ciudadanos incluso bajo amenaza nuclear. Hoy esa ilusión se está debilitando y la protección civil empieza a entenderse más como resiliencia social que como garantía absoluta de supervivencia.

Lo subterráneo vuelve al tablero. En definitiva, el caso de Berlín resume perfectamente esta transformación. Bajo la capital alemana sigue existiendo una gigantesca red de túneles, refugios antiaéreos, estaciones adaptadas y estructuras militares construidas entre el Tercer Reich y la Guerra Fría. Durante años fueron espacios arqueológicos o turísticos administrados por asociaciones históricas como Berliner Unterwelten. Ahora algunos comienzan a reacondicionarse parcialmente para usos reales de protección civil. 

Lo significativo es que nadie habla ya de resistir un intercambio nuclear total, sino de sobrevivir a ataques con drones, misiles convencionales o bombardeos localizados similares a los vistos en Ucrania. Europa está entrando así en una escena inédita desde el final del siglo XX: el regreso de la mentalidad del refugio, no como símbolo ideológico de bloques enfrentados, sino como respuesta práctica a la sensación de que la guerra ha vuelto a convertirse en una posibilidad tangible dentro del continente.

Imagen | GetArchive

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Los supermercados de EEUU quieren usar etiquetas de precio digitales. Buenísima idea para ellos, malísima para los clientes

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Las etiquetas de precio del súper quieren vivir su particular revolución. Las tradicionales, que normalmente muestran el precio sobre una lámina de papel, cartón o plástico, están en peligro, porque las empresas del sector tienen una idea genial: sustituirlas por pantallas digitales de tinta electrónica que se  pueden actualizar desde un servidor central en cuestión de segundos. Parece una idea estupenda, pero los consumidores tienen claro que lo que es es una pesadilla para sus bolsillos.

El avance de las etiquetas ESL/DSL. La tecnología que quiere reemplazar a las etiquetas tradicionales es la de las llamadas Electronic Shelf Labels (ESL) o Digital Shelf Labels (DSL), que no son más que pantallas de tinta electrónica que se pueden gestionar desde un servidor central de forma instantánea. Walmart, la mayor cadena de tiendas del mundo, lidera esta transición y tiene como objetivo implantarlas en el 100% de sus establecimientos en EEUU antes de que termine 2026. 

El argumento. Esta compañía explica que la medida busca reducir costes operativos, y que cualquier modificación siempre requerirá la validación de un agente humano. Amanda Bailey, que dirige un equipo en una tienda Walmart en West Chester (Ohio, EEUU) estimaba que el tiempo dedicado a cambiar precios en los productos de la tienda se había reducido en un 75% gracias a las DSL, y con ese tiempo pueden atender mejor a los clientes.

Los consumidores, en contra. Una reciente encuesta de la consultora GBAO Strategies revela que los consumidores no comparten ese optimismo de Walmart. Según los datos de los participantes, el 65% está convencido de que los supermercados usarán esta tecnología para que el carro de la compra nos salga más caro. Solo un 3% cree que servirá para abaratarlo.

La idea no es mala. Las etiquetas ESL son dispositivos de ultrabajo consumo que se conectan a la infraestructura Wi-Fi o Bluetooth del local. Teóricamente la idea es muy razonable, porque además de reducir los tiempos de gestión de los precios, permiten eliminar los errores de caja, reducen los desperdicios de papel y permiten sincronizaar al instante las ofertas de la tienda física con las de la web. 

Pero ojo. Sin embargo, estas etiquetas también abren la puerta a escenarios inquietantes, como la aplicación de precios dinámicos. De repente las bebidas frías pueden salir más caras si hace mucho calor fuera, o de ajustes de precio en base al inventario. Incluso se habla ya de algoritmos de IA más sofisticados y ya patentados por Walmart capaces de gestionar un perfil de cliente en tiempo real para ajustar el precio del producto en función de lo que los datos aseguren que está dispuesto a pagar. 

Surveillance pricing. La industria habla de precios personalizados, pero las asociaciones de consumidores han bautizado al fenómeno como “surveillance pricing” )”precios de vigilancia”, en una traducción literal). El concepto es simple, contundente e inquietante: el supermercado monitoriza el historial de compras del usuario y su geolocalización a través de la app móvil además de otros parámetros como el nivel de afluencia del pasillo para exprimir su margen de beneficio. 

Si hay etiqueta electrónica, me voy. El rechazo a estas etiquetas queda claro en la citada encuesta:

  • El 68% de ellos teme que estos “precios de vigilancia” disparen el coste de la vida.
  • EL 58% indicó que evitaría comprar en tiendas que implementen este tipo de etiquetas digitales de precio.
  • El 67% exige una ley que prohíba completamente esta tecnología.

La reacción no es extraña: en abril la inflación subió al 3,8% en EEUU (datos anualizados) mientras que los salarios solo subieron un 3,6%. Es la primera vez que los salarios no logran estar al nivel de la inflación, según CBS News. 

En España la situación es paradójica. En diciembre de 2025 los salarios pactados en convenio habían crecido un 3,49% respecto al año anterior, mientras que la inflación promedio hasta ese mes era del 2,7% (muy moderado por la baja electricidad y los carburantes). Eso parece una buena noticia, pero 1) dos de cada tres trabajadores no tienen cláusual de revisión salarial y 2) el precio de los alimentos se ha encarecido en un 37% en los últimos cinco años y la cosa va a peor.

El fantasma de Uber, Wendy’s y Ticketmaster. Esta historia ya nos la sabemos, porque en el pasado ya han surgido polémicas diversas con los precios dinámicos

Imagen | E Ink

En Xataka | Si quieres anticipar cómo va a subir tu cesta de la compra solo tienes que mirar lo que le está pasando al papel higiénico

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Spotify se ha pasado meses borrando música hecha con IA. Ahora quiere venderla como un producto premium

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En solo unas semanas, Spotify ha ido variando su posición frente a la música generada con IA: hace meses retiraba más de 75 millones de pistas fraudulentas, lanzó un sello distintivo para que los oyentes supieran cuándo había manos humanas al otro lado y endureció sus filtros contra el spam sintético. Pero el giro se ha dado en la charla para inversores de este 21 de mayo, donde ha quedado claro que lo que preocupa a Spotify no es la IA, sino generar ingresos con ella.

Los precedentes. Empecemos por los movimientos que Spotify ha hecho para controlar la desbocada presencia de la IA en la plataforma. En septiembre de 2025 la compañía reveló que había retirado más de 75 millones de pistas fraudulentas de su plataforma en los doce meses anteriores. Muchas de las acciones con la IA eran maliciosas: subidas masivas diseñadas para robar royalties, clones de voz no autorizados y contenido que los propios ejecutivos de la empresa llamaban “slop”. Por entonces Deezer había detectado que recibía más de 30.000 pistas de IA generadas al día, y que hasta un 77% de sus reproducciones resultaban fraudulentas.

Apenas unas semanas antes de la reunión con los inversores, el 30 de abril, Spotify lanzó el sello “Verified by Spotify”, una marca de verificación que distingue a los artistas humanos de los artificiales, que cada vez proliferan más en la plataforma. Para conseguirla, los músicos deben demostrar actividad auténtica, tener cuentas en redes sociales enlazadas y conciertos en agenda (algo que, como hemos contado a lo largo de los últimos meses no garantiza nada, vistos los últimos éxitos de la música generada por IA, que tienen su seguimiento en redes y su continuo chorreo de lanzamientos).

Tratos con Universal. La principal novedad ante los accionistas es un acuerdo de licencias con Universal Music Group, el mayor sello discográfico del mundo, que permitirá a los suscriptores de Spotify Premium crear covers y remixes con IA generativa de canciones de los artistas que participen en el acuerdo. La herramienta llegará como complemento de pago sobre la suscripción habitual. Ya se sabía que Spotify estudiaba cobrar hasta 5,99 dólares adicionales por mes para un tier “Music Pro” con funciones de superfán.

El Co-CEO Alex Norström dijo que con esta herramienta, “una canción se convertiría en 10.000 canciones”. El acuerdo contempla un modelo de reparto de ingresos con artistas participantes, y se dejó claro que la participación será completamente voluntaria por parte de los músicos. Este anuncio no es ninguna sorpresa: ya sabíamos que Spotify trabajaba en productos de IA con Universal, Sony, Warner, Merlin y Believe, pero sin un marco legal cerrado. Universal ya había licenciado previamente su catálogo a plataformas de IA más pequeñas, como Udio, Klay Vision y Stability AI, pero aquí ya entramos en los 761 millones de usuarios activos mensuales y 293 millones de suscriptores de pago.

Viva la IA. En una entrevista, Norström dejó claro que, frente a múltiples herramientas que permiten manipular canciones sin permiso, ellos quieren ser la opción “legal” y “controlada”. Norström afirma que el mercado de la música sintética ya existe y que pretender frenarlo sería inútil, así que propone regularlo desde dentro, con acuerdos entre sellos y plataformas, y convertirlo en una fuente de ingresos para todos los actores. Para combatir el contenido IA que “te hace sentir bien en el momento” pero que al final dejan al usuario con la sensación de haber “perdido el tiempo”, Spotify propone autorías verificadas y artistas que cobran por ello.

Alta tensión. El anuncio llega en un momento en el que muchos actores poderosos empiezan a entender la proporción de lo que se están jugando. El 13 de mayo, una semana antes de la reunión de inversores, el famoso productor Jack Antonoff (ha trabajado con Taylor Swift, Lorde o Lana Del Rey) publicó en Instagram en contra de quienes usan IA para hacer música. Norström reconoció en la entrevista que existe “cierta negatividad ahí fuera” respecto a la IA y la calificó de “razonable”, aunque añadió que se debe a una “IA mal alineada”.

Volantazo. Es decir, potify ha pasado meses argumentando que el problema de la IA en la música era el fraude, el spam y la suplantación. Ahora anuncia que ese mismo contenido sintético, controlado y rentable, puede ser deseable. Como contábamos en nuestro análisis sobre el modelo algorítmico que Spotify ha construido durante años enlazado más arriba, la plataforma lleva tiempo incentivando una escucha que prioriza el estado de ánimo sobre la identidad del artista. Es decir, el caldo de cultivo ideal para la música sintética. Ya solo quedaba la monetización.

En Xataka | Hemos puesto a prueba Spotify, Apple Music y YouTube Music: el streaming musical ha cambiado y ya no hay un ganador evidente



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cómo configurarlo para usar un router neutro con él

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Vamos a decirte cómo configurar el Modo Bridge del router Smart WiFi 7 de Movistar, para que así puedas conectar un router neutro. Haciendo esto harás que el router principal sea uno de terceros elegido y comprado por ti, con características que puedan aprovechar mejor tu conexión a la red.

El Modo Bridge es una función que desactiva las funciones del router de tu casa. De esta manera, el router pasará a ser solo un módem, una especie de pasarela o puente al que conectar otro router diferente. El router diferente se convertirá en el principal, se encargará de las WiFis, la seguridad, privacidad, las conexiones y todas las funciones del router, mientras que el del operador solo le descifra y envía la línea.

Lamentablemente, esto quiere decir que no podrás dejar de usar el del operador, es un intermediario necesario entre la fibra que tienes contratada y tu router neutro. Sin embargo, si te gusta el cacharreo hacer esto puede ayudarte a acceder a funciones que puede tener el router nuevo pero en el del operador están limitadas, mejorar características de conectividad, y aprovechar mejor tu línea.

Configura el Modo Bridge / Monopuesto en el router Smart WiFi 7 de Movistar

Para activar el modo puente en el router Smart WiFi 7 de Movistar, lo primero que tienes que hacer es entrar en su configuración. Para eso, abre el navegador y escribe la dirección http://192.168.1.1 en la barra de direcciones. Esta dirección es la IP local, que es la que usa el router para llevarte a su panel de configuraciones.

Pegatina
Pegatina

Cuando entres, tendrás que escribir tu nombre de usuario y contraseña. Si no la has cambiado, puedes encontrar estos dos datos en una pegatina debajo del router, en la línea de “Datos de acceso al router”.

Monopuesto
Monopuesto

Una vez estés dentro de la configuración del router de Movistar, tienes que pulsar en el botón de menú con el icono de las tres rayas arriba a la izquierda. Esto desplegará un menú de opciones, donde tienes que pulsar en la opción de Multipuesto/Monopuesto que te aparecerá.

Config
Config

Una vez dentro de la configuración de Multipuesto/Monopuesto, ahora tienes que seleccionar la opción de Monopuesto (Sin NAT). Este modo permite que tu equipo adquiera directamente la IP pública evitando utilizar NAT (‘Network Address Translation’) para navegar por Internet. 

Este modo hace que solo puedas tener un dispositivo conectado al router, que en este caso será el otro router que vayamos a utilizar. Por lo tanto, ahora ya solo te queda instalar y configurar el router neutro que quieras usar siguiendo las instrucciones del dispositivo.

Imagen de portada | Iván Linares

En Xataka Basics | Credenciales PPPoE: qué son y cómo conseguirlas para configurar tu router neutro

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