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la memoria ya no quiere vivir en cada máquina

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Para muchos de nosotros, la escasez de memoria puede sonar primero a un problema cercano al consumo doméstico: módulos de RAM, componentes y dispositivos condicionados por una demanda cada vez más tensionada. Pero el fenómeno que describe The Next Platform apunta también al otro extremo de la cadena. Alcanza a las grandes tecnológicas que entrenan, despliegan y ofrecen modelos de inteligencia artificial en centros de datos. La nube no es una abstracción, y su apetito de memoria está obligando a pensar algo que hasta hace poco parecía poco intuitivo: quizá cada máquina no deba depender solo de la RAM que lleva dentro.

La memoria cambia de sitio. La idea de fondo es trasladar a la memoria una lógica que ya nos resulta familiar con el almacenamiento. Hoy un dato puede vivir en el propio equipo, en otra máquina de la red o en un sistema compartido al que acceden varios servidores. La próxima generación de servidores podría tratar la RAM de una forma parecida: conservar una parte local en cada máquina, pero llevar una porción mucho mayor a grandes sistemas externos capaces de repartir capacidad según la necesidad de cada momento. De ahí sale lo que algunos llaman “memory godbox”: una gran caja o clúster de memoria que deja de estar atado a una sola máquina.

El momento de CXL. Durante años, Compute Express Link ha avanzado de forma lenta, casi como una promesa para arquitecturas más flexibles. La tecnología se presentó hace varios años, pero la presión actual de la memoria le está dando un contexto mucho más favorable. CXL proporciona una interfaz coherente para comunicar procesadores, memoria, aceleradores y otros periféricos, apoyándose en PCIe. La idea final es sencilla de contar, aunque compleja de ejecutar: separar recursos sin romper la sensación de que trabajan juntos.

CXL no llegó de golpe. Primero sirvió para ampliar la memoria de un servidor mediante módulos conectados a ranuras PCIe compatibles. Después, con CXL 2.0, apareció el pooling, es decir, la posibilidad de reunir memoria en un fondo común y asignarla a distintas máquinas según hiciera falta. El límite era que esa memoria podía reasignarse, pero no compartirse de verdad entre dos sistemas trabajando sobre los mismos datos. CXL 3.0 es el punto en el que esa frontera empieza a moverse, porque introduce topologías más amplias y memoria compartida entre máquinas, aunque con ciertas limitaciones técnicas.

El problema de fondo. Según The Next Platform, la IA no se queda corta solo por falta de cálculo, también por falta de memoria. La HBM que acompaña a las GPU es muy rápida y está pensada para alimentar esos chips a gran velocidad, pero su capacidad es limitada y su coste es alto. En entrenamiento, el gran reto suele estar en procesar cantidades enormes de datos para construir el modelo. En inferencia, en cambio, hablamos de otra cosa: usar ese modelo ya entrenado para responder a una petición. 

La memoria de la conversación. Cada respuesta de un modelo de lenguaje se construye poco a poco, token a token. Para no recalcular todo lo anterior en cada paso, los sistemas guardan una especie de memoria de trabajo llamada KV cache. The Next Platform explica que ahí se conservan los vectores de atención previos, que ayudan al modelo a seguir teniendo en cuenta el contexto mientras genera la respuesta. El problema es que en servicios con muchos usuarios esa caché puede crecer hasta ocupar cantidades enormes de memoria, incluso más que el propio modelo.

Ya no es solo teoría. Esta idea ya no vive solo en documentos técnicos o promesas de arquitectura. The Register menciona a Panmnesia, Liqid y UnifabriX como compañías que trabajan en sistemas para llevar memoria fuera del servidor y ponerla al alcance de varias máquinas. Algunos lo hacen con switches CXL, otros con grandes reservas de DDR5 que pueden repartirse entre distintos hosts. The Next Platform añade el caso de Enfabrica y su sistema Emfasys, pensado para inferencia y capaz, según el medio, de alcanzar 18 TB de DDR5 por servidor de memoria y 144 TB en un rack completo. La conclusión es sencilla: la industria no solo busca más memoria, busca colocarla de otra manera para que la IA pueda aprovecharla mejor.

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Qué dice la ciencia sobre el “truco” de los dos ventiladores cruzados para enfriar la casa: funciona, pero con límites

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Con las olas de calor golpeando los termómetros, la desesperación por enfriar la casa sin disparar la factura de la luz nos lleva a buscar cualquier atajo. Y pese a que los nuevos aires acondicionados han demostrado que cuentan con un coste diario bajo, la realidad es que muchas personas prefieren optar por el clásico ventilador y hay maneras de optimizar su funcionamiento. 

Una idea. Algo que se ha ido popularizando en los últimos días es la posibilidad de usar dos ventiladores, teniendo cada uno en ventanas opuestas. Bajo esta premisa, la idea es que uno de ellos meta aire de la calle y el otro consiga sacarlo para lograr que la casa al final esté lo más fría posible dentro de sus posibilidades. 

Tiene respaldo. Lo que se propone aquí es llevar al extremo un concepto que lleva mucho tiempo usándose en el mundo arquitectónico para conseguir que las viviendas, de manera pasiva, puedan aclimatarse. Y es que, según los estándares de diseño y manuales de entidades como el IDAE, una ventilación cruzada bien diseñada puede reducir la temperatura interior hasta 5 °C.

La técnica de los dos ventiladores entra en la categoría de ventilación híbrida o asistida. Como detallan plataformas especializadas en arquitectura como ArchDaily o el área técnica de Tinsa, no basta con abrir ventanas al azar. Para que haya flujo, debe existir una diferencia de presión.

La idea. Al colocar un ventilador apuntando hacia el interior en la fachada más fría, que normalmente es la norte o la que da a un patio en sombra, y otro apuntando hacia el exterior en la fachada opuesta, estamos forzando mecánicamente ese diferencial de presión. El objetivo aquí es que el aire fresco empuje la masa de aire caliente estancada, expulsándola por la ventana opuesta.

Aunque eso sí, para que este flujo se acelere y sea más eficiente, la abertura por la que sale el aire debería estar más abierta que por la que entra.

Está probado. Una tesis de la Universidad Piloto de Colombia quiso analizar la eficacia de este método de ventilación, y se vio que este sistema mostró una reducción importante de la carga térmica en un clima cálido-húmedo. Aunque aquí es importante destacar que el aislamiento térmico de la vivienda o el edificio cobra mucha importancia, como es lógico, para mantener una temperatura adecuada. 

Tiene letra pequeña. Lógicamente, estos dos ventiladores no pueden obrar milagros, y si la temperatura exterior supera los 30 grados y especialmente si la humedad relativa es alta, la ventilación cruzada pierde toda su eficacia. Lejos de refrescar, aquí se estaría energía térmica en la vivienda y forzar la entrada de aire a 35 °C con un ventilador es el equivalente a encender un secador de pelo gigante.

La mejor hora. Aquí las recomendaciones oficiales apuntan que la ventilación cruzada, forzada o natural es una estrategia que se debe dejar para la primera hora de la mañana o para la noche cuando la temperatura es considerablemente menor.

Para que el “truco de los dos ventiladores” funcione y alcance esa bajada prometida de 5 °C en la estructura de la vivienda, debes aplicarlo solo cuando la temperatura exterior caiga por debajo de la interior. A esto se le llama “ventilación selectiva” puesto que durante esas horas, la técnica mecánica de los dos ventiladores barrerá el calor acumulado en las paredes y techos durante el día. 

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El próximo megacrucero de Carnival será descomunal. Su mayor cambio estará en cómo se verá el mar

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Un megacrucero puede ofrecer tantas atracciones que, en algunos momentos, resulte fácil olvidar que está navegando. Carnival pretende responder a esa contradicción con el Carnival Destiny, un barco de dimensiones descomunales cuya propuesta no se apoyará únicamente en el volumen, la capacidad o el número de espacios a bordo. La naviera quiere que su rasgo distintivo sea la relación con el exterior. Para conseguirlo, ha planteado una arquitectura abierta, con más superficies acristaladas, perspectivas amplias y zonas concebidas para mantener el océano dentro del campo de visión.

El Carnival Destiny será el primer integrante de la nueva clase Ace, una familia de tres barcos con entregas previstas para 2029, 2031 y 2033. Su construcción comenzó formalmente con la ceremonia de corte de acero en el astillero de Fincantieri en Monfalcone, Italia, donde también se mostró un holograma 3D con el primer adelanto de su diseño. La entrega está programada para el verano de 2029, después de la cual navegará hacia destinos del Caribe, Bahamas y México.

Por tamaño, el Destiny entrará directamente en la categoría más alta del mercado. Sus aproximadamente 230.000 GT de arqueo bruto y su capacidad para alrededor de 8.000 pasajeros lo situarán cerca de los mayores cruceros construidos, aunque no encabezará la clasificación por volumen. Los barcos de la clase Icon de Royal Caribbean, como el Icon of the Seas y el más reciente Legend of the Seas, rondan los 250.800 GT y pueden alojar a unos 7.600 pasajeros a plena capacidad. El nuevo buque de Carnival competirá, por tanto, en esa misma liga, pero con una propuesta distinta.

Un gigante que no quiere ocultar el océano

Una vez situada su escala, la diferencia que la compañía quiere subrayar aparece en el diseño. Carnival no ha presentado todavía una atracción principal ni un gran espacio temático que defina al barco, sino una forma distinta de organizarlo alrededor de su relación con el exterior. La empresa lo describe como el megacrucero más orientado hacia fuera del mercado, una afirmación promocional que todavía tendrá que demostrar. La intención, en cualquier caso, es clara: que el océano funcione como una referencia constante y no como un elemento secundario.

Para materializar esa idea, el proyecto recurrirá a más de 18.200 m² de superficies acristaladas. Entre los elementos ya anunciados habrá paredes de cristal de varias plantas, líneas de visión más abiertas y una mayor presencia de espacios orientados hacia el exterior. No se trata únicamente de añadir ventanas, sino de organizar parte de la arquitectura para reducir obstáculos visuales y extender las vistas a través del buque. Carnival todavía no ha mostrado el diseño completo, por lo que el alcance real de esa transformación sigue pendiente de conocerse.

Legend Of The Seas
Legend Of The Seas

Esta imagen muestra el Legend of the Seas de Royal Caribbean, no el futuro Carnival Destiny. Entregado en junio de 2026 como tercer barco de la clase Icon, representa la referencia actual frente a la que Carnival situará su nuevo gigante

Otro de los pilares estará en los camarotes y en las cubiertas exteriores. La compañía sostiene que el Destiny tendrá una cantidad inédita de alojamientos con balcón y vistas al mar, pero no ha publicado una cifra que permita comprobar el alcance de esa afirmación. También rediseñará el Lanai, una cubierta exterior concebida para crear una conexión más continua con el océano. Con ello, la naviera pretende que esa relación no dependa únicamente de los grandes espacios panorámicos.

Los cambios no terminarán en la arquitectura, aunque el resto de las novedades todavía es difícil de medir. Según Carnival, más del 70% de los espacios y atracciones responderán a conceptos que la marca no ha utilizado antes, con propuestas previstas en restauración, bares, salones, entretenimiento y zonas al aire libre. La cifra resulta llamativa, pero aún no viene acompañada de nombres, planos ni descripciones detalladas. Hasta que lleguen esos anuncios, solo puede afirmarse que prepara una renovación amplia de su oferta, no que cada propuesta vaya a ser inédita en el sector.

La propuesta del Destiny parte de una contradicción: cuanto más crecen los cruceros y más actividades concentran, más fácil resulta que el mar quede relegado al fondo. Carnival intentará corregirlo con balcones, recorridos exteriores, grandes superficies acristaladas y una distribución concebida para ampliar las vistas. La idea ya está definida, pero todavía falta comprobar cómo funcionará en un barco preparado para alrededor de 8.000 pasajeros. Hasta 2029 no sabremos si esa arquitectura cambiará realmente la experiencia o si su mayor efecto quedará en el terreno promocional.

Imágenes | Carnival

En Xataka | Una tecnología creada para evitar colisiones en el mar trae de cabeza a los millonarios: permite localizar sus yates en segundos

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El próximo megacrucero de Carnival será descomunal. Su mayor cambio estará en cómo se verá el mar

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Un megacrucero puede ofrecer tantas atracciones que, en algunos momentos, resulte fácil olvidar que está navegando. Carnival pretende responder a esa contradicción con el Carnival Destiny, un barco de dimensiones descomunales cuya propuesta no se apoyará únicamente en el volumen, la capacidad o el número de espacios a bordo. La naviera quiere que su rasgo distintivo sea la relación con el exterior. Para conseguirlo, ha planteado una arquitectura abierta, con más superficies acristaladas, perspectivas amplias y zonas concebidas para mantener el océano dentro del campo de visión.

El Carnival Destiny será el primer integrante de la nueva clase Ace, una familia de tres barcos con entregas previstas para 2029, 2031 y 2033. Su construcción comenzó formalmente con la ceremonia de corte de acero en el astillero de Fincantieri en Monfalcone, Italia, donde también se mostró un holograma 3D con el primer adelanto de su diseño. La entrega está programada para el verano de 2029, después de la cual navegará hacia destinos del Caribe, Bahamas y México.

Por tamaño, el Destiny entrará directamente en la categoría más alta del mercado. Sus aproximadamente 230.000 GT de arqueo bruto y su capacidad para alrededor de 8.000 pasajeros lo situarán cerca de los mayores cruceros construidos, aunque no encabezará la clasificación por volumen. Los barcos de la clase Icon de Royal Caribbean, como el Icon of the Seas y el más reciente Legend of the Seas, rondan los 250.800 GT y pueden alojar a unos 7.600 pasajeros a plena capacidad. El nuevo buque de Carnival competirá, por tanto, en esa misma liga, pero con una propuesta distinta.

Un gigante que no quiere ocultar el océano

Una vez situada su escala, la diferencia que la compañía quiere subrayar aparece en el diseño. Carnival no ha presentado todavía una atracción principal ni un gran espacio temático que defina al barco, sino una forma distinta de organizarlo alrededor de su relación con el exterior. La empresa lo describe como el megacrucero más orientado hacia fuera del mercado, una afirmación promocional que todavía tendrá que demostrar. La intención, en cualquier caso, es clara: que el océano funcione como una referencia constante y no como un elemento secundario.

Para materializar esa idea, el proyecto recurrirá a más de 18.200 m² de superficies acristaladas. Entre los elementos ya anunciados habrá paredes de cristal de varias plantas, líneas de visión más abiertas y una mayor presencia de espacios orientados hacia el exterior. No se trata únicamente de añadir ventanas, sino de organizar parte de la arquitectura para reducir obstáculos visuales y extender las vistas a través del buque. Carnival todavía no ha mostrado el diseño completo, por lo que el alcance real de esa transformación sigue pendiente de conocerse.

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Esta imagen muestra el Legend of the Seas de Royal Caribbean, no el futuro Carnival Destiny. Entregado en junio de 2026 como tercer barco de la clase Icon, representa la referencia actual frente a la que Carnival situará su nuevo gigante

Otro de los pilares estará en los camarotes y en las cubiertas exteriores. La compañía sostiene que el Destiny tendrá una cantidad inédita de alojamientos con balcón y vistas al mar, pero no ha publicado una cifra que permita comprobar el alcance de esa afirmación. También rediseñará el Lanai, una cubierta exterior concebida para crear una conexión más continua con el océano. Con ello, la naviera pretende que esa relación no dependa únicamente de los grandes espacios panorámicos.

Los cambios no terminarán en la arquitectura, aunque el resto de las novedades todavía es difícil de medir. Según Carnival, más del 70% de los espacios y atracciones responderán a conceptos que la marca no ha utilizado antes, con propuestas previstas en restauración, bares, salones, entretenimiento y zonas al aire libre. La cifra resulta llamativa, pero aún no viene acompañada de nombres, planos ni descripciones detalladas. Hasta que lleguen esos anuncios, solo puede afirmarse que prepara una renovación amplia de su oferta, no que cada propuesta vaya a ser inédita en el sector.

La propuesta del Destiny parte de una contradicción: cuanto más crecen los cruceros y más actividades concentran, más fácil resulta que el mar quede relegado al fondo. Carnival intentará corregirlo con balcones, recorridos exteriores, grandes superficies acristaladas y una distribución concebida para ampliar las vistas. La idea ya está definida, pero todavía falta comprobar cómo funcionará en un barco preparado para alrededor de 8.000 pasajeros. Hasta 2029 no sabremos si esa arquitectura cambiará realmente la experiencia o si su mayor efecto quedará en el terreno promocional.

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